Mujer, ciencia y universidad: ¿las «frutas prohibidas»?
Mujer, ciencia y universidad: ¿las "frutas prohibidas"?
Un acceso restringido: el largo camino de las mujeres en la ciencia
Desde la creación de las primeras universidades en el siglo XII, estos nuevos espacios donde aprender e intercambiar conocimientos quedaron lejos para las mujeres. En España, las primeras universitarias comenzaron a formarse en el último tercio del siglo XIX, aunque no fue hasta 1910 cuando sus títulos fueron reconocidos oficialmente. Las primeras mujeres en llegar fueron las sanitarias, concretamente las médicas, y en las denominadas “escuelas universitarias”, estudiaron otras que llegarían a ser practicanta y matrona, y más adelante, enfermera. La llegada de las mujeres a las profesiones sanitarias y científicas estuvo limitada durante siglos por pensamientos que ponían en duda su estabilidad emocional y menospreciaban su nivel intelectual. Más tarde y ya tituladas, el camino en el ejercicio profesional fue igualmente difícil y lleno de “reglas” y “obstáculos” que las seguían excluyendo, y que todavía hoy operan de un modo u otro.
La invisibilidad de las precursoras: el peligro de la desmemoria
El conocimiento y divulgación de estos antecedentes, de estas mujeres y sus vidas, da medida de la dimensión de sus raíces y sirve para reforzar más aún las políticas igualitarias, las de reconocimiento de las mujeres y lo femenino, o del cuidado de la vida, y también la lucha contra la injusticia social que supone la discriminación de las mujeres que en nuestros días se nos hace ya intolerable. Necesitamos reflexionar sobre la desmemoria que significa vivir y construirse sanitaria, científica, huérfanas de figuras maternas, de figuras femeninas referentes; ignorantes de tantas mujeres importantes que nos precedieron, que vivieron su vida libremente, tanto o más que nosotras, que abrieron nuevas rutas para las mujeres que vinieron a partir de los años ochenta del siglo pasado. Es altamente probable que, como mujeres profesionales, y para nuestras hijas también, necesitemos reconstruir nuestra propia memoria, y no solo conformarnos con referentes norteamericanos o británicos que la política colonial impone, con la ayuda de las redes sociales y medios de comunicación de masas. Rescatarlas del olvido y ponerlas en la escena es una aportación obligada de las estudiosas y de la sociedad en general con las propias mujeres, con nuestras hijas, y con nuestros hijos también.

Fuente: AHUZ, Registros de identidad escolar, Estudiantes de la Facultad de Medicina de Zaragoza, años 20 y 30.
Construyendo linajes femeninos
La Universidad de Zaragoza comenzó hace unos años con esta labor de reconocer a las pioneras y excelentes como a las normales o del montón y a las que abandonaron, a las rurales y urbanas, del centro o del barrio, de clase acomodada y de clase media o baja; y de reflexionar sobre las condiciones que obstaculizaban su integración en las carreras científicas, sanitarias o no. A pesar de ello, apenas sabemos sobre las mujeres de ciencias tecnológicas. De las primeras médicas en esta universidad sabemos cómo fue su acceso y peculiaridades y sus salidas profesionales preferidas a lo largo del tiempo (investigadoras clínicas, especialistas del hospital y médicas de pueblo). En 1878, Francisca Arbiol Borraz y Filomena Pérez Urtasum fueron las primeras estudiantes de matrona. La primera mujer que realizó estudios de Medicina fue Mª del Milagro Andreu y Boigues en 1898 y ese mismo año, Rosa María Matute Tofé fue la primera en presentarse al examen final de la carrera de practicante. Tres años después, lo hizo la matrona Adriana Laita Moreo tras superar las trabas y obstáculos que le planteó el propio Decano de la Facultad de Medicina. Después vendrían muchas más…, médicas tan relevantes como Amparo Poch Gascón que abrió su consulta en su propio domicilio de Zaragoza y, que desde 1934 trabajaría en programas de educación para la salud en mujeres y niños en Madrid. Fue una estrecha colaboradora de la Ministra de Sanidad Federica Montseny y al acabar la guerra civil tuvo que exiliarse. Y practicantas como Leonor Lerín o Dolores Sierra, de las primeras que tenemos noticia de trabajar en el ámbito público como practicantas y matronas, en la Maternidad y el Dispensario Antituberculoso de la ciudad.

Un compromiso con la memoria y la acción
Estas mujeres de excelencia académica sabemos que tuvieron una labor asistencia clave en determinados contextos e incluso algunas recibieron el reconocimiento de la ciudadanía, o lo están recibiendo ahora. Conocer este camino y a estas mujeres es, para las mujeres y los hombres, una fuente de realismo, un arma para la libertad de elección y un antídoto para la brecha de género que todavía caracteriza ámbitos profesionales y científicos. Contarles este camino a todas las niñas para que crean en sí mismas, superen obstáculos con determinación y no se rindan antes los desafíos. Porque una sociedad saludable es, ante todo, una sociedad justa.

Fuente: AFMZ, Fichas de identidad escolar, practicantes, 1915-1940, las practicantas: Orosia García Gonzalo (1924-1926), Pilar Lledó Tello (1924-1926), María Lucea Asensio (1931-1933) y María Ángeles Martín Gracia (1935-1936 y 1939-1940).

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