Resistencias de antibióticos en aguas

Nadia Larumbe y Mireya García-Gracia

14 de diciembre de 2025

¿Qué es la resistencia a antibióticos?

Desde el descubrimiento de la penicilina en 1897, los antibióticos han revolucionado la medicina moderna. Infecciones que antes eran mortales se volvieron fácilmente tratables salvando así millones de vidas. Sin embargo, en la actualidad enfrentamos un gran problema: los antibióticos están perdiendo su eficacia. Este fenómeno, denominado resistencia a antibióticos, ocurre porque las bacterias son capaces de desarrollar mecanismos que les permiten sobrevivir a estos fármacos diseñados para eliminarlas. Ocurre de forma completamente natural, las bacterias evolucionan constantemente, pero el uso incorrecto y excesivo de antibióticos ha acelerado dramáticamente este proceso, convirtiéndose en una importante amenaza para la Salud Pública.

¿Cómo surge la resistencia a antibióticos?

Cuando se expone una población bacteriana a un antibiótico, algunas bacterias pueden tener ciertos mecanismos que las hacen menos sensibles al tratamiento. De esta forma, las bacterias más sensibles son eliminadas de la población por acción del antibiótico, mientras que las resistentes sobreviven y se multiplican, transmitiendo su resistencia a las siguientes generaciones. Este proceso provoca el aumento de las poblaciones bacterianas potencialmente más peligrosas, ya que son estas las que poseen la ventaja evolutiva de persistir en ambientes donde los antibióticos están presentes. Con el tiempo, esta selección favorece la expansión de cepas resistentes, dificultando los tratamientos y haciendo que infecciones antes simples se vuelvan más difíciles de tratar.

Además de este fenómeno de selección natural, la presencia de forma persistente de antibióticos en el entorno ejerce una fuerte presión evolutiva sobre las poblaciones bacterianas que, puede favorecer la aparición de mutaciones espontáneas y ofrezcan nuevas formas de resistir al fármaco. A esto se suma otro mecanismo clave para la resistencia a antibióticos, la transferencia horizontal de genes, un proceso mediante el cual las bacterias son capaces de intercambiar información genética entre sí, incluso perteneciendo a distintas especies. Mediante este intercambio, los genes que otorgan resistencia a los antibióticos pueden propagarse fácilmente en una comunidad bacteriana, de forma que una bacteria que nunca había estado expuesta a cierto antibiótico puede adquirir de otra la capacidad de resistir al tratamiento.

Aunque estos son mecanismos que ocurren de manera natural, el uso descontrolado de antibióticos ejerce una presión sobre las poblaciones bacterianas, que favorece y aumenta la frecuencia con la que se dan estos acontecimientos, acelerando la expansión de cepas resistentes, lo que complica el panorama de la Salud Pública.

¿Cómo se contaminan las aguas con antibióticos?

El uso irresponsable de antibióticos en el ámbito sanitario y veterinario genera una serie de efluentes contaminados con estos fármacos. Puesto que el agua es un recurso limitado, se ha popularizado la regeneración de las aguas para poder usarlas con otros fines o devolverlas al medioambiente de forma segura.

Pese a los esfuerzos invertidos para eliminar los contaminantes de las aguas residuales, se han detectado antibióticos en muy bajas concentraciones en ecosistemas acuáticos. Aunque pueda parecer que estas cantidades tan bajas de antibióticos no suponen un riesgo, algunos estudios han determinado que incluso a niveles tan bajos pueden ejercer una presión selectiva sobre las bacterias, provocando que aquellas que hayan podido mutar o adquirir genes resistencia persistan y mueran las más sensibles. La magnitud de esta problemática ha llevado a que, a nivel europeo, se estén impulsando proyectos específicos para la detección de antibióticos y bacterias potencialmente resistentes, así como sus posibles reservorios ambientales en zonas clave para su vigilancia. Desde la Universidad de Zaragoza, el grupo Agua y Salud Ambiental participa en los proyectos EMERGENTcy (POCTEFA) e INPATBIOTICS (AEI), contribuyendo a investigar la presencia de estos contaminantes y los posibles reservorios en los sistemas acuáticos.

Reservorios ambientales de resistencia

Un reservorio es el lugar donde un agente infeccioso reside y se multiplica y del que depende para sobrevivir. Existen reservorios humanos, animales y ambientales. Estos últimos son muy variados, abarcan desde plantas y suelos hasta ambientes acuáticos. A este respecto, es relevante mencionar las amebas de vida libre y la presencia de biofilms en la propagación de resistencias a antibióticos.

Un biofilm es una comunidad microbiana generada por diferentes microorganismos que se encuentran cohabitando en una capa mucosa adherida a una superficie. Los biofilms pueden generarse tanto en la naturaleza como en sistemas de aguas de red. Su composición es variada, puede haber hongos, bacterias, algas y protozoos. Debido a la estructura del biofilm, los microorganismosque se encuentran en él están más protegidos frente a cualquier agente externo, por lo que puede servir de reservorio para las bacterias resistentes a antibióticos. Entre los habitantes de los ecosistemas acuáticos y los biofilms, las amebas de vida libre son protozoos capaces de fagocitar bacterias para alimentarse. Algunas de estas bacterias resisten a su digestión y pueden quedarse en su interior, utilizándolas también como protección.

Estos reservorios permiten a las bacterias resistentes sobrevivir, proliferar e incluso intercambiar genes de resistencia entre ellas, de forma que pueden facilitar la aparición de superbacterias, multirresistentes frente a un amplio espectro de medicamentos antimicrobianos.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Aunque la resistencia a antibióticos supone un problema global, la solución puede comenzar con acciones que podemos implementar a diario. Como individuos, es importante que el uso de los antibióticos se haga de forma responsable, siempre bajo prescripción y siguiendo las pautas de tratamiento indicadas por el médico. Además, la prevención resulta también clave, donde acciones tan sencillas como el lavado de manos puede evitar la propagación de infecciones y con ello reducir la necesidad del uso de antibióticos. Más allá de nuestras acciones individuales, es fundamental promover mayor conciencia social sobre el uso adecuado de antibióticos y el fomento de programas de vigilancia epidemiológica.

La resistencia a antibióticos no es un problema lejano, sino que ya afecta directamente a nuestra salud y es un reto que debemos afrontar como una tarea colectiva.