¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

¿La salud también se enseña? Salud, hábitos y profesionales en acción

Laura Alonso, María Elena Sánchez y María José Sierra

23 de junio de 2025

La educación para la salud en las escuelas es una herramienta estratégica para el bienestar de las futuras generaciones. En un momento en que la salud pública enfrenta desafíos como el aumento de enfermedades crónicas, el sedentarismo o el consumo de sustancias, integrar esta formación en el entorno escolar puede suponer una transformación profunda y duradera.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia de COVID-19 provocó un retroceso global en la esperanza de vida, con un aumento significativo de la mortalidad por enfermedades transmisibles, que representaron el 28% de las muertes en 2021. En este contexto, prevenir y promover la salud desde edades tempranas se vuelve crucial.

 

En España, con 49 millones de habitantes y un sistema sanitario considerado de los más avanzados del mundo, la esperanza de vida al nacer alcanza los 83 años, de los que 79 se viven con buena salud, según el Ministerio de Sanidad (2024). Sin embargo, el país enfrenta un progresivo envejecimiento de la población, el 20% supera los 65 años y un preocupante balance negativo entre nacimientos (322.075) y defunciones (433.163).

 

A pesar de los avances clínicos y un gasto anual en sanidad de 134.000 millones de euros al año (10% del Producto Interior Bruto [PIB]), persisten indicadores que subrayan la necesidad de reforzar la prevención: el 26% de la población presenta colesterol alto, el 21% hipertensión, un 20% sufre problemas de salud mental, un 16% tiene dolor lumbar y un 9% tiene diabetes. La obesidad afecta al 16% de los adultos y al 10% de los menores, y el 36% de la población no realiza actividad física regular. Además, el 20% fuma a diario y el 35% consume alcohol cada semana.

 

Frente a estas cifras, la escuela se revela como un espacio estratégico. La educación para la salud no debe limitarse a acciones puntuales, sino formar parte del currículo escolar, incluyendo temáticas como nutrición, salud mental, afectividad, ejercicio físico, uso responsable de tecnologías y prevención del consumo de sustancias.

 

En esta línea, experiencias como enseñar primeros auxilios, reconocer síntomas de enfermedades, como el asma o la diabetes, o aprender a gestionar el estrés, demuestran el poder de esta formación para empoderar a los menores en el cuidado de su salud y la de su entorno.

 

Un dato relevante que no solo supone un reto sanitario, sino también educativo y social, es que entre el 10% y el 15% de los escolares en España convive con enfermedades crónicas. La diabetes tipo 1, por ejemplo, cuenta con unos 1.200 nuevos diagnósticos anuales en menores de 14 años. Aquí entra en juego la importancia de la enfermería escolar y la pedagogía terapéutica. Estos profesionales son fundamentales para ofrecer un entorno inclusivo, seguro y saludable. No solo a los estudiantes, sino también como apoyo al profesorado, pues muchos docentes no cuentan con los conocimientos suficientes para afrontar situaciones sanitarias o adaptar contenidos de salud al aula. Invertir en su capacitación continua, protocolos de actuación y herramientas de evaluación es esencial.

 

Desde la realización de talleres hasta la coordinación con docentes y familias, su labor contribuye al desarrollo integral de los menores, especialmente aquellos con condiciones crónicas. Estos profesionales al desarrollar programas de promoción de la salud colaboran en la educación sanitaria y actúan como puente entre la escuela, las familias y el sistema de salud. Además, su presencia reduce el absentismo, mejora la detección temprana de problemas de salud y refuerza el clima de seguridad en el centro escolar.

 

La enseñanza de primeros auxilios o la reanimación cardiopulmonar (RCP), permite preparar a los menores para situaciones de emergencia y fomenta el sentido de responsabilidad ciudadana. Escuelas que integran estos contenidos, a menudo en colaboración con instituciones sanitarias, no solo educan, sino que salvan vidas.

 

Además de la atención sanitaria, el deporte y la nutrición deben ocupar un lugar prioritario. El bajo nivel de actividad física entre menores refleja la urgencia de programas escolares que promuevan hábitos saludables desde edades tempranas. El ejercicio regular, junto con una dieta equilibrada, reduce significativamente el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas, y mejora el estado emocional del alumnado.

 

Según la OMS, las escuelas promotoras de la salud son un modelo probado que mejora tanto los resultados educativos como sanitarios. Implementarlas requiere compromiso institucional, recursos humanos formados y voluntad política, pero su retorno en salud y bienestar social es incuestionable.

 

En definitiva, integrar la educación para la salud en el aula no solo responde a una necesidad sanitaria, sino que construye una ciudadanía más consciente, autónoma y preparada para afrontar los retos del siglo XXI. Si apostamos por esta transformación desde la escuela, estaremos invirtiendo en un futuro más saludable, justo y sostenible.

Educación sexual: Lo que todos mencionan, pero pocos entienden

Educación sexual: Lo que todos mencionan, pero pocos entienden

Laura Alonso, Sonia Barriuso, Davinia Heras y Lucía González-Mendiondo

08 de junio de 2025

La Educación Sexual va mucho más allá de hablar sobre preservativos o Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Se trata de educar para la vida, uniendo esta formación con el respeto, la empatía y la igualdad. Sin embargo, en pleno 2025, la sexualidad sigue siendo un tabú en muchas aulas del mundo y España no es la excepción.

 

 

¿Qué es la Educación Sexual? ¿Qué impacto tiene en la sociedad?

 

La educación sexual es un proceso de enseñanza y aprendizaje basado en la evidencia científica en el que se estudian las actitudes, conductas y creencias relacionadas con la salud sexual y la sexualidad. Es fundamental comprender que la sexualidad es inherente al ser humano, ya que somos seres sexuados y esta realidad nos acompaña a lo largo de toda nuestra existencia. Esta educación, adaptada a las necesidades individuales y contextuales, debe promover el respeto de los Derechos Sexuales. La educación sexual es esencial para la construcción de sociedades más inclusivas y sexualmente felices y sanas.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura defiende la llamada Educación Sexual Integral (ESI). Su objetivo es proporcionar al alumnado conocimientos, actitudes y valores holísticos para tomar decisiones sobre su vivencia de la sexualidad y su salud sexual y reproductiva. Insisten en que la educación sexual debe basarse en la evidencia científica y los derechos humanos. Sin embargo, la realidad en las aulas es desigual. Algunos países han logrado grandes avances, pero otros siguen considerando estos contenidos temas secundarios o incluso inexistentes, permitiendo que sean impartidos por personas no cualificadas, guiadas por sus propias ideologías en lugar de basarse en la evidencia científica. No es extraño, por ello, que los contenidos de educación sexual impartidos mundialmente sean muy diversos. No obstante, la Agenda 2030 de las Organización Naciones Unidas (ONU) con sus Objetivos de Desarrollo Sostenible marca el camino conjunto que deben seguir los países y las distintas sociedades que los componen. Dichos contenidos deben trascender una visión centrada en los riesgos, tales como las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) o los embarazos no planificados; abordando aspectos como el placer, la identidad sexual, las relaciones afectivas, la respuesta sexual, la perspectiva de género, la diversidad sexual y los derechos sexuales.

 

 

¿Por qué es tan importante la Educación Sexual?

 

Son muchas las razones que avalan y justifican la necesidad de hacer Educación Sexual. Algunas relacionadas con problemáticas de amplio calado, y otras relacionadas con la esencia de la educación y la propia naturaleza sexuada del ser humano.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de un millón de personas contraen una Infección de Transmisión Sexual (ITS). Además, según el Instituto de la Juventud de España (INJUVE), el 50% de los diagnósticos de ITS ocurren en menores de 24 años. En 2024, casi 40 millones de personas vivían con VIH según ONUSIDA, una cifra en aumento respecto a años anteriores. En el mismo sentido, la OMS alertaba, también, sobre el problema de salud global que constituye la violencia hacia las mujeres, puesto que se alcanzan tasas epidémicas. De esta forma, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) denunciaba cómo, la principal causa de muerte de las mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 44 años fueron los asesinatos machistas, por delante de causas naturales o de accidentes de tráfico.

 

Más allá de la prevención de infecciones y otras consecuencias no deseables como los embarazos no planificados, las agresiones, la homofobia, la transfobia o el sexismo –es decir, la prevención de las miserias que rodean la vivencia de la sexualidad–, la Educación Sexual es fundamental porque supone educar para la vida, atendiendo a una dimensión humana fundamental como es la sexualidad. No se trata de prevenir, sino de educar, entendiendo que, educando, además, prevenimos. Desde esta amplia perspectiva, la educación sexual es clave para el desarrollo de competencias que favorezcan una vivencia satisfactoria, ética y feliz de la sexualidad, caracterizada por la aceptación positiva de la propia identidad sexual y el respeto por la sexualidad del otro. Se trata, por tanto, de una educación indispensable en la formación humana.

 

 

¿Qué está fallando?

 

Uno de los grandes retos es la falta de formación del profesorado y de herramientas concretas para desarrollar esta tarea. Diversos estudios han constatado la escasa formación sobre sexualidad, diversidad o igualdad de género, tanto en nuestro país como en el extranjero. Sin preparación, ¿cómo puede el profesorado abordar con rigor, naturalidad, y sensibilidad estos temas?

 

Además, los prejuicios socioculturales y los mitos siguen pesando. En algunos entornos, la sexualidad es un tabú o un tema controvertido, por lo que su abordaje en la escuela genera miedos, e incluso rechazo. Se teme que se despierte algo en el alumnado, aspecto que está científicamente refutado. Lo que se despierta es la aceptación de nuestra naturaleza sexuada, la conciencia crítica y el respeto hacia la sexualidad del otro. Por otro lado, la resistencia para acceder a información verificada contribuye a perpetuar la desinformación y dificulta identificar a los profesionales cualificados en materia de sexualidad, tanto en centros sanitarios como educativos. Esta situación está favoreciendo que sigan existiendo las problemáticas antes descritas y que aparezcan otras nuevas.

 

 

Educación sexual: Un derecho de todas las personas

 

El silencio pesa aún más en colectivos históricamente excluidos. Por ello, la educación sexual reconoce e incorpora la perspectiva interseccional, es decir, la interacción compleja y simultánea de diferentes situaciones de desigualdad (como género, raza, clase, orientación del deseo, entre otros) que influyen en las experiencias individuales y colectivas. En este sentido, la construcción y el respeto a las diferentes biografías sexuales se torna fundamental.

 

Las personas con discapacidad, por ejemplo, siguen siendo sexualmente infantilizadas. La educación sexual, debe contar con ellas y garantizar su derecho a vivir una sexualidad plena, segura y autónoma. Algo similar sucede, o puede suceder, en algunas etapas de vida, como la niñez o la vejez. Los mitos entorno a las mismas, junto con cierta rigidez en los contenidos que se consideran adecuados en cada una de ellas, limitan la inclusión de saberes diversos y perpetúan la invisibilización de la realidad sexuada a lo largo de la vida.

 

Por otro lado, es crucial atender desde la Educación Sexual las necesidades de las personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ o de minorías étnicas y culturales para generar espacios de aprendizaje seguros, donde puedan construir su biografía sexual libre y responsablemente.

 

Incluir todas estas realidades no solo mejora el bienestar de las personas destinatarias de educación sexual, sino que contribuye a construir aulas más respetuosas, inclusivas y preparadas para la diversidad.

 

 

¿Cómo podemos mejorar?

 

La buena noticia es que ya existen intervenciones exitosas de Educación Sexual Integral en nuestro país y en el extranjero. El resultado: ciudadanía sexualmente formada, con una aceptación positiva de su sexualidad y capaz de tomar decisiones responsables.

 

Estas iniciativas emplean metodologías diversas, incluyendo recursos variados como videos, debates, podcasts y juegos. Además, promueven el desarrollo de habilidades y competencias personales y sociales, que favorecen la autoestima, la asertividad, la empatía y el respeto. Son propuestas que deberían replicarse en todo el sistema educativo y regularse en el currículum para que nadie se quede hoy sin la necesaria Educación Sexual.

 

Pero para que esto funcione de verdad, hace falta planificación y compromiso institucional. La educación sexual no puede depender del interés personal de los familiares, el profesorado o del centro. Necesita estar regulada, ser científica, obligatoria y adaptada a cada etapa educativa.

 

Por otro lado, es necesario llevar a cabo la evaluación de los programas realizados, ya que actualmente esta es una carencia importante en las intervenciones realizadas en España. Esto permitirá conocer qué funciona realmente en educación sexual, lo cual facilitará el diseño de futuras intervenciones y la promoción de políticas públicas.

 

 

Conclusión: no podemos seguir esperando

 

La Educación Sexual es un derecho fundamental que no debe considerarse ni un lujo, ni una moda, sino una formación clave para la vida, que redunda en salud pública, equidad social y bienestar emocional. Es también una forma de prevenir abusos, empoderar a los individuos y construir relaciones más sanas.

 

Hablar de sexualidad no es corromper; es cuidar, es proteger, es educar. Por este motivo se precisa un esfuerzo conjunto. Familias, docentes, instituciones y gobiernos debemos derribar barreras y garantizar que la sexualidad y su educación dejen de ser un tabú, y se conviertan en una realidad. Ejerzamos juntos este derecho, porque la educación nos permite construir una sociedad más libre, más justa y sana.

Visibilizando la locura: Una lucha contra el estigma

Visibilizando la locura: Una lucha contra el estigma

Susana Nérida Suárez

1 de junio de 2025

Vuelves de trabajar, tras un día largo, te acomodas en el sofá, con el pijama, las zapatillas de andar por casa y clic, la tele se enciende.

– El asesino tenía esquizofrenia.

– El acusado indica que le obligaban las voces.

Clic.

Pero ¿qué se piensa el mundo que es lo que tengo?

Despacio, me muevo hacia el ordenador y en Google busco: psicosis. Lo primero que sale es una película de asesinatos.

Resignade, me siento a escribir mi concepto de locura, sobre las PERSUPSIS (personas con sufrimiento psíquico) que, en su mayoría, estamos aquí y así por las constantes violencias sufridas, para pasar a ser los peligrosos.

Ni siquiera me dejan tatuarme sole, no sea que brote mientras me dan color.

Una vida entera de violencias, vejaciones, señalamientos y acusaciones no fueron suficiente, que ahora encima soy peor que la peste.

¿Y qué transmite salud mental ante esto? Pregunto para mí.

Si nos ponemos mal, por los achaques y reveses, lo primero que entra en tu casa, sin permiso, es la policía. Tras ellos, los sanitarios de la ambulancia. No te muevas mucho, no respires fuerte, porque siempre van con las manos cercanas a la porra; y cuando no, te inmovilizan por ir al baño a evacuar y te sacan a rastras a la ambulancia y os aseguro que se vive como un secuestro por una gente desconocida que va disfrazada. En ella, te atan a la silla, camino al hospital, donde tu voz no valdrá nada.

Sobremedicade nuevamente, como zombi con la baba colgando y más desconectado de la realidad que por tu propia afección. Una fría tablet con une juez y vete a saber qué te hacen tres preguntas que ni logras entender por la sobremedicación.

– Definitivamente está para ingresar, ingreso involuntario.

– Toma las pastillas y calla. Son las tuyas (ya, pero qué son). Si no te las tomas te aislamos o te atamos otra vez.

– Come todo y ni se te ocurra cambiar la comida o te atamos.

– Cuidados con esos de ahí, están aquí por condenas penales (gracias por el aviso, ya vi qué pasa con estos también).

– Fulano me ha hecho… Es tu cabeza, que estás loca. Aquí estás segura, estas cosas no pasan (4 días más de seguimiento, por si hay que duplicar de nuevo la medicación).

– (Oiga, no puedo dormir con los gritos, ¿de dónde vienen?) Te iba a dar el alta hoy, pero mejor te pongo bajo seguimiento y tropel de pastillas para dormir. 3 días más.

– Oye (entorno) que me está pasando esto. No me cuentes más que me vas a traumatizar. (Pero yo sí puedo traumatizarme con todo sin que nadie me proteja ni interceda por mi).

– Aquí tienes el alta, las 40 recetas médicas y la derivación a salud mental: 30 min cada 3/6 meses. Depende del caso.

– Estás gorda. Aquí a sesión se viene correctamente maquillade, vestide y deja de hablar con gente discapacitada, que sólo sabéis lameros las heridas y lloriquear. (Ni volví).

– Te comportas con rabia porque estás brotada, ni se te ocurra enfadarte, ni aunque te pisemos el cuello cada vez que podemos y lo peor, la mayoría inconscientemente.

Y me quema, me hierven las venas, arde mi alma, encontrando una salida, una lucha conjunta: el activismo. Orgullo loco, la Bajona, el Observatorio y desde el que tengo el placer de escribiros estas líneas: FlipasGAM. Aquí estamos, somos, tenemos derechos. Aquí, y en mil lugares más, resuenan nuestras voces.

Empieza a conocer a las alternativas, sé que estás ahí, sole, vulnerable. Súmate.

Tras todo esto, nos hemos juntado para hacerte llegar este rayo de luz en la inmensidad de la oscuridad.

Hoy os contestamos, con nuestro manifiesto y los brazos abiertos de par en par, para formar comunidad en Flipas GAM.

Las mentiras en el sector de las apuestas

Las mentiras en el sector de las apuestas

Itxaso Cabrera Gil

28 de mayo de 2025

El bulo o el engaño son innatos al ser humano, mecanismos utilizados en la mayoría de sus trazados para la protección de alguien o algo, un escudo que impide que los privilegios o ventajas que se pueden tener por situarse en determinada posición no caigan. La problemática reside en que la mentira pueda utilizarse con el ánimo del beneficio propio con el descaro de amedrentar, ganar o perjudicar al resto sin ética alguna, y la industria de las apuestas no tiene escrúpulos en usarla y mantenerla para seguir lucrándose a costa de la salud del resto.

 

Apostar no es un juego

 

Partimos de la falacia más básica: apostar es un juego. La palabra juego apela al divertimento o al mero hecho recreativo de entretenerse. Las apuestas nunca dan un beneficio como el juego, siempre se pierde. Y truncan el propio lenguaje, desde la definición hasta la ubicación. Los locales de apuestas son denominados por el sector como casas, casas de apuestas, para demostrar que es un lugar, erróneamente de acogida, un lugar aparentemente cómodo, confortable, que invita a la pertenencia, del que, sin ventanas ni relojes, una vez pérdida la noción del tiempo será difícil salir.

Se celebraba recientemente en Zaragoza la  jornada  estatal  El juego de apuestas, un problema de salud pública, un evento donde profesionales de diferentes sectores debatieron sobre el impacto del juego en la salud mental, con especial atención en la población joven.

La actividad fue organizada por el Grupo de Investigación en Salud Mental del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, la Universidad de Zaragoza y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). Las y los allí presentes coincidían en la peligrosidad de las apuestas como un problema de salud pública, la dimensionalidad de la enfermedad desde diversos aspectos como el social, psicológico, físico o económico. Una preocupación que no pasa desapercibida para ningún estatus social, ningún sexo o ninguna edad pero que acecha con mayor fuerza hacia las gentes más vulnerables:  jóvenes, mujeres, personas con menos recursos, migrantes o aquellas con diagnóstico previo de trastorno mental. En definitiva, trasciende de lo personal a lo colectivo, a lo comunitario, lo cual resuena más en aquella contradicción de llamarle juego a unas apuestas que ponen en riesgo la salud de quien padece la propia adicción conductual y a todo su entorno. La adicción a las apuestas no solo afecta a quien la padece, sino que también impacta negativamente de media en seis personas de su entorno cercano.

 

El juego responsable no existe

La desinformación está presente desde los títulos hasta la última de las triquiñuelas usadas con la finalidad de enganchar hasta el final a quienes consumen apuestas. Aquello del juego responsable, sostenible o seguro es una contradicción que beneficia únicamente a la industria de las apuestas. Se presenta como una estrategia ética, pero en realidad es una coartada perfecta para desplazar la responsabilidad del daño hacia quien invierte su tiempo y dinero en una ruleta o una máquina tragaperras, mientras los locales de apuestas siguen operando. No hay forma responsable de interactuar con un sistema que está diseñado para generar adicción, manipular impulsos y maximizar beneficios a costa de la salud mental y económica de las personas. Al igual que no se habla de fumar responsablemente o beber con salud cada día, hablar de juego responsable solo perpetúa la normalización de una práctica dañina. señalando directamente y declinando la responsabilidad en quien consume apuestas. Sin duda, un discurso útil para que el sector del juego mantenga su imagen mientras continúa captando a los más vulnerables, especialmente a jóvenes, con promesas de control que no existen pudiendo afectar en pilares vitales (sociales, emocionales, laborales, educativos o físicos).

 

Por tanto, el juego responsable no protege a nadie: es un parche ideológico que encubre la verdadera dimensión del problema. Lo que se necesita no es invitar a la moderación en un plano adictivo, sino poner límites claros, prohibiciones firmes y alternativas reales para el ocio y el bienestar desde leyes garantistas que se cumplan. Hablar de juego responsable a nivel de población es, en el fondo, una forma de irresponsabilidad social por parte de una industria que paga al año más de 46 millones de euros solo en la comunidad autónoma de Aragón en tributos, no hace falta ser un erudito en economía para saber que los ingresos del sector serán mucho mayores.

 

 Publicidad engañosa

En 22024, la facturación de las apuestas deportivas online se cuadruplicó, alcanzando cerca de 2.520 millones de euros. Solo en el primer trimestre del año, los ingresos generados por el juego online en España ascendieron a 350,7 millones, un 15,1% más que en los tres primeros meses de 2023. Además, las empresas del sector invirtieron 112,8 millones de euros en publicidad.

Para poder alcanzar estás cifras, de nuevo la distorsión de la verdad se ha puesto en marcha en lo online y presencial para poder aumentar cada vez más lo que algunos llamarán clientes. Se han llegado a utilizan campañas publicitarias agresivas que presentan las apuestas como una forma fácil y rápida de ganar dinero cuya letra pequeña puede estar repleta de medias certezas, basta con un tecleo rápido para comprobar que las palabras apuesta fácil están unidas a ganchos atrayentes destinados al registro web. Ocultar detalles cruciales de las propias promociones en las webs, como los requisitos de apuesta, plazos ajustados, restricciones de uso y límites en las ganancias son recovecos que se han utilizado ante la falta de ética diseñadas para que las y los usuarios no puedan aprovechar las ofertas de forma efectiva, son vías cada vez más perseguidas y reducidas pero que algunos operadores siguen utilizando. Los bonos, por ejemplo, pueden requerir que los jugadores apuesten una cantidad mucho mayor que el bono recibido antes de poder retirar cualquier ganancia, lo que hace que las promociones sean casi imposibles de cumplir. La ocultación de nuevo presente, pudiendo inducir a las y los jugadores a tomar decisiones impulsivas sin conocer las reglas completas de las apuestas. Impulsividad causada de forma intencionada que puede llevar a aumentar el riesgo de adicción al juego y hacer que los usuarios se sientan engañados al descubrir las limitaciones solo después de haber invertido tiempo, dinero y salud. Los términos y condiciones, lejos de ser transparentes y responsables en la presentación de las ofertas, son otro eslabón más de la rastra de embustes utilizados para captar a más y más personas por parte de los empresarios del juego.

 

A todo este combo, solo le es necesario contar con famosos o celebridades que aplaudan y resten complejidad a la apuesta, figuras públicas para generar confianza y atraer a nuevos usuarios, especialmente, de nuevo, a las personas más vulnerables. En los más jóvenes nace y crece cada día de manera más salvaje las promociones a través de los conocidos como hípsters, que no dejan de ser más que influencers en redes sociales comprados por el propio sector cuya finalidad es atraer a la juventud. Pronosticadores que expanden sus supuestos dominios del tema ofreciendo saberes ligados a vida lujosa. Charlatanes y timadores a la carta que obtienen beneficios cuando las y los seguidores pierden su dinero.

 

El cerebro nos engaña

 

Lamentablemente, también hay profesionales de la psicología, a los que suelo llamar del lado oscuro. A través de la estimulación sonora y auditiva las apuestas generan su atractivo, nuestro cerebro late a la búsqueda de nuevas sensaciones, a la idea de ver aumentada su dopamina y al impulso de engañarse, y esto el sector de las apuestas también lo conoce y configura todo su entramado para que, conducido por todo ello, sus cuentas no hagan más que incrementarse.

 

Los engaños de la mente son conocidos como sesgos cognitivos, patrones de pensamiento erróneos o distorsionados que afectan a la forma en que los individuos tomamos decisiones relacionadas con las apuestas impulsando a la toma de decisiones de manera irracional, a menudo basadas en emociones o creencias confusas, en lugar de trazar pensamientos objetivos. Algunos ejemplos podrían ser el caso de una persona apostante enfocada únicamente en las apuestas que le parecen favorables, ignorando las señales que indican lo contrario (sesgo de confirmación), otra persona apostante puede sobrestimar su capacidad para influir en el resultado de la apuesta pudiendo pensar que puede acertar cuestiones aleatorias (sesgo de ilusión de control) o la creencia de considerar que cuando se ha estado cerca de una victoria se ha ganado y continuar por ello apostando, reaccionando nuestro cerebro de la misma manera ante la aparición de dos limones y un diamante que de tres limones que supondrían una victoria y experimentarlo como tal a diferencia de la anterior serie (sesgo de casi ganancia).

 

 

Cierre de cuentas

 

La banca siempre gana, aunque tenga que ir unido a una pataleta. Si la ganancia es una realidad constante las cuentas en ocasiones se han visto limitadas o incluso cerradas salvando así los márgenes de beneficio de nuevo del sector de las apuestas. Si no fuera porque las apuestas no son un juego ni una película, hay a quien le podrían sonar al más puro estilo Corleone, estos datos se cruzan entre las empresas de la industria de las apuestas y es que la familia es lo más importante, nunca vayas en contra de la familia, el sector de las apuestas nunca se traiciona a sí mismo.

 

Tómese está recopilación (parcial) como una llamada a la reflexión, al cuestionamiento de quienes campan a sus anchas, a la atención como una forma de desenmascarar las estrategias de una industria que opera sin escrúpulos y que, con total impunidad, convierte el sufrimiento de miles de personas en una fuente constante de ingresos. No se trata solo de una cuestión individual, sino de un problema estructural que requiere de prevención desde la evidencia científica, acción colectiva, regulación firme y voluntad política. Señalar las trampas del sector de las apuestas no es alarmismo, es responsabilidad. Y cuanto antes se comprenda la magnitud del daño, antes se podrá actuar para poner freno a un negocio que crece a costa de la salud pública.

 

Información y ayuda: www.azajer.com

 

 

 

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Diana Merino Leiva

13 de mayo de 2025

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado con el objetivo de reconocer y sensibilizar a la población en este tema en concreto. Para nosotros, los que trabajamos a su lado, es un recordatorio de que nuestros pequeños siguen siendo eso: pequeños. Aunque se encuentren entre paredes blancas –quizá si hay suerte con algún dibujo de elefantes–, sábanas más frías que las de su cama y rodeados de olores extraños que distan de parecerse a los que desprenden las cazuelas de mamá en la cocina.

 

¿Cómo nos ven ellos?

 

A veces su paso por el hospital es breve y no tienen tiempo de acostumbrarse a la presencia de tanta gente vestida de blanco que entra y sale de la habitación en la que se encuentran. Sin embargo, en otras ocasiones, los de blanco acaban siendo personas como Loli, la que siempre entra cantando; Pilar que le trae natillas de chocolate porque sabe que no le gusta el yogur que le ha tocado; o Miguel, que de vez en cuando le lleva de paseo hasta la máquina de las fotos, esa que hace ruido.

 

¿Cómo lo vemos nosotros?

 

Como profesionales aprendemos a normalizar esta situación, nos acostumbramos a verles con pijamas de hospital y cables que nos preocupa que se quiten, nos resulta habitual ver a mamá o a papá sentado en un sofá sujetando un cuento con aspecto de cansado, enmascarando su inquietud y su miedo con voz de Nuna, la amiga del Monstruo de colores, o cantando como Frozen si el día ha sido difícil.

 

¿Qué podemos mejorar?

 

Hacemos cotidiano lo que para el niño y su familia es un inciso, una interrupción de su actividad habitual: del colegio, del trabajo, de las extraescolares, de las cenas en el salón o de los domingos en casa de la abuela. Y lo hacemos, la mayoría de las veces, dando la mejor de nuestras versiones. Sin embargo, en algunas ocasiones, las menos, nos olvidamos de que hay situaciones en las que es necesario hacer una excepción, dejar la normativa a un lado y mirar para el otro, personalizar y humanizar, porque esto último no siempre consiste en dotar con las últimas tecnologías las estancias clínicas, de disponer de una cama para la pernocta del acompañante o de servir una comida al progenitor.

 

Humanizar puede ser conocer el nombre de la mamá desmaquillada que camina por la habitación de hospital con zapatillas de andar por casa. Puede ser permitirle dormir con la manta de su cama, quizá una visita de su hermano pequeño o, mucho más alcanzable aún, saberse su historia completa, conocer cuántas veces ha sido ingresado, qué ocurre cuando se queda dormido sin la máscara puesta o por qué no podemos hidratarle la piel con la crema del bote verde.

 

Porque humanizar también puede ser hacer ver a esos papás que pueden irse a desayunar tranquilos, es mirar a María, la mamá de Lucas, después de pasar la noche con la cabeza apoyada en la cama de su hijo y susurrarle “buenos días María, ¿Lucas ha dormido bien?” Humanizar está en nuestra mano con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.

 

¿Qué celebramos?

 

La fecha, 13 de mayo, conmemora la publicación, en 1986, de la Carta Europea de los Derechos del niño hospitalizado en la que se proclaman, entre otros, los siguientes:

 

“Derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales; el ejercicio de este derecho no debe perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación de los tratamientos a los que hay que someter al niño”.

 

“Derecho del niño a una recepción y seguimiento individuales destinándose en la medida de lo posible los mismos enfermeros y auxiliares para dicha recepción y los cuidados necesarios.”

 

Hacemos cumplir estos derechos mucho mejor que hace casi 40 años, cuando fueron plasmados en un papel, cuando los padres venían tan sólo un ratito al día y lejos estaban de involucrarse en los cuidados, y lo haremos mucho mejor dentro de otros 30 cuando, además de nuestra empatía, vayamos acompañados de unas infraestructuras acordes a lo que nuestros pequeños y sus familias necesitan.

 

Mientras tanto, sigamos mejorando, escuchando y cuidando, porque muchos de estos niños nos dejan huellas que no olvidamos a su paso por nuestro hospital, pero nosotros, los profesionales que les acompañamos, también les dejamos la nuestra. Hagamos de este 13 de mayo un día especial a los niños que duermen aquí y recordemos que la infancia no se queda en la puerta al ingresar en un hospital.

Se apaga una luz, nace una vida

Se apaga una luz, nace una vida

Natalia Barrio Forné

04 de mayo de 2025

Un lunes normal, de una semana como otra cualquiera, a veces, se puede convertir en un día para recordar. Siempre se ha dicho que no es cómo se empieza, sino cómo se acaba.

 

El comienzo de esta historia surge en un hospital donde nos dedicamos las 24 horas a atender gestantes y recién nacidos. Este día no difería de otros al inicio de la jornada laboral. Estábamos controlando las evoluciones de los partos de unas embarazadas ingresadas, quienes estaban esperando a conocer a su hijo o hija cuando, de repente, a las 12:33h, se apagó la luz.

 

Durante unos instantes todos nos quedamos quietos, esperando que el generador saltara y supliera las funciones de la red eléctrica, pero tardó unos segundos más de lo habitual y, aunque comenzaron a funcionar todos los monitores y aparatos con normalidad, nos dimos cuenta de que algo no iba del todo bien.

 

Aun así, nuestro trabajo nos reclamaba y teníamos que continuar. Unos minutos más tarde, algunos compañeros empezaron a recibir mensajes de que la luz no se había ido solo en el hospital o en esa calle o en nuestra ciudad, sino que se había ido en toda España. Incrédulos, nos asomamos a la ventana y vimos semáforos sin funcionar, policías controlando el tráfico, comercios sin luz. La información que nos llegaba era cierta.

 

Gracias al generador disponíamos de todos los medios –a diferencia de las personas que estaban fuera del hospital–, pero las dudas comenzaron a aflorar: ¿Cuánto tiempo duraría el apagón de luz?, ¿y cuánto tiempo duraría el generador? ¿Existía la posibilidad de que el gasoil del generador se acabara? Si se acababa, ¿Qué ocurriría?

 

Desde la dirección del hospital nos informaron que la situación se iba a alargar durante varias horas y que no se sabía con exactitud si la capacidad del generador aguantaría el tiempo necesario hasta que se recuperara la luz, por lo que se debía economizar toda la energía que se pudiera. En ese preciso momento, pensamos en la cantidad de maquinaría que se maneja dentro del hospital y que son necesarias para el soporte vital de los pacientes, así como lo imprescindible que es la electricidad para ellos.

 

Por ese motivo, comenzamos  a desenchufar todos los monitores, ordenadores y elementos eléctricos que no utilizábamos, así como todos aquellos que usábamos para ejercer nuestro trabajo pero que podíamos reemplazar por otros medios que no emplearan la luz para su funcionamiento. Solo dejamos conectados aquellos que necesitábamos de forma imprescindible para poder realizar adecuadamente nuestro trabajo.

 

Apagadas todas las luces de los pasillos, del control, de los cuartos de la medicación, del almacén y de todas las dilataciones y paritorios, a partir de ese momento vivimos una situación inusual. Debíamos usar las linternas de nuestros móviles para acceder a las zonas que se habían quedado a oscuras, seguimos controlando a las futuras madres y a sus hijos con la profesionalidad de siempre –pero con métodos más tradicionales– y permanecimos constantemente dentro de la dilatación, al lado de los futuros progenitores, para que no tuvieran que utilizar los timbres de llamada.

 

La vida se abre paso a pesar de las circunstancias y sucedió lo esperable, pues las gestantes estaban a punto de dar a luz –una frase muy llamativa, dada la ausencia de electricidad fuera del hospital–.

 

En esa situación, el ingenio, la experiencia y el conocimiento del medio a la perfección se mezclaron, aportando una gran idea para el parto: situamos a las mujeres embarazadas en las dilataciones-paritorio, que disponen de ventanas, para que parieran allí. De esa manera, utilizamos a nuestro favor la luz del día para prescindir de la luz artificial en ese momento y usarla exclusivamente tras el alumbramiento, para comprobar que todo estaba bien.

 

Horas después, todo volvió a esa normalidad que caracteriza a los lunes. Pero no había sido un comienzo de semana más, todos lo sabíamos. Esta situación nos había dado la posibilidad de ser conscientes, si no lo éramos ya, de lo mucho que dependemos de la electricidad.

 

También aprendimos a agudizar el ingenio, creciéndonos ante la adversidad para priorizar la atención y el bienestar de las personas que estaban a nuestro cargo. Asistimos a las gestantes en la recta final del embarazo y dimos la bienvenida a esos recién nacidos que, aunque llegaron a este mundo en un momento de incertidumbre, sus padres y los profesionales sanitarios que les esperábamos teníamos la seguridad de que todo iba a ir bien.