Radón: El gas invisible que afecta a los pulmones

Claudia Grossi

17 de noviembre de 2025

El radón es conocido como la principal fuente de radiactividad natural y está catalogado como carcinógeno humano por la Organización Mundial de la Salud. Para reducir la exposición de la población general y de los trabajadores a las radiaciones ionizantes, en 2013 se publicó la Directiva Euratom (Comunidad Europea de Energía Atómica) 59/2013. Su transposición en España se llevó a cabo en el Real Decreto 1029/2022, donde se aprueba específicamente el Reglamento sobre Protección de la Salud contra los riesgos derivados de la exposición a las Radiaciones Ionizantes.

 

El radón es un gas noble radiactivo que no tiene color, olor ni sabor. Se forma de manera natural cuando el radio presente en la cadena de desintegración del uranio existente en la tierra y las rocas se descompone. También puede encontrarse radón en el agua debido al terreno arrastrado por las aguas subterráneas. Este gas puede salir fácilmente del suelo y pasar al aire libre o entrar en los edificios. Cuando el radón se desintegra, se generan otros radioisótopos como el Polonio, que puede incorporarse con los aerosoles atmosféricos.

 

Cuando el radón y algunas de las partículas de su progenie de vida corta, como el Polonio-218 y el Polonio-214, adheridas a los aerosoles atmosféricos, entran en nuestro cuerpo, pueden llegar a los pulmones y desintegrarse sobre las células que recubren las vías respiratorias, emitiendo partículas alfa (núcleos de helio). Allí pueden dañar los tejidos, entre ellos el ADN y, a largo plazo, provocar cáncer de pulmón.

 

Al aire libre, el radón se dispersa rápidamente y alcanza niveles muy bajos, sin representar un peligro para la salud. Su concentración media en el exterior suele estar entre 5 y 15 Bq/m³. Pero en espacios cerrados, especialmente si no hay buena ventilación y el suelo es rico en radio, la concentración puede ser mucho más alta (miles de Bq/m³). Lugares como minas, cuevas y plantas de tratamiento de agua suelen tener niveles más elevados. En los edificios como casas, escuelas y oficinas, las concentraciones pueden variar desde decenas de Bq/m³ hasta centenas de Bq/m³. Como el radón es un gas incoloro e inodoro, las personas pueden estar viviendo o trabajando en lugares con niveles muy altos sin darse cuenta, por lo que es importante realizar mediciones.

 

El radón es reconocido por ser uno de los principales causantes del cáncer de pulmón en todo el mundo. Según las estimaciones actuales, entre el 3% y el 14% de los casos de cáncer de pulmón pueden atribuirse a este gas radiactivo, variando según la concentración media de radón en cada país y la prevalencia del consumo de tabaco de las personas. Esta relación se descubrió observando un aumento de casos de cáncer de pulmón entre los trabajadores de minas de uranio, expuestos a altas concentraciones de radón. Posteriormente, diversos estudios realizados en Europa, América del Norte y China han confirmado que el radón representa un riesgo para la salud incluso en concentraciones bajas, como las que pueden encontrarse en algunos hogares.

 

Cabe destacar que el riesgo asociado al radón es especialmente elevado para los fumadores. De hecho, se ha calculado que un fumador tiene un riesgo 25 veces superior de desarrollar cáncer de pulmón relacionado con el radón en comparación con una persona no fumadora. Esta sinergia entre el radón y el tabaco hace que la prevención sea aún más importante en personas fumadoras.

 

Ante esta evidencia, muchos países han implementado programas de detección y mitigación del radón en edificios, especialmente en zonas con altas concentraciones naturales de este gas. Estas medidas incluyen la ventilación adecuada de los espacios interiores y la instalación de sistemas de reducción de radón en edificios existentes y nuevos.

 

El Reglamento sobre Protección de la Salud contra los riesgos derivados de la exposición a las Radiaciones Ionizantes legisla sobre la exposición al radón (Título VII) y, en su artículo 75.2, exige que “cuando en un lugar de trabajo existan zonas con concentraciones de radón en aire que, en media anual, superen el nivel de referencia de 300 Bq/m³, el titular de la actividad laboral deberá tomar las medidas oportunas para reducir las concentraciones y/o el tiempo de exposición al radón, de acuerdo con el principio de optimización, tras lo cual deberá reevaluar la media anual de concentración de radón en aire en el lugar de trabajo”. El Consejo de Seguridad Nuclear propuso un mapa de zonas de actuación prioritaria (definidas como zona 2 aquellas con un potencial de radón superior a 300 Bq/m³).

 

Los municipios de zona 2 deberían, de manera extensiva, medir las concentraciones de radón en las viviendas y lugares de trabajo situados en las plantas bajas y subterráneas. Estas mediciones deberán ser realizadas por un laboratorio acreditado por ENAC con la norma ISO 17025 como se explica en la IS47 publicada este año 2025.