La importancia del respeto durante el parto

La importancia del respeto durante el parto

Natalia Barrio Forné
19 de mayo de 2026
Uno de los puntos más importantes en materia de salud perinatal es el trato durante el parto. Desde que una mujer sabe que está embarazada comienza un periodo de felicidad tanto para ella como para su familia, pero también empieza una etapa de estrés e incertidumbre, alimentados por las dudas relacionadas con los aspectos fisiológicos, psicológicos, sociales y laborales; sentimientos que pueden aumentar también con la desinformación.

 

La percepción de la experiencia del parto es un tema estudiado en numerosas investigaciones, las cuales asocian la existencia de enfermedades maternas graves con el cuidado irrespetuoso o maltrato durante este proceso.

Situaciones como la falta de empatía o de respuesta ante hechos que le preocupan a la embarazada, pueden incrementar la sensación de desamparo o de inseguridad en este momento vital de la mujer.

 

Cuando se habla de parto respetado, suele unirse al término contrario “violencia obstétrica”, un escenario importante que no debería darse nunca en un parto. Ha sido y es muy investigado por sus claras consecuencias en la salud mental de la mujer, describiendo patologías como la depresión posparto y el estrés postraumático directamente relacionadas con la falta de humanidad, de empatía y maltrato durante el embarazo, parto y posparto.

 

Esto hace que la consecución de un parto respetado sea uno de los objetivos del personal sanitario que atiende a las gestantes.

 

El parto es un suceso transformador que deja huella para el resto de la vida de la mujer. El respeto es sinónimo de satisfacción durante el parto; y de bienestar emocional, psicológico y físico. Es un evento que va más allá de los resultados, ya que influyen el apoyo recibido tanto por parte de los profesionales como por parte del entorno familiar y social de la mujer.

 

Para lograrlo, se han definido algunas estrategias como:

 

  • Cuidar la dignidad, la autonomía y las preferencias de la mujer y del recién nacido.
  • Prevenir la falta de respeto, el maltrato o el abuso hacia las embarazadas y puérperas.
  • Solicitar el consentimiento libre para cualquier práctica, previo a la información y comunicación, y aportar seguridad creando un ambiente de confianza.

 

Estas políticas de atención se han convertido en el epicentro de la atención a la mujer, destacando como prioritario el respeto y la autonomía.

 

Es por ello que en 2011 se inició, por parte del Ministerio de Sanidad, el Plan de Parto, un documento en el que se reflejan por escrito las preferencias y expectativas de la gestante sobre la atención al parto. Este escrito se creó para abarcar todos los periodos del parto y los deseos que suceden en cada uno que incluyen, entre otros, el deseo de anestesia epidural u otros métodos de alivio del dolor, el pinzamiento tardío del cordón o el contacto piel con piel ininterrumpido desde el nacimiento.

 

De todas las opciones, las más subrayadas hacen referencia al acompañamiento, deseando que en todo momento haya una persona de su confianza a su lado, generalmente la pareja; y que sean informados de todos los pasos a seguir durante el trabajo del parto, de tal manera que se sientan partícipes del proceso y, por lo tanto, que vean que sus decisiones conforman el camino hacia el nacimiento de su hijo o hija.

 

Esta herramienta, junto con la incorporación de protocolos de actuación en el sistema sanitario que tengan como bandera la humanización del cuidado durante el proceso del parto, pueden colaborar en el logro de un parto respetado y que cumpla las expectativas y anhelos de los futuros padres.

 

De esta forma, se consigue que el parto se conciba como una vivencia positiva, se garantice la comunicación eficaz y se defiendan los intereses de la embarazada, dejando de lado la desconfianza y las experiencias traumáticas.

 

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Humanización de los cuidados en la atención pediátrica crítica. Una mirada desde la enfermería

Humanización de los cuidados en la atención pediátrica crítica. Una mirada desde la enfermería

Andrea Paúl Nadal

13 de mayo de 2026

Hay familias que han vivido, o puede ser que vivan, una situación inesperada a lo largo de su vida. Porque, aunque parece que en la infancia tiene que primar la salud, hay momentos que da la cara la enfermedad, la necesidad de atención sanitaria crítica. Es en este punto cuando todo se desploma. Y todo cambia.

 

La llegada de un paciente pediátrico a una Unidad de Cuidados Intensivos constituye un momento crítico que exige anticipación, coordinación y precisión técnica. La preparación del box, la transferencia rigurosa de la información clínica entre el equipo sanitario y la monitorización continua son algunos de los aspectos esenciales para garantizar la seguridad del paciente.

 

Sin embargo, más allá de la estabilidad hemodinámica o el correcto funcionamiento de los numerosos dispositivos que dicho ingreso conlleva, existe una dimensión frecuentemente invisibilizada: la emocional. El corazón humano no solo late, también siente. Y es precisamente en ese espacio, en el cuidado de lo invisible, donde la enfermería pediátrica encuentra uno de sus mayores retos y responsabilidades.

 

Según el Diccionario de la Lengua Española, humanizar significa hacer humano, familiar y afable a alguien o algo. Desde una perspectiva más social y transformadora, Paulo Freire lo define como hacer este mundo más habitable para todos.

 

En nuestro ámbito, la humanización surge como respuesta a la creciente tecnificación de los cuidados, que en ocasiones puede derivar en prácticas despersonalizadas. Así, la asistencia sanitaria se plantea desde un modelo que sitúa al paciente y su familia en el centro de la atención, reconociendo sus emociones, valores y necesidades. Podríamos decir que la humanización es la cúspide de la calidad de la asistencia sanitaria; la cual se sostiene gracias a cuatro pilares básicos, que son: el bienestar del paciente, la familia, los propios profesionales y la infraestructura en la que tiene lugar dicha atención sanitaria.

 

El bienestar del niño hospitalizado debe entenderse como un equilibrio entre la curación y el cuidado emocional. El control del dolor, la movilización temprana, la fisioterapia o la higiene son fundamentales, pero en la infancia también lo son aspectos como el juego, la música o la posibilidad de mantener rutinas cotidianas. Iniciativas como la musicoterapia, la personalización del entorno hospitalario, las actividades lúdicas o las visitas “especiales” (payasos, celebraciones o las visitas de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente) contribuyen a transformar el entorno hospitalario en un espacio más amable.

 

Intrínseco a este bienestar, resulta clave la comunicación con nuestros pacientes. En el caso de la Pediatría, el reto es aún mayor, ya que los niños pueden presentar dificultades para comprender o recordar lo sucedido, generando ansiedad o recuerdos traumáticos. El conocido como Síndrome post-cuidados intensivos (PICS) incluye alteraciones cognitivas, emocionales y físicas que pueden persistir tras el alta. Además, la evidencia señala que la ansiedad parental influye directamente en el bienestar psicológico del niño.

 

Por ello, es imprescindible proporcionar apoyo continuo a las familias y fomentar el seguimiento tras el ingreso. Es este reconocimiento de la familia como pilar básico de dicha humanización el que ha dado lugar a un cambio de paradigma en la asistencia sanitaria. El paciente pediátrico no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un binomio inseparable niño–familia. Las recientes y novedosas políticas de puertas abiertas y horarios flexibles han demostrado beneficios significativos: reducción del estrés, mejora en la comunicación y mayor implicación en los cuidados. Lejos de interferir, la familia puede convertirse en un gran aliado terapéutico. Empoderarla implica escucharla, formarla en los cuidados y hacerla partícipe del proceso asistencial.

 

Otro pilar básico es el cuidado de quiénes cuidan. La enfermería pediátrica se enfrenta diariamente a situaciones de alta carga emocional, donde el estrés, el desgaste profesional y el síndrome de burnout son realidades más frecuentes de lo que nos gustaría. La formación en habilidades no técnicas —como la comunicación de malas noticias o la gestión del duelo— es esencial. Modelos como el Crisis Resource Management (CRM), basados en la simulación de alta fidelidad, han demostrado mejorar la seguridad y el trabajo en equipo en entornos críticos. Se debe de reconocer que el error es parte de la condición humana; y esto es lo que nos permite avanzar hacia una cultura de seguridad más abierta, basada en la comunicación y el aprendizaje compartido.

 

Por último, no se debe de dejar de lado la calidad de la infraestructura hospitalaria. El entorno físico influye directamente en la experiencia del paciente, la familia y el profesional. Elementos como la luz natural, la reducción del ruido o la personalización de los espacios contribuyen a generar un ambiente más saludable. La llamada arquitectura humanizada busca transformar las unidades hospitalarias en espacios más cálidos, donde la privacidad, la orientación temporal y la conexión con el exterior sean posibles.

 

Por todo esto, la humanización de los cuidados no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la calidad asistencial. Aunque en ocasiones los recursos materiales pueden ser limitados, nunca debería faltar la imaginación ni la capacidad de mirar más allá de la enfermedad. Porque, al final, cuidar de forma intensiva es también acompañar, escuchar y sostener.

Cáncer de ovario: seis mitos que conviene dejar atrás

Cáncer de ovario: seis mitos que conviene dejar atrás

Cristina Luna Álvarez

8 de mayo de 2026

Cada 8 de mayo se celebra el Día Mundial del Cáncer de Ovario, cuyo objetivo es dar visibilidad a esta enfermedad, que en España fue diagnosticada en 3.582 mujeres en 2024.

Aprovechando esta fecha, es un buen momento para desmontar algunos de los mitos que existen en torno a este tumor. En una época en la que la información circula rápido —y no siempre es fiable—, es especialmente importante ofrecer mensajes claros y rigurosos. Vamos a ello:

 

  • “Necesito hacerme una revisión ginecológica todos los años para detectar el tumor a tiempo.”

 

Lamentablemente, a día de hoy no existe ninguna prueba eficaz para detectar de forma precoz el cáncer de ovario en mujeres sin síntomas, como sí ocurre con otros tumores, como el de colon o el de cérvix.

Esto no significa que en el futuro no pueda desarrollarse un método de cribado eficaz, y por eso la investigación sigue siendo clave.

 

  • “Me hago la citología de cérvix todos los años y es negativa, así que no tengo riesgo.”

 

La citología cervical (o test de Papanicolau) y el estudio del Virus del Papiloma Humano son estudios que se realizan sobre el cuello (o cérvix) uterino, no sobre los ovarios. Por tanto, una citología normal no descarta un cáncer de ovario.

Existen otras pruebas, como la exploración ginecológica o la ecografía transvaginal, que pueden aportar información sobre los ovarios, pero tampoco se utilizan como método de cribado en mujeres sin síntomas. 

 

  • “El cáncer de ovario no da síntomas.”

 

No es del todo cierto. Sí da síntomas, pero el problema es que suelen ser muy inespecíficos y fáciles de confundir con molestias comunes:

 

  • Hinchazón abdominal
  • Dolor o molestias digestivas
  • Ganas frecuentes de orinar
  • Cansancio o pérdida de peso

 

Además, muy frecuentemente estos síntomas aparecen en estados avanzados de la enfermedad. Por eso es importante consultar si son nuevos, frecuentes o mantenidos en el tiempo.

 

  • “El uso de anticonceptivos puede aumentar el riesgo de cáncer de ovario.”

 

No solo no lo aumenta, sino que parece que, inhibiendo la ovulación, este riesgo disminuye.

Aun así, en la mayoría de los casos no está justificado su uso únicamente con este objetivo, sino que se considera un beneficio añadido cuando los anticonceptivos hormonales se utilizan por otros motivos (prevención del embarazo, sangrado menstrual abundante o irregular, etc.).

 

  • “Hay que quitar todos los quistes en los ovarios para evitar el cáncer .”

 

La mayoría de las lesiones que aparecen en los ovarios, especialmente los quistes con contenido líquido, no causan daño alguno y, en muchos casos, se resuelven de forma espontánea.

Por eso, en la mayoría de las situaciones no requieren ninguna intervención más allá del control. Solo se operan en casos concretos, como cuando producen síntomas, aumentan de tamaño o existe duda diagnóstica.

 

  • “El cáncer de ovario es diagnosticado siempre en mujeres post-menopáusicas”

 

Aunque es más frecuente después de la menopausia, puede aparecer a cualquier edad. Por eso es importante no ignorar los síntomas, independientemente de la etapa de la vida en la que se encuentre la mujer.

 

 

¿Cuándo consultar?

 

Aunque, como hemos comentado, los síntomas del cáncer de ovario pueden ser inespecíficos, hay una idea clave: la persistencia. No se trata de alarmarse ante molestias puntuales, sino de prestar atención cuando aparecen de forma nueva y se repiten con frecuencia durante semanas.

 

Ante síntomas como hinchazón abdominal mantenida, dolor persistente o cambios en el ritmo urinario o digestivo, es recomendable consultar con un profesional sanitario. En la mayoría de los casos no se tratará de un problema grave, pero valorarlo permite descartar causas importantes y, en caso necesario, actuar de forma precoz.

 

Además, en mujeres con antecedentes familiares de cáncer de ovario o de mama, es especialmente importante comentarlo con su médico, ya que en algunos casos puede ser necesario un seguimiento más estrecho.

 

El cáncer de ovario sigue siendo un reto, en gran parte porque no disponemos de un método eficaz de detección precoz. Por eso, conocer sus características y desmontar ideas erróneas es fundamental.

 

Informarse con fuentes fiables, escuchar al propio cuerpo y consultar ante síntomas persistentes son herramientas clave para mejorar la atención y el diagnóstico.

 

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La realidad de la maternidad: Importancia de la salud mental de la mujer

La realidad de la maternidad: Importancia de la salud mental de la mujer

Andrea Meix Ibáñez

6 de mayo de 2026

El embarazo, el parto y el periodo del posparto son etapas de especial vulnerabilidad en la vida materna debido a los diferentes cambios físicos y psicológicos que la mujer experimenta, siendo común la aparición de problemas emocionales como ansiedad, miedo, cambios de humor y tristeza.

 

La OMS estima que una de cada cinco madres presentará alteraciones de salud mental durante la gestación o en el año posterior a ella, y que aproximadamente una de cada diez mujeres de ingresos altos padecerá depresión y/o ansiedad perinatal, elevándose la incidencia a una de cada cinco en el caso de mujeres en países de ingresos medios o bajos. Además, si la madre ya tenía un problema de salud mental previo a la etapa perinatal, los síntomas podrían verse agravados. Otras, sin embargo, será la primera vez que los padezcan.

 

Periodo posparto

 

El periodo posparto es aquel que abarca desde el nacimiento del bebé hasta las 6-8 semanas siguientes, siendo un momentoclave en cuanto al establecimiento del vínculo de la madre con su bebé, pero también delicado ya que pueden aparecer diferentes complicaciones.

 

Estas complicaciones se deben principalmente a los cambios hormonales y al proceso de adaptación por el que pasa la mujer. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, se pueden clasificar según la intensidad de los síntomas en maternity blues (tristeza leve y que dura poco tiempo), depresión posparto (más grave y de mayor duración) y psicosis posparto (que incluye delirios y alucinaciones), siendo la más frecuente la depresión posparto.

 

La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que afecta en torno al 15% de las mujeres y que se manifiesta en las primeras 6 semanas después del parto. Sus síntomas principales son los habituales de la depresión unidos a las características específicas del posparto. Estos síntomas incluyen tristeza persistente, pérdida de motivación e interés, preocupación excesiva y aumento o disminución del apetito entre otros, de modo que la calidad de vida de la mujer se ve afectada de forma importante y puede derivar en aislamiento social e incluso en ideación suicida.

 

Vínculo maternoinfantil

 

El vínculo maternoinfantil es la conexión emocional que establece la madre con su bebé durante el embarazo y tras el parto. Aunque realmente esta conexión se inicia durante el embarazo mediante pequeños gestos como la comunicación con el bebé, su desarrollo completo se da en la etapa del posparto. Esto se debe a que ya es posible la interacción física entre ambos y la madre es capaz de percibir las emociones de su hijo, por ejemplo, a través del llanto.

 

Durante los primeros meses de vida del niño, la creación del vínculo depende de muchos factores como el contacto, la lactancia materna y los cuidados que le proporcione la madre. Sin embargo, la depresión posparto materna influye de forma negativa a la hora de crear un vínculo maternoinfantil adecuado, puesto que supone un gran impacto en cómo las madres interactúan y perciben lo que su bebé siente en cada momento.

 

La depresión posparto causa una unión más débil entre la mujer y su hijo, ya que tiene como resultado una menor implicación materna en el cuidado del niño. En casos más graves, puede llegar a provocar conductas de hostilidad e indiferencia en la mujer, interacciones poco frecuentes con su bebé e incluso el abandono de la lactancia materna.

 

Todas estas acciones, al causar una alteración en la relación madre-hijo, pueden tener consecuencias en la salud y desarrollo infantil tanto a nivel físico como psicológico, ocasionando además numerosos problemas sociales en el niño. Por todas estas razones es esencial la formación de un vínculo maternoinfantil satisfactorio, ya que tiene múltiples beneficios tanto en la salud de la mujer como en la de su hijo.

 

Importancia de la promoción de la salud mental materna

 

Debido a la gran repercusión que provocan tanto a corto como a largo plazo la depresión posparto y otras alteraciones emocionales de la madre, es fundamental resaltar la importancia que tiene la prevención y promoción de la salud mental materna. Esto es posible a través del soporte psicológico de la mujer y otras intervenciones realizadas por los profesionales sanitarios, siendo crucial también el apoyo de la pareja y de la familia para crear un ambiente de seguridad en esta etapa de elevada vulnerabilidad.

 

Además, la OMS ha creado una Guía de integración de la salud mental perinatal en los servicios de salud maternoinfantil en la que ofrece información sobre cómo el personal sanitario puede ofrecer promoción, prevención, tratamiento y cuidados sobre la salud mental materna, aportando una mayor calidad de vida en la mujer y un entorno en el que se sentirán cómodas a la hora de compartir sus experiencias personales.

Prevención del cáncer de cuello de útero: la importancia del cribado y la citología

Prevención del cáncer de cuello de útero: la importancia del cribado y la citología

Natalia Costas Ramón
26 de marzo de 2026
El cáncer de cuello de útero, también conocido como cáncer de cérvix, constituye un importante problema de salud pública a nivel mundial. Sin embargo, se trata de uno de los tumores más prevenibles gracias a la combinación de estrategias como la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH) y los programas de cribado poblacional. En España, la incidencia de este cáncer es relativamente baja en comparación con otros países europeos, situándose en torno a 5,2 casos por cada 100.000 mujeres al año, aunque sigue siendo el cuarto cáncer más frecuente entre mujeres jóvenes de 15 a 44 años.

 

La principal causa del cáncer de cuello uterino es la infección persistente por el VPH, una infección de transmisión sexual muy común. Aunque la mayoría de las infecciones por VPH se resuelven espontáneamente, algunas pueden provocar alteraciones celulares que, con el tiempo, evolucionan hacia lesiones precancerosas y, eventualmente, cáncer invasivo.

 

En este contexto, la prevención secundaria mediante el cribado adquiere un papel fundamental. El objetivo de estos programas es detectar lesiones precancerosas antes de que progresen a cáncer, permitiendo así un tratamiento precoz y eficaz. De hecho, el cribado ha demostrado reducir tanto la incidencia como la mortalidad asociada a este tumor.

 

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud lanzó en 2020 una estrategia global para impulsar la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública. Esta iniciativa establece los conocidos objetivos “90-70-90” para el año 2030: que el 90% de las niñas estén vacunadas frente al VPH antes de los 15 años, que el 70% de las mujeres sean sometidas a pruebas de cribado de alta precisión a lo largo de su vida (preferentemente a los 35 y 45 años), y que el 90% de las mujeres con lesiones precancerosas o cáncer reciban el tratamiento adecuado. Esta estrategia refuerza la importancia de combinar prevención primaria (vacunación) y secundaria (cribado) para lograr una reducción significativa de la incidencia y mortalidad a nivel global.

 

 

La citología cervical como herramienta clave

 

La citología cervical ha sido durante décadas la técnica principal de cribado del cáncer de cuello de útero. Consiste en la obtención de una muestra de células del cuello uterino mediante una espátula o un pequeño cepillo, que posteriormente se analizan en el laboratorio para detectar posibles alteraciones celulares. Se trata de una prueba sencilla, rápida y generalmente indolora. Para realizarla, se introduce un espéculo en la vagina con el fin de visualizar el cuello uterino y recoger la muestra. El procedimiento dura unos minutos y no requiere preparación compleja, lo que facilita su implementación en programas de salud pública.

 

La citología permite identificar cambios celulares en fases muy tempranas, incluso antes de que aparezcan síntomas. Esto es clave, ya que el cáncer de cuello uterino suele desarrollarse lentamente, pasando por etapas precancerosas que pueden durar años.

 

 

¿Cuándo y con qué frecuencia realizar la citología?

 

Las recomendaciones sobre la periodicidad del cribado pueden variar ligeramente según las guías clínicas. En España, existen pautas establecidas en torno a la edad:

 

  • Entre los 25 y 29 años: se recomienda realizar una citología cada 3 años.
  • Entre los 30 y 65 años: el cribado se basa preferentemente en la detección del VPH de alto riesgo cada 5 años, aunque la citología sigue siendo una alternativa válida en algunos contextos.
  • A partir de los 65 años: puede suspenderse el cribado si los controles previos han sido normales.

 

Estas recomendaciones responden a la evidencia científica que demuestra que la repetición periódica de las pruebas permite detectar de forma eficaz las lesiones precursoras.

 

 

Población diana del cribado

 

El cribado del cáncer de cuello de útero está dirigido principalmente a mujeres entre los 25 y 65 años, independientemente de si presentan síntomas. Esto se debe a que las lesiones precursoras suelen ser asintomáticas, y su detección depende exclusivamente de las pruebas de cribado.

 

Las mujeres que han sido sometidas a una histerectomía total por causas benignas y sin antecedentes de lesiones cervicales de alto grado no requieren continuar con el cribado. Asimismo, en mujeres vacunadas frente al VPH, las recomendaciones pueden adaptarse ligeramente, aunque en general se mantiene la necesidad de participar en los programas de cribado, ya que la vacuna no cubre todos los tipos de virus oncogénicos.

 

 

Otras técnicas complementarias

 

En los últimos años, el cribado del cáncer de cuello uterino ha evolucionado incorporando nuevas técnicas, especialmente la detección del ADN del VPH. Esta prueba permite identificar la presencia de los tipos de virus con mayor capacidad oncogénica y se utiliza cada vez más como método principal en mujeres mayores de 30 años.

 

Cuando la citología o la prueba del VPH muestran resultados anormales, se recurre a técnicas diagnósticas complementarias como la colposcopia, que permite examinar el cuello uterino con mayor detalle y realizar biopsias si fuera necesario.

 

 

Conceptos claves en torno a la prevención y diagnóstico

 

La prevención del cáncer de cuello de útero es un ejemplo claro de éxito en salud pública. Gracias al conocimiento de su causa principal —la infección por el VPH— y al desarrollo de programas de cribado eficaces, es posible detectar la enfermedad en fases tempranas o incluso evitar su aparición.

 

La citología cervical sigue siendo una herramienta fundamental en este proceso. La participación activa en los programas de cribado y el cumplimiento de las recomendaciones de periodicidad son esenciales para reducir la incidencia y la mortalidad de este cáncer en la población. En definitiva, el cáncer de cuello de útero es en gran medida prevenible, y la clave reside en la combinación de educación sanitaria, vacunación y diagnóstico precoz mediante técnicas como la citología.

 

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El silencio ensordecedor de la endometriosis

El silencio ensordecedor de la endometriosis

Natalia Barrio Forné
14 de marzo de 2026
A nivel mundial, alrededor del 10% de las mujeres en edad reproductiva padecen endometriosis, una enfermedad dependiente de los estrógenos, caracterizada por la presencia de células epiteliales y/o estromales fuera del endometrio y del miometrio. Estas células son similares a las que conforman el endometrio; por lo que al situarse en otra ubicación distinta a la habitual, causan un proceso inflamatorio.

 

Se desconoce la causa exacta pero las investigaciones más recientes apuntan a una influencia de factores genéticos, hormonales e inmunológicos. Tampoco está descrita en la actualidad una curación médica o quirúrgica eficaz, lo que cataloga esta enfermedad como crónica.

 

 

Síntomas asociados a la endometriosis

 

Los síntomas más comunes son el dolor pélvico, fatiga moderada-severa e infertilidad. Esta triada sintomatológica causa una disminución de la calidad de vida y una gran repercusión en el gasto socio-sanitario derivado de las pruebas diagnósticas necesarias, tratamiento y ausencias laborales.

 

El 90% de las mujeres que padecen esta patología presentan dolor pélvico, el cual puede estar presente durante la menstruación (dismenorrea), fuera de ésta y durante las relaciones sexuales con penetración profunda en la vagina (dispareunia profunda). La intensidad del dolor varía de unas mujeres a otras, sin tener relación con el número, la ubicación o el tipo de lesiones.

 

Al igual que sucede en otras personas con dolor crónico, las mujeres que presentan endometriosis tiene más posibilidades de referir fatiga moderada-severa, cuya prevalencia se sitúa entorno al 50%. Este cansancio no está relacionado con anemia y puede repercutir en la calidad del sueño y en el ánimo.

 

Otra problemática asociada a la endometriosis es la infertilidad, que aparece en el 26% de los casos. Esta relación está contemplada entre los estudios recientes pero, a pesar de ello, no se conocen los mecanismos implicados y está calificada como una etiología multifactorial.

 

 

Como mejorar la calidad de vida

 

La endometriosis provoca un gran impacto en el bienestar físico, mental, social y sexual para las mujeres que la padecen por lo que es importante crear herramientas que puedan mejorar su calidad de vida y el tratamiento clínico.

 

Para conseguir un mejor tratamiento clínico, en Aragón en 2022 se actualizó el programa de atención a la endometriosis. Este documento se consensuó de forma multidisciplinar con el trabajo de ginecólogos, fisioterapeutas, matronas y otras especialidades médicas. En éste, se estableció un circuito de atención tanto en el ámbito hospitalario como en los centros de salud que contempla no solo el tratamiento de la enfermedad, sino también la reproducción, la sexualidad, el suelo pélvico y el área psicosomática.

 

Derivado de este programa, en 2023 se creó un folleto informativo dirigido a las pacientes que define la enfermedad y orienta en la evolución, diagnóstico y tratamiento. Además, con el objetivo de contribuir a una mejora de la calidad de vida, se informa sobre la Asociación de Afectadas de Endometriosis de Aragón, una organización que reconoce la afectación que puede tener en el entorno familiar, social y laboral y que ayuda a afrontar los problemas que puedan surgir tanto en las mujeres diagnosticadas como en sus familiares.

 

La endometriosis se vuelve parte de la rutina de estas mujeres, quienes precisan de estrategias de afrontamiento ya que puede acarrear deficiencias importantes y sentimientos de frustración. Es fundamental destacar que la detección precoz y tratamiento clínico ayudan a recuperar la calidad de vida pero en muchos casos no es suficiente.

 

El tiempo transcurrido desde el diagnostico es directamente proporcional a la afectación en la vida diaria, es decir, cuantos más años han pasado desde que la mujer conoce su patología más insatisfacción perciben y los síntomas de depresión y ansiedad son más intensos y frecuentes. Esto está conectado con el apoyo familiar y laboral, puesto que muchas veces se infravalora el dolor menstrual, se normaliza y obliga a las mujeres diagnosticadas a cumplir con sus responsabilidades con la presión de soportar el dolor.

 

 

Conclusión

 

La endometriosis es una enfermedad crónica que incapacita cuando se presenta la sintomatología. Es por ello que es importante no solo tratar la sintomatología sino dar soporte emocional para que las mujeres que la padezcan puedan afrontar más satisfactoriamente la presencia de la patología en su vida.

 

También es necesario impulsar la investigación en este campo para lograr una curación de la endometriosis, lo que implicaría, no solo la desaparición de la cronicidad, sino la recuperación del bienestar, tan necesario para las mujeres diagnosticadas de endometriosis.

 

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