Día Internacional del condón: ¿por qué sigue habiendo dificultades en su uso en la actualidad, especialmente entre los/as jóvenes?

Día Internacional del condón: ¿por qué sigue habiendo dificultades en su uso en la actualidad, especialmente entre los/as jóvenes?

M. Felipa Gea López

 

13 de febrero de 2026

 

El preservativo no es, ni mucho menos, un invento actual. Es curioso que, pese a ello, su uso sigue sin estar asumido como cuidado mutuo y, por lo tanto, sin estar presente en nuestra vida sexual todo lo necesario, especialmente entre los jóvenes. Su uso sigue estando rodeado de mitos y falacias que se asientan, normalmente, sobre el sistema heteropatriarcal imperante en nuestra sociedad.

 

A menudo me pregunto por qué, a pesar de la información, los anuncios y la ruptura de tabúes en torno a la sexualidad, el preservativo sigue sin estar presente en las relaciones sexuales, especialmente entre los más jóvenes. ¿Qué es lo que frena su uso? ¿Qué es lo que hace que siga estando demonizado? ¿Por qué nuestros jóvenes siguen descuidándose? ¿Qué está pasando para que, en la era de la información, nuestros jóvenes estén más expuestos que nunca?

 

Lo cierto es que, mientras creíamos haber ganado la batalla a muchas infecciones de transmisión sexual (ITS), en los últimos años los datos nos han devuelto a la realidad: hay un repunte del VIH y otras ITS entre nuestros/as jóvenes. Esto no es una casualidad, al igual que no lo es el repunte del machismo entre los mismos. Es el síntoma de un problema más profundo que interpela a nuestra sociedad: cómo estamos educando (o dejando de educar) en sexualidad, afectos y cuidados.

 

El preservativo como historia

 

El preservativo lleva siglos entre nosotros los humanos. Ya en el antiguo Egipto, al menos desde el año 1000 a.C., se empleaban fundas de lino para protegerse de las enfermedades y de los embarazos no deseados. También en la Roma clásica (entre el siglo II a.C. y el siglo II d.C.) se describen métodos rudimentarios de protección, a menudo consistentes en entrañas de animales (tripa) o vejigas. Aunque fue en el siglo XVI, con la expansión de la sífilis en Europa, cuando hubo una preocupación real por crear barreras más sistemáticas que protegieran de las infecciones. Siglos más tarde, la vulcanización del caucho en el siglo XIX permitió fabricar los primeros preservativos de látex, más resistentes y accesibles que las rudimentarias tripas de animal. Finalmente, a lo largo del siglo XX, el preservativo pasó de ser un objeto asociado al miedo o la moral a convertirse en una herramienta fundamental de salud pública, especialmente durante la crisis del VIH en los años 80.

 

Resulta paradójico que, tras tantos años conviviendo con el preservativo, estemos asistiendo a un nuevo repunte de ITS entre nuestros jóvenes. Parece que hemos olvidado lecciones que ya estaban aprendidas. El sentimiento de retroceso que nos acompaña a muchos/as de nosotros/as nos produce una preocupación profunda que va más allá de la menor precepción de riesgo o del uso irregular del preservativo, pues parece que hemos pasado del progreso al retroceso en muchos aspectos que nos atraviesan como sociedad.

 

Datos que hablan

 

La historia del preservativo es, en realidad, la historia de nuestra relación con el riesgo, el placer y el cuidado. Y hoy en día esa historia nos interpela, ya que los datos actuales hablan por sí solos.

 

Según el último Informe de Vigilancia Epidemiológica (2024), se notificó un aumento del 10,2% de infección por Chlamydia trachomatis respecto al año anterior. En relación con la Gonorrea, hubo un 7,2% más de casos y, en relación a la Sífilis, el incremento fue de un 6,7%. Todos estos aumentos son especialmente significativos entre los jóvenes menores de 25 años.

 

En cuanto al VIH, en 2024 se notificaron 3.340 nuevos diagnósticos en España, de los cuales el 51,1% fueron identificados de forma tardía. Aunque el número total de casos ha registrado un leve descenso, la persistencia de diagnósticos tardíos y la concentración de casos entre los jóvenes evidencia que existe un problema persistente relacionado con el no-uso del preservativo. De hecho, el 28,3% de los nuevos diagnósticos de VIH se dan entre menores de 30 años.

 

Carencia relacional como síntoma

 

El repunte de las ITS entre los/as jóvenes es el síntoma de una profunda carencia relacional. Y es que, en la poca educación afectivo-sexual que reciben, muchos/as adolescentes y jóvenes reciben información fragmentaria, tardía y excesivamente centrada en lo biológico. Saben cómo funciona el cuerpo, pero no han aprendido a comunicar deseos y límites, a negociar el uso del preservativo, a vincular placer con cuidado, a comprender al otro como sujeto, o a entender el consentimiento como la base de cualquier relación (incluida la sexual) sana.

 

Lo cierto es que llevamos años hablando de riesgos, pero no de cuidados; de protección, pero no de responsabilidad afectiva; de anatomía, pero no de vínculos; de cuerpos, pero no de respeto. ¿Y qué es la sexualidad sino vínculo?

 

La pornografía como manual

 

Actualmente, la educación afectivo-sexual sigue siendo un escollo en las instituciones, por lo que hay un vacío educacional en la vida de nuestros/as jóvenes respecto a la sexualidad. Este vacío lo rellenan a través de las redes sociales e Internet y como resultado, actualmente, es la pornografía la que moldea la sexualidad de nuestros/as jóvenes, una pornografía cada más accesible y violenta, donde se trata al otro como objeto y no como sujeto.

 

La pornografía ha ocupado el lugar de la educación y de lo relacional, se ha convertido en el principal referente educativo-sexual de nuestra juventud, con todas las distorsiones que lleva asociadas: relaciones sexuales sin consentimiento, ausencia de preservativos, prácticas de riesgo normalizadas, violencia sexual, menosprecio de la mujer, etc. Todo esto se convierte en una bomba de relojería, ya que el placer se aprende sin protección y el deseo sin responsabilidad.

 

Poniendo el foco más allá

 

El problema no es el uso (o no) del preservativo, sino el cómo nos relacionamos: cómo consideramos al otro/a y cómo nos consideramos a nosotros/as mismos/as. Si queremos frenar el repunte de las ITS, no basta con repartir preservativos y seguir instaurando su uso. Necesitamos enseñar a cuidarnos, a comunicarnos, a vincularnos entre nosotros/as y a vincular el placer con la responsabilidad.

 

Pues el preservativo tiene historia porque el cuidado tiene historia, porque las relaciones humanas tienen historia. Y esa historia solo tendrá sentido si somos capaces de transmitirla a las nuevas generaciones. El preservativo ya pasó de ser un objetivo estigmatizado y oculto a convertirse en un instrumento de salud, elección y libertad. Ahora nos toca dar un paso más allá y poner el foco en lo verdaderamente importante, en lo verdaderamente humano. Debemos enseñar a las nuevas generaciones que protegerse no es desconfianza, sino responsabilidad; que cuidarse es querer y quererse; y que el placer auténtico no está reñido con la protección.

La mujer en la ciencia: De invisibles a imprescindibles

La mujer en la ciencia: De invisibles a imprescindibles

Beatriz Benito Ruiz

11 de febrero de 2026

Durante siglos la ciencia ha avanzado describiendo el mundo con enorme precisión, pero con una perspectiva parcial. No fue porque faltaran mujeres científicas, sino porque faltó reconocerlas.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no es la historia de su incorporación reciente, sino la historia de su invisibilidad.

 

 

Saber sin poder publicar

 

La participación de la mujer en la ciencia ha estado históricamente marcada por la exclusión institucional, la falta de visibilización del mérito y la segregación académica.

 

 

Durante mucho tiempo se ha dicho que las mujeres se habían incorporado tarde a la ciencia y no fue así. En realidad, lo que ocurrió es que la ciencia tardó en reconocerlas.

 

 

Las mujeres siempre observaron, midieron, curaron y enseñaron y lo hicieron en huertos, boticas, casas, partos y hospitales informales. Lo que no podían era firmar. Y la ciencia, igual que la historia, recuerda sobre todo a quien firma.

 

 

La entrada de las mujeres en la Universidad

 

Antes del siglo XIX, las mujeres no podían acceder a la universidad. Sin embargo, siempre generaron conocimiento. Es a partir del siglo XX, con su incorporación progresiva a la universidad y al ejercicio profesional sanitario, cuando se observa una transformación del panorama científico.

 

 

Con el acceso femenino a la educación superior a finales del siglo XIX, no cambió inmediatamente la ciencia, cambió primero la asistencia. Las mujeres comenzaron siendo profesionales del cuidado: docencia, enfermería y posteriormente medicina clínica. Pero la investigación permaneció jerárquica y aparece así un fenómeno que continúa hoy: feminización profesional sin feminización del poder científico.

 

 

Actualmente las mujeres son mayoría en muchas carreras sanitarias y científicas de base, pero minoría en cátedras, dirección de proyectos, producción científica, financiación y puestos de responsabilidad.

 

 

¿Por qué esto es tan importante científicamente?

 

Podría parecer solo un problema laboral o social, pero en realidad es un problema de conocimiento. Quien formula las preguntas científicas decide qué respuestas existen.

 

 

Durante décadas la investigación biomédica utilizó al varón adulto como modelo estándar. Era práctico: menos variabilidad hormonal y resultados estadísticos más limpios. Pero también incompleto y la medicina aprendió sobre un cuerpo medio que no era una representación de toda la población.

La decisión era metodológica y no ideológica. La consecuencia, sin embargo, sí fue clínica. Se describieron enfermedades con precisión, pero en una parte de la población y después se extrapolaron al resto.

 

 

Durante años los ensayos clínicos cardiovasculares incluyeron sobre todo hombres. El “síntoma típico” de infarto se enseñó como universal. Sin embargo, cuando una paciente llegaba con disnea, cansancio o náuseas, no encajaba en el patrón aprendido. La ciencia no estaba equivocada. Estaba incompleta.

 

 

Recuerdo una guardia de madrugada: mujer de 58 años, dolor epigástrico, náuseas y sudor frío. Venía convencida de que era una gastritis. Lo había buscado en internet y nada encajaba con el “dolor típico en el pecho”. El electrocardiograma mostró cambios isquémicos. No era el estómago. Era un infarto que no se parecía al que enseñan y describen los libros. El problema no era el cuerpo de la paciente; era el modelo previo que aparece en la literatura científica.

 

 

¿Qué impacto tiene esto en la medicina?

 

El resultado ha sido una medicina técnicamente correcta, pero biológicamente parcial. Se describieron enfermedades, síntomas y tratamientos que funcionaban bien en el modelo estudiado, pero peor fuera de él.

 

 

Las diferencias más relevantes que existen se han dado en presentaciones clínicas, metabolismos farmacológicos, respuestas inmunológicas y evolución de enfermedades. No porque hombres y mujeres sean “sistemas diferentes”, sino porque la variabilidad humana real es mayor que la estudiada.

 

 

Por todo esto, podemos decir que: “Cuando la ciencia amplía la muestra, mejora la precisión”.

 

 

¿Qué nos encontramos en lo cotidiano de nuestro día a día actual?

 

En consultas y urgencias sigue ocurriendo que un dolor torácico masculino activa antes protocolos que uno femenino. Que el dolor persistente en una mujer joven se interprete antes como ansiedad que como patología orgánica. Que algunos fármacos produzcan más efectos adversos de los previstos porque fueron ajustados en otra fisiología media. No son errores individuales, son inercias del conocimiento.

 

 

La medicina funciona con probabilidades aprendidas. Si la muestra histórica es parcial, la probabilidad también lo será.

 

 

Con más presencia, mejor ciencia

 

En las últimas décadas la situación cambia rápido. La participación femenina en investigación aumenta y, con ella, las preguntas. Aparecen líneas nuevas: medicina personalizada, diferencias farmacológicas, presentación clínica variable, impacto del entorno social en la salud.

 

 

Y no se trata de crear una “medicina para mujeres”. Se trata de entender mejor la biología humana.

 

 

Como científica y clínica, mi responsabilidad no es defender una identidad, sino mejorar la precisión del conocimiento que aplico cada día a personas reales.

 

 

Cuando la muestra estudiada se parece más a la población real, los resultados mejoran para todos y el conocimiento se vuelve más preciso, no más ideológico.

 

 

¿Y qué es lo que realmente está cambiando?

 

A menudo el debate se plantea como igualdad frente a mérito. En ciencia, la dicotomía es falsa. La diversidad no sustituye la excelencia, la facilita.

 

 

Los equipos homogéneos toman decisiones más rápidas. Los equipos diversos cometen menos errores. Y la investigación necesita ambas cosas, pero durante siglos solo tuvo la primera.

 

 

La incorporación plena de la mujer no añade una perspectiva externa: corrige un sesgo interno del método científico. Amplía la muestra humana sobre la que construimos evidencia.

 

 

Una historia todavía en curso

 

Hoy nadie discute que las mujeres puedan ser científicas. La cuestión pendiente es cuánto influyen en qué ciencia se hace. Porque el conocimiento no depende solo de quién investiga, sino de qué decide investigar. Y las prioridades científicas determinan las prioridades sanitarias.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no es únicamente un relato de derechos civiles; es también una historia sobre cómo mejora el conocimiento cuando se parece más a la realidad que pretende explicar.

 

 

Conclusión

 

Durante siglos la humanidad investigó una muestra parcial y llamó universal a lo particular. Funcionó razonablemente bien, pero dejó “zonas borrosas”.

 

 

La presencia creciente de mujeres en ciencia no solo corrige una desigualdad histórica: aumenta la definición de la imagen y mejora la precisión científica.

 

 

La ciencia no cambia por ser más justa. Se vuelve más justa porque cambia. Y al hacerlo, sobre todo, se vuelve más exacta.

 

 

Una ciencia más representativa no es una ciencia más ideológica: es una ciencia más global y completa.

 

 

La historia de la mujer en la ciencia no trata únicamente de justicia social ni de igualdad laboral. Trata de calidad del conocimiento.

Mutilación genital femenina: Una violación de los derechos humanos que debe ser erradicada

Mutilación genital femenina: Una violación de los derechos humanos que debe ser erradicada

Médicos del Mundo Aragón

6 de febrero de 2026

Cada 6 de febrero, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), una fecha clave para visibilizar, sensibilizar y renovar el compromiso colectivo con la erradicación de una de las formas más graves de violencia contra las mujeres y las niñas. La mutilación genital femenina no es una práctica cultural inocua ni una tradición ancestral inofensiva: es una violación de los derechos humanos, una manifestación extrema de desigualdad de género y una forma de violencia basada en el control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

 

La Organización Mundial de la Salud define la MGF como «todos los procedimientos que implican la alteración o lesión de los órganos genitales femeninos externos por razones no médicas». Se estima que más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo han sido sometidas a esta práctica, principalmente en países de África, Oriente Medio y algunas zonas de Asia, aunque también está presente en contextos migratorios en Europa, América del Norte y otros territorios.

 

La mutilación genital femenina se realiza mayoritariamente en niñas y adolescentes, y está profundamente arraigada en normas sociales que perpetúan la desigualdad entre mujeres y hombres. Suele justificarse bajo argumentos relacionados con la tradición, la pureza, la religión o la supuesta preparación para el matrimonio. Sin embargo, ninguna religión prescribe la MGF, y su persistencia responde fundamentalmente al deseo de controlar la sexualidad femenina, garantizar la virginidad, la fidelidad conyugal y la obediencia a los roles de género impuestos.

Desde una perspectiva de derechos humanos, la MGF vulnera derechos fundamentales como el derecho a la integridad física y mental, el derecho a la salud, el derecho a no sufrir tortura ni tratos crueles, inhumanos o degradantes, así como los derechos de la infancia cuando se practica en menores de edad. Además, refuerza la idea de que el cuerpo de las mujeres no les pertenece plenamente, sino que está sujeto a decisiones comunitarias y patriarcales.

 

Las consecuencias son graves y duraderas, a corto plazo, puede provocar dolor extremo, hemorragias, infecciones, shock e incluso la muerte. A largo plazo, muchas mujeres sufren dolor crónico, complicaciones ginecológicas y obstétricas, problemas urinarios, disfunciones sexuales y graves afectaciones a la salud mental, como ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático. Estas secuelas condicionan su autonomía, su bienestar y su participación plena en la vida social.

 

En las últimas décadas se han producido avances significativos. Cada vez más países han prohibido legalmente la mutilación genital femenina, y numerosas comunidades han iniciado procesos de abandono colectivo de la práctica.

 

Médicos del Mundo, desde un enfoque integral, aborda este problema para evitar sus implicaciones físicas, psíquicas, sociales y legales mediante la prevención y la sensibilización.

El objetivo que se persigue es reducir su práctica y mejorar las condiciones sanitarias y la integración social entre la población inmigrante que reside en España.

 

Las actividades siguen una dinámica participativa, priorizando el protagonismo y la aportación de las personas titulares de derechos (mujeres y niñas procedentes de países de riesgo). La incorporación de mediadoras y mediadores a la intervención es un eje central de la actividad, determinante para lograr los objetivos.

 

Nuestro trabajo implica a mujeres, adolescentes y niñas procedentes de países de riesgo, así como a los hombres. Es importante comprometer a toda la comunidad por el peso en la toma de decisiones y en los cambios de actitud, tanto en España como en los países de origen.

 

Nuestra intervención potencia la coordinación de profesionales y el trabajo en red con otras entidades públicas y privadas. Consideramos determinante la sensibilización de los profesionales para lograr una intervención integral y adecuada. En este sentido, Médicos del Mundo Aragón ha liderado la creación de protocolos de actuación llevados a cabo por la Administración Pública aragonesa, visibilizando de esta forma de violencia contra la mujer.

 

El 6 de febrero no es solo una fecha simbólica, sino un llamado a la acción. Erradicar la mutilación genital femenina es posible, pero exige voluntad política, recursos sostenidos y un compromiso firme con la igualdad de género. Implica reconocer que no puede haber relativismo cultural cuando se vulneran derechos fundamentales y que la protección de las mujeres y las niñas debe situarse en el centro de las políticas públicas y de la acción social.

 

Hablar de mutilación genital femenina es hablar de justicia, dignidad y derechos humanos. En este día, reafirmamos que ninguna niña debe sufrir violencia en nombre de la tradición y que la tolerancia cero es una responsabilidad compartida.

Cáncer de próstata: Prevención o secuelas

Cáncer de próstata: Prevención o secuelas

Francisco Javier Reula Vargas

4 de febrero de 2026

Uno de cada dos hombres escuchará la palabra “cáncer” como diagnóstico a lo largo de su vida.

 

Yo soy uno de esos.

 

Cuando te diagnostican la enfermedad, entras en «shock». Lo poco que sabes es que tendrás que pelear mucho y que los tratamientos que recibirás tendrán serias consecuencias para tu cuerpo y mente. Tomas conciencia de que el tiempo ya corre en tu contra.

 

En marzo de 2023, me intervinieron quirúrgicamente para la extirpación total de la próstata mediante laparotomía, una incisión que va desde el pene hasta el ombligo. Al despertar, vi que salían tres sondas de mi cuerpo hacia bolsas diferentes. Dos de ellas las retiran en el hospital, pero la tercera, la que va desde la vejiga hasta una bolsa donde alojas la orina, la anudas al gemelo de tu pierna y te la llevas puesta a casa por unas semanas. Ahí entendí que la que era mi vida de siempre había dado un giro importante.

 

Al retirarme la sonda, era incapaz de retener la orina y empecé a necesitar el uso de pañales durante muchos meses, con la esperanza de poder recuperar en algún momento la musculatura del suelo pélvico. Ni qué decir que durante este tiempo (si no más), se sufre disfunción eréctil y compruebas que tu pene ha disminuido de tamaño tras la cirugía.

Pocos meses después de la intervención, comencé mi tratamiento con quimioterapia. En mi caso, fueron 6 sesiones espaciadas cada 3 semanas, acompañadas de otros fármacos como la cortisona e inhibidores de testosterona.

 

Mi cuerpo se hinchó hasta el punto de no querer mirarme en el espejo, pues no me reconocía. Engordé 16 kilos. Perdí todo el pelo y mis venas se endurecieron tanto que tenían que colocarme las vías para la medicación cada vez en un punto diferente. El dolor en las articulaciones era difícil de soportar. Tuve vómitos, diarreas y náuseas. No era capaz de distinguir los alimentos pues todo tenía sabor a metal. Me fatigaba enormemente con el esfuerzo más liviano y sufrí además un infarto pulmonar. Durante meses, sientes que tu vida se paraliza sin previo aviso y no sabes siquiera si podrás reanudarla.

 

Realmente duro.

 

Dicen que la actitud es muy importante, y aunque la actitud no te va a curar, te ayudará siempre a llevar con entereza y dignidad la lucha que has de afrontar.

 

De momento he frenado el avance del cáncer y toca seguir sin rendición.

 

Vayan por delante mi respeto y cariño a todos los pacientes oncológicos que estén en estos momentos librando su batalla personal. Cada caso es un mundo. Mucha suerte y mucho ánimo, de corazón.

 

Recordad que una simple analítica en sangre del PSA y una visita a tiempo al urólogo ayudan a un diagnóstico precoz en el cáncer de próstata evitando muchos problemas.

 

Mi agradecimiento a los equipos de Urología y de Oncología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, por el exquisito trato médico y humano recibido. Gracias por regalarme VIDA.

 

Gracias a TheMoveMen.org por vuestro esfuerzo y dedicación, dando visibilidad al cáncer masculino.

 

También mi agradecimiento a la Asociación Española Contra el Cancer por su trabajo y acompañamiento en todo este proceso.

 

Educación para la salud ¿interesa a la sociedad?

Educación para la salud ¿interesa a la sociedad?

Mª Ángeles Ferrer Pascual

25 de enero de 2026

En la actualidad se celebran numerosos “Días Mundiales” dedicados a distintos temas. Sin embargo, la Educación para la Salud (EpS) no tiene una fecha concreta, sino que se vincula al Día Mundial de la Salud y al Día Internacional de la Educación. Estos se celebran, respectivamente, los días 7 de abril y 24 de enero. El primero conmemora la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su compromiso histórico con los retos de la Salud Pública, especialmente con el objetivo de la “Salud para todos”. En cambio, el segundo, en lo que se refiere a la EpS, pone énfasis en la necesidad de la alfabetización en salud, siendo la educación la herramienta fundamental para dicho propósito. Este hecho debe hacer reflexionar sobre la importancia que tiene la EpS en la sociedad actual.

 

 

¿Qué es realmente la EpS?

 

El interés por la EpS surgió a comienzos del siglo pasado cuando nació la primera organización profesional, The Public Health Education, relacionada con este concepto y vinculada a la Asociación Americana de Salud Pública.

 

En aquella época Wood (1926) redactó la primera definición de EpS como “la suma de experiencias que influyen favorablemente sobre los hábitos, actitudes y conocimientos relacionados con la salud del individuo y de la comunidad”. Con el paso del tiempo, autores como Sepilli (1958) ampliaron esta visión al introducir conceptos como “intervención social, modificación consciente y duradera de comportamientos”; mientras que Green (1992) puso énfasis en el “aprendizaje planificado y voluntario para el cambio de comportamientos”. La OMS, en 1998, define la Eps en el glosario sobre Promoción de la Salud como “las oportunidades de aprendizaje creadas conscientemente que suponen una forma de comunicación destinada a mejorar la alfabetización sanitaria, incluida la mejora del conocimiento de la población en relación con la salud y el desarrollo de habilidades personales que conduzcan a la salud individual y de la comunidad”. El término alfabetización no se limita a la adquisición de conocimientos y habilidades en salud, sino que también favorece el empoderamiento de la población para tomar decisiones razonadas a nivel individual y colectivo potenciando la conciencia social.

 

Se puede decir por tanto que, la EpS es un instrumento fundamental en el desarrollo de la Promoción de la Salud. Esta ha evolucionado a lo largo del tiempo marcando claramente dos periodos. El primero, más clásico, con una educación cimentada en acciones dirigidas al individuo, responsabilizándolo de sus comportamientos, basada en un aprendizaje pasivo cuya finalidad era modificar conductas insanas. El segundo periodo, a partir de finales del siglo pasado, se centra en una EpS con una perspectiva más comunitaria, teniendo en cuenta aquellos factores externos al individuo, donde la educación supone un proceso de intervención social y donde los sujetos adquieren más implicación en el proceso de aprendizaje, capacitándolos para una participación activa que les permita tomar decisiones razonadas no solo en el ámbito individual, sino también en el social e incluso el político. Así, se puede considerar que la EpS es un proceso transversal que va a influir en la salud y los problemas de la población, en los determinantes sociales que influyen en las condiciones de vida de los individuos, y en las gestiones y políticas que se aplican para mejorar el bienestar, no solo individual sino de manera colectiva.

 

 

¿Qué valor se otorga a la EpS en los planes de estudio de los Grados de Enfermería y Medicina?

 

De lo comentado anteriormente parece necesario educar a la población en materia de salud. Esto implica una formación exhaustiva de todos los agentes que intervienen en el bienestar común. Por ello, la EpS no debe limitarse al ámbito sanitario, sino que debe transcender también a los ámbitos familiar, educativo, social, laboral y de gestión.

 

Por otro lado, según se desprende de la concepción actual de la EpS, esta implica la formación de profesionales capaces de diseñar estrategias educativas que conduzcan a un aprendizaje activo. Su desarrollo debe integrar programas con metodologías que faciliten el análisis de necesidades, y/o problemas; que favorezcan la reflexión en la búsqueda de recursos y/o soluciones y que ayuden a la alfabetización de la población. En ellos es necesario incluir la evaluación de lo conseguido y no solo la impartición de conceptos teóricos sobre la salud.

 

Teniendo en cuenta estos aspectos, la formación en EpS debería contemplarse especialmente en los planes de estudio de las disciplinas de Ciencias de la Salud.

 

Un análisis sencillo de la realidad actual de la materia EpS, dentro de los planes de estudio de los Grados de Enfermería y Medicina, en treinta Facultades Públicas de las diferentes Comunidades autónomas de España, muestra que:

 

  • En el Grado de Enfermería, solo el 26,6% de los planes tienen una asignatura denominada EpS, de 6 créditos, excepto una con 3 créditos. El 68,2% de las que no tienen asignatura específica, integran en otras asignaturas uno o varios temas sobre EpS, la mayor parte en Enfermería Comunitaria y las menos en Salud Pública y Promoción de la Salud. En el resto no se han encontrado contenidos relacionados con una formación concreta en EpS.
  • En cuanto al Grado de Medicina, la situación es todavía más deficitaria, ya que ninguna tiene una materia denominada EpS y solo en una facultad existe una asignatura que se aproxima a esta denominada “Promoción de la Salud”. Tan solo el 26% de las facultades revisadas tienen algún tema relacionado con la EpS desarrollado en otras asignaturas.

Esta situación debe hacer pensar sobre la poca importancia que se le da a la EpS dentro de los estudios universitarios. Los profesionales de la salud deberían adquirir competencias necesarias para desarrollar una adecuada EpS, y así conseguir los objetivos que anteriormente se han mencionado.

 

Las competencias ligadas al desarrollo de estrategias y habilidades para la comunicación y la motivación o el diseño de programas de EpS dirigidos a individuos, familias y/o grupos de la comunidad son complejas y para poder alcanzarlas no es suficiente con el estudio de conceptos teóricos desarrollados en unos pocos temas a lo largo de toda una carrera. Se requiere de una educación práctica adecuada que implica más tiempo y mayor dedicación. Más grave aún es la inexistencia de esta materia en la preparación de quienes tienen una responsabilidad clave en la salud de la población.

 

 

¿Cuál debería ser el valor de la EpS en la sociedad?

 

La sociedad actual vive un momento muy convulso a nivel global. Existen multitud de escenarios inquietantes y dramáticos, en los que se puede observar que el valor de la salud carece de importancia. Por otra parte, los problemas de salud aumentan y se cronifican y las condiciones de vida, de gran parte de la población, están lejos de considerarse saludables, creciendo cada día más la desigualdad social. Esto supone una pérdida de los valores que deben guiar a la sociedad. Esta decadencia tiene que ver con la mala organización y gestión de los recursos, y con las políticas que se aplican, que están lejos de favorecer el bienestar de la comunidad. Hay que salir de esta situación, implicando a las personas, tanto de forma individual como colectiva, y a todos los responsables de la salud, de la educación, de la gestión, y de la política para conseguir que la salud sea considerada el mayor valor patrimonial que puede tener una sociedad. Una población bien educada en salud está capacitada para exigir las necesidades que favorezcan su bienestar.

Comunidades de aprendizaje: Un beneficio para la salud mental y emocional del alumnado

Comunidades de aprendizaje: Un beneficio para la salud mental y emocional del alumnado

Carlos Mir Ramos

24 de enero de 2026

En los últimos años, la salud mental y emocional del alumnado en educación infantil y primaria ha pasado de ser un asunto periférico a convertirse en una prioridad educativa y social. El aumento de la ansiedad infantil, las dificultades de autorregulación emocional y los problemas de convivencia en los centros escolares obligan a repensar no sólo qué se enseña, sino cómo y con quién se aprende.

 

En este contexto, las comunidades de aprendizaje emergen como un modelo educativo con un impacto significativo no solo en el rendimiento académico, sino también en el bienestar psicológico, emocional y relacional del alumnado. Su fundamento principal es sencillo pero transformador: el aprendizaje se construye de manera colectiva, dialógica e inclusiva, implicando a toda la comunidad educativa.

 

Las comunidades de aprendizaje se sustentan en el aprendizaje dialógico, un enfoque respaldado por la investigación científica que sitúa el diálogo igualitario como motor del desarrollo cognitivo y emocional. Tal y como recogen los estudios del Community of Research on Excellence for All, la interacción basada en el respeto, la escucha activa y la validación de la palabra del otro favorece entornos emocionalmente seguros, condición indispensable para un aprendizaje significativo.

 

Desde edades tempranas, el alumnado necesita sentirse escuchado, valorado y reconocido. En educación infantil y primaria, donde la identidad y la autoestima se encuentran en pleno proceso de construcción, las dinámicas propias de las comunidades de aprendizaje —como los grupos interactivos o las tertulias dialógicas— contribuyen a reducir el sentimiento de aislamiento y a fortalecer el sentido de pertenencia al grupo. Diversas investigaciones han señalado que este sentimiento actúa como factor protector frente al estrés, la ansiedad y el rechazo social.

 

Otro de los pilares de las comunidades de aprendizaje es la participación activa de las familias y otros miembros de la comunidad. Esta apertura del centro educativo rompe con el aislamiento tradicional de la escuela y genera una red de apoyo emocional alrededor del alumnado. Cuando niños y niñas perciben coherencia y colaboración entre escuela, familia y entorno social, se incrementa su seguridad emocional y disminuyen los conflictos conductuales, tal y como recogen estudios sobre clima escolar y bienestar infantil.

 

Asimismo, las comunidades de aprendizaje promueven valores esenciales para la salud mental como la solidaridad, la cooperación y la resolución pacífica de conflictos. Frente a modelos competitivos que refuerzan la comparación constante y el miedo al error, este enfoque apuesta por el éxito educativo para todos, reduciendo la frustración académica y el estigma asociado a las dificultades de aprendizaje. No es casual que numerosos centros que funcionan como comunidades de aprendizaje, registren una disminución del acoso escolar y una mejora notable del clima emocional del aula.

 

Desde una perspectiva psicológica, el modelo de comunidades de aprendizaje favorece el desarrollo de competencias emocionales clave: empatía, autorregulación, habilidades sociales y comunicación asertiva. Estas competencias, ampliamente reconocidas por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, son determinantes para la prevención de problemas de salud mental a lo largo del ciclo vital.

 

No obstante, es importante subrayar que, la implementación de comunidades de aprendizaje requiere formación docente, compromiso institucional y voluntad política. No se trata de una metodología puntual, sino de una transformación profunda de la cultura escolar, donde la inclusión y el bienestar emocional no sean discursos retóricos, sino prácticas cotidianas evaluables.

 

En un momento histórico marcado por la sobreexposición digital, la fragilidad emocional y la aceleración de los ritmos de vida, la escuela tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de convertirse en un espacio de cuidado, diálogo y salud emocional. Las comunidades de aprendizaje demuestran que es posible educar desde el rigor académico sin renunciar a la humanidad, colocando el bienestar del alumnado en el centro del proceso educativo.

 

Un reciente estudio en la educación pública andaluza realizado a lo largo del 2025 por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios, CSIF, ha alertado del preocupante deterioro de la convivencia escolar y de la conflictividad en las aulas, por lo que invertir en modelos educativos que fortalecen la salud mental infantil no es un lujo ni una moda pedagógica: es una decisión ética y preventiva que tendrá repercusiones positivas en la sociedad del mañana.