Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

Nuevos retos en la crianza. Los peligros de la sobrexposición de los menores en las redes sociales

María García Magán

27 de abril de 2025

Es indiscutible que, la aparición y posterior popularización de las redes sociales, ha revolucionado la forma en la que los seres humanos nos relacionamos. Este impacto también ha afectado a la crianza de nuestros hijos en múltiples aspectos, de modo que a los padres de hoy en día se les plantean numerosos retos y preguntas que, irremediablemente, están obligados a afrontar: ¿cuándo es el mejor momento para que mi hijo o hija posean redes sociales?, ¿cuáles son los peligros a los que están expuestos?, ¿hasta qué punto debo monitorizar su actividad en redes? Sin embargo, una de las cuestiones que más recientemente está ganando relevancia en este ámbito es la del llamado sharenting.

 

La palabra sharenting proviene de los términos en lengua inglesa share (compartir) y parenting (crianza) y es utilizada para hacer referencia a la exposición de los menores en redes sociales por parte de sus progenitores. Esta práctica es muy común entre los padres y madres en el mundo actual. De hecho, estudios recientes afirman que el 81% de los menores tiene presencia en Internet antes de cumplir los 6 meses. Esta tendencia no deja de ir en aumento, especialmente, tras la pandemia de COVID-19 y los nuevos hábitos digitales que se desarrollaron durante el periodo de confinamiento.

 

Como indica la comunidad científica, la mayoría de los padres justifica el sharenting como un medio para almacenar recuerdos, mantenerse en contacto con sus allegados o recibir apoyo durante la crianza. De hecho, esta práctica posibilita la creación de lazos entre la comunidad y puede permitir que los padres encuentren ayuda en un momento tan crucial como la maternidad y la paternidad.

 

La investigación, no obstante, considera que el sharenting es una práctica que busca la aprobación social y que puede convertirse en un factor de estrés, debido a la irremediable comparación que surge entre sus usuarios. Además, la exposición en redes también conlleva riesgos para los propios menores, como la creación de una huella digital difícilmente borrable, la exposición al ciberbullying e incluso la posibilidad de que sus imágenes sean almacenadas por agresores sexuales —como ya advirtió el Ministerio del Interior. Del mismo modo, el sharenting plantea cuestiones relacionadas con la intimidad de los menores, un derecho que algunos creen vulnerado por este tipo de prácticas.

 

En cualquier caso, existe un salto cualitativo entre aquellos padres y madres que ocasionalmente comparten fotografías o vídeos de los momentos más emotivos de la vida de sus hijos y aquellos que sobreexplotan su imagen, lucrándose económicamente. En efecto, el sharenting encuentra su máxima expresión en los numerosos perfiles y canales familiares en plataformas como Instagram, YouTube o TikTok, en que los progenitores fotografían, graban o relatan las anécdotas de sus hijos, obteniendo a cambio no solo la aprobación de la comunidad, sino un importante rédito económico.

 

En estos casos, los llamados instamamis o instapapis ya no solo muestran a sus hijos en situaciones cotidianas, sino que los menores interactúan con su comunidad de una forma inquietantemente frecuente. En realidad, este contenido, apodado comúnmente como family friendly, constituye una estrategia bien estudiada de marketing que puede llegar a proporcionar pingües beneficios. De hecho, muchos de estos niños y adolescentes son utilizados en campañas publicitarias, lo que plantea la necesidad de regular legislativamente una actividad que puede ser considerada como trabajo infantil.

 

Sea como fuere, lo cierto es que parece que el sharenting ha llegado para quedarse y ya encuentra resonancia a nivel popular, por ejemplo, a través de la obra de ficción de la prestigiosa escritora francesa Delphine de Vigan quien, en Los Reyes de la Casa, presenta un inquietante escenario derivado de la popularización de los canales familiares y la sobreexplotación de los menores en redes. Además, en los últimos años están apareciendo los primeros y desasosegantes relatos de aquellos niños —ahora ya adultos— cuya imagen fue sobreexpuesta por sus padres en los albores de las redes sociales.

 

Todo ello debe conducirnos hacia una profunda reflexión sobre la utilización de las redes sociales, especialmente, cuando los menores están involucrados. De ello depende cómo respondamos a los nuevos retos en la crianza que irremediablemente deberemos afrontar, ante el frenético ritmo al que nos vemos abocados en la era digital.

A orillas del bienestar: Una reflexión sobre el agua que nos rodea

A orillas del bienestar: Una reflexión sobre el agua que nos rodea

Carlos Navas-Ferrer y Concha Germán-Bes

22 de abril de 2025

“Aunque en Aragón no tenemos costas, sí se puede navegar a través de nuestro particular mar interior, el río el Ebro”

 

El agua ha sido, desde tiempos remotos, un símbolo universal de vida. Su presencia ha marcado profundamente la historia y las culturas humanas. Desde la Prehistoria, ríos, manantiales y fuentes han estado vinculados a espacios sagrados y rituales dedicados a lo divino. En tradiciones como el cristianismo el agua representa la vida, la purificación y la gracia de Dios. El Bautismo, de hecho, es el sacramento que marca la entrada de una persona en la comunidad cristiana.

 

Más allá de su dimensión religiosa, el agua también ha tenido un papel central en la vida social. Pozos, lavaderos, aljibes y fuentes fueron durante siglos puntos de encuentro en los pueblos y ciudades, especialmente para las mujeres. Por su importancia, estos lugares se cargaron de simbolismo y mitos.

 

Hoy, en un contexto marcado por la urbanización, el cambio climático y la preocupación por la sostenibilidad, conviene recuperar esa mirada integral sobre el agua. Este artículo propone reflexionar sobre nuestra relación con el agua y los ríos que forman parte de nuestro entorno cotidiano. Nos referimos a los baños en el río, los paseos por sus orillas y el uso cotidiano del agua. Buscamos comprender cómo el agua influye en la salud y fomentar el respeto por el ecosistema fluvial.

 

Un poco de historia del río Ebro

 

Durante la época romana, en la ciudad de Caesaraugusta (actual Zaragoza), ya existían infraestructuras para la gestión de aguas residuales, que desembocaban en el río.

 

En 1926 se creó la primera Confederación Hidrográfica de España, precisamente en el río Ebro. Además, durante el siglo XX, el crecimiento urbano provocó un aumento de las aguas residuales. Durante décadas, estas aguas llegaron al río sin una depuración adecuada, lo que provocó contaminación y desconfianza social. Esta situación, junto con el peligro de las crecidas, contribuyó al alejamiento físico y simbólico de la ciudadanía del río.

 

La Exposición Internacional de Zaragoza de 2008, “Agua y desarrollo sostenible”, reabrió el debate público y generó ideas, proyectos y nuevas sensibilidades.

 

El consumo humano cotidiano

 

La cantidad de agua que una persona necesita al día varía según el peso corporal. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es consumir unos 35 mililitros de agua por cada kilo. Por ejemplo, una persona que pesa 70 kilos debería ingerir aproximadamente 2,45 litros diarios.

 

A este consumo directo se suman otros usos: higiene, limpieza o evacuación de residuos. En España, el consumo medio es de unos 128 litros diarios por persona.

 

En cuanto a las infraestructuras, en 2022 se contabilizaron 2.232 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR), y la normativa europea prevé mejoras significativas para el año 2025. A ello se suman las Estaciones de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), encargadas de potabilizar el agua para consumo humano y animal.

 

Aunque en España disponemos de agua potable de buena calidad, diversos estudios han identificado la presencia de contaminantes como compuestos derivados de actividades industriales, subproductos de la desinfección del agua, y restos de fertilizantes. También se han identificado residuos de medicamentos y drogas, como antiinflamatorios, antibióticos, cafeína, cocaína o nicotina.

 

A pesar de encontrarse en concentraciones muy bajas y dentro de los límites legales, son sustancias que requieren vigilancia por sus posibles efectos sobre la salud. Algunos subproductos de la desinfección o los fertilizantes agrícolas se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer de vejiga y colorrectal, mientras que ciertos compuestos industriales y residuos farmacéuticos podrían interferir en el equilibrio hormonal del organismo.

 

Conocimiento y paseos por el entorno de los ríos

 

¿Conocemos el río que atraviesa nuestra ciudad o pueblo? ¿Nos acercamos a él, lo observamos, lo caminamos? ¿Participamos en actividades colectivas que nos conecten con su entorno? ¿Qué opinamos sobre su estado actual? Y, sobre todo, ¿nos sentimos responsables de cuidar tanto la calidad del agua como el entorno natural del que formamos parte?

 

El paseo por la naturaleza de nuestro entorno cotidiano mejora nuestra salud física y mental. Sin embargo, como señalábamos al principio, la contaminación y el aspecto sucio del agua nos hizo dejar de bañarnos en el río y alejarnos de su entorno.

 

En los últimos años hemos colaborado con el colectivo Ebronautas, en una experiencia educativa que consiste en realizar descensos guiados por el río Ebro. Esta actividad, repetida durante más de una década, ha implicado a estudiantes de Enfermería —favoreciendo la conexión entre el conocimiento del entorno y la reflexión sobre salud y autocuidado—, así como de docentes procedentes de distintos contextos.

 

A partir de esta vivencia concreta, proponemos extender la experiencia a cualquier persona interesada en redescubrir su relación con el entorno fluvial. Para ello, planteamos una serie de preguntas que invitan a observar, sentir y reflexionar:

 

  • ¿Reconoces los sonidos, colores y sensaciones agradables que se generan junto al río, como el murmullo del agua, el viento entre los árboles, la luz del sol o el silencio relajante?
  • ¿Identificas algunas de las especies que habitan en estos espacios, como aves, peces o plantas de ribera?
  • ¿Sabías que un río con sedimentos no es necesariamente un río sucio, sino que puede ser un río vivo, en equilibrio con su entorno?
  • Si alguna vez has bajado un tramo del río en piragua, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿La repetirías? ¿La recomendarías a otras personas?
  • ¿Crees que sería útil estudiar los beneficios para la salud de este tipo de actividades en contacto con la naturaleza?
  • ¿Deberíamos ser más conscientes del uso que hacemos del agua en nuestro día a día?

 

De esta experiencia extraemos algunas ideas claras. Primero, comprender el ecosistema fluvial desde “dentro del río” es mucho más eficaz que limitarse a estudiarlo desde fuera. Segundo, comprender la relación entre salud y medio ambiente es una competencia esencial para los futuros profesionales sanitarios, que deben ser capaces de aplicarla, transmitirla y promoverla. Por último, las vivencias positivas junto al río —como la calma, el disfrute o la conexión con el entorno— perduran más en la memoria que las percepciones negativas, como el miedo al agua o la idea de un río contaminado.

 

Al igual que cuidamos lo que comemos o hacemos ejercicio para sentirnos mejor, pasear junto a un río o recorrer sus orillas puede mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional. Estar en contacto con un entorno limpio y natural no solo fortalece nuestra salud, sino que también nos recuerda que cuidar el agua y la naturaleza es una forma concreta de cuidarnos a nosotros mismos.

 

Reflexiones y acciones

 

  1. ¿Conoces tu entorno natural y lo disfrutas?
  2. ¿Bebes suficiente agua? ¿Sabes cuánta consumes al día? ¿Consideras que debes reducir el consumo?
  3. Lecturas recomendadas:

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción

Juan José Aguilón Leiva  y  Antonio Manuel Torres Pérez

20 de abril de 2025

El año 1995 tocaba a su fin cuando en Boston, Massachusetts, EE. UU., se inauguró la primera tienda especializada en productos de cannabidiol (CBD), bajo el nombre de The Hempest. Aunque inicialmente centrada en ropa y otros productos de cáñamo, en poco tiempo se convirtió en pionera en el mercado estadounidense, ofreciendo productos de CBD con fines terapéuticos.

 

En la actualidad, el mercado global del CBD ha experimentado un crecimiento enorme. Por ejemplo, en España, la empresa Greenery 420, fundada hace tan solo 6 años, cuenta ya con más de 35 tiendas especializadas en CBD distribuidas por todo el territorio nacional. Además, marcas como ProfesorCBD han establecido redes de distribución que incluyen 247 puntos de venta en Europa, abarcando farmacias, herboristerías, estancos y gasolineras. Aunque no se disponen de cifras exactas acerca del número total de tiendas de CBD en el mundo, su expansión y crecimiento a nivel global ha sido francamente significativo y veloz.

 

Cada día aparecen más terapias con cannabis medicinal y otros productos derivados como el CBD. La artrosis, lesiones deportivas, la depresión o el insomnio son algunas de las enfermedades comunes que pueden tratarse con CBD. Ciertamente, cuesta creer cómo este componente del cannabis puede evitar la colocación de una prótesis de rodilla en una persona anciana, sea el sustituto a repetidas sesiones de fisioterapia o la solución a patologías mentales tan complejas de abordar como la depresión. A pesar de ello y, de forma paralela, la despenalización del consumo de cannabis progresa en países de todo el mundo, favoreciendo la idea de aquellos que afirman que el consumo de cannabis no conlleva riesgos para la salud.

 

El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), en su último informe 2024, indica que el cannabis es la droga ilegal más consumida entre los adolescentes de 14 a 18 años en España. Este dato resulta realmente preocupante atendiendo a la teoría del “efecto de puerta de entrada”, dado que el cannabis puede favorecer la progresión hacia el consumo de otras sustancias ilícitas. De igual modo, también es importante destacar dos falsas creencias entre la población joven. La primera de ellas es que la marihuana es menos peligrosa que el tabaco o el alcohol. A esa afirmación, es posible sumar otra más, igualmente falsa, al referirse al “consumo seguro”. El consumo, por definición, es inseguro y siempre representa riesgos.  

 

A nivel mundial, el cannabis es la sustancia psicoactiva con mayor cantidad de consumidores, situándose tan solo por detrás del alcohol etílico. Por tanto, no puede extrañar un elevado número de asistencias urgentes tras el consumo de esta sustancia, principalmente por manifestaciones psiquiátricas como la ansiedad, agresividad, alucinaciones o psicosis aguda. Numerosos estudios afirman que, el cannabis, es la droga que se relaciona en mayor medida con los casos de psicosis atendidos en los Servicios de Urgencias hospitalarios. Por todas estas razones, el caso de la legalización de la marihuana resulta tan chocante como sorprendente, máxime cuando en aquellos países donde se ha permitido su libre reparto, también han aumentado otras adicciones, los accidentes de tráfico y los problemas médicos y sociales derivados de su consumo.

 

Pese a ello, la legalización de esta droga avanza en todo el mundo y cabe preguntarse qué oscuros intereses lo motivan. Es posible creer que, el avance de las posiciones favorables a la Agenda Globalista –centrada desde hace años en desarrollar políticas en ideología de género y cambio climático, entre otras– también lo hacen en el camino hacia la tolerancia a un mayor consumo de drogas. La expansión de los comercios especializados en CBD y las terapias farmacológicas con cannabis medicinal son el preámbulo de otros enormes negocios personales más codiciosos.

 

Por otra parte, también es plausible que, políticos y oligarcas sometidos a la Agenda 2030, aprueben el libre reparto de drogas en favor de la posibilidad de un mayor control social. Una sociedad más adicta se traduce en una población adoctrinada desde la infancia, sometida al suministro de droga, adormecida y con una falsa creencia de felicidad. En palabras del fallecido Jesús Quintero, al referirse a una sociedad cada vez más analfabeta y, por tanto, que también podría emplearse en este contexto, “son la nueva clase dominante, aunque siempre serán la clase dominada”.

Con el colesterol a vueltas

Con el colesterol a vueltas

Consuelo Miqueo

13 de abril de 2025

Algo muy personal como paciente me ha removido el último debate de la “Red Estatal de Mujeres Profesionales Sanitarias a la que pertenezco desde que se creó hace más de 25 años, promotora de la revista Mujeres y Salud (MYS) dirigida por Carmen Valls, la autora del conocido libro Mujeres invisibles para la medicina.

 

 

Me ha movido a la lectura de los estudios del sobrediágnostico (overdiagnosis) que nos rodea, entendiendo por tal esa tendencia creciente a intervenir en estado de salud sobre factores desencadenantes de una enfermedad antes de que aparezcan los síntomas. En este caso, una tendencia iniciada por la estrategia de negocio de la industria farmacéutica de las estatinas en la década de los 70, con el hallazgo del colesterol sanguíneo fácilmente detectable. De hecho, hay quién entre nosotras, en la Red, se pregunta porqué a las/los profesionales les gusta más trabajar con los sanos que con los enfermos al observar el desarrollo de la planificación, investigación y tiempo de consulta gastados en el control de signos premonitorios, y lamentar las listas de espera de los pacientes ya enfermos.

 

 

Como intelectual debo saber pero como paciente debo tomar decisiones,  siendo yo una persona de 70 años que no toma medicación alguna y considerarme afortunada y agradecida por mi herencia familiar, incluida la genética y el estilo de vida adquirido. Y en esto cuento la alimentación y el ejercicio, pero también la pasión vital: leer y escribir, trabajar y andar por el campo, estudiar o disfrutar de tener una buena conversación con risas amigas o bailes sobrevenidos, y ser voluntaria de alguna asociación pública. De hecho, el colesterol es una palabra mágica que me persigue desde hace décadas, que me tiene harta, que nos atraviesa a casi todas las personas, pero más a las mujeres desde antes de los 40 años. Hace décadas, pues, que algunas estamos preparadas tomar las estatinas cuando las cifras de LDL lo indiquen, y evitar las temibles placas de ateroma que pueden enroñar nuestras arterias y provocarnos infartos, ictus y otras calamidades que nos darían una muy “mala calidad de vida” de por vida. Una vida que podría ser todavía larga sin colesterol y sin pasión.

 

 

Pero las cifras límites de indicación de estatinas o similares medicamentos ha cambiado mucho desde los años 80, en que yo usaba un artículo sobre este tema para que los estudiantes de medicina aprendieran a hacer “análisis de texto científico”, cuando el límite de lo patológico estaba en 280. Y no se me ocurría, entonces, dudar de nada de lo que leía. Pero mis sospechas han crecido. Y he sido consciente del cambio de cultura educativa de los profesionales y las sucesivas ofertas farmacológicas, con sus polémicas sobre lo que yo llamaba “la píldora de la tercera edad”, para la extensa población susceptible de hacer progresivamente su hipercolerestolemia.

 

 

En 2002 ya informábamos en la revista Mujeres y Salud del estudio prospectivo del Whomen’s Initiative Observational Studyrealizado con una muestra de 73.743 mujeres, de 50-79 años de edad y seguimiento de 5-9 años, que evidenció la “prevención de problemas cardiovasculares en mujeres que realizan ejercicio” (era el titular), es decir, que realizan actividad física constante y gradual. Andar de forma rápida o el ejercicio vigoroso se asociaron con una reducción de riesgos similares, siendo los resultados parecidos en todas las edades, sin diferencias entre razas ni entre mujeres con diferente masa corporal. En conclusión: el ejercicio vigoroso pero moderado una hora al día mejora la tensión arterial sistólica y diastólica en las mujeres después de la menopausia, mientras que la vida sedentaria prolongada incrementa el riesgo cardiovascular.

 

 

La difusión mediática y profesional de estos resultados cambiaron las pautas de los servicios de Cardiología y toda la Atención Primaria también en España. La cultura médica ya no es tan paternalista y la educación para la salud práctica, promovida desde los despachos de enfermería, ha cambiado el saber y hábitos de las usuarias, y también la organización del panorama urbano. Además del parque, las calles y los grandes paseos verdes de nuestras ciudades, repletas de mujeres libres de cargas familiares o laborales, hemos conocido la expansión de los gimnasios, grandes y pequeños, en el centro de las ciudades, en los barrios y hasta en los pueblos de los valles de montaña. Y no hay centro de salud que no cuelgue un cartel alusivo.

 

 

Pero yo me sigo preguntando si será sensato rechazar la propuesta médica de tomar las estatinas de por vida si tus indicadores de colesterol superan la frontera establecida entre lo normal y lo patológico, que ha ido cambiado en los últimos 50 años. En especial, si la LDH supera los 180 de forma estable, o si será casi obligatorio cuando supere los 150 mantenidos, si el Danacol no reduce el esperable 10% de su tasa. O si no debo dudar más cuando mi LDH no baje a los deseados y sanos 130 mg/dl.

 

 

La cuestión de fondo de mi zozobra es si debo arriesgarme a no tomar estatinas, esa píldora de la edad del colesterol con la misma fe y confianza que la juvenil píldora anticonceptiva, que la dejé pronto por todos sus efectos secundarios a medio y largo plazo (aquí solo importarían los inmediatos). ¿Me reprocharé no haber confiado en la pauta convencional? ¿Padecerán los efectos nocivos mi familia y amistades? Considero que si ya he vivido mucho y bien a mis 70 años puedo arriesgarme con lucidez, invertir mi esfuerzo y orgullo en el ejercicio y no en la cómoda pastillita. Hasta llego a pensar en que si ese temible accidente cardiovascular se diera, podría decidir cómo afrontar la vida de limitaciones, engorros y dependencia. Ya sabemos que tenemos que morir, pero me gustaría vivir libre hasta el final.

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Concha Germán Bés

08 de abril de 2025

En este trabajo queremos informar de qué es cada uno de estos términos, las relaciones existentes entre ellos, así como las ventajas, inconvenientes y sus efectos en la salud de las personas y del medio ambiente. Es un tema de gran amplitud y complejidad y, por tanto, será un comienzo para informarnos y autocuidarnos bien.

 

Organismos modificados genéticamente

Son organismos modificados genéticamente (OMG) cualquier organismo que tiene su ADN alterado artificialmente. El ADN es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas fundamentales para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos.

 

Es clave entender que, en estos organismos, hay muchas formas de modificar el material genético en función de aquello que se pretenda conseguir. Cosas que a veces se hacen pensado en las ventajas, pero no en los efectos no deseados.

 

 

Organismos transgénicos

Son aquellos organismos a los que se les ha introducido ADN que no pertenece a su genoma original, es decir, es exógeno o externo al organismo en el que se introduce.  Por esta razón, todos los organismos transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG) que se obtienen a través de un proceso conocido como ingeniería genética o tecnología de ADN recombinante.

 

El problema viene cuando los términos organismos modificados genéticamente y organismos transgénicos se emplean indistintamente, hecho que es muy común y que es incorrecto. Así, al igual que podemos decir que todas las margaritas son flores pero no todas las flores son margaritas,  podemos  afirmar que, todos los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG), pero no todos los OMG son transgénicos.

 

 

¿Qué son los alimentos transgénicos?

Son plantas, animales o microbios a los que se les ha modificado su ADN usando técnicas de ingeniería genética. En 1973 se iniciaron los primero OMG en animales, en los 80 se inició con las plantas.

 

En la actualidad, se han desarrollado muchas técnicas de manipulación genética diferentes. El nivel de progreso es tal, que ahora es posible clonar genes, modificarlos e incluso sintetizarlos. Además, se puede controlar la expresión de genes específicos de diferentes formas, silenciándolos (genes knockout-fuera de combate) o aumentando su nivel de expresión.

 

 

Utilidad de los organismos modificados genéticamente

Los organismo modificados genéticamente son casi innumerables y están presentes en muchísimos ámbitos, pero destacan especialmente en la industria agroalimentaria, en la industria farmacéutica y en medicina. Dejamos para otro momento la industria farmacéutica y la medicina.

 

En la industria agroalimentaria, cabe mencionar que ha sido especialmente polémica, debido a los cultivos modificados genéticamente dirigidos al consumo. Esta práctica se realiza para crear cultivos resistentes a herbicidas y pesticidas, para aumentar la producción, para mejorar las características físicas de los alimentos, haciéndolos más apetecibles, o incluso para que aporten vitaminas.

 

De su influencia en la agroquímica y biotecnología agrícola, tienen ventajas en el rendimiento de cultivos de cereales, aumentan su cultivo y disminuyen los plaguicidas e insecticidas. Sin embargo, no están suficientemente estudiados y no se ha demostrado que sucede en todos alimentos.

 

 

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que imitan la acción de las hormonas naturales. De esta forma, pueden bloquear los receptores hormonales de las células, impidiendo la acción normal de las hormonas y generar efectos perjudiciales en la salud (por ejemplo, en la reproducción, la función tiroidea y la obesidad).

 

Los alimentos transgénicos pueden actuar como disruptores endocrinos, lo que puede afectar la salud humana. A ello sumamos la frase de Dolores Romano: “Hay muchas sustancias muy peligrosas en los plásticos con los que estamos en contacto diario”.

 

 

¿Cómo saber si un alimento está modificado genéticamente?

El método más fiable para saber si un alimento es transgénico es analizar su ADN o su composición para identificar la presencia de proteínas derivadas del ADN transgénico.

 

 

¿Y cómo lo puede saber un cliente de supermercado?

El concepto legal de alimento modificado genéticamente se define en el artículo 2 del Reglamento 1829/2003 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre alimentos y piensos modificados genéticamente. Es obligatorio indicarlo en el etiquetado de aquellos productos cuyo contenido en OMG supere el 0,9 %. Todas las sustancias cuyo origen sea un OMG deben mencionarlo en la lista de ingredientes con las palabras «modificado genéticamente». La legislación europea obliga a que se etiqueten todos aquellos alimentos que contengan o estén compuestos de OMG, para facilitar la libre elección del consumidor. En la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pueden encontrar información relevante sobre estos temas

 

 

Varios puntos de reflexión para finalizar

En los años 60 del siglo XX se utilizaban fumigaciones aéreas de sustancias químicas para favorecer los cultivos. La bióloga Rachel Carson publicó su libro La primavera silenciosa. Como ecologista, reunió información sobre las sustancias químicas utilizadas en fumigaciones aéreas, en entornos industriales y en los alimentos para caracterizar el impacto de estos agentes en términos ecológicos, en lugar de limitarse a describir la eficacia de las soluciones químicas.

 

«Esos polvos, pulverizaciones y riegos se aplican universalmente en granjas, jardines, bosques y hogares…; productos sin seleccionar que tienen poder para matar indistintamente lo bueno y lo malo, para acallar el canto de los pájaros –de ahí viene el título– y para inmovilizar a los peces en los ríos, para revestir las hojas de una mortal».

 

No cabe duda de que vivimos en una sociedad muy tecnológica que como todo en la vida tiene dos caras, las ventajas que nos aporta como son las lavadoras, secadoras, coches, y muchísimas más que no vamos a indicar. Sin embargo, en lo que se refiere a la agroalimentación, hasta hace pocos años se trabajaba con los cultivos y las crianza de animales en un mundo rural, posiblemente atrasado o ineficiente para los actuales ciudadanos, pero no así para los ecologistas. El resultado es que, ¿respetamos el equilibrio de la Naturaleza?

 

La hipótesis de GAIA es un modelo interpretativo que afirma que la presencia de la vida en la Tierra fomenta unas condiciones adecuadas para el mantenimiento de la biósfera. La hipótesis fue ideada por el químico James Lovelock. El autor propone la hipótesis de que el planeta Tierra y todos sus organismos forman un único cuerpo autorregulado que sustenta la vida y la ayuda a evolucionar a lo largo del tiempo.

 

 

Reflexiones y acciones

1) Leer las etiquetas de los productos que van a consumir para identificar su origen (si son españoles, el código de barras comienza por 84).

2) Si en su contenido hay modificación genética según la Ley europea y española.

3) Les aconsejo la lectura de los libros:

La primavera silenciosa, de Rachel Carson.

Libérate de tóxicos: Guía para evitar los disruptores endocrinos, de Nicolas Olea.

La hipótesis de Gaia. La tierra es un Ser Vivo, de James Lovelock.

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Cáncer colorrectal: La importancia de ampliar el rango de edad en el cribado

Antonio Manuel Torres Pérez y Juan José Aguilón Leiva

31 de marzo de 2025

El cáncer colorrectal (CCR) es una de las principales causas de mortalidad en España, con más de 44.000 nuevos casos diagnosticados en 2025, lo que lo convierte en el segundo tipo de tumor más frecuente, tanto en hombres como en mujeres. La detección temprana es esencial para mejorar el pronóstico y reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.

 

 En 2022, la Comisión Europea planteó un nuevo enfoque para la detección precoz del cáncer basado en los últimos avances y datos científicos disponibles. El objetivo marcado era claro: ayudar a los Estados miembros a lograr que, desde el año 2022 hasta el año 2025, el 90% de la población de la Unión que cumpliera una serie de requisitos tuviera acceso al cribado. Uno en los que se puso un especial enfoque fue la edad, recomendando ampliar el rango de edad para los programas de cribado de CCR hasta los 74 años (inclusive), con el objetivo de aumentar la detección precoz y disminuir la mortalidad.

 

Siguiendo esta recomendación, diversas comunidades autónomas en España han implementado cambios significativos:​ 

  • La Rioja: En marzo de 2023, reorientó su Programa de Detección Precoz de CCR, extendiéndolo progresivamente a personas de entre 50 y 74 años, y mejorando la accesibilidad mediante la simplificación del procedimiento.
  • Castilla y León: En marzo de 2024, amplió el programa de cribado hasta los 74 años, permitiendo que más ciudadanos se beneficien de la detección temprana.
  • País Vasco: En noviembre de 2024, Osakidetza extendió el cribado a la población de 70 a 74 años, alineándose con las recomendaciones europeas y mejorando la calidad de vida y supervivencia de los pacientes.

 

Además, en octubre de 2024, la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)presentaron el Libro Blanco sobre el Cribado Poblacional de Cáncer Colorrectal en España, que incluye un decálogo de recomendaciones, entre las cuales destaca la ampliación del rango de edad hasta los 74 años. ​

 

 Sin embargo, recientemente, se está objetivando un aumento de la incidencia del CCR en personas menores de 50 años. Algunos estudios muestran un incremento significativo en este grupo etario atribuido, en parte, a factores ambientales, dietas no saludables y sedentarismo. La oncóloga Beatriz García, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, ha alertado sobre este fenómeno, señalando la importancia de prestar atención a síntomas como la presencia de sangre en heces, alteraciones del ritmo intestinal, molestias abdominales persistentes, pérdida de peso sin causa aparente y fatiga.

 

 Ante esta realidad, surge la necesidad de replantear las estrategias de cribado. Si bien actualmente en España el cribado poblacional se dirige a personas de entre 50 y 69 años, con ampliación de la edad hasta los 74 años en algunas comunidades, es pertinente cuestionar si se debería iniciar el cribado antes de los 50 años, especialmente considerando el incremento de casos en personas más jóvenes.​

 

 Implementar programas de detección precoz en edades más tempranas podría facilitar la identificación y tratamiento oportuno de lesiones premalignas, reduciendo la incidencia y mortalidad del CCR en este grupo etario. No obstante, esta medida implicaría una evaluación exhaustiva de los beneficios, riesgos y costos asociados, así como la adaptación de los recursos sanitarios para garantizar su viabilidad y eficacia.​

 

En conclusión, mientras se celebran los avances en la ampliación de los programas de cribado del cáncer colorrectal, es imperativo considerar la evolución de la enfermedad y adaptar las estrategias preventivas a las nuevas realidades epidemiológicas, asegurando así una protección efectiva de toda la población.