Enfermedad inflamatoria intestinal: últimos avances relacionados con la microbiota
Enfermedad inflamatoria intestinal: últimos avances relacionados con la microbiota
María Badía Martínez
29 de mayo de 2026
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una enfermedad crónica caracterizada por síntomas como diarrea, urgencia para ir al baño, dolor, distensión abdominal y/o gases que evoluciona con un patrón de brotes y remisión. Las dos principales entidades que engloban la EII son la colitis ulcerosa y la Enfermedad de Crohn.
Actualmente, sabemos que estas enfermedades surgen de una interacción compleja entre: predisposición genética, alteración de la barrera intestinal, disfunción inmunitaria, factores ambientales y cambios en la microbiota intestinal (disbiosis).
En primer lugar, vamos a intentar definir bien varios conceptos:
- Microbiota: comunidad de microorganismos (virus, bacterias, hongos, arqueas, protozoos…) que forman parte de un individuo.
- Microbioma: microorganismos, sus genes y metabolitos.
- Disbiosis: alteración estructural y funcional de la microbiota.
La microbiota es muy distinta según donde la busquemos (boca, vagina, aparato respiratorio…), probablemente la más diversa se encuentra en el aparato digestivo, sobre todo a nivel intestinal.
Desde que nacemos, la microbiota se va desarrollando y condicionando por diversos factores, tanto genéticos como ambientales. Existen diferencias entre bebés, dependiendo del tipo de parto (vaginal vs cesárea) y del tipo de alimentación del mismo (leche materna vs leche de fórmula).
El contacto con los distintos grupos microbianos a lo largo de nuestra vida, hará que el desarrollo de nuestra microbiota sea diferente entre individuos, muy personal y muy variable en los primeros años. En la etapa adulta la microbiota es más estable, más difícil de modificar y mucho más rica y diversa.
Pero, ¿cuáles son las funciones de la microbiota?
- Evitar la colonización de patógenos.
- Mantiene la barrera intestinal.
- Modula el sistema inmune.
- Interviene en el balance del proceso inflamatorio.
- Degradación de proteínas, polisacáridos, sales biliares, etc.
- Producción de vitaminas, hormonas y neurotransmisores.
En los últimos 10 años ha habido un aumento exponencial en la publicación de artículos relacionados con la microbiota. Caben destacar varios hitos en la historia sobre la investigación en este campo:
- En 2008 comenzó el Human Microbiome Project que ha disparado el conocimiento y el interés sobre el tema.
- A partir de 2016 con The National Microbiome Initiative, no solo relacionadas con enfermedad digestivas sino con otras múltiples enfermedades.
Y ¿qué papel juega la microbiota y el microbioma en la enfermedad inflamatoria intestinal?
Disfunciones en la microbiota (disbiosis) están relacionadas con el desarrollo de distintas enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal.
Es muy difícil asociar directamente tipos de bacterias con enfermedades concretas, pero por ejemplo en la enfermedad de Crohn, se ha demostrado una disminución importante de Faecalibacterium prausnitzii y en general bacterias productoras de butirato, fundamental para nutrir colonocitos, mantener uniones estrechas epiteliales y reducir inflamación. También se ha descrito aumento de bacterias proinflamatorias, particularmente Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC), Enterobacteriaceae y algunas Proteobacterias. A pesar de eso no se ha identificado ninguna especie única como biomarcador de la EII.
Los fármacos con los que contamos actualmente para el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal, actúan para recuperar el control por varias vías: disminuyendo las sustancias inflamatorias, bloqueando moléculas de activación linfocitaria, disminuyendo la llegada de células inflamatorias y linfocitos al intestino y destruyendo los linfocitos relacionados con la respuesta inmune alterada.
Los objetivos del tratamiento intentan conseguir, no solo la curación clínica, sino también la curación mucosa, dado que es el principal marcador pronóstico de la enfermedad. Es decir, intentar evitar las recidivas de los brotes y mejorar la calidad de vida de los pacientes a largo plazo.
Sin embargo, solo con los tratamientos farmacológicos se consigue una respuesta prolongada en un 60-70% de los pacientespor lo que queda mucho trabajo por hacer.
En este sentido, se abre un gran capítulo en la investigación en el tratamiento de estas enfermedades inflamatorias, que se centra en el estudio de la microbiota, es decir todo lo que sucede más allá de la mucosa intestinal.
Conociendo correctamente la microbiota de los paciente sanos, y comparándola con aquellos que están enfermos, podríamos ser capaces de crear prototipos de microbiota adecuada y poder modificar la microbiota del paciente, como ya se hace por medio del trasplante de microbiota o trasplante fecal, en la diarrea por Clostridium Difficile, donde ya ha demostrado eficacia.
El análisis de nuestra microbiota es un cambio de paradigma en la medicina personalizada, pero debemos ser prudentes, ya que todavía queda mucho por saber, y se están realizando estudios de la misma con cuestionable validez. Dejemos el trabajo en manos de investigadores expertos y con rigor, para llegar a conclusiones aplicables en la práctica clínica.
La combinación de datos clínicos, analíticos y del microbioma (metagenómica y proteómica) podría ayudar en un futuro a estratificar los paciente con EII y a la aplicación de una terapia más personalizada.
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