¿Conservas bien el arroz?, cuidado existen riesgos

¿Conservas bien el arroz?, cuidado existen riesgos

Sofía Pérez Calahorra

31 de octubre de 2026

¿Cuántas veces cocinamos arroz blanco o una paella y dejamos una parte para consumirla al día siguiente? Probablemente, esta es una práctica habitual en muchos hogares.

 

El arroz cocinado es un alimento que requiere una conservación adecuada una vez preparado. El principal riesgo no está en recalentar el arroz, sino en cómo se ha conservado antes de volver a consumirlo.

 

Algunas bacterias que pueden estar presentes en este alimento son capaces de formar esporas resistentes al calor, que pueden sobrevivir al proceso de cocción. Una vez cocinado, cuando el arroz se mantiene durante demasiado tiempo en condiciones favorables para el crecimiento bacteriano, estas esporas pueden germinar, las bacterias pueden multiplicarse y, en determinadas circunstancias, producir toxinas incluso mortales en algunos casos.

 

Uno de los microorganismos de mayor interés en este contexto, es Bacillus cereus.

 

La Food Standards Agency (FSA) del Reino Unido señala que el arroz crudo puede contener esporas de B. cereus capaces de sobrevivir a la cocción.  Además, advierte que mantener el arroz cocido a temperatura ambiente durante periodos prolongados, por ejemplo dejarlo en la encimera para enfriarlo, puede favorecer la multiplicación bacteriana y la producción de toxinas, aumentando el riesgo de que el alimento deje de ser seguro para el consumo.

 

Bacillus cereus es una bacteria formadora de esporas ampliamente distribuida en el medio ambiente. La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos indica que tanto la bacteria como sus esporas pueden encontrarse en numerosos alimentos, entre ellos arroz, pasta, productos deshidratados, carnes, vegetales y productos lácteos. Por ello, aunque el arroz se asocia con frecuencia a determinados episodios de intoxicación alimentaria por B. cereus, esta bacteria no es exclusiva de este alimento y deberíamos tener una adecuada conservación con la mayoría de las ocasiones, y no solo con el arroz.

 

¿Por qué dejar el arroz cocido a temperatura ambiente es peligroso?

 

Sabemos que la cocción no garantiza la eliminación de todas las esporas, y si se mantiene un cierto tiempo a temperatura ambiente, puede generar que las bacterias crezcan rápidamente, se generen toxinas, y que no sea seguro consumirlo.

 

Algunas cepas de Bacillus cereus pueden producir una toxina denominada cereulida, responsable del denominado síndrome emético. La FDA define la cereulida como una toxina preformada en el alimento producida por determinadas cepas de B. cereus y señala que es resistente al calor, a los ácidos y a enzimas digestivas.

 

Esta resistencia al calor explica por qué recalentar un alimento que ha sido incorrectamente conservado no necesariamente elimina el peligro. Y la cereulida es altamente termoestable, incluso puede mantener su actividad después de tratamientos térmicos muy intensos, incluso la cocción convencional la inactive una vez presente.

 

Por ese motivo, desde el punto de vista preventivo la recomendación de refrigerar rápidamente el arroz, sería la mejor recomendación para evitar este riesgo.

 

¿Qué síntomas puede producir?

 

La enfermedad alimentaria causada por B. cereus se presenta clásicamente en dos formas principales: un síndrome emético y un síndrome diarreico, pero en la mayoría de los casos, la sintomatología es autolimitada y de corta duración.

 

En el síndrome emético (vómitos) el comienzo de los síntomas suele ser relativamente rápido. En 2026, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria)  señala que esta toxina cereulida puede producir náuseas repentinas, vómitos y dolor abdominal entre aproximadamente 30 minutos y seis horas después de su ingestión.

 

La forma diarreica presenta un patrón diferente y se caracteriza principalmente por diarrea y dolor o cólicos abdominales, con un periodo de incubación generalmente más prolongado de varias horas después de la ingestión que el del síndrome emético.

 

¿Es peligroso recalentar arroz?

 

Recalentar arroz correctamente conservado no constituye por sí mismo el problema.

 

Se indica que el arroz puede recalentarse, pero recomienda hacerlo una sola vez y comprobar que esté muy caliente en toda su masa. El calentamiento puede destruir muchas bacterias vegetativas, pero no garantiza la destrucción de una toxina termoestable como la cereulina que ya se haya formado.

 

Por ello, un arroz mantenido incorrectamente durante un periodo prolongado no debe considerarse seguro porque posteriormente se caliente intensamente.

 

¿Cómo debe conservarse el arroz?

 

La medida preventiva fundamental es reducir al mínimo el tiempo que el arroz cocido permanece en condiciones que permitan el crecimiento bacteriano (dejarlo fuera de la nevera a enfriar), y lo ideal sería refrigerarlo rápidamente si no se va a consumir inmediatamente.

 

Las sobras de arroz o la preparación del arroz cocido para el día siguiente deben enfriarse tan rápidamente como sea posible, idealmente en el plazo aproximado de una hora. Se aconseja para que se enfrié rápidamente y de modo uniforme, dividir el arroz en cantidades pequeñas y solo recalentarlo una única vez.

 

En definitiva, si cumplimos con estas medidas tan sencillas, evitaremos en gran medida toxi-infecciones alimentarias que nos compliquen el día.

 

 

 

 

 

Fisicoculturismo: cuando un deporte puede convertirse en riesgo

Fisicoculturismo: cuando un deporte puede convertirse en riesgo

Sofía Pérez Calahorra

30 de octubre de 2026

Tener un cuerpo musculoso suele asociarse con estar sano. Sin embargo, cuando el objetivo es aumentar al máximo la musculatura y reducir al mínimo la grasa corporal, el camino para conseguirlo puede implicar riesgos importantes para la salud. El consumo de suplementos, el uso de determinadas sustancias y las dietas extremas son algunas de las prácticas que preocupan cada vez más a los investigadores por los problemas de salud.

 

Hacer ejercicio de fuerza es una de las mejores maneras de cuidar nuestra salud. Ayuda a mantener los músculos, fortalece los huesos y contribuye a prevenir numerosas enfermedades. Pero una cosa es entrenar para estar en forma y otra muy distinta es practicar fisicoculturismo de competición.

 

El fisicoculturismo, también conocido como culturismo o bodybuilding, es una disciplina deportiva en la que el objetivo principal es conseguir un cuerpo con una musculatura muy desarrollada y con la menor cantidad posible de grasa. A diferencia de otros deportes, en el fisicoculturismo lo importante no es cuánto peso se consigue levantar, sino la apariencia física, el tamaño, la simetría y la definición de los músculos.

 

Suplementos: una práctica muy habitual entre fisicoculturistas españoles

 

El consumo de suplementos nutricionales está muy extendido en el mundo del fisicoculturismo. Las proteínas en polvo, la creatina, los aminoácidos como los BCCA y los preparados vitamínicos forman parte de la rutina de muchos de estos deportistas.

 

Pero ¿hasta qué punto es frecuente su consumo en España?

Un estudio realizado con 527 deportistas españoles de élite encontró que los fisicoculturistas eran quienes más suplementos utilizaban. De los 38 culturistas que participaron en la investigación, el 95% había consumido al menos un suplemento durante el año anterior.

 

Otra investigación española, realizada con 48 fisicoculturistas que participaban en competiciones, encontró que todos ellos utilizaban suplementos nutricionales. Los más habituales eran las proteínas de suero de leche (96%), los aminoácidos conocidos como BCAA (94%), la creatina (85%) y los complejos vitamínicos (83%). Sin embargo, el dato más preocupante de este estudio no estuvo relacionado con los suplementos convencionales, sino con las sustancias prohibidas consumidas. El 83,3% de los participantes reconoció haberlas utilizado o estar dispuesto a hacerlo, mientras que el 72,9% mencionó que las sustancias utilizadas eran esteroides anabolizantes.

 

Aunque se trata de un estudio pequeño y sus resultados no representan a todos los fisicoculturistas españoles, sí pone sobre la mesa una cuestión importante: la búsqueda de resultados físicos puede llevar a algunas personas a utilizar sustancias que entrañan riesgos para su salud.

 

Un trabajo más reciente, publicado en 2024, estudió a 56 fisicoculturistas naturales, es decir, deportistas que compiten en modalidades que prohíben el dopaje, de 18 países, más de la mitad procedentes de España. Los investigadores encontraron que la creatina y las proteínas de suero continuaban siendo los suplementos más utilizados y que internet era una de las vías habituales para adquirirlos.

 

¿Son peligrosos todos los suplementos?

 

La respuesta es no. Es importante diferenciar los suplementos nutricionales de las sustancias que se utilizan para modificar artificialmente el funcionamiento del organismo.

 

Por ejemplo, las proteínas en polvo pueden ayudar a cubrir las necesidades de proteínas cuando la alimentación habitual no es suficiente. La creatina monohidrato, por su parte, es uno de los suplementos deportivos más estudiados y puede mejorar el rendimiento en ejercicios de fuerza, cognición y rendimiento deportivo.

 

Esto no significa que cualquier suplemento sea necesario o que consumir grandes cantidades proporcione mejores resultados. Tampoco significa que todos los productos comercializados sean igual de seguros. Por lo cual, es importante determinar quién, cuánto y para qué se toman.

 

Uno de los problemas aparece cuando se utilizan numerosos productos al mismo tiempo, sin conocer bien sus ingredientes, las cantidades que contienen o sus posibles efectos.

Otro riesgo importante es confundir los suplementos nutricionales con sustancias como los esteroides anabolizantes, o derivados de la testosterona que se utilizan para aumentar la masa muscular. Estas sustancias no son suplementos alimenticios y pueden tener consecuencias importantes y peligrosas para la salud.

 

Un estudio publicado en 2023, realizado con fisicoculturistas de ambos sexos, encontró que aproximadamente el 48% de los hombres y el 38% de las mujeres participantes utilizaban sustancias para mejorar su rendimiento o modificar su físico. Entre ellas se encontraban derivados de la testosterona, hormona del crecimiento y otros productos con efectos hormonales.

 

Estas cifras no deben interpretarse como una estimación del consumo entre todos los fisicoculturistas, pero ponen de manifiesto que el uso de este tipo de sustancias es una realidad en determinados entornos competitivos.

 

El corazón, uno de los órganos que más preocupa

 

Durante mucho tiempo, los posibles efectos del fisicoculturismo sobre el corazón han despertado interés científico. Sin embargo, algunas de las investigaciones más recientes ofrecen datos especialmente preocupantes.

 

Un estudio publicado en 2025, por la revista científica European Heart Journal analizó a 20.286 fisicoculturistas masculinos que habían participado en competiciones internacionales entre 2005 y 2020. Se identificaron 121 fallecimientos, de los cuales 46 fueron muertes súbitas de origen cardiaco. Entre los deportistas que competían, se registraron unas 33 muertes súbitas cardiacas por cada 100.000 deportistas al año. Además, los fisicoculturistas profesionales presentaron un riesgo casi cinco veces mayor que los aficionados que participaban en competiciones.

 

En algunas de las autopsias realizadas se observaron corazones más grandes de lo habitual y un engrosamiento de sus paredes. Estas alteraciones pueden ser relevantes porque, dependiendo de su causa y características, pueden favorecer problemas graves del ritmo cardiaco, conocidos como arritmias.

 

¿Y qué ocurre con las mujeres fisicoculturistas?

 

Aunque durante años la investigación se ha centrado principalmente en los hombres, los estudios más recientes también han comenzado a analizar los riesgos entre las mujeres que practican fisicoculturismo.

 

Una investigación publicada en European Heart Journal estudió a 9.447 competidoras y encontró 32 fallecimientos, 10 de ellos relacionados con una muerte súbita cardiaca. En términos generales, se registraron aproximadamente diez muertes súbitas cardiacas por cada 100.000 deportistas al año.

 

Por lo que continuar investigando es necesario para entender como el uso de sustancias conlleva un riesgo, y que suplementos nutricionales son beneficiosos bien consumidos.

 

 

Las dietas extremas también pueden pasar factura

 

Los problemas de salud asociados al fisicoculturismo no dependen únicamente de los suplementos o de otras sustancias. Antes de una competición, muchos fisicoculturistas atraviesan una etapa conocida como definición, en la que intentan reducir al máximo la grasa corporal para conseguir que los músculos se vean más marcados. Para lograrlo, pueden mantener durante semanas o meses dietas muy bajas en calorías, combinadas con entrenamientos exigentes.

 

El problema aparece cuando el organismo recibe menos energía de la que necesita para funcionar correctamente.

 

Diferentes estudios analizados en conjunto han mostrado que, durante estas etapas de preparación, algunos deportistas experimentaban cambios hormonales, pérdida de fuerza, cansancio, alteraciones del metabolismo y problemas relacionados con el estado de ánimo.

 

En otras palabras, una persona puede mostrar un aspecto aparentemente muy musculoso y definido y, al mismo tiempo, estar atravesando un periodo de importantes cambios físicos y hormonales que no siempre resultan beneficiosos para su salud.

 

Más músculo no siempre significa más salud

 

El fisicoculturismo es una disciplina que exige esfuerzo, constancia y una enorme dedicación. Sin embargo, los estudios científicos nos recuerdan que no todo lo que mejora la apariencia física mejora necesariamente la salud.

 

Esto no significa que practicar fisicoculturismo provoque necesariamente enfermedades, ni que suplementos como las proteínas o la creatina sean responsables de los problemas detectados.

 

Lo que sí sabemos es que llevar el cuerpo a situaciones extremas, utilizar sustancias sin control médico o buscar resultados físicos cada vez más rápidos puede tener consecuencias que no siempre son visibles frente al espejo.

 

Por eso, es fundamental promover una práctica deportiva que priorice no solo la apariencia, sino también la salud a largo plazo es lo positivo. Porque, al final, tener más músculo no siempre significa estar más sano.

 

 

 

Casi una década después, sigo celebrando la vida

Casi una década después, sigo celebrando la vida

Testimonio anónimo

19 de octubre de 2026

¿Te vienes a pasar unos días fuera de Zaragoza? Aunque la tentación de pasar unos buenos ratos con amigas de la infancia era grande, algo dentro de mí me decía que no podía, que me tocaba la revisión ginecológica anual y que no me la debía saltar. ¡Qué más da! ¡Son solo unos días! Pero, como me enseñó mi madre, yo nunca me había saltado una revisión y esa no iba a ser la primera vez.

 

¿Corazonada? No lo sé, pero a mis 50 años oí lo que nadie desea: “en las pruebas hemos visto un posible tumor, hay que analizarlo”, “ven dentro de 15 días”. Y como una es fuerte como un toro, no le dije nada a nadie (para qué les voy a preocupar si seguramente no será nada) y me fui sola a por los resultados. “La biopsia que realizamos confirma que tienes cáncer de pecho”. Algo dentro de mí ya lo sabía antes de oírselo decir a la doctora. No puedo recordar con exactitud las cariñosas palabras que vinieron después: “no te preocupes”, “déjalo en nuestras manos”, “vamos a organizar los siguientes pasos”. Sólo recuerdo asentir, darle las gracias y, tras salir de la consulta, ir a mi trabajo como si no pasase nada.

 

Creo que, en ese breve trayecto de 10 minutos, lo que acababa de escuchar, tomó forma en mi cabeza y, lo curioso, es que no sentí miedo. Es más, si lo pienso detenidamente, nunca sentí miedo, tristeza mucha, pero miedo no, y es algo que aún hoy me sigue sorprendiendo (si me lee algún psicólogo, ¡que me lo explique, por favor!). Mi parte racional (que lo soy y mucho), acudió en mi ayuda trayendo a mi cabeza, a modo de defensa, datos que, en algún momento había leído u oído, recordándome que estaba formando parte de las más de 100 mujeres que, en España, reciben ese diagnóstico cada día (1 de cada 8, por lo que recuerdo que pensé: “bueno, al menos mi grupo de amigas está libre, de las 8 me ha tocado a mi”), pero que, afortunadamente, la tasa de supervivencia se situaba en torno al 86%. No dudé ni un segundo que en ese 86% iba a estar yo, y afortunadamente, 8 años después, aquí sigo, “limpia del bicho”.

 

Mi precoz diagnóstico, el avance de la medicina, confiar en todo el personal sanitario que me cuidó e, indudablemente, el factor suerte, han hecho que siga disfrutando de la vida. Ni luchar como una guerrera, ni ponerle ganas, ni todas esas cosas que se dicen y que aprovecho estas líneas para decir que ¡no ayudan nada! Ahí lo dejo.

 

A pesar de todo lo anterior, mentiría si no dijese que al llegar a mi despacho cerré la puerta y empecé a llorar. A llorar por las cosas que iba a perder. Mi pelo (con lo importante que ha sido siempre para mí, aunque parezca una tontería, es parte esencial de mi identidad), ¿mi pecho?, ¿mi feminidad?, ¿seguiría gustándole a mi pareja?, ¿me seguiría deseando?, ¿qué iba a ser de mi vida, de la de mi familia (mi marido, mis hijos, mis padres) los siguientes meses?, ¿cómo se lo iba a decir? No voy a centrarme en los malos momentos vividos (que desgraciadamente fueron muchos) y en aquellas cosas que perdí, sino en lo que gané, y gané muchas cosas. Y es aquí donde me quiero centrar.

 

Indudablemente, lo más importante es que el cáncer se eliminó y que, toco madera, no ha vuelto a aparecer. No voy a decir que tener cáncer de mama haya sido una suerte, pero mentiría si no dijese que me trajo cosas positivas que me han hecho ver y vivir de otra manera. Que realmente me cambiaron y que, lógicamente, también cambiaron a mi familia. Ser consciente de que existe una alta posibilidad de no estar juntos al día siguiente e incluso, dentro de un rato, cambia la vida. Lo frugal de la existencia se materializa, generando unos vínculos aún más fuertes que los que ya existían. Mamá puede que mañana no esté, y eso es muy duro y difícil para unos adolescentes, tu pareja te va a ver sufrir y pretenderá “quitarle hierro al asunto”, aunque por dentro esté destrozado.

 

A pesar de todo lo malo, lo vivido me ayudó a relativizar, a dar importancia a las cosas que realmente la tienen, a bajar mis niveles de autoexigencia, a intentar ser, todos los días, feliz con tu pareja, a no discutir por tonterías, ¡qué más da si la cocina está sin recoger! ¡vete a dar un paseo cogidos de la mano! Esto, que parece tan lógico, era algo que una obsesa del orden y de la limpieza como era yo no podría ni siquiera haber pensado antes. Abraza a tus hijos viendo una peli, toma un café con tu hermana, cuida a tus padres, charla con tus amigos. Los amigos ¡qué importantes son y qué afortunada soy con todos los que tengo! Tengo que decir que me sentí muy querida durante todo el proceso y que fui consciente de la cantidad de personas que, al menos, me apreciaban y se preocupaban de mí, ¡eso me hizo sentirme muy bien!

 

Por todo esto, desde hace ya casi una década intento ser una mejor versión de mí misma, más feliz, más empática, más cariñosa, más comprometida, y más centrada en disfrutar de la vida. Lógicamente no lo consigo siempre, no me he vuelto una santa, ni perfecta en todas sus acciones, sigo cometiendo errores, soy egoísta, me enfado, pero ahora me doy cuenta y reflexiono y, si hay opción, lo vuelvo a intentar. Celebro dos cumpleaños al año y espero seguir haciéndolo por muchos años más.

 

Desgraciadamente, sé que no es siempre así, que aún hay muchas mujeres (demasiadas) que no sobreviven, que recaen, que sufren mucho más de lo que yo sufrí. Como sociedad debemos hacer todo lo posible para que se investigue cada día más, que se descubran nuevos tratamientos y conseguir erradicar esta enfermedad. Pero hasta que esto suceda, por favor, haz todo lo posible para poder prevenirla, no te saltes ninguna revisión, obsérvate, explórate, enseña a tus hijas, a tus amigas, a las mujeres que tienes cerca cómo hacerlo. No hay nada que te garantice no enfermar, pero, al menos, intenta incrementar tus probabilidades para sobrevivir.

El pan un gran alimento cuando contiene fibra y masa madre

El pan es un gran alimento cuando contiene fibra y masa madre

Sofía Pérez Calahorra

17 de octubre de 2026

El pan es uno de los alimentos más importantes y presentes de la historia. Acompaña a la humanidad desde hace más de 14.000 años y, desde entonces, ha evolucionado junto a nuestras culturas y formas de alimentarnos. Egipcios, griegos y romanos perfeccionaron su elaboración, mientras que la fermentación natural con masa madre fue durante siglos la forma tradicional de producirlo.

Hoy, el pan debería conformar nuestra alimentación equilibrada, especialmente cuando se elabora con harinas integrales, que aportan fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos de interés nutricional. Por ello, más que cuestionar si el pan es “bueno o malo”, conviene aprender a elegirlo bien, valorar su calidad y entender que puede ser un excelente alimento dentro de una dieta saludable.

 

La importancia del grano completo

El pan integral, cuando se elabora con harinas de granos o cereales completos, merece una atención especial. Un grano completo de cereal contiene tres partes principales: el endospermo, rico en almidón y proteínas; el salvado, donde se concentra gran parte de la fibra, minerales, vitaminas y antioxidantes; y el germen, que aporta grasas insaturadas, vitaminas del grupo B y vitamina E, minerales y otros compuestos bioactivos.

Cuando se produce harina integral de calidad, estas tres partes están presentes en la mezcla. En cambio, en la harina refinada (usada en la mayoría de los panes comerciales) se eliminan el salvado y el germen, reduciendo así la variedad y calidad de nutrientes presentes. Esto no convierte al pan blanco en un alimento que deba excluirse, pero sí explica por qué el pan integral presenta ventajas nutricionales adicionales.

 

La fibra: mucho más que regular el tránsito intestinal

Entre todos estos componentes, la fibra es uno de los grandes argumentos nutricionales a favor del pan integral. La fibra dietética no se digiere completamente y llega al intestino grueso, donde puede ejercer funciones importantes. De forma sencilla, suele hablarse de fibra soluble e insoluble.

La fibra soluble tiene capacidad para retener agua, ralentizar el vaciado gástrico y favorecer la sensación de saciedad. También puede contribuir a una mejor regulación de la glucosa y del colesterol sanguíneo. Además, parte de esta fibra puede ser aprovechada por los microorganismos del colon, por lo que ejerce un efecto prebiótico y contribuye al mantenimiento de una microbiota intestinal favorable. Por el contrario, la fibra insoluble, por su parte, incrementa el volumen de las heces y favorece la regularidad intestinal, resultando especialmente útil para prevenir o mejorar el estreñimiento.

Pero limitar los beneficios de la fibra únicamente al tránsito intestinal sería quedarse corto. Una alimentación rica en fibra es importante para la salud digestiva, metabólica y cardiovascular. El consumo de cereales integrales se ha asociado, además, con un menor riesgo de problemas como obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, alteraciones del colesterol, enfermedades cardiovasculares y cáncer de colon. El problema es que el consumo de fibra en España se encuentra con frecuencia por debajo de las recomendaciones. Aumentar la presencia de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales constituye, por tanto, una estrategia nutricional adecuada.

Es en este punto, donde el pan integral puede convertirse en un excelente aliado. No sustituye al resto de alimentos vegetales, pero permite incorporar fibra de manera sencilla y cotidiana. Incluirlo en desayunos, comidas o meriendas puede contribuir a mejorar la calidad global de la alimentación tanto de adultos como de niños.

 

 

Masa madre: cuando la fermentación también suma

A las ventajas del cereal integral puede añadirse otro elemento de enorme interés: la masa madre.

Durante siglos, la fermentación natural fue la forma habitual de elaborar pan. La masa madre se basa en la actividad de levaduras y bacterias presentes de forma natural en los cereales y en el entorno. Estos microorganismos fermentan la masa, generan un medio ácido y producen transformaciones en diferentes componentes del cereal. Y esas transformaciones no afectan únicamente al sabor.

La fermentación con masa madre puede favorecer la biodisponibilidad de determinados minerales, facilitando su aprovechamiento por el organismo. Además, cuando se combina con cereales integrales, puede contribuir a obtener panes con una respuesta glucémica más moderada, evitando elevaciones tan rápidas de la glucosa en sangre.

La masa madre también puede favorecer la digestibilidad del pan. La actividad fermentativa de bacterias y levaduras, el medio ácido que generan y la acción de sus enzimas modifican distintos componentes de la masa. Incluso parte de la fibra insoluble puede transformarse en fibra soluble durante la fermentación, aumentando el interés nutricional del producto desde el punto de vista de la salud intestinal.

 

Reivindicar el pan como un gran alimento

El pan puede y debe tener cabida en una alimentación saludable. No existe una cantidad universal de pan adecuada para todas las personas, ya que dependerá de la alimentación global, las necesidades energéticas y el nivel de actividad física. Pero lo que sí está en nuestras manos es mejorar nuestras elecciones. La clave no está en eliminarlo, sino en aprender a elegir el más saludable.

Priorizar panes integrales, elaborados con el grano completo y, cuando sea posible, con masa madre, permite aprovechar mejor sus cualidades nutricionales. Y acompañarlos con alimentos como aceite de oliva virgen extra, tomate, aguacate, hummus, frutos secos u otras fuentes de proteínas de calidad permite construir desayunos, comidas y meriendas sencillas, nutritivas y equilibradas.

Después de miles de años formando parte de nuestra historia, el pan continúa siendo un gran alimento: fuente de energía, vehículo de fibra y nutrientes, parte de nuestra cultura gastronómica y perfectamente compatible con una alimentación saludable.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Es saludable comer paella?

¿Es saludable comer paella?

Sofía Pérez Calahorra

20 de septiembre de 2026

La paella forma parte del patrimonio gastronómico mediterráneo y combina, según la receta, arroz, aceite de oliva, verduras y diferentes fuentes de proteína, como carne, pescado o marisco.

Sin embargo, cuando analizamos ¿si este plato es saludable o no? o ¿cuáles son sus posibles efectos sobre la salud?, hay que hacer una aclaración importante:

La mayor parte de la investigación científica no estudia la paella como plato completo, sino sus ingredientes por separado o los patrones alimentarios en los que están presentes. Por eso, no podemos afirmar que la paella prevenga o produzcas enfermedades, pero sí podemos entender qué ocurre desde el punto de vista nutricional cuando combinamos sus principales ingredientes.

 

El arroz: importa la cantidad que se come y como lo combinamos

 

El arroz blanco aporta principalmente hidratos de carbono en forma de almidón. Durante la digestión, ese almidón se transforma en glucosa, que pasa a la sangre. Un consumo elevado y habitual de arroz blanco se ha relacionado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, especialmente cuando se consume todos los días. Sin embargo, esta asociación es menos clara cuando el consumo es esporádico. Esto nos indica que cuando se come el arroz blanco sin combinar con otros alimentos, varios días y en cantidad elevada, posiblemente si exista riesgo.

Sin embargo, el arroz en una paella no se come solo, se consume junto a otros alimentos. Esto es importante, ya que la respuesta de nuestro organismo a los hidratos de carbono puede cambiar cuando se mezcla con verduras, proteínas y grasas. Un estudio realizado en adultos sanos comparó el efecto del consumo arroz blanco solo con el del arroz acompañado de diferentes verduras cocinadas, y concluyó que cuando se combina con verduras el aumento de la glucosa después de comer fue menor y disminuyó el índice glucémico de la comida.

Para entenderlo de forma sencilla, cuando añadimos verduras, su fibra genera que la digestión sea más lenta y controlada. Esto puede ayudar a suavizar la llamada respuesta glucémica posprandial, es decir, la subida de glucosa que se produce después de comer. Si la glucosa entra en la sangre de forma más progresiva, el organismo no necesita responder de manera tan brusca con la secreción de la insulina.

 

El aceite de oliva: un beneficio pero dentro del conjunto de la dieta

 

Otro ingrediente fundamental es el aceite de oliva. Hay varios estudios donde se analiza el efecto del consumo de aceite de oliva sobre la salud, y se sabe que un mayor consumo de aceite de oliva se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y mortalidad por todas las causas. La evidencia más sólida aparece cuando el aceite de oliva forma parte del patrón mediterráneo completo, tal y como demostró el estudio español PREDIMED. Esto no significa que añadir aceite de oliva una paella la convierta automáticamente en cardioprotectora, sino que el beneficio se produce cuando el patrón alimentario es saludable y se mantiene a largo plazo.

 

Verduras, pescado o marisco

 

Las verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y numerosos compuestos bioactivos. Más allá de su papel en la respuesta glucémica del arroz, existe una amplia evidencia que relaciona un mayor consumo habitual de frutas y verduras con menor mortalidad total y cardiovascular, independiente del plato en que estén.

Por otro lado, cuando la paella contiene pescado o marisco estos alimentos aportan proteínas de buena calidad nutricional y, dependiendo de las especies utilizadas, ácidos grasos omega-3 EPA y DHA. Las proteínas, así como los ácidos grasos esenciales ayudan a controlar la digestión y regular mecanismos metabólicos.

 

Entonces, ¿podemos considerar saludable comer paella?

 

En conclusión, la paella puede constituir un plato nutricionalmente interesante cuando se elabora con una adecuada selección y proporción de sus ingredientes. No obstante, su calidad nutricional depende en gran medida del tamaño de la ración y de la composición final del plato. Una proporción elevada de arroz incrementará la carga total de hidratos de carbono, mientras que un uso excesivo de aceite aumentará de forma considerable su densidad energética. Asimismo, resulta conveniente controlar el contenido de sal, especialmente cuando se emplean caldos concentrados o preparados comerciales.

 

Por tanto, no es posible atribuir a la paella un perfil nutricional único, ya que este dependerá tanto de su forma de preparación como del contexto dietético en el que se consuma. Una elaboración basada en una proporción moderada de arroz, una presencia abundante de verduras, un uso prudente de aceite de oliva y una fuente adecuada de proteínas puede integrarse plenamente en un patrón alimentario equilibrado de tipo mediterráneo.

 

Desde una perspectiva nutricional, los posibles efectos sobre la salud deben interpretarse en el marco del patrón alimentario habitual, junto con otros factores relacionados con el estilo de vida, y no a partir del consumo ocasional de un alimento o preparación concreta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasear para cuidarnos: mucho más que dar un paseo

Pasear para cuidarnos: mucho más que dar un paseo

Miriam Carmena del Viso

19 de junio de 2026

En una sociedad en la que casi todo parece tener que hacerse deprisa, caminar representa algo tan sencillo como revolucionario: recuperar un hábito cotidiano capaz de mejorar nuestra salud y, al mismo tiempo, reforzar nuestros vínculos con las personas y con el entorno en el que vivimos.

 

 

No es una afirmación exagerada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inactividad física constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial y aproximadamente uno de cada tres adultos no alcanza los niveles de actividad física recomendados. Entre los adolescentes, la situación es aún más preocupante: cerca del 80% no realiza suficiente actividad física.

 

 

Como enfermera de Atención Primaria, pocas recomendaciones hago con tanta frecuencia y con tanta convicción como esta: salir a caminar.

 

 

Y es que caminar es una de las formas más sencillas, accesibles y económicas de incorporar actividad física a nuestra vida diaria. Sus beneficios son ampliamente conocidos. Contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer. También mejora el bienestar emocional, disminuye los síntomas de ansiedad y depresión y favorece un mejor descanso.

 

 

Precisamente por esa combinación de beneficios físicos, emocionales y sociales, en los últimos años han proliferado las iniciativas de paseos saludables impulsadas desde centros de salud, asociaciones, ayuntamientos y otros agentes comunitarios. Lejos de ser únicamente una forma de hacer ejercicio, estos grupos se han convertido en espacios de encuentro, apoyo mutuo y participación comunitaria.

 

 

A veces buscamos intervenciones complejas para mejorar la salud de las personas, cuando algunas de las más eficaces son también las más sencillas. Los paseos saludables son un buen ejemplo de ello.

Pasear sí, pero no solo pasear

 

Sin embargo, conviene evitar una idea bastante extendida: pensar que caminar es suficiente.

 

 

Con frecuencia escuchamos frases como «yo ya hago ejercicio porque salgo a andar todos los días». Y, aunque caminar es una magnífica actividad, las recomendaciones actuales de la OMS recuerdan que la actividad física es mucho más que acumular pasos.

 

 

Además de la actividad aeróbica, se recomienda incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular y, especialmente en las personas mayores, actividades que ayuden a trabajar el equilibrio y la coordinación. Este aspecto es particularmente importante, ya que las caídas constituyen una de las principales causas de discapacidad y pérdida de independencia en edades avanzadas.

 

 

Mantener la fuerza muscular y el equilibrio resulta fundamental para seguir realizando actividades cotidianas tan importantes como levantarse de una silla, subir escaleras, cargar la compra o reaccionar a tiempo ante un tropiezo.

 

 

Caminar, por tanto, es una excelente puerta de entrada a una vida activa, pero no debería hacernos olvidar la importancia de otros componentes del ejercicio físico. Fuerza, equilibrio y flexibilidad también forman parte de nuestra salud y son esenciales para preservar la autonomía y la calidad de vida a medida que envejecemos.

 

 

Y este mensaje no es exclusivo de las personas mayores. Los más jóvenes tampoco deberían conformarse con caminar como única forma de actividad física. La salud ósea, la masa muscular y la capacidad para mantenernos activos y autónomos a lo largo de la vida también dependen de incorporar actividades variadas desde edades tempranas.

 

 

No se trata de elegir entre unas actividades y otras, sino de combinarlas.

 

 

Más allá de los beneficios físicos, los paseos saludables representan una respuesta sencilla a algunos de los grandes retos de salud de nuestro tiempo. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el sedentarismo y la creciente prevalencia de enfermedades crónicas, promover hábitos activos sigue siendo una de las intervenciones con mayor impacto sobre la salud y la calidad de vida.

 

 

Especialmente en el medio rural, donde los recursos no siempre son abundantes y las distancias pueden convertirse en una barrera, los paseos saludables representan una actividad accesible y fácilmente adaptable a las características de cada comunidad.

 

 

Quizá ahí resida una de sus mayores fortalezas. No requieren grandes infraestructuras ni recursos extraordinarios. Basta con un grupo de personas, ganas de caminar y la voluntad de convertir un gesto cotidiano en una oportunidad para cuidarnos.

 

 

Este 19 de junio, Día Mundial del Paseo, puede ser una buena ocasión para recordar que una vida activa no se construye a base de grandes gestos, sino de pequeños hábitos mantenidos en el tiempo. Y quizá la mejor forma de celebrarlo sea la más sencilla: ponerse unas zapatillas y salir a caminar.