Alzheimer sin mitos. Verdad, comunicación y cuidados reales

Alzheimer sin mitos. Verdad, comunicación y cuidados reales

Alba García González

16 de junio de 2026

Hace unos años, mi abuela fue diagnosticada con enfermedad de Alzheimer. Desde entonces, mi familia ha tenido que adaptarse a una nueva realidad marcada por la progresiva pérdida de memoria, los cambios de conducta y la dependencia que caracterizan a la enfermedad.

 

Durante el proceso de búsqueda de información para entender y manejar mejor la situación, me he dado cuenta de cuánta desinformación circula sobre esta enfermedad, especialmente en redes sociales.

 

En internet abundan mitos, curas falsas y consejos erróneos que pueden confundir a quienes buscamos apoyo e incluso poner en riesgo la salud de los pacientes.

 

Por eso he querido dedicar este artículo a desmontar mitos comunes sobre el Alzheimer y ofrecer herramientas prácticas para mejorar la comunicación con quienes lo padecen.

 

Para poner en contexto y evidenciar la relevancia de este problema, actualmente en España, se estima que más de 800.000 personas viven con Alzheimer, y cada año se diagnostican unos 40.000 nuevos casos, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Además, el 34% de los mayores de 85 años podrían estar afectados.

 

En el marco actual de envejecimiento poblacional, se prevé que el porcentaje de población de 65 años alcanzará su máximo en torno al año 2050. En este contexto, es urgente mejorar la información entorno al Alzheimer, tanto la que circula en internet como la formación de quienes trabajamos en el ámbito sanitario.

 

Cinco mitos sobre el Alzheimer y la verdad detrás de ellos

 

1. “El Alzheimer es una consecuencia del envejecimiento”. Aunque la edad es el principal factor de riesgo, el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y no una forma normal del envejecimiento. Así lo aclara el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA).

 

2. “El Alzheimer es solo pérdida de memoria”. Esta enfermedad también afecta al lenguaje, la toma de decisiones, el comportamiento y la capacidad para realizar tareas cotidianas. Según el Alzheimer ‘s Association, la afectación de la memoria es solo uno de los muchos síntomas.

 

3. “Los suplementos de memoria pueden curar o prevenir el Alzheimer”. A pesar de su promoción en redes, no hay evidencia científica de que los suplementos como la vitamina E, el Ginko biloba o el aceite de coco prevengan o curen el Alzheimer, tal y como se muestra en “The American Journal of Clinical Nutrition”.

 

4. “Los medicamentos actuales curan el Alzheimer”. Actualmente no existe cura, pero algunos medicamentos como el Donepezilo o la memantina pueden ralentizar temporalmente los síntomas. Así lo concluye un informe de “Mayo Clinic”.

 

5. “Si nadie de mi familia tuvo Alzheimer, estoy a salvo”. Aunque existen formas hereditarias, la mayoría de los casos son esporádicos. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que la genética es sólo uno de los muchos factores de riesgo, junto al estilo de vida o enfermedades cardiovasculares.

 

Diez claves para comunicarse con una persona con Alzheimer

 

1. Habla con frases cortas y claras, evita preguntas complejas o abiertas. En su lugar, es preferible formular preguntas que puedan responderse con un “sí” o “no”. Por ejemplo, en lugar de preguntar “¿Qué te gustaría cenar?”, se podría decir “¿Te apetece sopa para cenar?” Esta técnica, avalada por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), facilita la compresión y reduce la frustración.

 

2. Mantén contacto visual y usa un tono calmado: La expresión corporal y el tono de voz ayudan a transmitir tranquilidad, pueden ayudar a la persona a sentirse segura y comprendida. También lo recomienda la NIA.

 

3. Llama a la persona por su nombre, este simple gesto podría ayudar a captar su atención y hacerle sentir cómodo.

 

4. Evita corregirlos o discutir. Si la persona dice algo incorrecto, es mejor no corregirla directamente. En lugar de eso, tal y como aconsejan en el blog de la Fundación Pasqual Maragall, una opción alternativa sería validar sus pensamientos y redirigir la conversación de manera suave y paulatina.

 

5. Usa gestos y apoyo visual. Señalar objetos o usar imágenes pueden facilitar la compresión según indica la NIA.

 

6. Sé paciente y dale tiempo para responder. Permite que la persona tome su tiempo para procesar y responder. No los apresures ni completes sus frases.

 

7. Reduce distracciones. Hablar en un ambiente tranquilo sin ruido de fondo facilita la comunicación. Esta práctica está recomendada por la Fundación Pasqual Maragall.

 

8. Valida sus emociones. En lugar de decir “eso no pasó” responde con empatía como “entiendo que te sientas así”, como explican desde el NIA.

 

9. Usa el tacto si es apropiado. Un ligero contacto en el hombro puede transmitir seguridad y apoyo.

 

10. Adapta la comunicación a su estado. Algunas personas pueden entender mejor en la mañana que en la tarde, por lo que es útil ajustar el momento de la conversación. Involucra a la persona en actividades significativas y adaptadas a su nivel de habilidad, como mirar álbumes de fotos o escuchar música familiar. La NIA ofrece buenas ideas al respecto.

 

Conclusiones

 

Tanto en mi experiencia personal como durante mis prácticas clínicas en la planta de Geriatría, he tenido la oportunidad de convivir con pacientes con Alzheimer y observar cómo se gestionan sus necesidades. Aunque muchos profesionales muestran una gran sensibilidad y compromiso, he detectado también cierto desconocimiento sobre estrategias comunicativas específicas, así como la desinformación incluso dentro del entorno sanitario.

 

En este contexto, considero que se hace imprescindible una comunicación efectiva, no solo con los pacientes, sino también entre profesionales. Es por ello que una divulgación rigurosa, veraz y accesible en redes sociales, medios digitales y entornos clínicos puede marcar una gran diferencia.

 

Como futura enfermera, tengo el deber de combatir la desinformación y ofrecer un cuidado basado en la evidencia científica, el respeto y la empatía, del mismo modo que Ocodes tiene la misión de construir salud junto a la comunidad. Por ello, es vital proporcionar información confiable y accesible para fomentar decisiones informadas.

Viajar protegidos. La importancia de la vacunación en vacaciones

Viajar protegidos. La importancia de la vacunación en vacaciones

Cristina Piedrafita Rueda

14 de junio de 2026

Cada verano repetimos el mismo ritual: elegir destino, buscar alojamiento, hacer la maleta. En esa lista de preparativos, rara vez aparece una pregunta clave: ¿tengo mis vacunas al día? En un mundo donde moverse entre países es cada vez más sencillo, olvidar la prevención sanitaria puede tener más impacto del que imaginamos.

 

Viajar no solo implica descubrir nuevos lugares, sino también entrar en contacto con realidades epidemiológicas diferentes. Enfermedades poco frecuentes en nuestro entorno pueden ser habituales en otros destinos. Por ello, consultar con profesionales sanitarios antes de viajar es una medida esencial de prevención, que permite valorar las vacunas necesarias o recomendables en función del destino y las características del viaje. La Organización Mundial de la Salud recomienda planificar esta consulta con varias semanas de antelación para garantizar una protección adecuada.

 

Pero la vacunación del viajero es solo una parte del problema. Existe una idea extendida y errónea de que las vacunas son cosa de la infancia. Sin embargo, la protección frente a muchas enfermedades requiere refuerzos a lo largo de la vida adulta, además de nuevas vacunas en función de la edad o las condiciones de salud. El calendario vacunal a lo largo de la vida, disponible a través del Ministerio de Sanidad de España recoge estas recomendaciones, que siguen siendo, en muchos casos, grandes desconocidas.

 

En este contexto, las estrategias de captación activa —como cartas o avisos desde los centros de salud— adquieren un papel clave. Lejos de ser un simple trámite, responder a estas llamadas supone una oportunidad para actualizar la protección frente a enfermedades prevenibles. La evidencia muestra que estos recordatorios mejoran las tasas de vacunación y, con ello, la salud de la población.

 

La vacunación, además, no es solo una decisión individual. Vivimos en comunidad, compartimos espacios y riesgos. Aquí entra en juego la inmunidad colectiva: cuando una gran parte de la población está vacunada, la transmisión de enfermedades se reduce, protegiendo también a quienes no pueden vacunarse. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades insiste en la importancia de mantener altas coberturas para evitar brotes y la reaparición de enfermedades que creíamos controladas.

 

En los últimos años, algunos descensos en la vacunación han favorecido el resurgir de enfermedades como el sarampión, recordándonos que los logros en salud pública no son irreversibles. Mantenerlos exige compromiso, información y confianza en las herramientas disponibles.

 

Quizá ha llegado el momento de incorporar una nueva rutina a nuestros preparativos: además del billete y la maleta, revisar nuestro estado vacunal. Porque viajar protegidos no solo significa evitar problemas durante el trayecto, sino también contribuir a una comunidad más segura al regresar.

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Raúl Cuenca Sancho

8 de junio de 2026

¿Por qué hacerse mayor parece ser un inconveniente?

 

Actualmente, las sociedades contemporáneas experimentan un aumento en el envejecimiento demográfico. Paradójicamente, este avance convive con una idealización de la juventud y el rechazo al paso del tiempo. Este escenario da lugar, con frecuencia, a estereotipos y prejuicios hacia las personas mayores, percibiendo esta etapa como negativa. A este fenómeno se le llama edadismo o discriminación por edad.

 

Tal y como señala Butler (1969), edadismo se define como “Estereotipos sistemáticos y discriminatorios contra las personas por el siempre hecho de ser mayores y que se reflejan en conductas como el desdén, el desagrado, el insulto o simplemente evitando la cercanía o el contacto físico”.

 

El 45% de los mayores de 65 años afirman haber experimentado discriminación por este motivo, lo cual sitúa a la exclusión social como una de las consecuencias más importantes. Este hecho afecta a la salud física, mental y social en miles de personas de avanzada edad en todo el mundo.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) el edadismo constituye un problema a nivel mundial que provoca consecuencias críticas, como mortalidad prematura, el deterioro de la calidad de vida y desigualdades sistemáticas, visibles en el día a día.  Del mismo modo, este fenómeno afecta negativamente en las decisiones clínicas y políticas públicas, lo que vulnera el derecho de autonomía y margina a este colectivo por el único motivo de su edad.

 

Edadismo en el ámbito sanitario

 

Dentro del ámbito sanitario, el edadismo genera consecuencias graves debido a las disparidades en la aplicación de protocolos diagnósticos y terapéuticos a personas mayores. Estas variaciones están condicionadas, por un lado, al lugar de residencia de los usuarios (domicilio particular o institución) y, por otro lado, al grado de deterioro cognitivo de la persona.

 

Cabe resaltar que esta exclusión se justifica, en muchas ocasiones, siguiendo criterios basados en la edad, en lugar de considerar el estado de salud real del paciente.

 

Esta problemática se ve agravada por el factor humano: aun cuando hoy en día existe una formación específica en geriatría, persisten mitos arraigados entre muchos profesionales sanitarios. Destacan afirmaciones como: “los mayores siempre están tristes”, “con la edad es normal que pierdan memoria”, “son todos iguales”, “están solos” o “ya no tiene sentido rehabilitar alguien de 90 años”.

 

En contraposición a estas ideas, la realidad es diferente: la mayoría de las personas mayores se ajustan con éxito a los desafíos propios de su etapa vital. Son un grupo de población heterogéneo en el que una amplia mayoría vive de forma independiente y mantiene un contacto regular con su entorno familiar. Asimismo, aquellos que viven en comunidad presentan menor prevalencia de tristeza o depresión en comparación con otros grupos de edad.

 

El papel de la enfermería

 

Las enfermeras deben actuar como agente de cambio frente a las situaciones de edadismo, desde el primer contacto con el paciente hasta el final de su seguimiento. Cada profesional tiene la responsabilidad de brindar un trato digno, mostrando respeto, empatía y eliminando cualquier prejuicio ante las diferentes situaciones que pueda encontrarse.

 

Para ello, es clave fomentar la formación, incidiendo en el proceso de envejecimiento, promover la escucha activa y garantizar la participación de las personas mayores en sus propios planes de cuidados.

 

Es esencial visibilizar esta problemática, promover el debate público, denunciar las prácticas discriminatorias e incluir la perspectiva de la vejez en las políticas y campañas públicas. Estas acciones contribuirán a generar un cambio en la sociedad que impulse no sólo la longevidad, sino también el bienestar integral, la calidad de vida y la dignidad en el envejecimiento.

 

Como combatir el edadismo

 

El edadismo se puede combatir mediante las siguientes estrategias:

 

Políticas y legislación, con las que proteger los derechos humanos y abordar la discriminación y la desigualdad existente por razón de la edad.

 

Actividades educativas, para transmitir conocimientos y competencias que promuevan la empatía.

 

Intervenciones intergeneracionales que permiten conectar a personas de diferentes generaciones, con las que reducir o eliminar el edadismo.

 

Desmitificar estereotipos mediante historias positivas y reales, donde poder ver diferentes ejemplos de personas mayores activas, creativas y relevantes.

 

Conclusión: más años, mismos derechos

 

Envejecer no es una patología ni implica una pérdida de valor social del individuo. Por el contrario, representa una etapa vital que merece respeto, atención y reconocimiento. Combatir el edadismo es un paso necesario para construir una sociedad más justa y solidaria, donde los años vividos no sean un motivo de exclusión.

 

Para conseguirlo, es necesario diseñar estrategias de sensibilización e intervenciones socioeducativas -tales como seminarios, conferencias y talleres formativos- orientados a crear una nueva conciencia social, donde las personas mayores puedan vivir con dignidad, participar plenamente y seguir aportando desde su experiencia.

 

 

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

Jorge Gracia Bernal y Juan José Aguilón Leiva

31 de mayo de 2026

Vivimos en una sociedad que envejece rápidamente y se digitaliza aún más deprisa. En España, más del 20 % de la población tiene 65 años o más, y se espera que esta cifra aumente hasta alcanzar el 30 % en 2050, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

La tecnología digital está cambiando muy rápido. Hoy en día, la gestión de citas administrativas, el uso de aplicaciones para la salud, e incluso la declaración de la renta se hace de manera telemática. Ante este escenario nos planteamos la siguiente pregunta ¿Qué pasa cuando las personas que más necesitan estos servicios no saben o no pueden usarlos?

 

Este artículo explora los retos y oportunidades que la tecnología plantea, con una pregunta de fondo: ¿es la tecnología una herramienta para el bienestar de las personas mayores o una barrera más que profundiza en la desigualdad?

 

La brecha digital generacional: una desigualdad silenciosa

 

El término brecha digital generacional se refiere a la diferencia en el acceso, uso y comprensión de las tecnologías digitales entre distintas generaciones.

 

Las personas mayores suelen tener un menor contacto con dispositivos electrónicos, menos experiencia con internet y más dificultades para adaptarse a herramientas digitales que han sido diseñadas, casi siempre, para usuarios jóvenes y familiarizados con el entorno digital. En el artículo Factores que limitan el uso de las TIC en adultos mayores se concluye con que la poca experiencia o menor contacto con los dispositivos electrónicos viene determinada por factores físicos tales como problemas de audición y visión, por factores sociodemográficos que rodean a estas personas y por el bajo nivel educativo en relación a las TIC (Tecnología de la Información y Comunicación).

 

Esta brecha trasciende el ámbito tecnológico para convertirse en un problema social y emocional, ya que limita la participación de este colectivo en un entorno cada vez más conectado y automatizado. La carencia en competencias digitales, el miedo a equivocarse y la percepción de ineficacia ante la tecnología perpetúan un círculo de exclusión.

 

Sistemas sanitarios más digitales: ¿accesibles para todos?

 

La digitalización progresiva de los servicios de salud ofrece una serie de beneficios. Entre estas ventajas destacan el acceso más rápido a la información clínica y a la gestión de citas médicas.  De la misma manera, la telemedicina y la monitorización remota de pacientes reduce la necesidad de desplazamientos al hospital. Para muchas personas, estos cambios suponen una mejora sustancial para cuidar su salud.

 

Pero, para los adultos mayores, esta evolución tecnológica puede constituir un problema nuevo que les impide acceder a los servicios sanitarios.

 

Así manifiesta un estudio del Hospital Clínic de Barcelona. El cual subraya, cómo, la falta de habilidades digitales en las personas mayores se convierte en una barrera real para acceder a los servicios de atención primaria online.

 

No es suficiente con tener acceso a la tecnología si no se acompaña de competencias digitales. Es muy importante que los usuarios puedan entender la información que aparece en internet, saber cómo utilizar las herramientas digitales en la gestión de citas o consultas analíticas y evaluar críticamente la fiabilidad de las fuentes consultadas. La ausencia de habilidades deja a muchas personas de edad en una situación de desventaja, dependiendo de la ayuda de terceros o renunciando a los beneficios de la salud digital.

 

Por todo ello, se han puesto en marcha programas de formación y de alfabetización digital, como son los programas de “Reconectados” de Fundación Telefónica, “CapacitaTIC+55” y Programa de la Fundación “la Caixa”. El objetivo de estos programas es reducir la brecha digital generacional y promover la inclusión digital de este colectivo.

 

Además, es fundamental que los profesionales sanitarios sean conscientes de estas barreras y ofrezcan alternativas analógicas cuando sea necesario, como la posibilidad de solicitar citas por teléfono o recibir información impresa. La telemedicina también debe considerar formatos accesibles, como videollamadas sencillas o incluso consultas telefónicas para aquellas personas con menos habilidades digitales.

 

¿Y si el problema no es la edad, sino el diseño?

 

Otro de los factores que limitan la adopción tecnológica y digital a las personas mayores es la complejidad de las interfaces de webs y de los programas y aplicaciones. En este escenario, los principios del diseño universal permitirían la accesibilidad y la usabilidad de las plataformas, mejorando la interacción de las personas, con independencia de su edad y sus capacidades.  

 

El diseño universal, también conocido como diseño para todos, es un enfoque que busca crear productos y entornos que puedan ser utilizados por la mayor cantidad posible de personas, independientemente de su edad, tamaño, habilidades o discapacidades.

 

Tres principios fundamentales que guían este enfoque:

 

Uso simple e intuitivo: El diseño tiene que ser fácil de entender para cualquiera, sin importar los conocimientos que posea sobre el tema, el idioma o el grado de atención. 

 

Información perceptible: el diseño debe comunicar de forma eficaz la información necesaria al usuario, independientemente de las condiciones ambientales o las capacidades sensoriales del usuario.

 

Tolerancia al error: el diseño debe minimizar los riesgos. Las aplicaciones deben incorporar sistemas que reduzcan la probabilidad de fallos graves ante comandos accidentales, garantizando una navegación segura y una reversibilidad inmediata. 

 

Por otro lado, existen ejemplos de buen diseño que demuestran cómo la tecnología puede ser accesible y usable para todos:

 

Aplicaciones con opciones para aumentar el tamaño de la fuente y el contraste de color, facilitan la lectura para personas con problemas de visión. Interfaces con botones grandes y claramente etiquetados, simplifican la interacción táctil y reducen la posibilidad de errores. Sistemas de navegación sencillos y consistentes, permiten a los usuarios orientarse fácilmente dentro de una aplicación o sitio web.

 

En resumen, aunque generalmente las personas jóvenes y los adultos mayores tienen competencias digitales diferentes, si se utilizan diseños integradores e inclusivos, se pueden evitar muchas barreras tecnológicas que ahora tienen las personas mayores. Si programadores y diseñadores gráficos priorizan conceptos como la claridad, la simplicidad y la legibilidad, es posible crear soluciones accesibles, agradables y útiles para todos, sin importar la edad o las habilidades digitales.

 

 

No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

Yolanda Gracia Rivas

22 de mayo de 2026

“¿El qué? Háblame más alto”. Con seguridad, ha escuchado esta expresión en reiteradas ocasiones. La respuesta habitual consiste en elevar el volumen de la voz o articular con mayor lentitud.

 

Existe una creencia generalizada de que este fenómeno es una consecuencia natural e inevitable del envejecimiento.

 

Pero, ¿y si no es tan inofensivo como parece?

 

La pérdida auditiva en personas mayores – también llamada presbiacusia – no es un simple “oigo menos”, sino que viene acompañada de afecciones en la esfera cognitiva y social.

 

Además, no se trata de un concepto minoritario: su prevalencia es elevada a nivel mundial; se estima que el 65% de los adultos mayores de 60 años la padecen.

 

¿Cómo afecta al cerebro?

 

En la última década, múltiples estudios han evidenciado una asociación entre la demencia y la presbiacusia. De hecho, la comisión de The Lancet concluyó que eliminar la pérdida auditiva en personas mayores podría reducir hasta en un 9% el riesgo de desarrollar el deterioro cognitivo.

 

Este fenómeno se debe a que la pérdida auditiva crónica disminuye la estimulación de las vías auditivas centrales. En consecuencia, el cerebro activa mecanismos compensatorios que incrementan la actividad en las redes neuronales vinculadas al control cognitivo.

 

En términos más sencillos: la disminución de estímulos sonoros obliga al cerebro a “trabajar más” para entender lo que oye, utilizando recursos cognitivos adicionales que, normalmente se dedicarían a la memoria y a la atención. A medio y largo plazo, este sobreesfuerzo puede comprometer el rendimiento cognitivo general.

 

El camino silencioso hacia el aislamiento

 

La audición es clave para la comunicación diaria y representa un factor esencial – frecuentemente infravalorado – para el bienestar social del individuo. A nivel conductual, las personas mayores con pérdida de audición tienden a evitar situaciones de alta exigencia comunicativa, tales como las llamadas telefónicas o la permanencia en ambientes con mucho ruido, debido a la frustración que les genera no poder seguir una conversación.

 

A largo plazo, esta conducta de evitación puede producir: disminución de la participación social, aumento de la sensación de soledad, reducción de interacciones sociales, frustración y ansiedad al no comprender bien y mayor riesgo de depresión.

 

¿Por qué no la atendemos como se merece?

 

A pesar del impacto clínico y social descrito, la presbiacusia constituye una de las condiciones menos tratadas en geriatría. La causa principal es la naturalización de la pérdida auditiva, interpretada erróneamente como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Esta percepción social provoca tanto las personas afectadas como sus familias desestimen los síntomas, retrasando la atención oportuna y el diagnóstico.

 

Asimismo, el estigma social hacia el uso de audífonos – relacionados culturalmente con el envejecimiento y la pérdida de autonomía- refuerza esta problemática. Como resultado, se produce un retraso en la búsqueda de ayuda y una tendencia hacia la negación del problema.

 

Cómo actuar de manera efectiva

 

En primer lugar, es necesario un cambio en la perspectiva sociocultural, abordando el problema bajo criterios objetivos. Los estudios apuntan tres soluciones clave para abordarlo correctamente.

 

Detección precoz. La revisión auditiva debería integrarse en los controles habituales de salud. Esta práctica requiere la identificación de señales de alerta que incluyen dificultad para el seguimiento de las conversaciones, la dependencia de la lectura de labios o la solicitud recurrente de repetición verbal.

 

Cuestionarios como el Inventario de Discapacidad Auditiva para Ancianos (HHIE-S) permiten detectar casos sospechosos y remitirles a pruebas de audiometría más específicas. 

 

Implante coclear o uso de audífonos. Los audífonos contemporáneos no solo amplifican el sonido, sino que mejoran su procesamiento. Un estudio de la Escuela Bloomberg evidenció que su uso se asocia con una prevalencia de demencia un 32 % menor en personas con pérdida auditiva moderada o grave. En estadios clínicos casos más avanzados, el implante coclear constituye la opción terapéutica de elección. Un estudio realizado en 2024 en Australia sugiere la posibilidad de retrasar la aparición de la demencia, prolongando la calidad de vida y promoviendo un envejecimiento saludable.

 

Adaptación del entorno. Existen modificaciones ambientales y conductuales sencillas que facilitan la interacción social. Estas medidas incluyen vocalizar sin gritar, reducir ruidos de fondo (como la televisión), hablar de frente a la persona o gesticular para una mejor comprensión.

 

Conclusión

 

La privación auditiva no se limita a la pérdida de sonidos, implica sino perder conversaciones, conexiones y, en última instancia, el deterioro de la calidad de vida.

 

Merece la pena replantearse el impacto de esta situación que puede iniciar con un “no te escucho, repítemelo” y acabar comprometiendo el estado emocional y cognitivo.  En consecuencia, el diagnóstico precoz y el abordaje terapéutico oportuno no es solo una cuestión de audición, sino de salud general y autonomía.