La diabetes y el corazón: una relación que no podemos ignorar

Rosa María Sánchez Hernández

14 de noviembre de 2025

La diabetes tipo 2 se ha convertido en una de las enfermedades más frecuentes de nuestro tiempo, pero su impacto va mucho más allá de la glucemia elevada. Detrás de cada diagnóstico se esconde un riesgo silencioso pero real, el de las enfermedades cardiovasculares. De hecho, se estima que una de cada tres personas con diabetes tiene algún tipo de problema cardiovascular, y que más de la mitad fallecerá por una causa vascular relacionada con el corazón o el cerebro. Estas cifras deberían hacernos reflexionar sobre la urgencia de abordar de forma integral todos los factores que contribuyen a ese riesgo.

 

El corazón y la glucemia: una conexión peligrosa

Tener diabetes multiplica de dos a cuatro veces el riesgo de sufrir un infarto o un ictus, y también aumenta la probabilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca. Esto es debido a que el exceso de glucosa, junto con otros factores como la inflamación o el colesterol alto, van dañando poco a poco los vasos sanguíneos. Además, incluso antes de que se diagnostique la diabetes, en la etapa de “prediabetes” el riesgo de enfermedad cardiovascular es mayor.

 

Factores de riesgo cardiovascular modificables y no modificables

El riesgo cardiovascular en la diabetes depende de una combinación de factores. Algunos no pueden cambiarse, como la edad, el sexo o los antecedentes familiares. Se sabe, por ejemplo, que las mujeres con diabetes pierden parte de su “protección natural” frente a las enfermedades cardíacas: su riesgo de mortalidad cardiovascular triplica al de las mujeres sin diabetes.

Otros factores, sin embargo, sí pueden controlarse, y son los que marcan la diferencia en el pronóstico:

  • Dislipemia: los niveles elevados de colesterol LDL y triglicéridos son habituales en la diabetes y se asocian a más riesgo cardiovascular
  • Hipertensión arterial: dos de cada tres personas con diabetes la padecen, y el mal control multiplica las complicaciones microvasculares (como la retinopatía o la nefropatía) y macrovasculares (como el infarto).
  • Sobrepeso u obesidad abdominal: el exceso de grasa visceral se asocia a un aumento del riesgo cardiovascular, especialmente en mujeres.
  • Control glucémico: mantener la hemoglobina glicada (HbA1c) en valores adecuados es esencial. Un mal control se asocia con mayor mortalidad y con un incremento de la insuficiencia cardíaca.
  • Tabaquismo: fumar multiplica por 1,5 el riesgo de morir por una causa cardiovascular. Abandonar el tabaco es una de las decisiones más efectivas para prolongar la vida.


Controlar los factores de riesgo salva vidas

Un gran estudio sueco publicado en 2023 mostró un dato alentador: cuando una persona con diabetes logra controlar los cinco factores clave —glucemia, presión arterial, colesterol LDL, tabaquismo y función renal—, su riesgo de sufrir un evento cardiovascular es similar al de alguien sin diabetes.
Esto demuestra que el riesgo cardiovascular en la diabetes no es un destino inevitable, sino una diana que puede alcanzarse con un tratamiento intensivo y precoz.

Medir bien el riesgo: el nuevo SCORE2-Diabetes

Hasta hace poco, las herramientas clásicas de estimación del riesgo cardiovascular, que es la probabilidad de tener un evento cardiovascular en un tiempo determinado, no incluían a los pacientes con diabetes, si no que los consideraban directamente de alto o muy alto riesgo cardiovascular. Las nuevas guías europeas de 2023 han cambiado esto con el desarrollo de SCORE2-Diabetes, una calculadora específica que estima el riesgo a 10 años de mortalidad cardiovascular o de eventos del corazón no mortales.

Esta herramienta tiene en cuenta la edad al diagnóstico de la enfermedad, los niveles de HbA1c y la función renal, y permite diferenciar entre riesgo bajo, moderado, alto y muy alto. Sin embargo, en España, los datos son claros: más del 90 % de los pacientes con diabetes tipo 2 están en categorías de riesgo alto o muy alto, lo que obliga a una vigilancia constante y un manejo integral.

 

 


La dislipemia aterogénica de la diabetes

Uno de los rasgos distintivos de la diabetes es la llamada dislipemia aterogénica o diabética, caracterizada por triglicéridos altos, colesterol HDL bajo y partículas de LDL pequeñas y densas, muy dañinas.
Identificarla y tratarla de forma intensa es esencial. Las guías médicas recomiendan alcanzar niveles de colesterol LDL por debajo de 70 mg/dL en la mayoría de los pacientes con diabetes de alto riesgo, y por debajo de 55 mg/dL en los de muy alto riesgo. Lograrlo suele requerir combinaciones de distintos tratamientos para reducir el colesterol: estatinas, ezetimiba o inhibidores de PCSK9 o inclisirán, estos dos últimos fármacos subcutáneos que reducen el colesterol-LDL. De hecho, se acaba de publicar un estudio de pacientes con diabetes de alto riesgo, pero sin enfermedad cardiovascular, en tratamiento con evolocumab (un inhibidor de PCSK9), en el que se observó que se reducían de forma considerable los eventos cardiovasculares.

 

Abordaje multifactorial: la clave del éxito

El tratamiento de la diabetes debe ser multifactorial y personalizado, como recuerdan las guías de la Asociación Americana de Diabetes y la Sociedad Española de Arteriosclerosis. No basta con controlar la glucosa: hay que tratar todos los factores de riesgo cardiovascular de manera simultánea.
Eso incluye el control de la presión arterial, la optimización del perfil lipídico, la elección de fármacos con beneficios cardiovasculares y renales (como los inhibidores de SGLT2 o los agonistas de GLP-1, entre estos la semaglutida (ozempic Ò) y tirzepatida (Mounjaro, Ò), que se asocian a pérdidas de peso muy marcadas. Además de una intervención activa sobre el estilo de vida: dieta mediterránea, ejercicio regular, control del peso y abandono del tabaco.

 

Conclusión: prevenir el futuro, hoy

La diabetes no tiene por qué ir de la mano de la enfermedad cardiovascular. Con un buen control, revisiones periódicas y compromiso con un estilo de vida saludable, es posible reducir de forma muy significativa el riesgo cardiovascular. Cuidarse hoy es la mejor inversión para disfrutar de un futuro más largo y con mejor calidad de vida.