El impacto de la salud mental del docente en la convivencia escolar. Ansiedad y agotamiento como factores de riesgo

El impacto de la salud mental del docente en la convivencia escolar. Ansiedad y agotamiento como factores de riesgo

Carlos Mir Ramos

28 de abril de 2026

La salud mental y emocional del profesorado ha dejado de ser una cuestión de salud laboral secundaria para consolidarse como una prioridad. La complejidad de las aulas, caracterizadas por una diversidad de necesidades que a menudo supera los recursos disponibles y una creciente burocratización de la enseñanza, ha situado a los docentes en un escenario de vulnerabilidad psicológica sin precedentes. No se trata de un malestar pasajero, sino de un factor estructural que condiciona la convivencia en los centros educativos.

 

El aumento de cuadros de ansiedad, depresión y agotamiento emocional (síndrome de burnout) no es un fenómeno aislado, al contrario, tiene una repercusión directa en la dinámica diaria del aula. Un docente que atraviesa un proceso de deterioro emocional ve mermada su capacidad de respuesta asertiva ante los conflictos, lo que en muchas ocasiones actúa como un detonante involuntario de situaciones de tensión y agresividad en los centros educativos.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte con claridad que el estrés sostenido altera las funciones ejecutivas del cerebro, aquellas encargadas de la planificación y la regulación del comportamiento. En el contexto escolar, esto se traduce en una dificultad mayor para la autorregulación emocional y la gestión de las conductas disruptivas del alumnado. Cuando el profesorado se encuentra al límite emocional, el aula deja de ser un espacio de aprendizaje armónico para convertirse en un entorno de alta sensibilidad al conflicto.

 

La ansiedad crónica y la depresión no solo afectan al rendimiento profesional, sino que generan una sensación de indefensión que erosiona la autoridad docente. Tal y como ha alertado recientemente el sindicato CSIF Educación en sus informes sobre el estado de la enseñanza pública en marzo de 2026, el deterioro de la convivencia es una realidad palpable. Según sus datos, el 72,2% de los docentes de la escuela pública afirma no sentirse respetado en el aula, y más de la mitad ha sufrido situaciones de agresión o violencia en sus centros. Esta situación genera un círculo vicioso: el malestar docente favorece el conflicto, y el conflicto agrava, a su vez, la fragilidad emocional de quien enseña.

 

No es posible analizar la dificultad de las aulas sin observar las causas que llevan al docente al colapso profesional. La sobreexposición a entornos digitales, la falta de apoyo institucional y la exigencia de asumir roles que trascienden lo pedagógico son factores que alimentan el agotamiento extremo. Según una encuesta integrada de condiciones de profesorado, el 71,3% manifiesta dificultades reales para atender la diversidad, el 88% señala la falta de apoyos y las altas ratios, y un 95% de los docentes identifica la sobrecarga burocrática como un factor de estrés determinante.

 

Frente a los modelos que priorizan únicamente el cumplimiento administrativo o el contenido académico, es necesario recordar que la educación es, ante todo, una relación humana que requiere de profesionales emocionalmente sanos.

 

Diversas investigaciones de la OCDE sobre el clima escolar señalan que el sentimiento de seguridad y pertenencia es bidireccional. Si el docente no se siente protegido por la administración —el 90% de la plantilla denuncia falta de apoyo institucional—, su capacidad para crear un entorno seguro para el alumnado se ve seriamente comprometida. La frustración acumulada y la ausencia de protocolos eficaces (valorados positivamente solo por un 2% de los encuestados) son el caldo de cultivo para que estallen episodios que fracturan la comunidad educativa. La seguridad en el aula depende, en gran medida, de la percepción de respaldo que tenga el profesorado.

 

La inversión en la salud mental docente no debe considerarse un gasto secundario, sino una decisión ética y preventiva urgente. Es imperativo que las políticas educativas incluyan planes específicos que no se limiten a la teoría, sino que ofrezcan formación en competencias emocionales, una reducción efectiva de las ratios y, sobre todo, una red de apoyo psicológico real y accesible para los profesionales que se encuentran en la gestión diaria de las aulas.

 

Como recogen las directrices de la UNESCO sobre educación inclusiva, el bienestar del alumnado es inseparable del bienestar de sus maestros. La escuela tiene la responsabilidad de ser un espacio de cuidado y diálogo, pero para ello necesita profesionales que dispongan de las herramientas emocionales necesarias y que no estén librando una batalla interna contra la depresión o el agotamiento derivado de sus condiciones laborales.

 

En conclusión, reconocer y cuidar la labor de quienes mantienen su compromiso con la educación a pesar de las dificultades es un primer paso, pero resulta insuficiente si no va acompañado de medidas estructurales. Es hora de que la salud emocional del profesorado ocupe el centro del debate público, garantizando que la enseñanza siga siendo una actividad humana, rigurosa y, por encima de todo, saludable para todos sus protagonistas. El éxito de la convivencia escolar depende, inevitablemente, de la integridad mental de quienes tienen la misión de educar y generar bonitos recuerdos, con entusiasmo y amor.

Vacuna antineumocócica: Sin ningún tipo de confusión

Vacuna antineumocócica: Sin ningún tipo de confusión

Pedro Satústegui

27 de abril de 2026

La enfermedad neumocócica representa un problema relevante de salud pública a nivel global debido a su elevada carga de morbimortalidad, particularmente en los extremos de la vida –menores de 2 años y mayores de 65– así como en individuos con comorbilidades. Está causada por Streptococcus pneumoniae, un diplococo grampositivo encapsulado con más de 90 serotipos descritos, cuya diversidad antigénica condiciona tanto su dinámica epidemiológica como la efectividad de las estrategias vacunales.

 

La transmisión del neumococo se produce fundamentalmente por vía respiratoria a través de gotículas procedentes de secreciones nasofaríngeas, en el contexto de contacto estrecho con individuos colonizados o infectados. En este sentido, la colonización nasofaríngea constituye el principal reservorio del patógeno y el punto de partida para el desarrollo de enfermedad, especialmente en situaciones de susceptibilidad del huésped.

 

Desde el punto de vista clínico, la infección neumocócica abarca una amplia variabilidad que incluye formas no invasivas, como la otitis media aguda o la neumonía no bacteriémica, y formas invasivas potencialmente letales. La enfermedad neumocócica invasiva (ENI), definida por el aislamiento de S. pneumoniae en sangre u otros fluidos estériles, se manifiesta como bacteriemia, meningitis o sepsis –entre otras entidades– y concentra una proporción significativa de la mortalidad atribuible, especialmente en pacientes con factores de riesgo.

 

En España y en el conjunto de la Unión Europea, la enfermedad neumocócica invasiva (ENI) mantiene un patrón de distribución caracterizado por una mayor incidencia en los extremos de la vida, fundamentalmente en lactantes y adultos mayores. Desde el punto de vista microbiológico, persiste el predominio de serotipos como el 8 y el 3, que continúan concentrando una parte sustancial de la carga de enfermedad. No obstante, la vigilancia epidemiológica reciente ha puesto de manifiesto la importancia persistente o reemergente de otros serotipos vacunales clásicos, entre ellos los serotipos 4, 14 y 9V, con especial relevancia en la población adulta. Asimismo, la estacionalidad invernal y la transmisión en entornos cerrados actúan como factores amplificadores de la incidencia de la ENI.

 

La introducción progresiva de vacunas antineumocócicas —desde la polisacárida de 23 serotipos hasta las vacunas conjugadas de 7, 10, 13, 15 y 20 serotipos— ha modificado de forma sustancial la epidemiología de la enfermedad, reduciendo de manera significativa la carga de ENI, particularmente en población infantil. En este contexto dinámico, la reciente incorporación de vacunas conjugadas de mayor valencia, como la vacuna conjugada 21-valente, introduce un cambio de paradigma. A diferencia del enfoque acumulativo o sumativo previo, esta estrategia combina la inclusión de nuevos serotipos emergentes (9N, 17F, 20A, 15A, 15C, 16F, 23A, 23B, 24F, 31 y 35B) con la eliminación de otros (4, 6B, 9V, 14, 18C, 19F, 23F, 1, 5 y 15B) previamente cubiertos en la vacuna conjugada de 20, en base a su menor contribución a la carga de enfermedad en la actualidad. De esta forma, tomando como base datos epidemiológicos contemporáneos, la vacuna conjugada 21-valente pretende optimizar la cobertura frente a los serotipos responsables de ENI en adultos y grupos de riesgo.

 

Esta propuesta, no obstante, requiere ser interpretada con cautela, pues la distribución actual de serotipos de S. pneumoniae no es un fenómeno estático ni independiente, sino el resultado de la presión selectiva ejercida durante décadas por los programas de vacunación. En consecuencia, la aparente mayor cobertura potencial de las nuevas formulaciones podría estar, al menos en parte, condicionada por este sesgo de confusión, infrarrepresentando los serotipos presentes en las vacunas comercializadas hasta la fecha.

 

Ignorar esta condición podría conducir a interpretaciones simplificadas de la efectividad entre las distintas estrategias vacunales. De esta forma, la evaluación rigurosa de nuevas vacunas debería incorporar análisis ajustados que contemplaran factores de confusión tales como la historia vacunal previa de la población, la dinámica de reemplazo de serotipos y las tendencias temporales de incidencia. De lo contrario, se corre el riesgo de basar decisiones en escenarios epidemiológicos sesgados y transitorios, más que en patrones estructurales.

 

A esta complejidad, cabe añadir una limitación relevante: la proporción no despreciable de casos de ENI en los que el serotipo no llega a identificarse y que, en algunos contextos, supera el 20%. Esta incertidumbre diagnóstica refuerza la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia microbiológica y epidemiológica como base para la toma de decisiones en salud pública.

 

En definitiva, la optimización de la estrategia vacunal frente al neumococo precisa de estudios epidemiológicos de calidad, libres de sesgos y de factores de confusión que, analizados de manera crítica y contextualizada, permitan tomar las mejores decisiones basadas en la evidencia disponible.

El matrimonio lésbico como institución: entre la integración y la transformación

El matrimonio lésbico como institución: entre la integración y la transformación

M. Felipa Gea López

26 de abril de 2026

El 26 de abril coincide con el Día de la Visibilidad Lésbica y el Día Mundial del Matrimonio. Esta coincidencia refleja el choque —y el abrazo— entre una orientación sexual que durante siglos tuvo que esconderse y una de las instituciones más tradicionalmente excluyentes de nuestra sociedad.

 

Desde que se aprobó la Ley 13/2005 en España, no solo han cambiado las leyes, sino también la salud pública y el bienestar psicológico. El matrimonio igualitario no es solo un contrato legal, es ocupar un espacio que antes prohibido y darle un significado totalmente nuevo, alejándonos del control histórico sobre la sexualidad femenina.

 

Tendencia matrimonial

 

Históricamente, el matrimonio ha sido un mecanismo de organización social, económica y política, vinculado a la propiedad, la reproducción y la división de roles de género. Aunque el matrimonio parezca «pasado de moda», las cifras en España cuentan una historia distinta. Desde 2005, se han celebrado más de 75.000 bodas entre personas del mismo sexo. De hecho, en 2016, por primera vez, los matrimonios entre mujeres superaron a los de hombres, tendencia que no ha parado de crecer.

 

En el último año, mientras que los matrimonios convencionales apenas se movían, las uniones del mismo sexo pegaron un salto del 8,33%. Para las parejas lésbicas, el matrimonio se convierte en un espacio de seguridad y reconocimiento. Es una forma de decir: «nuestra familia existe y el Estado la protege». El «sí, quiero» es mucho más que un papel firmado, es un chute de salud mental y una respuesta directa frente al estigma social arrastrado durante años.

 

Laboratorio de igualdad y negociación

 

Las parejas de mujeres han dinamitado el modelo de «marido proveedor» y «mujer cuidadora». Al no haber un guion de roles predefinidos, el matrimonio lésbico se convierte en un laboratorio social donde se ensayan formas de convivencia más horizontales. Un espacio donde todo se negocia desde cero.

 

Los estudios nos dicen que estas parejas suelen ser mucho más equitativas en el reparto de las tareas domésticas. No se reparten las cosas por ser «hombre o mujer», sino por quién tiene más tiempo o quién se le da mejor cocinar o llevar las cuentas. Esa sensación de justicia en casa es el mejor pegamento para una relación, pues cuando sientes que el esfuerzo es compartido, la satisfacción marital sube como la espuma.

 

Pero no todo es un camino de rosas. Con la llegada de los/as hijos/as, aparece la «sedimentación de roles». A veces, la madre biológica acaba cargando con más cuidados por inercia cultural. Y no podemos olvidar la carga mental, ese trabajo invisible de planificar el menú, recordar las vacunas o saber qué falta en la nevera que afecta al 91% de las madres en España. Aunque, en las parejas lésbicas, la gestión suele ser más compartida, la presión por ser la «madre perfecta» también está presente, lo que puede generar un agotamiento emocional que solo se cura con comunicación asertiva y honesta.

 

Impacto en la salud pública

 

Más allá de lo social, el matrimonio lésbico tiene un impacto directo en la salud pública. Según el “modelo de estrés de las minorías”, las mujeres lesbianas están expuestas a altos niveles de estrés crónico por la discriminación, las microagresiones y la expectativa constante de rechazo. Este estrés sostenido tiene consecuencias psicológicas, incrementa el riesgo de ansiedad, depresión y dificultades en la regulación emocional.

 

En este contexto, el matrimonio actúa como un factor de protección. El reconocimiento legal del vínculo afectivo aporta seguridad jurídica, sensación de pertenencia y legitimidad social. Las investigaciones demuestran que las parejas casadas legalmente tienen niveles más bajos de angustia y sienten que su vida tiene más sentido.

 

El reconocimiento legal funciona como una herramienta de salud pública que estabiliza nuestra salud mental. La estabilidad del vínculo contribuye a disminuir la ansiedad anticipatoria, refuerza la autoestima y favorece la construcción de un apego más seguro. Es decir, el acceso a derechos no sólo transforma lo social, sino también lo psicológico.

 

Más allá del coitocentrismo

 

En el ámbito sexual, el matrimonio lésbico contribuye a romper el coitocentrismo. En estas relaciones, la satisfacción sexual no se mide por la penetración, sino en términos de comunicación, conexión emocional y exploración compartida del placer.

  

Las investigaciones nos dicen que las mujeres que aman a mujeres suelen tener encuentros más largos y una frecuencia de orgasmos más alta. El secreto de la satisfacción sexual está en la empatía corporal y en la comunicación abierta —la capacidad de expresar deseos, necesidades y límites—.

 

Pero también hay retos, como el riesgo de la «fusión excesiva». A veces, de tanto querer estar juntas y ser iguales, perdemos esa chispa de misterio que alimenta el deseo. Por eso es importante mantener espacios de autonomía e independencia. Ser «nosotras» está genial, pero seguir siendo también «yo» es lo que mantiene viva la atracción a largo plazo.

 

Visibilidad y afirmación política

 

Casarse no es solo un trámite, es un acto político de visibilidad y afirmación. Durante décadas, a las lesbianas se les dijo que sus relaciones eran «asuntos privados» que no debían salir de casa. El matrimonio rompe esa cultura de la vergüenza, ya que salir a la luz pública con plenos derechos ayuda a que las nuevas generaciones tengan referentes positivos.

 

Figuras como Jennifer Quiles nos enseñaron que la visibilidad es necesaria y terapéutica. Cuando dejas de esconderte, el miedo al rechazo pierde fuerza. Sin embargo, no podemos bajar la guardia. Todavía un 33% del colectivo LGTBIQ+ ha tenido ideas suicidas recientemente por culpa del rechazo social acumulado. Por eso, la igualdad legal tiene que convertirse en igualdad social real en cada rincón de nuestra sociedad.

 

Debates y desafíos persistentes

 

Aunque hayamos avanzado, nos quedan espinas clavadas. Una de ellas es la violencia intragénero. El mito de que entre mujeres no hay violencia porque somos «más pacíficas» hace que obviemos la existencia del «abuso de identidad» (amenazar con sacar a alguien del armario), y es vital que los profesionales sepamos identificarlo sin caer en prejuicios.

 

Desde sectores del feminismo y la teoría queer, se advierte el riesgo de la homonormatividad: la asimilación a modelos tradicionales que priorizan la monogamia y ciertos estilos de vida, excluyendo otras formas de relación. Sin embargo, voces como la de Beatriz Gimeno defienden que el matrimonio lésbico es intrínsecamente subversivo porque cuestiona la necesidad de la figura masculina y redefine la institución desde dentro.

 

También preocupa que muchas mujeres aún tengan miedo de decir que son lesbianas ante su médico/a, lo que dificulta la prevención de enfermedades y el diagnóstico temprano. Es necesario insistir en la formación profesional para crear entornos más seguros, donde la identidad/orientación no sea un obstáculo para recibir los mejores cuidados.

 

Reconstruyendo la institución

 

El matrimonio lésbico es una etapa más en la lucha por la dignidad humana. Es un proceso de reconstrucción institucional desde dentro, demostrando nuevas formas de amar y cuidar que garantizan una igualdad libre de miedo y estigma.

 

El 26 de abril nos recuerda que sin visibilidad no hay derechos, y que sin derechos la visibilidad es peligrosa. Al habitar el matrimonio, las lesbianas no solo están ampliando la ley, sino que están reconstruyendo la sociedad a través de repensar los valores que sostienen el amor, la familia y la convivencia.

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

Juan Ignacio Aguiló Anento

24 de abril de 2026

Tuberculosis: Una amenaza persistente

 

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis que se transmite principalmente por vía aérea y que infecta sobre todo a los pulmones, aunque también puede atacar otros órganos.

 

Durante buena parte del siglo XX se pensó que la tuberculosis estaba camino de desaparecer. El descubrimiento de los antibióticos eficaces y la introducción de programas de vacunación hicieron creer que la enfermedad terminaría siendo un problema del pasado. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Según estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de diez millones de nuevos casos y más de un millón de muertes en todo el mundo. En este contexto, el desarrollo de nuevas vacunas frente a la tuberculosis respiratoria se ha convertido en una prioridad científica y sanitaria.

 

La vacuna BCG: El estándar durante más de un siglo

 

Durante más de cien años, la única vacuna disponible frente a la tuberculosis ha sido la BCG (Bacillus Calmette-Guérin). Fue desarrollada a principios del siglo XX a partir de una cepa atenuada de Mycobacterium bovis, la bacteria causante de la tuberculosis bovina.

 

La BCG se obtuvo mediante un proceso de cultivo prolongado en laboratorio que, tras más de una década de pases sucesivos, dio lugar a una cepa debilitada incapaz de causar enfermedad en personas sanas. Desde su introducción en 1921, la vacuna ha sido administrada a miles de millones de personas en todo el mundo.

 

Su principal virtud es la protección frente a las formas más graves de tuberculosis en la infancia, como la meningitis tuberculosa o la tuberculosis diseminada, así como la disminución de todas las causas de mortalidad en la infancia. Por este motivo, la vacuna sigue formando parte del calendario vacunal en muchos países.

 

Sin embargo, la BCG tiene limitaciones importantes. Su eficacia frente a la tuberculosis pulmonar en adolescentes y adultos —la forma responsable de la mayor parte de la transmisión— es muy variable y, en muchos casos, limitada. Esto ha impulsado durante décadas la búsqueda de vacunas más eficaces.

 

MTBVAC: Una nueva generación de vacunas

 

Una de las aproximaciones más prometedoras es MTBVAC, una vacuna viva basada directamente en la atenuación de Mycobacterium tuberculosis. A diferencia de la BCG, que procede de M. bovis, MTBVAC se desarrolla a partir del propio patógeno humano, lo que potencialmente permite presentar al sistema inmunitario un repertorio más completo de antígenos relevantes.

 

La atenuación —es decir, el proceso de hacer la bacteria inofensiva sin que pierda su capacidad de estimular el sistema inmune— se logró mediante ingeniería genética, de forma precisa y controlada. MTBVAC incorpora dos deleciones independientes y estables en los genes de virulencia phoP y fadD26, sobre la base de un aislado clínico perteneciente al linaje 4 euro-americano, el más ampliamente transmitido entre humanos.

 

¿Qué hacen estos genes? El gen phoP es un factor de transcripción que controla múltiples procesos de la bacteria relacionados con virulencia, incluyendo la secreción del principal factor de virulencia de tuberculosis: ESAT-6. Por su parte, fadD26 es clave para la síntesis del lípido denominado PDIM, otro de los principales factores de virulencia de la bacteria. Al eliminar ambos genes de manera independiente, se garantiza que la bacteria no pueda recuperar su virulencia, cumpliendo así con los requisitos de seguridad establecidos internacionalmente.

 

Como cualquier otra vacuna en desarrollo, MTBVAC fue sometida a una exhaustiva caracterización preclínica en distintos modelos animales. En ratones, uno de los modelos experimentales más empleados, la vacuna demostró ser segura y capaz de inducir una respuesta inmunitaria fuerte frente a la infección por M. tuberculosis. En estos estudios se observó una protección superior a la proporcionada por la BCG frente a la infección experimental, y se identificaron además los principales mecanismos inmunológicos a través de los cuales MTBVAC resulta eficaz. Posteriormente, la vacuna se evaluó en cobayas, un modelo especialmente sensible a la tuberculosis y que reproduce bien la patología pulmonar humana. En estos animales, MTBVAC mostró una reducción significativa de la carga bacteriana y una mayor supervivencia tras la infección. Finalmente, MTBVAC se ensayó en primates no humanos, considerados el modelo animal más relevante y cercano al ser humano. Los resultados confirmaron tanto la seguridad como el potencial protector de la vacuna, proporcionando la base necesaria para avanzar hacia ensayos clínicos.

 

Ensayos clínicos: De las primeras pruebas a los estudios de eficacia

 

Un hito fundamental antes de que MTBVAC pudiera comenzar a ensayarse en ensayos clínicos fue su desarrollo a nivel industrial. A partir de 2008, la compañía biofarmacéutica española Biofabri, perteneciente al grupo Zendal, y siendo desde entonces el socio industrial de la Universidad de Zaragoza asumió la producción y desarrollo clínico de MTBVAC. Este proceso implicó adaptar la fabricación de la vacuna a los estrictos estándares internacionales de calidad farmacéutica, conocidos como Buenas Prácticas de Fabricación (GMP de las siglas en inglés). También fue necesario realizar estudios regulatorios adicionales que demostraran la estabilidad del producto, su seguridad y su consistencia entre lotes.

 

El primer ensayo clínico en humanos comenzó en 2013 en adultos en Suiza, en un estudio de fase I diseñado para evaluar la seguridad y la inmunogenicidad en voluntarios sanos. Los resultados fueron satisfactorios: MTBVAC demostró un perfil de seguridad aceptable y generó respuestas inmunes robustas.

 

El siguiente paso lógico era probar la vacuna en el lugar donde más se necesitaba. En 2016 se inició un ensayo de fase Ib en recién nacidos en Sudáfrica. Este ensayo fue crucial, pues los neonatos son la población diana más importante de cualquier vacuna antituberculosa, y Sudáfrica es uno de los países con mayor incidencia de TBC del mundo. Los datos confirmaron que la vacuna era segura en este grupo de edad y comenzó a generar respuestas inmunes mayores a la actual vacuna BCG.

 

Con estos resultados, en 2019 se avanzó a dos ensayos de fase IIa en Sudáfrica, uno en recién nacidos y otro en adultos. Estos estudios de búsqueda de dosis permitieron comparar distintas concentraciones de la vacuna con la BCG estándar, con el objetivo de identificar cuál ofrecía el mejor equilibrio entre seguridad e inmunogenicidad. MTBVAC demostró perfiles de inmunogenicidad comparables o superiores a la BCG con diferentes dosis. Con estos datos, se identificó la dosis óptima para avanzar a los estudios de eficacia.

 

La vacuna se encuentra en la actualidad en la fase más determinante de su desarrollo, con dos grandes ensayos de eficacia en marcha. El primero es un ensayo de fase III en recién nacidos en Sudáfrica, Madagascar y Senegal. Se trata de un ensayo de eficacia en neonatos, en el que se vacunarán más de 7.000 bebes y que compara directamente MTBVAC con la BCG. Se espera que este estudio finalice en el año 2028. El segundo es el estudio IMAGINE (Investigation of MTBVAC toward Accelerating Global Immunization for a Neglected Epidemic), un ambicioso ensayo de fase IIb liderado por la organización sin ánimo de lucro IAVI(International AIDS Vaccine Initiative) y financiado en parte por la Fundación Gates. IMAGINE evalúa la prevención de la enfermedad tuberculosa en adolescentes y adultos con infección tuberculosa latente en Sudáfrica, Kenia y Tanzania, y administró sus primeras dosis en febrero de 2025. Este ensayo es especialmente importante porque los adultos y adolescentes son los principales transmisores de la enfermedad, y actualmente no existe ninguna vacuna eficaz para este grupo.

 

Paralelamente, la empresa india Bharat Biotech, en colaboración con Biofabri, ha iniciado ensayos clínicos en India, el país que concentra el 28% de los casos mundiales de tuberculosis.

 

Mirando al futuro

 

La tuberculosis sigue siendo una de las grandes amenazas infecciosas del planeta. Aunque los tratamientos actuales permiten curar la mayoría de los casos cuando se diagnostican a tiempo, su mortalidad es cercana al 50% sin tratamiento por lo que la prevención mediante vacunas eficaces se considera una herramienta fundamental para controlar la enfermedad a largo plazo.

 

MTBVAC representa una de las estrategias más avanzadas dentro de la nueva generación de vacunas frente a la tuberculosis. Al basarse directamente en una cepa atenuada de M. tuberculosis y haber demostrado resultados prometedores tanto en estudios preclínicos como en las primeras fases clínicas, su desarrollo ha despertado un notable interés en la comunidad científica internacional.

 

Los resultados de los ensayos de eficacia actualmente en curso serán decisivos para determinar si esta vacuna puede convertirse en una herramienta clave en la lucha global contra la tuberculosis. Si los datos confirman las expectativas, MTBVAC podría convertirse en la primera nueva vacuna frente a esta enfermedad en más de un siglo.

Libros que sanan

Libros que sanan

Maite Escudero Alías

23 de abril de 2026

“La literatura es, en primer lugar, una de las maneras fundamentales de nutrir la conciencia. Desempeña una función esencial en la creación de la vida interior, y en la ampliación y ahondamiento de nuestras simpatías y nuestras sensibilidades hacia otros seres humanos y el lenguaje.” (Susan Sontag, 2003).

 

Comienzo esta sección recordando las palabras de Susan Sontag en su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2003 porque ahondan en el poder de la literatura para enaltecer la sensibilidad y la empatía del ser humano. Más específicamente, los libros son el vehículo transmisor para contar historias y hacernos partícipes de ellas. Podríamos afirmar que las historias son a nuestra alma lo que el ejercicio físico es al cuerpo: primordiales, vitales y trascendentales para vivir. Desde que nacemos, las historias forman parte de nuestra vida: “érase una vez”, expresión que anuncia acontecimientos mágicos, gozosos, misteriosos, a veces también tristes y melancólicos. Ya desde nuestra infancia conectamos con seres y personajes cuyas vidas y aventuras conforman un espacio imaginario común en el que mirarnos o diferenciarnos, ya que nuestra identificación depende de los anhelos, expectativas y códigos éticos que nos definen. Técnicamente, existen formas de empatizar en mayor o menor grado con ciertos personajes: quién cuenta la historia y cómo lo hace será determinante para identificarnos con la trama y un personaje en concreto.

 

Una función significativa de los libros es conmovernos. Del latín emovere, el sustantivo “emoción” alude a un movimiento hacia fuera, reflejando una respuesta fisiológica que nos conecta a otros seres y lugares que pueden condicionar e influir en nuestro desarrollo cognitivo y emocional. Algunos críticos literarios hablan de paisajes afectivos para referirse a los vínculos que se crean con otras personas, con entes no humanos, objetos y territorios, ya que éstos actúan como repositorios de distintos sentimientos, como pueden ser el amor, la nostalgia, el duelo, la vergüenza, la ira, el placer, el asombro o la esperanza. Otra de las funciones clave de la literatura consiste en transmitir el lema que anuncia la marca deportiva ASICS: Anima Sana In Corpore Sano, promoviendo un equilibrio entre la salud física y la mental. Así, anima se refiere en latín al hálito de vida, a la respiración, designando el principio vital que anima al cuerpo y que evolucionó, etimológicamente, al castellano “alma”. Según Aristóteles en su tratado De Anima, el alma nombra el principio fundamental de la vida humana, animal y vegetal, a la vez que interviene de forma esencial en los afectos y en los instintos. Si el alma está en armonía con la vida, con el entorno y con los demás, redundará en un mayor bienestar mental y físico, fomentando el (auto)cuidado, el respeto y la empatía hacia otras culturas y formas de pensar. De esta manera, los libros abren puertas y ventanas hacia la tolerancia, la comprensión y el entendimiento; también hacia la libertad, el deseo, a veces inesperado, y la frustración, cuando algún elemento de la trama nos decepciona. Son el espejo de nuestras pasiones, secretos e ilusiones, alimentando nuestra curiosidad y despertando en nosotros/as emociones espontáneas que, en un momento difícil como puede ser la pérdida de un ser querido, nos conectan con la vida de nuevo.

 

Hoy, día del libro, San Jorge –Saint George—y día de la lengua inglesa, no nos olvidamos de clásicos de su literatura que exploran distintas emociones de la condición humana: la venganza y el amor más allá de la muerte en Cumbres Borrascosas (Emily Bröntë); el impacto del utilitarismo en la imaginación de los niños en Tiempos difíciles (Charles Dickens) o la depresión en La señora Dalloway (Virginia Woolf). Si preferís autores contemporáneos, la ficción de Ali Smith es de obligada lectura: desde Chica conoce a chico, el Cuarteto Estacional, Gliff o Glyph, todos sus libros fomentan la empatía, la solidaridad, la creatividad y el humor como formas resilientes de supervivencia en un mundo cada vez más polarizado y hostil. Sea cual sea vuestra elección, la lectura entraña sabiduría y reparación. Los libros como antídoto para atenuar la soledad o el desamor; como ancla que nos sostiene en periodos de enfermedad y de declive físico; la escrito-terapia como forma de trabajar e integrar experiencias traumáticas complejas, tanto individuales como colectivas; la narración y la poesía como herramientas para conocer y denunciar procesos de esclavitud y colonización, guerras, terrorismo, odio y discriminación por cuestiones de género, raza, orientación sexual, clase social, religión, capacitismo, neurodivergencia, etc. Libros que resuenan con fuerza en nuestras vidas; historias cuya magia nos envuelve y, de forma cuasi-ceremoniosa, nos transforman para siempre. ¿Quién no tiene un libro favorito, depositario de un recuerdo inolvidable?

 

Otra historia: escribo estas líneas en primavera, cuando la luz natural perdura durante más tiempo. La albura, capa blanda y blanquecina de los troncos, ha hecho su trabajo durante el invierno, transportando la savia hacia las ramas, y ya se vislumbran los brotes primaverales en los árboles. El cierzo de los últimos días ha dado paso a un repentino calor, propio del verano. Y mientras el ciclo de la naturaleza sigue su curso, aparece un agente artificial y artificioso que todo lo inunda; IA, lo llaman, que arrasa, sin piedad, con otra de las funciones que nos brinda la literatura: la posibilidad de desarrollar y dilatar nuestras facultades cognitivas activando conexiones neuronales y favoreciendo emociones espontáneas que nos hagan vibrar. Reivindico en este espacio la importancia de una lectura sosegada (slow reading) de poemas y novelas con tramas complejas con el propósito de recuperar la atención. Leer libros enteros, de principio a fin, se ha convertido hoy en día en un acto revolucionario, pues implica invertir tiempo y desafiar el dogma de la aceleración y fragmentación impuesto por la sociedad actual. Además de todas las recomendaciones y consejos prácticos que podéis encontrar en este espacio de OCODES, os animo a que incorporéis la lectura de un libro (al mes) como otro hábito de vida saludable.

 

Ampliando la mirada: cuidados y salud planetaria

Ampliando la mirada: cuidados y salud planetaria

Carlos Navas Ferrer

22 de abril de 2026

Cada año, el 22 de abril, celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra. Sin embargo, para muchos profesionales sanitarios (incluido el alumnado en formación) la relación entre la salud y el entorno sigue pareciendo lejana. Lo sé porque lo he escuchado y lo he vivido. Durante mi formación como enfermero, y actualmente como docente, no han sido pocas las veces que he oído comentarios como: “¿Para qué necesita una enfermera hacer pan?”, “¿Para qué sirve navegar por un río?” o “¿Qué sentido tiene saber tanto de medio ambiente?”. A menudo, estas preguntas van acompañadas de una afirmación que parece incuestionable: “Yo lo que necesito es aprender a cuidar mejor”. Pero, ¿qué significa cuidar?

 

 

Recuerdo aquellas clases, a veces desconcertantes y otras profundamente reveladoras, impartidas por docentes comprometidas que nos sacaban del aula convencional para colocarnos frente a otras realidades. Hacer pan no era solo amasar harina. Implicaba hablar de semillas, transgénicos y agroquímicos. También era entender procesos, tiempos, paciencia, comunidad y alimentación saludable. Por otro lado, navegar por el interior de un río no era solo desplazarse o hacer ejercicio. Era reconocer dinámicas, riesgos, equilibrios y su relación con la salud de las personas que viven en torno a sus aguas. En definitiva, hablar de medio ambiente no era desviarse del cuidado, sino que era ampliarlo.

 

 

Con el tiempo, comprendí que aquellas experiencias no eran un adorno pedagógico ni una excentricidad docente. Eran, en realidad, una invitación a mirar el cuidado desde una perspectiva más amplia. Porque cuidar no es únicamente aplicar una técnica o administrar un tratamiento; cuidar requiere, necesariamente, comprender la complejidad de la vida en todas sus dimensiones.

 

En este sentido, las palabras de Leonardo Boff resultan especialmente iluminadoras cuando afirma que:

 

 

El cuidado es una relación amorosa respetuosa y no agresiva, y por eso no destructiva, con la realidad. Presupone que los seres humanos son parte de la naturaleza y miembros de la comunidad biótica y cósmica, con la responsabilidad de protegerla, regenerarla y cuidarla. Más que una técnica, el cuidado es un arte, un nuevo paradigma de relación con la naturaleza, con la Tierra y con los seres humanos.

 

 

Esta idea transforma por completo la práctica enfermera. Nos sitúa no solo como profesionales que intervienen sobre el cuerpo de seres humanos, sino como sujetos que se relacionan con un mundo vivo, interdependiente y frágil. Nos recuerda que somos parte de la naturaleza, no algo separado de ella, y que nuestra responsabilidad no se limita al individuo que tenemos delante, sino que se extiende al entorno que hace posible su vida.

 

 

Desde esta mirada, aquellas preguntas iniciales pierden fuerza. Porque hacer pan, navegar un río o comprender los ecosistemas deja de ser irrelevante y pasa a ser esencial. Son formas de aprender a observar, a respetar y a adaptarse al medio que nos rodea. Son maneras de cultivar una sensibilidad que luego se traduce en una mejor atención, más consciente e integral.

 

 

En los últimos años, han surgido iniciativas que recogen y desarrollan esta forma de entender la salud. Una de ellas es el proyecto HEQED (Health Equity through Education), una plataforma educativa que busca ayudar al alumnado de ciencias de la salud a comprender las inequidades en salud y actuar frente a ellas.

 

 

HEQED propone un enfoque innovador que integra la equidad en salud con los determinantes ambientales en la formación en disciplinas del ámbito sanitario. A través de recursos digitales, casos prácticos y herramientas pedagógicas, la plataforma invita al estudiantado a analizar situaciones reales desde una perspectiva crítica, considerando no solo los factores clínicos, sino también los sociales, económicos y ecológicos que influyen en la salud.

 

 

Uno de los aspectos más relevantes de HEQED es su apuesta por la salud planetaria. Este concepto parte de una idea fundamental: la salud humana está íntimamente ligada a la salud del planeta. No podemos hablar de bienestar si ignoramos la degradación ambiental, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad. Estas realidades no son ajenas a la práctica sanitaria; al contrario, condicionan directamente la aparición de enfermedades, la distribución de riesgos y la capacidad de respuesta de los sistemas de salud.

 

 

Desde HEQED, se promueve que el alumnado adopte este enfoque en su futura práctica profesional. Esto implica aprender a identificar cómo las condiciones ambientales afectan a la salud de las personas, pero también desarrollar competencias para intervenir de manera responsable y sostenible. No se trata solo de tratar enfermedades, sino de prevenirlas desde una mirada amplia, que incluya la justicia social y el respeto por el entorno.

 

 

Además, el proyecto fomenta una actitud reflexiva y comprometida. Los estudiantes no son meros receptores de información, sino agentes activos capaces de cuestionar, proponer y transformar. En este sentido, HEQED no solo transmite conocimientos, sino que contribuye a formar profesionales más conscientes, más críticos y, en última instancia, más capaces de cuidar.

 

 

Y quizá ahí reside el punto de encuentro entre aquellas experiencias formativas y las propuestas actuales como HEQED. Ambas comparten una misma intuición: el cuidado no puede reducirse a lo técnico. Que cuidar es, en el fondo, una forma de estar en el mundo.

 

 

En este Día de la Madre Tierra, tal vez convenga recuperar esa idea. Recordar que la salud no nace en los hospitales, sino en la vida cotidiana, en el aire que respiramos, en el agua que bebemos, en los vínculos que construimos. Y que, como profesionales de la salud, nuestra tarea no es solo intervenir cuando algo falla, sino contribuir a sostener las condiciones que hacen posible la vida.

 

 

Porque cuidar al otro, en última instancia, es también cuidar el mundo que compartimos.