La esclerosis lateral amiotrófica y su relación con la presión arterial
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neuromuscular crónica, progresiva e incurable, para la que se requieren urgentemente opciones terapéuticas más eficaces. Se ha visto que muchas personas con ELA presentan alteraciones en su metabolismo, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas claros. Estos cambios podrían tener un papel importante en el progreso de la enfermedad.
La hipertensión arterial (presión alta) es una de las afecciones más comunes que suelen aparecer junto con la ELA. Desde hace tiempo, se cree que podría influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad, en su avance y en la supervivencia de los pacientes. De hecho, se han encontrado altos niveles de hipertensión en personas con ELA en todo el mundo. Esta podría estar relacionada con la pérdida de neuronas motoras que controlan la musculatura inspiratoria , la disminución de la sensibilidad del barorreflejo o el aumento del uso del medicamento riluzol en el tratamiento de la enfermedad. En algunas regiones, casi la mitad de los pacientes con ELA presentan hipertensión, lo que la convierte en una de las comorbilidades más frecuentes asociadas a esta patología. Se ha observado que un aumento de la presión arterial sistólica (PAS) podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar ELA, y que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) podrían ejercer un efecto protector. Sin embargo, no se ha establecido una relación causal clara entre la presión arterial diastólica (PAD) y otros tratamientos antihipertensivos en el contexto de la ELA.
Las personas con hipertensión arterial tienden a desarrollar la ELA a una edad más temprana y suelen tener una esperanza de vida más corta tras el diagnóstico. Además, quienes tienen un mayor riesgo cardiovascular suelen evolucionar peor. En pacientes con ELA, se ha encontrado que un sistema del cuerpo llamado ‘sistema renina-angiotensina (SRA)’, que regula la presión arterial y el equilibrio de líquidos, está más activo de lo normal. Esto se ha observado especialmente en personas con ELA hereditaria. Por otro lado, en los pacientes con ELA esporádica (la forma que aparece sin antecedentes familiares), se han encontrado niveles bajos de una sustancia llamada angiotensina II en el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Esos niveles bajos se relacionan con síntomas más graves y con una evolución más rápida de la enfermedad.
Actualmente, el impacto de la presión arterial y de los fármacos antihipertensivos en la evolución de la enfermedad sigue siendo objeto de debate. Por ello, el abordaje de la hipertensión en pacientes con ELA ha despertado un creciente interés en la comunidad científica. Algunos estudios sugieren que los medicamentos usados para controlar la presión arterial podrían no solo afectar el riesgo de desarrollar ELA, sino también servir como posibles opciones para tratarla en el futuro.
Cada vez hay más interés en tratar la ELA no solo con medicamentos, sino también con cambios en la alimentación. En particular, se ha estudiado el efecto de las dietas ricas en calorías y grasas, ya que la ELA se asocia con un metabolismo acelerado y cambios en los niveles de lípidos. Sin embargo, las dietas con muchas grasas saturadas pueden favorecer la obesidad, la hipertensión y otros problemas del llamado síndrome metabólico. En cambio, la dieta mediterránea, rica en grasas saludables como las del aceite de oliva virgen extra (AOVE), podría reducir los riesgos cardiovasculares. Estos efectos positivos se deben a sus componentes naturales, como antioxidantes y grasas monoinsaturadas, que ayudan a regular la presión arterial. Además, se ha visto que este tipo de dieta podría influir en enzimas implicadas en el metabolismo del SRA, un sistema que también parece alterado en personas con ELA. Por eso, se investiga su posible papel en el avance de la enfermedad.
En estudios realizados con ratones modificados genéticamente para imitar la ELA en humanos, se ha visto que el tipo de grasa que consumen en la dieta puede afectar cómo avanza la ELA. En este contexto, los ratones alimentados con una dieta enriquecida en AOVE mostraron una mayor supervivencia, mejor rendimiento motor y una mayor superficie de fibra muscular en comparación con aquellos que recibieron una dieta basada en aceite de palma. Además, la dieta con AOVE resultó eficaz en la reducción del estrés del retículo endoplásmico, la activación de la autofagia y el daño muscular, lo que sugiere un efecto neuroprotector y modulador de los procesos celulares asociados al deterioro neuromuscular.
Como aún no existe una cura para la ELA, se están explorando nuevas opciones, como controlar la presión arterial a través de la dieta o con tratamientos específicos. Estas estrategias buscan actuar sobre ciertas enzimas que regulan la presión arterial, lo que podría ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad.
Conclusión:
Entender la ELA requiere mirar más allá del daño a las neuronas. También es importante tener en cuenta factores como el metabolismo, la presión arterial y la alimentación. Estudios recientes han encontrado conexiones entre el sistema que regula la presión arterial (SRA), problemas cardiovasculares y el impacto de ciertas dietas, como la mediterránea. Estos descubrimientos abren nuevas vías de investigación que, en un contexto sin cura definitiva, ofrecen esperanza para frenar el avance de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.
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