Juego de apuestas: un problema de salud pública
Juego de apuestas: un problema de salud pública
Itxaso Cabrera Gil
18 de febrero de 2026
Cuando somos jóvenes estamos en plena evolución, en una constante lucha de equilibrio entre el control y el descontrol de los impulsos. Nuestras hormonas acechan y nos encanta experimentar planes y vivencias. Nos atrae lo nuevo y, si está prohibido, aún más. Y esto el sector de las apuestas lo sabe.
La industria de las apuestas no busca jóvenes que comiencen a invertir su dinero al cumplir los 18 años en las diversas ranuras del sector, lo que realmente persigue es que, al alcanzar la mayoría de edad, ya sepan hacerlo; más aún, que estén habituados. Que el deporte deje de ser simplemente jugar, en el sentido más puro de la palabra, y que los videojuegos tampoco lo sean. El objetivo es que estas prácticas se encadenen de forma progresiva hasta que, al dejar atrás la adolescencia, apostar forme parte de su rutina cotidiana, casi como una habilidad adquirida. No se trata de ocio: se trata de captación temprana donde las apuestas pueden impactar en la vida de quienes las hacen y de aquellas personas que les rodean. No es fútbol, son apuestas deportivas. No es una consola, son videojuegos infectados de cajas botín.
Desde el ámbito académico y la investigación científica, los datos son preocupantes. Nos centramos en Aragón donde el 60 % de jóvenes entre 16 y 25 años ha apostado alguna vez, o nos vamos al recientemente publicado informe sobre adicciones comportamentales dentro del Plan Nacional sobre Drogas y otros trastornos adictivos donde se señala un incremento del posible juego problemático entre los estudiantes de 14 a 18 años, fundamentalmente entre los chicos (8,4% en 2025 vs 6% en 2023) y entre quienes han jugado a juegos de azar online (27,7% en 2025 vs 23,5 % en 2023). En definitiva, es alarmante, una parte significativa de las y los jóvenes que apuestan lo hace de forma repetida, con riesgo de desarrollar un diagnóstico ligado al juego problemático o trastorno por juego de apuestas. La accesibilidad a las apuestas desde los dispositivos móviles o la facilidad tecnológica, así como el mantenimiento de las máquinas tragaperras en el sector de hostelería, donde es más que necesaria su eliminación o al menos un aumento del control de acceso, son el caldo de cultivo perfecto para un sector cuyo único fin es hacer negocio poniendo en riesgo a cientos de jóvenes.
Desde un punto de vista de salud, las apuestas no son ocio por mucho que escuchemos mensajes publicitarios como el famoso “bien jugado”. Las consecuencias no solo acechan el plano económico, sino que como si de un meteorito se tratase el impacto va desde lo psicológico hasta lo social, incluyendo culpa, vergüenza, problemas en las relaciones y alteración de la rutina diaria desde lo más básico (sueño o alimentación) hacia aquellas actividades más ligadas al beneficio personal. Estas repercusiones no son anecdóticas: reflejan que las apuestas pueden derivar en patrones de comportamiento compulsivo, pensamiento obsesivo y distorsiones cognitivas como el falso sentimiento de control (“ahora me toca”, “estoy de suerte”) conocidos como sesgos cognitivos, que mantienen el ciclo de apuestas pese a las consecuencias adversas. Finalmente, sí, es cierto: la máquina siempre gana. Los sentimientos de culpa o la ira, así como la ansiedad, aparecen tempranamente cuando el sector de las apuestas comienza a cumplir sus objetivos: ganar dinero. Y no solo se da un impacto en quienes desarrollan la enfermedad conocida popularmente como ludopatía, si no que alrededor de cinco personas del entorno cercano padecen dichas repercusiones, tomando, pues, la importancia que da título a estas líneas, lamentablemente estamos ante un problema de salud pública.
Y como problema de salud pública, el impacto del juego no es solo individual, sino que está condicionado por determinantes sociales, ambientales y comerciales que van desde publicidad dirigida hasta la omnipresencia de las «apps» de apuestas en el entorno digital de los jóvenes, y no tan jóvenes, dirigidas a modificar comportamientos que aumentan el desarrollo del daño de manera correlacional –sí, sorpresa de nuevo– a las ganancias del propio sector. Debemos reconocer sin tapujos que el sector de las apuestas gana la traducción de las pérdidas de quienes apuestan.
Y claro, no todo el mundo apuesta de la misma manera. La perspectiva de género se convierte en la investigación y el tratamiento en una cuestión vital: hombres y mujeres lo hacen diferente. Ellos tienden a comenzar antes, buscan la emoción, la adrenalina, la experiencia en sí; mientras ellas, de evolución más rápida, suelen comenzar a hacerlo más tarde, asumiéndolo como una vía de escape a otros problemas, haciéndolo más aisladas.
Tendremos que ir más allá de la perspectiva de mujer y comenzar a salir de las investigaciones cuyo patrón responde a la de los hombres «cis» , y es que investigaciones recientes sugieren que jóvenes de identidades de género diversas pueden tener riesgos significativamente más altos de involucrarse en el juego problemático que sus pares cisgénero, lo cual comienza a evidenciar que la experiencia del daño no solo está mediada por el género, sino también por la interacción entre identidad, entorno social y estrés estructural.
Ver más allá nos permitirá no solo tratar, sino también prevenir desde una visión amplia y diversa. Implica abordar acciones concretas, estrategias pertinentes y políticas públicas orientadas a una salud que busque eliminar o reducir la probabilidad de que ocurra un problema, daño o enfermedad ligada a las apuestas. Asimismo, supone poner límites a un sector cuyos ingresos brutos anuales, solo en el último trimestre de 2025 en España, alcanzaron los 405,36 millones de euros, un 16,49 % más que en el mismo trimestre de 2024; o, al menos, minimizar sus efectos en caso de que la enfermedad llegue a desarrollarse. Y es que no es adicta la persona que consume sino, más bien, quien no puede dejar de hacerlo. En otras palabras, prevenir significa anticiparse a un riesgo y actuar antes de que se manifieste un daño. Deberemos seguir a la ciencia para que las apuestas dejen de acechar, ver con perspectiva de salud y diversidad el trastorno de juego de apuestas, una enfermedad de salud mental que nos puede ocurrir a cualquiera.
Si necesitas ayuda, puedes consultar la web de la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación.

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