Efectos del uso de pantallas electrónicas en el descanso de población infanto-juvenil

Efectos del uso de pantallas electrónicas en el descanso de población infanto-juvenil

Juan José Ortega-Albás y Carlos Pascual Jarque

17 de marzo de 2025

En el siglo XVII el sueño era bifásico, es decir, se dividía en dos fases separadas por un periodo de vigilia.

La primera parte ocurría entre las diez de la noche y la una de la madrugada. Luego le seguía un paréntesis de vigilia, con aproximadamente tres horas de duración. La segunda etapa era el sueño mañanero, que se prolongaba otras cuatro horas.

El sueño bifásico llegó a ser marginal en el núcleo urbanizado e iluminado del noroeste de Europa en el siglo XVIII, pasando a ser monofásico y con un retraso en la hora de dormir.

Thomas Alva Edison, considerado el padre de la bombilla eléctrica (inventada en 1879), opinaba que el sueño “es un vestigio de nuestro pasado cavernícola”. Quizá por ello no sorprende que el desprestigio del descanso nocturno se iniciara con el descubrimiento de la luz eléctrica, que permitió iluminar la noche. Y los niños y adolescentes fueron, probablemente, los más perjudicados.

Niñez, pantallas y sueño

El uso de pantallas se relaciona con una disminución de la duración del sueño y/o la eficiencia del mismo. Un estudio español realizado en niños con edades comprendidas entre los 2-6 años puso de manifiesto que ver la TV durante 1 hora y media o más se correlacionaba con una duración de sueño más acortada; los niños de edades entre los 8-12 años que ven la TV/DVD y juegan con video/ordenador tienen una duración de sueño menor y además una percepción de sueño o descanso insuficiente.

En el momento actual parece clara la interconexión entre el metabolismo y el sueño. Los efectos del “tiempo en pantalla” excesivo se observan en la cantidad y calidad del sueño; y un sueño insuficiente para la edad del niño, va a provocar alteraciones en el metabolismo, con tendencia al sobrepeso y a la resistencia a la insulina, y en último término, obesidad y diabetes mellitus. Los niños pequeños en particular y de grupos sociales marginados son los más susceptibles a un tiempo excesivo en pantalla.

Los niños con una TV en su habitación tienen un riesgo incrementado de obesidad, pobres hábitos de sueño, uso de sustancias y exposición a contenido sexual. Es por ello que deberían situarse las pantallas en estancias comunes donde su uso pueda ser monitorizado.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños menores de 2 años no utilicen medios electrónicos, y los mayores de 2 años deberían restringir su uso a menos de 2 horas por día. Está claro que no se cumple en casi ningún país del mundo.

Como recomendaciones:

  • Esforzarse para limitar el tiempo de pantalla durante las comidas.
  • Promover la relación interpersonal y los hábitos de alimentación saludables.
  • Los servicios de salud deben desarrollar recomendaciones para limitar el tiempo en pantalla.
  • El papel de los padres en fijar contenidos que promuevan el aprendizaje.
Cambios que alteran el sueño en la adolescencia

La adolescencia provoca cambios importantes en la conducta, y el sueño no es una excepción. La principal modificación en la fisiología del sueño es un retraso en el tiempo del reloj circadiano, situado en el hipotálamo y encargado de sincronizar ritmos como el propio sueño, la temperatura corporal, la alimentación o la actividad física. Eso conduce a un retraso fisiológico en la hora de conciliar el sueño y de levantarse por la mañana.

También se produce más tolerancia a la presión homeostática de sueño, o sea, una mayor resistencia a la privación de éste.

Como consecuencia, la hora de ir a dormir es cada vez más tardía, mientras que la de despertarse cambia poco, ya que está determinada por el inicio de las clases. Esta circunstancia hace que el promedio del sueño en los adolescentes descienda drásticamente.

El sueño, escultor del cerebro

Este descenso es un aspecto muy importante, ya que el descanso nocturno contribuye a esculpir su cerebro. Durante la adolescencia disminuye el sueño lento profundo (fase N3 de sueño no REM), debido a la reducción del volumen de la sustancia gris cerebral. Por contra, se incrementa el volumen de la sustancia blanca, es decir, las conexiones que se establecen dentro del cerebro y fuera de él.

También existe una correlación entre el cociente intelectual y la amplitud y densidad de los denominados husos de sueño (spindles), característicos del sueño lento superficial (fase N2 de sueño no REM) y que se expresan mucho más intensamente en la adolescencia que en la niñez.

Es lógico que el sueño insuficiente impacte en el estado de ánimo de los adolescentes, aumentando los síntomas depresivos, la ansiedad y la reactividad emocional. De hecho, el sueño se encuentra alterado en el 95 % de los trastornos psiquiátricos (depresión, TDAH, trastorno por control de impulsos, ansiedad y trastorno bipolar).

Su privación incrementa las conductas nocivas entre los estudiantes de instituto: conducción bajo los efectos del alcohol, peleas, ideación o intento de suicidio, consumo de tóxicos y conducta sexual arriesgada. Y favorece la obesidad.

Pantallas electrónicas: el impacto de la luz azul

La era digital actual no contribuye precisamente a solucionar el problema. Tabletas, ordenadores o móviles emiten una luz azul enriquecida que bloquea la secreción de melatonina, hormona clave para inducir sueño y sincronizar los ritmos circadianos.

Los efectos nocivos de estos dispositivos en el sueño del adolescente han sido publicados ampliamente. No obstante, el retraso de fase característico de este rango de edad no parece depender de una mayor sensibilidad a la luz por la noche, sino del retardo en el tiempo de su reloj circadiano.

Es un círculo vicioso: a menor duración del sueño, mayor exposición a pantallas el día después por culpa de la fatiga creciente, que aboca a la conducta sedentaria. Y, por otro lado, disminuye el tiempo de actividad física, beneficiosa para el sueño.

En conclusión …

El sueño es fundamental en la maduración cerebral de los adolescentes y desempeña un papel clave para apoyar su bienestar mental y sus funciones cognitivas. Intervenciones en salud pública como retrasar una hora el inicio de las clases mejoraría su atención en el aula, provocaría menos retrasos y, en definitiva, reduciría la tasa de fracaso escolar.

Maternidad y mundo laboral

Maternidad y mundo laboral

Natalia Barrio Forné

8 de marzo de 2025

La evolución del mercado laboral a lo largo del siglo XX ha permitido la incorporación de la mujer, reconociendo dicho trabajo mediante la remuneración. Este hecho ha dado lugar a un cambio en el núcleo familiar, modificando progresivamente los roles de sus miembros, desde el concepto tradicional al reparto equitativo de las tareas domésticas y cuidados de las personas vulnerables.

Esto ha supuesto en la mujer un papel productivo, además del reproductivo, por lo que ha sido necesario adaptar políticas de protección de la maternidad, favoreciendo así la continuidad laboral de la mujer. Ejemplo de ello es la existencia de apoyo por parte de las instituciones como la creación de guarderías, del permiso de maternidad remunerado o flexibilidad de las jornadas laborales.

En relación con el permiso remunerado, la primera ley que reguló la protección a la maternidad en España se remonta al año 1900, donde se recogió que las madres podían acogerse a un permiso a partir del octavo mes de embarazo, si era necesario, y tenían prohibido trabajar en las 3 primeras semanas después del parto. Después, en 1929, se creó otra ley que ya reconocía la remuneración del permiso maternal.

El punto de inflexión a nivel legislativo ocurre en 1995 con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, momento en el que se establecen medidas específicas para proteger a las trabajadoras embarazadas de los riesgos derivados de su empleo.

Con el paso de los años se han ido modificando las prestaciones sociales, incluyendo periodos como la lactancia o eliminando el requerimiento de la cotización previa y cubriendo por parte de la seguridad social el 100% del sueldo. En la actualidad, cuentan con 16 semanas de permiso por maternidad, siendo obligatorias las 6 primeras después del parto, pudiendo solicitar las otras 10 semanas tanto antes de la fecha probable de parto como después de este periodo obligatorio. Además, en los casos de adopción internacional, pueden solicitar este permiso hasta 4 semanas antes de la fecha prevista para efectuarla.

 

El otro lado de la moneda aparece cuando se genera la duda de cuál es el momento idóneo para iniciar esa baja maternal. Hoy en día, las embarazadas suelen trabajar dos terceras partes del tiempo en el que pueden mantenerse en activo, aunque las bajas por enfermedad común son el mecanismo más frecuentemente utilizado para gestionar los problemas de salud relacionados con la maternidad o con las exigencias propias de la ocupación laboral que desempeñan. Entre los motivos más comunes destacan el cansancio y problemas para dormir; dolores neuromusculares, especialmente en lumbares y sacro, así como náuseas y vómitos.

Estas bajas suelen presentarse sobre todo durante el último mes de gestación, objetivándose, por el contrario, que persisten en su lugar de trabajo más allá de la semana 36 quienes se encuentran en puestos con condiciones ocupacionales más favorables.

El problema viene cuando la embarazada no tiene un periodo de cotización mínimo para acogerse a una baja médica, puesto que esta está remunerada por el sistema sanitario y no por la mutua, como ocurre por la baja de protección de maternidad. Por lo tanto, es probable que las gestantes más jóvenes se esperen a conseguir la baja por el médico de la empresa.

Para aquellas que obtienen la baja por el médico de atención primaria y que desean después continuar con la baja médica administrada por el servicio de prevención de la empresa, tienen dificultades en la gestión administrativa, por lo que suelen continuar con la baja médica hasta la fecha del parto, especialmente quienes no han tenido una adaptación del puesto de trabajo a su situación actual.

 

También se han observado bajas médicas tras el cese del permiso de maternidad, con una duración media de 12 semanas aproximadamente. Las causas de esta continuación suelen justificarse por la lactancia materna, el cuidado de los hijos o las afecciones de salud. Éstas últimas suelen darse durante las semanas de permiso remunerado pero el reconocimiento de su aparición se percibe cuando la madre ha de incorporarse al mundo laboral.

En cuanto a la lactancia materna, se ha comprobado que aquellas madres que permanecen de baja tras la finalización del permiso por maternidad, tienen más posibilidades de continuar amamantando que las mujeres que vuelven a su puesto de trabajo, siendo éstas últimas quienes suelen terminar con la lactancia, sobre todo, en el primer mes de incorporación debido a las dificultades de conciliación.

Todo ello hace pensar que una mayor duración del permiso de maternidad, tanto anterior al parto como posteriormente, con una mejor accesibilidad al servicio de prevención de la empresa, puede mejorar la relación entre la vida familiar y laboral.

Síndrome del niño zarandeado

Síndrome del niño zarandeado

Roberto Alijarde Lorente

7 de febrero de 2025

El síndrome del niño sacudido o zarandeado es un conjunto de lesiones cerebrales que se producen al sacudir de forma vigorosa y no controlada a un bebé. Zarandear a un bebé unos pocos segundos puede provocar secuelas neurológicas irreversibles o incluso la muerte. La mayor incidencia se encuentra entre los dos y los ocho meses de edad.

¿Cómo se produce el síndrome del niño zarandeado?

 

La cabeza de los bebés y lactantes es grande y pesada respecto al resto del cuerpo, suponiendo aproximadamente el 25% del peso total. Los músculos del cuello son débiles e incapaces de realizar un correcto sostén cefálico. El cerebro es blando y con vasos sanguíneos frágiles. Todo ello lo hace vulnerable al zarandeo, el cerebro se golpea contra las paredes del cráneo pudiendo producir sangrado o inflamación en el cerebro, hemorragias en retina y lesiones a nivel de cuello y médula espinal.

 

El motivo más frecuente de zarandeo es el de un cuidador agotado y enfadado en respuesta a un llanto prolongado e inconsolable del bebé. En ocasiones también lo encontramos en el intento de reanimar ante una situación que se interpreta como amenazante para la vida del bebé (atragantamiento, acceso de tos o apnea). También lo podemos encontrar al lanzar al bebé al aire jugando, aunque generalmente esta última causa no suele ser lo suficientemente enérgica como para provocar lesiones cerebrales; aun así, debe evitarse por riesgo de caída o traumatismo.

 

Tras el zarandeo, podemos encontrar un bebé poco reactivo o más adormilado. También podría estar más irritable de lo habitual, tener vómitos o convulsiones. Tras un zarandeo grave, el 50% de los bebés queda con secuelas graves e irreversibles, como retraso mental o parálisis cerebral, y hasta el 10% puede llegar a fallecer. Otros problemas que podemos encontrar en zarandeos de menor intensidad, son problemas de aprendizaje o coordinación.

¿Se puede evitar el síndrome del niño zarandeado?

 

Todo caso de niño zarandeado ha podido evitarse. Aunque en la mayoría de los casos no había intención de dañar, la fuerza generada por un adulto es suficiente para generar lesiones irreversibles en un bebé. Todo ello nos indica que es fundamental la prevención, el crear protocolos y programas de información a padres, madres y cuidadores principales explicando ya en la maternidad los riesgos que comporta el zarandeo.

 

Los primeros meses en la crianza de un bebé son un momento muy delicado. Debemos ajustar nuestras expectativas y entender que el llanto y la alta demanda forman parte de una etapa normal en el desarrollo, existiendo una gran variabilidad entre bebés en el patrón de comportamiento, llanto y temperamento.  El llanto inconsolable y el cansancio acumulado generan frustración y rabia. Como padres debemos entenderlo, encontrar alternativas y, si es preciso, buscar ayuda y no perder la paciencia.

 

Las causas del llanto excesivo en un bebé son múltiples y muy variadas: hambre, frío o calor, pañal sucio, cansancio, dolor o necesidad de consuelo y contacto. Los padres o cuidadores pueden intentar identificar la causa y dar los cuidados necesarios, y siempre intentar tranquilizar y consolar acariciándole, hablándole de forma suave o cogiéndolo en brazos.

 

Aquellos casos en los que el cuidador interpreta una situación amenazante para la vida del bebé (apnea, espasmo del llanto, atragantamiento o acceso de tos), nunca debemos agitar al niño. Debemos mantener la calma y podemos ponerlo boca abajo sobre nuestro brazo o mantenerlo sentado e inclinado hacia delante sujetando la cabeza, estimular la espalda o, en caso de sospecha de atragantamiento, dar golpes en región interescapular.

 

Tampoco debemos jugar lanzando al bebé al aire. Si se hace de forma enérgica podemos generar lesiones graves. Y, en todo caso, se puede lesionar a consecuencia de un traumatismo o caída.

 

Padres, madres y cuidadores, siempre hay una mejor alternativa. Nunca se debe zarandear a un bebé. Perder el control unos pocos segundos puede tener consecuencias irreversibles.

Incentivos económicos en la lactancia materna: Una mirada desde la economía del bien común

Incentivos económicos en la lactancia materna: Una mirada desde la economía del bien común

María José Carrasco, Isabel Antón y Ana Belén Subirón

27 enero 2025

La lactancia materna es un componente esencial de la salud pública, ya que proporciona nutrientes vitales y fortalece el vínculo entre madre e hijo. Sin embargo, a pesar de sus beneficios ampliamente reconocidos, muchas madres enfrentan desafíos significativos que dificultan la lactancia prolongada. En este contexto, la Economía del Bien Común (EBC) emerge como un modelo de interés para las empresas que refleja el bienestar laboral y promueve un cambio cultural y ético en la sociedad.

 

 

La importancia de la lactancia materna

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, seguida de la introducción de alimentos complementarios junto con la lactancia hasta los dos años o más. La lactancia materna no solo proporciona los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo del bebé, sino que también reduce el riesgo de enfermedades infantiles y mejora la salud materna. Sin embargo, las tasas de lactancia materna varían significativamente entre diferentes países de la región europea y comunidades, a menudo influenciadas por factores sociales, económicos y culturales.

 

 

Desafíos en la lactancia materna

 

Las madres que desean amamantar frecuentemente describen la falta de apoyo en el lugar de trabajo, la presión social para utilizar fórmulas infantiles y la falta de información y recursos. En muchos casos, las políticas laborales no contemplan la necesidad de espacios adecuados para la lactancia u horarios flexibles. Además, la publicidad de productos de fórmula y alimentos complementarios puede influir negativamente en la decisión de las madres de amamantar, promoviendo un consumo que no siempre beneficia la salud de la madre y el niño.

 

 

La economía del bien común como solución

 

La EBC propone un enfoque alternativo que prioriza el bienestar social y ambiental sobre el beneficio económico. Este modelo se basa en principios como la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social, y busca transformar la estructura ética y cultural de la sociedad. En el contexto de la lactancia materna, esto significa crear un entorno que apoye a las madres y fomente la lactancia como una práctica socialmente valorada.

 

 

Espacios de trabajo y políticas de apoyo

 

Una de las estrategias más efectivas para mejorar las tasas de lactancia es la implementación de políticas laborales que apoyen a las madres trabajadoras. Esto incluye la creación de espacios adecuados para la lactancia en el lugar de trabajo y la oferta de horarios flexibles que permitan a las madres amamantar a sus hijos. La EBC aboga por que las empresas reconozcan su responsabilidad social y adopten prácticas que beneficien a sus empleados y a la comunidad en general. Por ejemplo, algunas empresas han comenzado a implementar políticas que permiten a las madres tomar descansos para amamantar o extraer leche.

Estas medidas no solo benefician a las madres y sus hijos, sino que también pueden resultar en una mayor satisfacción laboral y lealtad hacia la empresa. Al alinear sus acciones con los principios de la EBC, las empresas pueden generar un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

 

 

Ejemplos internacionales: El caso de Noruega

 

Noruega es un ejemplo destacado de cómo un enfoque sistemático y organizado puede mejorar las tasas de lactancia materna. Este país ha desarrollado planes de acción que incluyen metas cuantitativas para la lactancia exclusiva y general. Gracias a estas políticas, Noruega ha logrado una tasa de inicio de lactancia del 97% y una tasa de continuación del 71%, cifras que superan la media europea.

La formación continua de los profesionales de la salud también juega un papel crucial en este éxito. Al garantizar profesionales altamente cualificados para apoyar a las madres en su decisión de amamantar, Noruega ha creado un entorno en el que la lactancia materna es valorada y promovida.

 

 

Incentivos económicos y motivación intrínseca

 

La discusión sobre la implementación de incentivos económicos para fomentar la lactancia materna es un tema controvertido. Algunos expertos argumentan que los incentivos monetarios pueden ser efectivos, mientras que otros sugieren que es más importante fomentar la motivación intrínseca de las madres. En lugar de ofrecer incentivos económicos, se podrían proporcionar servicios de asesoramiento gratuitos, tiempo remunerado para amamantar y cuidados infantiles accesibles.

Bajo la perspectiva de la EBC, el apoyo a la lactancia materna debe estar vinculado a dimensiones fundamentales como la dignidad humana y la justicia social. Facilitar la lactancia no solo respeta el bienestar de las madres y los bebés, sino que también puede contribuir a la reducción de desigualdades en el trabajo y a la sostenibilidad ecológica al disminuir la necesidad de productos lácteos artificiales.

 

 

Herramientas para la evaluación y promoción de la lactancia

 

La herramienta «Mothers’ Milk Tool«, desarrollada por un equipo de investigadores, facilita la extrapolación del valor económico de la leche materna en diferentes países. Esta herramienta se basa en modelos predictivos y busca proporcionar a los responsables de políticas, investigadores y defensores una forma de cuantificar la contribución de la lactancia materna a la salud pública y la economía.

Al cuantificar el valor de la leche materna, se puede argumentar de manera más efectiva a favor de políticas que apoyen la lactancia, lo que puede llevar a un mayor reconocimiento de su importancia en la salud pública.

 

 

Conclusiones

 

Las políticas laborales de apoyo a las madres, fortalecer las redes comunitarias y reconocer el valor económico de la lactancia, puede crear un entorno beneficioso para las madres, sus hijos y la sociedad en general. La EBC ofrece un camino hacia el reconocimiento y apoyo de la lactancia materna como práctica esencial para la salud pública.

Prevención del cáncer de cuello de útero

Prevención del cáncer de cuello de útero

Natalia Barrio Forné

22 enero 2025

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial, la prevalencia del cáncer del cuello del útero o cérvix se sitúa en 600.000 casos diagnosticados al año, produciendo la muerte de una mujer cada 90 segundos y situándose como el cuarto cáncer ginecológico más frecuente. Esta patología suele presentarse, especialmente, entre los 35 y 44 años, en mujeres activas laboralmente y países en desarrollo.

 

El cáncer de cuello de útero fue descrito por primera vez por Hipócrates, quien visualizó anomalías cervicales, que denominó úlceras, siendo éstas las precursoras del cáncer de cuello uterino.

 

Se ha objetivado que, el 90% de los casos de cáncer de cuello uterino están producidos por el Virus del Papiloma Humano (VPH), que se transmite por vía sexual. Existen muchos tipos de VPH, siendo el grupo alfa el más relevante clínicamente. Dentro de este subtipo, se dividen en bajo riesgo y alto riesgo, siendo estos últimos los que causan mayoritariamente los cánceres de cérvix. En cambio, los VPH de bajo riesgo suele causar verrugas genitales benignas.

 

Es por ello que es importante una buena educación sanitaria en cuanto a la prevención del cáncer de cuello uterino. Esta prevenciónse debe hacer a través de la vacunación del VPH, la anticoncepción mediante métodos barrera, la realización de citologías periódicas según marca el protocolo del sistema sanitario y una correcta educación sexual.

 

En relación a la vacunación, la OMS ha marcado como objetivo alcanzar el 90% en menores de 15 años para el año 2030. Este límite etario está establecido al considerar que no habrán iniciado las relaciones sexuales, momento ideal para una mejor prevención del VPH y, por lo tanto, para la disminución de la prevalencia del cáncer del cuello del útero. Es por ello que, las vacunas, suelen administrarse entre los niños y niñas de 9 a 14 años.

 

A este respecto, existe controversia acerca de si las vacunas deben distribuirse de igual manera entre hombres y mujeres, pero las investigaciones han demostrado que la vacunación en ambos sexos ayuda a prevenir un número mayor de cánceres de cuello uterino que si se establece únicamente en mujeres.

 

En Aragón, la pauta de vacunación varía en función de la edad, los antecedentes personales, las enfermedades previas o las prácticas sexuales de cada persona, pudiendo llegar a administrarse hasta 3 dosis. No obstante, la vacunación sistemática de niños y niñas se realiza a los 12 años de edad con una sola dosis.

 

Como método anticonceptivo, el preservativo es el adecuado para bloquear la transmisión del VPH si se usa correctamente, por lo que también es otra forma de prevención y, por tanto, de impedir la aparición del cáncer de cérvix.

 

La prueba de Papanicolau o citología se utiliza como método de detección precoz de alteración celular en el cérvix que pueda dar lugar al desarrollo de un cáncer, por lo que un correcto control puede considerarse una forma en sí misma de prevención. Este cribado, que se hizo por primera vez en 1920, consiste en la recolección de células del cuello del útero mediante un cepillo, las cuales se introducen en un medio líquido para, posteriormente, analizarlas en el laboratorio por parte del servicio de Anatomía Patológica y, así, poder encontrar células premalignas y tratarlas antes de su transformación.

 

La educación sexual debe empezar lo más precoz posible, ya que la edad de inicio de la primera relación cada vez disminuye más y el número de parejas sexuales está aumentando en los últimos años. Debe incluir información, no solo de los métodos anticonceptivos existentes, sino de las consecuencias de una práctica sexual sin protección. La responsabilidad inicial de esta educación recae en los padres, quienes tienen que informar sobre las diferentes perspectivas y actitudes hacia la socialización sexual; por lo que las creencias y conocimientos que posean los progenitores afectará a la visión que pueda adquirir su descendencia.

 

Hay que tener en cuenta también que, el éxito de esta comunicación, se basará en la elección del momento adecuado para comenzar estas charlas, así como el contenido a tratar y la frecuencia de estas conversaciones.

 

En consecuencia, la ausencia de educación sanitaria en relación a la prevención del cáncer de cérvix o la falta de acceso o distribución desigual entre Comunidades Autónomas al programa de vacunación en relación con el VPH contribuye al desequilibrio en materia de prevención del cáncer de cuello de útero.

Alimentación navideña en embarazadas

Alimentación navideña en embarazadas

Natalia Barrio Forné

30 diciembre 2024

La época navideña es un auténtico reto para las mujeres embarazadas, que tienen que enfrentarse a numerosos eventos sociales y, además, cumplir con las recomendaciones alimentarias derivadas de su estado grávido.

La gestación conlleva una serie de modificaciones en la fisiología materna para conseguir un equilibrio entre el desarrollo embrionario y fetal y las necesidades energéticas de la futura madre. Uno de los cambios más importantes se produce en el sistema endocrino de manera que, en algunas ocasiones, se pueden provocar alteraciones en la evolución del embarazo y, por lo tanto, complicaciones en el crecimiento del feto.

 

Además, también se producen variaciones en la percepción del gusto y en los patrones de alimentación, con una mayor motivación para consumir alimentos más sabrosos, todas ellas derivadas de los cambios fisiológicos que ocurren a nivel neurológico. Por consiguiente, la prohibición o la no accesibilidad de los alimentos de preferencia de la gestante puede inducir consecuencias a nivel psicológico.

 

Todo esto nos lleva a ajustar las recomendaciones en la alimentación con las transformaciones que suceden a nivel físico en las gestantes, sin prejuicio del ejercicio que se debe realizar en este periodo vital.

 

De forma general, la ingesta calórica en mujeres embarazadas con un índice de masa corporal (IMC) dentro de los límites considerados normales debe aumentar de media aproximadamente en 300kcal/día, teniendo en cuenta que, durante el primer trimestre, el consumo debe ser el mismo que antes del embarazo y, durante el segundo y tercer trimestre, incrementarlo a 340kcal y 450kcal por día, respectivamente. Estas cifras pueden variar en función de si es una gestación gemelar o si hay antecedentes asociados, como obesidad y cirugía bariátrica.

Se debe tener en cuenta que las frutas, las verduras, la fibra y las vitaminas y minerales deben ser los protagonistas en la dieta de las gestantes, en contraposición a los alimentos procesados que no deberían consumirse. Durante estos días es importante seguir cuidándose, teniendo preferencia por los productos integrales tanto como sea posible, aceites vegetales para el cocinado, limitando el consumo de carne roja, cafeína, bebidas azucaradas y sal, así como favorecer el consumo de fruta, legumbre y verdura durante toda la semana.

Los pescados, muy presentes en la alimentación durante la Navidad, no deben contener altas cantidades de sustancias nocivas como el mercurio. Se ha comprobado que, aquellas embarazadas que comen pescado y marisco, presentan un mejor desarrollo cerebral y visual de los fetos,  con menores tasas de depresión o ansiedad respecto a las que no los consumen.

Además, los alimentos procesados y envasados están más expuestos a ftalatos que los alimentos frescos y sin procesar. Los ftalatos son un grupo de compuestos químicos presentes en la producción de plásticos, artículos de higiene personal y otros productos comerciales. La exposición a los ftalatos puede conllevar un riesgo de bajo peso al nacimiento, parto prematuro y otras alteraciones en la salud materno-infantil.

Por otra parte, está el alcohol. Durante la época navideña las celebraciones van asociadas, en muchas ocasiones, a comidas copiosas con vino o cerveza, al brindis con cava o a la sobremesa con bebidas espirituosas, llegando a reflejarse en algunos estudios que, entre el 61% y 87% de las gestantes, habían bebido alcohol debido a ocasiones especiales previo al reconocimiento del estado grávido. Estas cifras cambian en las primeras semanas de la gestación, ya que el 89% cesa totalmente el consumo de alcohol, pero una pequeña parte de embarazadas continúa ingiriéndolo en niveles bajos, es decir, una o dos bebidas, debido a la coincidencia con eventos señalados.

La recomendación actual que han publicado numerosas asociaciones científicas es la abstinencia durante el embarazo, puesto que no existen niveles seguros de exposición prenatal al alcohol. Se ha documentado que, incluso los niveles bajos, pueden afectar al desarrollo cerebral, provocando problemas psicológicos, de comportamiento y dismorfología facial.

A pesar de que estos consejos se publicitan y se extienden por toda la población, tanto en embarazadas como en la comunidad general, las investigaciones corroboran que las tasas de alcohol no han cambiado significativamente, observándose dicho consumo en mujeres que ingerían frecuentemente alcohol antes del embarazo y en aquellas que tienen una actitud neutral o positiva hacia el mismo. Este hecho hace que sea preciso un soporte específico a las gestantes que consumen alguna cantidad de alcohol y, sobre todo, un cambio en lo que debe ser socialmente aceptable.