El matrimonio lésbico como institución: entre la integración y la transformación

El matrimonio lésbico como institución: entre la integración y la transformación

M. Felipa Gea López

26 de abril de 2026

El 26 de abril coincide con el Día de la Visibilidad Lésbica y el Día Mundial del Matrimonio. Esta coincidencia refleja el choque —y el abrazo— entre una orientación sexual que durante siglos tuvo que esconderse y una de las instituciones más tradicionalmente excluyentes de nuestra sociedad.

 

Desde que se aprobó la Ley 13/2005 en España, no solo han cambiado las leyes, sino también la salud pública y el bienestar psicológico. El matrimonio igualitario no es solo un contrato legal, es ocupar un espacio que antes prohibido y darle un significado totalmente nuevo, alejándonos del control histórico sobre la sexualidad femenina.

 

Tendencia matrimonial

 

Históricamente, el matrimonio ha sido un mecanismo de organización social, económica y política, vinculado a la propiedad, la reproducción y la división de roles de género. Aunque el matrimonio parezca «pasado de moda», las cifras en España cuentan una historia distinta. Desde 2005, se han celebrado más de 75.000 bodas entre personas del mismo sexo. De hecho, en 2016, por primera vez, los matrimonios entre mujeres superaron a los de hombres, tendencia que no ha parado de crecer.

 

En el último año, mientras que los matrimonios convencionales apenas se movían, las uniones del mismo sexo pegaron un salto del 8,33%. Para las parejas lésbicas, el matrimonio se convierte en un espacio de seguridad y reconocimiento. Es una forma de decir: «nuestra familia existe y el Estado la protege». El «sí, quiero» es mucho más que un papel firmado, es un chute de salud mental y una respuesta directa frente al estigma social arrastrado durante años.

 

Laboratorio de igualdad y negociación

 

Las parejas de mujeres han dinamitado el modelo de «marido proveedor» y «mujer cuidadora». Al no haber un guion de roles predefinidos, el matrimonio lésbico se convierte en un laboratorio social donde se ensayan formas de convivencia más horizontales. Un espacio donde todo se negocia desde cero.

 

Los estudios nos dicen que estas parejas suelen ser mucho más equitativas en el reparto de las tareas domésticas. No se reparten las cosas por ser «hombre o mujer», sino por quién tiene más tiempo o quién se le da mejor cocinar o llevar las cuentas. Esa sensación de justicia en casa es el mejor pegamento para una relación, pues cuando sientes que el esfuerzo es compartido, la satisfacción marital sube como la espuma.

 

Pero no todo es un camino de rosas. Con la llegada de los/as hijos/as, aparece la «sedimentación de roles». A veces, la madre biológica acaba cargando con más cuidados por inercia cultural. Y no podemos olvidar la carga mental, ese trabajo invisible de planificar el menú, recordar las vacunas o saber qué falta en la nevera que afecta al 91% de las madres en España. Aunque, en las parejas lésbicas, la gestión suele ser más compartida, la presión por ser la «madre perfecta» también está presente, lo que puede generar un agotamiento emocional que solo se cura con comunicación asertiva y honesta.

 

Impacto en la salud pública

 

Más allá de lo social, el matrimonio lésbico tiene un impacto directo en la salud pública. Según el “modelo de estrés de las minorías”, las mujeres lesbianas están expuestas a altos niveles de estrés crónico por la discriminación, las microagresiones y la expectativa constante de rechazo. Este estrés sostenido tiene consecuencias psicológicas, incrementa el riesgo de ansiedad, depresión y dificultades en la regulación emocional.

 

En este contexto, el matrimonio actúa como un factor de protección. El reconocimiento legal del vínculo afectivo aporta seguridad jurídica, sensación de pertenencia y legitimidad social. Las investigaciones demuestran que las parejas casadas legalmente tienen niveles más bajos de angustia y sienten que su vida tiene más sentido.

 

El reconocimiento legal funciona como una herramienta de salud pública que estabiliza nuestra salud mental. La estabilidad del vínculo contribuye a disminuir la ansiedad anticipatoria, refuerza la autoestima y favorece la construcción de un apego más seguro. Es decir, el acceso a derechos no sólo transforma lo social, sino también lo psicológico.

 

Más allá del coitocentrismo

 

En el ámbito sexual, el matrimonio lésbico contribuye a romper el coitocentrismo. En estas relaciones, la satisfacción sexual no se mide por la penetración, sino en términos de comunicación, conexión emocional y exploración compartida del placer.

  

Las investigaciones nos dicen que las mujeres que aman a mujeres suelen tener encuentros más largos y una frecuencia de orgasmos más alta. El secreto de la satisfacción sexual está en la empatía corporal y en la comunicación abierta —la capacidad de expresar deseos, necesidades y límites—.

 

Pero también hay retos, como el riesgo de la «fusión excesiva». A veces, de tanto querer estar juntas y ser iguales, perdemos esa chispa de misterio que alimenta el deseo. Por eso es importante mantener espacios de autonomía e independencia. Ser «nosotras» está genial, pero seguir siendo también «yo» es lo que mantiene viva la atracción a largo plazo.

 

Visibilidad y afirmación política

 

Casarse no es solo un trámite, es un acto político de visibilidad y afirmación. Durante décadas, a las lesbianas se les dijo que sus relaciones eran «asuntos privados» que no debían salir de casa. El matrimonio rompe esa cultura de la vergüenza, ya que salir a la luz pública con plenos derechos ayuda a que las nuevas generaciones tengan referentes positivos.

 

Figuras como Jennifer Quiles nos enseñaron que la visibilidad es necesaria y terapéutica. Cuando dejas de esconderte, el miedo al rechazo pierde fuerza. Sin embargo, no podemos bajar la guardia. Todavía un 33% del colectivo LGTBIQ+ ha tenido ideas suicidas recientemente por culpa del rechazo social acumulado. Por eso, la igualdad legal tiene que convertirse en igualdad social real en cada rincón de nuestra sociedad.

 

Debates y desafíos persistentes

 

Aunque hayamos avanzado, nos quedan espinas clavadas. Una de ellas es la violencia intragénero. El mito de que entre mujeres no hay violencia porque somos «más pacíficas» hace que obviemos la existencia del «abuso de identidad» (amenazar con sacar a alguien del armario), y es vital que los profesionales sepamos identificarlo sin caer en prejuicios.

 

Desde sectores del feminismo y la teoría queer, se advierte el riesgo de la homonormatividad: la asimilación a modelos tradicionales que priorizan la monogamia y ciertos estilos de vida, excluyendo otras formas de relación. Sin embargo, voces como la de Beatriz Gimeno defienden que el matrimonio lésbico es intrínsecamente subversivo porque cuestiona la necesidad de la figura masculina y redefine la institución desde dentro.

 

También preocupa que muchas mujeres aún tengan miedo de decir que son lesbianas ante su médico/a, lo que dificulta la prevención de enfermedades y el diagnóstico temprano. Es necesario insistir en la formación profesional para crear entornos más seguros, donde la identidad/orientación no sea un obstáculo para recibir los mejores cuidados.

 

Reconstruyendo la institución

 

El matrimonio lésbico es una etapa más en la lucha por la dignidad humana. Es un proceso de reconstrucción institucional desde dentro, demostrando nuevas formas de amar y cuidar que garantizan una igualdad libre de miedo y estigma.

 

El 26 de abril nos recuerda que sin visibilidad no hay derechos, y que sin derechos la visibilidad es peligrosa. Al habitar el matrimonio, las lesbianas no solo están ampliando la ley, sino que están reconstruyendo la sociedad a través de repensar los valores que sostienen el amor, la familia y la convivencia.

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

MTBVAC: Un nuevo candidato a vacuna contra la tuberculosis en ensayos clínicos de eficacia

Juan Ignacio Aguiló Anento

24 de abril de 2026

Tuberculosis: Una amenaza persistente

 

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis que se transmite principalmente por vía aérea y que infecta sobre todo a los pulmones, aunque también puede atacar otros órganos.

 

Durante buena parte del siglo XX se pensó que la tuberculosis estaba camino de desaparecer. El descubrimiento de los antibióticos eficaces y la introducción de programas de vacunación hicieron creer que la enfermedad terminaría siendo un problema del pasado. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Según estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de diez millones de nuevos casos y más de un millón de muertes en todo el mundo. En este contexto, el desarrollo de nuevas vacunas frente a la tuberculosis respiratoria se ha convertido en una prioridad científica y sanitaria.

 

La vacuna BCG: El estándar durante más de un siglo

 

Durante más de cien años, la única vacuna disponible frente a la tuberculosis ha sido la BCG (Bacillus Calmette-Guérin). Fue desarrollada a principios del siglo XX a partir de una cepa atenuada de Mycobacterium bovis, la bacteria causante de la tuberculosis bovina.

 

La BCG se obtuvo mediante un proceso de cultivo prolongado en laboratorio que, tras más de una década de pases sucesivos, dio lugar a una cepa debilitada incapaz de causar enfermedad en personas sanas. Desde su introducción en 1921, la vacuna ha sido administrada a miles de millones de personas en todo el mundo.

 

Su principal virtud es la protección frente a las formas más graves de tuberculosis en la infancia, como la meningitis tuberculosa o la tuberculosis diseminada, así como la disminución de todas las causas de mortalidad en la infancia. Por este motivo, la vacuna sigue formando parte del calendario vacunal en muchos países.

 

Sin embargo, la BCG tiene limitaciones importantes. Su eficacia frente a la tuberculosis pulmonar en adolescentes y adultos —la forma responsable de la mayor parte de la transmisión— es muy variable y, en muchos casos, limitada. Esto ha impulsado durante décadas la búsqueda de vacunas más eficaces.

 

MTBVAC: Una nueva generación de vacunas

 

Una de las aproximaciones más prometedoras es MTBVAC, una vacuna viva basada directamente en la atenuación de Mycobacterium tuberculosis. A diferencia de la BCG, que procede de M. bovis, MTBVAC se desarrolla a partir del propio patógeno humano, lo que potencialmente permite presentar al sistema inmunitario un repertorio más completo de antígenos relevantes.

 

La atenuación —es decir, el proceso de hacer la bacteria inofensiva sin que pierda su capacidad de estimular el sistema inmune— se logró mediante ingeniería genética, de forma precisa y controlada. MTBVAC incorpora dos deleciones independientes y estables en los genes de virulencia phoP y fadD26, sobre la base de un aislado clínico perteneciente al linaje 4 euro-americano, el más ampliamente transmitido entre humanos.

 

¿Qué hacen estos genes? El gen phoP es un factor de transcripción que controla múltiples procesos de la bacteria relacionados con virulencia, incluyendo la secreción del principal factor de virulencia de tuberculosis: ESAT-6. Por su parte, fadD26 es clave para la síntesis del lípido denominado PDIM, otro de los principales factores de virulencia de la bacteria. Al eliminar ambos genes de manera independiente, se garantiza que la bacteria no pueda recuperar su virulencia, cumpliendo así con los requisitos de seguridad establecidos internacionalmente.

 

Como cualquier otra vacuna en desarrollo, MTBVAC fue sometida a una exhaustiva caracterización preclínica en distintos modelos animales. En ratones, uno de los modelos experimentales más empleados, la vacuna demostró ser segura y capaz de inducir una respuesta inmunitaria fuerte frente a la infección por M. tuberculosis. En estos estudios se observó una protección superior a la proporcionada por la BCG frente a la infección experimental, y se identificaron además los principales mecanismos inmunológicos a través de los cuales MTBVAC resulta eficaz. Posteriormente, la vacuna se evaluó en cobayas, un modelo especialmente sensible a la tuberculosis y que reproduce bien la patología pulmonar humana. En estos animales, MTBVAC mostró una reducción significativa de la carga bacteriana y una mayor supervivencia tras la infección. Finalmente, MTBVAC se ensayó en primates no humanos, considerados el modelo animal más relevante y cercano al ser humano. Los resultados confirmaron tanto la seguridad como el potencial protector de la vacuna, proporcionando la base necesaria para avanzar hacia ensayos clínicos.

 

Ensayos clínicos: De las primeras pruebas a los estudios de eficacia

 

Un hito fundamental antes de que MTBVAC pudiera comenzar a ensayarse en ensayos clínicos fue su desarrollo a nivel industrial. A partir de 2008, la compañía biofarmacéutica española Biofabri, perteneciente al grupo Zendal, y siendo desde entonces el socio industrial de la Universidad de Zaragoza asumió la producción y desarrollo clínico de MTBVAC. Este proceso implicó adaptar la fabricación de la vacuna a los estrictos estándares internacionales de calidad farmacéutica, conocidos como Buenas Prácticas de Fabricación (GMP de las siglas en inglés). También fue necesario realizar estudios regulatorios adicionales que demostraran la estabilidad del producto, su seguridad y su consistencia entre lotes.

 

El primer ensayo clínico en humanos comenzó en 2013 en adultos en Suiza, en un estudio de fase I diseñado para evaluar la seguridad y la inmunogenicidad en voluntarios sanos. Los resultados fueron satisfactorios: MTBVAC demostró un perfil de seguridad aceptable y generó respuestas inmunes robustas.

 

El siguiente paso lógico era probar la vacuna en el lugar donde más se necesitaba. En 2016 se inició un ensayo de fase Ib en recién nacidos en Sudáfrica. Este ensayo fue crucial, pues los neonatos son la población diana más importante de cualquier vacuna antituberculosa, y Sudáfrica es uno de los países con mayor incidencia de TBC del mundo. Los datos confirmaron que la vacuna era segura en este grupo de edad y comenzó a generar respuestas inmunes mayores a la actual vacuna BCG.

 

Con estos resultados, en 2019 se avanzó a dos ensayos de fase IIa en Sudáfrica, uno en recién nacidos y otro en adultos. Estos estudios de búsqueda de dosis permitieron comparar distintas concentraciones de la vacuna con la BCG estándar, con el objetivo de identificar cuál ofrecía el mejor equilibrio entre seguridad e inmunogenicidad. MTBVAC demostró perfiles de inmunogenicidad comparables o superiores a la BCG con diferentes dosis. Con estos datos, se identificó la dosis óptima para avanzar a los estudios de eficacia.

 

La vacuna se encuentra en la actualidad en la fase más determinante de su desarrollo, con dos grandes ensayos de eficacia en marcha. El primero es un ensayo de fase III en recién nacidos en Sudáfrica, Madagascar y Senegal. Se trata de un ensayo de eficacia en neonatos, en el que se vacunarán más de 7.000 bebes y que compara directamente MTBVAC con la BCG. Se espera que este estudio finalice en el año 2028. El segundo es el estudio IMAGINE (Investigation of MTBVAC toward Accelerating Global Immunization for a Neglected Epidemic), un ambicioso ensayo de fase IIb liderado por la organización sin ánimo de lucro IAVI(International AIDS Vaccine Initiative) y financiado en parte por la Fundación Gates. IMAGINE evalúa la prevención de la enfermedad tuberculosa en adolescentes y adultos con infección tuberculosa latente en Sudáfrica, Kenia y Tanzania, y administró sus primeras dosis en febrero de 2025. Este ensayo es especialmente importante porque los adultos y adolescentes son los principales transmisores de la enfermedad, y actualmente no existe ninguna vacuna eficaz para este grupo.

 

Paralelamente, la empresa india Bharat Biotech, en colaboración con Biofabri, ha iniciado ensayos clínicos en India, el país que concentra el 28% de los casos mundiales de tuberculosis.

 

Mirando al futuro

 

La tuberculosis sigue siendo una de las grandes amenazas infecciosas del planeta. Aunque los tratamientos actuales permiten curar la mayoría de los casos cuando se diagnostican a tiempo, su mortalidad es cercana al 50% sin tratamiento por lo que la prevención mediante vacunas eficaces se considera una herramienta fundamental para controlar la enfermedad a largo plazo.

 

MTBVAC representa una de las estrategias más avanzadas dentro de la nueva generación de vacunas frente a la tuberculosis. Al basarse directamente en una cepa atenuada de M. tuberculosis y haber demostrado resultados prometedores tanto en estudios preclínicos como en las primeras fases clínicas, su desarrollo ha despertado un notable interés en la comunidad científica internacional.

 

Los resultados de los ensayos de eficacia actualmente en curso serán decisivos para determinar si esta vacuna puede convertirse en una herramienta clave en la lucha global contra la tuberculosis. Si los datos confirman las expectativas, MTBVAC podría convertirse en la primera nueva vacuna frente a esta enfermedad en más de un siglo.

Libros que sanan

Libros que sanan

Maite Escudero Alías

23 de abril de 2026

“La literatura es, en primer lugar, una de las maneras fundamentales de nutrir la conciencia. Desempeña una función esencial en la creación de la vida interior, y en la ampliación y ahondamiento de nuestras simpatías y nuestras sensibilidades hacia otros seres humanos y el lenguaje.” (Susan Sontag, 2003).

 

Comienzo esta sección recordando las palabras de Susan Sontag en su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2003 porque ahondan en el poder de la literatura para enaltecer la sensibilidad y la empatía del ser humano. Más específicamente, los libros son el vehículo transmisor para contar historias y hacernos partícipes de ellas. Podríamos afirmar que las historias son a nuestra alma lo que el ejercicio físico es al cuerpo: primordiales, vitales y trascendentales para vivir. Desde que nacemos, las historias forman parte de nuestra vida: “érase una vez”, expresión que anuncia acontecimientos mágicos, gozosos, misteriosos, a veces también tristes y melancólicos. Ya desde nuestra infancia conectamos con seres y personajes cuyas vidas y aventuras conforman un espacio imaginario común en el que mirarnos o diferenciarnos, ya que nuestra identificación depende de los anhelos, expectativas y códigos éticos que nos definen. Técnicamente, existen formas de empatizar en mayor o menor grado con ciertos personajes: quién cuenta la historia y cómo lo hace será determinante para identificarnos con la trama y un personaje en concreto.

 

Una función significativa de los libros es conmovernos. Del latín emovere, el sustantivo “emoción” alude a un movimiento hacia fuera, reflejando una respuesta fisiológica que nos conecta a otros seres y lugares que pueden condicionar e influir en nuestro desarrollo cognitivo y emocional. Algunos críticos literarios hablan de paisajes afectivos para referirse a los vínculos que se crean con otras personas, con entes no humanos, objetos y territorios, ya que éstos actúan como repositorios de distintos sentimientos, como pueden ser el amor, la nostalgia, el duelo, la vergüenza, la ira, el placer, el asombro o la esperanza. Otra de las funciones clave de la literatura consiste en transmitir el lema que anuncia la marca deportiva ASICS: Anima Sana In Corpore Sano, promoviendo un equilibrio entre la salud física y la mental. Así, anima se refiere en latín al hálito de vida, a la respiración, designando el principio vital que anima al cuerpo y que evolucionó, etimológicamente, al castellano “alma”. Según Aristóteles en su tratado De Anima, el alma nombra el principio fundamental de la vida humana, animal y vegetal, a la vez que interviene de forma esencial en los afectos y en los instintos. Si el alma está en armonía con la vida, con el entorno y con los demás, redundará en un mayor bienestar mental y físico, fomentando el (auto)cuidado, el respeto y la empatía hacia otras culturas y formas de pensar. De esta manera, los libros abren puertas y ventanas hacia la tolerancia, la comprensión y el entendimiento; también hacia la libertad, el deseo, a veces inesperado, y la frustración, cuando algún elemento de la trama nos decepciona. Son el espejo de nuestras pasiones, secretos e ilusiones, alimentando nuestra curiosidad y despertando en nosotros/as emociones espontáneas que, en un momento difícil como puede ser la pérdida de un ser querido, nos conectan con la vida de nuevo.

 

Hoy, día del libro, San Jorge –Saint George—y día de la lengua inglesa, no nos olvidamos de clásicos de su literatura que exploran distintas emociones de la condición humana: la venganza y el amor más allá de la muerte en Cumbres Borrascosas (Emily Bröntë); el impacto del utilitarismo en la imaginación de los niños en Tiempos difíciles (Charles Dickens) o la depresión en La señora Dalloway (Virginia Woolf). Si preferís autores contemporáneos, la ficción de Ali Smith es de obligada lectura: desde Chica conoce a chico, el Cuarteto Estacional, Gliff o Glyph, todos sus libros fomentan la empatía, la solidaridad, la creatividad y el humor como formas resilientes de supervivencia en un mundo cada vez más polarizado y hostil. Sea cual sea vuestra elección, la lectura entraña sabiduría y reparación. Los libros como antídoto para atenuar la soledad o el desamor; como ancla que nos sostiene en periodos de enfermedad y de declive físico; la escrito-terapia como forma de trabajar e integrar experiencias traumáticas complejas, tanto individuales como colectivas; la narración y la poesía como herramientas para conocer y denunciar procesos de esclavitud y colonización, guerras, terrorismo, odio y discriminación por cuestiones de género, raza, orientación sexual, clase social, religión, capacitismo, neurodivergencia, etc. Libros que resuenan con fuerza en nuestras vidas; historias cuya magia nos envuelve y, de forma cuasi-ceremoniosa, nos transforman para siempre. ¿Quién no tiene un libro favorito, depositario de un recuerdo inolvidable?

 

Otra historia: escribo estas líneas en primavera, cuando la luz natural perdura durante más tiempo. La albura, capa blanda y blanquecina de los troncos, ha hecho su trabajo durante el invierno, transportando la savia hacia las ramas, y ya se vislumbran los brotes primaverales en los árboles. El cierzo de los últimos días ha dado paso a un repentino calor, propio del verano. Y mientras el ciclo de la naturaleza sigue su curso, aparece un agente artificial y artificioso que todo lo inunda; IA, lo llaman, que arrasa, sin piedad, con otra de las funciones que nos brinda la literatura: la posibilidad de desarrollar y dilatar nuestras facultades cognitivas activando conexiones neuronales y favoreciendo emociones espontáneas que nos hagan vibrar. Reivindico en este espacio la importancia de una lectura sosegada (slow reading) de poemas y novelas con tramas complejas con el propósito de recuperar la atención. Leer libros enteros, de principio a fin, se ha convertido hoy en día en un acto revolucionario, pues implica invertir tiempo y desafiar el dogma de la aceleración y fragmentación impuesto por la sociedad actual. Además de todas las recomendaciones y consejos prácticos que podéis encontrar en este espacio de OCODES, os animo a que incorporéis la lectura de un libro (al mes) como otro hábito de vida saludable.

 

Literatura y creatividad: Potencia crítica

Literatura: Creatividad y potencia crítica

Alfredo Saldaña Sagredo

15 de abril de 2026

Me gustaría en este breve texto apuntar algunas ideas sobre las funciones que la literatura —en especial, la poesía—, la creatividad y el pensamiento crítico han podido desempeñar en mi trayectoria como profesor y autor de unos cuantos libros de poesía y de ensayo en el ámbito de una universidad cada día más aletargada y burocratizada, tanto en el contexto docente como en el investigador, y ello en unas circunstancias en las que, como se lamenta el poeta sirio Adonis, la productividad y la rentabilidad están ganando terreno a la imaginación, el ingenio y el cacumen.

 

Comenzaré recordando que con el término poesía designamos un hacer, un dar a luz o un engendrar, un acontecimiento creativo, en cualquier caso, inherente a lo femenino de nuestra especie y asociado estrechamente a la noción de alumbramiento. En ese proceso, el poeta intuye que la escritura es una actividad imaginaria, fantasmática y especular, una práctica en la que acaba diluyéndose en el vacilante e incierto trazo de su propio texto. En ese recinto brota una palabra poética extraña y anómala que comienza a manifestarse cuando ­—al menos por un instante­— se interrumpen los latidos de la existencia y, en ese sentido, a la vez que un aviso premonitorio de la muerte que viene, no es otra cosa que una representación, una imagen, en fin, un signo de la propia vida, detenida en su extrema y radical intensidad.

 

Percy B. Shelley distingue en A Defence of Poetry entre catalogue y creation, una distinción sobre la que se ha trazado la gran diferencia entre el lenguaje de la historia y los registros (im)propios de la poesía. Sin embargo, esa disonancia responde a menudo más a un ideal, una aspiración o un tópico que a una realidad contrastada dado que, al igual que existe un subgénero literario que denominamos «ciencia ficción» (un sintagma construido a partir de dos términos aparentemente contradictorios y excluyentes), el relato de la historia, presuntamente objetivo y veraz, aparece salpicado con frecuencia de elementos y recursos ficcionales, míticos, imaginarios, fantásticos; por el contrario, tampoco es infrecuente encontrar una poesía anclada a la experiencia en su sentido más restrictivo, concebida casi como fedataria de la realidad material, sensorial y sentimental. Y es en ese momento —recordemos, primeras décadas del siglo XIX— cuando surge la poesía tal como todavía hoy la seguimos explorando, es decir, entendiendo e ignorando, una poesía que, manteniendo unos estrechos vínculos con la creación y la imaginación, no deja de ocasionar desconcierto y malestar. Quizás ahí se encuentren algunas de las razones por las que la poesía ocupa un espacio social cada vez más exiguo e irrelevante.

 

De paso, nos encontramos sumidos en un escenario en el que los saberes relacionados con la especulación, la crítica, el pensamiento o los estudios menos instrumentales están siendo arrinconados hasta casi hacerlos desaparecer del ambiente educativo, frente a esos otros relacionados con la adquisición de unas cuantas reglas y consignas que la doxa académica califica como habilitantes. Así, las interrogantes se disparan de una manera espontánea y natural, ¿por qué ese tipo de contenidos y conocimientos tildados a menudo de inútiles e innecesarios sufren tales ataques?, ¿por qué, en definitiva, la poesía, la filosofía y la crítica encuentran tan difícil arraigo en sociedades como la nuestra? Aunque cualquier sujeto mínimamente informado esté al cabo de la calle y conozca qué intereses se esconden detrás de todas estas cuestiones, no creo que se trate de preguntas retóricas. Una posible, tentativa y rápida respuesta podría argumentarse recordando que la poesía (cuando se acompaña de esa enfermedad sagrada, como decía Heráclito, que es el pensar) y la filosofía (cuando se manifiesta con un ingobernable decir poético) contienen un aliento epifánico, siembran una semilla indomable y desestabilizadora, y que por ahí puede entenderse y explicarse su expulsión de los foros públicos.

 

A partir de ahí, es innegable que no se puede desarrollar un trabajo poético sin la intervención del pensamiento crítico y, en esas circunstancias, es obvio que pensar consiste en destensar los puntos de amarre para que el pensamiento pueda desplazarse con soltura y fluidez, generar espacio para que broten las ideas, errar —en los sentidos de andar y fallar— y hacer casa, como defendía la poeta rusa Anna Ajmátova, en un camino abarrotado de preguntas. Perderse para encontrarse, perder el sendero y reconocerse en esa pérdida.

 

En fin, una reflexión como esta que aquí apenas queda esbozada solo tiene sentido si se aborda como un esfuerzo para (des)ubicar y extrañar los lugares que ocupa la poesía en las sociedades contemporáneas, y ello sin renunciar a un compromiso con la defensa de una naturaleza y un entorno cada vez más devastados por los insensatos y letales comportamientos del ser humano. En ese sentido, se trataría de estar a la altura de las circunstancias y explorar una poesía solidaria con una realidad en la que ese ser humano es solo una parte —aunque una parte responsable, sin duda— de esa totalidad. Y todo ello porque la poesía, a veces, nos enseña que no se es poeta sino que se está en modo poético.

 

El Parkinson en mil palabras

El Parkinson en mil palabras

Amador Plaza Díez

11 de abril de 2026

Después de vivir 35 años con Parkinson, he conseguido aprender algunas cosas fundamentales sobre esta caprichosa patología.

 

En primer lugar, sobre su diagnóstico: No hay prueba que sea capaz de emitir un diagnóstico seguro de Enfermedad de Parkinson (en lo sucesivo EP). Ha de ser un neurólogo el que diagnostique, bajo su experiencia, esta enfermedad. Luego podrá corroborarlo con resonancias, dat-scan o viendo si hay una respuesta positiva en cuanto a los síntomas con la ingesta de L-Dopa.

 

Síntomas en la EP: en la EP no hay dos pacientes iguales. Si hubiera que establecer un rasgo común yo señalaría la lentitud. Los parkinsonianos somos capaces de hacer casi todo lo que haría una persona sana, pero en mucho más tiempo. Lentitud para todo, incluso en el pensamiento. Esa lentitud va a ayudar junto con la medicación a padecer un estreñimiento severo que acompaña casi siempre a este colectivo. Otro síntoma muy frecuente es la falta de control de impulsos, que se traduce en compras compulsivas, conductas obsesivas sobre juego, sexo.

 

Existe una terapia que consiste en introducir dos electrodos en el cerebro que conectados a una batería externa, suministran una mínima corriente eléctrica que mejora notablemente los síntomas del paciente. La intervención se llama “estimulación cerebral profunda” y está sujeta a un riguroso protocolo que debe seguirse para poder aplicarla.

 

En mi caso fui sometido a dicha intervención en el año 2009 y me ha dado diez años de autonomía total. No obstante, la EP tiene, entre otros, el calificativo de progresiva. Y en estos 17 años ha seguido progresando hasta reducir de forma importante mi autonomía.

 

Junto a todas las terapias médicas y farmacológicas, existe una forma de vida que depende del paciente y que supone un 50 por ciento de la posible mejora de la sintomatología general del paciente. Se trata del ejercicio terapéutico. Cuanto más mejor. Se ha comprobado el retraso en el avance de la EP en un numerosísimo grupo de muestra en EE.UU. de pacientes que hacían ejercicio terapéutico de forma regular, frente a otro grupo que no lo hacían.

 

El ejercicio terapéutico, tanto físico como mental se ha demostrado eficaz contra el avance de la EP. Si se haceejercicio todos los días se nota una mayor soltura, las articulaciones engrasadas. Por ello, la fisioterapia es fundamental para nosotros, ya que ayuda a conservar la funcionalidad y a afrontar mejor la evolución de la EP.

 

De la misma forma que si todos los días leemos y escribimos un poquito, no evitaremos que la EP se detenga, pero su progresión será mucho más lenta. Por el contrario, si dejamos pasar los días sentados en el sofá la EP tiene todas lasventajas. Pronto entraremos en apatía, y seremos un pelele en sus manos. La EP es como una tela de araña. Si a cada vuelta que nos va dando, inmediatamente la vamos rompiendo, nos resultará mucho más fácil que, sin hacer nada por impedírselo, un fino hilo de seda se haya convertido en una férrea coraza.

 

Mi problema con la EP ha sido siempre «caminar». Yo sufro bloqueos en la marcha, afortunadamente no tengocaídas, pero he tenido que volver a aprender a andar, fijándome en las rayas de las baldosas, o en las franjas blancas de los pasos de cebra.

 

Después de 1991 en que aparecieron los primeros síntomas me hicieron resonancias escáneres, electromiografías, incluso punción lumbar, hasta que comprendí que debía ponerme en manos de un único neurólogo que entendiera de laEP. Fue así como descubrí que había un neurólogo en el Hospital Clínico “Lozano Blesa” que dirigía la Unidad de Patologías del Movimiento.

 

Aún tardó la enfermedad en responder al tratamiento, hasta que, como a los cinco años de los primeros síntomas, tomando L-dopa, mejoró la escritura, la forma de caminar y todos los síntomas en general. El diagnóstico estaba confirmado: Tenía la EP. Desde entonces, he sufrido casi todos los síntomas de esta patología, he hecho venir a mi mujer de su trabajo para ayudarme a bajar de la camilla del dentista, o para ayudarme a cruzar la calle después de comprar el pan. Comencé a llegar tarde al trabajo, y a llegar a casa tarde a la salida de él. Aun así nos apuntamos a Derecho por las tardes y conseguimos aprobar los dos.

 

Tras unos años de negarme a ir a la Asociación de Parkinson Aragón, cuando tuve que renunciar a la oposición que tanto me había costado conseguir, me acerqué a ver lo que hacían. Y me sorprendió ver a la gente sonreír, hablar de todo menos de la dichosa EP. Vi entonces la posibilidad de emplear en la Asociación los conocimientos recién adquiridos en la carrera de Derecho, y como si fuera un trabajo le dediqué tiempo y paciencia, hasta llegar aquí.

 

Como conclusión os diré que a la EP hay que hacerle caso, pero no demasiado. Una vez que seamos capaces de ver en el espejo a un paciente de la EP pensemos en otras cosas más constructivas como en salir a comer con los amigos o quéharía falta en la Asociación. La vida no se acaba porque te sorprenda la EP, sólo cambia la velocidad. Si repartimosla EP en trozos, cuantos más seamos, los trozos serán más pequeños.

Cuando el monte curaba

Cuando el monte curaba

Marta Lampérez Bueno

7 de abril de 2026

Hoy asociamos la salud a hospitales, centros de salud y especialidades, tecnología y medicamentos industrializados. Sin embargo, hubo un tiempo en que curar comenzaba saliendo al monte.

 

En 1800, fray Mateo Suman remitió la descripción de Salvatierra de Escá (Zaragoza) en su Diccionario geográfico-histórico de Aragón, donde se detalla la riqueza botánica del término y se enumeran numerosas plantas medicinales que crecían de forma espontánea y formaban parte activa del cuidado cotidiano (pp. 413–434).

 

La elección de este ejemplo no es casual. Salvatierra de Escá forma parte de mi investigación doctoral en Ciencias de la Antigüedad y, mi formación como enfermera, me ha llevado a preguntarme también por las formas históricas del cuidado y el bienestar en los territorios rurales.

 

Suman incorporó el trabajo del médico titular Pascual Mora, cuya actividad fue recogida también por Félix de Latassa en la Biblioteca nueva de los escritores aragoneses (cap. CLXXVII, pp. 316–317), donde se mencionan sus descripciones botánicas vinculadas a Salvatierra. Allí se citan sus trabajos sobre las plantas que se crían en el término, confirmando que su labor trascendía el ámbito estrictamente local.

 

Entre las especies mencionadas se encontraban la doradilla, la matricaria, el toronjil, la eufrasia, la peonía o la gayuba, empleadas tradicionalmente para afecciones respiratorias, digestivas o urinarias. No se trataba de simples curiosidades botánicas: eran recursos terapéuticos accesibles.

 

Lo significativo es que Mora clasificó más de doscientas cincuenta especies siguiendo los sistemas botánicos de Tournefort y Linneo. El conocimiento ilustrado convivía así con la experiencia rural. Ciencia académica y saber práctico compartían espacio en las laderas prepirenaicas.

 

Desde una perspectiva actual, estas líneas permiten interpretar el paisaje de Salvatierra como territorio de cuidado. El monte no era únicamente fuente de leña o pastos: era extensión del botiquín doméstico. La relación entre naturaleza y salud formaba parte del equilibrio comunitario.

 

Con el avance de la medicina contemporánea, muchos de estos usos quedaron relegados al ámbito doméstico o al recuerdo popular. Sin embargo, la creciente atención a la fitoterapia y a la medicina tradicional, reconocida hoy por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, devuelve actualidad a aquellas descripciones de comienzos del siglo XIX.

 

Salvatierra de Escá fue, como tantas comunidades rurales, un lugar donde naturaleza y cuidado estaban íntimamente conectados. Mucho antes de que habláramos de prevención o sostenibilidad sanitaria, el monte ya curaba.