La fisioterapia del siglo XXI: una disciplina en plena transformación

La fisioterapia del siglo XXI: Una disciplina en plena transformación

Sandra Calvo

08 de septiembre de 2025

El 8 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia, una fecha que cada año invita a reflexionar sobre la importancia de esta profesión y sobre cómo ha evolucionado en tiempos recientes. Durante décadas, gran parte de la sociedad identificó la fisioterapia casi exclusivamente con los masajes o con la recuperación después de una lesión deportiva. Sin embargo, la realidad actual es mucho más amplia y compleja: hoy la fisioterapia es una disciplina sanitaria con base científica, con un papel cada vez mayor en la prevención de enfermedades, en la mejora de la calidad de vida de pacientes crónicos y en la incorporación de innovaciones tecnológicas que están cambiando radicalmente la manera de entender el cuidado de la salud.

 

Uno de los cambios más notables de los últimos años es la ampliación del campo de acción. Tradicionalmente, el fisioterapeuta entraba en escena cuando el paciente ya había sufrido una lesión, una operación o una fractura. La misión principal era la rehabilitación: devolver movilidad, fuerza y funcionalidad. Esa función sigue siendo vital, pero hoy la fisioterapia ha asumido un rol también preventivo. Cada vez con más frecuencia los profesionales diseñan programas de ejercicio terapéutico orientados a evitar recaídas, trabajan en la prevención del dolor crónico y colaboran en campañas de salud pública para fomentar el ejercicio terapéutico en poblaciones vulnerables o en situación de cronicidad. La idea es clara: la fisioterapia se ha convertido en una herramienta estratégica en el manejo de patologías crónicas como la artrosis, o incluso en oncología.

 

La consolidación de la investigación científica ha sido otro de los motores de avance. La fisioterapia ya no se apoya únicamente en la experiencia clínica de sus profesionales, sino en una sólida base de estudios, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas con metaanálisis que avalan las intervenciones. Grupos de investigación de Universidades e Institutos de Investigación de todo el mundo han multiplicado las publicaciones sobre ejercicio terapéutico, fisioterapia respiratoria, técnicas invasivas o intervenciones manuales, situando a la disciplina en el mismo nivel de exigencia científica que otras profesiones sanitarias. Esta transición hacia una práctica basada en la evidencia ha fortalecido el reconocimiento de la fisioterapia como ciencia, consolidando su credibilidad y rigor.

 

El avance tecnológico ha sido otro gran protagonista en esta transformación. La pandemia de COVID-19 aceleró la implantación de la tele-rehabilitación, un recurso que permite que muchos pacientes puedan realizar sus ejercicios de recuperación desde casa, con la supervisión remota de su fisioterapeuta. En paralelo, herramientas como la realidad virtual convierten la rehabilitación en un proceso más interactivo y motivador. La robótica aplicada a la rehabilitación y el uso de sensores portátiles, capaces de medir la marcha, la postura o la fuerza, permite personalizar y objetivar los tratamientos. Todo ello no sustituye al profesional, pero amplía su arsenal de herramientas y posibilita intervenciones más precisas.

 

Al mismo tiempo, la fisioterapia ha conquistado nuevos espacios que hasta hace poco parecían lejanos. Hoy encontramos fisioterapeutas trabajando en oncología para ayudar a los pacientes a reducir la fatiga, prevenir la pérdida de masa muscular y mejorar su movilidad. También tienen un papel clave en la salud mental, abordando el dolor crónico, la ansiedad y la depresión desde una perspectiva integradora que conecta cuerpo y mente. En geriatría, los programas de ejercicio diseñados por fisioterapeutas se han demostrado fundamentales para prevenir caídas, mantener la autonomía y mejorar la calidad de vida en personas mayores. Y en el deporte, tanto profesional como amateur, la fisioterapia ha pasado de ser una herramienta de recuperación tras la lesión a convertirse en un recurso para co-diseñar programas de prevención personalizados junto a otros profesionales.

 

Este abanico creciente de áreas de actuación está vinculado a un cambio de enfoque profundo que lleva años desarrollándose: el paso del modelo biomédico tradicional al modelo biopsicosocial. En otras palabras, la fisioterapia contemporánea entiende que el dolor y la discapacidad no se explican únicamente por factores físicos, sino también por variables psicológicas, como el miedo al movimiento o la ansiedad ante el dolor, y sociales, como el entorno laboral o familiar. Hoy el fisioterapeuta no solo trabaja músculos y articulaciones, sino que también escucha, educa y acompaña al paciente. Estrategias como la educación en neurociencia del dolor, las técnicas de autocuidado o cultivar la autoeficacia son parte esencial de la práctica clínica diaria. Se trata de devolver no solo movimiento, sino también confianza y autonomía.

 

A pesar de estos avances, los retos siguen siendo numerosos. Uno de ellos es la accesibilidad: no todos los pacientes pueden beneficiarse de programas de fisioterapia de calidad, especialmente en regiones con menos recursos o en sistemas de salud saturados. Otro desafío es el reconocimiento profesional: lograr las especialidades en Fisioterapia. También el envejecimiento poblacional plantea una presión creciente: a medida que las personas viven más años, aumenta la necesidad de intervenciones que mantengan la independencia funcional. Y no hay que olvidar la importancia de la formación continua, ya que el fisioterapeuta del siglo XXI necesita actualizarse constantemente para integrar nuevas tecnologías y avances científicos.

 

El Día Mundial de la Fisioterapia, promovido por la Confederación Mundial de Fisioterapia, es una ocasión para visibilizar estos avances y desafíos. El objetivo es claro: recordar que la fisioterapia no es un lujo, sino un recurso esencial para mejorar la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo.

 

En definitiva, la fisioterapia ha dejado de ser vista únicamente como una herramienta de rehabilitación. Hoy es una disciplina científica, tecnológica y profundamente humana, capaz de acompañar a las personas en casi todas las etapas de la vida y en un sinfín de situaciones clínicas. En un mundo cada vez más sedentario, envejecido y aquejado de enfermedades crónicas, la fisioterapia se presenta como una aliada imprescindible. Su mensaje central podría resumirse en una sencilla verdad: el movimiento es salud.

 

Este 8 de septiembre, cuando celebremos el Día Mundial de la Fisioterapia, conviene reconocer el esfuerzo de miles de profesionales que trabajan cada día para devolvernos algo tan valioso como la capacidad de movernos, prevenir la enfermedad y vivir con calidad. Porque en cada paso, en cada gesto y en cada respiración, la fisioterapia nos recuerda que cuidar del cuerpo es también cuidar de la vida.

Ciencia y excelencia para transformar el cuidado en hospitales y universidades

Ciencia y excelencia para transformar el cuidado en hospitales y universidades

Raúl Soto Cámara y Laura Alonso Martínez

30 de junio de 2025

Los Centros Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO® por su nombre en inglés) son un programa internacional de la prestigiosa Registered Nurses’ Association of Ontario (RNAO). Esta organización, que representa a las enfermeras registradas y estudiantes de enfermería de Ontario, está liderada desde 1996 por la Dra. Doris Grinspun, su directora ejecutiva, reconocida por su incansable labor en defensa de la política pública en salud y el papel de la profesión enfermera.

 

Este programa, presente en instituciones de todo el mundo, tiene en España la coordinación nacional de los centros asistenciales en Investén-ISCIII, la Unidad de Investigación en Cuidados del Instituto de Salud Carlos III. En él, los centros candidatos implementan durante tres años las Guías de Buenas Prácticas (GBPs) desarrolladas por la RNAO, en un proceso tutorizado que culmina en una fase de sostenibilidad y evaluación continua.

 

Por ejemplo, la experiencia del Sector Zaragoza III, recientemente acreditado como Centro Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO®), demuestra el potencial transformador del programa. Más de 200 profesionales trabajaron entre 2022 y 2024 en la implementación de guías sobre salud mental, ostomías y lactancia materna, generando cambios estructurales y formativos. Este caso ilustra cómo la evidencia científica basada en guías actualizadas puede integrarse con éxito en la práctica asistencial, con impacto directo sobre la calidad de los cuidados y la seguridad de los pacientes.

 

En este contexto, la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Burgos (UBU) ha dado un paso histórico al convertirse en la primera institución académica española en ser designada como candidata a Centro Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO® Académico) por la RNAO. Este proceso de candidatura es acompañado por la Dra. Doris Grinspun y el Host Académico bajo la dirección de la Dra. Amalia Silva. Como afirman estas expertas, estos programas buscan la transformación profunda, medible y colectiva de la cultura del cuidado y exigen un compromiso con la actualización del conocimiento, el pensamiento crítico y la colaboración estrecha entre el ámbito académico y los centros asistenciales. Además, subrayan el papel de la enfermería como motor de cambio multidisciplinar, que involucra a médicos, farmacéuticos, técnicos, pacientes, familiares y otros profesionales en un esfuerzo conjunto por mejorar la calidad de los cuidados.

 

Este reconocimiento, más allá de un símbolo institucional, refleja una apuesta clara: formar profesionales y estudiantes sanitarios con base en evidencia científica actualizada, mediante la implementación de las Guías de Buenas Prácticas (BPGs) desarrolladas por la RNAO. Estos programas refuerzan el vínculo entre universidad y sistema sanitario, e impulsan un modelo donde el conocimiento sustituya a la ideología en las decisiones clínicas.

 

El programa no solo fortalecerá la formación universitaria, sino que impactará directamente en la calidad de los cuidados prestados a toda la sociedad. En un contexto donde la desinformación en salud representa una amenaza creciente, iniciativas como esta reivindican el valor del conocimiento riguroso y la práctica clínica basada en la evidencia.

 

La excelencia en cuidados no es una utopía, es una responsabilidad. Desde la Universidad de Burgos, el sector académico también comienza a caminar con paso firme hacia ella.

¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

Laura Alonso, María Elena Sánchez y María José Sierra

23 de junio de 2025

La educación para la salud en las escuelas es una herramienta estratégica para el bienestar de las futuras generaciones. En un momento en que la salud pública enfrenta desafíos como el aumento de enfermedades crónicas, el sedentarismo o el consumo de sustancias, integrar esta formación en el entorno escolar puede suponer una transformación profunda y duradera.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia de COVID-19 provocó un retroceso global en la esperanza de vida, con un aumento significativo de la mortalidad por enfermedades transmisibles, que representaron el 28% de las muertes en 2021. En este contexto, prevenir y promover la salud desde edades tempranas se vuelve crucial.

 

En España, con 49 millones de habitantes y un sistema sanitario considerado de los más avanzados del mundo, la esperanza de vida al nacer alcanza los 83 años, de los que 79 se viven con buena salud, según el Ministerio de Sanidad (2024). Sin embargo, el país enfrenta un progresivo envejecimiento de la población, el 20% supera los 65 años y un preocupante balance negativo entre nacimientos (322.075) y defunciones (433.163).

 

A pesar de los avances clínicos y un gasto anual en sanidad de 134.000 millones de euros al año (10% del Producto Interior Bruto [PIB]), persisten indicadores que subrayan la necesidad de reforzar la prevención: el 26% de la población presenta colesterol alto, el 21% hipertensión, un 20% sufre problemas de salud mental, un 16% tiene dolor lumbar y un 9% tiene diabetes. La obesidad afecta al 16% de los adultos y al 10% de los menores, y el 36% de la población no realiza actividad física regular. Además, el 20% fuma a diario y el 35% consume alcohol cada semana.

 

Frente a estas cifras, la escuela se revela como un espacio estratégico. La educación para la salud no debe limitarse a acciones puntuales, sino formar parte del currículo escolar, incluyendo temáticas como nutrición, salud mental, afectividad, ejercicio físico, uso responsable de tecnologías y prevención del consumo de sustancias.

 

En esta línea, experiencias como enseñar primeros auxilios, reconocer síntomas de enfermedades, como el asma o la diabetes, o aprender a gestionar el estrés, demuestran el poder de esta formación para empoderar a los menores en el cuidado de su salud y la de su entorno.

 

Un dato relevante que no solo supone un reto sanitario, sino también educativo y social, es que entre el 10% y el 15% de los escolares en España convive con enfermedades crónicas. La diabetes tipo 1, por ejemplo, cuenta con unos 1.200 nuevos diagnósticos anuales en menores de 14 años. Aquí entra en juego la importancia de la enfermería escolar y la pedagogía terapéutica. Estos profesionales son fundamentales para ofrecer un entorno inclusivo, seguro y saludable. No solo a los estudiantes, sino también como apoyo al profesorado, pues muchos docentes no cuentan con los conocimientos suficientes para afrontar situaciones sanitarias o adaptar contenidos de salud al aula. Invertir en su capacitación continua, protocolos de actuación y herramientas de evaluación es esencial.

 

Desde la realización de talleres hasta la coordinación con docentes y familias, su labor contribuye al desarrollo integral de los menores, especialmente aquellos con condiciones crónicas. Estos profesionales al desarrollar programas de promoción de la salud colaboran en la educación sanitaria y actúan como puente entre la escuela, las familias y el sistema de salud. Además, su presencia reduce el absentismo, mejora la detección temprana de problemas de salud y refuerza el clima de seguridad en el centro escolar.

 

La enseñanza de primeros auxilios o la reanimación cardiopulmonar (RCP), permite preparar a los menores para situaciones de emergencia y fomenta el sentido de responsabilidad ciudadana. Escuelas que integran estos contenidos, a menudo en colaboración con instituciones sanitarias, no solo educan, sino que salvan vidas.

 

Además de la atención sanitaria, el deporte y la nutrición deben ocupar un lugar prioritario. El bajo nivel de actividad física entre menores refleja la urgencia de programas escolares que promuevan hábitos saludables desde edades tempranas. El ejercicio regular, junto con una dieta equilibrada, reduce significativamente el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas, y mejora el estado emocional del alumnado.

 

Según la OMS, las escuelas promotoras de la salud son un modelo probado que mejora tanto los resultados educativos como sanitarios. Implementarlas requiere compromiso institucional, recursos humanos formados y voluntad política, pero su retorno en salud y bienestar social es incuestionable.

 

En definitiva, integrar la educación para la salud en el aula no solo responde a una necesidad sanitaria, sino que construye una ciudadanía más consciente, autónoma y preparada para afrontar los retos del siglo XXI. Si apostamos por esta transformación desde la escuela, estaremos invirtiendo en un futuro más saludable, justo y sostenible.

Educación sexual: Lo que todos mencionan, pero pocos entienden

Educación sexual: Lo que todos mencionan, pero pocos entienden

Laura Alonso, Sonia Barriuso, Davinia Heras y Lucía González-Mendiondo

08 de junio de 2025

La Educación Sexual va mucho más allá de hablar sobre preservativos o Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Se trata de educar para la vida, uniendo esta formación con el respeto, la empatía y la igualdad. Sin embargo, en pleno 2025, la sexualidad sigue siendo un tabú en muchas aulas del mundo y España no es la excepción.

 

 

¿Qué es la Educación Sexual? ¿Qué impacto tiene en la sociedad?

 

La educación sexual es un proceso de enseñanza y aprendizaje basado en la evidencia científica en el que se estudian las actitudes, conductas y creencias relacionadas con la salud sexual y la sexualidad. Es fundamental comprender que la sexualidad es inherente al ser humano, ya que somos seres sexuados y esta realidad nos acompaña a lo largo de toda nuestra existencia. Esta educación, adaptada a las necesidades individuales y contextuales, debe promover el respeto de los Derechos Sexuales. La educación sexual es esencial para la construcción de sociedades más inclusivas y sexualmente felices y sanas.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura defiende la llamada Educación Sexual Integral (ESI). Su objetivo es proporcionar al alumnado conocimientos, actitudes y valores holísticos para tomar decisiones sobre su vivencia de la sexualidad y su salud sexual y reproductiva. Insisten en que la educación sexual debe basarse en la evidencia científica y los derechos humanos. Sin embargo, la realidad en las aulas es desigual. Algunos países han logrado grandes avances, pero otros siguen considerando estos contenidos temas secundarios o incluso inexistentes, permitiendo que sean impartidos por personas no cualificadas, guiadas por sus propias ideologías en lugar de basarse en la evidencia científica. No es extraño, por ello, que los contenidos de educación sexual impartidos mundialmente sean muy diversos. No obstante, la Agenda 2030 de las Organización Naciones Unidas (ONU) con sus Objetivos de Desarrollo Sostenible marca el camino conjunto que deben seguir los países y las distintas sociedades que los componen. Dichos contenidos deben trascender una visión centrada en los riesgos, tales como las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) o los embarazos no planificados; abordando aspectos como el placer, la identidad sexual, las relaciones afectivas, la respuesta sexual, la perspectiva de género, la diversidad sexual y los derechos sexuales.

 

 

¿Por qué es tan importante la Educación Sexual?

 

Son muchas las razones que avalan y justifican la necesidad de hacer Educación Sexual. Algunas relacionadas con problemáticas de amplio calado, y otras relacionadas con la esencia de la educación y la propia naturaleza sexuada del ser humano.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de un millón de personas contraen una Infección de Transmisión Sexual (ITS). Además, según el Instituto de la Juventud de España (INJUVE), el 50% de los diagnósticos de ITS ocurren en menores de 24 años. En 2024, casi 40 millones de personas vivían con VIH según ONUSIDA, una cifra en aumento respecto a años anteriores. En el mismo sentido, la OMS alertaba, también, sobre el problema de salud global que constituye la violencia hacia las mujeres, puesto que se alcanzan tasas epidémicas. De esta forma, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) denunciaba cómo, la principal causa de muerte de las mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 44 años fueron los asesinatos machistas, por delante de causas naturales o de accidentes de tráfico.

 

Más allá de la prevención de infecciones y otras consecuencias no deseables como los embarazos no planificados, las agresiones, la homofobia, la transfobia o el sexismo –es decir, la prevención de las miserias que rodean la vivencia de la sexualidad–, la Educación Sexual es fundamental porque supone educar para la vida, atendiendo a una dimensión humana fundamental como es la sexualidad. No se trata de prevenir, sino de educar, entendiendo que, educando, además, prevenimos. Desde esta amplia perspectiva, la educación sexual es clave para el desarrollo de competencias que favorezcan una vivencia satisfactoria, ética y feliz de la sexualidad, caracterizada por la aceptación positiva de la propia identidad sexual y el respeto por la sexualidad del otro. Se trata, por tanto, de una educación indispensable en la formación humana.

 

 

¿Qué está fallando?

 

Uno de los grandes retos es la falta de formación del profesorado y de herramientas concretas para desarrollar esta tarea. Diversos estudios han constatado la escasa formación sobre sexualidad, diversidad o igualdad de género, tanto en nuestro país como en el extranjero. Sin preparación, ¿cómo puede el profesorado abordar con rigor, naturalidad, y sensibilidad estos temas?

 

Además, los prejuicios socioculturales y los mitos siguen pesando. En algunos entornos, la sexualidad es un tabú o un tema controvertido, por lo que su abordaje en la escuela genera miedos, e incluso rechazo. Se teme que se despierte algo en el alumnado, aspecto que está científicamente refutado. Lo que se despierta es la aceptación de nuestra naturaleza sexuada, la conciencia crítica y el respeto hacia la sexualidad del otro. Por otro lado, la resistencia para acceder a información verificada contribuye a perpetuar la desinformación y dificulta identificar a los profesionales cualificados en materia de sexualidad, tanto en centros sanitarios como educativos. Esta situación está favoreciendo que sigan existiendo las problemáticas antes descritas y que aparezcan otras nuevas.

 

 

Educación sexual: Un derecho de todas las personas

 

El silencio pesa aún más en colectivos históricamente excluidos. Por ello, la educación sexual reconoce e incorpora la perspectiva interseccional, es decir, la interacción compleja y simultánea de diferentes situaciones de desigualdad (como género, raza, clase, orientación del deseo, entre otros) que influyen en las experiencias individuales y colectivas. En este sentido, la construcción y el respeto a las diferentes biografías sexuales se torna fundamental.

 

Las personas con discapacidad, por ejemplo, siguen siendo sexualmente infantilizadas. La educación sexual, debe contar con ellas y garantizar su derecho a vivir una sexualidad plena, segura y autónoma. Algo similar sucede, o puede suceder, en algunas etapas de vida, como la niñez o la vejez. Los mitos entorno a las mismas, junto con cierta rigidez en los contenidos que se consideran adecuados en cada una de ellas, limitan la inclusión de saberes diversos y perpetúan la invisibilización de la realidad sexuada a lo largo de la vida.

 

Por otro lado, es crucial atender desde la Educación Sexual las necesidades de las personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ o de minorías étnicas y culturales para generar espacios de aprendizaje seguros, donde puedan construir su biografía sexual libre y responsablemente.

 

Incluir todas estas realidades no solo mejora el bienestar de las personas destinatarias de educación sexual, sino que contribuye a construir aulas más respetuosas, inclusivas y preparadas para la diversidad.

 

 

¿Cómo podemos mejorar?

 

La buena noticia es que ya existen intervenciones exitosas de Educación Sexual Integral en nuestro país y en el extranjero. El resultado: ciudadanía sexualmente formada, con una aceptación positiva de su sexualidad y capaz de tomar decisiones responsables.

 

Estas iniciativas emplean metodologías diversas, incluyendo recursos variados como videos, debates, podcasts y juegos. Además, promueven el desarrollo de habilidades y competencias personales y sociales, que favorecen la autoestima, la asertividad, la empatía y el respeto. Son propuestas que deberían replicarse en todo el sistema educativo y regularse en el currículum para que nadie se quede hoy sin la necesaria Educación Sexual.

 

Pero para que esto funcione de verdad, hace falta planificación y compromiso institucional. La educación sexual no puede depender del interés personal de los familiares, el profesorado o del centro. Necesita estar regulada, ser científica, obligatoria y adaptada a cada etapa educativa.

 

Por otro lado, es necesario llevar a cabo la evaluación de los programas realizados, ya que actualmente esta es una carencia importante en las intervenciones realizadas en España. Esto permitirá conocer qué funciona realmente en educación sexual, lo cual facilitará el diseño de futuras intervenciones y la promoción de políticas públicas.

 

 

Conclusión: no podemos seguir esperando

 

La Educación Sexual es un derecho fundamental que no debe considerarse ni un lujo, ni una moda, sino una formación clave para la vida, que redunda en salud pública, equidad social y bienestar emocional. Es también una forma de prevenir abusos, empoderar a los individuos y construir relaciones más sanas.

 

Hablar de sexualidad no es corromper; es cuidar, es proteger, es educar. Por este motivo se precisa un esfuerzo conjunto. Familias, docentes, instituciones y gobiernos debemos derribar barreras y garantizar que la sexualidad y su educación dejen de ser un tabú, y se conviertan en una realidad. Ejerzamos juntos este derecho, porque la educación nos permite construir una sociedad más libre, más justa y sana.

Visibilizando la locura: Una lucha contra el estigma

Visibilizando la locura: Una lucha contra el estigma

Susana Nérida Suárez

1 de junio de 2025

Vuelves de trabajar, tras un día largo, te acomodas en el sofá, con el pijama, las zapatillas de andar por casa y clic, la tele se enciende.

– El asesino tenía esquizofrenia.

– El acusado indica que le obligaban las voces.

Clic.

Pero ¿qué se piensa el mundo que es lo que tengo?

Despacio, me muevo hacia el ordenador y en Google busco: psicosis. Lo primero que sale es una película de asesinatos.

Resignade, me siento a escribir mi concepto de locura, sobre las PERSUPSIS (personas con sufrimiento psíquico) que, en su mayoría, estamos aquí y así por las constantes violencias sufridas, para pasar a ser los peligrosos.

Ni siquiera me dejan tatuarme sole, no sea que brote mientras me dan color.

Una vida entera de violencias, vejaciones, señalamientos y acusaciones no fueron suficiente, que ahora encima soy peor que la peste.

¿Y qué transmite salud mental ante esto? Pregunto para mí.

Si nos ponemos mal, por los achaques y reveses, lo primero que entra en tu casa, sin permiso, es la policía. Tras ellos, los sanitarios de la ambulancia. No te muevas mucho, no respires fuerte, porque siempre van con las manos cercanas a la porra; y cuando no, te inmovilizan por ir al baño a evacuar y te sacan a rastras a la ambulancia y os aseguro que se vive como un secuestro por una gente desconocida que va disfrazada. En ella, te atan a la silla, camino al hospital, donde tu voz no valdrá nada.

Sobremedicade nuevamente, como zombi con la baba colgando y más desconectado de la realidad que por tu propia afección. Una fría tablet con une juez y vete a saber qué te hacen tres preguntas que ni logras entender por la sobremedicación.

– Definitivamente está para ingresar, ingreso involuntario.

– Toma las pastillas y calla. Son las tuyas (ya, pero qué son). Si no te las tomas te aislamos o te atamos otra vez.

– Come todo y ni se te ocurra cambiar la comida o te atamos.

– Cuidados con esos de ahí, están aquí por condenas penales (gracias por el aviso, ya vi qué pasa con estos también).

– Fulano me ha hecho… Es tu cabeza, que estás loca. Aquí estás segura, estas cosas no pasan (4 días más de seguimiento, por si hay que duplicar de nuevo la medicación).

– (Oiga, no puedo dormir con los gritos, ¿de dónde vienen?) Te iba a dar el alta hoy, pero mejor te pongo bajo seguimiento y tropel de pastillas para dormir. 3 días más.

– Oye (entorno) que me está pasando esto. No me cuentes más que me vas a traumatizar. (Pero yo sí puedo traumatizarme con todo sin que nadie me proteja ni interceda por mi).

– Aquí tienes el alta, las 40 recetas médicas y la derivación a salud mental: 30 min cada 3/6 meses. Depende del caso.

– Estás gorda. Aquí a sesión se viene correctamente maquillade, vestide y deja de hablar con gente discapacitada, que sólo sabéis lameros las heridas y lloriquear. (Ni volví).

– Te comportas con rabia porque estás brotada, ni se te ocurra enfadarte, ni aunque te pisemos el cuello cada vez que podemos y lo peor, la mayoría inconscientemente.

Y me quema, me hierven las venas, arde mi alma, encontrando una salida, una lucha conjunta: el activismo. Orgullo loco, la Bajona, el Observatorio y desde el que tengo el placer de escribiros estas líneas: FlipasGAM. Aquí estamos, somos, tenemos derechos. Aquí, y en mil lugares más, resuenan nuestras voces.

Empieza a conocer a las alternativas, sé que estás ahí, sole, vulnerable. Súmate.

Tras todo esto, nos hemos juntado para hacerte llegar este rayo de luz en la inmensidad de la oscuridad.

Hoy os contestamos, con nuestro manifiesto y los brazos abiertos de par en par, para formar comunidad en Flipas GAM.

Las mentiras en el sector de las apuestas

Las mentiras en el sector de las apuestas

Itxaso Cabrera Gil

28 de mayo de 2025

El bulo o el engaño son innatos al ser humano, mecanismos utilizados en la mayoría de sus trazados para la protección de alguien o algo, un escudo que impide que los privilegios o ventajas que se pueden tener por situarse en determinada posición no caigan. La problemática reside en que la mentira pueda utilizarse con el ánimo del beneficio propio con el descaro de amedrentar, ganar o perjudicar al resto sin ética alguna, y la industria de las apuestas no tiene escrúpulos en usarla y mantenerla para seguir lucrándose a costa de la salud del resto.

 

Apostar no es un juego

 

Partimos de la falacia más básica: apostar es un juego. La palabra juego apela al divertimento o al mero hecho recreativo de entretenerse. Las apuestas nunca dan un beneficio como el juego, siempre se pierde. Y truncan el propio lenguaje, desde la definición hasta la ubicación. Los locales de apuestas son denominados por el sector como casas, casas de apuestas, para demostrar que es un lugar, erróneamente de acogida, un lugar aparentemente cómodo, confortable, que invita a la pertenencia, del que, sin ventanas ni relojes, una vez pérdida la noción del tiempo será difícil salir.

Se celebraba recientemente en Zaragoza la  jornada  estatal  El juego de apuestas, un problema de salud pública, un evento donde profesionales de diferentes sectores debatieron sobre el impacto del juego en la salud mental, con especial atención en la población joven.

La actividad fue organizada por el Grupo de Investigación en Salud Mental del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, la Universidad de Zaragoza y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). Las y los allí presentes coincidían en la peligrosidad de las apuestas como un problema de salud pública, la dimensionalidad de la enfermedad desde diversos aspectos como el social, psicológico, físico o económico. Una preocupación que no pasa desapercibida para ningún estatus social, ningún sexo o ninguna edad pero que acecha con mayor fuerza hacia las gentes más vulnerables:  jóvenes, mujeres, personas con menos recursos, migrantes o aquellas con diagnóstico previo de trastorno mental. En definitiva, trasciende de lo personal a lo colectivo, a lo comunitario, lo cual resuena más en aquella contradicción de llamarle juego a unas apuestas que ponen en riesgo la salud de quien padece la propia adicción conductual y a todo su entorno. La adicción a las apuestas no solo afecta a quien la padece, sino que también impacta negativamente de media en seis personas de su entorno cercano.

 

El juego responsable no existe

La desinformación está presente desde los títulos hasta la última de las triquiñuelas usadas con la finalidad de enganchar hasta el final a quienes consumen apuestas. Aquello del juego responsable, sostenible o seguro es una contradicción que beneficia únicamente a la industria de las apuestas. Se presenta como una estrategia ética, pero en realidad es una coartada perfecta para desplazar la responsabilidad del daño hacia quien invierte su tiempo y dinero en una ruleta o una máquina tragaperras, mientras los locales de apuestas siguen operando. No hay forma responsable de interactuar con un sistema que está diseñado para generar adicción, manipular impulsos y maximizar beneficios a costa de la salud mental y económica de las personas. Al igual que no se habla de fumar responsablemente o beber con salud cada día, hablar de juego responsable solo perpetúa la normalización de una práctica dañina. señalando directamente y declinando la responsabilidad en quien consume apuestas. Sin duda, un discurso útil para que el sector del juego mantenga su imagen mientras continúa captando a los más vulnerables, especialmente a jóvenes, con promesas de control que no existen pudiendo afectar en pilares vitales (sociales, emocionales, laborales, educativos o físicos).

 

Por tanto, el juego responsable no protege a nadie: es un parche ideológico que encubre la verdadera dimensión del problema. Lo que se necesita no es invitar a la moderación en un plano adictivo, sino poner límites claros, prohibiciones firmes y alternativas reales para el ocio y el bienestar desde leyes garantistas que se cumplan. Hablar de juego responsable a nivel de población es, en el fondo, una forma de irresponsabilidad social por parte de una industria que paga al año más de 46 millones de euros solo en la comunidad autónoma de Aragón en tributos, no hace falta ser un erudito en economía para saber que los ingresos del sector serán mucho mayores.

 

 Publicidad engañosa

En 22024, la facturación de las apuestas deportivas online se cuadruplicó, alcanzando cerca de 2.520 millones de euros. Solo en el primer trimestre del año, los ingresos generados por el juego online en España ascendieron a 350,7 millones, un 15,1% más que en los tres primeros meses de 2023. Además, las empresas del sector invirtieron 112,8 millones de euros en publicidad.

Para poder alcanzar estás cifras, de nuevo la distorsión de la verdad se ha puesto en marcha en lo online y presencial para poder aumentar cada vez más lo que algunos llamarán clientes. Se han llegado a utilizan campañas publicitarias agresivas que presentan las apuestas como una forma fácil y rápida de ganar dinero cuya letra pequeña puede estar repleta de medias certezas, basta con un tecleo rápido para comprobar que las palabras apuesta fácil están unidas a ganchos atrayentes destinados al registro web. Ocultar detalles cruciales de las propias promociones en las webs, como los requisitos de apuesta, plazos ajustados, restricciones de uso y límites en las ganancias son recovecos que se han utilizado ante la falta de ética diseñadas para que las y los usuarios no puedan aprovechar las ofertas de forma efectiva, son vías cada vez más perseguidas y reducidas pero que algunos operadores siguen utilizando. Los bonos, por ejemplo, pueden requerir que los jugadores apuesten una cantidad mucho mayor que el bono recibido antes de poder retirar cualquier ganancia, lo que hace que las promociones sean casi imposibles de cumplir. La ocultación de nuevo presente, pudiendo inducir a las y los jugadores a tomar decisiones impulsivas sin conocer las reglas completas de las apuestas. Impulsividad causada de forma intencionada que puede llevar a aumentar el riesgo de adicción al juego y hacer que los usuarios se sientan engañados al descubrir las limitaciones solo después de haber invertido tiempo, dinero y salud. Los términos y condiciones, lejos de ser transparentes y responsables en la presentación de las ofertas, son otro eslabón más de la rastra de embustes utilizados para captar a más y más personas por parte de los empresarios del juego.

 

A todo este combo, solo le es necesario contar con famosos o celebridades que aplaudan y resten complejidad a la apuesta, figuras públicas para generar confianza y atraer a nuevos usuarios, especialmente, de nuevo, a las personas más vulnerables. En los más jóvenes nace y crece cada día de manera más salvaje las promociones a través de los conocidos como hípsters, que no dejan de ser más que influencers en redes sociales comprados por el propio sector cuya finalidad es atraer a la juventud. Pronosticadores que expanden sus supuestos dominios del tema ofreciendo saberes ligados a vida lujosa. Charlatanes y timadores a la carta que obtienen beneficios cuando las y los seguidores pierden su dinero.

 

El cerebro nos engaña

 

Lamentablemente, también hay profesionales de la psicología, a los que suelo llamar del lado oscuro. A través de la estimulación sonora y auditiva las apuestas generan su atractivo, nuestro cerebro late a la búsqueda de nuevas sensaciones, a la idea de ver aumentada su dopamina y al impulso de engañarse, y esto el sector de las apuestas también lo conoce y configura todo su entramado para que, conducido por todo ello, sus cuentas no hagan más que incrementarse.

 

Los engaños de la mente son conocidos como sesgos cognitivos, patrones de pensamiento erróneos o distorsionados que afectan a la forma en que los individuos tomamos decisiones relacionadas con las apuestas impulsando a la toma de decisiones de manera irracional, a menudo basadas en emociones o creencias confusas, en lugar de trazar pensamientos objetivos. Algunos ejemplos podrían ser el caso de una persona apostante enfocada únicamente en las apuestas que le parecen favorables, ignorando las señales que indican lo contrario (sesgo de confirmación), otra persona apostante puede sobrestimar su capacidad para influir en el resultado de la apuesta pudiendo pensar que puede acertar cuestiones aleatorias (sesgo de ilusión de control) o la creencia de considerar que cuando se ha estado cerca de una victoria se ha ganado y continuar por ello apostando, reaccionando nuestro cerebro de la misma manera ante la aparición de dos limones y un diamante que de tres limones que supondrían una victoria y experimentarlo como tal a diferencia de la anterior serie (sesgo de casi ganancia).

 

 

Cierre de cuentas

 

La banca siempre gana, aunque tenga que ir unido a una pataleta. Si la ganancia es una realidad constante las cuentas en ocasiones se han visto limitadas o incluso cerradas salvando así los márgenes de beneficio de nuevo del sector de las apuestas. Si no fuera porque las apuestas no son un juego ni una película, hay a quien le podrían sonar al más puro estilo Corleone, estos datos se cruzan entre las empresas de la industria de las apuestas y es que la familia es lo más importante, nunca vayas en contra de la familia, el sector de las apuestas nunca se traiciona a sí mismo.

 

Tómese está recopilación (parcial) como una llamada a la reflexión, al cuestionamiento de quienes campan a sus anchas, a la atención como una forma de desenmascarar las estrategias de una industria que opera sin escrúpulos y que, con total impunidad, convierte el sufrimiento de miles de personas en una fuente constante de ingresos. No se trata solo de una cuestión individual, sino de un problema estructural que requiere de prevención desde la evidencia científica, acción colectiva, regulación firme y voluntad política. Señalar las trampas del sector de las apuestas no es alarmismo, es responsabilidad. Y cuanto antes se comprenda la magnitud del daño, antes se podrá actuar para poner freno a un negocio que crece a costa de la salud pública.

 

Información y ayuda: www.azajer.com