La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente
María Teresa Fernández Rodrigo
17 de septiembre de 2025
La seguridad, según la Real Academia Española de la Lengua, se define como “la cualidad de estar libre de peligro o la imposibilidad de fallo”. En el ámbito sanitario, el concepto de seguridad del paciente se refiere a “la ausencia de daños prevenibles durante la atención, así como a la reducción del riesgo de producir perjuicios innecesarios hasta un nivel considerado aceptable”.
Cada 17 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. En 2025, el lema escogido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es “Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños”, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de garantizar una atención libre de daños desde el inicio de la vida y promover medidas específicas en el ámbito pediátrico y neonatal.
La literatura científica ha mostrado que la vulnerabilidad de los pacientes pediátricos incrementa la probabilidad de sufrir errores o eventos adversos, especialmente en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Los incidentes más reportados en este contexto incluyen errores de medicación —también en nutrición—, fallos en el tratamiento, problemas de identificación del paciente y complicaciones durante procedimientos diagnósticos. Identificar las causas de estos errores y diseñar estrategias eficaces para evitarlos constituye un desafío central para los sistemas de salud.
En este proceso, las instituciones sanitarias desempeñan un papel fundamental. Detectar errores internos, implementar programas de mejora y promover una cultura organizativa orientada a la seguridad resulta imprescindible. Sin embargo, existe un factor que merece especial atención: la participación activa del paciente y sus familias.
Alfabetización en salud: más que información, una herramienta de seguridad
La alfabetización en salud se reconoce hoy como un elemento clave en la seguridad del paciente. No se limita a la capacidad de leer información médica, sino que abarca la comprensión, la evaluación crítica e incluso la posibilidad de cuestionar indicaciones clínicas.
Diversos estudios han demostrado que la ausencia de estrategias de comunicación adaptadas al nivel de alfabetización de pacientes y familias puede derivar en errores graves. Confusiones en los nombres de medicamentos, instrucciones poco claras, múltiples indicaciones contradictorias o dificultades para comprender el alta médica, son situaciones que incrementan el riesgo de incidentes. Estas barreras afectan especialmente a la población pediátrica, donde la seguridad depende de la correcta actuación de padres o cuidadores.
Por el contrario, cuando los pacientes y sus familias alcanzan un nivel adecuado de alfabetización en salud, aumenta su disposición a participar de forma activa: formulan preguntas, verifican información sobre medicamentos o procedimientos y, en algunos casos, llegan a detectar errores antes de que ocurran. Así, la alfabetización en salud se convierte en un mecanismo protectorque transforma al paciente en un agente corresponsable de su seguridad.
El rol de las instituciones: hacia organizaciones alfabetizadas en salud
Las instituciones sanitarias tienen la responsabilidad de facilitar esta participación. El concepto de health literate organizationshace referencia a aquellas que se esfuerzan por comunicar de manera clara, accesible y adaptada a cada persona. Estrategias como el uso de lenguaje sencillo, apoyos visuales, el método teach-back (solicitar al paciente que repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o el diseño de guías y listas de verificación para pacientes y familias han demostrado reducir errores de medicación y mejorar la adherencia a los tratamientos.
Alfabetización en salud en España
En España, se ha constituido una red de profesionales y organizaciones que promueven la alfabetización en salud, integrando a pacientes, ciudadanía, profesionales y gestores sanitarios. Aunque aún no existen hospitales oficialmente reconocidos como “health literate organizations”, algunas instituciones ya desarrollan proyectos para medir el nivel de alfabetización de pacientes y personal, además de programas de educación sanitaria destinados a familias.
Los estudios realizados en nuestro país indican que la alfabetización en salud está influida por factores como la edad, la presencia de enfermedades crónicas, el nivel educativo, la situación social y la percepción subjetiva de la propia salud. Se ha observado que las personas con menor nivel de alfabetización presentan mayor riesgo de sufrir eventos adversos, sobre todo aquellas con bajo nivel educativo, percepción negativa de su estado de salud, ausencia de ejercicio físico y escasa red de apoyo social.
Conclusión
La alfabetización en salud no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la seguridad del paciente. Promoverla significa empoderar a las personas para que participen de forma informada en su cuidado, reducir la incidencia de eventos adversos prevenibles y avanzar hacia un modelo de atención más seguro, equitativo y centrado en el paciente. Generar una cultura sanitaria basada en información contrastada y accesible no solo fortalece la autonomía individual, sino que también refuerza la seguridad en el sistema sanitario en su conjunto.

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