Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Diana Merino Leiva

13 de mayo de 2025

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado con el objetivo de reconocer y sensibilizar a la población en este tema en concreto. Para nosotros, los que trabajamos a su lado, es un recordatorio de que nuestros pequeños siguen siendo eso: pequeños. Aunque se encuentren entre paredes blancas –quizá si hay suerte con algún dibujo de elefantes–, sábanas más frías que las de su cama y rodeados de olores extraños que distan de parecerse a los que desprenden las cazuelas de mamá en la cocina.

 

¿Cómo nos ven ellos?

 

A veces su paso por el hospital es breve y no tienen tiempo de acostumbrarse a la presencia de tanta gente vestida de blanco que entra y sale de la habitación en la que se encuentran. Sin embargo, en otras ocasiones, los de blanco acaban siendo personas como Loli, la que siempre entra cantando; Pilar que le trae natillas de chocolate porque sabe que no le gusta el yogur que le ha tocado; o Miguel, que de vez en cuando le lleva de paseo hasta la máquina de las fotos, esa que hace ruido.

 

¿Cómo lo vemos nosotros?

 

Como profesionales aprendemos a normalizar esta situación, nos acostumbramos a verles con pijamas de hospital y cables que nos preocupa que se quiten, nos resulta habitual ver a mamá o a papá sentado en un sofá sujetando un cuento con aspecto de cansado, enmascarando su inquietud y su miedo con voz de Nuna, la amiga del Monstruo de colores, o cantando como Frozen si el día ha sido difícil.

 

¿Qué podemos mejorar?

 

Hacemos cotidiano lo que para el niño y su familia es un inciso, una interrupción de su actividad habitual: del colegio, del trabajo, de las extraescolares, de las cenas en el salón o de los domingos en casa de la abuela. Y lo hacemos, la mayoría de las veces, dando la mejor de nuestras versiones. Sin embargo, en algunas ocasiones, las menos, nos olvidamos de que hay situaciones en las que es necesario hacer una excepción, dejar la normativa a un lado y mirar para el otro, personalizar y humanizar, porque esto último no siempre consiste en dotar con las últimas tecnologías las estancias clínicas, de disponer de una cama para la pernocta del acompañante o de servir una comida al progenitor.

 

Humanizar puede ser conocer el nombre de la mamá desmaquillada que camina por la habitación de hospital con zapatillas de andar por casa. Puede ser permitirle dormir con la manta de su cama, quizá una visita de su hermano pequeño o, mucho más alcanzable aún, saberse su historia completa, conocer cuántas veces ha sido ingresado, qué ocurre cuando se queda dormido sin la máscara puesta o por qué no podemos hidratarle la piel con la crema del bote verde.

 

Porque humanizar también puede ser hacer ver a esos papás que pueden irse a desayunar tranquilos, es mirar a María, la mamá de Lucas, después de pasar la noche con la cabeza apoyada en la cama de su hijo y susurrarle “buenos días María, ¿Lucas ha dormido bien?” Humanizar está en nuestra mano con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.

 

¿Qué celebramos?

 

La fecha, 13 de mayo, conmemora la publicación, en 1986, de la Carta Europea de los Derechos del niño hospitalizado en la que se proclaman, entre otros, los siguientes:

 

“Derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales; el ejercicio de este derecho no debe perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación de los tratamientos a los que hay que someter al niño”.

 

“Derecho del niño a una recepción y seguimiento individuales destinándose en la medida de lo posible los mismos enfermeros y auxiliares para dicha recepción y los cuidados necesarios.”

 

Hacemos cumplir estos derechos mucho mejor que hace casi 40 años, cuando fueron plasmados en un papel, cuando los padres venían tan sólo un ratito al día y lejos estaban de involucrarse en los cuidados, y lo haremos mucho mejor dentro de otros 30 cuando, además de nuestra empatía, vayamos acompañados de unas infraestructuras acordes a lo que nuestros pequeños y sus familias necesitan.

 

Mientras tanto, sigamos mejorando, escuchando y cuidando, porque muchos de estos niños nos dejan huellas que no olvidamos a su paso por nuestro hospital, pero nosotros, los profesionales que les acompañamos, también les dejamos la nuestra. Hagamos de este 13 de mayo un día especial a los niños que duermen aquí y recordemos que la infancia no se queda en la puerta al ingresar en un hospital.

Se apaga una luz, nace una vida

Se apaga una luz, nace una vida

Natalia Barrio Forné

04 de mayo de 2025

Un lunes normal, de una semana como otra cualquiera, a veces, se puede convertir en un día para recordar. Siempre se ha dicho que no es cómo se empieza, sino cómo se acaba.

 

El comienzo de esta historia surge en un hospital donde nos dedicamos las 24 horas a atender gestantes y recién nacidos. Este día no difería de otros al inicio de la jornada laboral. Estábamos controlando las evoluciones de los partos de unas embarazadas ingresadas, quienes estaban esperando a conocer a su hijo o hija cuando, de repente, a las 12:33h, se apagó la luz.

 

Durante unos instantes todos nos quedamos quietos, esperando que el generador saltara y supliera las funciones de la red eléctrica, pero tardó unos segundos más de lo habitual y, aunque comenzaron a funcionar todos los monitores y aparatos con normalidad, nos dimos cuenta de que algo no iba del todo bien.

 

Aun así, nuestro trabajo nos reclamaba y teníamos que continuar. Unos minutos más tarde, algunos compañeros empezaron a recibir mensajes de que la luz no se había ido solo en el hospital o en esa calle o en nuestra ciudad, sino que se había ido en toda España. Incrédulos, nos asomamos a la ventana y vimos semáforos sin funcionar, policías controlando el tráfico, comercios sin luz. La información que nos llegaba era cierta.

 

Gracias al generador disponíamos de todos los medios –a diferencia de las personas que estaban fuera del hospital–, pero las dudas comenzaron a aflorar: ¿Cuánto tiempo duraría el apagón de luz?, ¿y cuánto tiempo duraría el generador? ¿Existía la posibilidad de que el gasoil del generador se acabara? Si se acababa, ¿Qué ocurriría?

 

Desde la dirección del hospital nos informaron que la situación se iba a alargar durante varias horas y que no se sabía con exactitud si la capacidad del generador aguantaría el tiempo necesario hasta que se recuperara la luz, por lo que se debía economizar toda la energía que se pudiera. En ese preciso momento, pensamos en la cantidad de maquinaría que se maneja dentro del hospital y que son necesarias para el soporte vital de los pacientes, así como lo imprescindible que es la electricidad para ellos.

 

Por ese motivo, comenzamos  a desenchufar todos los monitores, ordenadores y elementos eléctricos que no utilizábamos, así como todos aquellos que usábamos para ejercer nuestro trabajo pero que podíamos reemplazar por otros medios que no emplearan la luz para su funcionamiento. Solo dejamos conectados aquellos que necesitábamos de forma imprescindible para poder realizar adecuadamente nuestro trabajo.

 

Apagadas todas las luces de los pasillos, del control, de los cuartos de la medicación, del almacén y de todas las dilataciones y paritorios, a partir de ese momento vivimos una situación inusual. Debíamos usar las linternas de nuestros móviles para acceder a las zonas que se habían quedado a oscuras, seguimos controlando a las futuras madres y a sus hijos con la profesionalidad de siempre –pero con métodos más tradicionales– y permanecimos constantemente dentro de la dilatación, al lado de los futuros progenitores, para que no tuvieran que utilizar los timbres de llamada.

 

La vida se abre paso a pesar de las circunstancias y sucedió lo esperable, pues las gestantes estaban a punto de dar a luz –una frase muy llamativa, dada la ausencia de electricidad fuera del hospital–.

 

En esa situación, el ingenio, la experiencia y el conocimiento del medio a la perfección se mezclaron, aportando una gran idea para el parto: situamos a las mujeres embarazadas en las dilataciones-paritorio, que disponen de ventanas, para que parieran allí. De esa manera, utilizamos a nuestro favor la luz del día para prescindir de la luz artificial en ese momento y usarla exclusivamente tras el alumbramiento, para comprobar que todo estaba bien.

 

Horas después, todo volvió a esa normalidad que caracteriza a los lunes. Pero no había sido un comienzo de semana más, todos lo sabíamos. Esta situación nos había dado la posibilidad de ser conscientes, si no lo éramos ya, de lo mucho que dependemos de la electricidad.

 

También aprendimos a agudizar el ingenio, creciéndonos ante la adversidad para priorizar la atención y el bienestar de las personas que estaban a nuestro cargo. Asistimos a las gestantes en la recta final del embarazo y dimos la bienvenida a esos recién nacidos que, aunque llegaron a este mundo en un momento de incertidumbre, sus padres y los profesionales sanitarios que les esperábamos teníamos la seguridad de que todo iba a ir bien.

La vida en segundo plano

La vida en segundo plano

María del Mar Prieto Bermejo

02 de mayo de 2025

Es complicado expresar con palabras tantos años de dolor y sufrimiento, de sentimientos encontrados. Lo cierto es que, aún recuerdo aquella llamada desde el Ministerio de Educación, en septiembre, en la que me comunicaban que mi hijo había sido aceptado en el colegio que habíamos elegido.

 

He de decir que no miramos colegios ni hicimos un estudio de idoneidad, nos dejamos guiar por la fama, un colegio relativamente pequeño, familiar, que cubría hasta bachillerato. Con nuestra elección, estábamos felices y encantados.

 

Juan empezó infantil con ilusión, la jornada escolar era partida por lo que salía a comer a casa y a él se le veía feliz y contento, es más, en segundo de infantil lo apuntamos a alguna extraescolar al mediodía para que estuviese con sus compañeros. A los meses, empezó a quedarse dormido después de comer, estará cansado –pensaba yo–, pero cuando se convirtió en un hábito diario comenzamos a preocuparnos.

 

Quizá esas fueron las primeras señales y no supimos verlas

Juan empezó la educación primaria y pese a ser un niño feliz, apenas hablaba de su día a día en el colegio y comenzó con pequeños despistes en los deberes, demandaba a menudo: ¿mamá así voy bien?, ¿de verdad? hasta que de repente, un día que se enfadó con su hermano pequeño –lleno de furia y dolor– le dijo: ¡Tú no vales para nada!

 

¿Quién le decía eso a mi hijo?

Fue entonces cuando, tras hablar con otras madres, nos enteramos de que un niño en concreto se metía con él. Lo insultaba, lo humillaba y el resto de los niños o eran partícipes o simplemente se daban la vuelta. Y cuando nosotros lo consultamos al resto de padres, además de quitarle importancia a los actos, nos contestaban: Por favor, ¡es Primaria!, ¡cómo se van a dar cuenta!

 

Como padres preocupados y primerizos en estas lides acudimos al colegio, solicitamos reunirnos con el tutor y con la dirección del centro, que calmaron nuestras preocupaciones diciéndonos que se tomarían medidas al respecto y que no se nos informaría de ellas por el bien del otro menor (el agresor). Así es como, desde 3º de primaria, mi hijo y este otro alumno ya no coincidieron en clase. Pero el mal ya estaba hecho, pues la solución no consiste sólo en separar, sino en trabajar con ambos menores, el resto de la clase e incluso también con las familias.

 

Juan tenía sólo 8 años cuando acudió a su primera consulta con el psicólogo para poder gestionar las situaciones derivadas del acoso, las pesadillas, el estar solo en clase, en los recreos, el no tener el respaldo ni siquiera de un profesor.

 

Y llegó el siguiente paso. Juan comenzó educación secundaria obligatoria (ESO) con ilusión, ya que llegaban alumnos nuevos y, en su mente, cabía la posibilidad de hacer amigos. De hecho hizo un nuevo amigo, pero la fama pesa y no solo le dio la espalda sino que se unió a la ronda de insultos, humillaciones e incluso alguna agresión física.

 

En segundo de la ESO llegó el silencio, a Juan se le hizo el vacío, ahora sí que estaba sólo de verdad y fue entonces cuando me pidió que le cambiase de centro y nosotros, como padres, tuvimos la iniciativa de hacerlo. No se podía cambiar en el período ordinario, así que lo intentamos fuera de plazo, utilizando el motivo del acoso escolar sufrido en el centro anterior, pero nos encontramos una sorpresa: el centro nunca había abierto el protocolo de acoso  porque según nos refirieron posteriormente, habían tomado medidas.

 

Llegó tercero de la ESO y, con el nuevo curso, la agresión. No es que no hubiera habido agresiones físicas antes, pero esta marcó un antes y un después. Y no solo para Juan, sino también para otros alumnos, que se asustaron y avisaron a un profesor responsable que, por cierto, se encontraba ausente en el momento en el que se produjo la agresión.

 

Todo cambió, tras la agresión. Juan tuvo que visitar un servicio sanitario de urgencias desde donde se cursó el parte de lesiones al juzgado, denuncia en GRUME, solicitud de apertura de protocolo de acoso (el colegio tardó dos días en abrirlo y fue por exigencia mía) y cambio de centro. Con esto, nosotros como padres, dábamos por terminada una etapa en la que todos,  alumnos y profesores habían sido partícipes.

 

A día de hoy he de decir que tenemos la inmensa suerte de que Juan está en un centro escolar con un equipo directivo, de orientación y docente profesionales y con vocación, pero todavía nos espera un largo camino por recorrer. Quién sabe si, al igual que en el Kintsugi, resurgirá una nueva persona o esas heridas le atarán de tal manera que no le dejarán crecer como a otro niño de 15 años.

 

Lo que sí es cierto es que, en este camino, hay que rodearse de buenos profesionales porque es complicado encontrar apoyos en el resto de padres, bien por egoísmo o por temor a que su hijo sea el siguiente objetivo. Hablar con nuestros hijos todos los días es fundamental, por lo que dicen y por lo que callan; las señales siempre están ahí aunque no las veamos.

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

María García Magán

27 de abril de 2025

Es indiscutible que, la aparición y posterior popularización de las redes sociales, ha revolucionado la forma en la que los seres humanos nos relacionamos. Este impacto también ha afectado a la crianza de nuestros hijos en múltiples aspectos, de modo que a los padres de hoy en día se les plantean numerosos retos y preguntas que, irremediablemente, están obligados a afrontar: ¿cuándo es el mejor momento para que mi hijo o hija posean redes sociales?, ¿cuáles son los peligros a los que están expuestos?, ¿hasta qué punto debo monitorizar su actividad en redes? Sin embargo, una de las cuestiones que más recientemente está ganando relevancia en este ámbito es la del llamado sharenting.

 

La palabra sharenting proviene de los términos en lengua inglesa share (compartir) y parenting (crianza) y es utilizada para hacer referencia a la exposición de los menores en redes sociales por parte de sus progenitores. Esta práctica es muy común entre los padres y madres en el mundo actual. De hecho, estudios recientes afirman que el 81% de los menores tiene presencia en Internet antes de cumplir los 6 meses. Esta tendencia no deja de ir en aumento, especialmente, tras la pandemia de COVID-19 y los nuevos hábitos digitales que se desarrollaron durante el periodo de confinamiento.

 

Como indica la comunidad científica, la mayoría de los padres justifica el sharenting como un medio para almacenar recuerdos, mantenerse en contacto con sus allegados o recibir apoyo durante la crianza. De hecho, esta práctica posibilita la creación de lazos entre la comunidad y puede permitir que los padres encuentren ayuda en un momento tan crucial como la maternidad y la paternidad.

 

La investigación, no obstante, considera que el sharenting es una práctica que busca la aprobación social y que puede convertirse en un factor de estrés, debido a la irremediable comparación que surge entre sus usuarios. Además, la exposición en redes también conlleva riesgos para los propios menores, como la creación de una huella digital difícilmente borrable, la exposición al ciberbullying e incluso la posibilidad de que sus imágenes sean almacenadas por agresores sexuales —como ya advirtió el Ministerio del Interior. Del mismo modo, el sharenting plantea cuestiones relacionadas con la intimidad de los menores, un derecho que algunos creen vulnerado por este tipo de prácticas.

 

En cualquier caso, existe un salto cualitativo entre aquellos padres y madres que ocasionalmente comparten fotografías o vídeos de los momentos más emotivos de la vida de sus hijos y aquellos que sobreexplotan su imagen, lucrándose económicamente. En efecto, el sharenting encuentra su máxima expresión en los numerosos perfiles y canales familiares en plataformas como Instagram, YouTube o TikTok, en que los progenitores fotografían, graban o relatan las anécdotas de sus hijos, obteniendo a cambio no solo la aprobación de la comunidad, sino un importante rédito económico.

 

En estos casos, los llamados instamamis o instapapis ya no solo muestran a sus hijos en situaciones cotidianas, sino que los menores interactúan con su comunidad de una forma inquietantemente frecuente. En realidad, este contenido, apodado comúnmente como family friendly, constituye una estrategia bien estudiada de marketing que puede llegar a proporcionar pingües beneficios. De hecho, muchos de estos niños y adolescentes son utilizados en campañas publicitarias, lo que plantea la necesidad de regular legislativamente una actividad que puede ser considerada como trabajo infantil.

 

Sea como fuere, lo cierto es que parece que el sharenting ha llegado para quedarse y ya encuentra resonancia a nivel popular, por ejemplo, a través de la obra de ficción de la prestigiosa escritora francesa Delphine de Vigan quien, en Los Reyes de la Casa, presenta un inquietante escenario derivado de la popularización de los canales familiares y la sobreexplotación de los menores en redes. Además, en los últimos años están apareciendo los primeros y desasosegantes relatos de aquellos niños —ahora ya adultos— cuya imagen fue sobreexpuesta por sus padres en los albores de las redes sociales.

 

Todo ello debe conducirnos hacia una profunda reflexión sobre la utilización de las redes sociales, especialmente, cuando los menores están involucrados. De ello depende cómo respondamos a los nuevos retos en la crianza que irremediablemente deberemos afrontar, ante el frenético ritmo al que nos vemos abocados en la era digital.

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Juan José Aguilón Leiva  y  Antonio Manuel Torres Pérez

20 de abril de 2025

El año 1995 tocaba a su fin cuando en Boston, Massachusetts, EE. UU., se inauguró la primera tienda especializada en productos de cannabidiol (CBD), bajo el nombre de The Hempest. Aunque inicialmente centrada en ropa y otros productos de cáñamo, en poco tiempo se convirtió en pionera en el mercado estadounidense, ofreciendo productos de CBD con fines terapéuticos.

 

En la actualidad, el mercado global del CBD ha experimentado un crecimiento enorme. Por ejemplo, en España, la empresa Greenery 420, fundada hace tan solo 6 años, cuenta ya con más de 35 tiendas especializadas en CBD distribuidas por todo el territorio nacional. Además, marcas como ProfesorCBD han establecido redes de distribución que incluyen 247 puntos de venta en Europa, abarcando farmacias, herboristerías, estancos y gasolineras. Aunque no se disponen de cifras exactas acerca del número total de tiendas de CBD en el mundo, su expansión y crecimiento a nivel global ha sido francamente significativo y veloz.

 

Cada día aparecen más terapias con cannabis medicinal y otros productos derivados como el CBD. La artrosis, lesiones deportivas, la depresión o el insomnio son algunas de las enfermedades comunes que pueden tratarse con CBD. Ciertamente, cuesta creer cómo este componente del cannabis puede evitar la colocación de una prótesis de rodilla en una persona anciana, sea el sustituto a repetidas sesiones de fisioterapia o la solución a patologías mentales tan complejas de abordar como la depresión. A pesar de ello y, de forma paralela, la despenalización del consumo de cannabis progresa en países de todo el mundo, favoreciendo la idea de aquellos que afirman que el consumo de cannabis no conlleva riesgos para la salud.

 

El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), en su último informe 2024, indica que el cannabis es la droga ilegal más consumida entre los adolescentes de 14 a 18 años en España. Este dato resulta realmente preocupante atendiendo a la teoría del “efecto de puerta de entrada”, dado que el cannabis puede favorecer la progresión hacia el consumo de otras sustancias ilícitas. De igual modo, también es importante destacar dos falsas creencias entre la población joven. La primera de ellas es que la marihuana es menos peligrosa que el tabaco o el alcohol. A esa afirmación, es posible sumar otra más, igualmente falsa, al referirse al “consumo seguro”. El consumo, por definición, es inseguro y siempre representa riesgos.  

 

A nivel mundial, el cannabis es la sustancia psicoactiva con mayor cantidad de consumidores, situándose tan solo por detrás del alcohol etílico. Por tanto, no puede extrañar un elevado número de asistencias urgentes tras el consumo de esta sustancia, principalmente por manifestaciones psiquiátricas como la ansiedad, agresividad, alucinaciones o psicosis aguda. Numerosos estudios afirman que, el cannabis, es la droga que se relaciona en mayor medida con los casos de psicosis atendidos en los Servicios de Urgencias hospitalarios. Por todas estas razones, el caso de la legalización de la marihuana resulta tan chocante como sorprendente, máxime cuando en aquellos países donde se ha permitido su libre reparto, también han aumentado otras adicciones, los accidentes de tráfico y los problemas médicos y sociales derivados de su consumo.

 

Pese a ello, la legalización de esta droga avanza en todo el mundo y cabe preguntarse qué oscuros intereses lo motivan. Es posible creer que, el avance de las posiciones favorables a la Agenda Globalista –centrada desde hace años en desarrollar políticas en ideología de género y cambio climático, entre otras– también lo hacen en el camino hacia la tolerancia a un mayor consumo de drogas. La expansión de los comercios especializados en CBD y las terapias farmacológicas con cannabis medicinal son el preámbulo de otros enormes negocios personales más codiciosos.

 

Por otra parte, también es plausible que, políticos y oligarcas sometidos a la Agenda 2030, aprueben el libre reparto de drogas en favor de la posibilidad de un mayor control social. Una sociedad más adicta se traduce en una población adoctrinada desde la infancia, sometida al suministro de droga, adormecida y con una falsa creencia de felicidad. En palabras del fallecido Jesús Quintero, al referirse a una sociedad cada vez más analfabeta y, por tanto, que también podría emplearse en este contexto, “son la nueva clase dominante, aunque siempre serán la clase dominada”.

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Antonio Manuel Torres Pérez y Juan José Aguilón Leiva

31 de marzo de 2025

El cáncer colorrectal (CCR) es una de las principales causas de mortalidad en España, con más de 44.000 nuevos casos diagnosticados en 2025, lo que lo convierte en el segundo tipo de tumor más frecuente, tanto en hombres como en mujeres. La detección temprana es esencial para mejorar el pronóstico y reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.

 

 En 2022, la Comisión Europea planteó un nuevo enfoque para la detección precoz del cáncer basado en los últimos avances y datos científicos disponibles. El objetivo marcado era claro: ayudar a los Estados miembros a lograr que, desde el año 2022 hasta el año 2025, el 90% de la población de la Unión que cumpliera una serie de requisitos tuviera acceso al cribado. Uno en los que se puso un especial enfoque fue la edad, recomendando ampliar el rango de edad para los programas de cribado de CCR hasta los 74 años (inclusive), con el objetivo de aumentar la detección precoz y disminuir la mortalidad.

 

Siguiendo esta recomendación, diversas comunidades autónomas en España han implementado cambios significativos:​ 

  • La Rioja: En marzo de 2023, reorientó su Programa de Detección Precoz de CCR, extendiéndolo progresivamente a personas de entre 50 y 74 años, y mejorando la accesibilidad mediante la simplificación del procedimiento.
  • Castilla y León: En marzo de 2024, amplió el programa de cribado hasta los 74 años, permitiendo que más ciudadanos se beneficien de la detección temprana.
  • País Vasco: En noviembre de 2024, Osakidetza extendió el cribado a la población de 70 a 74 años, alineándose con las recomendaciones europeas y mejorando la calidad de vida y supervivencia de los pacientes.

 

Además, en octubre de 2024, la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)presentaron el Libro Blanco sobre el Cribado Poblacional de Cáncer Colorrectal en España, que incluye un decálogo de recomendaciones, entre las cuales destaca la ampliación del rango de edad hasta los 74 años. ​

 

 Sin embargo, recientemente, se está objetivando un aumento de la incidencia del CCR en personas menores de 50 años. Algunos estudios muestran un incremento significativo en este grupo etario atribuido, en parte, a factores ambientales, dietas no saludables y sedentarismo. La oncóloga Beatriz García, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, ha alertado sobre este fenómeno, señalando la importancia de prestar atención a síntomas como la presencia de sangre en heces, alteraciones del ritmo intestinal, molestias abdominales persistentes, pérdida de peso sin causa aparente y fatiga.

 

 Ante esta realidad, surge la necesidad de replantear las estrategias de cribado. Si bien actualmente en España el cribado poblacional se dirige a personas de entre 50 y 69 años, con ampliación de la edad hasta los 74 años en algunas comunidades, es pertinente cuestionar si se debería iniciar el cribado antes de los 50 años, especialmente considerando el incremento de casos en personas más jóvenes.​

 

 Implementar programas de detección precoz en edades más tempranas podría facilitar la identificación y tratamiento oportuno de lesiones premalignas, reduciendo la incidencia y mortalidad del CCR en este grupo etario. No obstante, esta medida implicaría una evaluación exhaustiva de los beneficios, riesgos y costos asociados, así como la adaptación de los recursos sanitarios para garantizar su viabilidad y eficacia.​

 

En conclusión, mientras se celebran los avances en la ampliación de los programas de cribado del cáncer colorrectal, es imperativo considerar la evolución de la enfermedad y adaptar las estrategias preventivas a las nuevas realidades epidemiológicas, asegurando así una protección efectiva de toda la población.