Podcasting: Elixir de conocimiento en la sociedad de la información

Podcasting: Elixir de conocimiento en la sociedad de la información

Alba Ansó Millán

30 de septiembre de 2025

Como evidencia del cambio a la era de la audificación que estamos atravesando, el 30 de septiembre se celebra el Día Mundial del Pódcast, un medio de comunicación digital que, por mucho que la Generación Z dé por sentado, en realidad, cumple tan solo dos décadas desde su aparición. Es más, la profesionalización de este formato emergente de transmisión de información y conocimiento no adoptó acento español hasta 2016, con la eclosión de Podium Podcast. Su corto período de vida se puede todavía corroborar realizando una consulta online en el diccionario en línea de la Real Academia Española de la Lengua, donde todavía no cuenta con entrada propia. No obstante, la Fundéu se encargó de aclarar y  sistematizar su ortografía a pódcast, con plural invariable.

 

Según datos estadísticos, a lo largo de este 2025 se han indexado aproximadamente 4.57 millones de podcast en el mundo, con una cuota de oyentes que ya en 2024 había alcanzado el medio billón. Se prevé, además, que estas cifras no dejen de aumentar: la estimación es de 26.6 millones de oyentes para 2026, únicamente en España.

 

¿Qué es un pódcast? Transcendiendo su parentesco genético con la radio

 

Este término anglosajón, acuñado por un periodista en un artículo de The Guardian en 2004, es un compuesto derivado del prefijo pod – de iPody del sufijo de la palabra inglesa broadcast, que se puede traducir como emitir o transmitir a través de la televisión o de la radio. Así pues, su vínculo incuestionable con el medio de comunicación sonoro por antonomasia –por lo menos, el que había gozado de serlo hasta la fecha– es evidente ya en su origen etimológico.

 

Sin embargo, el hecho de que el podcasting esté ganando cada vez más voz y presencia en la esfera pública y privada está ligadoprecisamente a sus propiedades más características y a las alternativas que ofrece frente a la radio: contenido a la carta, bajo demanda, accesibilidad (digitalizada, globalizada y, en muchas ocasiones, gratuita), portabilidad (descargable para reproducción offline y escucha sin restricción horaria) y mayor grado de libertad y pluralidad temática.

 

No obstante, uno de sus rasgos más distintivos está ligado a la manera en la que los pódcast son consumidos. Al contrario que las emisoras de radio, que ponen el telón auditivo a muchos viajes familiares, escuchar pódcast es una práctica más íntima, más individual. Según informes basados en muestras de población transnacionales, lo habitual es que las personas escuchen los pódcast en la cama antes de dormir, paseando a sus mascotas o mientras realizan tareas domésticas.

 

El binomio entretenimiento y transmisión que estas píldoras sonoras ofrecen, sumado a las facilidades de accesibilidad, distribución y heterogeneidad de contenido hacen del pódcast la herramienta perfecta para satisfacer las necesidades informativas de lasociedad del conocimiento. Desde productores individuales independientes, hasta revistas científicas de renombre a escala mundial como Nature, el podcasting es la apuesta actual para la transferencia de saberes multidisciplinares a amplias audiencias con un alcance global. Todo tipo de temáticas tienen cabida en este mundo principalmente sonoro: desde el argot lingüístico, hasta el ámbito jurídico, pasando por la neurociencia de la meditación, el sector del emprendimiento, la toxicología o la nutrición deportiva.

 

Ductilidad y utilidad más allá de su contenido: Vías de aplicación que están siendo exploradas, y que quedan por explorar

 

El abanico de posibilidades temáticas del podcasting y su buena recepción mundial se traduce en que cada vez sea más evidente la penetración de estas píldoras sonoras en distintas áreas –profesionales, académicas y científicas– y con distintos fines.

 

En este sentido, el uso de los pódcast, por ejemplo, en el ámbito educativo ya se está llevando a la práctica, modernizando los métodos de enseñanza tradicionales. Su explotación no solo contribuye a fomentar el aprendizaje, sino también la motivación y la autonomía del estudiante, además de impulsar la comprensión oral –una pieza especialmente importante en cualquier puzle de adquisición de segundas lenguas.

 

Sin embargo, a pesar de que los pódcast estén ganando terreno gradualmente como objeto de estudio, todavía quedan muchos ángulos de investigación que iluminar con el propósito de explotar los numerosos beneficios que estas cápsulas aportan. Una vía que merece ser transitada es la de su utilización en las aulas como vehículo de alfabetización, por ejemplo, en salud. Los pódcast, más allá de sus ventajas como medio de entretenimiento, se caracterizan por su potencial para comunicar retos informativos,como se vió durante la pandemia del COVID-19 en España. Es por ello que se están empezando a llevar a cabo proyectos innovadores que apuestan por introducir pódcast en el aula de secundaria para frenar desórdenes informativos, como la desinformación sobre el consumo de sustancias ilícitas. No obstante, para velar por que el conocimiento experto sea transmitido a la sociedad de manera eficaz en este medio auditivo –que cuenta con audiencias tan plurales en gustos, experiencias y niveles de conocimiento– es esencial impulsar más estudios lingüísticos. Hace falta arrojar luz sobre los mecanismos y estrategias discursivas para captar oyentes y garantizar una comunicación clara, fidedigna y para todos los públicos.

 

Conclusión

 

Como resultado de la evolución y la adaptación de los medios de comunicación tradicionales a los nuevos ritmos de vida y exigencias sociales, los pódcast han surgido como una alternativa que otorga libertad y poder de elección al oyente. Escuchar no ocupa lugar y los pódcast permiten elegir qué saber consumimos, cuándo y cómo. Sin apenas barreras físicas o temporales, el podcasting posibilita acercar a un público general y global conocimiento experto e información rigurosa de manera atractiva y accesible, contribuyendo a la alfabetización holística de la sociedad.

La salud mental de las personas sordas: Más allá del silencio

La salud mental de las personas sordas: Más allá del silencio

Raúl Torrent Cebrián

27 de septiembre de 2025

Cuando hablamos sobre salud, solemos pensar en médicos, tratamientos u hospitales. Pero pocas veces pensamos en algo más básico, algo que marca la diferencia entre recibir una atención de calidad o, por el contrario, ser invisible durante el proceso. Esa clave olvidada es la comunicación, pero para quienes somos personas sordas, poder expresarnos en nuestra lengua, la lengua de signos, es lo que nos permite cuidarnos. Sin acceso a ella, la salud se convierte en un camino lleno de barreras.

 

La Semana Internacional de las Personas Sordas, que se celebra cada año en la última semana completa de septiembre desde 1958, impulsada por la Federación Mundial de las Personas Sordas (WFD), nos invita a celebrar, concienciar y actuar para garantizar nuestros derechos. Este año, bajo el lema “No hay derechos humanos sin derechos de la lengua de signos”, defendemos que sin lengua de signos no hay igualdad, ni salud, ni derechos humanos plenos. En España, existe la Ley 27/2007 que reconoce la lengua de signos española y catalana y el derecho a usarlas. No obstante, las personas sordas continuamos experimentando barreras como citas médicas sin intérprete, consentimientos informados que se firman sin comprender o urgencias donde “ya nos apañamos leyendo los labios”.

 

Como persona sorda y estudiante de Enfermería, he vivido en primera persona lo que significa estar en una consulta y no entender lo que te dice el profesional sanitario. No se trata solo de palabras, sino se trata de saber que tu salud importa y que eres parte activa de tu propio cuidado. Un fallo en la comunicación puede significar tomar mal una medicación, no entender un diagnóstico o abandonar un tratamiento necesario; pero no solo eso, además de perder información, también se pierde la confianza, la seguridad y, en definitiva, el vínculo con el profesional. Cuando no entiendes lo que ocurre a tu alrededor, puedes llegar a sentirte invisible, como si no tuvieras el mismo derecho que el resto de pacientes a comprender lo que pasa con tu cuerpo y con tu mente. Incluso puede normalizarse esa situación, como si fuera inevitable. Esa resignación es la más dañina, porque transforma una injusticia en costumbre.

 

Salud mental y accesibilidad

En salud mental, estas barreras pesan todavía más, dado que en este ámbito la comunicación clara, la escucha activa y el establecimiento de relaciones de confianza son vitales. Si ese puente se rompe, el riesgo de incomprensión, abandono o recaídas se multiplica. Aun así, sigue siendo habitual pensar que “leer los labios es suficiente” o que “un familiar puede hacer de intérprete”. Recuerdo la frase de un joven sordo antes de quitarse la vida: “La comunicación es valiosa en nuestras vidas. El lenguaje es un código de amor”. Su historia refleja cómo la falta de acceso a la lengua de signos, incluso dentro de su propia familia, puede ser un factor devastador.

 

La OMS, en su Plan de Acción Integral de Salud Mental 2013-2030, sostiene que la salud mental es inseparable de la salud física y que la comunicación terapéutica es un pilar esencial de la atención segura. Si el canal falla, falla también la relación clínica, se malinterpretan síntomas, se infravaloran riesgos, se ofrecen pautas que no se entienden y aumenta el sufrimiento.

 

La sordera es una discapacidad invisible y, aunque no se nota a simple vista, condiciona la vida diaria con barreras constantes. A primera vista podemos parecer iguales, pero nuestra experiencia cotidiana es muy diferente. La sordera no es solo un “defecto en los oídos”; es una forma distinta de estar en el mundo, con una identidad y una cultura propia, en la que nos relacionamos día a día de forma diferente a quienes no tienen discapacidad auditiva. La verdadera discapacidad no es la sordera, sino las barreras que la sociedad nos impone al negar la accesibilidad.

 

En el ámbito de la salud mental, esta realidad se intensifica. La mayoría de profesionales desconocen la cultura sorda y la lengua de signos, lo que limita la calidad de los tratamientos y genera desconfianza. A día de hoy, existen muy pocos profesionales de salud mental sordos signantes, con listas de espera interminables, mientras que la demanda crece cada día. La necesidad es enorme, los recursos mínimos. Y esa desigualdad tiene un impacto directo en nuestra salud mental y en nuestras posibilidades de recuperación.

 

Rompiendo mitos

La desinformación refuerza los prejuicios y mantiene ideas equivocadas sobre lo que significa ser una persona sorda. Estas falsas creencias tienen consecuencias reales en nuestra salud y en nuestra vida cotidiana. Algunos ejemplos que escucho con frecuencia son:

“Las personas sordas son sordomudas”. Falso. La mudez es una afección de las cuerdas vocales. Muchas personas sordas no usamos la voz porque no es nuestra vía natural de comunicación; tenemos una lengua propia que nos permite expresarnos con facilidad y plena riqueza. Sin embargo, al no escucharnos hablar, mucha gente sigue asumiendo erróneamente que somos mudos.

– “La lengua de signos es universal”. Cada país tiene su propia lengua de signos, con gramática y cultura propia. En España, existen la lengua de signos española (LSE) y la catalana (LSC). Además, dentro de la LSE, en cada comunidad autónoma pueden encontrarse variaciones o “acentos”, igual que ocurre en la lengua oral.

– “Si llevas audífono o implante, ya oyes como los demás”. No. Las prótesis auditivas no borran la sordera ni eliminan la necesidad de apoyos comunicativos. Cada persona es distinta y el uso de audífonos o implantes no garantiza una audición completa.

– “La lengua de signos es un obstáculo, es mejor forzar la oralidad”. La LSE no es un obstáculo, es un puente que aporta identidad, pertenencia y bienestar, y convive perfectamente con otras modalidades de comunicación.

“Un familiar puede interpretar”. No. Usar familiares como intérpretes compromete la confidencialidad y la precisión clínica. La solución adecuada son intérpretes profesionales o servicios de video-interpretación de calidad.

 

Más allá de una semana

La Semana Internacional de las Personas Sordas es un recordatorio de todo lo que queda por hacer, pero también una oportunidad para demostrar que vivir con calidad es posible cuando la accesibilidad se garantiza. En mi día a día como persona sorda, he aprendido a buscar apoyos, a usar la lengua de signos como mi herramienta principal y a apoyarme en intérpretes o recursos para poder participar en igualdad. Estas soluciones no son lujos, son puentes que me permiten estudiar, cuidar mi salud y construir un futuro en el que la sordera no sea una limitación.

La accesibilidad no es un favor, es lo que nos permite que todas las personas sordas podamos tomar decisiones, cuidar nuestra salud y sentir que importamos. Porque la lengua de signos también es salud. Y la salud, sin accesibilidad, no es salud para todas las personas.

 

 

El farmacéutico hoy: Más allá de la dispensación

El farmacéutico hoy: Más allá de la dispensación

María José Carrasco López y Guillermo Hernández de Abajo

25 de septiembre de 2025

El farmacéutico representa una de las figuras más discretas y, paradójicamente, más indispensables dentro del entramado sanitario contemporáneo. Su accesibilidad inmediata, sin necesidad de cita previa ni largas listas de espera, lo convierte en el profesional al que la ciudadanía acude con mayor frecuencia para resolver dudas inmediatas: desde el modo correcto de administración de un medicamento hasta cuestiones de autocuidado que, por pudor o por falta de tiempo, no se trasladan a la consulta médica. Como señala la Federación Internacional Farmacéutica (FIP, 2022), la proximidad del farmacéutico lo convierte en el agente de salud más cercano a la población. Sin embargo, esa misma cercanía suele interpretarse con cierta ligereza, como si la accesibilidad restara valor a su papel profesional en una sociedad cada vez más saturada de información digitalizada.

 

La vertiente comunitaria del farmacéutico se enmarca en un modelo de carácter concesional: el número y la ubicación de las oficinas de farmacia están estrictamente regulados por ley, en particular por la Ley 16/1997, de 25 de abril, de Regulación de Servicios de las Oficinas de Farmacia, que establece su régimen de prestación y funcionamiento. Este sistema configura un cuasi-monopolio territorial protegido tanto por la normativa estatal como por las asociaciones colegiales. A su vez, el marco general que regula la autorización, registro, dispensación y control de los medicamentos está fijado en el Real Decreto Legislativo 1/2015, de 24 de julio, que refunde la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Estos textos normativos aseguran estabilidad económica a los titulares de farmacias y, al mismo tiempo, garantizan la cobertura farmacológica de la población en su conjunto, incluso en áreas rurales o localidades remotas donde no existe presencia médica permanente. Desde la perspectiva del Estado, la farmacia comunitaria actúa como un aliado logístico estratégico, ya que permite garantizar la distribución de medicamentos sin necesidad de sostener directamente los costes de salarios ni de infraestructuras, a diferencia de lo que ocurre con médicos o enfermeras.

 

Pese a ello, los farmacéuticos comunitarios reivindican una mayor integración en el sistema sanitario, aspiración que se enfrenta a resistencias políticas e institucionales, así como a recelos de otros profesionales que perciben una posible invasión de competencias. En consecuencia, las reformas que actualmente afectan a la farmacia comunitaria suelen ser incrementales, es decir no modifican el fondo de la cuestión y son de carácter puntual, receta electrónica, programas de cribado, campañas de vacunación, en lugar de transformaciones estructurales que redefinan su rol clínico.

 

Más allá de la dispensación, la profesión desempeña una función crucial en la seguridad y el uso racional del medicamento. La Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional Farmacéutica (2006) subrayan que el farmacéutico constituye una pieza esencial en la prevención de errores terapéuticos y en la mejora de la adherencia a los tratamientos, lo cual adquiere especial relevancia en pacientes crónicos y polimedicados.

 

El farmacéutico también se erige como un agente de salud pública, implicado en campañas de vacunación, programas de detección precoz de patologías y actividades de educación sanitaria que lo consolidan como un centinela de la comunidad. La FIP (2017) insiste en que la farmacia comunitaria constituye un pilar estratégico frente a las inequidades en salud, aunque persiste una percepción social reduccionista que lo identifica únicamente con la dispensación de cajas de medicamentos.

 

La dimensión clínica de la profesión se encuentra cada vez más consolidada en distintos países y abarca funciones como la prescripción colaborativa, la conciliación de tratamientos y el seguimiento farmacoterapéutico. En España, sin embargo, estas competencias se reconocen aún de manera limitada, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia una integración real del farmacéutico en los equipos multidisciplinares de salud.

 

En el ámbito hospitalario, su papel se amplía notablemente. Más allá de la logística del medicamento, el farmacéutico hospitalario actúa como intérprete experto de los resultados bioquímicos, traduciéndolos en recomendaciones terapéuticas concretas y garantizando así la seguridad del paciente en contextos clínicos complejos. Esta capacidad de mediación entre el dato analítico y la decisión terapéutica lo sitúa como actor indispensable en la medicina personalizada contemporánea. A ello se añade su contribución en la vanguardia tecnológica: de la receta electrónica a la teleasistencia, del análisis de big data a la farmacogenómica, el farmacéutico participa activamente en terapias avanzadas y en la consolidación de la medicina de precisión.

 

Todo este entramado se sostiene sobre un compromiso ético ineludible. El farmacéutico asume la responsabilidad de garantizar el uso racional y seguro de los medicamentos, de promover el acceso equitativo a los tratamientos, de respetar la confidencialidad y la autonomía del paciente, de mantener su independencia frente a intereses comerciales y de fomentar la educación sanitaria y la prevención de enfermedades.

 

En definitiva, la sociedad demanda al farmacéutico un rol multifacético: clínico, científico, educador, tecnólogo y guardián ético, aunque bajo la apariencia de una tarea rutinaria. Esta paradoja, que exige mucho y reconoce poco, es quizás la ironía más sutil de la profesión farmacéutica.

 

En consecuencia, la integración plena del farmacéutico en la práctica clínica no puede seguir siendo un recurso retórico en los programas políticos, sino una decisión urgente y efectiva. Postergar este reconocimiento implica desaprovechar un capital humano altamente cualificado, formado y accesible, capaz de mejorar la seguridad de los tratamientos, la eficiencia del sistema y la calidad de vida de los pacientes.

El deporte universitario: Una herramienta de salud a nuestro alcance

El deporte universitario: Una herramienta de salud a nuestro alcance

Alberto Calleja-Romero

18 de septiembre de 2025

El 20 de septiembre se celebra el Día Internacional del Deporte Universitario, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de integrar la actividad física en la vida académica. No se trata solo de competir o mantenerse en forma, sino que hablamos de un recurso de salud pública muy a tener en cuenta, especialmente en un momento en el que la salud mental del estudiantado se encuentra en el punto de mira.

 

La evidencia científica es clara: la Organización Mundial de la Salud, tras revisar la globalidad de estudios publicados en este ámbito recomienda, al menos, 150 minutos semanales de actividad física moderada para las personas adultas. Sin embargo, en el entorno universitario este consejo adquiere un peso mayor, ya que la presión académica, la incertidumbre por el futuro y, en muchos casos, la soledad percibida, generan un caldo de cultivo para la ansiedad y la depresión. De hecho, en un estudio con más de mil estudiantes en Aragón se detectó que un 23,6% sufría síntomas de ansiedad y un 18,4% de depresión. Más aún, otros trabajos muestran que, según la muestra y el contexto, las prevalencias pueden ser incluso más altas. Una revisión sistemática estima que alrededor de un tercio del estudiantado universitario presenta síntomas relevantes de ansiedad.

 

Frente a este panorama, el deporte se revela como una de las intervenciones más accesibles y eficaces. No hablamos únicamente del sistema cardiovascular o de los músculos, el ejercicio regula neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, todos ellos vinculados al bienestar emocional. Además, se ha demostrado que incrementa los niveles de BDNF, una proteína clave en la plasticidad cerebral y la prevención de trastornos depresivos.

 

En el contexto universitario, los datos refuerzan esta relación entre el deporte y la salud mental: un estudio mostró que el estudiantado universitario que participaba de manera activa en actividades deportivas mostró una menor prevalencia de depresión y mejores hábitos de salud que sus compañeros y compañeras no deportistas. Más allá de los números, lo que se observa es un círculo virtuoso: más deporte significa más bienestar, mejor rendimiento académico y mayor cohesión social.

 

La Universidad de Zaragoza constituye un ejemplo cercano y tangible. Su Servicio de Actividades Deportivas no se limita a ofrecer el uso libre de instalaciones deportivas, sino que impulsa programas para toda la comunidad: desde el estudiantado y el personal universitario hasta mayores de 55 años, que encuentran en la práctica física un medio de socialización y salud. Además, la institución ha sido reconocida en varias ocasiones con la medalla de oro de la iniciativa internacional Exercise is Medicine, que distingue a los campus comprometidos en promover la actividad física como herramienta de prevención y tratamiento de enfermedades.

 

No obstante, queda camino por recorrer. No se trata solo de disponer de instalaciones y organizar actividades deportivas, sino también de garantizar la inclusión de todos los colectivos: desde quienes se sienten menos hábiles físicamente hasta quienes, por motivos de identidad o discriminación, encuentran barreras adicionales.

 

En definitiva, el deporte universitario no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad. No solo previene enfermedades cardiovasculares o metabólicas, también se posiciona como una herramienta de prevención real frente a la ansiedad, la depresión y el estrés. Reconocerlo y potenciarlo es apostar por una universidad más saludable, que entienda que la formación integral del estudiantado universitario debe combinar lo académico con el desarrollo de otras competencias y habilidades que se tienen que adquirir fuera del aula.

La fisioterapia del siglo XXI: una disciplina en plena transformación

La fisioterapia del siglo XXI: Una disciplina en plena transformación

Sandra Calvo

08 de septiembre de 2025

El 8 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia, una fecha que cada año invita a reflexionar sobre la importancia de esta profesión y sobre cómo ha evolucionado en tiempos recientes. Durante décadas, gran parte de la sociedad identificó la fisioterapia casi exclusivamente con los masajes o con la recuperación después de una lesión deportiva. Sin embargo, la realidad actual es mucho más amplia y compleja: hoy la fisioterapia es una disciplina sanitaria con base científica, con un papel cada vez mayor en la prevención de enfermedades, en la mejora de la calidad de vida de pacientes crónicos y en la incorporación de innovaciones tecnológicas que están cambiando radicalmente la manera de entender el cuidado de la salud.

 

Uno de los cambios más notables de los últimos años es la ampliación del campo de acción. Tradicionalmente, el fisioterapeuta entraba en escena cuando el paciente ya había sufrido una lesión, una operación o una fractura. La misión principal era la rehabilitación: devolver movilidad, fuerza y funcionalidad. Esa función sigue siendo vital, pero hoy la fisioterapia ha asumido un rol también preventivo. Cada vez con más frecuencia los profesionales diseñan programas de ejercicio terapéutico orientados a evitar recaídas, trabajan en la prevención del dolor crónico y colaboran en campañas de salud pública para fomentar el ejercicio terapéutico en poblaciones vulnerables o en situación de cronicidad. La idea es clara: la fisioterapia se ha convertido en una herramienta estratégica en el manejo de patologías crónicas como la artrosis, o incluso en oncología.

 

La consolidación de la investigación científica ha sido otro de los motores de avance. La fisioterapia ya no se apoya únicamente en la experiencia clínica de sus profesionales, sino en una sólida base de estudios, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas con metaanálisis que avalan las intervenciones. Grupos de investigación de Universidades e Institutos de Investigación de todo el mundo han multiplicado las publicaciones sobre ejercicio terapéutico, fisioterapia respiratoria, técnicas invasivas o intervenciones manuales, situando a la disciplina en el mismo nivel de exigencia científica que otras profesiones sanitarias. Esta transición hacia una práctica basada en la evidencia ha fortalecido el reconocimiento de la fisioterapia como ciencia, consolidando su credibilidad y rigor.

 

El avance tecnológico ha sido otro gran protagonista en esta transformación. La pandemia de COVID-19 aceleró la implantación de la tele-rehabilitación, un recurso que permite que muchos pacientes puedan realizar sus ejercicios de recuperación desde casa, con la supervisión remota de su fisioterapeuta. En paralelo, herramientas como la realidad virtual convierten la rehabilitación en un proceso más interactivo y motivador. La robótica aplicada a la rehabilitación y el uso de sensores portátiles, capaces de medir la marcha, la postura o la fuerza, permite personalizar y objetivar los tratamientos. Todo ello no sustituye al profesional, pero amplía su arsenal de herramientas y posibilita intervenciones más precisas.

 

Al mismo tiempo, la fisioterapia ha conquistado nuevos espacios que hasta hace poco parecían lejanos. Hoy encontramos fisioterapeutas trabajando en oncología para ayudar a los pacientes a reducir la fatiga, prevenir la pérdida de masa muscular y mejorar su movilidad. También tienen un papel clave en la salud mental, abordando el dolor crónico, la ansiedad y la depresión desde una perspectiva integradora que conecta cuerpo y mente. En geriatría, los programas de ejercicio diseñados por fisioterapeutas se han demostrado fundamentales para prevenir caídas, mantener la autonomía y mejorar la calidad de vida en personas mayores. Y en el deporte, tanto profesional como amateur, la fisioterapia ha pasado de ser una herramienta de recuperación tras la lesión a convertirse en un recurso para co-diseñar programas de prevención personalizados junto a otros profesionales.

 

Este abanico creciente de áreas de actuación está vinculado a un cambio de enfoque profundo que lleva años desarrollándose: el paso del modelo biomédico tradicional al modelo biopsicosocial. En otras palabras, la fisioterapia contemporánea entiende que el dolor y la discapacidad no se explican únicamente por factores físicos, sino también por variables psicológicas, como el miedo al movimiento o la ansiedad ante el dolor, y sociales, como el entorno laboral o familiar. Hoy el fisioterapeuta no solo trabaja músculos y articulaciones, sino que también escucha, educa y acompaña al paciente. Estrategias como la educación en neurociencia del dolor, las técnicas de autocuidado o cultivar la autoeficacia son parte esencial de la práctica clínica diaria. Se trata de devolver no solo movimiento, sino también confianza y autonomía.

 

A pesar de estos avances, los retos siguen siendo numerosos. Uno de ellos es la accesibilidad: no todos los pacientes pueden beneficiarse de programas de fisioterapia de calidad, especialmente en regiones con menos recursos o en sistemas de salud saturados. Otro desafío es el reconocimiento profesional: lograr las especialidades en Fisioterapia. También el envejecimiento poblacional plantea una presión creciente: a medida que las personas viven más años, aumenta la necesidad de intervenciones que mantengan la independencia funcional. Y no hay que olvidar la importancia de la formación continua, ya que el fisioterapeuta del siglo XXI necesita actualizarse constantemente para integrar nuevas tecnologías y avances científicos.

 

El Día Mundial de la Fisioterapia, promovido por la Confederación Mundial de Fisioterapia, es una ocasión para visibilizar estos avances y desafíos. El objetivo es claro: recordar que la fisioterapia no es un lujo, sino un recurso esencial para mejorar la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo.

 

En definitiva, la fisioterapia ha dejado de ser vista únicamente como una herramienta de rehabilitación. Hoy es una disciplina científica, tecnológica y profundamente humana, capaz de acompañar a las personas en casi todas las etapas de la vida y en un sinfín de situaciones clínicas. En un mundo cada vez más sedentario, envejecido y aquejado de enfermedades crónicas, la fisioterapia se presenta como una aliada imprescindible. Su mensaje central podría resumirse en una sencilla verdad: el movimiento es salud.

 

Este 8 de septiembre, cuando celebremos el Día Mundial de la Fisioterapia, conviene reconocer el esfuerzo de miles de profesionales que trabajan cada día para devolvernos algo tan valioso como la capacidad de movernos, prevenir la enfermedad y vivir con calidad. Porque en cada paso, en cada gesto y en cada respiración, la fisioterapia nos recuerda que cuidar del cuerpo es también cuidar de la vida.

Ciencia y excelencia para transformar el cuidado en hospitales y universidades

Ciencia y excelencia para transformar el cuidado en hospitales y universidades

Raúl Soto Cámara y Laura Alonso Martínez

30 de junio de 2025

Los Centros Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO® por su nombre en inglés) son un programa internacional de la prestigiosa Registered Nurses’ Association of Ontario (RNAO). Esta organización, que representa a las enfermeras registradas y estudiantes de enfermería de Ontario, está liderada desde 1996 por la Dra. Doris Grinspun, su directora ejecutiva, reconocida por su incansable labor en defensa de la política pública en salud y el papel de la profesión enfermera.

 

Este programa, presente en instituciones de todo el mundo, tiene en España la coordinación nacional de los centros asistenciales en Investén-ISCIII, la Unidad de Investigación en Cuidados del Instituto de Salud Carlos III. En él, los centros candidatos implementan durante tres años las Guías de Buenas Prácticas (GBPs) desarrolladas por la RNAO, en un proceso tutorizado que culmina en una fase de sostenibilidad y evaluación continua.

 

Por ejemplo, la experiencia del Sector Zaragoza III, recientemente acreditado como Centro Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO®), demuestra el potencial transformador del programa. Más de 200 profesionales trabajaron entre 2022 y 2024 en la implementación de guías sobre salud mental, ostomías y lactancia materna, generando cambios estructurales y formativos. Este caso ilustra cómo la evidencia científica basada en guías actualizadas puede integrarse con éxito en la práctica asistencial, con impacto directo sobre la calidad de los cuidados y la seguridad de los pacientes.

 

En este contexto, la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Burgos (UBU) ha dado un paso histórico al convertirse en la primera institución académica española en ser designada como candidata a Centro Comprometido con la Excelencia en Cuidados (CCEC® / BPSO® Académico) por la RNAO. Este proceso de candidatura es acompañado por la Dra. Doris Grinspun y el Host Académico bajo la dirección de la Dra. Amalia Silva. Como afirman estas expertas, estos programas buscan la transformación profunda, medible y colectiva de la cultura del cuidado y exigen un compromiso con la actualización del conocimiento, el pensamiento crítico y la colaboración estrecha entre el ámbito académico y los centros asistenciales. Además, subrayan el papel de la enfermería como motor de cambio multidisciplinar, que involucra a médicos, farmacéuticos, técnicos, pacientes, familiares y otros profesionales en un esfuerzo conjunto por mejorar la calidad de los cuidados.

 

Este reconocimiento, más allá de un símbolo institucional, refleja una apuesta clara: formar profesionales y estudiantes sanitarios con base en evidencia científica actualizada, mediante la implementación de las Guías de Buenas Prácticas (BPGs) desarrolladas por la RNAO. Estos programas refuerzan el vínculo entre universidad y sistema sanitario, e impulsan un modelo donde el conocimiento sustituya a la ideología en las decisiones clínicas.

 

El programa no solo fortalecerá la formación universitaria, sino que impactará directamente en la calidad de los cuidados prestados a toda la sociedad. En un contexto donde la desinformación en salud representa una amenaza creciente, iniciativas como esta reivindican el valor del conocimiento riguroso y la práctica clínica basada en la evidencia.

 

La excelencia en cuidados no es una utopía, es una responsabilidad. Desde la Universidad de Burgos, el sector académico también comienza a caminar con paso firme hacia ella.