Nuevos tiempos, nuevos retos: ¿mismos cuidados?

Nuevos tiempos, nuevos retos: ¿mismos cuidados?

Dolores Torres-Enamorado

7 de noviembre de 2025

Las transformaciones demográficas y sociales de las últimas décadas han generado nuevos desafíos en el ámbito del bienestar social y sanitario, especialmente en relación con el cuidado de las personas dependientes. El envejecimiento poblacional, la prolongación de la esperanza de vida y los cambios familiares han incrementado la demanda de cuidados en un contexto donde los servicios sociosanitarios resultan insuficientes.

 

El cuidado, entendido como las actividades orientadas al mantenimiento de la vida y la salud, ha sido históricamente invisibilizado, relegado al ámbito doméstico y atribuido casi en exclusiva a las mujeres. Actualmente, este trabajo —esencial para la sostenibilidad social y sanitaria— ocupa un lugar central en el debate público, aunque continúa siendo una labor poco reconocida y desigualmente distribuida. De ahí la necesidad de repensar los modelos tradicionales e incorporar estrategias que garanticen la equidad, la corresponsabilidad y el bienestar tanto de las personas cuidadas como de las cuidadoras.

 

La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2030, una sexta parte de la población mundial tendrá más de 60 años, y esta cifra se duplicará en 2050. Este envejecimiento conlleva un aumento de la dependencia y una mayor demanda de cuidados familiares y comunitarios. Sin embargo, muchas personas mayores también asumen el rol de cuidadoras, especialmente abuelas y abuelos, lo que exige políticas públicas que promuevan su bienestar y eviten que el cuidado de otros implique el descuido propio.

 

El envejecimiento no es un proceso homogéneo: mientras algunas personas presentan limitaciones funcionales, otras mantienen una vida activa y contribuyen al sostenimiento familiar. Es necesario reconocer esta doble condición de receptoras y proveedoras de cuidados, y desarrollar políticas que prevengan el agotamiento derivado del cuidado prolongado.

 

Históricamente, el cuidado ha sido un trabajo no remunerado y feminizado, sostenido por mujeres en el ámbito doméstico. Este modelo tradicional, anclado en valores patriarcales, ha generado una profunda desigualdad de género al asumir que el cuidado es una extensión natural del rol femenino. Sin embargo, los cambios demográficos, la mayor inserción laboral de las mujeres y la creciente demanda de atención han impulsado la diversificación de los agentes del cuidado.

 

En este contexto, se observan tres tendencias principales. En primer lugar, la incorporación de los hombres al ámbito del cuidado, que supone un avance hacia la corresponsabilidad de género, aunque todavía limitado. El perfil más común del cuidador masculino es el de un varón urbano, casado, familiar de primer grado de la persona cuidada y sin formación específica en cuidados. La mayoría son jubilados o desempleados y cuidan a una única persona —generalmente una mujer— durante largos periodos, presentando más de la mitad síntomas de sobrecarga y afectación de su salud física y emocional.

 

A pesar de ello, los hombres cuidadores suelen valorar positivamente su relación con el sistema sanitario. Consideran el entorno familiar el espacio más idóneo para cuidar y muestran rechazo a la institucionalización. No obstante, persisten actitudes tradicionales: prefieren recibir ayuda femenina, perpetuando la división sexual de las tareas, y tienden a reproducir roles patriarcales que justifican su menor implicación directa en algunas actividades. Pese a estas limitaciones, su incorporación al cuidado representa una oportunidad para resignificar socialmente esta labor y avanzar hacia la igualdad.

 

En segundo lugar, el papel de abuelas y abuelos como cuidadores intergeneracionales ha adquirido una relevancia creciente; contribuyendo al sostenimiento de las familias ofreciendo cuidado continuo a nietos o familiares dependientes. Este fenómeno ha amortiguado la falta de recursos asistenciales y de personal de apoyo, aunque con consecuencias sobre la salud y el bienestar de los cuidadores mayores. El reconocimiento de estas dinámicas exige la implementación de programas de apoyo y de políticas que valoren su contribución sin sobrecargarlos ni poner en riesgo su autonomía.

 

En tercer lugar, la población migrante se ha convertido en un pilar fundamental del actual sistema de cuidados, tanto en España como en otros países europeos. En su mayoría mujeres, las personas migrantes asumen tareas de cuidados en condiciones de precariedad laboral, con jornadas prolongadas y escasa protección social. Su papel, indispensable para sostener la red de cuidados, demanda un mayor reconocimiento institucional y la incorporación de políticas que garanticen derechos laborales, regularización administrativa y formación específica.

 

Por último, la teleformación o teleeducación en salud se perfila como una estrategia clave para afrontar las limitaciones del sistema actual. Las personas cuidadoras, especialmente las familiares, encuentran obstáculos para acceder a programas presenciales de formación y apoyo por falta de tiempo, incompatibilidades horarias o barreras geográficas. En este contexto, las herramientas digitales —plataformas en línea, foros virtuales, clases síncronas y recursos educativos asíncronos— se presentan como alternativas eficaces que facilitan la adquisición de competencias, la comunicación entre cuidadores y el acompañamiento profesional a distancia.

 

La teleformación favorece la equidad, permitiendo que cualquier persona cuidadora, independientemente de su edad, ubicación o nivel socioeconómico, acceda a recursos de calidad. Además, contribuye a reducir la sobrecarga emocional y el aislamiento social al ofrecer espacios de aprendizaje, intercambio y apoyo mutuo. No obstante, se requiere seguir investigando sobre la eficacia y sostenibilidad de estas intervenciones, así como sobre su adaptación a las diversas realidades culturales y tecnológicas de las personas cuidadoras.

 

En definitiva, los cambios demográficos y sociales contemporáneos exigen repensar el modelo de cuidados desde una perspectiva más inclusiva, corresponsable y sostenible. El incremento de la dependencia, la insuficiencia del sistema sociosanitario y la feminización histórica del cuidado han revelado la urgencia de desarrollar estrategias innovadoras que respondan a las nuevas necesidades.

 

Entre las líneas prioritarias de acción se identifican: la incorporación progresiva de los hombres al cuidado familiar, que contribuye a redistribuir responsabilidades y desafiar los roles de género tradicionales; el reconocimiento y apoyo al papel de abuelos y abuelas como cuidadores intergeneracionales; la protección y valorización del trabajo de la población migrante, que constituye una fuerza esencial en el ámbito doméstico; y la implementación de programas de teleformación que promuevan el autocuidado, la capacitación y el acompañamiento de las personas cuidadoras.

Los cuidados enfermeros: Dos triángulos para la reflexión

Los cuidados enfermeros: Dos triángulos para la reflexión

Concha Germán Bes

5 de noviembre de 2025

La palabra cuidado proviene del latín curare, que significa atender, preocuparse por, tratar o sanar. Hacer las cosas con cuidado significa actuar con atención, diligencia, prudencia y esmero para evitar errores, daños o accidentes. Implica poner la concentración necesaria en la tarea para realizarla de manera correcta y segura. Ejemplos en el trabajo: Un cirujano que realiza una operación, un electricista que manipula cables o un contable que revisa una auditoría actúan con cuidado para evitar errores graves. Con las personas: hablar con cuidado a alguien que está en un momento vulnerable demuestra empatía y evita herir sus sentimientos. Tratar con tacto a una persona enojada implica un cuidado especial en las palabras. Conducir con cuidado en una carretera helada es crucial para prevenir accidentes.

 

El cuidado enfermero es la esencia y el pilar fundamental de la profesión de enfermería. Va más allá de una simple atención o el cumplimiento de un protocolo; es un proceso complejo que abarca la atención integral de la persona, la familia y la comunidad, ya sea en un estado de dolencia, enfermedad y en promover la salud. 

 

Aspectos clave del cuidado enfermero

 

Proceso de Atención de Enfermería (PAE): Es la metodología científica que guía el trabajo del personal de enfermería. Permite evaluar las necesidades del paciente, establecer diagnósticos enfermeros, planificar intervenciones y evaluar los resultadospara mejorar el estado de salud del paciente, la familia o la comunidad.

 

Prevención y promoción de la salud: El cuidado enfermero no solo se enfoca en la recuperación de la enfermedad, sino también en educar al paciente y a la comunidad sobre prácticas saludables y autocuidados para prevenir futuras complicaciones.

 

Toma de decisiones clínicas: El profesional de enfermería emite juicios clínicos basados en su conocimiento y experiencia para responder de manera adecuada a los problemas de salud reales o potenciales del paciente.

 

Colaboración interdisciplinaria: Las enfermeras y enfermeros trabajan en equipo con otros profesionales de la salud (médicos, fisioterapeutas, psicólogos etc.) para ofrecer la mejor atención posible a los pacientes.

 

En resumen, el cuidado enfermero es una actividad profesional integral, basada en la ciencia y en la empatía, cuyo objetivo primordial es acompañar, apoyar y mejorar la salud y el bienestar de los seres humanos en sus diferentes etapas de la vida.

 

Primer Triangulo: Vigilancia clínica, bienestar y autocuidados

 

El primer grupo de investigación enfermero de la Universidad de Zaragoza Aurora Mas diseñó el Triángulo de la vigilancia y seguridad clínica, el bienestar físico, emocional, sociocultural y espiritual y los autocuidados (Aurora Mas fue una de las enfermeras becada en 1933 en la Fundación Rockefeller con el apoyo del CSIC dirigido por D. Santiago Ramon y Cajal).

 

Vigilancia y seguridad clínica

Primera valoración que se hace cuando se atiende a una persona bien sea en la continuidad del cuidado hospitalario, en las visitas a domicilio, en consulta y en la calle cuando es algo urgente. Requiere de conocimientos, habilidades y procedimientos de enfermería para proporcionar una atención segura y eficaz.

 

Esto incluye la administración de medicamentos, la realización de curas, control de signos vitales y el uso de tecnología, siempre siguiendo protocolos y guías estandarizadas. La enfermera/o siempre valora e informa y/o deriva al médico/a según la evolución clínica. A continuación, valora el Bienestar.

 

Bienestar físico, emocional, sociocultural y espiritual

Los profesionales de enfermería reconocen que el estado emocional del paciente influye directamente en su recuperación y bienestar general. Son componentes muy complejos, amplios, que van desde la ayuda a la higiene personal hasta sus características espirituales. Cuidar a un ser humano requiere escucha y confianza.

 

Escucha y Confianza 

Al establecer una relación de confianza y respeto, el profesional de enfermería crea un ambiente donde el paciente se siente seguro y cómodo para abrirse emocionalmente. Esto se logra con un trato cálido, la validación de sus sentimientos y la demostración de paciencia. Nunca ignora o minimiza las emociones del paciente sino comprende que el miedo, la ira o la frustración son respuestas normales ante la enfermedad o el proceso de hospitalización, la enfermera ayuda a la persona a sentirse más segura.

 

Comunicación no verbal 

Un tono de voz tranquilizador, un contacto físico apropiado (como un toque en la mano) y el mantenimiento del contacto visual son herramientas que utiliza la enfermera para transmitir empatía, calmar la ansiedad y ofrecer consuelo.

 

Manejo del estrés y la ansiedad 

La enfermera está capacitada para identificar los signos de angustia emocional y aplicar técnicas de apoyo psicológico para calmar al paciente, lo que es una prioridad en la atención. Informar al paciente sobre su condición y tratamiento ayuda a reducir la ansiedad que genera lo desconocido, brindándole una sensación de control. También en momentos clave: El apoyo emocional es crucial al final de la vida o en enfermedades crónicas.

 

Coordinación interdisciplinaria

En casos más complejos, la enfermera trabaja en conjunto con otros profesionales. Las enfermeras de cuidados paliativos, por ejemplo, brindan apoyo emocional al paciente y a su familia, e incluso ofrecen terapia de duelo cuando es necesario.

 

El autocuidado

La educación y empoderamiento: Informar al paciente sobre su condición y tratamiento ayuda a reducir la ansiedad que genera lo desconocido, brindándole una sensación de control. La enfermera también educa a pacientes y familiares sobre cómo manejar los problemas de salud mental y promueve el autocuidado.

 

A las dimensiones Bienestar y del Autocuidado les llamamos Cuidados Invisibles, esto requiere otra reflexión que no nos cabe en este trabajo. Importantes Requisitos: Tener un entorno físico y ambiental en el que se brinda el cuidado, procurando que sea seguro, cómodo y privado para el paciente. Tener un tiempo para estos cuidados. Espacio privado y tiempo son los dos puntos claves que deben mejorarse en la mayoría de los casos de los enfermos hospitalizados.

 

Segundo triángulo: reconocimiento, retribución y representación

 

Las tres palabras, 3 R, son los tres pilares de la teoría de la justicia de Nancy Fraser. El reconocimiento se ocupa de la injusticia cultural y simbólica, buscando revalorizar las identidades denigradas. ¿Está suficientemente reconocido el valor de los cuidados enfermeros?

 

La redistribución aborda la injusticia económica mediante la reestructuración de la división del trabajo y la distribución de recursos. Según te reconocen así te pagan. El Grado Universitario en Enfermería desde 2008 ¿Está suficientemente reconocido el salario? ¿Por qué las enfermeras y enfermeros necesitan meses, años para lograr un puesto de trabajo estable?

 

 La representación significa que la justicia requiere no solo la redistribución de la riqueza (justicia económica), sino también el reconocimiento cultural (estatus social igualitario) y la participación en la toma de decisiones políticas. Fraser sostiene que para lograr la paridad participativa es necesario superar los obstáculos institucionales que impiden a ciertas personas participar en igualdad de condiciones. ¿Hay suficientes enfermeras en las políticas sanitarias?

 

La enfermería ha contribuido de manera decisiva en el campo de la investigación fenomenológica y hermenéutica través de la producción de evidencia científica que orienta políticas públicas, impulsa procesos formativos en los niveles de pregrado y posgrado, y también la toma de decisiones estratégicas dentro de instituciones de salud.

La evolución de la Terapia Ocupacional en Aragón: De la tradición pionera a los nuevos retos profesionales

La evolución de la Terapia Ocupacional en Aragón: De la tradición pionera a los nuevos retos profesionales

Marta Marín Berges y María Pilar Pardo Sanz

27 de octubre de 2025

Cada 27 de octubre se celebra el Día Mundial de la Terapia Ocupacional, fecha impulsada por la World Federation of Occupational Therapists (WFOT) para reconocer la contribución global de esta disciplina a la salud, el bienestar y la justicia ocupacional. En Aragón, esta conmemoración adquiere un valor especial por el carácter pionero que la comunidad ha desempeñado en la historia de la profesión en España.

 

Desarrollo histórico en Aragón

 

La Universidad de Zaragoza implantó los estudios de Terapia Ocupacional en 1991, en la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud, convirtiéndose en la primera universidad española en ofrecer esta titulación. Este hecho supuso un avance significativo en la profesionalización del campo y en la consolidación de una formación universitaria de calidad. A lo largo de estas tres décadas, Aragón ha formado aproximadamente a 18.000 profesionales, que hoy desarrollan su labor en todo el territorio nacional y en el extranjero, evidenciando el impacto de este modelo académico pionero.

 

Posteriormente, mediante la Ley 11/2001, de 18 de junio, de Creación del Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Aragón, se dotó a la profesión de un órgano de representación propio, consolidando así su estructura colegial y su marco normativo. El COPTOA, primer colegio profesional de terapeutas ocupacionales en España, ha sido un actor clave en la defensa, promoción y visibilización de la profesión en nuestra comunidad autónoma, siendo referencia para los colegios profesionales que se formaron con posterioridad.

 

Estos hitos confirman que Aragón ha tenido un papel determinante en el desarrollo de la Terapia Ocupacional en España, tanto desde el ámbito académico como desde el profesional.

 

La ocupación significativa como fundamento de la práctica profesional

 

La Terapia Ocupacional defiende que la ocupación es una necesidad humana esencial y un medio fundamental para la salud y el bienestar. En las últimas décadas, el concepto de ocupación significativa ha adquirido protagonismo, entendido como aquella actividad que tiene valor y propósito para la persona y que le permite participar activamente en la sociedad.

 

Este enfoque sitúa a la persona en el centro del proceso terapéutico, considerando no sólo las habilidades funcionales, sino también sus intereses, valores, espiritualidad, roles, contextos y cultura. De esta forma, la práctica profesional en Aragón se ha ido alineando con modelos internacionales de intervención centrados en la persona y en la participación ocupacional, como son el Modelo de Ocupación Humana, el Modelo Canadiense o el Modelo Kawa, por citar solo algunos.

 

En la actualidad, numerosos proyectos en Aragón —como programas de envejecimiento activo, inclusión laboral o intervención comunitaria— reflejan la aplicación práctica de estos principios y su impacto positivo en la autonomía y la calidad de vida.

 

Los y las terapeutas ocupacionales aragoneses desarrollan su labor en múltiples contextos: sanitario, social, comunitario y laboral, aportando una mirada integral que favorece la autonomía y la inclusión.

 

Retos actuales de la profesión en Aragón

 

A pesar de los avances alcanzados, la Terapia Ocupacional en Aragón se enfrenta a una serie de retos contemporáneos que marcan la agenda profesional:

1. Reconocimiento institucional y sanitario

Es necesario consolidar la figura del y de la terapeuta ocupacional en todos los niveles del sistema público de salud, especialmente en Atención Primaria, servicios hospitalarios y programas de salud mental comunitaria. La incorporación estable de la profesión en los equipos multidisciplinares contribuiría a mejorar la continuidad asistencial y a fortalecer la atención centrada en la persona.

 

2. Impulso de la investigación y la práctica basada en la evidencia

La consolidación de grupos de investigación en Terapia Ocupacional permitirá fortalecer el conocimiento científico propio y sustentar la práctica clínica en resultados medibles y reproducibles. El establecimiento de redes colaborativas entre universidad, servicios sanitarios y colegios profesionales favorecería la transferencia de conocimiento y la innovación aplicada.

 

3. Expansión profesional hacia nuevos entornos

El y la terapeuta ocupacional están llamados a desempeñar un papel relevante en ámbitos emergentes como la accesibilidad universal, el envejecimiento activo, las tecnologías asistidas, el diseño inclusivo o la sostenibilidad social.

 

Por otro lado, aunque siga siendo un ámbito en expansión, nuestro papel en el sistema educativo —tanto en centros ordinarios como en centros de educación especial— es indiscutible y necesario. Comunidades como la Valenciana, Navarra o el País Vasco ya integran con éxito a las terapeutas ocupacionales en sus equipos interdisciplinares, y en países vecinos (Portugal, Francia o Inglaterra) nuestra figura forma parte habitual de los equipos escolares. En Estados Unidos, alrededor del 14 % de terapeutas ocupacionales trabaja en escuelas de educación primaria y secundaria, donde la intervención está reconocida como related servicepor la ley federal IDEA (Individuals with Disabilities Education Act).

 

La Terapia ocupacional escolar facilita la participación del estudiante en las ocupaciones de la escuela (aprender, jugar, autocuidado, movilidad, regulación, uso de tecnología), ajustando tareas y entornos, aportando adaptaciones, productos de apoyo, y colaborando con docentes y familias en el equipo del IEP (Plan Educativo Individualizado). Puede ofrecer apoyos universales (aula/centro), en pequeños grupos o individuales según necesidad educativa.

 

4. Sensibilización y visibilidad social

Promover el conocimiento de la profesión entre la ciudadanía es clave para reforzar su reconocimiento y fomentar la demanda de servicios de Terapia Ocupacional en todos los sectores. La comunicación efectiva, la divulgación científica y la presencia activa en medios y redes sociales son herramientas esenciales para aumentar la visibilidad y el impacto social de la profesión.

 

Conclusiones

 

Aragón ha sido, y continúa siendo, referente en la historia y el desarrollo de la Terapia Ocupacional en España. Desde la implantación universitaria en 1991 hasta la creación del COPTOA en 2001, la comunidad ha liderado procesos que han permitido profesionalizar, regular y dignificar esta disciplina.

 

Hoy, los y las terapeutas ocupacionales aragoneses afrontan un escenario cambiante que exige adaptabilidad, compromiso ético y actualización permanente. El futuro de la profesión pasa por fortalecer su base científica, consolidar su presencia en las políticas públicas y reivindicar el poder transformador de la ocupación significativa como medio para promover la salud, la participación y la justicia ocupacional.

 

El reto colectivo consiste en continuar avanzando hacia una sociedad más equitativa e inclusiva, donde cada persona tenga la oportunidad de participar plenamente en aquellas ocupaciones que dan sentido a su vida. En este camino, la Terapia Ocupacional aragonesa seguirá siendo un referente de innovación, compromiso y liderazgo profesional.

Alfabetización mediática para la salud: La vacuna contra la desinformación

Alfabetización mediática para la salud: La vacuna contra la desinformación

Carmen Marta Lazo

24 de octubre de 2025

La era hiperconectada y la pandemia de la mentira

 

Vivimos en una era hiperconectada donde la información circula más rápido que nuestra capacidad para digerirla. Las que bautizamos desde el Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital (GICID) de la Universidad de Zaragoza como “Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación” (TRIC) (Marta-Lazo & Gabelas, 2013) han transformado radicalmente el ecosistema mediático. La pluralidad de voces y el acceso abierto al conocimiento ha supuesto, en contrapartida, la puerta a un fenómeno cada vez más alarmante, la desinformación. Y lo que es más grave, cuando esta desinformación afecta al ámbito de la salud, sus consecuencias no solo confunden, sino que pueden costar vidas.

 

La alfabetización mediática para la salud es una necesidad urgente. Además de enseñar a consumir medios de manera crítica, se trata de dotar a la ciudadanía de herramientas para tomar decisiones informadas, basadas en evidencia científica y no en creencias virales. La “pandemia de la desinformación” afecta desde elecciones cotidianas relacionadas con la alimentación, el ejercicio o el descanso, hasta cuestiones complejas de salud pública como la vacunación, el uso responsable de medicamentos o la confianza en los sistemas sanitarios.

 

El impacto de la posverdad en la salud pública

 

En el actual ecosistema comunicativo, el fenómeno de la posverdad (los hechos objetivos tienen menos peso que las emociones o creencias personales) se manifiesta como una gran amenaza. En salud, esto se traduce en decisiones basadas en sensaciones relacionadas con «lo que vi en redes», en lugar de la evidencia contrastada y demostrada.

 

Las redes sociales, lejos de actuar como canales efectivos de información sanitaria, se han convertido en un terreno fértil para la circulación de bulos, teorías conspirativas y remedios peligrosos. Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube están plagadas de “influencers” que, sin formación médica ni rigor, recomiendan dietas extremas, productos milagrosos o terapias alternativas sin base científica.

 

Durante la pandemia de COVID-19 lo vivimos con especial dramatismo, proliferaron tratamientos sin evidencia, teorías antivacunas, noticias falsas sobre efectos secundarios, pero el problema no terminó ahí, siguió con contenidos pseudocientíficos con apariencia de autoridad, relativizando el valor de décadas de investigación médica.

 

Cámaras de eco y el sesgo de confirmación

 

La manera en que consumimos información está fuertemente mediada por algoritmos. Las cámaras de eco alimentan nuestros sesgos cognitivos y nos hacen más vulnerables a aceptar informaciones que confirman lo que creemos, sin pasar por filtros racionales. En salud, esto puede llevar a rechazar tratamientos médicos validados o a adoptar conductas de riesgo, convencidos de que son «lo mejor» para nuestro cuerpo.

 

El resultado de estas dinámicas erróneas afecta a personas que autodiagnostican enfermedades graves siguiendo videos de treinta segundos, padres y madres que rechazan vacunar a sus hijos por miedo a efectos inventados, jóvenes que ponen en riesgo su salud física y mental por alcanzar estándares estéticos irreales promovidos en redes. De este modo, la salud, que supone un derecho fundamental, se ve amenazada no solo por virus o enfermedades, sino también por la ausencia de pensamiento crítico en el tratamiento informativo.

 

La alfabetización mediática como competencia esencial

 

Frente a esta «infodemia», la alfabetización mediática debe extenderse al terreno de la salud con la misma urgencia y sistematización con la que se promueven campañas de vacunación o prevención al tabaquismo. Saber identificar fuentes fiables, contrastar datos, entender el funcionamiento de los algoritmos, reconocer sesgos y detectar intenciones ocultas detrás de ciertos discursos debe formar parte del currículum educativo básico. Se trata de capacitar ciudadanos libres, críticos y responsables para potenciar el derecho a recibir información veraz en una sociedad democrática.

 

La alfabetización mediática para la salud puede definirse como la capacidad para acceder, comprender, evaluar críticamente y utilizar información de salud de manera eficaz. Esta capacitación implica entender cómo se construyen los discursos mediáticos, cómo circulan los contenidos en redes y cómo nuestra percepción puede ser moldeada por lo que consumimos.

 

La UNESCO plantea que la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI/MIL) proporciona un conjunto de habilidades esenciales para hacer frente a los desafíos del siglo XXI. En el ámbito de la salud, no puede depender únicamente de campañas puntuales, es necesaria una estrategia educativa estructural, transversal y continua, que incorpore estas competencias desde la infancia hasta la formación universitaria y también en ámbitos de educación no formal. La alfabetización mediática debe considerarse una herramienta de salud pública.

 

Responsabilidad compartida entre medios, sistema educativo y ciudadanía

 

El problema de la desinformación en salud no puede combatirse desde un solo frente, requiere la articulación de varios actores sociales:

Los medios de comunicación, que deben recuperar su función pedagógica y priorizar el rigor frente al clic fácil. Los periodistas especializados en salud tienen la enorme responsabilidad de traducir el lenguaje técnico sin banalizar el contenido, contextualizar sin alarmar y verificar cada dato.

El sistema educativo, que debe incorporar la alfabetización mediática desde la infancia. Enseñar a los niños a desconfiar de los titulares sensacionalistas y a no compartir contenidos sin verificar, es tan importante como enseñar matemáticas o historia.

La ciudadanía, que debe asumir un rol activo como EMIREC (emisor-receptor), entendiendo que compartir información es una forma de intervenir en la salud colectiva. Cada mensaje difundido puede llegar a salvar o a perjudicar vidas. Por tanto, debemos actuar con responsabilidad, criterio y compromiso.

 

Además, urge exigir mayor transparencia a las plataformas digitales sobre sus algoritmos, así como fomentar políticas públicas que regulen la difusión de contenidos sanitarios falsos, protegiendo el derecho a la verdad.

 

Como sociedad, tenemos que entender que la verdad, especialmente cuando hablamos de salud, no es negociable. Educar en alfabetización mediática para la salud no es un lujo académico ni una moda educativa, es una vacuna social contra el virus de la mentira. Una vacuna que, como todas las que funcionan, debe llegar a todos y administrarse cuanto antes para protegernos de males como los bulos, las estafas u otros mecanismos de ciberdelincuencia.

 

La alfabetización mediática no solo nos protege del engaño, nos empodera como ciudadanos y nos ayuda a construir una sociedad más informada, crítica y sana.

¿Por qué trabajar no debería costar la salud?

¿Por qué trabajar no debería costar la salud?

Sergio Hijazo-Larrosa

22 de octubre de 2025

Vivir es un riesgo. Esta idea ha sido ampliamente tratada desde la filosofía y la psicología. En ese contexto, el riesgo se entiende como un elemento positivo, incluso como una oportunidad para definir qué es la vida y por qué debe asumirse. Sin embargo, el trabajo no puede ser un riesgo. En el ámbito laboral, el concepto de riesgo se asocia directamente con la causa de posibles daños. Y esas consecuencias, cuando afectan a la salud, son siempre negativas y conllevan un deterioro. Este artículo busca aclarar algunos aspectos sobre el trabajo y la seguridad laboral, así como explicar cómo se regula en España la normativa aplicable una vez que se ha producido un daño.

 

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo establece los riesgos existentes agrupados en las siguientes categorías: riesgos derivados de la seguridad en el trabajo, riesgos ergonómicos, riesgos psicosociales, riesgos químicos, riesgos biológicos y riesgos físicos. En 1995 se redactó la actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley 31/1995 de 08 de noviembre) que, por primera vez, intentaba no sólo corregir las situaciones donde ya se presentaban esos riesgos, sino enfrentarlos en su origen con el fin de llegar a minimizarlos o, de hecho, eliminarlos antes de que ocurrieran. La aparición de esta Ley inició un proceso de transformación en la forma de ver y pensar la prevención y la salud laboral en las empresas, las personas trabajadoras y la Administración General. Tras un recorrido de 30 años, está ya en el punto de mira de una próxima reforma.

 

Cuando los daños para la salud ya se han producido, su clasificación está regulada en la ley. Estas normas se apoyan, por un lado, en una amplia evidencia que demuestra la relación entre el riesgo existente y el daño causado y, por otro, en los principios clínicos que responden a las condiciones actuales de trabajo. En este sentido, es importante señalar que la Administración se basa también en el conocimiento aportado por sociedades científicas. Se trata de asociaciones de profesionales de diferentes ámbitos —como la ingeniería, la medicina o la enfermería— que contribuyen al desarrollo de la prevención de riesgos laborales.

 

Las situaciones asociadas al desempeño de un trabajo o actividad por cuenta ajena son denominadas contingencias profesionales. Estas contingencias se dividen en dos categorías, accidente de trabajo y enfermedad profesional.

 

El accidente de trabajo se entiende como toda lesión corporal que la persona trabajadora sufre con ocasión o por consecuencia del trabajo que realiza. Es, en definitiva, un hecho puntual, un suceso repentino que ocurre durante el desarrollo de la actividad laboral. Actuaciones como ir o volver del trabajo, o el agravamiento de enfermedades previas a consecuencia de la lesión constitutiva del accidente, se consideran también en este epígrafe.

 

Por otro lado, la definición existente de enfermedad profesional se recoge en el artículo 157 Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social. Esta definición indica que se entenderá como enfermedad profesional toda aquella que sea contraída a consecuencia del trabajo efectuado por cuenta ajena en las actividades que se especifiquen y que esté provocada por la acción de los elementos o sustancias que se indiquen para cada enfermedad profesional. Es decir, precisa que la persona trabajadora esté expuesta prolongadamente al riesgo que la genera. Por tanto, la aparición de la sintomatología que la caracteriza es mucho más lenta. Aquellas enfermedades que se producen en el desarrollo de la actividad laboral pero que no están contempladas como profesionales, ni tienen como riesgos asociados los recogidos en el listado de las enfermedades profesionales serán consideradas como enfermedades del trabajo, y se agrupan en la clasificación de accidentes de trabajo.

 

En la actualidad, todas estas características están recogidas en el Real Decreto 1299/2006 de 10 de noviembre.

 

La indicación de estas contingencias está reconocida por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales o las empresas colaboradoras en la gestión de dichas contingencias. Cuando se está en disconformidad con la declaración, habitualmente el no reconocimiento del accidente de trabajo o la enfermedad profesional, la persona interesada puede solicitar por escrito la iniciación de un procedimiento de determinación o aclaración de la contingencia ante la Dirección Provincial del INSS. Si la resolución de esta Dirección también fuera contraria a los intereses o creencias de la persona, esta puede iniciar una demanda ante el Juzgado de lo Social.

 

Una vez vista la vía de la estructura legal del daño, se antoja necesario volver a hablar del riesgo. En este sentido, eliminarlo, o al menos minimizar sus consecuencias también depende de la percepción individual del mismo. Conocer y seguir las recomendaciones en materia de prevención y ser consecuente con las normas de seguridad son actitudes precisas y necesarias para intentar conseguir que el trabajar no implique perjuicios en la salud de las personas.

Una historia de adaptación

Una historia de adaptación

Cristina Martínez González

19 de octubre de 2025

Cierra los ojos y visualiza tu cuerpo desnudo, lo has visto infinidad de veces; en cada ducha, al vestirte cada mañana… Ahora que tienes esta imagen en la mente, elimina un pecho. Cuesta hacerlo, ¿verdad? Así es mi día a día desde el pasado 19 de diciembre de 2024 tuve que someterme a una cirugía para extirpar del pecho derecho a causa del cáncer de mama o como me dijo una oncóloga, “te tenemos que mutilar el pecho”.

Esta historia, empieza como tantas otras, con la detección de un bulto. Tuve la suerte de tener una médica de cabecera que creyó conveniente examinar ese bulto sin ni siquiera tocarme, simplemente por prevención (la parte más importante en el cáncer para evitar males mayores), me hicieron una biopsia, dio positivo y continuas todo el proceso con la peor de las amistades que es la incertidumbre. No sabes si el cáncer está en todo tu cuerpo, si vas a morir…Es una sensación terrible, lloras durante el día en cualquier momento, te abrazas con tu pareja de una manera tan intensa que no hacen falta palabras y cada vez que miras a tus hijos, un nudo se te pone en garganta y estómago y piensas, ¡yo lo voy a sacar!, pase lo que pase.

La gente se vuelca en ti, te llama, apoya y te dicen repetidamente: “con lo fuerte que eres”, “Sé fuerte”, “el ánimo es lo más importante y tu carácter es el mejor”, etc. En fin, todo el mundo quiere decirte lo que creen es mejor.  No soy más fuerte que nadie, es que no te queda otra que ir día a día en este proceso tan largo, simplemente me adapto a mi nueva situación y aprendo a vivir con ella y me encanta estar contenta, así que sigo tomándome la vida con humor.

Justo antes de la “mutilación”, te explican que el pecho está totalmente contaminado de células cancerígenas, pero, afortunadamente, no hay células tumorales por el resto del cuerpo y tú tienes que salir de la consulta contentísima porque el cáncer está localizado y sólo vas a perder un pecho. Ese día yo no podía parar de llorar, porque cerraba los ojos y me visualizaba desnuda y no podía soportarlo. Tenía una talla 100 con unos senos muy caídos y no conseguía ver el lado bueno.

Al poco tiempo tienes consulta con el cirujano y te dicen que el pecho izquierdo (el sano) te lo van a reducir en la misma intervención y que en el pecho derecho te colocan un expansor que se irá llenando de suero fisiológico (unos 400 ml) hasta que llegue la operación final de reconstrucción con una prótesis. Es un avance increíble que hayan dado importancia a la salud mental en este proceso ya que es parte intrínseca del mismo.

Yo no salí muy convencida de esa consulta, pero ya estás más contenta de que “de ésta, sales”.

La primera vez que me vi, fue en la cura después de la cirugía la verdad, no fue muy impactante. Llegué a casa y bueno, es como ver a alguien guiñándote un ojo.

El pecho izquierdo está precioso, con una talla 90 y puesto como el de una veinteañera, y el derecho era y es, el pectoral de un niño de 12 años.

En ese instante, mi gran tormento era la quimioterapia y sus efectos. No soy una persona superficial, pero he de reconocer que cerrar los ojos y visualizarme sin pelo, me causaba mucha ansiedad. No he recibido quimio, aquí sí que digo en mayúsculas que HE SIDO UNA AFORTUNADA DE LA VIDA.

Cuando ves a mujeres con el pañuelo a causa de la quimioterapia, la empatía es máxima con ellas, las admiro con el mayor de mis respetos, pero no por valientes, que lo son, sino porque con la mejor de sus sonrisas y en muchos momentos sus llantos, se han ADAPTADO a su situación y como dice esta expresión que me encanta, “tirado pa´ lante”.

Hoy en día estoy con una medicación inhibidora de progesterona y estrógenos que, a mis 39 años, me ha inducido la menopausia y lo que ello conlleva: sofocos, dolor en los huesos, cansancio, etc. Pero no puedes quejarte mucho, porque has sido afortunada, así que lo llevas por dentro. También estoy esperando la operación de reconstrucción de mama, con ganas y un poco de incertidumbre (la peor amiga) de cómo será el resultado final.

Cada día me miro al espejo, veo el “guiño de ojos”, te ríes y a la vez lloras, te pasas la mano por ese pecho minúsculo de niño de 12 años y piensas que más pronto que tarde te harán la reconstrucción y ambos pechos se verán igual. Aunque siempre quedarán las cicatrices, los dolores y esas camisetas que no te quieres poner porque se nota mucho la diferencia de una teta a otra. Pero siempre con humor, con ganas de cuidarte, de moverte, de bailar, de reír, de pasar tiempo de calidad con la gente que te importa y finalmente, pese a que tienes una zonita muy pequeñita en el cerebro que pone “cáncer”, el grueso de tiempo, ni me acuerdo ni quiero pensar en ello, sino en vivir y no encontrar límites.

Quiero resaltar la unidad de mama del Hospital Miguel Servet por el acompañamiento emocional del personal, personas buenísimas tanto en la rapidez de actuación como en buscar, siempre, tu mejor solución.

Al igual que el acompañamiento de mi familia, mi marido, hijos, hermanas y amigos, han sido y son parte imprescindible de MI PROCESO.