Desmitificando el trastorno del espectro autista
Desmitificando el trastorno del espectro autista
Alba Zorrilla Blasco
2 de abril de 2025
En 2007 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo con el objetivo de visibilizar a las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), mejorar su calidad de vida y concienciar a la ciudadanía de la necesidad de contribuir a promover su derecho a participar en la sociedad en igualdad de condiciones.
Este año, con el lema “El autismo se presenta de infinitas formas”, la jornada quiere destacar que no hay una sola manera de vivir el TEA. Cada persona lo experimenta de forma diferente, aunque es habitual que haya ciertos retos comunes, como dificultades para comunicarse o relacionarse con los demás, comportamientos repetitivos o una forma de actuar más rígida.
El objetivo de este artículo es desmitificar algunas de las creencias más arraigadas o ideas preconcebidas en relación con el TEA.
El autismo es una enfermedad que se cura
El TEA no es una enfermedad, sino una forma diferente de desarrollo del cerebro que acompaña a la persona durante toda su vida. En este sentido, sus manifestaciones y necesidades cambian según las distintas etapas del desarrollo.
Detectarlo a tiempo y ofrecer una intervención adecuada, que apoye tanto al niño como a su familia, puede marcar una gran diferencia. Terapias como el Early Start Denver Model o el Análisis Conductual Aplicado (ABA) han demostrado ser muy útiles para mejorar habilidades sociales, comunicativas y cotidianas en personas con TEA.
La falta de cariño o las vacunas pueden provocar autismo
El psiquiatra Leo Kanner fue quien describió por primera vez el autismo como un cuadro clínico distinto, separándolo de otros trastornos como la esquizofrenia. Aunque creía que el autismo tenía un origen innato, en su momento dio cierto apoyo a la desacreditada teoría de las “madres nevera”, que culpaba erróneamente a una supuesta falta de afecto materno.
Años más tarde, en 1998, un estudio sin base científica relacionó las vacunas con el autismo. Este trabajo fue desmentido y retirado por fraude, pero la idea aún persiste en algunos sectores, impulsada por el movimiento antivacunas.
Hoy sabemos que no hay una única causa del autismo. Se trata de una condición vinculada al desarrollo del cerebro, influida por múltiples factores genéticos y ambientales que aún se están investigando.
El autismo solo se presenta en varones
En los estudios poblacionales, el autismo se identifica en aproximadamente tres niños por cada niña y en los estudios clínicos, también se identifica en mayor proporción en varones.
Una posible causa de esto radica en que, durante mucho tiempo, la investigación sobre el autismo se ha centrado principalmente en los niños, lo que ha provocado que muchas niñas pasen desapercibidas. Además, los criterios de diagnóstico no siempre tienen en cuenta las diferencias en cómo se manifiesta el autismo en ellas. Esto hace que muchas niñas y mujeres reciban diagnósticos tardíos, equivocados o, en algunos casos, nunca sean diagnosticadas. Como resultado, no solo tienen menos acceso a un tratamiento temprano, sino que también corren más riesgo de recibir apoyos que no se ajustan a sus verdaderas necesidades.
Además, las niñas y mujeres con autismo suelen tener habilidades sociales más desarrolladas que los niños y una mayor capacidad para imitar o jugar de forma estructurada. Además, durante la adolescencia, hacen un gran esfuerzo por «encajar», usando lo que se conoce como camuflaje o enmascaramiento para adaptarse socialmente. Aunque esto les ayuda a ser aceptadas, también puede ocultar los signos del autismo. Este esfuerzo constante tiene un alto coste emocional y físico, y muchas veces lleva a que lleguen a los servicios de salud mental con síntomas como ansiedad o depresión, sin que se identifique de inmediato el autismo como causa de fondo.
¿Epidemia? Entendiendo el aumento del diagnóstico
En los últimos años, ha aumentado el número de personas diagnosticadas con autismo. Según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), en EE. UU. se identifica TEA en 1 de cada 36 niños, y en España, el alumnado con autismo creció un 13% en el último curso.
Este aumento no significa que el autismo sea algo nuevo, sino que ahora lo detectamos mejor gracias a criterios más amplios, mayor conciencia social y mejores herramientas de diagnóstico. Muchos casos que antes pasaban desapercibidos —como los de niñas o personas con manifestaciones más sutiles— hoy se reconocen con mayor precisión.
Las personas autistas prefieren estar solas
Las personas con autismo suelen tener dificultades en la comunicación y la interacción social, lo que puede afectar la forma en que se relacionan con los demás. Sin embargo, eso no significa que no quieran conectar o tener vínculos afectivos. Muchas veces, es el entorno el que no se adapta a sus necesidades, lo que acaba generando aislamiento o rechazo.
Además, pueden ser muy sensibles (o poco sensibles) a ciertos estímulos como ruidos, luces o el contacto físico, lo que hace que algunas situaciones cotidianas les resulten incómodas o difíciles de manejar.
Las personas autistas son incapaces de sentir o expresar emociones, afecto o empatía
Las personas con autismo procesan la información, incluidas las emociones, de forma diferente. Mientras que muchos aprendizajes sociales y emocionales ocurren de forma natural en la mayoría de las personas, quienes tienen TEA suelen necesitar aprenderlos de manera más directa y explícita.
Con el apoyo adecuado, pueden identificar y comprender lo que otros sienten, así como reconocer y expresar sus propias emociones.
En definitiva …
En palabras de Montse Bizarro, autora del artículo “Estigma social en personas Autistas”:
Para combatir la desinformación, el diagnóstico puede ser un gran aliado; nos permite entendernos, conocer a más personas como nosotros, liberarnos de la culpa de ser diferentes, perdonarnos. Y, a través de ese autoconocimiento, podemos empezar a hacer activismo, a explicar a los demás las razones que subyacen a nuestros comportamientos para que puedan comprenderlos y para que, poco a poco, se vaya diluyendo el estigma hacia el autismo.

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