La vida en segundo plano

La vida en segundo plano

María del Mar Prieto Bermejo

02 de mayo de 2025

Es complicado expresar con palabras tantos años de dolor y sufrimiento, de sentimientos encontrados. Lo cierto es que, aún recuerdo aquella llamada desde el Ministerio de Educación, en septiembre, en la que me comunicaban que mi hijo había sido aceptado en el colegio que habíamos elegido.

 

He de decir que no miramos colegios ni hicimos un estudio de idoneidad, nos dejamos guiar por la fama, un colegio relativamente pequeño, familiar, que cubría hasta bachillerato. Con nuestra elección, estábamos felices y encantados.

 

Juan empezó infantil con ilusión, la jornada escolar era partida por lo que salía a comer a casa y a él se le veía feliz y contento, es más, en segundo de infantil lo apuntamos a alguna extraescolar al mediodía para que estuviese con sus compañeros. A los meses, empezó a quedarse dormido después de comer, estará cansado –pensaba yo–, pero cuando se convirtió en un hábito diario comenzamos a preocuparnos.

 

Quizá esas fueron las primeras señales y no supimos verlas

Juan empezó la educación primaria y pese a ser un niño feliz, apenas hablaba de su día a día en el colegio y comenzó con pequeños despistes en los deberes, demandaba a menudo: ¿mamá así voy bien?, ¿de verdad? hasta que de repente, un día que se enfadó con su hermano pequeño –lleno de furia y dolor– le dijo: ¡Tú no vales para nada!

 

¿Quién le decía eso a mi hijo?

Fue entonces cuando, tras hablar con otras madres, nos enteramos de que un niño en concreto se metía con él. Lo insultaba, lo humillaba y el resto de los niños o eran partícipes o simplemente se daban la vuelta. Y cuando nosotros lo consultamos al resto de padres, además de quitarle importancia a los actos, nos contestaban: Por favor, ¡es Primaria!, ¡cómo se van a dar cuenta!

 

Como padres preocupados y primerizos en estas lides acudimos al colegio, solicitamos reunirnos con el tutor y con la dirección del centro, que calmaron nuestras preocupaciones diciéndonos que se tomarían medidas al respecto y que no se nos informaría de ellas por el bien del otro menor (el agresor). Así es como, desde 3º de primaria, mi hijo y este otro alumno ya no coincidieron en clase. Pero el mal ya estaba hecho, pues la solución no consiste sólo en separar, sino en trabajar con ambos menores, el resto de la clase e incluso también con las familias.

 

Juan tenía sólo 8 años cuando acudió a su primera consulta con el psicólogo para poder gestionar las situaciones derivadas del acoso, las pesadillas, el estar solo en clase, en los recreos, el no tener el respaldo ni siquiera de un profesor.

 

Y llegó el siguiente paso. Juan comenzó educación secundaria obligatoria (ESO) con ilusión, ya que llegaban alumnos nuevos y, en su mente, cabía la posibilidad de hacer amigos. De hecho hizo un nuevo amigo, pero la fama pesa y no solo le dio la espalda sino que se unió a la ronda de insultos, humillaciones e incluso alguna agresión física.

 

En segundo de la ESO llegó el silencio, a Juan se le hizo el vacío, ahora sí que estaba sólo de verdad y fue entonces cuando me pidió que le cambiase de centro y nosotros, como padres, tuvimos la iniciativa de hacerlo. No se podía cambiar en el período ordinario, así que lo intentamos fuera de plazo, utilizando el motivo del acoso escolar sufrido en el centro anterior, pero nos encontramos una sorpresa: el centro nunca había abierto el protocolo de acoso  porque según nos refirieron posteriormente, habían tomado medidas.

 

Llegó tercero de la ESO y, con el nuevo curso, la agresión. No es que no hubiera habido agresiones físicas antes, pero esta marcó un antes y un después. Y no solo para Juan, sino también para otros alumnos, que se asustaron y avisaron a un profesor responsable que, por cierto, se encontraba ausente en el momento en el que se produjo la agresión.

 

Todo cambió, tras la agresión. Juan tuvo que visitar un servicio sanitario de urgencias desde donde se cursó el parte de lesiones al juzgado, denuncia en GRUME, solicitud de apertura de protocolo de acoso (el colegio tardó dos días en abrirlo y fue por exigencia mía) y cambio de centro. Con esto, nosotros como padres, dábamos por terminada una etapa en la que todos,  alumnos y profesores habían sido partícipes.

 

A día de hoy he de decir que tenemos la inmensa suerte de que Juan está en un centro escolar con un equipo directivo, de orientación y docente profesionales y con vocación, pero todavía nos espera un largo camino por recorrer. Quién sabe si, al igual que en el Kintsugi, resurgirá una nueva persona o esas heridas le atarán de tal manera que no le dejarán crecer como a otro niño de 15 años.

 

Lo que sí es cierto es que, en este camino, hay que rodearse de buenos profesionales porque es complicado encontrar apoyos en el resto de padres, bien por egoísmo o por temor a que su hijo sea el siguiente objetivo. Hablar con nuestros hijos todos los días es fundamental, por lo que dicen y por lo que callan; las señales siempre están ahí aunque no las veamos.

A orillas del bienestar: Una reflexión sobre el agua que nos rodea

A orillas del bienestar: Una reflexión sobre el agua que nos rodea

Carlos Navas-Ferrer y Concha Germán-Bes

22 de abril de 2025

“Aunque en Aragón no tenemos costas, sí se puede navegar a través de nuestro particular mar interior, el río el Ebro”

 

El agua ha sido, desde tiempos remotos, un símbolo universal de vida. Su presencia ha marcado profundamente la historia y las culturas humanas. Desde la Prehistoria, ríos, manantiales y fuentes han estado vinculados a espacios sagrados y rituales dedicados a lo divino. En tradiciones como el cristianismo el agua representa la vida, la purificación y la gracia de Dios. El Bautismo, de hecho, es el sacramento que marca la entrada de una persona en la comunidad cristiana.

 

Más allá de su dimensión religiosa, el agua también ha tenido un papel central en la vida social. Pozos, lavaderos, aljibes y fuentes fueron durante siglos puntos de encuentro en los pueblos y ciudades, especialmente para las mujeres. Por su importancia, estos lugares se cargaron de simbolismo y mitos.

 

Hoy, en un contexto marcado por la urbanización, el cambio climático y la preocupación por la sostenibilidad, conviene recuperar esa mirada integral sobre el agua. Este artículo propone reflexionar sobre nuestra relación con el agua y los ríos que forman parte de nuestro entorno cotidiano. Nos referimos a los baños en el río, los paseos por sus orillas y el uso cotidiano del agua. Buscamos comprender cómo el agua influye en la salud y fomentar el respeto por el ecosistema fluvial.

 

Un poco de historia del río Ebro

 

Durante la época romana, en la ciudad de Caesaraugusta (actual Zaragoza), ya existían infraestructuras para la gestión de aguas residuales, que desembocaban en el río.

 

En 1926 se creó la primera Confederación Hidrográfica de España, precisamente en el río Ebro. Además, durante el siglo XX, el crecimiento urbano provocó un aumento de las aguas residuales. Durante décadas, estas aguas llegaron al río sin una depuración adecuada, lo que provocó contaminación y desconfianza social. Esta situación, junto con el peligro de las crecidas, contribuyó al alejamiento físico y simbólico de la ciudadanía del río.

 

La Exposición Internacional de Zaragoza de 2008, “Agua y desarrollo sostenible”, reabrió el debate público y generó ideas, proyectos y nuevas sensibilidades.

 

El consumo humano cotidiano

 

La cantidad de agua que una persona necesita al día varía según el peso corporal. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es consumir unos 35 mililitros de agua por cada kilo. Por ejemplo, una persona que pesa 70 kilos debería ingerir aproximadamente 2,45 litros diarios.

 

A este consumo directo se suman otros usos: higiene, limpieza o evacuación de residuos. En España, el consumo medio es de unos 128 litros diarios por persona.

 

En cuanto a las infraestructuras, en 2022 se contabilizaron 2.232 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR), y la normativa europea prevé mejoras significativas para el año 2025. A ello se suman las Estaciones de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), encargadas de potabilizar el agua para consumo humano y animal.

 

Aunque en España disponemos de agua potable de buena calidad, diversos estudios han identificado la presencia de contaminantes como compuestos derivados de actividades industriales, subproductos de la desinfección del agua, y restos de fertilizantes. También se han identificado residuos de medicamentos y drogas, como antiinflamatorios, antibióticos, cafeína, cocaína o nicotina.

 

A pesar de encontrarse en concentraciones muy bajas y dentro de los límites legales, son sustancias que requieren vigilancia por sus posibles efectos sobre la salud. Algunos subproductos de la desinfección o los fertilizantes agrícolas se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer de vejiga y colorrectal, mientras que ciertos compuestos industriales y residuos farmacéuticos podrían interferir en el equilibrio hormonal del organismo.

 

Conocimiento y paseos por el entorno de los ríos

 

¿Conocemos el río que atraviesa nuestra ciudad o pueblo? ¿Nos acercamos a él, lo observamos, lo caminamos? ¿Participamos en actividades colectivas que nos conecten con su entorno? ¿Qué opinamos sobre su estado actual? Y, sobre todo, ¿nos sentimos responsables de cuidar tanto la calidad del agua como el entorno natural del que formamos parte?

 

El paseo por la naturaleza de nuestro entorno cotidiano mejora nuestra salud física y mental. Sin embargo, como señalábamos al principio, la contaminación y el aspecto sucio del agua nos hizo dejar de bañarnos en el río y alejarnos de su entorno.

 

En los últimos años hemos colaborado con el colectivo Ebronautas, en una experiencia educativa que consiste en realizar descensos guiados por el río Ebro. Esta actividad, repetida durante más de una década, ha implicado a estudiantes de Enfermería —favoreciendo la conexión entre el conocimiento del entorno y la reflexión sobre salud y autocuidado—, así como de docentes procedentes de distintos contextos.

 

A partir de esta vivencia concreta, proponemos extender la experiencia a cualquier persona interesada en redescubrir su relación con el entorno fluvial. Para ello, planteamos una serie de preguntas que invitan a observar, sentir y reflexionar:

 

  • ¿Reconoces los sonidos, colores y sensaciones agradables que se generan junto al río, como el murmullo del agua, el viento entre los árboles, la luz del sol o el silencio relajante?
  • ¿Identificas algunas de las especies que habitan en estos espacios, como aves, peces o plantas de ribera?
  • ¿Sabías que un río con sedimentos no es necesariamente un río sucio, sino que puede ser un río vivo, en equilibrio con su entorno?
  • Si alguna vez has bajado un tramo del río en piragua, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿La repetirías? ¿La recomendarías a otras personas?
  • ¿Crees que sería útil estudiar los beneficios para la salud de este tipo de actividades en contacto con la naturaleza?
  • ¿Deberíamos ser más conscientes del uso que hacemos del agua en nuestro día a día?

 

De esta experiencia extraemos algunas ideas claras. Primero, comprender el ecosistema fluvial desde “dentro del río” es mucho más eficaz que limitarse a estudiarlo desde fuera. Segundo, comprender la relación entre salud y medio ambiente es una competencia esencial para los futuros profesionales sanitarios, que deben ser capaces de aplicarla, transmitirla y promoverla. Por último, las vivencias positivas junto al río —como la calma, el disfrute o la conexión con el entorno— perduran más en la memoria que las percepciones negativas, como el miedo al agua o la idea de un río contaminado.

 

Al igual que cuidamos lo que comemos o hacemos ejercicio para sentirnos mejor, pasear junto a un río o recorrer sus orillas puede mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional. Estar en contacto con un entorno limpio y natural no solo fortalece nuestra salud, sino que también nos recuerda que cuidar el agua y la naturaleza es una forma concreta de cuidarnos a nosotros mismos.

 

Reflexiones y acciones

 

  1. ¿Conoces tu entorno natural y lo disfrutas?
  2. ¿Bebes suficiente agua? ¿Sabes cuánta consumes al día? ¿Consideras que debes reducir el consumo?
  3. Lecturas recomendadas:

Con el colesterol a vueltas

Con el colesterol a vueltas

Consuelo Miqueo

13 de abril de 2025

Algo muy personal como paciente me ha removido el último debate de la “Red Estatal de Mujeres Profesionales Sanitarias a la que pertenezco desde que se creó hace más de 25 años, promotora de la revista Mujeres y Salud (MYS) dirigida por Carmen Valls, la autora del conocido libro Mujeres invisibles para la medicina.

 

 

Me ha movido a la lectura de los estudios del sobrediágnostico (overdiagnosis) que nos rodea, entendiendo por tal esa tendencia creciente a intervenir en estado de salud sobre factores desencadenantes de una enfermedad antes de que aparezcan los síntomas. En este caso, una tendencia iniciada por la estrategia de negocio de la industria farmacéutica de las estatinas en la década de los 70, con el hallazgo del colesterol sanguíneo fácilmente detectable. De hecho, hay quién entre nosotras, en la Red, se pregunta porqué a las/los profesionales les gusta más trabajar con los sanos que con los enfermos al observar el desarrollo de la planificación, investigación y tiempo de consulta gastados en el control de signos premonitorios, y lamentar las listas de espera de los pacientes ya enfermos.

 

 

Como intelectual debo saber pero como paciente debo tomar decisiones,  siendo yo una persona de 70 años que no toma medicación alguna y considerarme afortunada y agradecida por mi herencia familiar, incluida la genética y el estilo de vida adquirido. Y en esto cuento la alimentación y el ejercicio, pero también la pasión vital: leer y escribir, trabajar y andar por el campo, estudiar o disfrutar de tener una buena conversación con risas amigas o bailes sobrevenidos, y ser voluntaria de alguna asociación pública. De hecho, el colesterol es una palabra mágica que me persigue desde hace décadas, que me tiene harta, que nos atraviesa a casi todas las personas, pero más a las mujeres desde antes de los 40 años. Hace décadas, pues, que algunas estamos preparadas tomar las estatinas cuando las cifras de LDL lo indiquen, y evitar las temibles placas de ateroma que pueden enroñar nuestras arterias y provocarnos infartos, ictus y otras calamidades que nos darían una muy “mala calidad de vida” de por vida. Una vida que podría ser todavía larga sin colesterol y sin pasión.

 

 

Pero las cifras límites de indicación de estatinas o similares medicamentos ha cambiado mucho desde los años 80, en que yo usaba un artículo sobre este tema para que los estudiantes de medicina aprendieran a hacer “análisis de texto científico”, cuando el límite de lo patológico estaba en 280. Y no se me ocurría, entonces, dudar de nada de lo que leía. Pero mis sospechas han crecido. Y he sido consciente del cambio de cultura educativa de los profesionales y las sucesivas ofertas farmacológicas, con sus polémicas sobre lo que yo llamaba “la píldora de la tercera edad”, para la extensa población susceptible de hacer progresivamente su hipercolerestolemia.

 

 

En 2002 ya informábamos en la revista Mujeres y Salud del estudio prospectivo del Whomen’s Initiative Observational Studyrealizado con una muestra de 73.743 mujeres, de 50-79 años de edad y seguimiento de 5-9 años, que evidenció la “prevención de problemas cardiovasculares en mujeres que realizan ejercicio” (era el titular), es decir, que realizan actividad física constante y gradual. Andar de forma rápida o el ejercicio vigoroso se asociaron con una reducción de riesgos similares, siendo los resultados parecidos en todas las edades, sin diferencias entre razas ni entre mujeres con diferente masa corporal. En conclusión: el ejercicio vigoroso pero moderado una hora al día mejora la tensión arterial sistólica y diastólica en las mujeres después de la menopausia, mientras que la vida sedentaria prolongada incrementa el riesgo cardiovascular.

 

 

La difusión mediática y profesional de estos resultados cambiaron las pautas de los servicios de Cardiología y toda la Atención Primaria también en España. La cultura médica ya no es tan paternalista y la educación para la salud práctica, promovida desde los despachos de enfermería, ha cambiado el saber y hábitos de las usuarias, y también la organización del panorama urbano. Además del parque, las calles y los grandes paseos verdes de nuestras ciudades, repletas de mujeres libres de cargas familiares o laborales, hemos conocido la expansión de los gimnasios, grandes y pequeños, en el centro de las ciudades, en los barrios y hasta en los pueblos de los valles de montaña. Y no hay centro de salud que no cuelgue un cartel alusivo.

 

 

Pero yo me sigo preguntando si será sensato rechazar la propuesta médica de tomar las estatinas de por vida si tus indicadores de colesterol superan la frontera establecida entre lo normal y lo patológico, que ha ido cambiado en los últimos 50 años. En especial, si la LDH supera los 180 de forma estable, o si será casi obligatorio cuando supere los 150 mantenidos, si el Danacol no reduce el esperable 10% de su tasa. O si no debo dudar más cuando mi LDH no baje a los deseados y sanos 130 mg/dl.

 

 

La cuestión de fondo de mi zozobra es si debo arriesgarme a no tomar estatinas, esa píldora de la edad del colesterol con la misma fe y confianza que la juvenil píldora anticonceptiva, que la dejé pronto por todos sus efectos secundarios a medio y largo plazo (aquí solo importarían los inmediatos). ¿Me reprocharé no haber confiado en la pauta convencional? ¿Padecerán los efectos nocivos mi familia y amistades? Considero que si ya he vivido mucho y bien a mis 70 años puedo arriesgarme con lucidez, invertir mi esfuerzo y orgullo en el ejercicio y no en la cómoda pastillita. Hasta llego a pensar en que si ese temible accidente cardiovascular se diera, podría decidir cómo afrontar la vida de limitaciones, engorros y dependencia. Ya sabemos que tenemos que morir, pero me gustaría vivir libre hasta el final.

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Organismos modificados genéticamente, transgénicos y disruptores endocrinos: Salud personal y ambiental

Concha Germán Bés

08 de abril de 2025

En este trabajo queremos informar de qué es cada uno de estos términos, las relaciones existentes entre ellos, así como las ventajas, inconvenientes y sus efectos en la salud de las personas y del medio ambiente. Es un tema de gran amplitud y complejidad y, por tanto, será un comienzo para informarnos y autocuidarnos bien.

 

Organismos modificados genéticamente

Son organismos modificados genéticamente (OMG) cualquier organismo que tiene su ADN alterado artificialmente. El ADN es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas fundamentales para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos.

 

Es clave entender que, en estos organismos, hay muchas formas de modificar el material genético en función de aquello que se pretenda conseguir. Cosas que a veces se hacen pensado en las ventajas, pero no en los efectos no deseados.

 

 

Organismos transgénicos

Son aquellos organismos a los que se les ha introducido ADN que no pertenece a su genoma original, es decir, es exógeno o externo al organismo en el que se introduce.  Por esta razón, todos los organismos transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG) que se obtienen a través de un proceso conocido como ingeniería genética o tecnología de ADN recombinante.

 

El problema viene cuando los términos organismos modificados genéticamente y organismos transgénicos se emplean indistintamente, hecho que es muy común y que es incorrecto. Así, al igual que podemos decir que todas las margaritas son flores pero no todas las flores son margaritas,  podemos  afirmar que, todos los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMG), pero no todos los OMG son transgénicos.

 

 

¿Qué son los alimentos transgénicos?

Son plantas, animales o microbios a los que se les ha modificado su ADN usando técnicas de ingeniería genética. En 1973 se iniciaron los primero OMG en animales, en los 80 se inició con las plantas.

 

En la actualidad, se han desarrollado muchas técnicas de manipulación genética diferentes. El nivel de progreso es tal, que ahora es posible clonar genes, modificarlos e incluso sintetizarlos. Además, se puede controlar la expresión de genes específicos de diferentes formas, silenciándolos (genes knockout-fuera de combate) o aumentando su nivel de expresión.

 

 

Utilidad de los organismos modificados genéticamente

Los organismo modificados genéticamente son casi innumerables y están presentes en muchísimos ámbitos, pero destacan especialmente en la industria agroalimentaria, en la industria farmacéutica y en medicina. Dejamos para otro momento la industria farmacéutica y la medicina.

 

En la industria agroalimentaria, cabe mencionar que ha sido especialmente polémica, debido a los cultivos modificados genéticamente dirigidos al consumo. Esta práctica se realiza para crear cultivos resistentes a herbicidas y pesticidas, para aumentar la producción, para mejorar las características físicas de los alimentos, haciéndolos más apetecibles, o incluso para que aporten vitaminas.

 

De su influencia en la agroquímica y biotecnología agrícola, tienen ventajas en el rendimiento de cultivos de cereales, aumentan su cultivo y disminuyen los plaguicidas e insecticidas. Sin embargo, no están suficientemente estudiados y no se ha demostrado que sucede en todos alimentos.

 

 

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que imitan la acción de las hormonas naturales. De esta forma, pueden bloquear los receptores hormonales de las células, impidiendo la acción normal de las hormonas y generar efectos perjudiciales en la salud (por ejemplo, en la reproducción, la función tiroidea y la obesidad).

 

Los alimentos transgénicos pueden actuar como disruptores endocrinos, lo que puede afectar la salud humana. A ello sumamos la frase de Dolores Romano: “Hay muchas sustancias muy peligrosas en los plásticos con los que estamos en contacto diario”.

 

 

¿Cómo saber si un alimento está modificado genéticamente?

El método más fiable para saber si un alimento es transgénico es analizar su ADN o su composición para identificar la presencia de proteínas derivadas del ADN transgénico.

 

 

¿Y cómo lo puede saber un cliente de supermercado?

El concepto legal de alimento modificado genéticamente se define en el artículo 2 del Reglamento 1829/2003 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre alimentos y piensos modificados genéticamente. Es obligatorio indicarlo en el etiquetado de aquellos productos cuyo contenido en OMG supere el 0,9 %. Todas las sustancias cuyo origen sea un OMG deben mencionarlo en la lista de ingredientes con las palabras «modificado genéticamente». La legislación europea obliga a que se etiqueten todos aquellos alimentos que contengan o estén compuestos de OMG, para facilitar la libre elección del consumidor. En la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pueden encontrar información relevante sobre estos temas

 

 

Varios puntos de reflexión para finalizar

En los años 60 del siglo XX se utilizaban fumigaciones aéreas de sustancias químicas para favorecer los cultivos. La bióloga Rachel Carson publicó su libro La primavera silenciosa. Como ecologista, reunió información sobre las sustancias químicas utilizadas en fumigaciones aéreas, en entornos industriales y en los alimentos para caracterizar el impacto de estos agentes en términos ecológicos, en lugar de limitarse a describir la eficacia de las soluciones químicas.

 

«Esos polvos, pulverizaciones y riegos se aplican universalmente en granjas, jardines, bosques y hogares…; productos sin seleccionar que tienen poder para matar indistintamente lo bueno y lo malo, para acallar el canto de los pájaros –de ahí viene el título– y para inmovilizar a los peces en los ríos, para revestir las hojas de una mortal».

 

No cabe duda de que vivimos en una sociedad muy tecnológica que como todo en la vida tiene dos caras, las ventajas que nos aporta como son las lavadoras, secadoras, coches, y muchísimas más que no vamos a indicar. Sin embargo, en lo que se refiere a la agroalimentación, hasta hace pocos años se trabajaba con los cultivos y las crianza de animales en un mundo rural, posiblemente atrasado o ineficiente para los actuales ciudadanos, pero no así para los ecologistas. El resultado es que, ¿respetamos el equilibrio de la Naturaleza?

 

La hipótesis de GAIA es un modelo interpretativo que afirma que la presencia de la vida en la Tierra fomenta unas condiciones adecuadas para el mantenimiento de la biósfera. La hipótesis fue ideada por el químico James Lovelock. El autor propone la hipótesis de que el planeta Tierra y todos sus organismos forman un único cuerpo autorregulado que sustenta la vida y la ayuda a evolucionar a lo largo del tiempo.

 

 

Reflexiones y acciones

1) Leer las etiquetas de los productos que van a consumir para identificar su origen (si son españoles, el código de barras comienza por 84).

2) Si en su contenido hay modificación genética según la Ley europea y española.

3) Les aconsejo la lectura de los libros:

La primavera silenciosa, de Rachel Carson.

Libérate de tóxicos: Guía para evitar los disruptores endocrinos, de Nicolas Olea.

La hipótesis de Gaia. La tierra es un Ser Vivo, de James Lovelock.

Endometriosis: El dolor silenciado

Endometriosis: El dolor silenciado

Soledad Alonso García

14 de marzo de 2025

El 14 de marzo es el día mundial de las matemáticas, del sueño, del número pi… y también de la Endometriosis. ¿Endometriosis? Un nombre tremendamente difícil de pronunciar, pero mucho más difícil es diagnosticarla. Proviene de endometrio, esa capa interna del útero que se descama cuando no ha habido embarazo y se expulsa en forma de menstruación. La endometriosis no es endometrio, a lo largo del tiempo que llevamos divulgando la enfermedad, nos estamos encontrando un gran desconocimiento del cuerpo, principalmente del cuerpo femenino; por ello, conviene recordar qué es exactamente la menstruación.

Sí, mucho desconocimiento, pero ¿qué es la endometriosis y qué tiene que ver con la regla? Es una enfermedad crónica, inflamatoria, multisistémica y hormonodependiente, con una prevalencia de más de un 10% en mujeres fértiles (las asintomáticas quedan fuera del porcentaje). Los últimos estudios han determinado que tejido similar al del endometrio crece fuera del útero, se implanta y adhiere en otros lugares del cuerpo, principalmente en zonas adyacentes como la pelvis, y con menor frecuencia en regiones más alejadas.

No te convence, ¿verdad? Bueno, ¿qué opinas si te digo que la regla como proceso fisiológico no debería doler? Sin embargo, hay mujeres que durante el ciclo se quedan en cama o no pueden llevar a cabo una vida corriente sin analgésicos o, simplemente, silencian el dolor, lo dejan a un lado para que no interrumpa su torbellino diario. Todas ellas están negando que su cuerpo les está diciendo que algo no funciona bien. El dolor es el principal síntoma de la endometriosis, un dolor severo e incapacitante que se puede manifestar bien durante la menstruación o a lo largo de todo el ciclo, a veces al miccionar o al defecar, al mantener relaciones sexuales.

¿Por qué no se quejan? Si algo duele, pues vas al centro de salud y ¡andando! Todo es un poco más complejo. El dolor menstrual está muy normalizado a nivel social, ¿quién no ha escuchado alguna vez “¡Hala chica! Todas tenemos la regla y no es para ponerse así. ¡Te tomas un ibuprofeno y ya está!” Es el cuerpo femenino sobre el que recae el dolor, un dolor silencioso, un dolor vergonzoso, mucho más cuando hablar de la menstruación queda relegado a espacios privados o íntimos, a espacios seguros. La regla se oculta, se invisibiliza, ¿en cuántas series, películas, obras de arte, literatura… muestran a una mujer sangrando durante su ciclo? Si no se ve, no se habla, no se estudia, no existe.

Para aportar otro dato más, se tarda una media de 7 a 10 años en diagnosticar. Un periplo por diferentes consultas explicando los síntomas, no encontrando respuestas y sin identificar que la causa es la “endo”. Otras veces, se detecta cuando se está a la búsqueda de un embarazo y este no aparece, consecuencia de la infertilidad que produce.

Todo eso en el mejor de los casos, es decir, acabo de describir el camino de una mujer afectada por endometriosis que accede sin problema a centros sanitarios, que se interesa por tener una buena salud, por cultivar una vida plena, etc. Pero, esa prevalencia del 10% excluye a una gran cantidad de mujeres que o bien no tienen acceso a un conocimiento sobre su cuerpo o bien sus condiciones socio-económicas no le dejan escuchar a su cuerpo, enfermar, preocuparse por sus ciclos, o atender al dolor.

¡Qué drama! Bueno, un drama que puede ser desdramatizado; con información y formación los males son menores. No podemos olvidar que es una enfermedad crónica, existen tratamientos que aplacan el dolor y, con ciertas pautas de cuidado y autocuidado, se puede tener una vida “normal”. Por un lado, tenemos tratamientos hormonales que contienen el avance del tejido (serán los profesionales especializados quienes nos propongan tratamiento y nosotras decidiremos seguirlo o no); por otro lado, existen tratamientos más próximos a poner a la mujer en el centro de su vida, entre ellos están las recomendaciones alimentarias, una buena dieta antiinflamatoria y sana mejora la calidad de vida, acompañada de actividad física, tratamientos fisioterapéuticos y apoyo psicológico, mejoran la existencia. Por desgracia, cae bajo la responsabilidad, y economía, de cada una seguir o no estas recomendaciones, al igual que seguir o no un tratamiento hormonal, este último cubierto generalmente por la Seguridad Social.

Poner el foco en el individuo concreto es muy desolador, sin un acompañamiento no es posible tomar las riendas de la propia salud, así que no queda más que hablar del factor psicológico. Al ser una enfermedad con causa y cura desconocida, hemos de aceptarla como parte de la vida, pero ¿cómo voy a aceptar MI vida con dolor? ¿Cómo voy a querer vivir atravesada por las limitaciones físicas derivadas de esta patología? Acompañada se lleva mejor. La escucha, el apoyo profesional y, sobre todo, encontrar ese espacio de iguales que te hacen sentir menos sola en el camino. Tenemos que lidiar con el dolor físico y con una enfermedad crónica, a muchas de nosotras nos ayuda formar parte de una red integrada por mujeres que viven la “endo” desde una perspectiva activa, colaboradora y respetuosa con el momento en el que se encuentra cada mujer.

ADAENA (Asociación de Afectadas de Endometriosis de Aragón) promueve la visibilización, la información, la concienciación y la investigación; esta enfermedad requiere de un enfoque multidisciplinar médico y vital: familiares, parejas, instituciones, entorno sanitario y social deben confluir para que todas las afectadas puedan realizar y realizarse en un entorno seguro. Con nuestro pequeño grano de arena intentamos llegar a aquellas mujeres que después de un diagnóstico (o a la espera de él, e incluso sin él) no saben cómo enfrentarse a esta nueva “normalidad” que se les presenta; las acompañamos, las informamos, las escuchamos y abrazamos. Proporcionamos acompañamiento psicológico especializado y espacios formativos para el cuidado y autocuidado. Nuestra propuesta es que una vida con endometriosis merece ser vivida, bien vivida.

Si la regla duele, hay un motivo, ¡búscalo! No estás sola.

¡Hay esperanza, haz red!

El tabú de la violencia al profesional sanitario: Una epidemia oculta

El tabú de la violencia al profesional sanitario: Una epidemia oculta

María Dolores García Pérez

10 de marzo de 2025

Las agresiones laborales a profesionales de la salud son un problema creciente que tiene consecuencias nefastas para las víctimas, tanto a nivel físico como psicológico. Sin embargo, a pesar de su gravedad, muchas de estas agresiones nunca llegan a ser declaradas.

¿Por qué no se declaran todas las agresiones laborales que sufre el personal sanitario? 

Uno de los principales motivos es la extendida percepción del personal sanitario de que realizar la declaración de la agresión recibida no sirve para nada, no traerá consecuencias para la persona agresora ni mejorará su seguridad en el trabajo. La falta de respuesta por parte de las instituciones refuerza esta percepción. Además, el miedo a posibles represalias supone también un importante elemento disuasorio para realizar la declaración.

Otro factor es la normalización de algunos comportamientos agresivos. La conciencia de trabajar en un ambiente en el que se generan situaciones muy críticas o dolorosas facilita que algunos episodios violentos, especialmente relacionados con las agresiones verbales sean considerados “una parte desagradable del trabajo”.

Las barreras burocráticas también juegan un papel importante. Los procesos de declaración no siempre son ágiles y sencillos, lo que desanima al personal sanitario a usarlos. Si apenas tienen tiempo para atender a los pacientes, ¿cómo van a dedicarlo a trámites administrativos largos y complicados?

A esto se suma que en algunas instituciones ni siquiera existe un método específico para realizar la declaración o que, si existe, este no se conoce por las personas que trabajan en ella.

La falta de información sobre qué se considera una agresión laboral, principalmente en el caso de las agresiones verbales es otro de los motivos que esgrimen las víctimas. Las definiciones pueden ser ambiguas y en muchas situaciones las víctimas dudan si lo que han sufrido es declarable. Esto no es baladí, ya que las agresiones laborales verbales son las más comunes y las más invisibilizadas.

¿Cuáles son las implicaciones de no declarar?

Las consecuencias de la infradeclaración de agresiones en el ámbito laboral son alarmantes. La exposición a este fenómeno, además de las lesiones directas que puede provocar, genera estrés, ansiedad y agotamiento en los y las profesionales, colaborando de forma muy activa en el desarrollo del síndrome del quemado o burnout.  Asimismo, interfiere en la calidad del servicio que prestan, con un aumento de conductas defensivas. El miedo y la inseguridad en el entorno laboral también pueden influir incluso en el abandono de la profesión, presentando una menor adherencia al puesto de trabajo.

No declarar estas situaciones implica que las cifras oficiales no reflejan la realidad, opacando su trascendencia y dificultando que este fenómeno adquiera la prioridad política que debería tener. Además, si no se conoce lo que ocurre y de la forma en la que se materializa, difícilmente pueden implementarse herramientas efectivas para la lucha contra estos eventos. La recopilación de datos precisos facilitará la creación de estrategias preventivas y permitirá adaptar las políticas de seguridad laboral a las necesidades del personal sanitario. Invertir en esto no solo beneficia a quienes trabajan en el sector, sino que también mejora la calidad de la atención sanitaria y refuerza la confianza de los pacientes en el sistema de salud. Visibilizar este problema es el primer paso para encontrar soluciones.

¿Qué se puede hacer?

Para mejorar esta situación, es fundamental que las instituciones faciliten la declaración de agresiones mediante procesos simples y rápidos. También es clave ofrecer apoyo y protección a quienes se atrevan a denunciar, evitando que teman represalias. La formación en identificación y reporte de agresiones ayudaría a que el personal sanitario reconozca cuándo han sido víctimas de una agresión y sepan qué pasos seguir. Adicionalmente, se deben realizar campañas de sensibilización para dejar claro que la violencia no es una parte aceptable del trabajo en el sector salud.

En definitiva, el compromiso con la seguridad y el bienestar del personal sanitario debe ser una prioridad para garantizar un sistema sanitario más justo y eficiente.