Comunidades de aprendizaje: Un beneficio para la salud mental y emocional del alumnado

Comunidades de aprendizaje: Un beneficio para la salud mental y emocional del alumnado

Carlos Mir Ramos

24 de enero de 2026

En los últimos años, la salud mental y emocional del alumnado en educación infantil y primaria ha pasado de ser un asunto periférico a convertirse en una prioridad educativa y social. El aumento de la ansiedad infantil, las dificultades de autorregulación emocional y los problemas de convivencia en los centros escolares obligan a repensar no sólo qué se enseña, sino cómo y con quién se aprende.

 

En este contexto, las comunidades de aprendizaje emergen como un modelo educativo con un impacto significativo no solo en el rendimiento académico, sino también en el bienestar psicológico, emocional y relacional del alumnado. Su fundamento principal es sencillo pero transformador: el aprendizaje se construye de manera colectiva, dialógica e inclusiva, implicando a toda la comunidad educativa.

 

Las comunidades de aprendizaje se sustentan en el aprendizaje dialógico, un enfoque respaldado por la investigación científica que sitúa el diálogo igualitario como motor del desarrollo cognitivo y emocional. Tal y como recogen los estudios del Community of Research on Excellence for All, la interacción basada en el respeto, la escucha activa y la validación de la palabra del otro favorece entornos emocionalmente seguros, condición indispensable para un aprendizaje significativo.

 

Desde edades tempranas, el alumnado necesita sentirse escuchado, valorado y reconocido. En educación infantil y primaria, donde la identidad y la autoestima se encuentran en pleno proceso de construcción, las dinámicas propias de las comunidades de aprendizaje —como los grupos interactivos o las tertulias dialógicas— contribuyen a reducir el sentimiento de aislamiento y a fortalecer el sentido de pertenencia al grupo. Diversas investigaciones han señalado que este sentimiento actúa como factor protector frente al estrés, la ansiedad y el rechazo social.

 

Otro de los pilares de las comunidades de aprendizaje es la participación activa de las familias y otros miembros de la comunidad. Esta apertura del centro educativo rompe con el aislamiento tradicional de la escuela y genera una red de apoyo emocional alrededor del alumnado. Cuando niños y niñas perciben coherencia y colaboración entre escuela, familia y entorno social, se incrementa su seguridad emocional y disminuyen los conflictos conductuales, tal y como recogen estudios sobre clima escolar y bienestar infantil.

 

Asimismo, las comunidades de aprendizaje promueven valores esenciales para la salud mental como la solidaridad, la cooperación y la resolución pacífica de conflictos. Frente a modelos competitivos que refuerzan la comparación constante y el miedo al error, este enfoque apuesta por el éxito educativo para todos, reduciendo la frustración académica y el estigma asociado a las dificultades de aprendizaje. No es casual que numerosos centros que funcionan como comunidades de aprendizaje, registren una disminución del acoso escolar y una mejora notable del clima emocional del aula.

 

Desde una perspectiva psicológica, el modelo de comunidades de aprendizaje favorece el desarrollo de competencias emocionales clave: empatía, autorregulación, habilidades sociales y comunicación asertiva. Estas competencias, ampliamente reconocidas por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, son determinantes para la prevención de problemas de salud mental a lo largo del ciclo vital.

 

No obstante, es importante subrayar que, la implementación de comunidades de aprendizaje requiere formación docente, compromiso institucional y voluntad política. No se trata de una metodología puntual, sino de una transformación profunda de la cultura escolar, donde la inclusión y el bienestar emocional no sean discursos retóricos, sino prácticas cotidianas evaluables.

 

En un momento histórico marcado por la sobreexposición digital, la fragilidad emocional y la aceleración de los ritmos de vida, la escuela tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de convertirse en un espacio de cuidado, diálogo y salud emocional. Las comunidades de aprendizaje demuestran que es posible educar desde el rigor académico sin renunciar a la humanidad, colocando el bienestar del alumnado en el centro del proceso educativo.

 

Un reciente estudio en la educación pública andaluza realizado a lo largo del 2025 por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios, CSIF, ha alertado del preocupante deterioro de la convivencia escolar y de la conflictividad en las aulas, por lo que invertir en modelos educativos que fortalecen la salud mental infantil no es un lujo ni una moda pedagógica: es una decisión ética y preventiva que tendrá repercusiones positivas en la sociedad del mañana.

El caballo como compañero terapéutico: Una experiencia profesional y vital

El caballo como compañero terapéutico: Una experiencia profesional y vital

Enrique García de la Peña Morales

17 de enero de 2026

Desde que nací, he pasado toda mi vida rodeado de caballos. Su nobleza, cualidad intrínseca de lealtad, fuerza, inteligencia y sensibilidad, que se manifiesta en su mirada serena, temperamento equilibrado y disposición a la conexión profunda con los humanos, hizo que hace más de treinta años decidiera centrar mi vida profesional en estos animales.

 

Inicialmente, dediqué mi carrera hípica de profesor al ámbito deportivo y competitivo, pero, poco a poco, al darme cuenta de la gran capacidad que tienen los caballos para percibir las emociones y estado de ánimo de los humanos, fui derivando mi actividad a convertir mis clases en una monta terapéutica para niños y adultos.

 

La hipoterapia o terapia asistida ecuestre es una técnica empleada por profesionales de la salud física o mental para promover la rehabilitación de niños, adolescentes y adultos a nivel neuromuscular, psicológico, cognitivo y social por medio del caballo como herramienta terapéutica y coadyuvante para tratar a personas con discapacidades físicas y psíquicas, ya sean congénitas o adquiridas.

 

La hipoterapia consiste en aspectos como la transmisión del calor corporal del cuerpo del caballo a la persona y el aprovechamiento de los impulsos rítmicos y el movimiento tridimensional del animal. A través del contacto con el caballo y de la motivación que éste genera, se buscan soluciones a los problemas de aprendizaje y adaptación que presentan las personas afectadas por alguna discapacidad. Aumenta la motivación, estimula la afectividad, mejora la atención y concentración, estimula la sensibilidad táctil, visual, auditiva y olfativa, ayuda al aprendizaje pautado de acciones y aumenta la capacidad de independencia.

 

La hipoterapia se basa en el aprovechamiento del movimiento del caballo para la estimulación de los músculos y articulaciones del paciente. La persona está sometida a movimientos de vaivén que son similares a los que realiza el cuerpo humano al caminar. Por su naturaleza, la hipoterapia influye a la persona en toda su totalidad y el efecto en todo el cuerpo puede ser muy sensible.

 

Durante mis años de hipoterapeuta he vivido experiencias casi inexplicables, observado mejoras físicas y psíquicas en niños y adultos increíbles y, sobre todo, he comprobado la maravillosa interconexión que un animal puede tener con un humano, hasta el punto de poder decir con rotundidad que el hipoterapeuta no he sido yo solo, sino el binomio mi caballo y yo, ya que de un modo natural, el animal sabía en cada momento qué tipo de persona iba subida encima, si necesitaba más o menos ritmo, si era un niño o un adulto… una interconexión que cada día me emocionaba más.

 

Aunque se trata de una terapia, la relación que se establece entre el animal y la persona tratada se encuentra muy alejada de lo que podría denominarse un contexto convencional. En la hipoterapia, un aspecto fundamental es que el paciente asume los ejercicios como diversión y se mantiene implicado y atento al qué sucede a su alrededor. De esta forma, los ejercicios pasan a un segundo término, mientras el sistema nervioso central está trabajando y se obtienen los resultados y mejoras esperadas.

 

A modo enunciativo, los beneficios de la hipoterapia podrían resumirse así: a) ayuda a reeducar la marcha; b) regula el tono muscular y mejora la calidad y amplitud de movimiento articular; c) mejora la circulación sanguínea; d) mejora el equilibrio, la coordinación y la visión espacial; e) permite la disociación de cinturas (movimientos contrarios de la cintura escapular y la pélvica); f) corrige la postura; g) mejora de la respiración y la deglución; h) reduce los patrones de movimiento anormales; i) refuerza la autoestima y libera las tensiones emocionales; j) facilita la comunicación y mejora la sociabilización; k) Fomenta la autosuperación y el control de las emociones; l) mejora la concentración.

 

Mi vida profesional como hipoterapeuta, tratando de ayudar a niños y adultos desde mi más modesta condición, no ha sido un trabajo, ha sido un placer, lleno de momentos felices y tristes, pero siempre lleno de emociones humanas a flor de piel.

 

The Beatles. La historia de cómo una banda terminó influyendo en el bienestar de millones de personas

The Beatles. La historia de cómo una banda terminó influyendo en el bienestar de millones de personas

Rubén León Esparrell

16 de enero de 2026

Cuando pensamos en salud solemos imaginar médicos, dietas o gimnasio. Pero hay otro elemento que muchas veces pasa desapercibido: la música. Y si hablamos de música que ha moldeado generaciones, es imposible no hablar de los Beatles. Lo curioso es que, sin planearlo, este grupo acabó teniendo un impacto enorme en la forma en que muchas personas gestionan sus emociones, su estrés e incluso su bienestar físico.

 

A lo largo de su carrera, y del fenómeno cultural que dejaron atrás, los Beatles se cruzaron con la salud de maneras que van desde lo íntimo y personal hasta lo social y colectivo. Vamos por partes.

 

La música como bálsamo emocional (y los Beatles lo dominaban sin querer)

 

Hay una razón por la que canciones como Let It Be, Yesterday o Here Comes the Sun siguen sonando en momentos de tristeza, estrés o nostalgia. No es solo costumbre: estos temas tienen estructuras que favorecen la relajación.

 

Melodías suaves, progresiones armónicas que generan sensación de calma y letras que transmiten empatía… casi parecían diseñadas para acompañarte cuando estás saturado. Pero en realidad solo respondían a lo que ellos vivían: dudas, pérdidas, introspecciones, conflictos. Su música emocionalmente honesta funciona como un espejo en el que mucha gente puede reconocerse. Sin pomposidad, sin filosofías complicadas. Sólo canciones que ayudan a que el cuerpo respire un poco mejor.

 

El fenómeno Beatlemanía y su impacto psicológico

 

La Beatlemanía es recordada como un fenómeno divertido y caótico: gritos, histeria colectiva, salas colapsadas. Pero también tuvo un efecto interesante en la salud mental de toda una generación.

 

Para miles de jóvenes —especialmente chicas— los Beatles se convirtieron en un espacio seguro. En una época donde hablar de emociones no era tan común, su música y su imagen ofrecían una vía para expresarse, conectar con otros y construir identidad propia.

 

Hoy lo vemos reflejado en cómo la música se usa para regular emociones: playlists para estudiar, para pensar, para llorar, para dormir. Los Beatles fueron pioneros en este uso emocional de la música, aunque en los 60 nadie lo llamara así.

 

Y siguen siéndolo: aún hoy hay personas que usan Hey Jude como una especie de mantra para momentos difíciles, o que encuentran en Strawberry Fields Forever un pequeño respiro mental.

Bienestar al estilo Harrison: meditación cuando nadie meditaba

 

Mucho antes de que Instagram se llenara de frases sobre “encontrar tu centro”, George Harrison ya hablaba de buscar paz interior. Su interés por la filosofía oriental no fue superficial: estudió, viajó, practicó y terminó incorporando esas ideas a su vida diaria.

 

Cuando los Beatles fueron a la India en 1968, se encontraron con algo que les hizo parar por primera vez en años. Después de giras interminables, presión mediática y fama descontrolada, la meditación les dio una forma de frenar, respirar y mirar hacia dentro.Esa experiencia terminó filtrándose en su música. No solo en las canciones con instrumentos orientales, sino en la forma en que componían: más introspectiva, más pausada, más consciente. Harrison entendió que la salud mental no era opcional y que cuidarla era tan importante como grabar un buen disco.

 

Canciones que activan el cuerpo: pequeñas dosis de energía

 

No todo es calma. Los Beatles también tenían la capacidad de encenderte el cuerpo con dos acordes. Twist and Shout, I Saw Her Standing There, Can’t Buy Me Love o Drive My Car funcionan casi como una “inyección rápida” de energía. Y esto tiene una explicación sencilla: ritmos acelerados, patrones repetitivos y cambios dinámicos muy marcados que empujan al sistema nervioso a activarse.

 

Hay estudios que muestran que escuchar música rápida aumenta la frecuencia cardiaca, mejora la coordinación y puede subir la motivación. Eso explica por qué estos temas siguen sonando en gimnasios, anuncios deportivos y vídeos con subidón emocional. Es curioso pensar que algo grabado hace más de 50 años siga funcionando igual para alguien de 16 que lo descubre en una playlistaleatoria.

 

El impacto en su propia salud: fama, presión y decisiones difíciles

 

A veces olvidamos que detrás de los discos hay personas. Y los Beatles pagaron caro su ritmo de vida. En sus primeros años vivían prácticamente en piloto automático: conciertos sin parar, viajes eternos, pocas horas de sueño y una exposición mediática brutal. Cada vez que salían de un hotel tenían que enfrentarse a multitudes desbordadas. Y aunque suene glamuroso, la presión era real.

 

En 1966 tomaron una decisión que pocos comprenden del todo: dejaron de hacer conciertos. Nadie hacía eso en la cúspide del éxito. Pero ellos estaban agotados física y mentalmente. No era sostenible.

 

Ese parón, criticado en su momento, fue fundamental para su salud y para su creatividad. Les permitió parar, respirar y cambiar de rumbo. Sin ese respiro, probablemente no hubieran llegado a grabar obras maestras como Sgt. Pepper’s o Abbey Road.

Los Beatles en la medicina moderna: memoria, terapia y rehabilitación

 

Pocas bandas han pasado de llenar estadios a formar parte de programas clínicos. Es un tipo de legado diferente, más humano y más profundo. A día de hoy, la música de los Beatles se utiliza en:

 

Terapias de memoria: Personas mayores o pacientes con Alzheimer reaccionan positivamente a canciones que conocen desde hace décadas. Melodías familiares pueden activar recuerdos que parecían perdidos.

 

Rehabilitación física: El ritmo constante de algunas canciones ayuda a marcar pasos, regular cadencias y facilitar ejercicios de movilidad.

 

Salud mental: En sesiones de terapia musical, canciones como Blackbird o Let It Be se utilizan para trabajar emociones difíciles o procesos de duelo. Su tono íntimo facilita que el paciente hable y se abra.

 

¿Por qué la música de los Beatles sigue «haciendo efecto»?

 

A diferencia de otras bandas, los Beatles fueron mutando: pop sencillo, rock más potente, experimentación psicodélica, baladas… Esa variedad permite que cada persona encuentre algo que encaje con su estado emocional. Y cuando una música conecta contigo en distintos momentos de tu vida, se vuelve parte de tu equilibrio mental. Además, sus letras son universales: hablan de amor, de pérdida, de dudas, de esperanza. No necesitas ser fan de los 60 para entenderlas.

 

Conclusión: una banda que no solo cambió la música, sino la forma en que nos cuidamos sin saberlo

 

Los Beatles rompieron moldes en lo artístico, pero también dejaron una huella silenciosa en la salud emocional, mental y física de millones de personas. Sus canciones siguen acompañándonos porque hablan un lenguaje que todos reconocemos: el del bienestar, el del consuelo y el de la energía cuando el cuerpo lo necesita.

 

Quizá por eso, en plena era digital, su música sigue siendo una especie de refugio. Un lugar donde uno puede respirar hondo, recordar que no está solo y seguir adelante.

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos

Eva Benito Ruiz

6 de enero de 2026

Para muchos niños y niñas, el Día de Reyes es uno de los momentos más esperados del año. La noche del 5 de enero está llena de nervios, preguntas, cartas cuidadosamente escritas y la emoción de pensar que algo mágico está a punto de suceder. Los Reyes Magos representan ilusión, sorpresa y fantasía, elementos fundamentales en la infancia y en la forma en que los más pequeños comprenden el mundo que les rodea.

Más allá de los regalos, esta celebración tradicional ocupa un lugar especial en el desarrollo emocional y social de los niños. Vivirla acompañados por la familia contribuye a crear recuerdos duraderos y a fortalecer vínculos.

 

La ilusión como motor del desarrollo infantil

La ilusión es una emoción clave en la infancia. Esperar la llegada de los Reyes Magos enseña a los niños a gestionar la anticipación y la paciencia, algo especialmente relevante en un contexto marcado por la inmediatez. La espera se convierte en parte de la experiencia, ayudando a los más pequeños a comprender que no todo sucede de forma instantánea.

Esta ilusión no solo se vive la noche de Reyes, sino en los días previos: preparar la carta, pensar qué pedir, dejar agua para los camellos o comentar la Cabalgata. Todos estos gestos refuerzan la capacidad de disfrutar del proceso y no solo del resultado.

 

La carta a los Reyes Magos: expresar deseos y emociones

Escribir la carta a los Reyes Magos es uno de los momentos más significativos para los niños. A través de ella, aprenden a expresar deseos, ordenar ideas y comunicar emociones. En muchos hogares, este acto se acompaña de conversaciones sobre el esfuerzo, el comportamiento durante el año y la importancia de agradecer.

La carta también puede convertirse en una herramienta educativa. Ayuda a los niños a reflexionar sobre lo que realmente desean y a comprender que no siempre se puede recibir todo lo que se pide, favoreciendo así la tolerancia a la frustración.

 

Imaginación y creatividad: un espacio para soñar

La historia de Melchor, Gaspar y Baltasar alimenta la imaginación infantil. Los cuentos, las cabalgatas y los relatos asociados al Día de Reyes crean un universo simbólico que estimula la creatividad. Imaginar, inventar y creer forman parte del desarrollo cognitivo y emocional de los niños.

Lejos de ser algo superficial, la imaginación ayuda a los niños a interpretar la realidad, a expresar sentimientos y a desarrollar habilidades fundamentales para su crecimiento personal y social.

 

Una celebración compartida y comunitaria

El Día de Reyes no se vive de forma aislada. Las calles llenas durante las cabalgatas, la emoción compartida y las tradiciones comunes refuerzan el sentimiento de pertenencia. Para los niños, formar parte de una experiencia colectiva contribuye a su socialización y al aprendizaje de normas de convivencia. Esta dimensión comunitaria permite además que los niños entiendan que las celebraciones forman parte de la vida en sociedad y que se construyen entre todos.

 

Más allá de los regalos: valores que perduran

Aunque los regalos ocupan un lugar central, el Día de Reyes es una oportunidad para transmitir valores como la generosidad, el compartir y el cuidado de lo que se recibe. Muchas familias aprovechan esta fecha para hablar de realidades diferentes y fomentar la empatía hacia otros niños.

Asimismo, se refuerza la idea de que los regalos no son solo materiales. El tiempo compartido, los juegos en familia y los momentos de atención y afecto tienen un impacto profundo en el bienestar emocional infantil.

 

Tradición, cultura e identidad

El Día de Reyes es también una puerta de entrada a la cultura y a las tradiciones. Conocer su origen y su significado ayuda a los niños a entender que forman parte de una historia que se transmite de generación en generación. Esto contribuye a construir identidad, memoria colectiva y respeto por las costumbres compartidas.

 

Conclusión: cuidar la magia de la infancia

En definitiva, el Día de Reyes es mucho más que una fecha marcada en el calendario.

Para los niños, representa ilusión, aprendizaje y descubrimiento.

Acompañar esta celebración con atención y sensibilidad permite que la magia vaya más allá de los regalos y se convierta en una experiencia significativa que deja huella en su desarrollo emocional y social.

 

Nunca se está preparado. Aceptar la enfermedad descubriendo lo esencial

Nunca se está preparado. Aceptar la enfermedad descubriendo lo esencial

Javier

5 de enero de 2026

Esa podía haber sido una mañana cualquiera más de trabajo. Si no fuera porque mi condición de facultativo ya me había puesto en prevengan. Y la llamada de la hematóloga, y la celeridad en que esa misma mañana gris de viernes estaba haciendo todas las gestiones necesarias no auguraban nada bueno.

 

En diez días tenía ya el diagnóstico. Tengo un mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea, segunda neoplasia maligna hematológica más común, el 1% de todos los cánceres. Nunca se está preparado para este tipo de noticias. Nunca. Ni aun cuando se es sanitario y, día sí y día no, luchas por la salud y el bienestar de tus pacientes. Siempre es algo que sucede, ¡vaya mala suerte¡, a los demás.

 

Asumirlo es un reto, y también una necesidad. Y decirlo en tu entorno familiar más cercano, un absoluto y terrorífico desafío. Todo queda en la intimidad de cada uno, es un proceso personal que cada persona afrenta de una manera, según su propio carácter, su propia personalidad. Pero puedo decir que, para mí, es como un duelo, como la pérdida de un ser querido. Se pasa por las mismas cinco fases.

 

Primero, negación. No, esto no puede estar ocurriendo. Luego, te enfadas. Llega el momento de la ira, de preguntarte por qué a mí. Y empiezas a negociar, a intentar establecer límites y normas con la enfermedad. Pero sabes que no se van a cumplir. Entonces, te deprimes. Ves la futilidad de todos tus actos, de todos tus esfuerzos, tus desvelos, pasados y futuros. Piensas: “¿para qué?”, cuando al final la enfermedad te azota y va a ser ella la que dictamine y te haga escribir unos renglones en tu vida que no pensabas tener que redactar nunca. Y, por último, lo aceptas. Asumes que, desde ese momento, estás enfermo, y que tienes que convivir con ello.

 

La velocidad a la que cada persona deambula por cada una de estas fases puede determinar en gran medida, el éxito de la lucha que se nos viene encima. El superar una fase no implica no volver a ella, pero siempre de una manera fugaz, como de soslayo.

 

Ya la había aceptado. Y no se me ocurren dos palabras mejores para ilustrar mi vida desde entonces. Disciplina y determinación. Disciplina, hacer lo que se tiene que hacer sin importar lo que sea, por muy ingrato o por mucho que nos cueste o duela hacerlo. Si se tiene que hacer, se hace. Mi determinación es mi lucha contra la enfermedad. Levantarse golpe tras golpe, no dejar nunca los brazos abatidos, salvo ese insignificante instante en que tomamos aliento y los volvemos a subir.

 

La disciplina es algo íntimo de cada uno, que se trabaja con esfuerzo y constancia. Se puede inculcar, se puede hasta enseñar, se puede demostrar. Pero no se puede implantar. La determinación de luchar, para mí, tiene muchos más condicionantes externos. Porque es, precisamente, en estos momentos de batalla, cuando se destapan sentimientos y personas que no sabías que estaban ahí. Y que estaban ahí para ti, para, precisamente, florecer cuando más se los necesita.

 

Familia, en el sentido estricto. Eso que parece hoy en día estar vilipendiado, perseguido y acorralado, menospreciado. Tu pareja, tus hijos; tus padres, hermanos, sobrinos, primos… Esos que sientes tuyos pero que no albergan ningún lazo de sangre contigo. La primera fuente de fuerza viene siempre de lo más cercano, de lo que tenemos siempre a mano. Lamentablemente, no lo valoramos.

 

Familia, en un sentido más amplio. Los compañeros de trabajo con los que pasas más horas que un reloj. Con los que ríes y lloras, con los que luchas codo con codo, con los que tienes momentos de encuentro, y otros de encontronazos. Y que son familia tambiénporque te conocen hasta puntos en los que uno ni siquiera podría imaginar. Lamentablemente, tampoco lo valoramos.

 

Los amigos. Los cercanos, los lejanos. Los de siempre, los de ahora. Con los que compartes también tu vida, tus miedos, tus anhelos, tus ilusiones; interminables cenas y partidos de baloncesto afrontados con inquebrantable fe. Lamentablemente, tampoco lo valoramos.

 

La determinación nace de un campo ya sembrado, pero florece en gran medida por el cuidado y desvelo de todos ellos. Cada uno en su medida aporta su imprescindible y necesario granito. Y, entonces, lo valoramos.  Valoramos sentirnos… humanos. Sentirnos por una vez no “uno” más, sino “el” más.  Valoramos ese mensaje a deshora, esa llamada intempestiva, esa visita fugaz “porque solo quería verte”.

 

Llevo algo más de ocho meses de tratamiento. Ocho meses de desgaste en los que no he dejado que mi determinación por seguir la lucha hasta donde sea menester flaquease en ningún momento. Día a día, paso a paso, escalón tras escalón. ¿Agotador? Sí. ¿Merece la pena? Por supuesto.

 

Y no puedo terminar estas humildes líneas con mis reflexiones sin dar mi más sincero y profundo agradecimiento a todo el personal sanitario, compañeros todos, que han venido conmigo en este aún inacabado viaje. Sin ellos, me permito decirlo así, sin nosotros, sin la vocación, entrega y disposición de todos y cada uno de ellos, el trayecto hubiese sido mucho más penoso.

 

Hola. Me llamo Javier y tengo cáncer. Y si ahora tuviese que decir con una palabra como me siento, después de todo lo que os he contado en estas líneas, la elección me resultaría fácil. Agradecido. Me siento agradecido no por estar enfermo, si no por todo lo que la enfermedad me ha hecho descubrir. De mí y sobre mí. Como popularizó Viktor Frankl: “Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Natalia Barrio Forné

1 de enero de 2026

El 1 de enero es el Día Internacional del Niño, una cita marcada por la Iglesia Católica para impulsar el vínculo entre padres e hijos, con el objetivo de aumentar esos lazos familiares, favorecer el tiempo de calidad y el amor hacia la descendencia y, en definitiva, un día para recordar después de la Navidad que es posible el acercamiento sin la necesidad de dar regalos.

 

¿Porqué se eligió este día para conmemorar el día del hijo?

Se escogió esta fecha principalmente para aprovechar el día de Año Nuevo, día señalado como el inicio del año y de los buenos propósitos, momento en el que todos pretendemos ser mejores personas y tratar mejor al prójimo; y también día en el que ya ha pasado la Navidad y está cerca la vuelta a la rutina. Se debe aclarar además que como es un día marcado internacionalmente, no se tiene en cuenta el día de Reyes, a pesar de fomentarse desde la Iglesia Católica.

 

¿Qué propósitos presenta este día?

Los objetivos de este día se pueden englobar en 3 puntos principales. Por una parte, reforzar los vínculos entre padres e hijos. En este mundo caracterizado por la falta de tiempo, el estrés y la necesidad de ser productivo diariamente, aderezado con la presencia de los móviles, internet y redes sociales, las relaciones familiares cada vez son más escasas y el deterioro de la comunicación más frecuente. Es por ello que este día se alza como un punto de frenado y de reflexión sobre los lazos entre progenitores y descendencia, una forma de llamar la atención y de hacer hincapié en lo verdaderamente importante.

Otro punto que quieren destacar es el tiempo de calidad. Es fundamental valorar el tiempo que vivimos junto a nuestro familiares, todas las actividades que realizamos junto a ellos, más allá de lo material y de los regalos aportados durante estos días de festividad.

En muchas ocasiones, sobre todo cuando hay niños pequeños en casa, pensamos en los regalos que les vamos a dar, en sí jugará con lo que le demos, si le gustará, si será la talla adecuada, pero pocas veces pensamos en el tiempo que vamos a pasar con esas personas ya seamos nosotros los padres o los hijos. Este día es para pensar que lo valioso de la vida no es lo material sino los momentos que vivimos. Lo que recordaremos con el paso del tiempo no será ese jersey tan bonito que nos regalaron, sino quien nos lo regaló y la sorpresa que nos dio al dárnoslo. Y, cuando somos las personas que regalamos, no nos acordaremos del presente que dimos, sino de su cara de felicidad al verlo y lo que disfruta con algo que nosotros hemos conseguido gracias al gasto de nuestro tiempo libre.

Y el tercer punto que se quiere exponer con este día es la unión familiar. Es la oportunidad para que el núcleo familiar inicie el nuevo año unido, favoreciendo la comunicación y el amor entre ellos. Es el momento de parar, levantar la cabeza del móvil y mirar a nuestro alrededor. Debemos tener en cuenta que el tiempo es finito, los momentos que estamos viviendo, sean buenos o malos, no los vamos a volver a vivir. Tenemos la ocasión de disfrutar de las personas que tenemos a nuestro lado, fomentar el cariño que tenemos a nuestros familiares y desarrollar ese amor a través del contacto y del vínculo con ellos.

 

Un toque de atención

Este día internacional es un día para la reflexión, una cita que nos añade un ítem más a nuestros buenos propósitos de Año Nuevo: el vínculo familiar. Es necesario parar en este mundo tan rápido y fijar nuestra atención en la comunicación, en la relación y en el cariño con nuestros padres e hijos. Debemos desconectar de lo artificial y de lo digital y centrarnos en conectar con lo que recordaremos siempre: la emoción, la afectividad y la relación familiar, características humanas indispensables y necesarias que deben marcar el rumbo de este nuevo año.