Síndrome del niño zarandeado

Síndrome del niño zarandeado

Roberto Alijarde Lorente

7 de febrero de 2025

El síndrome del niño sacudido o zarandeado es un conjunto de lesiones cerebrales que se producen al sacudir de forma vigorosa y no controlada a un bebé. Zarandear a un bebé unos pocos segundos puede provocar secuelas neurológicas irreversibles o incluso la muerte. La mayor incidencia se encuentra entre los dos y los ocho meses de edad.

¿Cómo se produce el síndrome del niño zarandeado?

 

La cabeza de los bebés y lactantes es grande y pesada respecto al resto del cuerpo, suponiendo aproximadamente el 25% del peso total. Los músculos del cuello son débiles e incapaces de realizar un correcto sostén cefálico. El cerebro es blando y con vasos sanguíneos frágiles. Todo ello lo hace vulnerable al zarandeo, el cerebro se golpea contra las paredes del cráneo pudiendo producir sangrado o inflamación en el cerebro, hemorragias en retina y lesiones a nivel de cuello y médula espinal.

 

El motivo más frecuente de zarandeo es el de un cuidador agotado y enfadado en respuesta a un llanto prolongado e inconsolable del bebé. En ocasiones también lo encontramos en el intento de reanimar ante una situación que se interpreta como amenazante para la vida del bebé (atragantamiento, acceso de tos o apnea). También lo podemos encontrar al lanzar al bebé al aire jugando, aunque generalmente esta última causa no suele ser lo suficientemente enérgica como para provocar lesiones cerebrales; aun así, debe evitarse por riesgo de caída o traumatismo.

 

Tras el zarandeo, podemos encontrar un bebé poco reactivo o más adormilado. También podría estar más irritable de lo habitual, tener vómitos o convulsiones. Tras un zarandeo grave, el 50% de los bebés queda con secuelas graves e irreversibles, como retraso mental o parálisis cerebral, y hasta el 10% puede llegar a fallecer. Otros problemas que podemos encontrar en zarandeos de menor intensidad, son problemas de aprendizaje o coordinación.

¿Se puede evitar el síndrome del niño zarandeado?

 

Todo caso de niño zarandeado ha podido evitarse. Aunque en la mayoría de los casos no había intención de dañar, la fuerza generada por un adulto es suficiente para generar lesiones irreversibles en un bebé. Todo ello nos indica que es fundamental la prevención, el crear protocolos y programas de información a padres, madres y cuidadores principales explicando ya en la maternidad los riesgos que comporta el zarandeo.

 

Los primeros meses en la crianza de un bebé son un momento muy delicado. Debemos ajustar nuestras expectativas y entender que el llanto y la alta demanda forman parte de una etapa normal en el desarrollo, existiendo una gran variabilidad entre bebés en el patrón de comportamiento, llanto y temperamento.  El llanto inconsolable y el cansancio acumulado generan frustración y rabia. Como padres debemos entenderlo, encontrar alternativas y, si es preciso, buscar ayuda y no perder la paciencia.

 

Las causas del llanto excesivo en un bebé son múltiples y muy variadas: hambre, frío o calor, pañal sucio, cansancio, dolor o necesidad de consuelo y contacto. Los padres o cuidadores pueden intentar identificar la causa y dar los cuidados necesarios, y siempre intentar tranquilizar y consolar acariciándole, hablándole de forma suave o cogiéndolo en brazos.

 

Aquellos casos en los que el cuidador interpreta una situación amenazante para la vida del bebé (apnea, espasmo del llanto, atragantamiento o acceso de tos), nunca debemos agitar al niño. Debemos mantener la calma y podemos ponerlo boca abajo sobre nuestro brazo o mantenerlo sentado e inclinado hacia delante sujetando la cabeza, estimular la espalda o, en caso de sospecha de atragantamiento, dar golpes en región interescapular.

 

Tampoco debemos jugar lanzando al bebé al aire. Si se hace de forma enérgica podemos generar lesiones graves. Y, en todo caso, se puede lesionar a consecuencia de un traumatismo o caída.

 

Padres, madres y cuidadores, siempre hay una mejor alternativa. Nunca se debe zarandear a un bebé. Perder el control unos pocos segundos puede tener consecuencias irreversibles.

Incentivos económicos en la lactancia materna: Una mirada desde la economía del bien común

Incentivos económicos en la lactancia materna: Una mirada desde la economía del bien común

María José Carrasco, Isabel Antón y Ana Belén Subirón

27 enero 2025

La lactancia materna es un componente esencial de la salud pública, ya que proporciona nutrientes vitales y fortalece el vínculo entre madre e hijo. Sin embargo, a pesar de sus beneficios ampliamente reconocidos, muchas madres enfrentan desafíos significativos que dificultan la lactancia prolongada. En este contexto, la Economía del Bien Común (EBC) emerge como un modelo de interés para las empresas que refleja el bienestar laboral y promueve un cambio cultural y ético en la sociedad.

 

 

La importancia de la lactancia materna

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, seguida de la introducción de alimentos complementarios junto con la lactancia hasta los dos años o más. La lactancia materna no solo proporciona los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo del bebé, sino que también reduce el riesgo de enfermedades infantiles y mejora la salud materna. Sin embargo, las tasas de lactancia materna varían significativamente entre diferentes países de la región europea y comunidades, a menudo influenciadas por factores sociales, económicos y culturales.

 

 

Desafíos en la lactancia materna

 

Las madres que desean amamantar frecuentemente describen la falta de apoyo en el lugar de trabajo, la presión social para utilizar fórmulas infantiles y la falta de información y recursos. En muchos casos, las políticas laborales no contemplan la necesidad de espacios adecuados para la lactancia u horarios flexibles. Además, la publicidad de productos de fórmula y alimentos complementarios puede influir negativamente en la decisión de las madres de amamantar, promoviendo un consumo que no siempre beneficia la salud de la madre y el niño.

 

 

La economía del bien común como solución

 

La EBC propone un enfoque alternativo que prioriza el bienestar social y ambiental sobre el beneficio económico. Este modelo se basa en principios como la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social, y busca transformar la estructura ética y cultural de la sociedad. En el contexto de la lactancia materna, esto significa crear un entorno que apoye a las madres y fomente la lactancia como una práctica socialmente valorada.

 

 

Espacios de trabajo y políticas de apoyo

 

Una de las estrategias más efectivas para mejorar las tasas de lactancia es la implementación de políticas laborales que apoyen a las madres trabajadoras. Esto incluye la creación de espacios adecuados para la lactancia en el lugar de trabajo y la oferta de horarios flexibles que permitan a las madres amamantar a sus hijos. La EBC aboga por que las empresas reconozcan su responsabilidad social y adopten prácticas que beneficien a sus empleados y a la comunidad en general. Por ejemplo, algunas empresas han comenzado a implementar políticas que permiten a las madres tomar descansos para amamantar o extraer leche.

Estas medidas no solo benefician a las madres y sus hijos, sino que también pueden resultar en una mayor satisfacción laboral y lealtad hacia la empresa. Al alinear sus acciones con los principios de la EBC, las empresas pueden generar un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

 

 

Ejemplos internacionales: El caso de Noruega

 

Noruega es un ejemplo destacado de cómo un enfoque sistemático y organizado puede mejorar las tasas de lactancia materna. Este país ha desarrollado planes de acción que incluyen metas cuantitativas para la lactancia exclusiva y general. Gracias a estas políticas, Noruega ha logrado una tasa de inicio de lactancia del 97% y una tasa de continuación del 71%, cifras que superan la media europea.

La formación continua de los profesionales de la salud también juega un papel crucial en este éxito. Al garantizar profesionales altamente cualificados para apoyar a las madres en su decisión de amamantar, Noruega ha creado un entorno en el que la lactancia materna es valorada y promovida.

 

 

Incentivos económicos y motivación intrínseca

 

La discusión sobre la implementación de incentivos económicos para fomentar la lactancia materna es un tema controvertido. Algunos expertos argumentan que los incentivos monetarios pueden ser efectivos, mientras que otros sugieren que es más importante fomentar la motivación intrínseca de las madres. En lugar de ofrecer incentivos económicos, se podrían proporcionar servicios de asesoramiento gratuitos, tiempo remunerado para amamantar y cuidados infantiles accesibles.

Bajo la perspectiva de la EBC, el apoyo a la lactancia materna debe estar vinculado a dimensiones fundamentales como la dignidad humana y la justicia social. Facilitar la lactancia no solo respeta el bienestar de las madres y los bebés, sino que también puede contribuir a la reducción de desigualdades en el trabajo y a la sostenibilidad ecológica al disminuir la necesidad de productos lácteos artificiales.

 

 

Herramientas para la evaluación y promoción de la lactancia

 

La herramienta «Mothers’ Milk Tool«, desarrollada por un equipo de investigadores, facilita la extrapolación del valor económico de la leche materna en diferentes países. Esta herramienta se basa en modelos predictivos y busca proporcionar a los responsables de políticas, investigadores y defensores una forma de cuantificar la contribución de la lactancia materna a la salud pública y la economía.

Al cuantificar el valor de la leche materna, se puede argumentar de manera más efectiva a favor de políticas que apoyen la lactancia, lo que puede llevar a un mayor reconocimiento de su importancia en la salud pública.

 

 

Conclusiones

 

Las políticas laborales de apoyo a las madres, fortalecer las redes comunitarias y reconocer el valor económico de la lactancia, puede crear un entorno beneficioso para las madres, sus hijos y la sociedad en general. La EBC ofrece un camino hacia el reconocimiento y apoyo de la lactancia materna como práctica esencial para la salud pública.

Prevención del cáncer de cuello de útero

Prevención del cáncer de cuello de útero

Natalia Barrio Forné

22 enero 2025

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial, la prevalencia del cáncer del cuello del útero o cérvix se sitúa en 600.000 casos diagnosticados al año, produciendo la muerte de una mujer cada 90 segundos y situándose como el cuarto cáncer ginecológico más frecuente. Esta patología suele presentarse, especialmente, entre los 35 y 44 años, en mujeres activas laboralmente y países en desarrollo.

 

El cáncer de cuello de útero fue descrito por primera vez por Hipócrates, quien visualizó anomalías cervicales, que denominó úlceras, siendo éstas las precursoras del cáncer de cuello uterino.

 

Se ha objetivado que, el 90% de los casos de cáncer de cuello uterino están producidos por el Virus del Papiloma Humano (VPH), que se transmite por vía sexual. Existen muchos tipos de VPH, siendo el grupo alfa el más relevante clínicamente. Dentro de este subtipo, se dividen en bajo riesgo y alto riesgo, siendo estos últimos los que causan mayoritariamente los cánceres de cérvix. En cambio, los VPH de bajo riesgo suele causar verrugas genitales benignas.

 

Es por ello que es importante una buena educación sanitaria en cuanto a la prevención del cáncer de cuello uterino. Esta prevenciónse debe hacer a través de la vacunación del VPH, la anticoncepción mediante métodos barrera, la realización de citologías periódicas según marca el protocolo del sistema sanitario y una correcta educación sexual.

 

En relación a la vacunación, la OMS ha marcado como objetivo alcanzar el 90% en menores de 15 años para el año 2030. Este límite etario está establecido al considerar que no habrán iniciado las relaciones sexuales, momento ideal para una mejor prevención del VPH y, por lo tanto, para la disminución de la prevalencia del cáncer del cuello del útero. Es por ello que, las vacunas, suelen administrarse entre los niños y niñas de 9 a 14 años.

 

A este respecto, existe controversia acerca de si las vacunas deben distribuirse de igual manera entre hombres y mujeres, pero las investigaciones han demostrado que la vacunación en ambos sexos ayuda a prevenir un número mayor de cánceres de cuello uterino que si se establece únicamente en mujeres.

 

En Aragón, la pauta de vacunación varía en función de la edad, los antecedentes personales, las enfermedades previas o las prácticas sexuales de cada persona, pudiendo llegar a administrarse hasta 3 dosis. No obstante, la vacunación sistemática de niños y niñas se realiza a los 12 años de edad con una sola dosis.

 

Como método anticonceptivo, el preservativo es el adecuado para bloquear la transmisión del VPH si se usa correctamente, por lo que también es otra forma de prevención y, por tanto, de impedir la aparición del cáncer de cérvix.

 

La prueba de Papanicolau o citología se utiliza como método de detección precoz de alteración celular en el cérvix que pueda dar lugar al desarrollo de un cáncer, por lo que un correcto control puede considerarse una forma en sí misma de prevención. Este cribado, que se hizo por primera vez en 1920, consiste en la recolección de células del cuello del útero mediante un cepillo, las cuales se introducen en un medio líquido para, posteriormente, analizarlas en el laboratorio por parte del servicio de Anatomía Patológica y, así, poder encontrar células premalignas y tratarlas antes de su transformación.

 

La educación sexual debe empezar lo más precoz posible, ya que la edad de inicio de la primera relación cada vez disminuye más y el número de parejas sexuales está aumentando en los últimos años. Debe incluir información, no solo de los métodos anticonceptivos existentes, sino de las consecuencias de una práctica sexual sin protección. La responsabilidad inicial de esta educación recae en los padres, quienes tienen que informar sobre las diferentes perspectivas y actitudes hacia la socialización sexual; por lo que las creencias y conocimientos que posean los progenitores afectará a la visión que pueda adquirir su descendencia.

 

Hay que tener en cuenta también que, el éxito de esta comunicación, se basará en la elección del momento adecuado para comenzar estas charlas, así como el contenido a tratar y la frecuencia de estas conversaciones.

 

En consecuencia, la ausencia de educación sanitaria en relación a la prevención del cáncer de cérvix o la falta de acceso o distribución desigual entre Comunidades Autónomas al programa de vacunación en relación con el VPH contribuye al desequilibrio en materia de prevención del cáncer de cuello de útero.

Alimentación navideña en embarazadas

Alimentación navideña en embarazadas

Natalia Barrio Forné

30 diciembre 2024

La época navideña es un auténtico reto para las mujeres embarazadas, que tienen que enfrentarse a numerosos eventos sociales y, además, cumplir con las recomendaciones alimentarias derivadas de su estado grávido.

La gestación conlleva una serie de modificaciones en la fisiología materna para conseguir un equilibrio entre el desarrollo embrionario y fetal y las necesidades energéticas de la futura madre. Uno de los cambios más importantes se produce en el sistema endocrino de manera que, en algunas ocasiones, se pueden provocar alteraciones en la evolución del embarazo y, por lo tanto, complicaciones en el crecimiento del feto.

 

Además, también se producen variaciones en la percepción del gusto y en los patrones de alimentación, con una mayor motivación para consumir alimentos más sabrosos, todas ellas derivadas de los cambios fisiológicos que ocurren a nivel neurológico. Por consiguiente, la prohibición o la no accesibilidad de los alimentos de preferencia de la gestante puede inducir consecuencias a nivel psicológico.

 

Todo esto nos lleva a ajustar las recomendaciones en la alimentación con las transformaciones que suceden a nivel físico en las gestantes, sin prejuicio del ejercicio que se debe realizar en este periodo vital.

 

De forma general, la ingesta calórica en mujeres embarazadas con un índice de masa corporal (IMC) dentro de los límites considerados normales debe aumentar de media aproximadamente en 300kcal/día, teniendo en cuenta que, durante el primer trimestre, el consumo debe ser el mismo que antes del embarazo y, durante el segundo y tercer trimestre, incrementarlo a 340kcal y 450kcal por día, respectivamente. Estas cifras pueden variar en función de si es una gestación gemelar o si hay antecedentes asociados, como obesidad y cirugía bariátrica.

Se debe tener en cuenta que las frutas, las verduras, la fibra y las vitaminas y minerales deben ser los protagonistas en la dieta de las gestantes, en contraposición a los alimentos procesados que no deberían consumirse. Durante estos días es importante seguir cuidándose, teniendo preferencia por los productos integrales tanto como sea posible, aceites vegetales para el cocinado, limitando el consumo de carne roja, cafeína, bebidas azucaradas y sal, así como favorecer el consumo de fruta, legumbre y verdura durante toda la semana.

Los pescados, muy presentes en la alimentación durante la Navidad, no deben contener altas cantidades de sustancias nocivas como el mercurio. Se ha comprobado que, aquellas embarazadas que comen pescado y marisco, presentan un mejor desarrollo cerebral y visual de los fetos,  con menores tasas de depresión o ansiedad respecto a las que no los consumen.

Además, los alimentos procesados y envasados están más expuestos a ftalatos que los alimentos frescos y sin procesar. Los ftalatos son un grupo de compuestos químicos presentes en la producción de plásticos, artículos de higiene personal y otros productos comerciales. La exposición a los ftalatos puede conllevar un riesgo de bajo peso al nacimiento, parto prematuro y otras alteraciones en la salud materno-infantil.

Por otra parte, está el alcohol. Durante la época navideña las celebraciones van asociadas, en muchas ocasiones, a comidas copiosas con vino o cerveza, al brindis con cava o a la sobremesa con bebidas espirituosas, llegando a reflejarse en algunos estudios que, entre el 61% y 87% de las gestantes, habían bebido alcohol debido a ocasiones especiales previo al reconocimiento del estado grávido. Estas cifras cambian en las primeras semanas de la gestación, ya que el 89% cesa totalmente el consumo de alcohol, pero una pequeña parte de embarazadas continúa ingiriéndolo en niveles bajos, es decir, una o dos bebidas, debido a la coincidencia con eventos señalados.

La recomendación actual que han publicado numerosas asociaciones científicas es la abstinencia durante el embarazo, puesto que no existen niveles seguros de exposición prenatal al alcohol. Se ha documentado que, incluso los niveles bajos, pueden afectar al desarrollo cerebral, provocando problemas psicológicos, de comportamiento y dismorfología facial.

A pesar de que estos consejos se publicitan y se extienden por toda la población, tanto en embarazadas como en la comunidad general, las investigaciones corroboran que las tasas de alcohol no han cambiado significativamente, observándose dicho consumo en mujeres que ingerían frecuentemente alcohol antes del embarazo y en aquellas que tienen una actitud neutral o positiva hacia el mismo. Este hecho hace que sea preciso un soporte específico a las gestantes que consumen alguna cantidad de alcohol y, sobre todo, un cambio en lo que debe ser socialmente aceptable.

¿Un primitivo test de Apgar? El rol de las matronas en la valoración del recién nacido en la Antigüedad

¿Un primitivo test de Apgar? El rol de las matronas en la valoración del recién nacido en la Antigüedad

María García-Magán

17 diciembre 2024

En 1953, la doctora Virginia Apgar publicó en la prestigiosa revista Anesthesia & Analgesia un artículo que marcaría un antes y un después en el campo de la obstetricia y la ginecología. Y es que este sería el foro elegido por la anestesista para la presentación del posteriormente conocido como test de Apgar, un examen clínico realizado a los recién nacidos con el objetivo de valorar su estado general inmediatamente después del parto.

Más concretamente, el test de Apgar valora cinco signos clínicos en el neonato: el esfuerzo respiratorio, la frecuencia cardíaca, el tono muscular, los reflejos y la coloración de la piel. El profesional sanitario asigna a cada uno de estos cinco parámetros una puntuación de entre 0 y 2 puntos y, posteriormente, suma el resultado de cada uno de ellos. De este modo, se obtiene un resultado final comprendido entre 0 y 10 puntos que indica el estado general del recién nacido (a mayor puntuación mejor estado). Este test se realiza en el primer minuto de vida para conocer la tolerancia al parto del neonato y se repite a los cinco minutos tras el nacimiento para analizar la evolución del recién nacido y su adaptación al medio.

Así pues, nos encontramos ante una herramienta rápida y de fácil aplicación, utilizada tanto por médicos obstetras, pediatras y matronas, que no solo valora el estado general del recién nacido, sino que también tiene capacidad para orientar en su pronóstico y predecir la supervivencia del neonato. Por todas estas razones, en la actualidad su uso está ampliamente extendido a nivel mundial, a pesar de que ya desde hace décadas se cuestiona su fiabilidad y valor, lo que ha dado lugar a la propuesta de nuevas alternativas e instrumentos de valoración del neonato inmediatamente después del parto. Sin embargo, la OMS sigue recomendando su aplicación, que está plenamente implantada en nuestro país y constituye una herramienta fundamental en el desempeño profesional de las matronas en la actualidad.

No obstante, la doctora Apgar publicó su trabajo a mediados del siglo XX, algo que resulta reciente puesto en perspectiva en el contexto de la longue durée de la Historia de la Ciencia. Por este motivo resulta legítimo preguntarse: ¿cómo se valoraba a los recién nacidos antes de la aparición del famoso test?, ¿sobre qué figuras recayó la responsabilidad de llevar a cabo este examen?, ¿con qué fin? Y aunque las respuestas a estas preguntas podrían ser tan numerosas como sociedades han existido, a continuación, intentaremos resolver estas cuestiones a partir de las fuentes de una de las culturas que más influencia ha tenido en el devenir de la civilización occidental: el mundo clásico.

La importancia de las matronas durante la Antigüedad es un hecho indiscutible (téngase en cuenta que en este texto utilizamos el término matrona en su acepción actual en castellano y no con su significado en lengua latina). La investigación presume que, la mayoría de las matronas, basaría su práctica en la transmisión oral de saberes entre generaciones, y que sus conocimientos serían eminentemente prácticos. No obstante, algunos datos nos hacen pensar que tal vez una parte de este colectivo pudo estar alfabetizado e incluso recibir algún tipo de formación de naturaleza teórica.

De hecho, el médico griego Sorano —principal figura en el campo de la obstetricia desde los primeros siglos de nuestra era hasta la Edad Moderna— describió a la “matrona ideal” como aquella que, además de acumular saberes prácticos, poseyó una formación teórica (Sor.Gyn.1.3-4). Precisamente, gracias a este médico y a su tratado Ginecología, podemos entender mejor no solo a la propia figura de la matrona, sino también conocer sus competencias y, en concreto, los cuidados que dispensó a los recién nacidos durante la Antigüedad.

Las matronas desempeñaron un papel fundamental en la reproducción social de la antigua Roma, en tanto que fueron las encargadas de valorar la viabilidad de los recién nacidos. Se ha de tener en cuenta que las matronas no solo dispensaron cuidados a la mujer durante la etapa del embarazo y se encargaron de atender su parto, sino que también fueron fundamentales en el cuidado de los recién nacidos.

Como cuenta Sorano, tras la expulsión del neonato, la matrona lo recogía y anunciaba su sexo mediante un gesto de la mano que, por desgracia, desconocemos. A continuación, depositaba al neonato en el suelo y comenzaba a examinar su estado general, realizando una inspección visual en busca de cualquier anomalía física. La matrona valoraba la fuerza del llanto del bebé y examinaba sus miembros, comprobando su tono y sensibilidad (dos valoraciones que coinciden con dos de los parámetros del actual test de Apgar). Además, la matrona también debía comprobar que “sus conductos, es decir, los oídos, nariz, faringe, uretra, ano” estuvieran “libres de obstrucción” (Sor.Gyn.2.10). En otras palabras, la matrona valoraba la funcionalidad de los órganos del neonato y la permeabilidad de la vía área (un último aspecto que también forma parte del examen rutinario que realizan las matronas en la actualidad).

No obstante, la responsabilidad de la matrona en el mundo antiguo excedía las atribuciones de las matronas en la actualidad, pues el resultado de esta valoración determinaba “si merecía la pena que el bebé fuera criado”, en palabras de los antiguos. Si el juicio de la matrona era desfavorable, el neonato podía ser abandonado en una práctica conocida como expositio, muy lejana a los valores morales de la sociedad actual. Es por ello que se afirma que las matronas desempeñaron un rol central en la reproducción socialdel mundo clásico pues, al fin y al cabo, fueron quienes determinaron el destino de los individuos nacidos durante esta época mediante este primer juicio.

Aunque que no existen evidencias ni razones para pensar que la doctora Apgar tomara como referencia el trabajo de las matronas en la Antigüedad, no dejan de resultar curiosas las indiscutibles similitudes entre la valoración del recién nacido en época antigua y los parámetros establecidos por el actual test de Apgar. Estos paralelismos nos indican que, si bien es cierto que las prácticas desarrolladas por las matronas en la Antigüedad no se basaron en la evidencia científica, tampoco pueden ser desdeñadas como “primitivas”, pues casi dos milenios más tarde forman parte de la práctica habitual de las matronas del siglo XXI.

Violencia obstétrica

Violencia obstétrica

Natalia Barrio Forné

27 Noviembre 2024

La atención al parto ha evolucionado mucho a lo largo de los tiempos, desde la atención domiciliaria hasta la atención hospitalaria, donde se han practicado técnicas no apoyadas en ocasiones por la evidencia científica.

Es por ello, que en 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre ciertas prácticas irrespetuosas e inadecuadas durante la asistencia al parto, concretando que serían actitudes calificadas como violentas en el ámbito de la obstetricia los “abusos físicos, la humillación profunda, el abuso verbal, los procedimientos médicos no consentidos, la falta de confidencialidad, no aportar un consentimiento realmente informado, negativa a administrar analgésicos, graves violaciones de la privacidad, negativa de admisión de centros de salud, descuido de las mujeres durante el parto para que sufran complicaciones evitables y potencialmente mortales, y detección de las mujeres y sus recién nacidos en los centros sanitarios debido a la incapacidad de pagar”. De ahí surgió el término Violencia Obstétrica, aunque no tiene una definición consensuada ni existen instrumentos válidos que la detecten, se han incluido en este concepto intervenciones como la falta de acompañamiento, la realización de cesáreas innecesarias, exploraciones vaginales rutinarias, el uso de oxitocina, la maniobra Kristeller o no respetar el plan de parto en las ocasiones en las que se podía haber hecho.

Más tarde, en julio de 2019, la Asamblea General de la ONU publica un informe sobre las movilizaciones que había en diferentes países en contra de la violencia obstétrica y propone que la violencia durante el parto se visualice como una falta de protección hacia los derechos humanos de las mujeres.

Hoy en día, la prevalencia de este evento es cada vez mayor. Entre el 25% y el 78% se ha sentido afectada por un proceso de violencia obstétrica durante su parto.   Estos porcentajes demuestran que la violencia obstétrica está presente en nuestra sociedad, a pesar de que no sea aceptada en muchos países. Se ha comprobado también que las características sociodemográficas; como el estado civil, la edad, el nivel de estudios, el nivel de ingresos o el tipo de empleo; no están asociadas al riesgo de sufrir este tipo de violencia.

Se han objetivado que las consecuencias de este tipo de violencia pueden tener efectos tanto a corto como a largo plazo en la salud física, psicológica y sexual de las mujeres, además de afectar al vínculo con el recién nacido. Por lo que la creación de instrumentos que la detecten precozmente podría tratar a tiempo un problema actual en nuestra comunidad. Sin embargo, la experiencia del parto es subjetiva y está sujeta a la sensibilidad de las mujeres o la capacidad individual de afrontamiento ante la incertidumbre del parto.

En esta detección también influye la percepción de los profesionales. Algunos estudios afirman que solo el 25% de los especialistas en obstetricia ha presenciado algún caso de violencia obstétrica en su servicio.

La difusión de esta circunstancia ha despertado el interés social, llevando a la creación de una legislación para abordarlo y penalizarlo, ya sea por acción u omisión.

También ha influido en los profesionales especialistas en obstetricia, quienes se preocupan cada vez más de estos eventos, aunque el 44% de ellos consideran que no se está actuando correctamente. La mayoría, en especial las matronas, consideran que la información veraz y la formación completa y basada en la evidencia son las herramientas que pueden ayudar a concienciar de la gravedad de esta esta problemática y, así, poder erradicarla. Estos conocimientos se adquieren sobre todo a través del programa de educación maternal, el cual incluye un compendio de sesiones que se imparten en atención primaria, constituyendo la puerta de entrada clave para la vinculación entre la matrona y la gestante.

La unión de todos estos factores empuja hacia la atención humanizada durante el parto, hacia una comunicación eficaz de los especialistas en obstetricia con las gestantes y, por lo tanto, hacia una relación paciente- profesional de confianza y de calidad.

Es muy importante que la embarazada se siente segura en el proceso, ya que esto promueve la comprensión mutua y el reconocimiento de los sentimientos de ambas partes.

Este entendimiento evita en muchas ocasiones desigualdades en materia de salud y fomenta la experiencia positiva entorno al parto, principalmente en cuanto a las prácticas que puedan llevarse a cabo dentro del mismo, haciendo que se acepten y contemplen como necesarias y no como impuestas por una actitud de superioridad y patriarcal por parte de los sanitarios.