Las mentiras en el sector de las apuestas

Las mentiras en el sector de las apuestas

Itxaso Cabrera Gil

28 de mayo de 2025

El bulo o el engaño son innatos al ser humano, mecanismos utilizados en la mayoría de sus trazados para la protección de alguien o algo, un escudo que impide que los privilegios o ventajas que se pueden tener por situarse en determinada posición no caigan. La problemática reside en que la mentira pueda utilizarse con el ánimo del beneficio propio con el descaro de amedrentar, ganar o perjudicar al resto sin ética alguna, y la industria de las apuestas no tiene escrúpulos en usarla y mantenerla para seguir lucrándose a costa de la salud del resto.

 

Apostar no es un juego

 

Partimos de la falacia más básica: apostar es un juego. La palabra juego apela al divertimento o al mero hecho recreativo de entretenerse. Las apuestas nunca dan un beneficio como el juego, siempre se pierde. Y truncan el propio lenguaje, desde la definición hasta la ubicación. Los locales de apuestas son denominados por el sector como casas, casas de apuestas, para demostrar que es un lugar, erróneamente de acogida, un lugar aparentemente cómodo, confortable, que invita a la pertenencia, del que, sin ventanas ni relojes, una vez pérdida la noción del tiempo será difícil salir.

Se celebraba recientemente en Zaragoza la  jornada  estatal  El juego de apuestas, un problema de salud pública, un evento donde profesionales de diferentes sectores debatieron sobre el impacto del juego en la salud mental, con especial atención en la población joven.

La actividad fue organizada por el Grupo de Investigación en Salud Mental del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, la Universidad de Zaragoza y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). Las y los allí presentes coincidían en la peligrosidad de las apuestas como un problema de salud pública, la dimensionalidad de la enfermedad desde diversos aspectos como el social, psicológico, físico o económico. Una preocupación que no pasa desapercibida para ningún estatus social, ningún sexo o ninguna edad pero que acecha con mayor fuerza hacia las gentes más vulnerables:  jóvenes, mujeres, personas con menos recursos, migrantes o aquellas con diagnóstico previo de trastorno mental. En definitiva, trasciende de lo personal a lo colectivo, a lo comunitario, lo cual resuena más en aquella contradicción de llamarle juego a unas apuestas que ponen en riesgo la salud de quien padece la propia adicción conductual y a todo su entorno. La adicción a las apuestas no solo afecta a quien la padece, sino que también impacta negativamente de media en seis personas de su entorno cercano.

 

El juego responsable no existe

La desinformación está presente desde los títulos hasta la última de las triquiñuelas usadas con la finalidad de enganchar hasta el final a quienes consumen apuestas. Aquello del juego responsable, sostenible o seguro es una contradicción que beneficia únicamente a la industria de las apuestas. Se presenta como una estrategia ética, pero en realidad es una coartada perfecta para desplazar la responsabilidad del daño hacia quien invierte su tiempo y dinero en una ruleta o una máquina tragaperras, mientras los locales de apuestas siguen operando. No hay forma responsable de interactuar con un sistema que está diseñado para generar adicción, manipular impulsos y maximizar beneficios a costa de la salud mental y económica de las personas. Al igual que no se habla de fumar responsablemente o beber con salud cada día, hablar de juego responsable solo perpetúa la normalización de una práctica dañina. señalando directamente y declinando la responsabilidad en quien consume apuestas. Sin duda, un discurso útil para que el sector del juego mantenga su imagen mientras continúa captando a los más vulnerables, especialmente a jóvenes, con promesas de control que no existen pudiendo afectar en pilares vitales (sociales, emocionales, laborales, educativos o físicos).

 

Por tanto, el juego responsable no protege a nadie: es un parche ideológico que encubre la verdadera dimensión del problema. Lo que se necesita no es invitar a la moderación en un plano adictivo, sino poner límites claros, prohibiciones firmes y alternativas reales para el ocio y el bienestar desde leyes garantistas que se cumplan. Hablar de juego responsable a nivel de población es, en el fondo, una forma de irresponsabilidad social por parte de una industria que paga al año más de 46 millones de euros solo en la comunidad autónoma de Aragón en tributos, no hace falta ser un erudito en economía para saber que los ingresos del sector serán mucho mayores.

 

 Publicidad engañosa

En 22024, la facturación de las apuestas deportivas online se cuadruplicó, alcanzando cerca de 2.520 millones de euros. Solo en el primer trimestre del año, los ingresos generados por el juego online en España ascendieron a 350,7 millones, un 15,1% más que en los tres primeros meses de 2023. Además, las empresas del sector invirtieron 112,8 millones de euros en publicidad.

Para poder alcanzar estás cifras, de nuevo la distorsión de la verdad se ha puesto en marcha en lo online y presencial para poder aumentar cada vez más lo que algunos llamarán clientes. Se han llegado a utilizan campañas publicitarias agresivas que presentan las apuestas como una forma fácil y rápida de ganar dinero cuya letra pequeña puede estar repleta de medias certezas, basta con un tecleo rápido para comprobar que las palabras apuesta fácil están unidas a ganchos atrayentes destinados al registro web. Ocultar detalles cruciales de las propias promociones en las webs, como los requisitos de apuesta, plazos ajustados, restricciones de uso y límites en las ganancias son recovecos que se han utilizado ante la falta de ética diseñadas para que las y los usuarios no puedan aprovechar las ofertas de forma efectiva, son vías cada vez más perseguidas y reducidas pero que algunos operadores siguen utilizando. Los bonos, por ejemplo, pueden requerir que los jugadores apuesten una cantidad mucho mayor que el bono recibido antes de poder retirar cualquier ganancia, lo que hace que las promociones sean casi imposibles de cumplir. La ocultación de nuevo presente, pudiendo inducir a las y los jugadores a tomar decisiones impulsivas sin conocer las reglas completas de las apuestas. Impulsividad causada de forma intencionada que puede llevar a aumentar el riesgo de adicción al juego y hacer que los usuarios se sientan engañados al descubrir las limitaciones solo después de haber invertido tiempo, dinero y salud. Los términos y condiciones, lejos de ser transparentes y responsables en la presentación de las ofertas, son otro eslabón más de la rastra de embustes utilizados para captar a más y más personas por parte de los empresarios del juego.

 

A todo este combo, solo le es necesario contar con famosos o celebridades que aplaudan y resten complejidad a la apuesta, figuras públicas para generar confianza y atraer a nuevos usuarios, especialmente, de nuevo, a las personas más vulnerables. En los más jóvenes nace y crece cada día de manera más salvaje las promociones a través de los conocidos como hípsters, que no dejan de ser más que influencers en redes sociales comprados por el propio sector cuya finalidad es atraer a la juventud. Pronosticadores que expanden sus supuestos dominios del tema ofreciendo saberes ligados a vida lujosa. Charlatanes y timadores a la carta que obtienen beneficios cuando las y los seguidores pierden su dinero.

 

El cerebro nos engaña

 

Lamentablemente, también hay profesionales de la psicología, a los que suelo llamar del lado oscuro. A través de la estimulación sonora y auditiva las apuestas generan su atractivo, nuestro cerebro late a la búsqueda de nuevas sensaciones, a la idea de ver aumentada su dopamina y al impulso de engañarse, y esto el sector de las apuestas también lo conoce y configura todo su entramado para que, conducido por todo ello, sus cuentas no hagan más que incrementarse.

 

Los engaños de la mente son conocidos como sesgos cognitivos, patrones de pensamiento erróneos o distorsionados que afectan a la forma en que los individuos tomamos decisiones relacionadas con las apuestas impulsando a la toma de decisiones de manera irracional, a menudo basadas en emociones o creencias confusas, en lugar de trazar pensamientos objetivos. Algunos ejemplos podrían ser el caso de una persona apostante enfocada únicamente en las apuestas que le parecen favorables, ignorando las señales que indican lo contrario (sesgo de confirmación), otra persona apostante puede sobrestimar su capacidad para influir en el resultado de la apuesta pudiendo pensar que puede acertar cuestiones aleatorias (sesgo de ilusión de control) o la creencia de considerar que cuando se ha estado cerca de una victoria se ha ganado y continuar por ello apostando, reaccionando nuestro cerebro de la misma manera ante la aparición de dos limones y un diamante que de tres limones que supondrían una victoria y experimentarlo como tal a diferencia de la anterior serie (sesgo de casi ganancia).

 

 

Cierre de cuentas

 

La banca siempre gana, aunque tenga que ir unido a una pataleta. Si la ganancia es una realidad constante las cuentas en ocasiones se han visto limitadas o incluso cerradas salvando así los márgenes de beneficio de nuevo del sector de las apuestas. Si no fuera porque las apuestas no son un juego ni una película, hay a quien le podrían sonar al más puro estilo Corleone, estos datos se cruzan entre las empresas de la industria de las apuestas y es que la familia es lo más importante, nunca vayas en contra de la familia, el sector de las apuestas nunca se traiciona a sí mismo.

 

Tómese está recopilación (parcial) como una llamada a la reflexión, al cuestionamiento de quienes campan a sus anchas, a la atención como una forma de desenmascarar las estrategias de una industria que opera sin escrúpulos y que, con total impunidad, convierte el sufrimiento de miles de personas en una fuente constante de ingresos. No se trata solo de una cuestión individual, sino de un problema estructural que requiere de prevención desde la evidencia científica, acción colectiva, regulación firme y voluntad política. Señalar las trampas del sector de las apuestas no es alarmismo, es responsabilidad. Y cuanto antes se comprenda la magnitud del daño, antes se podrá actuar para poner freno a un negocio que crece a costa de la salud pública.

 

Información y ayuda: www.azajer.com

 

 

 

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Diana Merino Leiva

13 de mayo de 2025

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado con el objetivo de reconocer y sensibilizar a la población en este tema en concreto. Para nosotros, los que trabajamos a su lado, es un recordatorio de que nuestros pequeños siguen siendo eso: pequeños. Aunque se encuentren entre paredes blancas –quizá si hay suerte con algún dibujo de elefantes–, sábanas más frías que las de su cama y rodeados de olores extraños que distan de parecerse a los que desprenden las cazuelas de mamá en la cocina.

 

¿Cómo nos ven ellos?

 

A veces su paso por el hospital es breve y no tienen tiempo de acostumbrarse a la presencia de tanta gente vestida de blanco que entra y sale de la habitación en la que se encuentran. Sin embargo, en otras ocasiones, los de blanco acaban siendo personas como Loli, la que siempre entra cantando; Pilar que le trae natillas de chocolate porque sabe que no le gusta el yogur que le ha tocado; o Miguel, que de vez en cuando le lleva de paseo hasta la máquina de las fotos, esa que hace ruido.

 

¿Cómo lo vemos nosotros?

 

Como profesionales aprendemos a normalizar esta situación, nos acostumbramos a verles con pijamas de hospital y cables que nos preocupa que se quiten, nos resulta habitual ver a mamá o a papá sentado en un sofá sujetando un cuento con aspecto de cansado, enmascarando su inquietud y su miedo con voz de Nuna, la amiga del Monstruo de colores, o cantando como Frozen si el día ha sido difícil.

 

¿Qué podemos mejorar?

 

Hacemos cotidiano lo que para el niño y su familia es un inciso, una interrupción de su actividad habitual: del colegio, del trabajo, de las extraescolares, de las cenas en el salón o de los domingos en casa de la abuela. Y lo hacemos, la mayoría de las veces, dando la mejor de nuestras versiones. Sin embargo, en algunas ocasiones, las menos, nos olvidamos de que hay situaciones en las que es necesario hacer una excepción, dejar la normativa a un lado y mirar para el otro, personalizar y humanizar, porque esto último no siempre consiste en dotar con las últimas tecnologías las estancias clínicas, de disponer de una cama para la pernocta del acompañante o de servir una comida al progenitor.

 

Humanizar puede ser conocer el nombre de la mamá desmaquillada que camina por la habitación de hospital con zapatillas de andar por casa. Puede ser permitirle dormir con la manta de su cama, quizá una visita de su hermano pequeño o, mucho más alcanzable aún, saberse su historia completa, conocer cuántas veces ha sido ingresado, qué ocurre cuando se queda dormido sin la máscara puesta o por qué no podemos hidratarle la piel con la crema del bote verde.

 

Porque humanizar también puede ser hacer ver a esos papás que pueden irse a desayunar tranquilos, es mirar a María, la mamá de Lucas, después de pasar la noche con la cabeza apoyada en la cama de su hijo y susurrarle “buenos días María, ¿Lucas ha dormido bien?” Humanizar está en nuestra mano con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.

 

¿Qué celebramos?

 

La fecha, 13 de mayo, conmemora la publicación, en 1986, de la Carta Europea de los Derechos del niño hospitalizado en la que se proclaman, entre otros, los siguientes:

 

“Derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales; el ejercicio de este derecho no debe perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación de los tratamientos a los que hay que someter al niño”.

 

“Derecho del niño a una recepción y seguimiento individuales destinándose en la medida de lo posible los mismos enfermeros y auxiliares para dicha recepción y los cuidados necesarios.”

 

Hacemos cumplir estos derechos mucho mejor que hace casi 40 años, cuando fueron plasmados en un papel, cuando los padres venían tan sólo un ratito al día y lejos estaban de involucrarse en los cuidados, y lo haremos mucho mejor dentro de otros 30 cuando, además de nuestra empatía, vayamos acompañados de unas infraestructuras acordes a lo que nuestros pequeños y sus familias necesitan.

 

Mientras tanto, sigamos mejorando, escuchando y cuidando, porque muchos de estos niños nos dejan huellas que no olvidamos a su paso por nuestro hospital, pero nosotros, los profesionales que les acompañamos, también les dejamos la nuestra. Hagamos de este 13 de mayo un día especial a los niños que duermen aquí y recordemos que la infancia no se queda en la puerta al ingresar en un hospital.

La vida en segundo plano

La vida en segundo plano

María del Mar Prieto Bermejo

02 de mayo de 2025

Es complicado expresar con palabras tantos años de dolor y sufrimiento, de sentimientos encontrados. Lo cierto es que, aún recuerdo aquella llamada desde el Ministerio de Educación, en septiembre, en la que me comunicaban que mi hijo había sido aceptado en el colegio que habíamos elegido.

 

He de decir que no miramos colegios ni hicimos un estudio de idoneidad, nos dejamos guiar por la fama, un colegio relativamente pequeño, familiar, que cubría hasta bachillerato. Con nuestra elección, estábamos felices y encantados.

 

Juan empezó infantil con ilusión, la jornada escolar era partida por lo que salía a comer a casa y a él se le veía feliz y contento, es más, en segundo de infantil lo apuntamos a alguna extraescolar al mediodía para que estuviese con sus compañeros. A los meses, empezó a quedarse dormido después de comer, estará cansado –pensaba yo–, pero cuando se convirtió en un hábito diario comenzamos a preocuparnos.

 

Quizá esas fueron las primeras señales y no supimos verlas

Juan empezó la educación primaria y pese a ser un niño feliz, apenas hablaba de su día a día en el colegio y comenzó con pequeños despistes en los deberes, demandaba a menudo: ¿mamá así voy bien?, ¿de verdad? hasta que de repente, un día que se enfadó con su hermano pequeño –lleno de furia y dolor– le dijo: ¡Tú no vales para nada!

 

¿Quién le decía eso a mi hijo?

Fue entonces cuando, tras hablar con otras madres, nos enteramos de que un niño en concreto se metía con él. Lo insultaba, lo humillaba y el resto de los niños o eran partícipes o simplemente se daban la vuelta. Y cuando nosotros lo consultamos al resto de padres, además de quitarle importancia a los actos, nos contestaban: Por favor, ¡es Primaria!, ¡cómo se van a dar cuenta!

 

Como padres preocupados y primerizos en estas lides acudimos al colegio, solicitamos reunirnos con el tutor y con la dirección del centro, que calmaron nuestras preocupaciones diciéndonos que se tomarían medidas al respecto y que no se nos informaría de ellas por el bien del otro menor (el agresor). Así es como, desde 3º de primaria, mi hijo y este otro alumno ya no coincidieron en clase. Pero el mal ya estaba hecho, pues la solución no consiste sólo en separar, sino en trabajar con ambos menores, el resto de la clase e incluso también con las familias.

 

Juan tenía sólo 8 años cuando acudió a su primera consulta con el psicólogo para poder gestionar las situaciones derivadas del acoso, las pesadillas, el estar solo en clase, en los recreos, el no tener el respaldo ni siquiera de un profesor.

 

Y llegó el siguiente paso. Juan comenzó educación secundaria obligatoria (ESO) con ilusión, ya que llegaban alumnos nuevos y, en su mente, cabía la posibilidad de hacer amigos. De hecho hizo un nuevo amigo, pero la fama pesa y no solo le dio la espalda sino que se unió a la ronda de insultos, humillaciones e incluso alguna agresión física.

 

En segundo de la ESO llegó el silencio, a Juan se le hizo el vacío, ahora sí que estaba sólo de verdad y fue entonces cuando me pidió que le cambiase de centro y nosotros, como padres, tuvimos la iniciativa de hacerlo. No se podía cambiar en el período ordinario, así que lo intentamos fuera de plazo, utilizando el motivo del acoso escolar sufrido en el centro anterior, pero nos encontramos una sorpresa: el centro nunca había abierto el protocolo de acoso  porque según nos refirieron posteriormente, habían tomado medidas.

 

Llegó tercero de la ESO y, con el nuevo curso, la agresión. No es que no hubiera habido agresiones físicas antes, pero esta marcó un antes y un después. Y no solo para Juan, sino también para otros alumnos, que se asustaron y avisaron a un profesor responsable que, por cierto, se encontraba ausente en el momento en el que se produjo la agresión.

 

Todo cambió, tras la agresión. Juan tuvo que visitar un servicio sanitario de urgencias desde donde se cursó el parte de lesiones al juzgado, denuncia en GRUME, solicitud de apertura de protocolo de acoso (el colegio tardó dos días en abrirlo y fue por exigencia mía) y cambio de centro. Con esto, nosotros como padres, dábamos por terminada una etapa en la que todos,  alumnos y profesores habían sido partícipes.

 

A día de hoy he de decir que tenemos la inmensa suerte de que Juan está en un centro escolar con un equipo directivo, de orientación y docente profesionales y con vocación, pero todavía nos espera un largo camino por recorrer. Quién sabe si, al igual que en el Kintsugi, resurgirá una nueva persona o esas heridas le atarán de tal manera que no le dejarán crecer como a otro niño de 15 años.

 

Lo que sí es cierto es que, en este camino, hay que rodearse de buenos profesionales porque es complicado encontrar apoyos en el resto de padres, bien por egoísmo o por temor a que su hijo sea el siguiente objetivo. Hablar con nuestros hijos todos los días es fundamental, por lo que dicen y por lo que callan; las señales siempre están ahí aunque no las veamos.

Con el colesterol a vueltas

Con el colesterol a vueltas

Consuelo Miqueo

13 de abril de 2025

Algo muy personal como paciente me ha removido el último debate de la “Red Estatal de Mujeres Profesionales Sanitarias” a la que pertenezco desde que se creó hace más de 25 años, promotora de la revista Mujeres y Salud (MYS) dirigida por Carmen Valls, la autora del conocido libro Mujeres invisibles para la medicina.

 

 

Me ha movido a la lectura de los estudios del sobrediágnostico (overdiagnosis) que nos rodea, entendiendo por tal esa tendencia creciente a intervenir en estado de salud sobre factores desencadenantes de una enfermedad antes de que aparezcan los síntomas. En este caso, una tendencia iniciada por la estrategia de negocio de la industria farmacéutica de las estatinas en la década de los 70, con el hallazgo del colesterol sanguíneo fácilmente detectable. De hecho, hay quién entre nosotras, en la Red, se pregunta porqué a las/los profesionales les gusta más trabajar con los sanos que con los enfermos al observar el desarrollo de la planificación, investigación y tiempo de consulta gastados en el control de signos premonitorios, y lamentar las listas de espera de los pacientes ya enfermos.

 

 

Como intelectual debo saber pero como paciente debo tomar decisiones,  siendo yo una persona de 70 años que no toma medicación alguna y considerarme afortunada y agradecida por mi herencia familiar, incluida la genética y el estilo de vida adquirido. Y en esto cuento la alimentación y el ejercicio, pero también la pasión vital: leer y escribir, trabajar y andar por el campo, estudiar o disfrutar de tener una buena conversación con risas amigas o bailes sobrevenidos, y ser voluntaria de alguna asociación pública. De hecho, el colesterol es una palabra mágica que me persigue desde hace décadas, que me tiene harta, que nos atraviesa a casi todas las personas, pero más a las mujeres desde antes de los 40 años. Hace décadas, pues, que algunas estamos preparadas tomar las estatinas cuando las cifras de LDL lo indiquen, y evitar las temibles placas de ateroma que pueden enroñar nuestras arterias y provocarnos infartos, ictus y otras calamidades que nos darían una muy “mala calidad de vida” de por vida. Una vida que podría ser todavía larga sin colesterol y sin pasión.

 

 

Pero las cifras límites de indicación de estatinas o similares medicamentos ha cambiado mucho desde los años 80, en que yo usaba un artículo sobre este tema para que los estudiantes de medicina aprendieran a hacer “análisis de texto científico”, cuando el límite de lo patológico estaba en 280. Y no se me ocurría, entonces, dudar de nada de lo que leía. Pero mis sospechas han crecido. Y he sido consciente del cambio de cultura educativa de los profesionales y las sucesivas ofertas farmacológicas, con sus polémicas sobre lo que yo llamaba “la píldora de la tercera edad”, para la extensa población susceptible de hacer progresivamente su hipercolerestolemia.

 

 

En 2002 ya informábamos en la revista Mujeres y Salud del estudio prospectivo del Whomen’s Initiative Observational Studyrealizado con una muestra de 73.743 mujeres, de 50-79 años de edad y seguimiento de 5-9 años, que evidenció la “prevención de problemas cardiovasculares en mujeres que realizan ejercicio” (era el titular), es decir, que realizan actividad física constante y gradual. Andar de forma rápida o el ejercicio vigoroso se asociaron con una reducción de riesgos similares, siendo los resultados parecidos en todas las edades, sin diferencias entre razas ni entre mujeres con diferente masa corporal. En conclusión: el ejercicio vigoroso pero moderado una hora al día mejora la tensión arterial sistólica y diastólica en las mujeres después de la menopausia, mientras que la vida sedentaria prolongada incrementa el riesgo cardiovascular.

 

 

La difusión mediática y profesional de estos resultados cambiaron las pautas de los servicios de Cardiología y toda la Atención Primaria también en España. La cultura médica ya no es tan paternalista y la educación para la salud práctica, promovida desde los despachos de enfermería, ha cambiado el saber y hábitos de las usuarias, y también la organización del panorama urbano. Además del parque, las calles y los grandes paseos verdes de nuestras ciudades, repletas de mujeres libres de cargas familiares o laborales, hemos conocido la expansión de los gimnasios, grandes y pequeños, en el centro de las ciudades, en los barrios y hasta en los pueblos de los valles de montaña. Y no hay centro de salud que no cuelgue un cartel alusivo.

 

 

Pero yo me sigo preguntando si será sensato rechazar la propuesta médica de tomar las estatinas de por vida si tus indicadores de colesterol superan la frontera establecida entre lo normal y lo patológico, que ha ido cambiado en los últimos 50 años. En especial, si la LDH supera los 180 de forma estable, o si será casi obligatorio cuando supere los 150 mantenidos, si el Danacol no reduce el esperable 10% de su tasa. O si no debo dudar más cuando mi LDH no baje a los deseados y sanos 130 mg/dl.

 

 

La cuestión de fondo de mi zozobra es si debo arriesgarme a no tomar estatinas, esa píldora de la edad del colesterol con la misma fe y confianza que la juvenil píldora anticonceptiva, que la dejé pronto por todos sus efectos secundarios a medio y largo plazo (aquí solo importarían los inmediatos). ¿Me reprocharé no haber confiado en la pauta convencional? ¿Padecerán los efectos nocivos mi familia y amistades? Considero que si ya he vivido mucho y bien a mis 70 años puedo arriesgarme con lucidez, invertir mi esfuerzo y orgullo en el ejercicio y no en la cómoda pastillita. Hasta llego a pensar en que si ese temible accidente cardiovascular se diera, podría decidir cómo afrontar la vida de limitaciones, engorros y dependencia. Ya sabemos que tenemos que morir, pero me gustaría vivir libre hasta el final.

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Concha Germán Bés

08 de abril de 2025

En este trabajo queremos informar de qué es cada uno de estos términos, las relaciones existentes entre ellos, así como las ventajas, inconvenientes y sus efectos en la salud de las personas y del medio ambiente. Es un tema de gran amplitud y complejidad y, por tanto, será un comienzo para informarnos y autocuidarnos bien.

 

Organismos modificados genéticamente

Son organismos modificados genéticamente (OMG) cualquier organismo que tiene su ADN alterado artificialmente. El ADN es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas fundamentales para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos.

 

Es clave entender que, en estos organismos, hay muchas formas de modificar el material genético en función de aquello que se pretenda conseguir. Cosas que a veces se hacen pensado en las ventajas, pero no en los efectos no deseados.

 

 

Organismos transgénicos

Son aquellos organismos a los que se les ha introducido ADN que no pertenece a su genoma original, es decir, es exógeno o externo al organismo en el que se introduce.  Por esta razón, todos los organismos transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG) que se obtienen a través de un proceso conocido como ingeniería genética o tecnología de ADN recombinante.

 

El problema viene cuando los términos organismos modificados genéticamente y organismos transgénicos se emplean indistintamente, hecho que es muy común y que es incorrecto. Así, al igual que podemos decir que todas las margaritas son flores pero no todas las flores son margaritas,  podemos  afirmar que, todos los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG), pero no todos los OMG son transgénicos.

 

 

¿Qué son los alimentos transgénicos?

Son plantas, animales o microbios a los que se les ha modificado su ADN usando técnicas de ingeniería genética. En 1973 se iniciaron los primero OMG en animales, en los 80 se inició con las plantas.

 

En la actualidad, se han desarrollado muchas técnicas de manipulación genética diferentes. El nivel de progreso es tal, que ahora es posible clonar genes, modificarlos e incluso sintetizarlos. Además, se puede controlar la expresión de genes específicos de diferentes formas, silenciándolos (genes knockout-fuera de combate) o aumentando su nivel de expresión.

 

 

Utilidad de los organismos modificados genéticamente

Los organismo modificados genéticamente son casi innumerables y están presentes en muchísimos ámbitos, pero destacan especialmente en la industria agroalimentaria, en la industria farmacéutica y en medicina. Dejamos para otro momento la industria farmacéutica y la medicina.

 

En la industria agroalimentaria, cabe mencionar que ha sido especialmente polémica, debido a los cultivos modificados genéticamente dirigidos al consumo. Esta práctica se realiza para crear cultivos resistentes a herbicidas y pesticidas, para aumentar la producción, para mejorar las características físicas de los alimentos, haciéndolos más apetecibles, o incluso para que aporten vitaminas.

 

De su influencia en la agroquímica y biotecnología agrícola, tienen ventajas en el rendimiento de cultivos de cereales, aumentan su cultivo y disminuyen los plaguicidas e insecticidas. Sin embargo, no están suficientemente estudiados y no se ha demostrado que sucede en todos alimentos.

 

 

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que imitan la acción de las hormonas naturales. De esta forma, pueden bloquear los receptores hormonales de las células, impidiendo la acción normal de las hormonas y generar efectos perjudiciales en la salud (por ejemplo, en la reproducción, la función tiroidea y la obesidad).

 

Los alimentos transgénicos pueden actuar como disruptores endocrinos, lo que puede afectar la salud humana. A ello sumamos la frase de Dolores Romano: “Hay muchas sustancias muy peligrosas en los plásticos con los que estamos en contacto diario”.

 

 

¿Cómo saber si un alimento está modificado genéticamente?

El método más fiable para saber si un alimento es transgénico es analizar su ADN o su composición para identificar la presencia de proteínas derivadas del ADN transgénico.

 

 

¿Y cómo lo puede saber un cliente de supermercado?

El concepto legal de alimento modificado genéticamente se define en el artículo 2 del Reglamento 1829/2003 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre alimentos y piensos modificados genéticamente. Es obligatorio indicarlo en el etiquetado de aquellos productos cuyo contenido en OMG supere el 0,9 %. Todas las sustancias cuyo origen sea un OMG deben mencionarlo en la lista de ingredientes con las palabras «modificado genéticamente». La legislación europea obliga a que se etiqueten todos aquellos alimentos que contengan o estén compuestos de OMG, para facilitar la libre elección del consumidor. En la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pueden encontrar información relevante sobre estos temas

 

 

Varios puntos de reflexión para finalizar

En los años 60 del siglo XX se utilizaban fumigaciones aéreas de sustancias químicas para favorecer los cultivos. La bióloga Rachel Carson publicó su libro La primavera silenciosa. Como ecologista, reunió información sobre las sustancias químicas utilizadas en fumigaciones aéreas, en entornos industriales y en los alimentos para caracterizar el impacto de estos agentes en términos ecológicos, en lugar de limitarse a describir la eficacia de las soluciones químicas.

 

«Esos polvos, pulverizaciones y riegos se aplican universalmente en granjas, jardines, bosques y hogares…; productos sin seleccionar que tienen poder para matar indistintamente lo bueno y lo malo, para acallar el canto de los pájaros –de ahí viene el título– y para inmovilizar a los peces en los ríos, para revestir las hojas de una mortal».

 

No cabe duda de que vivimos en una sociedad muy tecnológica que como todo en la vida tiene dos caras, las ventajas que nos aporta como son las lavadoras, secadoras, coches, y muchísimas más que no vamos a indicar. Sin embargo, en lo que se refiere a la agroalimentación, hasta hace pocos años se trabajaba con los cultivos y las crianza de animales en un mundo rural, posiblemente atrasado o ineficiente para los actuales ciudadanos, pero no así para los ecologistas. El resultado es que, ¿respetamos el equilibrio de la Naturaleza?

 

La hipótesis de GAIA es un modelo interpretativo que afirma que la presencia de la vida en la Tierra fomenta unas condiciones adecuadas para el mantenimiento de la biósfera. La hipótesis fue ideada por el químico James Lovelock. El autor propone la hipótesis de que el planeta Tierra y todos sus organismos forman un único cuerpo autorregulado que sustenta la vida y la ayuda a evolucionar a lo largo del tiempo.

 

 

Reflexiones y acciones

1) Leer las etiquetas de los productos que van a consumir para identificar su origen (si son españoles, el código de barras comienza por 84).

2) Si en su contenido hay modificación genética según la Ley europea y española.

3) Les aconsejo la lectura de los libros:

La primavera silenciosa, de Rachel Carson.

Libérate de tóxicos: Guía para evitar los disruptores endocrinos, de Nicolas Olea.

La hipótesis de Gaia. La tierra es un Ser Vivo, de James Lovelock.

Endometriosis: El dolor silenciado

Endometriosis: El dolor silenciado

Soledad Alonso García

14 de marzo de 2025

El 14 de marzo es el día mundial de las matemáticas, del sueño, del número pi… y también de la Endometriosis. ¿Endometriosis? Un nombre tremendamente difícil de pronunciar, pero mucho más difícil es diagnosticarla. Proviene de endometrio, esa capa interna del útero que se descama cuando no ha habido embarazo y se expulsa en forma de menstruación. La endometriosis no es endometrio, a lo largo del tiempo que llevamos divulgando la enfermedad, nos estamos encontrando un gran desconocimiento del cuerpo, principalmente del cuerpo femenino; por ello, conviene recordar qué es exactamente la menstruación.

Sí, mucho desconocimiento, pero ¿qué es la endometriosis y qué tiene que ver con la regla? Es una enfermedad crónica, inflamatoria, multisistémica y hormonodependiente, con una prevalencia de más de un 10% en mujeres fértiles (las asintomáticas quedan fuera del porcentaje). Los últimos estudios han determinado que tejido similar al del endometrio crece fuera del útero, se implanta y adhiere en otros lugares del cuerpo, principalmente en zonas adyacentes como la pelvis, y con menor frecuencia en regiones más alejadas.

No te convence, ¿verdad? Bueno, ¿qué opinas si te digo que la regla como proceso fisiológico no debería doler? Sin embargo, hay mujeres que durante el ciclo se quedan en cama o no pueden llevar a cabo una vida corriente sin analgésicos o, simplemente, silencian el dolor, lo dejan a un lado para que no interrumpa su torbellino diario. Todas ellas están negando que su cuerpo les está diciendo que algo no funciona bien. El dolor es el principal síntoma de la endometriosis, un dolor severo e incapacitante que se puede manifestar bien durante la menstruación o a lo largo de todo el ciclo, a veces al miccionar o al defecar, al mantener relaciones sexuales.

¿Por qué no se quejan? Si algo duele, pues vas al centro de salud y ¡andando! Todo es un poco más complejo. El dolor menstrual está muy normalizado a nivel social, ¿quién no ha escuchado alguna vez “¡Hala chica! Todas tenemos la regla y no es para ponerse así. ¡Te tomas un ibuprofeno y ya está!” Es el cuerpo femenino sobre el que recae el dolor, un dolor silencioso, un dolor vergonzoso, mucho más cuando hablar de la menstruación queda relegado a espacios privados o íntimos, a espacios seguros. La regla se oculta, se invisibiliza, ¿en cuántas series, películas, obras de arte, literatura… muestran a una mujer sangrando durante su ciclo? Si no se ve, no se habla, no se estudia, no existe.

Para aportar otro dato más, se tarda una media de 7 a 10 años en diagnosticar. Un periplo por diferentes consultas explicando los síntomas, no encontrando respuestas y sin identificar que la causa es la “endo”. Otras veces, se detecta cuando se está a la búsqueda de un embarazo y este no aparece, consecuencia de la infertilidad que produce.

Todo eso en el mejor de los casos, es decir, acabo de describir el camino de una mujer afectada por endometriosis que accede sin problema a centros sanitarios, que se interesa por tener una buena salud, por cultivar una vida plena, etc. Pero, esa prevalencia del 10% excluye a una gran cantidad de mujeres que o bien no tienen acceso a un conocimiento sobre su cuerpo o bien sus condiciones socio-económicas no le dejan escuchar a su cuerpo, enfermar, preocuparse por sus ciclos, o atender al dolor.

¡Qué drama! Bueno, un drama que puede ser desdramatizado; con información y formación los males son menores. No podemos olvidar que es una enfermedad crónica, existen tratamientos que aplacan el dolor y, con ciertas pautas de cuidado y autocuidado, se puede tener una vida “normal”. Por un lado, tenemos tratamientos hormonales que contienen el avance del tejido (serán los profesionales especializados quienes nos propongan tratamiento y nosotras decidiremos seguirlo o no); por otro lado, existen tratamientos más próximos a poner a la mujer en el centro de su vida, entre ellos están las recomendaciones alimentarias, una buena dieta antiinflamatoria y sana mejora la calidad de vida, acompañada de actividad física, tratamientos fisioterapéuticos y apoyo psicológico, mejoran la existencia. Por desgracia, cae bajo la responsabilidad, y economía, de cada una seguir o no estas recomendaciones, al igual que seguir o no un tratamiento hormonal, este último cubierto generalmente por la Seguridad Social.

Poner el foco en el individuo concreto es muy desolador, sin un acompañamiento no es posible tomar las riendas de la propia salud, así que no queda más que hablar del factor psicológico. Al ser una enfermedad con causa y cura desconocida, hemos de aceptarla como parte de la vida, pero ¿cómo voy a aceptar MI vida con dolor? ¿Cómo voy a querer vivir atravesada por las limitaciones físicas derivadas de esta patología? Acompañada se lleva mejor. La escucha, el apoyo profesional y, sobre todo, encontrar ese espacio de iguales que te hacen sentir menos sola en el camino. Tenemos que lidiar con el dolor físico y con una enfermedad crónica, a muchas de nosotras nos ayuda formar parte de una red integrada por mujeres que viven la “endo” desde una perspectiva activa, colaboradora y respetuosa con el momento en el que se encuentra cada mujer.

ADAENA (Asociación de Afectadas de Endometriosis de Aragón) promueve la visibilización, la información, la concienciación y la investigación; esta enfermedad requiere de un enfoque multidisciplinar médico y vital: familiares, parejas, instituciones, entorno sanitario y social deben confluir para que todas las afectadas puedan realizar y realizarse en un entorno seguro. Con nuestro pequeño grano de arena intentamos llegar a aquellas mujeres que después de un diagnóstico (o a la espera de él, e incluso sin él) no saben cómo enfrentarse a esta nueva “normalidad” que se les presenta; las acompañamos, las informamos, las escuchamos y abrazamos. Proporcionamos acompañamiento psicológico especializado y espacios formativos para el cuidado y autocuidado. Nuestra propuesta es que una vida con endometriosis merece ser vivida, bien vivida.

Si la regla duele, hay un motivo, ¡búscalo! No estás sola.

¡Hay esperanza, haz red!