Efectos del uso de pantallas electrónicas en el descanso de población infanto-juvenil
Efectos del uso de pantallas electrónicas en el descanso de población infanto-juvenil
Juan José Ortega-Albás y Carlos Pascual Jarque
17 de marzo de 2025
En el siglo XVII el sueño era bifásico, es decir, se dividía en dos fases separadas por un periodo de vigilia.
La primera parte ocurría entre las diez de la noche y la una de la madrugada. Luego le seguía un paréntesis de vigilia, con aproximadamente tres horas de duración. La segunda etapa era el sueño mañanero, que se prolongaba otras cuatro horas.
El sueño bifásico llegó a ser marginal en el núcleo urbanizado e iluminado del noroeste de Europa en el siglo XVIII, pasando a ser monofásico y con un retraso en la hora de dormir.
Thomas Alva Edison, considerado el padre de la bombilla eléctrica (inventada en 1879), opinaba que el sueño “es un vestigio de nuestro pasado cavernícola”. Quizá por ello no sorprende que el desprestigio del descanso nocturno se iniciara con el descubrimiento de la luz eléctrica, que permitió iluminar la noche. Y los niños y adolescentes fueron, probablemente, los más perjudicados.
Niñez, pantallas y sueño
El uso de pantallas se relaciona con una disminución de la duración del sueño y/o la eficiencia del mismo. Un estudio español realizado en niños con edades comprendidas entre los 2-6 años puso de manifiesto que ver la TV durante 1 hora y media o más se correlacionaba con una duración de sueño más acortada; los niños de edades entre los 8-12 años que ven la TV/DVD y juegan con video/ordenador tienen una duración de sueño menor y además una percepción de sueño o descanso insuficiente.
En el momento actual parece clara la interconexión entre el metabolismo y el sueño. Los efectos del “tiempo en pantalla” excesivo se observan en la cantidad y calidad del sueño; y un sueño insuficiente para la edad del niño, va a provocar alteraciones en el metabolismo, con tendencia al sobrepeso y a la resistencia a la insulina, y en último término, obesidad y diabetes mellitus. Los niños pequeños en particular y de grupos sociales marginados son los más susceptibles a un tiempo excesivo en pantalla.
Los niños con una TV en su habitación tienen un riesgo incrementado de obesidad, pobres hábitos de sueño, uso de sustancias y exposición a contenido sexual. Es por ello que deberían situarse las pantallas en estancias comunes donde su uso pueda ser monitorizado.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños menores de 2 años no utilicen medios electrónicos, y los mayores de 2 años deberían restringir su uso a menos de 2 horas por día. Está claro que no se cumple en casi ningún país del mundo.
Como recomendaciones:
- Esforzarse para limitar el tiempo de pantalla durante las comidas.
- Promover la relación interpersonal y los hábitos de alimentación saludables.
- Los servicios de salud deben desarrollar recomendaciones para limitar el tiempo en pantalla.
- El papel de los padres en fijar contenidos que promuevan el aprendizaje.
Cambios que alteran el sueño en la adolescencia
La adolescencia provoca cambios importantes en la conducta, y el sueño no es una excepción. La principal modificación en la fisiología del sueño es un retraso en el tiempo del reloj circadiano, situado en el hipotálamo y encargado de sincronizar ritmos como el propio sueño, la temperatura corporal, la alimentación o la actividad física. Eso conduce a un retraso fisiológico en la hora de conciliar el sueño y de levantarse por la mañana.
También se produce más tolerancia a la presión homeostática de sueño, o sea, una mayor resistencia a la privación de éste.
Como consecuencia, la hora de ir a dormir es cada vez más tardía, mientras que la de despertarse cambia poco, ya que está determinada por el inicio de las clases. Esta circunstancia hace que el promedio del sueño en los adolescentes descienda drásticamente.
El sueño, escultor del cerebro
Este descenso es un aspecto muy importante, ya que el descanso nocturno contribuye a esculpir su cerebro. Durante la adolescencia disminuye el sueño lento profundo (fase N3 de sueño no REM), debido a la reducción del volumen de la sustancia gris cerebral. Por contra, se incrementa el volumen de la sustancia blanca, es decir, las conexiones que se establecen dentro del cerebro y fuera de él.
También existe una correlación entre el cociente intelectual y la amplitud y densidad de los denominados husos de sueño (spindles), característicos del sueño lento superficial (fase N2 de sueño no REM) y que se expresan mucho más intensamente en la adolescencia que en la niñez.
Es lógico que el sueño insuficiente impacte en el estado de ánimo de los adolescentes, aumentando los síntomas depresivos, la ansiedad y la reactividad emocional. De hecho, el sueño se encuentra alterado en el 95 % de los trastornos psiquiátricos (depresión, TDAH, trastorno por control de impulsos, ansiedad y trastorno bipolar).
Su privación incrementa las conductas nocivas entre los estudiantes de instituto: conducción bajo los efectos del alcohol, peleas, ideación o intento de suicidio, consumo de tóxicos y conducta sexual arriesgada. Y favorece la obesidad.
Pantallas electrónicas: el impacto de la luz azul
La era digital actual no contribuye precisamente a solucionar el problema. Tabletas, ordenadores o móviles emiten una luz azul enriquecida que bloquea la secreción de melatonina, hormona clave para inducir sueño y sincronizar los ritmos circadianos.
Los efectos nocivos de estos dispositivos en el sueño del adolescente han sido publicados ampliamente. No obstante, el retraso de fase característico de este rango de edad no parece depender de una mayor sensibilidad a la luz por la noche, sino del retardo en el tiempo de su reloj circadiano.
Es un círculo vicioso: a menor duración del sueño, mayor exposición a pantallas el día después por culpa de la fatiga creciente, que aboca a la conducta sedentaria. Y, por otro lado, disminuye el tiempo de actividad física, beneficiosa para el sueño.
En conclusión …
El sueño es fundamental en la maduración cerebral de los adolescentes y desempeña un papel clave para apoyar su bienestar mental y sus funciones cognitivas. Intervenciones en salud pública como retrasar una hora el inicio de las clases mejoraría su atención en el aula, provocaría menos retrasos y, en definitiva, reduciría la tasa de fracaso escolar.
This work is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

Última entrada
¿Quieres colaborar con nosotros en la creación de artículos para la web?
Descarga aquí las normas de colaboración con OCODES para autores/as.



