Cáncer de cuello uterino

Cáncer de cuello uterino

Isabel Lahoz Pascual
17 de noviembre de 2025

“Prevenir, detectar, tratar: un compromiso de todas y todos”

El cáncer de cuello uterino es un problema de salud pública que aún hoy afecta a miles de mujeres en todo el mundo, a pesar de ser una enfermedad altamente prevenible. Está causado casi en su totalidad por la infección persistente de ciertos tipos de virus del papiloma humano (VPH). Lo esperanzador es que se puede prevenir, se puede detectar a tiempo y, cuando es necesario, se puede tratar con eficacia.

 

Algunos datos clave

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican más de 600.000 nuevos casos de cáncer de cuello uterino y fallecen aproximadamente 340.000 mujeres por esta causa en el mundo. Es el cuarto cáncer más frecuente entre las mujeres.

En España, de acuerdo con datos del Observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se diagnostican alrededor de 2.000 casos anuales, y mueren unas 700 mujeres cada año por esta enfermedad. La buena noticia es que la incidencia y la mortalidad están descendiendo progresivamente, gracias a la vacunación frente al VPH y a los programas de cribado.

 

¿Qué es el cáncer de cuello uterino?

El cuello del útero es la parte inferior del útero que conecta con la vagina. Con el tiempo, algunas infecciones persistentes por VPH pueden provocar alteraciones celulares que, si no se detectan y tratan, pueden transformarse en cáncer. Esta evolución suele durar años, lo que ofrece una oportunidad crucial para prevenir la enfermedad mediante cribado y vacunación.

La OMS ha planteado un objetivo ambicioso: eliminar el cáncer de cuello uterino como problema de salud pública antes del año 2030, mediante tres metas clave:

  • 90 % de niñas vacunadas frente al VPH antes de los 15 años,
  • 70 % de mujeres con cribado efectivo antes de los 35 y 45 años,
  • 90 % de mujeres con lesiones tratadas adecuadamente.

 

Factores de riesgo

Los principales factores que aumentan la probabilidad de desarrollar cáncer de cuello uterino son:

  • Infección persistente por VPH de alto riesgo (como los tipos 16 y 18).
  • Inicio precoz de relaciones sexuales o múltiples parejas sexuales.
  • Tabaquismo, que duplica el riesgo.
  • Inmunosupresión (por VIH u otros motivos).
  • No participar en programas de cribado.
  • En algunos estudios, también se asocia con uso prolongado de anticonceptivos hormonales, múltiples embarazos, embarazo a edades precoces y exposición a ciertos disruptores endocrinos.

 

Prevención

La prevención combina estrategias primarias y secundarias:

  • Vacunación frente al VPH:
    En España, la vacuna frente al VPH está incluida en el calendario oficial y se administra gratuitamente a niñas y niños de 12 años. Está demostrado que reduce en más del 90 % la incidencia de lesiones precancerosas relacionadas con los tipos vacunales.
  • Cribado o detección temprana:
    Las guías de la AEPCC (2022) recomiendan la detección mediante citología y/o test de VPH. 

     

    • Mujeres de 25-34 años: citología cada 3 años.
    • Mujeres de 35-65 años: test de VPH cada 5 años o co-test (citología + VPH) cada 5 años.
  • Promoción de estilos de vida saludables:
    Evitar el tabaco, usar preservativo y acudir periódicamente al ginecólogo son medidas clave.

 

Diagnóstico y lesiones precancerosas

Cuando una prueba de cribado resulta anormal, se realiza una colposcopia (visualización del cuello uterino con aumento) y, si es necesario, una biopsia para confirmar el diagnóstico.

Antes de que aparezca un cáncer invasor, el cuello del útero puede presentar lesiones precancerosas, también llamadas lesiones intraepiteliales, que representan distintos grados de alteración celular.

Estas lesiones se clasifican con dos nomenclaturas equivalentes:

  • CIN (Cervical Intraepithelial Neoplasia) o NIC (Neoplasia Intraepitelial Cervical):
    • CIN 1 / NIC 1: lesión de bajo grado, suele remitir espontáneamente.
    • CIN 2 / NIC 2: lesión de alto grado, requiere vigilancia o tratamiento.
    • CIN 3 / NIC 3: lesión de alto grado con mayor riesgo de progresar a cáncer si no se trata.
  • SIL (Squamous Intraepithelial Lesion / Lesión escamosa intraepitelial):
    • LSIL (bajo grado) equivale a CIN 1.
    • HSIL (alto grado) equivale a CIN 2-3.

Identificar y tratar estas lesiones evita que progresen a cáncer invasor.

En los casos confirmados de cáncer, se realizan estudios de extensión (TAC, RMN o PET-TAC) para determinar el estadio. La detección temprana permite un tratamiento menos agresivo y una supervivencia mayor: la tasa de supervivencia a 5 años en estadios iniciales supera el 90 %.

 

Tratamiento

Depende del estadio y de la situación personal de cada paciente:

  • Lesiones precancerosas o microinvasoras: conización (exéresis del cuello uterino) o histerectomía simple (exéresis del útero).
  • Enfermedad localizada: cirugía radical con o sin radioterapia y quimioterapia.
  • Enfermedad avanzada: quimio-radioterapia e inmunoterapia en casos seleccionados.

El seguimiento posterior es esencial para prevenir recurrencias.

 

Mensaje final

El cáncer de cuello uterino es evitable. Cada vacuna, cada citología, cada revisión ginecológica es un paso hacia su eliminación.
En el Día Mundial del Cáncer de Cuello Uterino recordemos que la información salva vidas: infórmate, vacúnate y revisa tu salud.

Consulta también la Guía de Cribado del Cáncer de Cuello Uterino (AEPCC 2025) para conocer las recomendaciones más actualizadas.

 

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Palabras atrapadas: La tartamudez en la infancia y sus desafíos educativos

Palabras atrapadas: La tartamudez en la infancia y sus desafíos educativos

Sara Alcaina Martínez y Yolanda Martínez Santos

22 de octubre de 2025

La tartamudez es un trastorno de la fluidez del habla caracterizado por interrupciones involuntarias en la comunicación oral, como repeticiones, prolongaciones o bloqueos. Se trata de un trastorno crónico del desarrollo neurológico que afecta al 1% de la población. Aunque puede aparecer en cualquier etapa de la vida, la mayoría de los casos comienzan en la infancia, entre los 2 y 6 años. Esta etapa coincide con un momento crucial del desarrollo del lenguaje, por lo que el impacto en la vida escolar y social puede ser significativo.

 

Cada 22 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Concienciación sobre la Tartamudez, impulsado por asociaciones internacionales con el fin de visibilizar este trastorno y promover la inclusión educativa y social.

 

Naturaleza y características de la tartamudez

 

Desde un punto de vista clínico, la tartamudez se manifiesta mediante tres tipos principales de disfluencias del habla: repeticiones de sílabas o palabras, prolongaciones de sonidos y bloqueos silenciosos. Aunque durante años se pensó que era un problema meramente psicológico, las investigaciones actuales coinciden en que es un trastorno multifactorial, donde convergen factores genéticos, neurobiológicos y ambientales.

Genética: hasta un 70 % de los casos presenta antecedentes familiares de tartamudez.

Neurología del lenguaje: se han identificado diferencias en la activación cerebral en áreas motoras y de procesamiento del habla.

Factores emocionales: la ansiedad y el estrés no originan la tartamudez, pero sí pueden agravarla.

 

En muchos niños la tartamudez desaparece de manera espontánea, pero en otros se mantiene y condiciona el desarrollo educativo y social.

 

Impacto en la educación

 

El ámbito escolar es un espacio clave donde la tartamudez puede generar consecuencias visibles. Aunque no afecta a la inteligencia ni a las capacidades cognitivas, sí condiciona la forma en que el niño participa, se comunica y se percibe a sí mismo

 

Comunicación oral en clase. Las actividades escolares demandan la expresión oral: leer en voz alta, participar en debates o responder preguntas. Para un niño con tartamudez, estas situaciones pueden ser fuentes de ansiedad, lo que incrementa la disfluencia y puede llevar a la evitación de la participación social.

 

Rendimiento académico. La tartamudez no reduce la capacidad intelectual, pero puede afectar indirectamente al rendimiento. El temor a ser evaluado negativamente o a sufrir burlas puede inhibir la participación y generar un bajo desempeño en actividades orales.

 

Autoestima y relaciones sociales. La burla o el acoso escolar son riesgos frecuentes. Esto deteriora la autoestima, genera retraimiento social y limita el aprendizaje cooperativo.

 

El papel de los docentes y compañeros. Las actitudes del entorno escolar son determinantes. La impaciencia, interrumpir al niño o completar sus frases refuerza su inseguridad. En contraste, un clima de respeto y tiempo suficiente para expresarse reduce la presión comunicativa.

 

Estrategias educativas de apoyo

 

La intervención temprana es clave para minimizar el impacto de la tartamudez en la vida académica. Entre las estrategias más destacadas están:

 

Terapia del lenguaje: los logopedas proporcionan técnicas que favorecen la fluidez y ayudan al niño a desarrollar confianza.

 

Capacitación docente: formar a los maestros para comprender el trastorno y fomentar prácticas inclusivas.

 

Adaptaciones escolares: ofrecer alternativas en exposiciones, como grabaciones o presentaciones en grupos pequeños.

 

Trabajo con las familias: evitar la presión por hablar “bien” y fomentar un ambiente comunicativo relajado.

 

Prevención del acoso escolar: promover programas de convivencia que incluyan información sobre la tartamudez.

 

¿Existe una medicación para el tratamiento de la tartamudez?

 

A lo largo de las últimas décadas se han explorado tratamientos farmacológicos para el tratamiento de la tartamudez, en particular fármacos que actúan sobre la dopamina, como los fármacos antipsicóticos atípicos como la risperidona u olanzapina. Algunos estudios clínicos han demostrado mejorías parciales en la fluidez, pero los resultados han sido variables y los efectos secundarios considerables.

 

Actualmente, no existe un tratamiento aprobado de forma generalizada para este trastorno.

 

La intervención logopedia para enseñar técnicas de fluidez, terapia cognitivo-conductual para abordar la ansiedad asociada, dispositivos electrónicos de ayuda y el apoyo familiar y educativo siguen siendo las herramientas más eficaces

 

En este contexto, se ha promovido un movimiento de desmedicalización. Dejar de considerar la tartamudez como una enfermedad que necesita una cura y comprenderla más bien como una condición de la comunicación. Este enfoque reduce el estigma, favorece la inclusión y pone el acento en la diversidad comunicativa.

 

Más allá del aula: un enfoque integral

 

El abordaje de la tartamudez debe trascender la escuela. Este trastorno influye en la identidad, las relaciones sociales y la elección de futuros estudios o profesiones. Un enfoque integral debe incluir: apoyo logopédico y psicológico, implicación activa de la familia, programas escolares inclusivos y concienciación social para eliminar prejuicios.

 

Cabe recordar que la tartamudez no limita el potencial de una persona. Figuras públicas como Winston Churchill, Marilyn Monroe o Ed Sheeran la han experimentado y aun así lograron destacarse en ámbitos donde la comunicación es central.

 

Reflexiones finales

 

La tartamudez infantil es un trastorno complejo de la fluidez verbal que, si bien no afecta la capacidad cognitiva, puede condicionar seriamente la vida escolar y emocional de los niños. La escuela juega un papel crucial: puede ser un espacio de exclusión y ansiedad, o un lugar de inclusión y confianza.

 

La intervención temprana, la sensibilización docente y la eliminación del estigma social son elementos fundamentales para garantizar que los niños con tartamudez puedan desarrollarse plenamente en el ámbito educativo y personal.

 

Durante siglos se ha querido curar la tartamudez. Hoy sabemos que no se trata de eliminarla, sino de comprenderla y de ofrecer un entorno en el que cada voz, con pausas o repeticiones, tenga el mismo derecho a ser escuchada.

Menopausia y climaterio: momento de transición y autocuidado

Menopausia y climaterio: momento de transición y autocuidado

Natalia Costas Ramón

18 de octubre de 2025

La menopausia es el cese de la menstruación debido a la pérdida de la actividad folicular ovárica y su capacidad de producir hormonas. Se establece como diagnóstico retrospectivamente, cuando ha transcurrido un período de amenorrea (ausencia de menstruación) de seis meses según la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), o de doce meses según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este proceso suele ocurrir entre los 45 y los 55 años.

 

En la perimenopausia las menstruaciones pueden ser irregulares (duración y sangrado) por la reducción progresiva de producción hormonal por parte del ovario.

 

El síndrome climatérico es el conjunto de síntomas y signos que anteceden y siguen a la menopausia, como consecuencia de la declinación o cese de la función ovárica. Supone un intervalo de tiempo amplio, de unos 10 años.

 

La esperanza de vida de las mujeres ha ido incrementándose considerablemente en las últimas décadas. La OMS señala que en un futuro próximo se alcanzará la cifra mundial de 750 millones de mujeres posmenopáusicas.  Según la longevidad actual, las mujeres pasan un 33% de su vida en la etapa postmenopaúsica. Por ello, es de suma importancia que las mujeres preserven su calidad de vida en esta etapa y reciban la educación para la salud necesaria para llevar a cabo un correcto manejo de los síntomas.

 

Signos y síntomas más frecuentes

 

La intensidad, duración, frecuencia, aparición e impacto que tienen en la vida de las mujeres los cambios acontecidos en esta esta etapa es muy variable. Por tanto, su manejo y tratamiento deben de ser estudiados e individualizados. Los únicos síntomas que han sido relacionados con el efecto hormonal en la menopausia son los síntomas vasomotores (sofocos) y vaginales (sequedad vaginal).

 

Vasomotores. Durante el climaterio y la menopausia se producen cambios en el metabolismo de las catecolaminas con aumento de la noradrenalina, responsable del síntoma más característico del climaterio: los sofocos. Son percibidos como una sensación subjetiva de calor que va desde el pecho hacia cuello y cara, vasodilatación, enrojecimiento y sudoración, seguido de un aumento transitorio de la frecuencia cardiaca. Pueden durar desde unos segundos hasta una hora, con intensidad y frecuencia variables.

 

Sequedad vaginal. En la vagina se produce un adelgazamiento de la mucosa vaginal, sequedad, prurito y dispareunia (dolor en las relaciones sexuales).

 

La menopausia se ha relacionado también con otros síntomas, aunque no hay evidencia científica de que estén asociados únicamente a cambios hormonales. Se considera que hay otros factores que pueden influir sobre el desarrollo de estos síntomas como la genética, los hábitos de vida o el propio el envejecimiento y pudiendo tener más peso en su aparición que los cambios hormonales. Entre ellos se han descrito:

Disuria (dolor al orinar), polaquiuria (aumento de la frecuencia de micciones), urgencia urinaria, incontinencia e infecciones urinarias.

Cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, pérdida de memoria, incapacidad para concentrase.

Cambios en la composición de la piel.

Aumento de peso.

 

Consideraciones importantes en la menopausia

 

Sangrado postmenopaúsico. Aproximadamente un 50% de las mujeres que se encuentran en la etapa climatérica presentan alteraciones menstruales, pudiendo ir desde hemorragia irregular y corta a prolongada e intensa. Se debe poner especial atención al sangrado postmenopáusico, es decir, aquel que se da después de haber estado un año completo sin menstruación. En este caso, deberá descartarse patología maligna como el cáncer de endometrio, cuyo principal signo es el sangrado vaginal.

 

Enfermedad cardiovascular: pérdida del efecto protector de los estrógenos. Tras la menopausia, se produce un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular debido a la disminución de los niveles de estrógenos. Dicha disminución traerá asociado, a su vez, un incremento de factores de riesgo cardiovascular como la diabetes mellitus tipo 2, dislipemia y redistribución de la grasa corporal, entre otras.

 

Hábitos de vida y autocuidado

 

Las estrategias en el manejo del climaterio no son basadas únicamente en el uso de terapia hormonal / no hormonal. Las modificaciones en el estilo de vida, pueden ayudar a reducir los síntomas de la menopausia. Para prevenir y mejorar los síntomas relacionados con el climaterio y la menopausia es importante que se adquieran hábitos de vida adecuados y rutinas de autocuidado:

Realizar ejercicio de forma regular reduce la mortalidad cardiovascular, los trastornos del sueño, regulariza el tránsito intestinal y disminuye, en general, los síntomas vasomotores y el estrés. Los estudios muestran que en las mujeres postmenopáusicas los ejercicios aeróbicos, de fuerza y con algo de impacto mejoran la densidad mineral ósea.

Abandonar el hábito tabáquico, ya que su consumo aumenta el riesgo de aparición de sofocos.

Reducir la obesidad, relacionada con el aumento de los sofocos y de la sequedad vaginal.

El consumo de alcohol debe moderarse en la menopausia ya que es un azúcar de fácil absorción y aumenta los síntomas de sofocos, sobre todo nocturnos.

Disminuir el consumo de cafeína y otros excitantes.

Mantener una buena hidratación.

Establecer una alimentación sana, equilibrada y ajustada a las necesidades. Potenciar el consumo de frutas, verduras, alimentos que contengan calcio, frutos secos y fibra.

Adaptar las relaciones sexuales y la sexualidad, en general, a esta nueva etapa. La sequedad vaginal puede ser disminuida con el uso de lubricantes e hidratantes vaginales.

Cuando el amor no se acaba con la muerte

Cuando el amor no se acaba con la muerte

Laura Lasso Olayo

15 de octubre de 2025

Recibir la muerte cuando esperas la vida es algo que nadie debería de vivir. Es un dolor desgarrador, quieres parar el tiempo, jugar a que eso no está ocurriendo, a que es una ilusión, a que tu bebé está bien, a que no se mueve porque está descansando y que cuando llegues al hospital para consultar por la falta de movimientos te van a decir que todo está bien, incluso fantaseas con que te llamen exagerada y te digan que todo está perfecto, que tu niña está fenomenal, pero incluso en ese lapso de tiempo en el que te permites tener la última fantasía antes de iniciar uno de los procesos más dolorosos de tu vida, sabes que no hay absolutamente nada que hacer, que tu hija ya no está contigo. O por lo menos yo lo viví así.

 

Como profesional había asistido en numerosas ocasiones a mujeres que se enfrentaban a una muerte perinatal, intentaba en cada una de ellas elegir con mimo las palabras, expresarles mi afecto y mis condolencias y hacerles ver que la muerte de su bebé me importaba. Porque así lo he sentido siempre, no sólo muere un bebé, sino que mueren muchos sueños, ilusiones y planes de futuro que van a afectar a todo el sistema familiar. Recuerdo cada uno de los nombres de los bebés fallecidos de los que he formado parte de su proceso asistencial, recuerdo los ojos de esas madres, rojos de tanto llorar, esa mirada devastada en la que la tristeza más profunda de su alma se hacía patente, recuerdo a esas parejas sintiendo y expresando un dolor tan intenso como quizás nunca hubieran sentido. Recuerdo a esos bebés que se habían ido antes de tiempo, esas facciones perfectas y esa pureza, los trataba con el máximo respeto y delicadeza mientras los preparaba para su traslado.

 

Cada año, el día 15 de octubre, se celebra el Día Internacional de la muerte perinatal con el propósito de concienciar sobre lo que significan y suponen la muerte gestacional, perinatal y neonatal. Estas muertes suponen un intenso dolor emocional que en ocasiones se va a ver agravado por el silencio y la incomprensión social a la que se enfrentan estas familias.

 

Es necesario concienciar a la población porque, aunque sea un fenómeno desconocido, es un suceso frecuente. En España, cada año aproximadamente entre 80.000 y 90.000 mujeres se enfrentan a un proceso de muerte perinatal con todo lo que ello supone para ellas, para su entorno y para sus familias. Cuando la muerte sucede durante el embarazo, el parto o poco después de nacer, el duelo, en demasiadas ocasiones, tiende a ser minimizado, silenciado, invisibilizado y desautorizado socialmente lo que complica notablemente el proceso.

 

Como profesionales somos piezas clave para que ese duelo se empiece a elaborar bien desde el momento del diagnóstico. Pongamos la empatía en primer lugar y dejemos los tecnicismos fuera porque ciertas palabras hacen daño. La persona que ha fallecido no solo es un “feto”, es su hijo o hija. No hablemos de “expulsión”, sino de parto. Refirámonos a ellos con respeto y con cariño. Ayudemos a esas familias a crear recuerdos: animémosles a coger a sus hijos e hijas en brazos, a hacer piel con piel, a besarles, a olerles, a acunarles y cantarles, si así lo desean. Animémosles a fotografiar esos momentos de amor porque cuando te vas a casa ya no vuelven y los recuerdos que hayas generado son los que perdurarán. Muy frecuentemente, decidir no ver ni coger al bebé, es fuente de malestar y sufrimiento, incluso en ocasiones las familias intentan recuperar las fotos de la autopsia, en caso de que se le hubiera realizado, como modo de obtener alguna imagen y recuerdo de su bebé. Ofrezcámosles cortar un mechón de pelo, porque no podemos hacernos a la idea de lo valioso que será eso para ellos mañana. Todos estos recuerdos harán patente que ese bebé ha existido, esa madre ha parido y ese amor ha tenido lugar y de este modo podremos ayudar a esas familias a transformar poco a poco ese dolor en amor. Animémosles a poner un nombre a su bebé porque es un ser único y aunque haya nacido sin vida, merece tener su propia identidad. Y, sobre todo, dejémosles tiempo para despedirse, porque es el único tiempo del que van a disponer para estar juntos. Ojalá, en un futuro no muy lejano, todos los hospitales puedan disponer de una “cuna de abrazos” para que el tiempo no sea una limitación en la despedida.

 

A nivel social, en muchas ocasiones, ante la muerte de un bebé se produce un silencio, que invisibiliza e invalida lo ocurrido. La muerte desconcierta y la de un bebé, incluso antes de nacer, todavía más. En ocasiones se dicen frases para intentar ayudar que hieren a las familias. Si eres amigo o familiar de una persona cuyo bebé ha fallecido, no intentes buscar lo positivo de la muerte de un hijo o hija y evita decir frases como: “todo pasa por alguna razón”, “puedes tener otro hijo”, “sé fuerte”, “no llores”, “el tiempo lo cura todo”, “al menos no llegaste a conocerle” o “mejor ahora que más adelante”, estos comentarios aunque se hacen con buena intención pueden ser muy dolorosos y entendidos como una forma de invalidar lo ocurrido. Tampoco va a ser de ayuda presionar para pasar página, la muerte de un bebé no es algo que se supere sino más bien es algo con lo que se aprende a vivir. Puede ser suficiente decir algo como: “siento mucho lo que te /os ha ocurrido”.  

 

Recibir la muerte cuando esperas la vida es algo que nadie debería vivir, pero si alguien tiene que vivirlo ojalá pueda hacerlo de la mejor manera posible para no sumar dolor a la experiencia y pueda conservar un recuerdo bonito y estar en paz con lo que ha ocurrido porque el amor no se acaba con la muerte.

Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar

Víctor Adán Lanceta

6 de octubre de 2025

Cuando me toca asistir, como pediatra, a un nacimiento, suelo recibir esa nueva vida con una frase: “Bienvenidos a la aventura, papás.” Porque cada nacimiento es, en realidad, el inicio de una aventura: incierta, emocionante, con momentos luminosos y con dificultades, llena de retos, con sus éxitos y sus fracasos. Y esto es aún más cierto cuando se trata de un niño afectado por parálisis cerebral.

 

Este 6 de octubre es el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Un día para visibilizarla y recordar a nuestras familias, a nuestros parientes y amigos que no están solos en el proyecto de vida que han iniciado o recorren, tan exigente como valioso.

 

¿Qué es la parálisis cerebral? ¿Se puede prevenir?

 

La parálisis cerebral es una de las principales causas de discapacidad motora en la infancia. Cada caso es diferente y la mayoría comparte un origen común: una lesión o alteración en el desarrollo del cerebro inmaduro, ya sea durante el embarazo, el parto o los primeros años de vida.

 

Las causas son múltiples. Entre las más habituales encontramos:

Durante el embarazo: infecciones maternas, exposición a tóxicos, malformaciones fetales, restricción del crecimiento intrauterino o insuficiencia placentaria.

Durante el parto: asfixia perinatal, partos prolongados o traumáticos, necesidad de cesáreas urgentes.

Tras el nacimiento: prematuridad, hemorragias cerebrales, infecciones graves o traumatismos craneoencefálicos en la primera infancia.

 

Aquí conviene romper una lanza por los compañeros obstetras. El embarazo y el parto son procesos naturales, sí, pero lo natural no siempre significa lo seguro. Que algo sea natural no debe de implicar un juicio moral positivo, per se. Precisamente por su intensidad física, emocional y espiritual, pueden surgir complicaciones que requieren vigilancia estrecha. El manejo adecuado de estas situaciones puede disminuir notablemente el riesgo de parálisis cerebral. Un control prenatal responsable, una atención obstétrica cualificada y una respuesta rápida ante emergencias –incluida la realización de una cesárea urgente cuando sea necesario– pueden marcar la diferencia entre un nacimiento saludable y una lesión neurológica permanente.

 

¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral se manifiesta como un grupo de trastornos que afectan al movimiento, la postura y, en ocasiones, a la comunicación y la cognición (un 50% en esta última). Los niños afectados por parálisis cerebral y sus familias van a tener que enfrentarse a grandes desafíos clínicos que se irán manifestando conforme el niño crezca y se desarrolle.

 

Ya desde los primeros meses o años de vida se pueden apreciar algunas señales de alerta como retraso en alcanzar hitos motores (sostener la cabeza, sentarse, gatear, caminar), rigidez muscular excesiva o, por el contrario, flacidez, movimientos poco coordinados, dificultades en la alimentación y deglución y problemas del habla y comunicación. No todos los niños presentan los mismos síntomas y, la severidad, puede ir desde casos muy leves –en los que apenas se notan dificultades– hasta cuadros graves que limitan casi todas las funciones motoras.

 

Aquí el papel del pediatra y de todos los profesionales implicados en el seguimiento, tratamiento y acompañamiento del niño y su familia es fundamental.

 

¿Cómo se trata la parálisis cerebral?

 

La parálisis cerebral no tiene cura. La aventura, como suelo decir, no está en modo fácil. Sin embargo, eso no significa que no pueda vivirse con plenitud ni disfrutarse de cada reto aceptado, de cada reto superado y de cada logro alcanzado.

 

El abordaje es siempre multidisciplinar y busca potenciar las capacidades del niño y mejorar su calidad de vida:

Apoyo psicológico y social para la familia, que desempeña un papel crucial en el desarrollo emocional del niño.

Adaptaciones tecnológicas y educativas que permiten la inclusión escolar y social.

Fisioterapia y terapia ocupacional, para potenciar las habilidades motoras y fomentar la autonomía.

Atención ortopédica y uso de ayudas técnicas, como férulas, andadores o sillas adaptadas.

Terapia del lenguaje, en los casos donde existe dificultad en la comunicación.

Tratamiento farmacológico, cuando hay espasticidad severa o epilepsia.

Manejo nutricional, adaptando texturas y consistencias, aportando suplementos cuando sea necesario y, en casos más complejos, recurriendo a técnicas como la gastrostomía. Una adecuada nutrición mejora la energía, el crecimiento y la capacidad de aprovechar al máximo las terapias.

 

El objetivo nunca es únicamente la rehabilitación, sino la construcción de un proyecto de vida digno y pleno para cada niño.

 

Vivir con parálisis cerebral. Una mirada positiva

 

Si bien la prevención es esencial, nunca debemos olvidar que un diagnóstico de parálisis cerebral no significa el final de la esperanza, sino el inicio de un camino distinto. Cada día, miles de niños y adultos en el mundo nos enseñan que, con apoyo, amor y recursos adecuados, es posible abrazar la aventura de la vida y maravillarnos con logros que parecen pequeños, pero son inmensos. Y, al mismo tiempo, podemos honrar nuestra humanidad al comprometernos con el cuidado de lo más preciado que tenemos: la vida de nuestros hijos.

 

Conclusiones

 

En definitiva, la parálisis cerebral es un desafío complejo que nos interpela como sociedad. Su prevención pasa por un embarazo y parto controlado y una atención neonatal de calidad. Y cuando se presenta, el acompañamiento cercano de un equipo multidisciplinar marca la diferencia en la vida de los niños y sus familias.

 

Para cualquier padre, lo más importante es la salud de sus hijos. Por eso, garantizar una atención obstétrica adecuada, acompañamiento pediátrico y seguimiento especializado no es solo una necesidad médica: es un acto de amor y de responsabilidad hacia el futuro.

 

Bienvenidos a la aventura, papás.

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Crianza en brazos: Una necesidad biológica y emocional

Alicia Orce Lázaro

2 de octubre de 2025

La crianza en brazos es una práctica profundamente arraigada en la biología humana que responde a las necesidades esenciales del recién nacido: contacto, protección y vínculo. Este artículo analiza el valor del contacto constante, el papel de la exterogestación y la importancia del porteo ergonómico como herramienta moderna que mantiene viva esta práctica ancestral. A partir de evidencias científicas, se revisan los beneficios del contacto piel con piel, la regulación emocional y el desarrollo físico y social del bebé, concluyendo que la crianza en brazos y el porteo ergonómico favorecen una base emocional segura, condición clave para una vida saludable.

 

La crianza en brazos es una respuesta instintiva y adaptativa a las necesidades más básicas del recién nacido. Los bebés humanos nacen con una inmadurez neurológica y motora que requiere contacto constante para su regulación fisiológica y emocional. Diversas disciplinas, como la neurociencia, la antropología y la pediatría, han demostrado que el contacto frecuente favorece un desarrollo integral equilibrado. Prácticas como el contacto piel con piel y el porteo ergonómico permiten recrear un entorno seguro que facilita la transición de la vida intrauterina al mundo exterior.

El porteo ergonómico: herencia ancestral adaptada a la vida moderna

 

Desde los orígenes de la humanidad, las madres y cuidadores han llevado a sus bebés junto a su cuerpo, garantizando su supervivencia. Los seres humanos somos una especie porteadora; nacemos preparados para ser sostenidos, buscando el calor, el movimiento y la voz del adulto. En la actualidad, los portabebés ergonómicos permiten mantener esta práctica ancestral, respetando la fisiología del bebé y facilitando la vida cotidiana de las familias.

El porteo ergonómico asegura una postura adecuada, con la columna en forma de “C” y las caderas en posición de “ranita” (rodillas más altas que las caderas), lo que favorece su desarrollo físico y mantiene las vías respiratorias despejadas. Además, promueve una crianza más sensible y una conexión emocional estable.

 

El contacto como necesidad biológica

 

El contacto físico constante es tan esencial como la alimentación o el descanso. Favorece la regulación de la temperatura, la respiración y el ritmo cardíaco, y contribuye al equilibrio emocional del bebé. Contrario a las creencias populares, llevar a un bebé en brazos no genera dependencia excesiva; al contrario, fortalece su seguridad interior y fomenta la autonomía posterior.

La antropóloga Jean Liedloff defiende, en su libro The Continuum Concept, que la independencia auténtica surge de la satisfacción plena de las necesidades tempranas de contacto. Un bebé sostenido y atendido desarrolla una base emocional sólida que le permitirá separarse con confianza en etapas posteriores.

 

La exterogestación: continuar el desarrollo fuera del útero

 

Los bebés humanos nacen inmaduros y necesitan un periodo de adaptación conocido como exterogestación. Durante los primeros meses, requieren contacto constante para continuar su desarrollo fisiológico y neurológico. En El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas, Ashley Montagu señala que el contacto durante esta etapa es fundamental para asegurar la supervivencia y favorecer un desarrollo equilibrado.

El contacto frecuente estimula el crecimiento cerebral y fortalece las conexiones neuronales, mientras que su ausencia puede elevar los niveles de cortisol y afectar la regulación emocional.

El contacto piel con piel: el primer vínculo

 

El contacto piel con piel inmediatamente después del nacimiento aporta múltiples beneficios: estabiliza las funciones vitales, reduce el llanto y mejora el inicio de la lactancia. Durante este proceso, se libera oxitocina, hormona que fortalece el vínculo afectivo y fomenta una respuesta sensible del cuidador. Mantener este contacto durante al menos las dos primeras horas de vida favorece un entorno fisiológicamente estable y una conexión emocional segura.

 

El porteo como extensión del abrazo

 

El porteo ergonómico prolonga los beneficios del contacto piel con piel. Dentro del portabebé, el bebé percibe movimiento, calor y cercanía, lo que refuerza su sensación de seguridad. Además, permite a los cuidadores mantener la cercanía mientras realizan actividades cotidianas.

El investigador Timothy Taylor, en The Artificial Ape, sugiere que los portabebés fueron herramientas clave en la evolución humana al facilitar la movilidad y la interacción social. Actualmente, cumplen una función similar: brindar seguridad, contacto y libertad de movimiento.

Estudios sobre porteo y apego como el publicado en Child Development evidencian que los bebés porteados presentan vínculos más seguros y niveles más bajos de estrés que aquellos que pasan la mayor parte del tiempo en dispositivos de separación (como el carro o la cuna, por ejemplo).

 

En definitiva …

 

La crianza en brazos no es una tendencia moderna, sino una práctica esencial basada en la biología y la historia de nuestra especie. El contacto constante y el porteo ergonómico promueven la seguridad, el bienestar y un desarrollo integral saludable.

Incorporar herramientas como los portabebés ergonómicos permite mantener viva esta práctica ancestral en la vida contemporánea, fortaleciendo los vínculos afectivos y fomentando una crianza más consciente y respetuosa.