Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos

Eva Benito Ruiz

6 de enero de 2026

Para muchos niños y niñas, el Día de Reyes es uno de los momentos más esperados del año. La noche del 5 de enero está llena de nervios, preguntas, cartas cuidadosamente escritas y la emoción de pensar que algo mágico está a punto de suceder. Los Reyes Magos representan ilusión, sorpresa y fantasía, elementos fundamentales en la infancia y en la forma en que los más pequeños comprenden el mundo que les rodea.

Más allá de los regalos, esta celebración tradicional ocupa un lugar especial en el desarrollo emocional y social de los niños. Vivirla acompañados por la familia contribuye a crear recuerdos duraderos y a fortalecer vínculos.

 

La ilusión como motor del desarrollo infantil

La ilusión es una emoción clave en la infancia. Esperar la llegada de los Reyes Magos enseña a los niños a gestionar la anticipación y la paciencia, algo especialmente relevante en un contexto marcado por la inmediatez. La espera se convierte en parte de la experiencia, ayudando a los más pequeños a comprender que no todo sucede de forma instantánea.

Esta ilusión no solo se vive la noche de Reyes, sino en los días previos: preparar la carta, pensar qué pedir, dejar agua para los camellos o comentar la Cabalgata. Todos estos gestos refuerzan la capacidad de disfrutar del proceso y no solo del resultado.

 

La carta a los Reyes Magos: expresar deseos y emociones

Escribir la carta a los Reyes Magos es uno de los momentos más significativos para los niños. A través de ella, aprenden a expresar deseos, ordenar ideas y comunicar emociones. En muchos hogares, este acto se acompaña de conversaciones sobre el esfuerzo, el comportamiento durante el año y la importancia de agradecer.

La carta también puede convertirse en una herramienta educativa. Ayuda a los niños a reflexionar sobre lo que realmente desean y a comprender que no siempre se puede recibir todo lo que se pide, favoreciendo así la tolerancia a la frustración.

 

Imaginación y creatividad: un espacio para soñar

La historia de Melchor, Gaspar y Baltasar alimenta la imaginación infantil. Los cuentos, las cabalgatas y los relatos asociados al Día de Reyes crean un universo simbólico que estimula la creatividad. Imaginar, inventar y creer forman parte del desarrollo cognitivo y emocional de los niños.

Lejos de ser algo superficial, la imaginación ayuda a los niños a interpretar la realidad, a expresar sentimientos y a desarrollar habilidades fundamentales para su crecimiento personal y social.

 

Una celebración compartida y comunitaria

El Día de Reyes no se vive de forma aislada. Las calles llenas durante las cabalgatas, la emoción compartida y las tradiciones comunes refuerzan el sentimiento de pertenencia. Para los niños, formar parte de una experiencia colectiva contribuye a su socialización y al aprendizaje de normas de convivencia. Esta dimensión comunitaria permite además que los niños entiendan que las celebraciones forman parte de la vida en sociedad y que se construyen entre todos.

 

Más allá de los regalos: valores que perduran

Aunque los regalos ocupan un lugar central, el Día de Reyes es una oportunidad para transmitir valores como la generosidad, el compartir y el cuidado de lo que se recibe. Muchas familias aprovechan esta fecha para hablar de realidades diferentes y fomentar la empatía hacia otros niños.

Asimismo, se refuerza la idea de que los regalos no son solo materiales. El tiempo compartido, los juegos en familia y los momentos de atención y afecto tienen un impacto profundo en el bienestar emocional infantil.

 

Tradición, cultura e identidad

El Día de Reyes es también una puerta de entrada a la cultura y a las tradiciones. Conocer su origen y su significado ayuda a los niños a entender que forman parte de una historia que se transmite de generación en generación. Esto contribuye a construir identidad, memoria colectiva y respeto por las costumbres compartidas.

 

Conclusión: cuidar la magia de la infancia

En definitiva, el Día de Reyes es mucho más que una fecha marcada en el calendario.

Para los niños, representa ilusión, aprendizaje y descubrimiento.

Acompañar esta celebración con atención y sensibilidad permite que la magia vaya más allá de los regalos y se convierta en una experiencia significativa que deja huella en su desarrollo emocional y social.

 

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Día Internacional del niño: Un día para el acercamiento y la reflexión.

Natalia Barrio Forné

1 de enero de 2026

El 1 de enero es el Día Internacional del Niño, una cita marcada por la Iglesia Católica para impulsar el vínculo entre padres e hijos, con el objetivo de aumentar esos lazos familiares, favorecer el tiempo de calidad y el amor hacia la descendencia y, en definitiva, un día para recordar después de la Navidad que es posible el acercamiento sin la necesidad de dar regalos.

 

¿Porqué se eligió este día para conmemorar el día del hijo?

Se escogió esta fecha principalmente para aprovechar el día de Año Nuevo, día señalado como el inicio del año y de los buenos propósitos, momento en el que todos pretendemos ser mejores personas y tratar mejor al prójimo; y también día en el que ya ha pasado la Navidad y está cerca la vuelta a la rutina. Se debe aclarar además que como es un día marcado internacionalmente, no se tiene en cuenta el día de Reyes, a pesar de fomentarse desde la Iglesia Católica.

 

¿Qué propósitos presenta este día?

Los objetivos de este día se pueden englobar en 3 puntos principales. Por una parte, reforzar los vínculos entre padres e hijos. En este mundo caracterizado por la falta de tiempo, el estrés y la necesidad de ser productivo diariamente, aderezado con la presencia de los móviles, internet y redes sociales, las relaciones familiares cada vez son más escasas y el deterioro de la comunicación más frecuente. Es por ello que este día se alza como un punto de frenado y de reflexión sobre los lazos entre progenitores y descendencia, una forma de llamar la atención y de hacer hincapié en lo verdaderamente importante.

Otro punto que quieren destacar es el tiempo de calidad. Es fundamental valorar el tiempo que vivimos junto a nuestro familiares, todas las actividades que realizamos junto a ellos, más allá de lo material y de los regalos aportados durante estos días de festividad.

En muchas ocasiones, sobre todo cuando hay niños pequeños en casa, pensamos en los regalos que les vamos a dar, en sí jugará con lo que le demos, si le gustará, si será la talla adecuada, pero pocas veces pensamos en el tiempo que vamos a pasar con esas personas ya seamos nosotros los padres o los hijos. Este día es para pensar que lo valioso de la vida no es lo material sino los momentos que vivimos. Lo que recordaremos con el paso del tiempo no será ese jersey tan bonito que nos regalaron, sino quien nos lo regaló y la sorpresa que nos dio al dárnoslo. Y, cuando somos las personas que regalamos, no nos acordaremos del presente que dimos, sino de su cara de felicidad al verlo y lo que disfruta con algo que nosotros hemos conseguido gracias al gasto de nuestro tiempo libre.

Y el tercer punto que se quiere exponer con este día es la unión familiar. Es la oportunidad para que el núcleo familiar inicie el nuevo año unido, favoreciendo la comunicación y el amor entre ellos. Es el momento de parar, levantar la cabeza del móvil y mirar a nuestro alrededor. Debemos tener en cuenta que el tiempo es finito, los momentos que estamos viviendo, sean buenos o malos, no los vamos a volver a vivir. Tenemos la ocasión de disfrutar de las personas que tenemos a nuestro lado, fomentar el cariño que tenemos a nuestros familiares y desarrollar ese amor a través del contacto y del vínculo con ellos.

 

Un toque de atención

Este día internacional es un día para la reflexión, una cita que nos añade un ítem más a nuestros buenos propósitos de Año Nuevo: el vínculo familiar. Es necesario parar en este mundo tan rápido y fijar nuestra atención en la comunicación, en la relación y en el cariño con nuestros padres e hijos. Debemos desconectar de lo artificial y de lo digital y centrarnos en conectar con lo que recordaremos siempre: la emoción, la afectividad y la relación familiar, características humanas indispensables y necesarias que deben marcar el rumbo de este nuevo año.

El pulso de la vida. Reflexiones críticas en el Día Mundial de la Reanimación Cardiopulmonar

El pulso de la vida. Reflexiones críticas en el Día Mundial de la Reanimación Cardiopulmonar

Emmanuel Echániz Serrano

16 de octubre de 2025

Cada año, miles de personas caen súbitamente al suelo, sin dar apenas aviso. El corazón se detiene, los segundos avanzan como cuchillas y la vida pende de un hilo invisible que depende, casi siempre, de lo que hagan quienes están alrededor. Una compresión torácica, un desfibrilador accesible, una decisión rápida. Esa es la esencia de la reanimación cardiopulmonar (RCP): un gesto sencillo que multiplica las probabilidades de supervivencia, y que, sin embargo, sigue estando lejos de desplegar todo su potencial. El 16 de octubre, Día Mundial de la RCP, no debería ser un mero recordatorio en el calendario, sino una sacudida de conciencia colectiva.

 

Lo conseguido hasta ahora merece reconocimiento. El hecho mismo de que exista un día mundial ha puesto en la agenda pública la importancia de la RCP. Hoy se habla más de ella que hace dos décadas, y en muchos países europeos, incluida España, se ha comenzado a enseñar en las escuelas. La evidencia es clara: quienes aprenden RCP desde jóvenes no solo se sienten más seguros, sino que tienen más probabilidades de intervenir cuando la vida de alguien depende de ello. Además, la proliferación de desfibriladores externos automáticos en estaciones, aeropuertos, centros deportivos y otros espacios públicos ha democratizado una herramienta que antes solo estaba en manos de profesionales. Y la simplificación de los protocolos –“empujar fuerte y rápido en el centro del pecho”– ha logrado que cualquiera pueda actuar sin necesidad de una formación compleja.

 

La comunidad científica ha contribuido con rigor. La actualización periódica de guías internacionales y la consolidación de la llamada ciencia de la reanimación han permitido pasar de la técnica aislada al análisis integral: cómo formar, cómo implementar, cómo sostener. Esto no es retórica: cuando se inicia la RCP precozmente, la supervivencia puede multiplicarse por tres, y la probabilidad de evitar secuelas neurológicas graves crece exponencialmente. La RCP no solo salva vidas en el momento, sino que preserva proyectos vitales, familias enteras, futuros que parecían cortados de raíz.

 

Pero junto a los avances, la realidad golpea con crudeza. La parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria sigue siendo una sentencia que rara vez se revierte: la supervivencia en la mayoría de los países apenas roza el 10%, y en algunas regiones es todavía menor. Lo más doloroso es que estas cifras no responden a falta de conocimiento, sino a desigualdades en la implementación. En demasiados lugares, sobrevivir o no depende del código postal donde ocurre la emergencia, y eso es una inequidad que no podemos tolerar.

 

La formación es uno de los grandes talones de Aquiles. Aunque hay iniciativas escolares, siguen siendo parciales, irregulares y dependientes de la voluntad de cada centro. No puede ser que aprender a salvar una vida dependa del entusiasmo de un profesor o de un proyecto puntual: debe ser un derecho garantizado y universal. Entre la población adulta, los cursos están demasiado centrados en profesionales sanitarios, cuando son los ciudadanos corrientes quienes suelen estar presentes en los primeros minutos críticos. El mensaje de que todos podemos reanimar todavía no ha calado como debería.

 

El acceso real a los desfibriladores es otro reto pendiente. Que existan más aparatos no significa que sean fáciles de usar en el momento necesario. Con frecuencia, están cerrados en horarios limitados, mal señalizados o sin integración en redes de emergencias que guíen a los testigos hasta ellos. No basta con colocarlos: hay que normalizar su uso, incorporarlos a la cultura social y asegurarse de que cualquier persona sepa dónde están y cómo usarlos.

 

También la investigación muestra lagunas. Sabemos qué funciona, pero nos cuesta trasladarlo a la práctica diaria. La simulación clínica, clave para retener habilidades, no está extendida de forma homogénea. Persisten enfoques excesivamente técnicos que dejan en segundo plano aspectos tan humanos como el impacto emocional de intervenir o de fracasar en un intento de reanimación. ¿Quién cuida al ciudadano que se animó a realizar compresiones y vio morir a la persona? ¿Quién acompaña al sanitario que acumula decenas de intentos fallidos? Estas preguntas siguen sin respuestas claras.

 

Si de verdad queremos que el Día Mundial de la RCP trascienda lo simbólico, debemos ser más ambiciosos. La enseñanza de la RCP tiene que universalizarse en las escuelas, de manera obligatoria, estructurada y revisada periódicamente. La sensibilización no puede limitarse a un par de campañas cada octubre: debe ser continua, visible y adaptada a los distintos colectivos. Los desfibriladores deben estar en todos los lugares de gran afluencia, disponibles las 24 horas, señalizados de forma homogénea y geolocalizados en aplicaciones conectadas con los servicios de emergencias. La innovación pedagógica no es un lujo: simuladores, realidad virtual, gamificación… todo lo que facilite aprender y recordar debe formar parte del entrenamiento estándar. Y, al mismo tiempo, la investigación debe centrarse en la implementación: no solo en qué maniobra es mejor, sino en cómo conseguir que esa maniobra llegue a todas las manos posibles.

 

No menos importante es cuidar a quienes cuidan. La RCP no siempre salva vidas, y eso pesa. Crear espacios de apoyo y reflexión tanto para profesionales como para ciudadanos que intervienen no es un detalle, es una obligación ética. La reanimación no es solo técnica; es también carga emocional, dilema ético y, a veces, frustración compartida. Reconocerlo y actuar en consecuencia es parte de la madurez de un sistema sanitario y de una sociedad que no quiere mirar hacia otro lado.

 

El 16 de octubre nos recuerda algo incómodo pero inevitable: el corazón de cualquier persona puede detenerse en cualquier momento y en cualquier lugar. No siempre podremos evitarlo, pero sí podemos decidir cómo responder. La gran fortaleza de la RCP es que empodera a la ciudadanía y rompe la falsa frontera entre profesionales y legos. Su gran debilidad es que todavía depende demasiado de la iniciativa individual y demasiado poco de estrategias estructurales y sostenidas. Convertir la RCP en cultura compartida, en conocimiento cotidiano, en un reflejo social tan básico como abrocharse el cinturón de seguridad, es el verdadero reto.

 

El Día Mundial de la RCP no debe quedarse en una fecha más ni en un recordatorio amable. Debe ser un toque de atención y, a la vez, una llamada a la acción: que nadie muera por falta de conocimiento, por ausencia de un desfibrilador o por indiferencia colectiva. Porque cada compresión torácica no es solo un gesto técnico: es un pulso de esperanza, un intento de devolver la vida, una oportunidad de cambiar una historia que parecía escrita. Y eso, en el fondo, es lo que hace de la RCP no solo una maniobra clínica, sino un acto profundamente humano.

¿Se puede tomar paracetamol durante el embarazo?

¿Se puede tomar paracetamol durante el embarazo?

Natalia Barrio Forné

28 de septiembre de 2025

Las últimas noticias saltan desde Estados Unidos, donde se cuestiona la ingesta de paracetamol durante el embarazo, relacionándolo con patologías como el autismo.

 

Para saber más acerca de esta asociación, debemos tener en cuenta que el autismo o trastorno del espectro autista, como se denomina entre la comunidad científica, es un trastorno heterogéneo del neurodesarrollo, que se detecta entre los 18 y 24 meses de edad, el cual se define principalmente por características conductuales como la disfunción temprana en las relaciones sociales y deterioro de los comportamientos e intereses repetitivos.

 

Actualmente, se estima que 1 de cada 44 niños son diagnosticados de esta enfermedad, siendo más frecuentes en niños que en niñas, y suele ir acompañada de otras afecciones como la epilepsia, depresión, ansiedad y trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

 

Los factores de riesgo más importantes son los factores genéticos y los factores ambientales. En relación con los factores genéticos, se ha objetivado que hay un aumento del riesgo entre hermanos, sobre todo en gemelos. La mutación más frecuentemente descrita es del gen novo, aunque también se han observado polimorfismos genéticos asociados al autismo.

 

Entre los factores ambientales, se han subrayado variables como la exposición de las embarazadas a la contaminación atmosférica, proximidad a zonas con pesticidas durante la gestación, menores de 3 años con déficit de zinc, menores de un año con abuso de pantallas y exposición a contaminantes electromagnéticos.

 

Por otra parte, la ficha técnica del paracetamol, descrita por numerosos laboratorios farmacéuticos, señala que este medicamento antipirético y analgésico tiene algunas contraindicaciones y advertencias que deben conocerse.

 

Como contraindicaciones, se mencionan la hipersensibilidad o alergia al fármaco; antecedentes recientes de rectitis, anitis o rectorragias; y padecer actualmente insuficiencia hepatocelular grave o hepatitis víricas.

 

En cuanto a las advertencias en la gestación se comenta que no hay evidencia del uso prenatal del paracetamol puesto que no se han hecho estudios controlados. A pesar de eso, se conoce que no existen problemas en humanos y que atraviesa la barrera placentaria por lo que se debe administrar en caso de ser necesario, el menor tiempo posible y a dosis bajas para tratar el dolor o la fiebre durante el embarazo, y siempre con la supervisión y prescripción médica.

 

La preocupación principal de la asociación embarazo-paracetamol es si este medicamento puede llegar a causar autismo en el feto. Hasta ahora no hay ninguna guía farmacéutica que hable de efectos adversos durante el embarazo, aunque sí que existen estudios científicos actuales sobre el uso de este fármaco en la gestación.

 

Se ha estimado que más del 50% de las mujeres en Europa toma paracetamol durante el embarazo, debido principalmente a su venta y dispensación libre; y también que hay diversidad de conclusiones acerca de sus efectos en el recién nacido.

 

Por un lado, existen estudios que han corroborado que la presencia de metabolitos de paracetamol en el cordón umbilical está asociada a un mayor riesgo de autismo y también se relacionaron biomarcadores maternos para el uso de paracetamol, examinados mediante analítica sanguínea en los 3 primeros días del posparto, con un aumento del riesgo de autismo en la descendencia.

 

En 2020, en Canadá se llevó a cabo un estudio longitudinal sobre la exposición prenatal al paracetamol analizando el meconio de los recién nacidos con lo que se observó una relación positiva con el diagnóstico de autismo en niños de 6-7 años.

 

Este riesgo está señalado en otras investigaciones con la duración del tratamiento, haciendo referencia a una exposición de larga duración, establecida en más de 20 días. Por el contrario, una corta duración disminuye el riesgo de autismo o incluso es nulo. Esto significa que existe un efecto dosis-respuesta.

 

Otros investigadores, en cambio, comentan que existen factores de confusión en estos estudios, haciendo referencia a que el autismo desarrollado en la descendencia pueda deberse a factores genéticos o la sintomatología que lleva a tomar paracetamol, como son la migraña o la fiebre.

 

Por todo ello, podemos decir que se desconoce el alcance del efecto del paracetamol en la gestación y que se necesitan más estudios que profundicen en este aspecto. Sin embargo, sí debe quedar claro que dicho medicamento debe tomarse con prescripción médica y controlada.

Se apaga una luz, nace una vida

Se apaga una luz, nace una vida

Natalia Barrio Forné

04 de mayo de 2025

Un lunes normal, de una semana como otra cualquiera, a veces, se puede convertir en un día para recordar. Siempre se ha dicho que no es cómo se empieza, sino cómo se acaba.

 

El comienzo de esta historia surge en un hospital donde nos dedicamos las 24 horas a atender gestantes y recién nacidos. Este día no difería de otros al inicio de la jornada laboral. Estábamos controlando las evoluciones de los partos de unas embarazadas ingresadas, quienes estaban esperando a conocer a su hijo o hija cuando, de repente, a las 12:33h, se apagó la luz.

 

Durante unos instantes todos nos quedamos quietos, esperando que el generador saltara y supliera las funciones de la red eléctrica, pero tardó unos segundos más de lo habitual y, aunque comenzaron a funcionar todos los monitores y aparatos con normalidad, nos dimos cuenta de que algo no iba del todo bien.

 

Aun así, nuestro trabajo nos reclamaba y teníamos que continuar. Unos minutos más tarde, algunos compañeros empezaron a recibir mensajes de que la luz no se había ido solo en el hospital o en esa calle o en nuestra ciudad, sino que se había ido en toda España. Incrédulos, nos asomamos a la ventana y vimos semáforos sin funcionar, policías controlando el tráfico, comercios sin luz. La información que nos llegaba era cierta.

 

Gracias al generador disponíamos de todos los medios –a diferencia de las personas que estaban fuera del hospital–, pero las dudas comenzaron a aflorar: ¿Cuánto tiempo duraría el apagón de luz?, ¿y cuánto tiempo duraría el generador? ¿Existía la posibilidad de que el gasoil del generador se acabara? Si se acababa, ¿Qué ocurriría?

 

Desde la dirección del hospital nos informaron que la situación se iba a alargar durante varias horas y que no se sabía con exactitud si la capacidad del generador aguantaría el tiempo necesario hasta que se recuperara la luz, por lo que se debía economizar toda la energía que se pudiera. En ese preciso momento, pensamos en la cantidad de maquinaría que se maneja dentro del hospital y que son necesarias para el soporte vital de los pacientes, así como lo imprescindible que es la electricidad para ellos.

 

Por ese motivo, comenzamos  a desenchufar todos los monitores, ordenadores y elementos eléctricos que no utilizábamos, así como todos aquellos que usábamos para ejercer nuestro trabajo pero que podíamos reemplazar por otros medios que no emplearan la luz para su funcionamiento. Solo dejamos conectados aquellos que necesitábamos de forma imprescindible para poder realizar adecuadamente nuestro trabajo.

 

Apagadas todas las luces de los pasillos, del control, de los cuartos de la medicación, del almacén y de todas las dilataciones y paritorios, a partir de ese momento vivimos una situación inusual. Debíamos usar las linternas de nuestros móviles para acceder a las zonas que se habían quedado a oscuras, seguimos controlando a las futuras madres y a sus hijos con la profesionalidad de siempre –pero con métodos más tradicionales– y permanecimos constantemente dentro de la dilatación, al lado de los futuros progenitores, para que no tuvieran que utilizar los timbres de llamada.

 

La vida se abre paso a pesar de las circunstancias y sucedió lo esperable, pues las gestantes estaban a punto de dar a luz –una frase muy llamativa, dada la ausencia de electricidad fuera del hospital–.

 

En esa situación, el ingenio, la experiencia y el conocimiento del medio a la perfección se mezclaron, aportando una gran idea para el parto: situamos a las mujeres embarazadas en las dilataciones-paritorio, que disponen de ventanas, para que parieran allí. De esa manera, utilizamos a nuestro favor la luz del día para prescindir de la luz artificial en ese momento y usarla exclusivamente tras el alumbramiento, para comprobar que todo estaba bien.

 

Horas después, todo volvió a esa normalidad que caracteriza a los lunes. Pero no había sido un comienzo de semana más, todos lo sabíamos. Esta situación nos había dado la posibilidad de ser conscientes, si no lo éramos ya, de lo mucho que dependemos de la electricidad.

 

También aprendimos a agudizar el ingenio, creciéndonos ante la adversidad para priorizar la atención y el bienestar de las personas que estaban a nuestro cargo. Asistimos a las gestantes en la recta final del embarazo y dimos la bienvenida a esos recién nacidos que, aunque llegaron a este mundo en un momento de incertidumbre, sus padres y los profesionales sanitarios que les esperábamos teníamos la seguridad de que todo iba a ir bien.

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

María García Magán

27 de abril de 2025

Es indiscutible que, la aparición y posterior popularización de las redes sociales, ha revolucionado la forma en la que los seres humanos nos relacionamos. Este impacto también ha afectado a la crianza de nuestros hijos en múltiples aspectos, de modo que a los padres de hoy en día se les plantean numerosos retos y preguntas que, irremediablemente, están obligados a afrontar: ¿cuándo es el mejor momento para que mi hijo o hija posean redes sociales?, ¿cuáles son los peligros a los que están expuestos?, ¿hasta qué punto debo monitorizar su actividad en redes? Sin embargo, una de las cuestiones que más recientemente está ganando relevancia en este ámbito es la del llamado sharenting.

 

La palabra sharenting proviene de los términos en lengua inglesa share (compartir) y parenting (crianza) y es utilizada para hacer referencia a la exposición de los menores en redes sociales por parte de sus progenitores. Esta práctica es muy común entre los padres y madres en el mundo actual. De hecho, estudios recientes afirman que el 81% de los menores tiene presencia en Internet antes de cumplir los 6 meses. Esta tendencia no deja de ir en aumento, especialmente, tras la pandemia de COVID-19 y los nuevos hábitos digitales que se desarrollaron durante el periodo de confinamiento.

 

Como indica la comunidad científica, la mayoría de los padres justifica el sharenting como un medio para almacenar recuerdos, mantenerse en contacto con sus allegados o recibir apoyo durante la crianza. De hecho, esta práctica posibilita la creación de lazos entre la comunidad y puede permitir que los padres encuentren ayuda en un momento tan crucial como la maternidad y la paternidad.

 

La investigación, no obstante, considera que el sharenting es una práctica que busca la aprobación social y que puede convertirse en un factor de estrés, debido a la irremediable comparación que surge entre sus usuarios. Además, la exposición en redes también conlleva riesgos para los propios menores, como la creación de una huella digital difícilmente borrable, la exposición al ciberbullying e incluso la posibilidad de que sus imágenes sean almacenadas por agresores sexuales —como ya advirtió el Ministerio del Interior. Del mismo modo, el sharenting plantea cuestiones relacionadas con la intimidad de los menores, un derecho que algunos creen vulnerado por este tipo de prácticas.

 

En cualquier caso, existe un salto cualitativo entre aquellos padres y madres que ocasionalmente comparten fotografías o vídeos de los momentos más emotivos de la vida de sus hijos y aquellos que sobreexplotan su imagen, lucrándose económicamente. En efecto, el sharenting encuentra su máxima expresión en los numerosos perfiles y canales familiares en plataformas como Instagram, YouTube o TikTok, en que los progenitores fotografían, graban o relatan las anécdotas de sus hijos, obteniendo a cambio no solo la aprobación de la comunidad, sino un importante rédito económico.

 

En estos casos, los llamados instamamis o instapapis ya no solo muestran a sus hijos en situaciones cotidianas, sino que los menores interactúan con su comunidad de una forma inquietantemente frecuente. En realidad, este contenido, apodado comúnmente como family friendly, constituye una estrategia bien estudiada de marketing que puede llegar a proporcionar pingües beneficios. De hecho, muchos de estos niños y adolescentes son utilizados en campañas publicitarias, lo que plantea la necesidad de regular legislativamente una actividad que puede ser considerada como trabajo infantil.

 

Sea como fuere, lo cierto es que parece que el sharenting ha llegado para quedarse y ya encuentra resonancia a nivel popular, por ejemplo, a través de la obra de ficción de la prestigiosa escritora francesa Delphine de Vigan quien, en Los Reyes de la Casa, presenta un inquietante escenario derivado de la popularización de los canales familiares y la sobreexplotación de los menores en redes. Además, en los últimos años están apareciendo los primeros y desasosegantes relatos de aquellos niños —ahora ya adultos— cuya imagen fue sobreexpuesta por sus padres en los albores de las redes sociales.

 

Todo ello debe conducirnos hacia una profunda reflexión sobre la utilización de las redes sociales, especialmente, cuando los menores están involucrados. De ello depende cómo respondamos a los nuevos retos en la crianza que irremediablemente deberemos afrontar, ante el frenético ritmo al que nos vemos abocados en la era digital.