Mujer, ciencia y universidad: ¿las «frutas prohibidas»?

Mujer, ciencia y universidad: ¿las "frutas prohibidas"?

Isabel Blázquez Ornat
11 Febrero 2025
En el día de la Mujer y la Ciencia, mi mente recuerda a esas mujeres pioneras situadas ante el umbral de una puerta: en la penumbra, el camino trillado de la vida familiar, y en la luz, lo desconocido e idealizado. Hablamos de abrir la puerta laboral más resistente a las mujeres: la Universidad y, por tanto, la del mundo científico. Ese destino por el que muchas jóvenes suspiraban, porque daba acceso a las profesiones mejor consideradas, o porque era el lugar de reconocimiento natural del talento, del gusto por leer o estudiar, donde se podía satisfacer la pasión por saber. El camino a las carreras universitarias, científicas o no, es la historia de superación por traspasar una puerta que la costumbre y la ley habían cerrado expresamente a las mujeres.

Un acceso restringido: el largo camino de las mujeres en la ciencia

Desde la creación de las primeras universidades en el siglo XII, estos nuevos espacios donde aprender e intercambiar conocimientos quedaron lejos para las mujeres.  En España, las primeras universitarias comenzaron a formarse en el último tercio del siglo XIX, aunque no fue hasta 1910 cuando sus títulos fueron reconocidos oficialmente. Las primeras mujeres en llegar fueron las sanitarias, concretamente las médicas, y en las denominadas “escuelas universitarias”, estudiaron otras que llegarían a ser practicanta y matrona, y más adelante, enfermera. La llegada de las mujeres a las profesiones sanitarias y científicas estuvo limitada durante siglos por pensamientos que ponían en duda su estabilidad emocional y menospreciaban su nivel intelectual. Más tarde y ya tituladas, el camino en el ejercicio profesional fue igualmente difícil y lleno de “reglas” y “obstáculos” que las seguían excluyendo, y que todavía hoy operan de un modo u otro.

La invisibilidad de las precursoras: el peligro de la desmemoria

El conocimiento y divulgación de estos antecedentes, de estas mujeres y sus vidas, da medida de la dimensión de sus raíces y sirve para reforzar más aún las políticas igualitarias, las de reconocimiento de las mujeres y lo femenino, o del cuidado de la vida, y también la lucha contra la injusticia social que supone la discriminación de las mujeres que en nuestros días se nos hace ya intolerable. Necesitamos reflexionar sobre la desmemoria que significa vivir y construirse sanitaria, científica, huérfanas de figuras maternas, de figuras femeninas referentes; ignorantes de tantas mujeres importantes que nos precedieron, que vivieron su vida libremente, tanto o más que nosotras, que abrieron nuevas rutas para las mujeres que vinieron a partir de los años ochenta del siglo pasado. Es altamente probable que, como mujeres profesionales, y para nuestras hijas también, necesitemos reconstruir nuestra propia memoria, y no solo conformarnos con referentes norteamericanos o británicos que la política colonial impone, con la ayuda de las redes sociales y medios de comunicación de masas. Rescatarlas del olvido y ponerlas en la escena es una aportación obligada de las estudiosas y de la sociedad en general con las propias mujeres, con nuestras hijas, y con nuestros hijos también.

Fuente: AHUZ, Registros de identidad escolar, Estudiantes de la Facultad de Medicina de Zaragoza, años 20 y 30.

Construyendo linajes femeninos

La Universidad de Zaragoza comenzó hace unos años con esta labor de reconocer a las pioneras y excelentes como a las normales o del montón y a las que abandonaron, a las rurales y urbanas, del centro o del barrio, de clase acomodada y de clase media o baja; y de reflexionar sobre las condiciones que obstaculizaban su integración en las carreras científicas, sanitarias o no.  A pesar de ello, apenas sabemos sobre las mujeres de ciencias tecnológicas. De las primeras médicas en esta universidad sabemos cómo fue su acceso y peculiaridades y sus salidas profesionales preferidas a lo largo del tiempo (investigadoras clínicas, especialistas del hospital y médicas de pueblo). En 1878, Francisca Arbiol Borraz y Filomena Pérez Urtasum fueron las primeras estudiantes de matrona. La primera mujer que realizó estudios de Medicina fue Mª del Milagro Andreu y Boigues en 1898 y ese mismo año, Rosa María Matute Tofé fue la primera en presentarse al examen final de la carrera de practicante. Tres años después, lo hizo la matrona Adriana Laita Moreo tras superar las trabas y obstáculos que le planteó el propio Decano de la Facultad de Medicina. Después vendrían muchas más…, médicas tan relevantes como Amparo Poch Gascón que abrió su consulta en su propio domicilio de Zaragoza y, que desde 1934 trabajaría en programas de educación para la salud en mujeres y niños en Madrid. Fue una estrecha colaboradora de la Ministra de Sanidad Federica Montseny y al acabar la guerra civil tuvo que exiliarse. Y practicantas como Leonor Lerín o Dolores Sierra, de las primeras que tenemos noticia de trabajar en el ámbito público como practicantas y matronas, en la Maternidad y el Dispensario Antituberculoso de la ciudad.

Fuente: El Auxiliar Médico Español 1935, abril; 40:44, la practicanta Dolores Sierra Gracia.

Un compromiso con la memoria y la acción

Estas mujeres de excelencia académica sabemos que tuvieron una labor asistencia clave en determinados contextos e incluso algunas recibieron el reconocimiento de la ciudadanía, o lo están recibiendo ahora. Conocer este camino y a estas mujeres es, para las mujeres y los hombres, una fuente de realismo, un arma para la libertad de elección y un antídoto para la brecha de género que todavía caracteriza ámbitos profesionales y científicos. Contarles este camino a todas las niñas para que crean en sí mismas, superen obstáculos con determinación y no se rindan antes los desafíos. Porque una sociedad saludable es, ante todo, una sociedad justa.

Fuente: AFMZ, Fichas de identidad escolar, practicantes, 1915-1940, las practicantas: Orosia García Gonzalo (1924-1926), Pilar Lledó Tello (1924-1926), María Lucea Asensio (1931-1933) y María Ángeles Martín Gracia (1935-1936 y 1939-1940).

La mutilación genital femenina, una forma de violencia de género invisibilizada

La mutilación genital femenina, una forma de violencia de género invisibilizada

Mamb Atjaba y Julia Moreno Sánchez

6 de febrero de 2025

El día 6 de febrero se conmemora el día internacional que pone el foco en la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina(MGF), una de las formas de violencia de género más duras que existen.

 

La MGF es un problema mundial que afecta a las niñas y a las mujeres en todas las regiones del mundo. Más de 230 millones de mujeres y niñas están afectadas hoy en día. En el África Subsahariana y Oriente Medio se concentran la gran mayoría de los países donde se practica la MGF.

 

La MGF según la definición de la OMS “comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones causadas a los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”.

 

Pero en la realidad, la MGF, es mucho más que un corte en los genitales externos de la mujer, porque conlleva la perpetuación de normas sociales ancladas en el patriarcado, empeñado en el control de la sexualidad de las mujeres y, en definitiva, en el control de sus vidas, convirtiéndose en una forma de violencia de género.

 

Consecuencias de la práctica

 

La MGF tiene consecuencias en la salud de las mujeres y niñas, algunas leves, otras graves, en cualquier caso, son consecuencias que les acompañarán durante toda su vida, dejando una huella imborrable, la huella del mandato de género: para ser una buena mujer tienes que estar cortada, ningún hombre se casará contigo si no lo estás, es por tu bien, es por el bien de las niñas, serán respetadas, tendrán un sitio en la sociedad, no serán infieles, llegarán vírgenes al matrimonio.

 

Con estos mandatos, las madres, los padres, los abuelos, las abuelas, deciden sobre el futuro de las niñas y la práctica es realizada. Es importante saber que la mayoría de las comunidades desconocen las consecuencias que tiene la MGF para la salud de las mujeres y las niñas, y que las propias mujeres no asocian sus problemas de salud sexual y reproductiva ni las muertes, a la práctica de la mutilación genital femenina. Las consecuencias que sufrirá una mujer que tiene realizada la MGF, dependerán mucho del tipo de mutilación genital femenino que se le ha practicado.

 

Si una mujer rompe con la norma, con la tradición de la MGF, sufrirá consecuencias sociales, que dependerán de los países: cada cultura y cada sociedad establece sus propios “mandatos de género”, aquellas normas que las personas tienen que cumplir en el ser, en el estar, en el actuar, para ser aceptada/o en el grupo social, por el hecho de nacer con cuerpo de hombre o de mujer. El incumplimiento conlleva un sistema de penas y castigos para aplicar a quien no cumple, por ello la decisión de romper la tradición trae consigo consecuencias personales y familiares relacionadas con el honor, la validación social y la exclusión.

 

Ninguna familia quiere que su hija sea excluida, por ello, la práctica se percibe como un bien para las niñas, sin analizar las consecuencias que tiene para la salud de las mujeres.

 

Luchar para erradicar la mutilación genital femenina

 

España tiene mecanismos legales para penalizar la MGF desde el año 2003, año que fue incluida en el Código Penal. También ha sido incluida en la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual, lo cual es indicador de que es una forma de violencia contra la mujer, a la que hay que prestar atención y poner medios no solo punitivos, sino también preventivos, de actuación ante casos de riesgo y de reparación a las supervivientes.

 

Para ello son muy importantes los protocolos de actuación interdisciplinares, como el que hay en Aragón o el que existe a nivel estatal, porque son herramientas muy importantes para los y las profesionales.

 

Los protocolos de prevención y actuación contemplan itinerarios internos y acciones coordinadas de servicios y agentes según los momentos de intervención y los ámbitos a los que afecta.

 

Está comprobado que, la legislación por sí sola no es lo suficientemente eficaz para erradicar la MGF, sino que es necesario acompañar con medidas preventivas, de detección de riesgo y de atención a las consecuencias que sufren las mujeres que han pasado por esta práctica.

 

Buenas prácticas en la lucha contra la MGF en el ámbito sanitario

 

La mediación intercultural

La mediación intercultural aporta las claves necesarias para una intervención adecuada, tanto para las personas migrantes como para las y los profesionales que les atienden, favoreciendo el diálogo y estableciendo puentes, lo que facilita el desarrollo de acciones preventivas y evita el conflicto, favoreciendo la convivencia intercultural.

 

La formación a profesionales

Formarse en mutilación genital femenina es clave para entender las razones que llevan a su práctica y ayuda a armar la argumentación para desmontar los mitos, poner en práctica la prevención y superar los miedos que tenemos a abordar un tema que es complejo.

 

Unidades especializadas

En algunas comunidades autónomas (Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana), los departamentos de sanidad han puesto en marcha unidades de atención integral especializadas para la atención a mujeres que sufren las consecuencias de la MGF. En Aragón está en funcionamiento desde el año 2021.

 

Coordinación interdisciplinar y puesta en marcha de los protocolos de actuación.

Los protocolos de actuación potencian la coordinación interdisciplinar, que es clave en la detección de situaciones de riesgo y en la actuación ante casos de MGF. El uso de los protocolos facilita herramientas para abordar la MGF.

 

 

Experiencia de Médicos del Mundo

 

Médicos del Mundo trabaja en la prevención de esta forma de violencia de género, que atenta contra los derechos humanos más básicos de las mujeres y niñas y que, además, va muy asociada también a otras formas de violencia como son los matrimonios forzados.

Paraparesia Espástica Familiar: Entendiendo la realidad de una enfermedad rara

Paraparesia Espástica Familiar: Entendiendo la realidad de una enfermedad rara

María José Rangel Viejo

31 enero 2025

La Paraparesia Espástica Familiar (PEF), también conocida como Paraparesia Espástica Hereditaria (PEH), es un grupo de trastornos neurológicos raros caracterizados por la debilidad progresiva (paraparesia) y la rigidez (espasticidad) en las extremidades inferiores. Este artículo tiene como objetivo proporcionar una visión integral de esta enfermedad para combatir la desinformación, sensibilizar a la sociedad y fomentar el apoyo a las personas afectadas.

 

 

Qué es la Paraparesia Espástica Familiar

 

La PEF engloba un conjunto de trastornos genéticos que afectan principalmente a la motoneurona superior, de carácter neurodegenerativo, muy incapacitante, muy invisibilizada, sin tratamientos específicos, infradiagnosticada, y que necesita confirmación genética.

 

Los síntomas suelen aparecer de forma progresiva, desde una leve torpeza al caminar, dificultad para mantener el equilibrio, golpes, tropiezos o caídas, hasta la necesidad de dispositivos de ayuda, como bastones o sillas de ruedas.

 

Los síntomas más comunes son tensión muscular en piernas/pies, desequilibrio (caídas frecuentes), espasmos o calambres musculares, sensibilidad al frío, tono muscular excesivo, pies con arco alto, fatiga, urgencia urinaria o vejiga neurógena.

 

La enfermedad es causada por mutaciones en uno o más de los más de 125 genes asociados a la condición. Estas mutaciones afectan el funcionamiento de las neuronas motoras, que transmiten señales desde el cerebro y la médula espinal hasta los músculos.

 

 

Clasificación: Formas puras y complejas

 

La Dra. Anita Harding en 1983 clasificó la PEF en dos tipos principales:

– Formas puras: Se limitan a síntomas motores, como espasticidad, debilidad muscular, hiperreflexia, alteraciones al caminar, así como problemas asociados de vejiga neurógena.

– Formas complejas: Incluyen síntomas adicionales, manifestaciones neurológicas o sistémicas, como ataxia cerebelosa, atrofia óptica, neuropatía periférica, deterioro cognitivo, epilepsia, disfagia, disartria o problemas auditivos.

 

 

Factores genéticos y diagnóstico

 

La PEF se hereda de manera autosómica dominante, recesiva, ligada al cromosoma X y formas mitocondriales. Entre los genes más estudiados se encuentran el SPG4 (Spastina) y el SPG7 (Paraplegina).

 

El diagnóstico requiere un enfoque multidisciplinario que combine:

Evaluaciones clínicas para identificar signos de espasticidad y debilidad.

Pruebas genéticas que confirmen mutaciones asociadas.

Resonancias magnéticas para descartar otras patologías.

 

La importancia de un diagnóstico temprano radica en el diseño de estrategias terapéuticas que mejoren la calidad de vida de los pacientes.

 

 

Impacto en la calidad de vida y aspectos psicosociales

 

La PEF no solo afecta la movilidad, sino que también tiene un impacto profundo en la salud emocional y la interacción social de los afectados. Los pacientes enfrentan barreras físicas y psicológicas, como:

Dificultades para acceder a espacios inclusivos.

Estigmatización y desinformación en su entorno.

Sentimientos de aislamiento debido a la falta de conocimiento general sobre la enfermedad.

 

Además, los cuidadores, generalmente familiares cercanos, también experimentan estrés físico y emocional.

 

 

Tratamiento y manejo multidisciplinario

 

Actualmente, no existe cura para la PEF, pero los tratamientos se enfocan en aliviar los síntomas y mejorar la funcionalidad. Entre ellos se encuentran:

– Fisioterapia: Mejora la movilidad y previene contracturas musculares.

– Medicamentos: Incluyen relajantes musculares como el baclofeno y la toxina botulínica para tratar la espasticidad.

– Apoyo psicológico: Fundamental para afrontar el impacto emocional de la enfermedad.

– Tecnologías asistidas: Dispositivos como ortesis, sillas de ruedas y andadores para facilitar la movilidad.

 

La investigación sobre terapias génicas y tratamientos personalizados sigue avanzando, aunque enfrenta desafíos significativos debido a la rareza de la enfermedad y la diversidad de sus formas genéticas.

 

 

Lucha contra la desinformación

 

Uno de los mayores retos para las enfermedades raras como la PEF es la desinformación, que perpetúa mitos, genera diagnósticos tardíos y dificulta el acceso a recursos adecuados. Algunos mitos sobre la enfermedad son:

 

Mito 1: “Es una enfermedad exclusivamente degenerativa”:

Aunque la progresión es común, el impacto varía ampliamente entre pacientes.

 

Mito 2: “Afecta solo a personas mayores”:

La PEF puede diagnosticarse a cualquier edad. Sin embargo, ciertos subtipos tienden a manifestarse más en etapas específicas de la vida (infancia o adultez temprana).

 

Mito 3: “No se puede hacer nada por los pacientes”:

Aunque no hay cura, los tratamientos multidisciplinarios pueden mejorar la calidad de vida. Las terapias físicas, la rehabilitación y los avances en genética permiten un mejor manejo de la condición

 

Mito 4: «Es una enfermedad rara, pero no hereditaria»:

La PEF es una enfermedad genética y hereditaria. Se transmite principalmente en patrones autosómicos dominantes, recesivos, ligados al cromosoma X o mitocondriales. Más de 127 genes diferentes están relacionados con esta condición.

 

Mito 5: «Solo afecta a las piernas»:

Aunque los principales síntomas incluyen espasticidad y debilidad en las extremidades inferiores, muchos pacientes experimentan síntomas no motores como problemas urinarios, fatiga, alteraciones cognitivas leves, neuropatías o incluso atrofia óptica en casos complejos.

 

Mito 6: «El tratamiento cura la enfermedad»:

No existe una cura para la PEF. Los tratamientos son sintomáticos y personalizados, incluyendo fisioterapia, medicación para aliviar la espasticidad (como baclofeno o tizanidina) y terapias ocupacionales para mejorar la calidad de vida.

 

Mito 7: «Solo afecta físicamente, no emocional o psicológicamente»:

Como cualquier enfermedad crónica, la PEF puede tener un impacto emocional significativo en pacientes y sus familias. El apoyo psicológico es crucial para abordar problemas como ansiedad, depresión o sentimientos de aislamiento.

 

Mito 8: «Es fácil de diagnosticar porque los síntomas son obvios»:

El diagnóstico puede ser complicado, ya que los síntomas iniciales son inespecíficos y pueden confundirse con otras enfermedades neurológicas. Se requiere pruebas genéticas y análisis clínicos detallados para confirmar el diagnóstico.

 

Mito 9: «La PEF es causada por lesiones físicas o factores externos»:

La PEF no está relacionada con traumatismos o factores ambientales. Su origen es genético y está vinculado a mutaciones específicas que afectan la función de las neuronas motoras.

 

Mito 10: «La fisioterapia no ayuda porque no cura la enfermedad»:

Aunque no es una cura, la fisioterapia es fundamental para retrasar la progresión de la espasticidad, mantener la flexibilidad y mejorar la funcionalidad. Un plan personalizado puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.

 

Mito 11: «La PEF siempre empeora rápidamente”:

La progresión de la PEF es gradual y varía entre personas. En algunos casos, los síntomas se estabilizan durante largos períodos, mientras que en otros pueden avanzar más rápidamente.

 

Mito 12: «No es necesario realizar estudios genéticos si ya hay un diagnóstico clínico«:

Los estudios genéticos son importantes para confirmar el subtipo específico de PEF, identificar mutaciones y proporcionar información clave para el manejo de la enfermedad, el consejo genético y la planificación familiar.

 

Mito 13: «Si nadie más en la familia tiene PEF, no puede ser hereditaria»:

Algunos casos de PEF son causados por mutaciones de Novo, lo que significa que aparecen por primera vez en un paciente sin antecedentes familiares conocidos. Sin embargo, siguen siendo de origen genético.

 

Mito 14: «Las personas con PEF no pueden disfrutar de actividades recreativas o físicas”:

Aunque la movilidad puede verse afectada, muchas personas con PEF pueden participar en actividades recreativas adaptadas, como natación, yoga o ejercicios diseñados para mantener fuerza y flexibilidad. Estas actividades, además, contribuyen positivamente a su bienestar físico y emocional.

 

Mito 15: «Es imposible tener independencia con PEF»:

Con herramientas como sillas de ruedas, andadores, adaptaciones en el hogar y la tecnología asistida, muchas personas con PEF logran mantener un alto grado de independencia en su vida diaria.

 

Mito 16: «Los pacientes siempre dependen de cuidadores para todo»:

El nivel de dependencia varía entre los individuos. Mientras que algunos requieren apoyo constante, otros pueden manejar muchas de sus actividades diarias por sí mismos con las adaptaciones adecuadas.

 

 

Necesidad de apoyo y sensibilización

 

La sensibilización sobre la PEF es crucial para fomentar una sociedad inclusiva y solidaria. Las asociaciones de pacientes juegan un papel vital en:

Promover la investigación.

Proveer información fiable.

Crear redes de apoyo entre pacientes y familias.

 

Además, iniciativas como el Día Mundial de la Paraparesia Espástica Hereditaria, promovidas por organizaciones como la Asociación Española de Paraparesia Espástica Familiar (AEPEF), son fundamentales para visibilizar la enfermedad.

 

 

Conclusión

 

La Paraparesia Espástica Familiar es una condición compleja que requiere un enfoque global basado en la ciencia, el apoyo comunitario y la lucha contra la desinformación. Al educar a la sociedad y fomentar la investigación, podemos contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad y sus familias.

 

La desinformación no solo genera barreras, sino que también impide avanzar hacia un mundo más inclusivo. Solo a través del conocimiento y la acción conjunta podremos transformar el panorama de las enfermedades raras y hacer visible lo invisible.

La equidad en salud: Un derecho fundamental para todos

La equidad en salud: Un derecho fundamental para todos

Isabel Antón Solanas

12 diciembre 2024

El 12 de diciembre, Día Mundial de la Cobertura Sanitaria Universal, es una fecha para reflexionar sobre la importancia de garantizar el acceso equitativo a servicios de salud de calidad para todas las personas.

El derecho a la salud está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos desde 1948. Sin embargo, este derecho no se reduce únicamente al acceso a la atención sanitaria, sino que abarca una serie de condiciones que permiten a las personas alcanzar el máximo bienestar posible. Factores como la alimentación, la vivienda, el empleo digno y la educación son componentes integrales del derecho a la salud.

Sin embargo, la realidad es que millones de personas en el mundo todavía enfrentan barreras significativas para tener salud. Estas barreras incluyen desigualdades económicas, discriminación por género, raza o identidad sexual, y exclusión de las personas con discapacidad o de quienes viven en áreas rurales o marginadas. El principio de equidad exige que trabajemos para derribar estas barreras, asegurando que los recursos y las oportunidades de salud sean distribuidos de manera justa y proporcional a las necesidades.

 

 

Explicando la equidad en salud

 

La equidad en salud, según el equipo de investigación del proyecto HEQED (Health Equity through Education), no es un fin en sí mismo sino un proceso continuo que requiere reflexión, acción y adaptación constante por parte del conjunto de la sociedad. Así, promover la equidad en salud implica identificar y abordar desigualdades de manera sistemática y permanente. Estas desigualdades pueden tener su origen en una variedad de factores, incluyendo factores sociales, económicos, ambientales o políticos.

Los valores que guían nuestras acciones y comportamientos son fundamentales para entender cómo podemos construir un sistema más justo e inclusivo. Sin embargo, si alcanzar la equidad fuera sencillo, lo habríamos logrado hace tiempo. Uno de los principales desafíos radica, precisamente, en los valores o principios que guían la toma de decisiones y orientan las acciones que, a largo plazo, deben beneficiar a las personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.

Conscientes de que una amplia gama de valores está vinculada a la equidad en salud, el enfoque de HEQED ha identificado ciertos sistemas de valores que son particularmente relevantes en el contexto actual. Estas perspectivas ayudan a analizar las desigualdades y proponer soluciones significativas. Su propósito no es ofrecer una descripción exhaustiva, sino invitar a la reflexión y al debate, proporcionando un marco útil para abordar los complejos retos que plantea la promoción de la equidad en salud en todos los sectores de la sociedad.

 

 

Derechos humanos

 

Los derechos humanos son el fundamento de cualquier discusión sobre equidad en salud. Todas las personas, sin importar su origen o circunstancias, tienen el derecho inherente a disfrutar del nivel más alto posible de salud física y mental. Esto incluye no solo el acceso a servicios de salud, sino también a condiciones básicas como seguridad alimentaria, vivienda digna o agua potable.

 

 

Justicia social

 

La justicia social subraya la necesidad de abordar las inequidades que nacen de los determinantes sociales de la salud. Factores como la pobreza, el desempleo, la educación deficiente y la falta de acceso a servicios básicos son causa fundamental de malestar y enfermedad. En palabras de Michel Marmot, estas condiciones sociales son “las causas de las causas” de los problemas de salud. La justicia social exige que trabajemos para abordarlas y crear entornos que permitan a todas las personas llevar una vida saludable.

 

 

Bienestar planetario

 

En los últimos años, el concepto de bienestar planetario ha ganado importancia en el campo de la salud pública. Este enfoque reconoce que la salud humana está intrínsecamente conectada con la salud de nuestro planeta. La degradación ambiental, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad no solo afectan los ecosistemas, sino que también tienen un impacto directo en la salud de las personas. Promover la equidad en salud requiere prácticas sostenibles que protejan tanto a los seres humanos como al medio ambiente.

 

 

Seguridad ontológica

 

La seguridad ontológica se refiere a la necesidad de estabilidad, confianza y continuidad en la vida de las personas. En el contexto de la salud, esto significa garantizar que las personas tengan acceso a servicios fiables y consistentes, y que puedan confiar en las instituciones que proveen estos servicios. La falta de seguridad, ya sea por conflictos, pobreza extrema o sistemas de salud fragmentados, afecta la capacidad de las personas para alcanzar su bienestar pleno.

 

 

Participación

 

La equidad en salud no puede imponerse; requiere la participación activa de la sociedad. Las personas deben ser incluidas en la toma de decisiones que afectan sus vidas, desde el diseño de políticas sanitarias hasta la implementación de programas de salud. Así, la participación es fundamental para garantizar que las soluciones sean inclusivas y respondan a las necesidades reales de las personas.

Aunque no está contemplado en el proyecto HEQED, el objetivo de la cobertura sanitaria universal bien podría sumarse al resto de los valores que deberían orientar las acciones enfocadas a promover la equidad en salud. Este concepto aboga por un acceso equitativo a servicios esenciales de salud que, sin embargo, debe ir acompañado de esfuerzos para abordar las causas subyacentes de la inequidad en salud.

 

 

Una llamada a la acción

 

Lograr una cobertura sanitaria universal y, a través de ella, promover la equidad en salud, requiere un compromiso colectivo. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, las instituciones educativas y la sociedad civil tienen roles complementarios en este esfuerzo.

En este Día Mundial de la Cobertura Sanitaria Universal, es importante reafirmar el compromiso con un mundo donde todas las personas, sin excepción, tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial de salud y bienestar. La equidad en salud no es solo un ideal, sino una llamada a la acción motivada por la necesidad urgente para construir sociedades más justas, inclusivas y sostenibles.

Viaje a Catarroja: Perspectiva de un bombero voluntario

Viaje a Catarroja: Perspectiva de un bombero voluntario

Aitor Abadías Pelegrín

06 diciembre 2024

He viajado voluntariamente hasta Valencia a través de Bomberos y Ayuntamiento de Huesca. El servicio ha facilitado el transporte  y materiales necesarios, pero no se han eliminado los turnos de trabajo, por lo que hemos tenido que cambiarnos las guardias para poder ir. Como colectivo, desde que se conoció el desastre que había causado la DANA, nos organizamos para ir y se le transmitió a Jefatura, quienes empatizaron con nosotros pero no autorizaban el traslado a la zona porque necesitaban el permiso del Gobierno de Aragón. Finalmente, el 2 de noviembre dieron luz verde y fuimos un grupo de 8 bomberos profesionales del Ayuntamiento de Huesca. Nos dirigimos al puesto de mando avanzado (PMA), quienes nos indicaron que nuestro sector de trabajo era el sector III de Catarroja.

La primera noche trabajamos todo el tiempo. Habían pasado 4 días desde la catástrofe, que unidos a los testimonios de los habitantes y una previsión de más de 1000 desaparecidos, hicieron que nos mentalizáramos que encontraríamos muchos fallecidos. Estuvimos trabajando en los accesos al parking de la Plaza Mayor, los cuales estaban totalmente obstruidos por escombros, coches y lodo. Los testigos afirmaban que esas entradas habían hecho de aspirador, succionando todo lo que estaba flotando alrededor. Gracias a la ayuda de nuestro camión y la coordinación con un grupo de tractores de Aragón, al amanecer, todas esas vías estaban libres tanto para los vecinos como para empezar a achicar el agua.

Posteriormente, el PMA ordenó otras funciones, que consistieron principalmente en sacar agua de garajes y certificar que no había fallecidos, ya que en algunos edificios no estaban seguros si estaban todos los vecinos.

El problema fundamental fue el tiempo, puesto que algunos garajes constaban de dos plantas y eso implicaba una gran cantidad de agua. Las bombas de agua que tenemos se utilizan para eliminar el agua de inundaciones comunes pero no tienen la potencia necesaria para una situación de esta magnitud. A esto se añadía el inconveniente de hacia dónde se achicaba el agua: si se hacía a la calle, provocabas problemas a los vecinos que vivían en la parte baja; si se echaba a las alcantarillas, muchas estaban obstruidas, por lo que aumentabas ese atasco. Esto hizo que elimináramos el agua de tal manera que las alcantarillas pudieran soportarlo, sin saturar más de lo que ya estaba todo.

También dimos asistencia técnica, como la apertura de puertas de locales, las cuales el agua había forzado y aplastado con otros objetos; apertura de puertas de pisos; y ayuda a personas mayores y personas con movilidad reducida a salir de sus casas.

Personalmente, cuando llegamos a Catarroja, me sentí en un escenario de guerra. No había luz en las calles, estaba todo inundado, muchísimo barro, miraras donde miraras había destrucción: locales, calles, mobiliario urbano, miles de coches dañados. Se sentía la soledad y el silencio abrumador.

Durante el día comenzamos a ver a los habitantes salir a la calle, momento en el que nos relataban sus experiencias. Al principio intentas hacerte una coraza para que no te afecten, pero al final van calando. Una historia que me impactó fue cuando vi a una familia entera con sus botas de agua acercarse a puntos de recogida de alimentos, productos de limpieza o ropa. No tenían nada, los centros comerciales estaban destruidos, así que pedían productos como comida o lejía para poder limpiar. Otras personas nos contaban que habían perdido su negocio, algunos iniciados hacía un año, sus casas e incluso algún familiar. Todo esto te ayuda a analizar y valorar todo lo que tienes.

Siento que la vida me ha dado una lección de humildad y humanidad. He visto como personas que no tenían nada nos ofrecían bocadillos, café o lo que necesitáramos; nos hemos sentido muy arropados y muy bien cuidados. Rechazábamos esas ofertas puesto que teníamos claro que íbamos a trabajar, además que en ningún momento nos ha faltado ni comida, ni alojamiento. El Gobierno de Aragón nos facilitó pernoctar en un hotel, pero nos parecía poco operativo ya que estaba a más de una hora en coche. Como alternativa nos ofrecieron descansar en las aulas de un colegio, y como disponíamos de sacos y esterillas, nos encajaba más por ser más operativo y eficaz. Habíamos ido hasta allí para trabajar al máximo nivel durante 4 días, un desplazamiento tan largo nos restaba mucho tiempo.

En ese colegio se recogían alimentos y artículos de limpieza, así que cada vez que íbamos a descansar, que serían aproximadamente 3-4 horas al día, nos proporcionaban cena y productos de aseo ya que tampoco había duchas.

Sabíamos en qué condiciones íbamos a estar y lo aceptábamos. Ahí íbamos a sacar el trabajo adelante, siempre dando lo mejor de nosotros mismos, lo demás era secundario. Este alojamiento lo compartíamos con unos 100 bomberos, entre ellos el ERICAM de Madrid, un servicio especial de emergencias en grandes catástrofes.

Me llamó la atención que los baños y zonas comunes estaban limpios día tras día. Todo gracias a los voluntarios que acudían allí para que tuviéramos un mínimo de comodidad. Clasificaban también todo lo que recibían según las necesidades: utensilios de limpieza de las calles, productos de higiene para mayores y menores, caducidades de los alimentos recibidos, etc. Estaba todo muy organizado. Estas personas que actuaban altruistamente no van a salir en los medios de comunicación, pero su labor es enorme.

Volví con la sensación de que quedaba aún mucho trabajo por hacer. Por eso, en cuanto compensé las horas no trabajadas, sin descansar apenas entre guardias, me ofrecí voluntario para ir de nuevo.

La segunda vez noté mucho cambio. Había voluntarios con tractores y excavadoras, mucho personal del ejército, muchas empresas privadas dedicadas al desatasco del alcantarillado y mucho personal que trabaja en incendios forestales (INFOAR). Todos estos medios sirvieron de gran ayuda y la situación iba mejorando poco a poco y día a día.

Fue increíble la marea de gente, sobre todo personas jóvenes, que venía andando desde Valencia con cepillos, palas y botas de agua. Tenían una distancia de más de 1 hora y, aun así, se ponían a quitar barro. Estaban disponibles para cualquier tarea, preguntaban constantemente si necesitábamos ayuda. Es llamativo la actuación de estas personas altruistas en comparación con la administración, que ha fallado en coordinación de medios y  tiempo de respuesta.

Sigue siendo devastador, pero ya se puede circular por algunas calles y hay algún pequeño comercio abierto. Comienza a haber vida en las ciudades y esto anima. Por contra, cuando te alejas de las urbes, los descampados están llenos de escombros y coches, ya que los sacan de las calles y los desechan a las afueras para una mejor accesibilidad para su eliminación.

Mi sensación es que queda mucho por hacer. Gracias a la gente de a pie esta situación está remitiendo día a día, gracias al altruismo y a la humanidad de las personas que se han desplazado a la zona cero, están saliendo adelante. Es lo mejor que ha sacado esta catástrofe. Me quedo con eso.

Violencia obstétrica en el contexto español

Violencia obstétrica en el contexto español. Necesidad de su análisis

Adrián Romero Berenguel

27 de noviembre de 2024

«El presente trabajo se ha elaborado en el marco del Proyecto de Investigación «El Derecho Penal ante los retos actuales de la Biomedicina (DERPEBIO)». Referencia: PID2022-136743OB-I00. Proyectos de Generación de Conocimiento 2022. Entidades financiadoras: MCIN / AEI / y FEDER Una manera de hacer Europa.»

La violencia obstétrica, es un fenómeno que se encuentra actualmente en el foco mediático y que algunos autores la definen como “un problema social que afecta y vulnera el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre la función sexual y reproductiva de su cuerpo, evitando que su salud sea plenamente garantizada”. Ello se debe al cambio de paradigma resultante del aumento de la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones en cuanto a su salud como pacientes; en contraposición al modelo paternalista tradicional y que, legalmente ya se ha visto superado por normativa como el Convenio de Oviedo y la Ley de Autonomía del Paciente.

En el contexto actual, algunas de las prácticas comunes que suelen señalarse como violencia obstétrica suponen (entre otras), la patologización de los cuerpos en un proceso que se considera fisiológico en caso de no complicarse, el uso excesivo de cesáreas sin justificación médica, maniobras o procedimientos invasivos sin el consentimiento informado de la mujer, el empleo exógeno de oxitocina sintética sin la antedicha justificación, la negación del acompañamiento por una persona de confianza o del método piel con piel y, por supuesto, la falta de un consentimiento plenamente informado que tenga en cuenta las circunstancias personales o deseos de la mujer.

Todos estos elementos muestran a priori cierta desconexión entre las prácticas asistenciales y las necesidades solicitadas de las pacientes, lo que ha alimentado el debate sobre la forma en que debe respetarse la autonomía de las mujeres en el embarazo y el parto, a pesar de que las mismas puedan carecer de conocimientos médicos o pueda valorarse un potencial riesgo en abstracto para la salud del feto y de la madre.

Internacionalmente, países como Venezuela o algunos Estados Mexicanos, han legislado ya positivamente contra la violencia obstétrica, incluso en el orden penal. Ello supone la incorporación del delito de violencia obstétrica a su ordenamiento. Teniendo en cuenta que ya existen sentencias españolas que nombran dicho concepto y que hay un pronunciamiento por parte del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), en la que se dictaminó que en España se ha producido violencia obstétrica, es interesante realizar una valoración holística acerca de la situación del estado de la cuestión en la asistencia sanitaria española y, analizar la pertinencia de regular la violencia obstétrica en España mediante un tipo penal específico, evaluando, a su vez, una eventual responsabilidad de la gestante que rechace conscientemente tratamientos de carácter necesario.

Si bien es importante garantizar la seguridad e integridad de la madre y el feto, es igualmente crucial respetar el derecho de la mujer a decidir sobre los riesgos que está dispuesta a asumir, permitiendo a las propias mujeres que puedan evaluar las opciones asistenciales junto con los profesionales sanitarios y tomar decisiones plenamente informadas y consensuadas sobre su proceso de parto.

El debate gira en torno a si el Derecho Penal debería intervenir en la protección de estos derechos, o, por el contrario, sería suficiente con una regulación administrativa y con la implementación de protocolos médicos que tengan en cuenta la voluntad de la madre y garanticen decisiones informadas y seguridad clínica en caso de complicaciones.

Hay que tener en cuenta que en el momento en el que se demanda un aumento de derechos por parte de un colectivo, dicha demanda está necesariamente unida a un aumento de deberes y/o responsabilidades. La Ley de Autonomía del Paciente, regula las decisiones que un individuo adopta en relación con su salud personal. No obstante, el embarazo y el parto son las únicas situaciones en las que una decisión sobre la salud personal tiene una potencial repercusión sobre la salud de un tercero. Un modelo con unos rígidos protocolos tiene la ventaja de minimizar las posibles complicaciones del feto a su máximo exponente, en detrimento de la autonomía de la voluntad de la mujer gestante. De querer virar esa dinámica hacia una en la que la madre sea la directora de las decisiones, se ha de tener en cuenta el riesgo máximo que se quiere asumir, así como la desviación de la posición de garantía sobre el feto que adoptaba el médico en el modelo paternalista por asumir el riesgo de la actuación. Es decir, en el supuesto de que se adoptara un modelo asistencial en el que la madre tuviese siempre la última palabra, en caso de una eventual complicación tras desoír el criterio médico que se rige por la lex artis, la posición de garante decaería en la madre y con ello una eventual responsabilidad (incluso penal) sobre las complicaciones acaecidas.

Dadas las circunstancias, la mejor opción sería implementar un modelo mixto en el que se le permita a la mujer tener gran capacidad de decisión, pero que los criterios estrictamente médicos sigan siendo objeto de los profesionales sanitarios. Para ello, personalmente me inclino por una fórmula de consentimiento en cascada, similar a un plan de parto en árbol de decisiones, pero que únicamente permita decidir según las posibilidades materiales del servicio en el que se va a ser atendido. De esta manera, la voluntad de la mujer no se vería frustrada por una incapacidad de medios por parte del servicio en el que está siendo atendida (por ejemplo, no incluir bañera en el árbol de decisión si en el centro hospitalario no se dispone de la misma). Teniendo en cuenta que el embarazo y el parto según estudios recientes son etapas de alta labilidad y plasticidad cerebral, donde las conexiones neuronales de la madre se ven modificadas para desarrollar nuevas capacidades, un consentimiento sostenido en el tiempo y que se inicie en etapas tempranas desde Atención Primaria, sería una solución altamente recomendable.