La vida en segundo plano

La vida en segundo plano

María del Mar Prieto Bermejo

02 de mayo de 2025

Es complicado expresar con palabras tantos años de dolor y sufrimiento, de sentimientos encontrados. Lo cierto es que, aún recuerdo aquella llamada desde el Ministerio de Educación, en septiembre, en la que me comunicaban que mi hijo había sido aceptado en el colegio que habíamos elegido.

 

He de decir que no miramos colegios ni hicimos un estudio de idoneidad, nos dejamos guiar por la fama, un colegio relativamente pequeño, familiar, que cubría hasta bachillerato. Con nuestra elección, estábamos felices y encantados.

 

Juan empezó infantil con ilusión, la jornada escolar era partida por lo que salía a comer a casa y a él se le veía feliz y contento, es más, en segundo de infantil lo apuntamos a alguna extraescolar al mediodía para que estuviese con sus compañeros. A los meses, empezó a quedarse dormido después de comer, estará cansado –pensaba yo–, pero cuando se convirtió en un hábito diario comenzamos a preocuparnos.

 

Quizá esas fueron las primeras señales y no supimos verlas

Juan empezó la educación primaria y pese a ser un niño feliz, apenas hablaba de su día a día en el colegio y comenzó con pequeños despistes en los deberes, demandaba a menudo: ¿mamá así voy bien?, ¿de verdad? hasta que de repente, un día que se enfadó con su hermano pequeño –lleno de furia y dolor– le dijo: ¡Tú no vales para nada!

 

¿Quién le decía eso a mi hijo?

Fue entonces cuando, tras hablar con otras madres, nos enteramos de que un niño en concreto se metía con él. Lo insultaba, lo humillaba y el resto de los niños o eran partícipes o simplemente se daban la vuelta. Y cuando nosotros lo consultamos al resto de padres, además de quitarle importancia a los actos, nos contestaban: Por favor, ¡es Primaria!, ¡cómo se van a dar cuenta!

 

Como padres preocupados y primerizos en estas lides acudimos al colegio, solicitamos reunirnos con el tutor y con la dirección del centro, que calmaron nuestras preocupaciones diciéndonos que se tomarían medidas al respecto y que no se nos informaría de ellas por el bien del otro menor (el agresor). Así es como, desde 3º de primaria, mi hijo y este otro alumno ya no coincidieron en clase. Pero el mal ya estaba hecho, pues la solución no consiste sólo en separar, sino en trabajar con ambos menores, el resto de la clase e incluso también con las familias.

 

Juan tenía sólo 8 años cuando acudió a su primera consulta con el psicólogo para poder gestionar las situaciones derivadas del acoso, las pesadillas, el estar solo en clase, en los recreos, el no tener el respaldo ni siquiera de un profesor.

 

Y llegó el siguiente paso. Juan comenzó educación secundaria obligatoria (ESO) con ilusión, ya que llegaban alumnos nuevos y, en su mente, cabía la posibilidad de hacer amigos. De hecho hizo un nuevo amigo, pero la fama pesa y no solo le dio la espalda sino que se unió a la ronda de insultos, humillaciones e incluso alguna agresión física.

 

En segundo de la ESO llegó el silencio, a Juan se le hizo el vacío, ahora sí que estaba sólo de verdad y fue entonces cuando me pidió que le cambiase de centro y nosotros, como padres, tuvimos la iniciativa de hacerlo. No se podía cambiar en el período ordinario, así que lo intentamos fuera de plazo, utilizando el motivo del acoso escolar sufrido en el centro anterior, pero nos encontramos una sorpresa: el centro nunca había abierto el protocolo de acoso  porque según nos refirieron posteriormente, habían tomado medidas.

 

Llegó tercero de la ESO y, con el nuevo curso, la agresión. No es que no hubiera habido agresiones físicas antes, pero esta marcó un antes y un después. Y no solo para Juan, sino también para otros alumnos, que se asustaron y avisaron a un profesor responsable que, por cierto, se encontraba ausente en el momento en el que se produjo la agresión.

 

Todo cambió, tras la agresión. Juan tuvo que visitar un servicio sanitario de urgencias desde donde se cursó el parte de lesiones al juzgado, denuncia en GRUME, solicitud de apertura de protocolo de acoso (el colegio tardó dos días en abrirlo y fue por exigencia mía) y cambio de centro. Con esto, nosotros como padres, dábamos por terminada una etapa en la que todos,  alumnos y profesores habían sido partícipes.

 

A día de hoy he de decir que tenemos la inmensa suerte de que Juan está en un centro escolar con un equipo directivo, de orientación y docente profesionales y con vocación, pero todavía nos espera un largo camino por recorrer. Quién sabe si, al igual que en el Kintsugi, resurgirá una nueva persona o esas heridas le atarán de tal manera que no le dejarán crecer como a otro niño de 15 años.

 

Lo que sí es cierto es que, en este camino, hay que rodearse de buenos profesionales porque es complicado encontrar apoyos en el resto de padres, bien por egoísmo o por temor a que su hijo sea el siguiente objetivo. Hablar con nuestros hijos todos los días es fundamental, por lo que dicen y por lo que callan; las señales siempre están ahí aunque no las veamos.

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

María García Magán

27 de abril de 2025

Es indiscutible que, la aparición y posterior popularización de las redes sociales, ha revolucionado la forma en la que los seres humanos nos relacionamos. Este impacto también ha afectado a la crianza de nuestros hijos en múltiples aspectos, de modo que a los padres de hoy en día se les plantean numerosos retos y preguntas que, irremediablemente, están obligados a afrontar: ¿cuándo es el mejor momento para que mi hijo o hija posean redes sociales?, ¿cuáles son los peligros a los que están expuestos?, ¿hasta qué punto debo monitorizar su actividad en redes? Sin embargo, una de las cuestiones que más recientemente está ganando relevancia en este ámbito es la del llamado sharenting.

 

La palabra sharenting proviene de los términos en lengua inglesa share (compartir) y parenting (crianza) y es utilizada para hacer referencia a la exposición de los menores en redes sociales por parte de sus progenitores. Esta práctica es muy común entre los padres y madres en el mundo actual. De hecho, estudios recientes afirman que el 81% de los menores tiene presencia en Internet antes de cumplir los 6 meses. Esta tendencia no deja de ir en aumento, especialmente, tras la pandemia de COVID-19 y los nuevos hábitos digitales que se desarrollaron durante el periodo de confinamiento.

 

Como indica la comunidad científica, la mayoría de los padres justifica el sharenting como un medio para almacenar recuerdos, mantenerse en contacto con sus allegados o recibir apoyo durante la crianza. De hecho, esta práctica posibilita la creación de lazos entre la comunidad y puede permitir que los padres encuentren ayuda en un momento tan crucial como la maternidad y la paternidad.

 

La investigación, no obstante, considera que el sharenting es una práctica que busca la aprobación social y que puede convertirse en un factor de estrés, debido a la irremediable comparación que surge entre sus usuarios. Además, la exposición en redes también conlleva riesgos para los propios menores, como la creación de una huella digital difícilmente borrable, la exposición al ciberbullying e incluso la posibilidad de que sus imágenes sean almacenadas por agresores sexuales —como ya advirtió el Ministerio del Interior. Del mismo modo, el sharenting plantea cuestiones relacionadas con la intimidad de los menores, un derecho que algunos creen vulnerado por este tipo de prácticas.

 

En cualquier caso, existe un salto cualitativo entre aquellos padres y madres que ocasionalmente comparten fotografías o vídeos de los momentos más emotivos de la vida de sus hijos y aquellos que sobreexplotan su imagen, lucrándose económicamente. En efecto, el sharenting encuentra su máxima expresión en los numerosos perfiles y canales familiares en plataformas como Instagram, YouTube o TikTok, en que los progenitores fotografían, graban o relatan las anécdotas de sus hijos, obteniendo a cambio no solo la aprobación de la comunidad, sino un importante rédito económico.

 

En estos casos, los llamados instamamis o instapapis ya no solo muestran a sus hijos en situaciones cotidianas, sino que los menores interactúan con su comunidad de una forma inquietantemente frecuente. En realidad, este contenido, apodado comúnmente como family friendly, constituye una estrategia bien estudiada de marketing que puede llegar a proporcionar pingües beneficios. De hecho, muchos de estos niños y adolescentes son utilizados en campañas publicitarias, lo que plantea la necesidad de regular legislativamente una actividad que puede ser considerada como trabajo infantil.

 

Sea como fuere, lo cierto es que parece que el sharenting ha llegado para quedarse y ya encuentra resonancia a nivel popular, por ejemplo, a través de la obra de ficción de la prestigiosa escritora francesa Delphine de Vigan quien, en Los Reyes de la Casa, presenta un inquietante escenario derivado de la popularización de los canales familiares y la sobreexplotación de los menores en redes. Además, en los últimos años están apareciendo los primeros y desasosegantes relatos de aquellos niños —ahora ya adultos— cuya imagen fue sobreexpuesta por sus padres en los albores de las redes sociales.

 

Todo ello debe conducirnos hacia una profunda reflexión sobre la utilización de las redes sociales, especialmente, cuando los menores están involucrados. De ello depende cómo respondamos a los nuevos retos en la crianza que irremediablemente deberemos afrontar, ante el frenético ritmo al que nos vemos abocados en la era digital.

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Juan José Aguilón Leiva  y  Antonio Manuel Torres Pérez

20 de abril de 2025

El año 1995 tocaba a su fin cuando en Boston, Massachusetts, EE. UU., se inauguró la primera tienda especializada en productos de cannabidiol (CBD), bajo el nombre de The Hempest. Aunque inicialmente centrada en ropa y otros productos de cáñamo, en poco tiempo se convirtió en pionera en el mercado estadounidense, ofreciendo productos de CBD con fines terapéuticos.

 

En la actualidad, el mercado global del CBD ha experimentado un crecimiento enorme. Por ejemplo, en España, la empresa Greenery 420, fundada hace tan solo 6 años, cuenta ya con más de 35 tiendas especializadas en CBD distribuidas por todo el territorio nacional. Además, marcas como ProfesorCBD han establecido redes de distribución que incluyen 247 puntos de venta en Europa, abarcando farmacias, herboristerías, estancos y gasolineras. Aunque no se disponen de cifras exactas acerca del número total de tiendas de CBD en el mundo, su expansión y crecimiento a nivel global ha sido francamente significativo y veloz.

 

Cada día aparecen más terapias con cannabis medicinal y otros productos derivados como el CBD. La artrosis, lesiones deportivas, la depresión o el insomnio son algunas de las enfermedades comunes que pueden tratarse con CBD. Ciertamente, cuesta creer cómo este componente del cannabis puede evitar la colocación de una prótesis de rodilla en una persona anciana, sea el sustituto a repetidas sesiones de fisioterapia o la solución a patologías mentales tan complejas de abordar como la depresión. A pesar de ello y, de forma paralela, la despenalización del consumo de cannabis progresa en países de todo el mundo, favoreciendo la idea de aquellos que afirman que el consumo de cannabis no conlleva riesgos para la salud.

 

El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), en su último informe 2024, indica que el cannabis es la droga ilegal más consumida entre los adolescentes de 14 a 18 años en España. Este dato resulta realmente preocupante atendiendo a la teoría del “efecto de puerta de entrada”, dado que el cannabis puede favorecer la progresión hacia el consumo de otras sustancias ilícitas. De igual modo, también es importante destacar dos falsas creencias entre la población joven. La primera de ellas es que la marihuana es menos peligrosa que el tabaco o el alcohol. A esa afirmación, es posible sumar otra más, igualmente falsa, al referirse al “consumo seguro”. El consumo, por definición, es inseguro y siempre representa riesgos.  

 

A nivel mundial, el cannabis es la sustancia psicoactiva con mayor cantidad de consumidores, situándose tan solo por detrás del alcohol etílico. Por tanto, no puede extrañar un elevado número de asistencias urgentes tras el consumo de esta sustancia, principalmente por manifestaciones psiquiátricas como la ansiedad, agresividad, alucinaciones o psicosis aguda. Numerosos estudios afirman que, el cannabis, es la droga que se relaciona en mayor medida con los casos de psicosis atendidos en los Servicios de Urgencias hospitalarios. Por todas estas razones, el caso de la legalización de la marihuana resulta tan chocante como sorprendente, máxime cuando en aquellos países donde se ha permitido su libre reparto, también han aumentado otras adicciones, los accidentes de tráfico y los problemas médicos y sociales derivados de su consumo.

 

Pese a ello, la legalización de esta droga avanza en todo el mundo y cabe preguntarse qué oscuros intereses lo motivan. Es posible creer que, el avance de las posiciones favorables a la Agenda Globalista –centrada desde hace años en desarrollar políticas en ideología de género y cambio climático, entre otras– también lo hacen en el camino hacia la tolerancia a un mayor consumo de drogas. La expansión de los comercios especializados en CBD y las terapias farmacológicas con cannabis medicinal son el preámbulo de otros enormes negocios personales más codiciosos.

 

Por otra parte, también es plausible que, políticos y oligarcas sometidos a la Agenda 2030, aprueben el libre reparto de drogas en favor de la posibilidad de un mayor control social. Una sociedad más adicta se traduce en una población adoctrinada desde la infancia, sometida al suministro de droga, adormecida y con una falsa creencia de felicidad. En palabras del fallecido Jesús Quintero, al referirse a una sociedad cada vez más analfabeta y, por tanto, que también podría emplearse en este contexto, “son la nueva clase dominante, aunque siempre serán la clase dominada”.

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Antonio Manuel Torres Pérez y Juan José Aguilón Leiva

31 de marzo de 2025

El cáncer colorrectal (CCR) es una de las principales causas de mortalidad en España, con más de 44.000 nuevos casos diagnosticados en 2025, lo que lo convierte en el segundo tipo de tumor más frecuente, tanto en hombres como en mujeres. La detección temprana es esencial para mejorar el pronóstico y reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.

 

 En 2022, la Comisión Europea planteó un nuevo enfoque para la detección precoz del cáncer basado en los últimos avances y datos científicos disponibles. El objetivo marcado era claro: ayudar a los Estados miembros a lograr que, desde el año 2022 hasta el año 2025, el 90% de la población de la Unión que cumpliera una serie de requisitos tuviera acceso al cribado. Uno en los que se puso un especial enfoque fue la edad, recomendando ampliar el rango de edad para los programas de cribado de CCR hasta los 74 años (inclusive), con el objetivo de aumentar la detección precoz y disminuir la mortalidad.

 

Siguiendo esta recomendación, diversas comunidades autónomas en España han implementado cambios significativos:​ 

  • La Rioja: En marzo de 2023, reorientó su Programa de Detección Precoz de CCR, extendiéndolo progresivamente a personas de entre 50 y 74 años, y mejorando la accesibilidad mediante la simplificación del procedimiento.
  • Castilla y León: En marzo de 2024, amplió el programa de cribado hasta los 74 años, permitiendo que más ciudadanos se beneficien de la detección temprana.
  • País Vasco: En noviembre de 2024, Osakidetza extendió el cribado a la población de 70 a 74 años, alineándose con las recomendaciones europeas y mejorando la calidad de vida y supervivencia de los pacientes.

 

Además, en octubre de 2024, la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)presentaron el Libro Blanco sobre el Cribado Poblacional de Cáncer Colorrectal en España, que incluye un decálogo de recomendaciones, entre las cuales destaca la ampliación del rango de edad hasta los 74 años. ​

 

 Sin embargo, recientemente, se está objetivando un aumento de la incidencia del CCR en personas menores de 50 años. Algunos estudios muestran un incremento significativo en este grupo etario atribuido, en parte, a factores ambientales, dietas no saludables y sedentarismo. La oncóloga Beatriz García, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, ha alertado sobre este fenómeno, señalando la importancia de prestar atención a síntomas como la presencia de sangre en heces, alteraciones del ritmo intestinal, molestias abdominales persistentes, pérdida de peso sin causa aparente y fatiga.

 

 Ante esta realidad, surge la necesidad de replantear las estrategias de cribado. Si bien actualmente en España el cribado poblacional se dirige a personas de entre 50 y 69 años, con ampliación de la edad hasta los 74 años en algunas comunidades, es pertinente cuestionar si se debería iniciar el cribado antes de los 50 años, especialmente considerando el incremento de casos en personas más jóvenes.​

 

 Implementar programas de detección precoz en edades más tempranas podría facilitar la identificación y tratamiento oportuno de lesiones premalignas, reduciendo la incidencia y mortalidad del CCR en este grupo etario. No obstante, esta medida implicaría una evaluación exhaustiva de los beneficios, riesgos y costos asociados, así como la adaptación de los recursos sanitarios para garantizar su viabilidad y eficacia.​

 

En conclusión, mientras se celebran los avances en la ampliación de los programas de cribado del cáncer colorrectal, es imperativo considerar la evolución de la enfermedad y adaptar las estrategias preventivas a las nuevas realidades epidemiológicas, asegurando así una protección efectiva de toda la población.

Divulgar la cultura de los cuidados para combatir la desinformación

Divulgar la cultura de los cuidados para combatir la desinformación

Pedro Satústegui

30 de marzo de 2025

El pasado 20 de marzo de 2025 se celebraron las I Jornadas de Transferencia en Alfabetización Mediática en Salud. Bajo el lema Divulgando la cultura de los cuidados para combatir la desinformación, los asistentes pudieron debatir y contraponer ideas sobre las distintas estrategias utilizadas para implementar la alfabetización mediática en salud en la población. Las jornadas estuvieron organizadas por el Grupo de Alfabetización Mediática en Salud (GRUPAMES) y el Centro de Innovación, Formación e Investigación en Ciencias de la Educación (CIFICE) de la Universidad de Zaragoza, y contaron con la colaboración del Observatorio Contra la Desinformación en Salud (OCODES).

 

Como expuse en mi discurso inaugural, el conjunto de la sociedad vive hoy un momento histórico en el que, la sobreabundancia informativa y la desinformación estructural, conforman el sustrato central sobre el que asienta y crece día a día la vulnerabilidad de las personas y del conjunto de la sociedad.

 

En el ámbito de la salud, los desórdenes informativos presentes en los medios de comunicación social, el discurso único, el triunfo de la posverdad, los filtrados algorítmicos, la instantaneidad de los canales de mensajería y las redes sociales o la exposición selectiva de los usuarios, por citar solo algunos ejemplos, incrementan el riesgo que tienen las personas de enfermar o morir.

 

Todos estos factores inciden sobre un elemento nuclear, que son los autocuidados, y la forma en que las personas deciden, más o menos informadas y con mayor o menor acierto, qué pautas o qué hábitos incorporan a sus estilos de vida.

 

Frente a la censura o la cancelación, la alfabetización mediática supone construir salud en positivo. Trabajar para ayudar a la ciudadanía a comprender la información mediática relacionada con la salud y evaluar críticamente estos mensajes. Por este motivo, la alfabetización mediática en salud trasciende la esfera de lo personal para convertirse en un elemento clave en la construcción de una opinión pública sólida, crítica y libre.

 

Al igual que a finales del s. XVIII se produjo una auténtica revolución lectora que propició la aparición de un nuevo público interesado en la razón y el debate, hoy más que nunca, la preponderancia de lo digital hace preciso un cambio de paradigma.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Unión Europea han promovido de manera destacada la alfabetización mediática como una competencia esencial para la sociedad contemporánea. No obstante, su impacto todavía está lejos del esperado.

 

Desde la opinión de quien les habla, la alfabetización mediática en salud debe sobrepasar lo individual para extenderse a lo colectivo. Y para ello, precisa identificar las mejores estrategias para construir salud en comunidad y crear espacios abiertos al diálogo y al debate, libres de censura. Lugares seguros en los que expresarse, compartir y construir un conocimiento más horizontal, más inclusivo y más circular.

 

Hoy, 30 de marzo de 2025, fecha en la que se conmemora el Día Mundial del Trastorno Bipolar, deseo recordar las palabras pronunciadas por Javi Martín, actor de teatro y afectado por esta enfermedad. Durante su intervención en las I Jornadas de Transferencia en Alfabetización Mediática en Salud, el pasado 20 de marzo, Javi Martín incidió en la necesidad de mejorar la asistencia a las personas con enfermedad mental, reducir el estigma y prevenir el suicidio.

Más allá de lo perentorio que resulta mejorar la financiación de los sistemas sanitarios para que estos puedan hacer frente con solvencia a las demandas asistenciales, los comunicadores, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto, también pueden ayudar a conseguir este fin.

 

Velar por la calidad y la veracidad de los mensajes mediáticos, promoviendo que todas las personas gocen de una vida digna, nos incumbe a todos. Y combatir la desinformación asociada a la enfermedad mental y luchar contra el estigma que en no pocas ocasiones sufren los pacientes, también.

Por este motivo, el Observatorio Contra la Desinformación en Salud seguirá defendiendo la necesidad de entender el modelo comunicativo actual como un ecosistema donde, la información relacionada con la salud, representa un bien común (y no público o mucho menos gubernamental) que pertenece a todas y cada una de las personas que componen la sociedad.

Endometriosis: El dolor silenciado

Endometriosis: El dolor silenciado

Soledad Alonso García

14 de marzo de 2025

El 14 de marzo es el día mundial de las matemáticas, del sueño, del número pi… y también de la Endometriosis. ¿Endometriosis? Un nombre tremendamente difícil de pronunciar, pero mucho más difícil es diagnosticarla. Proviene de endometrio, esa capa interna del útero que se descama cuando no ha habido embarazo y se expulsa en forma de menstruación. La endometriosis no es endometrio, a lo largo del tiempo que llevamos divulgando la enfermedad, nos estamos encontrando un gran desconocimiento del cuerpo, principalmente del cuerpo femenino; por ello, conviene recordar qué es exactamente la menstruación.

Sí, mucho desconocimiento, pero ¿qué es la endometriosis y qué tiene que ver con la regla? Es una enfermedad crónica, inflamatoria, multisistémica y hormonodependiente, con una prevalencia de más de un 10% en mujeres fértiles (las asintomáticas quedan fuera del porcentaje). Los últimos estudios han determinado que tejido similar al del endometrio crece fuera del útero, se implanta y adhiere en otros lugares del cuerpo, principalmente en zonas adyacentes como la pelvis, y con menor frecuencia en regiones más alejadas.

No te convence, ¿verdad? Bueno, ¿qué opinas si te digo que la regla como proceso fisiológico no debería doler? Sin embargo, hay mujeres que durante el ciclo se quedan en cama o no pueden llevar a cabo una vida corriente sin analgésicos o, simplemente, silencian el dolor, lo dejan a un lado para que no interrumpa su torbellino diario. Todas ellas están negando que su cuerpo les está diciendo que algo no funciona bien. El dolor es el principal síntoma de la endometriosis, un dolor severo e incapacitante que se puede manifestar bien durante la menstruación o a lo largo de todo el ciclo, a veces al miccionar o al defecar, al mantener relaciones sexuales.

¿Por qué no se quejan? Si algo duele, pues vas al centro de salud y ¡andando! Todo es un poco más complejo. El dolor menstrual está muy normalizado a nivel social, ¿quién no ha escuchado alguna vez “¡Hala chica! Todas tenemos la regla y no es para ponerse así. ¡Te tomas un ibuprofeno y ya está!” Es el cuerpo femenino sobre el que recae el dolor, un dolor silencioso, un dolor vergonzoso, mucho más cuando hablar de la menstruación queda relegado a espacios privados o íntimos, a espacios seguros. La regla se oculta, se invisibiliza, ¿en cuántas series, películas, obras de arte, literatura… muestran a una mujer sangrando durante su ciclo? Si no se ve, no se habla, no se estudia, no existe.

Para aportar otro dato más, se tarda una media de 7 a 10 años en diagnosticar. Un periplo por diferentes consultas explicando los síntomas, no encontrando respuestas y sin identificar que la causa es la “endo”. Otras veces, se detecta cuando se está a la búsqueda de un embarazo y este no aparece, consecuencia de la infertilidad que produce.

Todo eso en el mejor de los casos, es decir, acabo de describir el camino de una mujer afectada por endometriosis que accede sin problema a centros sanitarios, que se interesa por tener una buena salud, por cultivar una vida plena, etc. Pero, esa prevalencia del 10% excluye a una gran cantidad de mujeres que o bien no tienen acceso a un conocimiento sobre su cuerpo o bien sus condiciones socio-económicas no le dejan escuchar a su cuerpo, enfermar, preocuparse por sus ciclos, o atender al dolor.

¡Qué drama! Bueno, un drama que puede ser desdramatizado; con información y formación los males son menores. No podemos olvidar que es una enfermedad crónica, existen tratamientos que aplacan el dolor y, con ciertas pautas de cuidado y autocuidado, se puede tener una vida “normal”. Por un lado, tenemos tratamientos hormonales que contienen el avance del tejido (serán los profesionales especializados quienes nos propongan tratamiento y nosotras decidiremos seguirlo o no); por otro lado, existen tratamientos más próximos a poner a la mujer en el centro de su vida, entre ellos están las recomendaciones alimentarias, una buena dieta antiinflamatoria y sana mejora la calidad de vida, acompañada de actividad física, tratamientos fisioterapéuticos y apoyo psicológico, mejoran la existencia. Por desgracia, cae bajo la responsabilidad, y economía, de cada una seguir o no estas recomendaciones, al igual que seguir o no un tratamiento hormonal, este último cubierto generalmente por la Seguridad Social.

Poner el foco en el individuo concreto es muy desolador, sin un acompañamiento no es posible tomar las riendas de la propia salud, así que no queda más que hablar del factor psicológico. Al ser una enfermedad con causa y cura desconocida, hemos de aceptarla como parte de la vida, pero ¿cómo voy a aceptar MI vida con dolor? ¿Cómo voy a querer vivir atravesada por las limitaciones físicas derivadas de esta patología? Acompañada se lleva mejor. La escucha, el apoyo profesional y, sobre todo, encontrar ese espacio de iguales que te hacen sentir menos sola en el camino. Tenemos que lidiar con el dolor físico y con una enfermedad crónica, a muchas de nosotras nos ayuda formar parte de una red integrada por mujeres que viven la “endo” desde una perspectiva activa, colaboradora y respetuosa con el momento en el que se encuentra cada mujer.

ADAENA (Asociación de Afectadas de Endometriosis de Aragón) promueve la visibilización, la información, la concienciación y la investigación; esta enfermedad requiere de un enfoque multidisciplinar médico y vital: familiares, parejas, instituciones, entorno sanitario y social deben confluir para que todas las afectadas puedan realizar y realizarse en un entorno seguro. Con nuestro pequeño grano de arena intentamos llegar a aquellas mujeres que después de un diagnóstico (o a la espera de él, e incluso sin él) no saben cómo enfrentarse a esta nueva “normalidad” que se les presenta; las acompañamos, las informamos, las escuchamos y abrazamos. Proporcionamos acompañamiento psicológico especializado y espacios formativos para el cuidado y autocuidado. Nuestra propuesta es que una vida con endometriosis merece ser vivida, bien vivida.

Si la regla duele, hay un motivo, ¡búscalo! No estás sola.

¡Hay esperanza, haz red!