María empieza quimioterapia para un cáncer de mama. En casa, cada mañana, añade cúrcuma a su infusión. Se lo recomendó alguien con buena intención. No lo comenta en consulta. No lo considera importante. “No es un medicamento”, piensa, “es algo natural”.

 

En oncología, esta escena se repite más de lo que imaginamos. Diversas revisiones sistemáticas estiman que entre un 30 y un 50 % de las personas con cáncer utilizan terapias complementarias durante el tratamiento activo. Muchas no lo comunican al equipo sanitario. No siempre por desconfianza: a veces porque nadie lo pregunta, otras porque creen que “lo natural” queda fuera de la historia clínica.

 

Las razones suelen ser profundamente humanas: el deseo de participar activamente en el proceso, de no quedarse inmóvil ante la enfermedad; la necesidad de sentir que uno hace algo más por sí mismo; la esperanza depositada en aquello que suena menos agresivo que la palabra quimioterapia.

 

Sin embargo, el organismo no distingue entre lo que se prescribe y lo que se compra por iniciativa propia. Todo lo que ingerimos atraviesa los mismos sistemas que metabolizan los fármacos antineoplásicos. Algunas plantas medicinales o suplementos pueden modificar la concentración de los tratamientos al interferir en su metabolismo o eliminación, un riesgo descrito también en revisiones recientes sobre interacciones planta-fármaco en oncología.

 

Existen ejemplos bien documentados. La hierba de San Juan puede reducir las concentraciones plasmáticas de irinotecán al inducir enzimas metabólicas. El zumo de pomelo puede aumentar niveles de fármacos metabolizados por CYP3A4 al inhibir su degradación intestinal. Extractos concentrados de té verde han mostrado interferencias con terapias como el bortezomib.     En los últimos años también se ha estudiado la curcumina —presente en la cúrcuma— por su capacidad para modular enzimas y transportadores implicados en el metabolismo de fármacos, lo que refuerza la importancia de comentar su uso durante tratamientos oncológicos.

 

No se trata de generar alarma. Se trata de recordar que lo natural también tiene actividad biológica. El verdadero problema rara vez es la infusión. Es el silencio.

 

Una revisión sistemática sobre divulgación del uso de terapias complementarias muestra que muchas personas no informan por miedo a la desaprobación o porque creen que no es relevante mencionarlo. Cuando el equipo sanitario desconoce todo lo que una persona está tomando, trabaja con información incompleta. Y la seguridad terapéutica depende, en gran medida, de conocer la historia completa.

 

Como residente de Enfermería Familiar y Comunitaria, he aprendido que muchas decisiones sanitarias no nacen en la consulta, sino en la intimidad del hogar: en una conversación con un familiar, en un vídeo viral, en una recomendación bienintencionada. Si no preguntamos de forma abierta y sin juicio, es fácil que esas prácticas queden fuera del relato clínico. Y cuando no aparecen en la conversación, tampoco entran en la toma de decisiones compartida.

 

Las principales sociedades científicas recomiendan preguntar de forma explícita y sistemática por el uso de terapias complementarias durante el tratamiento oncológico, integrando esta conversación en la práctica clínica habitual. No como un interrogatorio ni como un juicio, sino como una estrategia de seguridad y de confianza.

 

Nombrar “la otra medicación” no significa prohibirla. Significa ampliar la mirada clínica para incluir todo aquello que influye en la salud de una persona. Porque a veces la intervención más eficaz es abrir una pregunta sencilla: “¿Estás tomando algo más que creas que puede ser importante contarme?”.

 

En un contexto donde la desinformación en salud circula con rapidez, la conversación honesta se convierte también en una herramienta terapéutica. La seguridad empieza en el laboratorio, pero no termina en la prescripción: continúa cuando alguien se siente escuchado.     Y quizá ahí esté el verdadero reto de quienes cuidamos: no sólo saber qué productos naturales toma María, sino crear el espacio adecuado para que quiera contarlo.