Diabetes y salud mental: Una tarea pendiente
Diabetes y salud mental: Una tarea pendiente
Esther Samaniego Díaz de Corcuera y Carlos Navas Ferrer
13 Noviembre 2024
La diabetes mellitus es una enfermedad crónica que afecta a la forma en la que el organismo procesa la glucosa produciendo niveles elevados de ésta en la sangre. Existen dos tipos principales: la tipo 1, donde el sistema inmunitario ataca a las células productoras de insulina en el páncreas, y la tipo 2, caracterizada por la resistencia a la insulina.
Para quienes viven con diabetes, el control diario es fundamental: deben mantener niveles estables de azúcar en sangre, seguir una dieta variada y equilibrada, ejercitarse regularmente y, en muchos casos, usar medicación o insulina.
Queda claro que la diabetes es una patología compleja de manejar en sí misma, pero ¿qué ocurre si además coexisten en la persona problemas de salud mental?
Una situación preocupante
La conexión entre la diabetes y los trastornos mentales es compleja y multifactorial. En una revisión publicada en la prestigiosa revista ‘nature’ se explica cómo, tras el diagnóstico de una enfermedad mental grave, los cambios en el estilo de vida, como el sedentarismo, el tabaquismo y una dieta poco saludable, elevan el riesgo de padecer diabetes. Además, los antipsicóticos, necesarios para tratar algunas de estas enfermedades, contribuyen al desarrollo de esta enfermedad metabólica de forma directa o al favorecer el aumento de peso.
De hecho, investigaciones recientes informan que las personas diagnosticadas de algún trastorno psiquiátrico tienen un riesgo entre una y tres veces mayor de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con población no diagnosticada.
Dificultades y obstáculos
Algunos síntomas de la enfermedad mental, como la desmotivación, la falta de energía o las alteraciones del pensamiento, dificultan el autocuidado y la adherencia al tratamiento necesario para controlar la diabetes. De hecho, algunas personas diagnosticadas de esquizofrenia y diabetes que fueron entrevistadas con motivo de un estudio indicaron que a veces “la psicosis les hacía olvidarse de las pastillas o la insulina”.
En la misma línea, investigadores vinculados al Instituto de Salud Carlos III indican que la presencia de una enfermedad mental y de diabetes en la misma persona hace que se descuiden aspectos como el seguimiento de una dieta adecuada, la actividad física regular o la toma de medicamentos de manera puntual lo que puede llevar a un peor control glucémico y, en consecuencia, a complicaciones severas, como problemas cardiovasculares, neuropatías e incremento en la tasa de mortalidad.
Por otro lado, los índices de detección de diabetes tipo 2 en personas con TMG son bajos, lo que retrasa su tratamiento y afecta al pronóstico. De hecho, se ha publicado que hasta el 70% de los casos de diabetes en esta población no son diagnosticados, en contraste con el 25-30% en la población general.
Expertos apuntan que los profesionales de la salud perciben dificultades para brindar una atención integral a personas con diabetes tipo 2 diagnosticadas de trastorno mental grave debido a la falta de comunicación y coordinación entre los servicios de salud mental y los de atención primaria o los especializados en endocrinología. También destacan que muchos profesionales no tienen capacitación suficiente fuera de su especialidad, lo que limita su capacidad de manejar casos comórbidos. Además, la sobrecarga de trabajo y la falta de recursos dificultan la implementación de mejoras.
No obstante, ¿quién mejor que los propios afectados para identificar las dificultades y barreras a las que se enfrentan? Un estudio publicado en 2020 revela, a partir de diferentes narrativas en primera persona, cómo el diagnóstico de salud mental suele eclipsar la atención a la diabetes. Señalan, además, que los profesionales de salud mental rara vez abordan sus necesidades de cuidado de diabetes.
Por último, no debe olvidarse la influencia de la estigmatización que, tanto a nivel social como sanitario, padecen las personas que han sido diagnosticadas de un problema de salud mental. Esta situación reduce la calidad de la atención recibida y limitar el acceso a programas integrales.
¿Qué se puede hacer?
Para brindar una atención eficaz, es esencial adoptar un enfoque holístico que aborde a la persona como un sistema integrado y trate tanto su salud mental como su salud física.
Esta atención integral pasa por incluir a profesionales de la salud mental en el tratamiento de la diabetes, y viceversa. Equipos multidisciplinares que gestionen la atención y los cuidados de manera conjunta. Además, los propios profesionales ven beneficios en la capacitación y el entrenamiento cruzado de habilidades y conocimientos de otras áreas.
Por otro lado, el seguimiento proactivo y la detección temprana de factores de riesgo asociados con la diabetes es crucial. Esto incluye la monitorización de antecedentes de enfermedades cardiovasculares, estilo de vida, el peso, el índice de masa corporal, la glucosa y la presión arterial. Estos datos pueden ayudar a detectar cambios significativos y adaptar el tratamiento para una mejor gestión de la diabetes en personas con trastornos mentales graves tal y como apuntan desde la Asociación Mundial de Psiquiatría.
Educar a los pacientes sobre su enfermedad y fomentar su autonomía en el manejo de esta es esencial. En este sentido, un estudio publicado en 2024 corrobora la importancia de que se potencie la autoeficacia y la confianza de estos pacientes. Programas de educación en diabetes adaptados a personas con trastorno mental grave pueden ayudar a los pacientes a sentirse seguros para aplicar autocuidados y sentirse más responsables de su salud.
Es decir, acciones como seleccionar antipsicóticos que minimicen el metabólico, fomentar una alimentación variada y equilibrada, promover la actividad física adaptada a cada paciente o facilitar el acceso a la atención primaria para un control y seguimiento regular; pueden reducir el riesgo de diabetes en personas con trastorno mental grave.
Por último, incluir a la familia y cuidadores en el proceso de tratamiento es clave. Un sistema de apoyo social mantiene motivados a los pacientes y refuerza el cumplimiento de sus rutinas de cuidado personal.
En definitiva, una atención integral y cooperativa es la clave para mejorar la calidad de vida de las personas en las que concurren problemas de salud mental con el diagnóstico de diabetes.

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