¿Cuándo debo tomar un protector de estómago?
Silvia Espina Cadena
29 de mayo de 2025
Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son medicamentos ampliamente utilizados para bloquear la secreción ácida del estómago. Su uso ha mejorado el manejo de la enfermedad péptica ácida, disminuyendo el número de complicaciones, más aún en la era actual con el envejecimiento de la población y la asociación de medicación antiagregante y/o anticoagulante. Sin embargo,su uso indiscriminado como protector en pacientes que consumen otros fármacos no gastrolesivos, ha alertado a las sociedades científicas para limitar su uso ante la aparición de efectos adversos asociados a su consumo crónico.
En el último informe del Ministerio de Consumo sobre productos farmacéuticos (2023) se observó que, el subgrupo de mayor consumo en número de envases, fue el de los “Antiulcerosos: Inhibidores de la bomba de protones”, que representó un 6,5% del total. Este subgrupo tuvo una elevada Dosis por Habitante y Día (DHD), parámetro que proporciona la estimación de cuántas personas de cada 1.000 están recibiendo al día una Dosis Diaria. En 2022, la DHD de este subgrupo fue de 134.1, es decir, aproximadamente 1 de cada 10 personas tomaba IBP a diario. De los IBP disponibles en el mercado, el Omeprazol fue el más consumido con el 71% sobre el total del subgrupo, siendo el segundo principio activo que mayor número de envases facturó por detrás del Paracetamol.
Las principales indicaciones de tratamiento con IBP a largo plazo son:
Enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE): En pacientes con síntomas graves, como esofagitis grave o esófago de Barrett, se recomienda IBP a largo plazo. En casos menos graves, se deben priorizar medidas higiénico-dietéticas para evitar la dependencia del medicamento.
Esofagitis eosinofílica: Si el IBP demuestra ser eficaz, se debe mantener a la mínima dosis efectiva.
Úlceras gastroduodenales: En pacientes con úlceras sin causa aparente (Helicobacter pylori negativo o sin consumo de fármacos gastrolesivos), se recomienda IBP a largo plazo. También se indica en pacientes que consumen medicamentos gastrolesivos como antiinflamatorios, ácido acetilsalicílico (AAS) o anticoagulantes.
Factores de riesgo combinados: En pacientes mayores que toman medicamentos gastrolesivos junto con otros potenciadores como corticoides o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), se debe iniciar tratamiento prolongado con IBP.
Dispepsia funcional: En pacientes con dolor epigástrico funcional que mejora con IBP, se puede mantener el tratamiento a largo plazo, siempre a la mínima dosis efectiva y con periodos de suspensión terapéutica.
Síndrome de Zollinger-Ellison: Es un síndrome de hipersecreción ácida en el que el tratamiento es el IBP a largo plazo.
Hay otra serie de indicaciones establecidas de tratamiento con IBP, en el que su uso es a corto plazo (como la terapia erradicadora del Helicobacter pylori, o la profilaxis de úlceras de estrés en pacientes graves ingresados en cuidados intensivos).
Sin embargo, aproximadamente, un 50% de la prescripción de IBP es inadecuada en cuanto a la indicación, dosificación o duración del tratamiento. En España su prescripción es un 70% superior a la media europea, mayoritariamente relacionada con la prescripción inadecuada en individuos con bajo o nulo riesgo, es decir, la gastroprotección en pacientes que no toman fármacos dañinos para la mucosa gástrica como antibióticos, corticoides o ISRS en monoterapia, o consumidores de antiinflamatorios, AAS o anticoagulantes en pacientes jóvenes (<65 años). Otros factores que influyen en la prescripción inadecuada es la disponibilidad de IBP genéricos sin receta a bajo precio en las oficinas de farmacia.
Desde las principales sociedades científicas, se está intentando difundir los riesgos asociados al consumo crónico de IBP para que los pacientes sean conocedores de que cualquier fármaco tiene unos potenciales efectos adversos y, aunque los IBP tienen un adecuado perfil de seguridad, su uso crónico se ha asociado a los siguientes efectos adversos, principalmente en pacientes de edad avanzada:
Mayor riesgo de infecciones, como colitis por Clostridium difficile y peritonitis bacteriana espontánea en pacientes con cirrosis hepática. También se ha sugerido una posible relación con neumonía adquirida en la comunidad, aunque esta asociación es dudosa.
Menor absorción de vitaminas y minerales, como el calcio, magnesio, vitamina B12 y hierro. En pacientes que toman dosis altas de IBP o que asocian factores de riesgo para el déficit vitamínico (edad avanzada, desnutrición, diuréticos, cirugías previas, etc.) se deberían monitorizar los niveles periódicamente y suplementar en caso de deficiencia.
Fracturas óseas: en marzo de 2012, la AEMPS emitió un informe en el que concluía que los IBP se asocian a un incremento moderado del riesgo de fracturas óseas (vertebrales, de cadera y de muñeca), particularmente cuando se utilizan durante períodos prolongados, a dosis elevadas y en personas de edad avanzada o con factores de riesgo. El uso de IBP podría aumentar el riesgo de fractura, pero no está asociado con la pérdida acelerada de densidad mineral ósea.
Enfermedad renal crónica: existe un pequeño aumento del riesgo de enfermedad renal crónica en los usuarios de IBP a largo plazo, probablemente como resultado de una nefritis intersticial aguda no diagnosticada o residual inducida por el IBP.
Demencia: No se ha encontrado evidencia de asociación entre el uso de IBP y el desarrollo de demencia.
Cáncer y otras enfermedades malignas: no hay una asociación entre el uso de IBP y de cáncer gástrico o condiciones premalignas. Tampoco de otros tumores a nivel digestivo (cáncer de esófago, colon o pancreático).
En conclusión, los IBP son herramientas valiosas cuando se utilizan correctamente, pero su uso indiscriminado puede ser perjudicial. Es esencial que los pacientes consulten con su médico especialista para evaluar la necesidad, dosis y duración del tratamiento, evitando riesgos innecesarios. La automedicación puede comprometer la salud, por lo que siempre debe priorizarse el asesoramiento profesional. Las sociedades científicas continúan difundiendo información sobre los riesgos asociados al consumo crónico de IBP para concienciar a los pacientes sobre la importancia de un uso responsable.

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