El tabú de la violencia al profesional sanitario: Una epidemia oculta

El tabú de la violencia al profesional sanitario: Una epidemia oculta

María Dolores García Pérez

10 de marzo de 2025

Las agresiones laborales a profesionales de la salud son un problema creciente que tiene consecuencias nefastas para las víctimas, tanto a nivel físico como psicológico. Sin embargo, a pesar de su gravedad, muchas de estas agresiones nunca llegan a ser declaradas.

¿Por qué no se declaran todas las agresiones laborales que sufre el personal sanitario? 

Uno de los principales motivos es la extendida percepción del personal sanitario de que realizar la declaración de la agresión recibida no sirve para nada, no traerá consecuencias para la persona agresora ni mejorará su seguridad en el trabajo. La falta de respuesta por parte de las instituciones refuerza esta percepción. Además, el miedo a posibles represalias supone también un importante elemento disuasorio para realizar la declaración.

Otro factor es la normalización de algunos comportamientos agresivos. La conciencia de trabajar en un ambiente en el que se generan situaciones muy críticas o dolorosas facilita que algunos episodios violentos, especialmente relacionados con las agresiones verbales sean considerados “una parte desagradable del trabajo”.

Las barreras burocráticas también juegan un papel importante. Los procesos de declaración no siempre son ágiles y sencillos, lo que desanima al personal sanitario a usarlos. Si apenas tienen tiempo para atender a los pacientes, ¿cómo van a dedicarlo a trámites administrativos largos y complicados?

A esto se suma que en algunas instituciones ni siquiera existe un método específico para realizar la declaración o que, si existe, este no se conoce por las personas que trabajan en ella.

La falta de información sobre qué se considera una agresión laboral, principalmente en el caso de las agresiones verbales es otro de los motivos que esgrimen las víctimas. Las definiciones pueden ser ambiguas y en muchas situaciones las víctimas dudan si lo que han sufrido es declarable. Esto no es baladí, ya que las agresiones laborales verbales son las más comunes y las más invisibilizadas.

¿Cuáles son las implicaciones de no declarar?

Las consecuencias de la infradeclaración de agresiones en el ámbito laboral son alarmantes. La exposición a este fenómeno, además de las lesiones directas que puede provocar, genera estrés, ansiedad y agotamiento en los y las profesionales, colaborando de forma muy activa en el desarrollo del síndrome del quemado o burnout.  Asimismo, interfiere en la calidad del servicio que prestan, con un aumento de conductas defensivas. El miedo y la inseguridad en el entorno laboral también pueden influir incluso en el abandono de la profesión, presentando una menor adherencia al puesto de trabajo.

No declarar estas situaciones implica que las cifras oficiales no reflejan la realidad, opacando su trascendencia y dificultando que este fenómeno adquiera la prioridad política que debería tener. Además, si no se conoce lo que ocurre y de la forma en la que se materializa, difícilmente pueden implementarse herramientas efectivas para la lucha contra estos eventos. La recopilación de datos precisos facilitará la creación de estrategias preventivas y permitirá adaptar las políticas de seguridad laboral a las necesidades del personal sanitario. Invertir en esto no solo beneficia a quienes trabajan en el sector, sino que también mejora la calidad de la atención sanitaria y refuerza la confianza de los pacientes en el sistema de salud. Visibilizar este problema es el primer paso para encontrar soluciones.

¿Qué se puede hacer?

Para mejorar esta situación, es fundamental que las instituciones faciliten la declaración de agresiones mediante procesos simples y rápidos. También es clave ofrecer apoyo y protección a quienes se atrevan a denunciar, evitando que teman represalias. La formación en identificación y reporte de agresiones ayudaría a que el personal sanitario reconozca cuándo han sido víctimas de una agresión y sepan qué pasos seguir. Adicionalmente, se deben realizar campañas de sensibilización para dejar claro que la violencia no es una parte aceptable del trabajo en el sector salud.

En definitiva, el compromiso con la seguridad y el bienestar del personal sanitario debe ser una prioridad para garantizar un sistema sanitario más justo y eficiente.

Género y salud mental: Cuando la desigualdad enferma

Género y salud mental: Cuando la desigualdad enferma

Elisabet Torrubia Pérez y Ángel Gasch Gallén

8 de marzo de 2025

Nuestra sociedad se halla sujeta a múltiples condicionantes, entre los que destaca el sistema sexo-género. Un sistema jerárquico que, según la Organización Mundial de la Salud o el Ministerio de Sanidad, genera desigualdades injustas, sistemáticas y evitables, que acaban impactando en la salud de los colectivos más vulnerables.

A pesar de los cambios y las transformaciones sociales, las desigualdades persisten, lo que hace necesario adoptar nuevos paradigmas, como el enfoque interseccional de género en salud. Este enfoque se centra en cómo interactúa el género con otros factores, como el nivel socioeconómico, la educación o el origen étnico, permitiendo comprender cómo las desigualdades se acumulan y afectan de manera única a la salud de cada persona, tal y como plantea Ariadna Graells en un artículo publicado en 2025.

Desde esta perspectiva es posible reconocer las lagunas que aún existen a la hora de comprender mejor la salud de las personas a las que cuidamos. Por ejemplo, el desconocimiento del impacto en la salud de las identidades de género no normativas, debido al estigma, la opresión y las situaciones de tránsito que viven, así como de las formas específicas de manejar los autocuidados que generan estas experiencias. En este sentido, autoras como Ellinor Tengelin o Elisabeth Dahlborg-Lyckhage destacan que ser conscientes de las propias preconcepciones relacionadas con los pensamientos normativos y sus consecuencias, puede ayudar a las y los profesionales de salud a proveer cuidados de alta calidad, también con personas que no cumplen con las normas sociales dominantes.

Otro ámbito en el que este marco aporta una visión central es el de la atención a la salud mental. Las desigualdades sociales atesoradas en el sistema patriarcal son claros ejemplos de cómo la opresión y las desigualdades actúan de forma interseccional, especialmente en lo relativo a la salud mental de las mujeres. Factores como las diferencias a nivel económico y laboral, la asunción de los cuidados, la presión estética y la violencia estructural desempeñan un papel clave en el entendimiento de este fenómeno.

En este contexto, numerosos estudios han demostrado que la depresión, la ansiedad, los trastornos de la conducta alimentaria, los trastornos del sueño, el malestar y la fatiga o el abuso, la negligencia u otros malos tratos están influidas por las desigualdades de género que interactúan con los determinantes sociales.

En concreto, en un estudio realizado en el sur de Cataluña, se obtuvo una prevalencia de 18,75% de problemas de salud mental con especial influencia psicosocial. El número total de habitantes con estos diagnósticos ascendía a 33.680 de los cuales el 64.6% eran mujeres y eran estas las que más probabilidad tenían de sufrir estos problemas. La prevalencia obtenida de personas diagnosticadas en el territorio estudiado fue del 24,4% para mujeres, frente al 13,1% de hombres. Estas cifras son similares a las que se han observado en otras regiones de España a lo largo de los años, lo que confirma que este es un problema estructural y no un hecho aislado.

En definitiva, el impacto que los contextos sociales, culturales y políticos tienen sobre la salud de quienes se ven envueltos en ella es evidente y se hace imprescindible ahondar en su comprensión, desde un enfoque interseccional de género, para promocionar políticas equitativas y programas de prevención y atención a la salud mental realistas y efectivos.

Hablemos de gordofobia

Hablemos de gordofobia

Jara Agudo Abad

4 de marzo de 2025

El 4 de marzo, Día Mundial de la Obesidad, debemos visibilizar todo el sufrimiento que hay en torno a ella. Las personas con obesidad (personas gordas) sufrimos una fuerte discriminación social, juicios morales sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, bullying, violencia gratuita, violencia social, familiar, médica, institucional, etc. A todo el mundo se le llena la boca hablando de salud, mientras el discurso utilizado muestra que lo que preocupa realmente no es nuestra salud, sino nuestros cuerpos, que existen al margen de lo establecido.

 

Cuando vemos una persona gorda, inevitablemente nos vienen a la cabeza varias cosas, os pongo algunos ejemplos: “no se cuida”, “no se mueve”, “no tendrá pareja”, “no lleva una vida sana”, “no tiene fuerza de voluntad”, “no debería llevar esa prenda tan ajustada”, “va a reventar esa silla”. ¿Os suena? La mayoría son juicios sobre el estilo de vida de dicha persona, que damos por hecho a pesar de no saber nada de ella. Otros pueden ser para convertirla en objeto de burlas, chistes o vejaciones. Desde luego, rara vez nos pasa por la cabeza nada que no tenga que ver con su peso, su volumen o con la total ausencia de todos los hábitos saludables que se nos ocurran. Esto es nuestra gordofobia gritando a pleno pulmón.

 

La gordofobia es el odio, rechazo y violencia que sufren las personas gordas por el simple hecho de serlo. Es una discriminación estructural y sistemática, completamente aceptada y normalizada a nivel social. Es algo que como sociedad llevamos muy dentro y que hemos de visibilizar y trabajar, para poder empezar a hablar de salud en las personas con obesidad.

 

¿Cuántas veces te has reído con un meme de gordos? Pocas veces pensamos que quién recibe esas vejaciones es una persona con sentimientos, es como si estar gordo diera derecho a la gente a reírse de ti, a comentar tu cuerpo o tu salud; como si existir en esta sociedad gordófoba no fuera ya suficiente castigo.

 

Tristemente, donde la gordofobia azuza más fuerte es en los espacios que deberían ser seguros para todo el mundo, tales como la consulta del médico, el colegio o el seno de la propia familia. En muchas ocasiones quien es gordo, lo es desde la infancia, y crece con esta realidad, aprendiendo que el mundo es un sitio hostil, que su cuerpo no está bien, lo que desemboca, en el mejor de los casos, en una baja autoestima y, en el peor, en graves trastornos mentales.

 

Recordemos que la obesidad no es una enfermedad, sino un factor de riesgo para algunas patologías, igual que es factor de riesgo el sedentarismo para la enfermedad cardiaca o el tabaco para el cáncer de pulmón. Nadie muere de obesidad, la obesidad no mata. Lo que sí puede terminar en muerte es la gordofobia. La gordofobia es la culpable de los Trastornos de Conducta Alimentaria, que afectan a unas 400.000 personas en España (300.000 entre 12 y 24 años) y que, además de una tasa de mortalidad del 6%, tiene un alto riesgo de suicidio (31 veces mayor en la anorexia nerviosa).

 

Por ello, me sumo al activismo gordo que, desde 2022, reivindica renombrar el Día Mundial de la Obesidad como el Día Mundial Contra la Gordofobia. Impulsemos entre todos un cambio en el punto de mira, una mejora real en nuestra salud física y, sobre todo, mental. Dejemos de comentar los cuerpos ajenos, aceptemos la diversidad corporal. Reivindiquemos que se castigue la discriminación que sufrimos las personas gordas solamente por existir y trabajemos para que desaparezca el estigma que tanto pesa sobre nuestros cuerpos y se nos empiece a tratar como lo que somos: personas. Rompamos los moldes y empecemos a construir un mundo en el que poder vivir con auténtica normalidad, en el que nuestros cuerpos tengan cabida, donde el canon estético no nos oprima, en el que podamos movernos libremente sin miedo al rechazo.

En primera persona: Mi vida con un implante auditivo

En primera persona: Mi vida con un implante auditivo

Teresa Romero Blasco

25 de febrero de 2025

Lo recuerdo perfectamente. Una tarde, cuando tenía 20 años y un trabajo muy estresante, me sobrevino un zumbido muy fuerte en el oído derecho y una sordera casi total. Horas más tarde, unos vértigos me impedían levantarme de la cama. Todo me daba vueltas y vomitaba sin parar. Finalmente, me ingresaron en urgencias y, después de una semana, aunque los vértigos desparecieron, la sordera y los acúfenos pasaron a formar parte de mi vida junto a un diagnóstico: síndrome de Meniere.

 

A partir de ese momento, todo fue diferente. Apenas podía oír nada por el oído derecho y un rosario de ruidos extraños no me dejaban vivir tranquila. Aunque poco a poco me fui adaptando a la nueva situación, los vértigos seguían haciendo acto de presencia y fue muy complicado acostumbrarse a la incertidumbre de no saber cuándo aparecerían. Además, después de cada episodio de vértigos, le seguía una pérdida de audición.

 

Para mejorar esta situación recurrí al uso de audífonos, que paliaron durante un tiempo el problema, hasta que la pérdida progresiva hizo mella y su utilización era en vano.

La especialista en otorrinolaringología que me atendía me propuso someterme a un estudio para valorar la realización de un implante osteointegrado. Durante el proceso, algunas de las pruebas consistían en comprobar si tenía buena conducción ósea, ya que el implante –un tornillo de titanio– se inserta en el cráneo, junto a la oreja, al que se acopla un procesador/amplificador digital, que transforma y modifica el sonido, y un vibrador conectado al amplificador, lo que hace que a la salida se produzcan vibraciones en lugar de sonido audible. Estas vibraciones, aplicadas al hueso mastoides (situado por detrás del pabellón auditivo), se transmiten fácilmente al oído interno. De esta forma, es posible conseguir una audición adecuada.

 

La intervención fue rápida. Además, solo estuve una noche ingresada. Pasado un mes, más o menos, y una vez cicatrizado y asentado el implante, los sanitarios me proporcionaron el procesador y me explican su colocación. A mi juicio, el manejo no resulta complicado.

 

Recuerdo la emoción que tuve cuando lo noté funcionar por primera vez. Volver a oír es una sensación increíble. Al salir a la calle, acostumbrada a oír tan poco, todos los sonidos me asustaban: las bocinas de los coches, las ambulancias, el tráfico, las conversaciones de la gente, etc.

 

Después de colocar el implante, es preciso un periodo de ajuste del procesador, siempre según las necesidades de cada persona. El aparato también permite que el usuario realice algunos cambios de los parámetros, lo que sin duda facilita que, en pocos días, la adaptación sea perfecta y se tenga la sensación de no poder prescindir de él. De hecho, yo lo utilizo diariamente, unas 16 horas al día. La conexión al teléfono, vía Bluetooth, me permite poder hablar por teléfono sin necesidad de utilizar auriculares y que el sonido viaje directamente a mi cabeza, ¡¡es increíble como se escucha!!

 

Recuerdo que, los gastos asociados al primer procesador, fueron cubiertos íntegramente por la seguridad social. También la intervención, revisiones y todo el mantenimiento. Hace poco tiempo, el Gobierno de Aragón ha publicado un Decreto que aprueba la financiación de una gran parte de los siguientes procesadores que una persona puede precisar.

 

Mi experiencia personal, después de ser portadora del procesador durante ocho años, es extraordinaria. Quizá puede tener algunos inconvenientes, pero son pocos: no se puede mojar, no se puede llevar casco, hay que cuidarlo mucho. En cualquier caso, recobrar la audición ha sido maravilloso. Yo no podría vivir sin él.

Premio OCODES al mejor artículo de divulgación científica de la salud realizado por estudiantes de doctorado

Premio OCODES al mejor artículo de divulgación científica de la salud realizado por estudiantes de doctorado

18 febrero de 2025

OBJETIVO

 

Este premio reconoce el compromiso con la excelencia en la divulgación científica de la salud desarrollada por estudiantes de doctorado de cualquier universidad española.

 

BASES DE PARTICIPACIÓN EN LA CONVOCATORIA

 

Podrán optar al premio todos los artículos de divulgación publicados en la web de OCODES realizados por estudiantes de doctorado que, en el momento de la publicación de dicho artículo, se encuentren matriculados/as en estudios de tercer ciclo (tesis doctoral) en cualquier universidad española. La autoría de los artículos deberá ser individual.

 

Los artículos de divulgación deberán se inéditos, y versarán sobre un aspecto relevante de la salud, incorporando diferentes perspectivas en los siguientes ámbitos:

  • Hábitos saludables.
  • Salud sexual.
  • Salud mental.
  • Salud materno-infantil.

 

Los artículos se presentarán siguiendo las normas de colaboración, para artículos de análisis, dispuestos en la sección de biblioteca de la página web de OCODES, ajustándose a los siguientes requisitos:

  • Piezas de menos de 1000 palabras
  • Elaboradas bajo el género interpretativo, en ellas se explora y/o analiza un aspecto relevante de la salud, incorporando diferentes perspectivas.
  • La bibliografía estará empotrada en el texto en forma de hipervínculos.
  • Se remarcarán en negrita los aspectos más relevantes del texto.
  • Estarán firmadas de manera que permitan identificar a su autor/a.
  • Se señalará la universidad y el programa de doctorado en el que el/la estudiante se encuentre matriculado/a y realizando su tesis doctoral.

 

Las piezas se enviarán al correo electrónico: ocodes@unizar.es

  • En un documento de Word, letra Times 12, interlineado 1,5 que incluirá:
  • Título de la pieza (no más de 16 palabras).
  • Nombre y apellidos de firma del autor/a.
  • ORCID.
  • Texto del artículo.
  • El asunto del mensaje deberá indicar: Premio OCODES Estudiantes de Doctorado + la sección temática relacionada con la pieza: Hábitos saludables | Salud sexual | Salud mental | Salud Materno-Infantil.

 

Podrán optar al premio todos aquellos artículos que cumplan los requisitos anteriormente expuestos y hayan sido publicados en la página web de OCODES en el periodo comprendido entre el 1 de enero y el 10 de octubre del año en curso, ambos incluidos.

 

Se establece el siguiente premio: Trofeo en cerámica tradicional aragonesa realizado por artesano/a (logo corporativo + edición) y diploma acreditativo. La adjudicación del premio será comunicada a su autor/a mediante correo electrónico. Además, se publicará en la página web y las redes sociales de OCODES.

 

El fallo será inapelable y se hará público durante la segunda quincena del mes de octubre del año corriente.

 

La valoración para la adjudicación del premio se realizará mediante una modalidad mixta, siguiendo los siguientes criterios:

  • Visitas recibidas por el artículo en la página web: 30%
  • Votación popular a través de redes sociales (X e IG): 30%
  • Valoración por consejo de redacción de OCODES: 40%

 

El premio se entregará en el acto institucional celebrado con motivo de la festividad de Santa Isabel de Hungría, patrona de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza.

 

La ausencia al acto de entrega sin justificación previa acreditada será entendida como el rechazo del premio por los autores/as.

 

La participación en esta convocatoria implica la total aceptación de sus bases. Será motivo de exclusión la no observancia de todas y cada una de estas bases.

Ni responsable ni seguro

Ni responsable ni seguro

Itxaso Cabrera Gil

17 Febrero 2025

Sería incomprensible que las grandes tabacaleras llamaran a la población general a consumir tabaco bajo el lema Fumar es parcialmente saludable. Sería de nuevo habitual que aquel inhalar de humo, años después de superarlo, se volviera a vender como la seducción y el atractivo al que las películas de gánster nos tenían acostumbradas.

Sería incomprensible que las grandes empresas de alcohol llamaran a la población general a consumir sus productos bajo el lema Beber es algo saludable. Sería cuanto menos extraño que aquella copa en mano tintineante, años después de superarlo, se volviera a vender como el poder y el descontrol de las escenas más ochenteras.

Sería y es incomprensible que, como droga legal, el juego y las apuestas, público y privado, hayan quedado fuera del combo de lo irreal, de lo irracional y de lo sumamente poco común para la población general. Arrasa todavía lo de Juega responsablemente, juega bien. Hoy, la certeza es que nadie puede jugar responsablemente ni apostar de manera segura, por mucho que se empeñen quienes intentan llenarse sus bolsillos con la salud de otras personas. Del mismo modo que no es saludable para nadie una copita de vino, un vermú cada mañana, un purito en las bodas o un cigarro al terminar; el rasca, la máquina o la ruleta no son más que un ‘sacapastas’, un ‘sacavidas’ y un ‘arruinasalud’.

Sería y es incomprensible educar a los menores a fumar y beber para que de adultos pudieran desarrollar su vida como fumadores y bebedores acostumbrados a tal práctica. Cuestión acomodada lo está siendo en las apuestas donde mediante tácticas de poco control y de ‘quitarle hierro al asunto’, de cajas botín y sus variantes, las empresas educan a menores eliminando la barrera entre el deporte y el juego de apuestas, entre las máquinas y el ocio para así cuando esta población, ahora cambiante, en formación, en desarrollo, cuando alcance la mayoría de edad crea, piense y considere que su tiempo libre encuentra, erróneamente, su vida enganchada en una pantalla con beneficios que solo les llevará a dejarse su dinero, su vida social, su educación y, con todo ello, su salud mental.

En Aragón, durante el año 2023, las cantidades apostadas ascienden a 54.343.744,96 € siendo el beneficio empresarial superior a los 11,6 millones de euros. Solo el Sector del juego aragonés debe pagar 46 millones de euros al año en impuestos, cifras que reflejan la magnitud de sus ganancias a costa de generar un problema de salud pública como es el trastorno de juego.

Ante todos estos macrodatos que pueden encontrarse desagregados en los Informes pertinentes de las Instituciones públicas, cabe señalar el aumento, algo positivo, del Registro de Personas Autoprohibidas al Juego (REJUP) que actúa como necesario parche ante una industria depredadora de la salud de la población. En un sistema que prioriza el lucro por encima del bienestar de las personas, la autoprohibición se presenta como una solución parcial a un problema estructural de salud pública. Esta herramienta necesaria, pertinente, que logra limitar el propio acceso de quienes sufren tal adicción a los locales de apuestas, refleja la gravedad de un fenómeno que afecta de manera desproporcionada a las clases populares y a quienes ya enfrentan situaciones de vulnerabilidad. Aunque el registro es útil para quienes buscan romper con la adicción, no deja de ser una respuesta insuficiente frente a una industria diseñada para explotar las debilidades humanas y maximizar, como muestran año a año, sus ganancias. La existencia misma del REJUP es un síntoma de un Estado que ha delegado la protección de las personas en medidas individuales, mientras permite que las empresas del juego y las apuestas sigan expandiéndose sin freno, sobre todo en barrios populares, en las habitaciones de adolescentes o en las vidas de adultos en soledad. Este parche no aborda las causas profundas de lo que comúnmente conocemos como ludopatía, que radican en la falta de regulación, la omnipresente publicidad del juego pese a los avances legislativos y la precariedad económica que empuja a muchos a buscar soluciones desesperadas. Combatir la adicción con el juego y las apuestas requiere voluntad política y social: desde limitar drásticamente la presencia de estos locales hasta prohibir su publicidad y ofrecer alternativas reales de ocio y divertimento en cada ciudad, en cada pueblo. La autoprohibición es un acto valiente de quienes buscan salvarse de aquellas garras de la industria del juego y las apuestas, pero no debería ser el único recurso en una sociedad que se dice justa ante un arca económica para unos pocos irresponsables e insegura para el resto.

El juego, y las apuestas, no es ni seguro ni responsable, supone un problema de salud pública, se arranca como mecanismo de vía de escape para las dificultades a las que la sociedad actual se enfrenta, desde la incertidumbre emancipadora de jóvenes y no tan jóvenes. Solo queda la vía de lo social, la red de apoyo, la desestigmatización de la salud mental desde la rutina hasta lo institucional, el posicionar al individuo en el centro, el dejar de salvar a empresarios, sectores y ‘chupópteros’ de la salud para, con todas las herramientas, medios y leyes poner siempre, de una vez por todas, de forma segura y responsable la salud.