Cuando la navidad ilumina la ausencia: Hablemos de soledad no deseada

Cuando la navidad ilumina la ausencia: Hablemos de soledad no deseada

Virginia Salinas Pérez

26 de diciembre de 2025

Diciembre es un mes paradójico. Mientras el calendario se llena de luces y melodías pegadizas que imponen una narrativa de felicidad infinita —reuniones familiares multitudinarias, comidas y brindis ruidosos, un calor humano que parece, por decreto social, inextinguible—, también se convierte en un tiempo especialmente duro para quienes viven la soledad no deseada.

 

Y aunque hay quienes piensan que la soledad es siempre una elección, esta conclusión parte de una visión excesivamente simplificada de la realidad. Sobre todo, porque estar solo y sentirse solo no son lo mismo. En ocasiones, la soledad buscada puede ser un refugio fértil para la reflexión y el crecimiento personal; pero cuando se convierte en una condición no deseada, impuesta por las circunstancias, la experiencia es radicalmente distinta.

La soledad es, en realidad, un fenómeno poliédrico, tan complejo como humano. No hablamos de un estado único, sino de múltiples soledades que se entrecruzan con la edad, la cultura, el género, la salud o la situación económica. Es un fenómeno difícil de conceptualizar, con un fuerte componente afectivo, pero también con dimensiones cognitivas, perceptivas y conductuales. Por un lado, existe una dimensión emocional, vinculada a sentimientos de vacío, carencia o privación en la necesidad de relación social: ese dolor social del que cada vez habla más la ciencia. Por otro lado, una dimensión cognitiva, relacionada con la discrepancia entre las relaciones sociales que una persona tiene y las que desearía tener; es decir, la sensación de no contar con vínculos significativos o de no sentirse satisfecha con los existentes, y sentirse sola aun cuando se está rodeada de otras personas.

 

La soledad no deseada no distingue edades. Los jóvenes, paradójicamente hiperconectados a través de las redes sociales, también se sienten abandonados y desconectados. Las personas mayores la padecen tras la pérdida de seres queridos, la partida de los hijos o hijas o la disminución de la movilidad. Nadie elige perder a su pareja, quedarse viudo o viuda, migrar por necesidad, envejecer con una red social que se reduce, vivir con una discapacidad que dificulta la vida social o ser excluido por su identidad o su situación económica. En todos estos casos, la soledad no es una decisión, sino una consecuencia. Pensar que “quien está solo es porque quiere” desplaza la responsabilidad exclusivamente al individuo y borra los factores sociales y estructurales que influyen: horarios laborales incompatibles con la vida social, ciudades poco amables para el encuentro, familias fragmentadas, precariedad, edadismo o un modelo de vida cada vez más individualista.

 

Esta soledad no deseada afecta a millones de personas en todo el mundo y, cuando se cronifica, la evidencia científica muestra que tiene efectos reales sobre la salud física y mental. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una de las mayores amenazas para la salud pública del siglo XXI: un problema urgente, con un fuerte impacto en la calidad de vida y un aumento de la morbimortalidad comparable al del tabaquismo, el sedentarismo o la obesidad.

 

Diciembre incorpora, además, una novedad relevante. España impulsa ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la declaración del 16 de diciembre como Día Internacional de la Soledad No Deseada, a través de la Fundación Padre Ángel y con el compromiso del Gobierno de España, en línea con la OMS y con países pioneros como Reino Unido o Japón. Se trata de un paso importante, porque la soledad no deseada sigue siendo invisible y estigmatizada. Contar con un día internacional permite hacerla visible, sacarla del ámbito privado y situarla en la agenda pública, mediática, social y política. Nombrarla sin culpa ni vergüenza es una condición necesaria para movilizar a la sociedad y promover la implicación de administraciones públicas, entidades sociales, empresas, centros educativos y ciudadanía en alianzas y acciones sostenidas contra la soledad.

 

La elección del 16 de diciembre tiene, además, un fuerte valor simbólico. Por un lado, coincide con el aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, compositor que padeció aislamiento social debido a su discapacidad auditiva, sin que ello le impidiera crear obras tan significativas como la Oda a la Alegría, un himno a la fraternidad, la unión y la esperanza que sigue emocionando al mundo.

 

Por otro, la fecha precede a la Navidad. Y no se trata de dramatizar, sino de comprender el contexto emocional. Las fechas señaladas actúan como un amplificador: cuando el entorno insiste en la unión, la felicidad y la celebración compartida, la ausencia se vuelve más visible y más dolorosa. No es que la Navidad cree la soledad, es que la hace más consciente. Para quienes cuentan con redes familiares y sociales sólidas, estas fiestas refuerzan la sensación de pertenencia; para quienes viven la soledad no deseada, pueden intensificar el vacío. Es la paradoja de unas celebraciones que exaltan la compañía y, al mismo tiempo, revelan la ausencia.

 

Por eso, la Navidad debería entenderse como una oportunidad ética y social. No basta con adornar las casas y las calles o consumir más. La verdadera esencia de estas fechas está en la solidaridad, en ese principio que la bioética europea reivindica como compromiso colectivo, donde la empatía y la compasión no son gestos aislados, sino responsabilidades compartidas.

 

El reto está en transformar el espíritu navideño en una acción comunitaria permanente: en programas que tejan redes de apoyo intergeneracional y comunitario. Si la Navidad tiene la capacidad de movilizar emociones y voluntades, puede ser también el momento idóneo para reforzar estas iniciativas y recordar que nadie debería vivir la soledad como un fracaso personal. La soledad no deseada es un problema colectivo y, si estas fiestas significan algo, debería ser la certeza de que nadie se salva solo. Convertir la solidaridad en práctica cotidiana —una llamada, una visita, un espacio compartido— puede ser el gesto más sencillo y, quizá, el más transformador. Tal vez ahí resida el verdadero milagro navideño: recordar que, en un mundo cada vez más individualista, la compañía sigue siendo el mejor regalo.

¿Qué sabemos de los trastornos de la conducta alimentaria?

¿Qué sabemos de los trastornos de la conducta alimentaria?

Ángela Alcalá Arellano

30 de noviembre de 2025

La mayoría de las personas hemos oído  palabras como “anorexia nerviosa”, “bulimia”, “atracón”, y muchas  más. Hemos visto , sobre todo, mujeres adolescentes –cada vez más jóvenes– que están extremadamente delgadas, obsesionadas por el peso, el ideal de belleza que, a diferencia de tiempos anteriores, actualmente está asociado a conseguir una delgadez cada vez mayor. Esta idea de delgadez está alimentada por las intensas y agresivas campañas de marketing, generalmente asociadas a la moda, al deporte, etc., que ponen énfasis en la imagen corporal y/o  el bajo peso.

 

Actualmente, la influencia que ejercen las redes sociales en los modelos de belleza y la intensa presión social que se ejerce, especialmente , sobre las mujeres para estar cada día más guapas y mejor, sobre todo si están  muy delgadas, lleva a algunas personas a desarrollar una obsesión sobre la alimentación, a controlar su peso, lo que consumen y qué cantidad.

 

Lograr el canon de belleza corporal que se propone  se asocia a signos (además de lo relacionado con la alimentación) como la utilización compulsiva de los gimnasios, y realización de ejercicio físico compulsivo en diversas modalidades.  

 

Estos signos son los que pueden indicar  los parámetros que pueden definir los denominados trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y qué están contribuyendo al incremento del número de casos de personas que pueden desarrollar TCA.

 

Pese a lo que se ha divulgado , los TCA son poco conocidos para una parte de la sociedad actual, tanto en lo relacionado con su frecuencia como en los graves problemas de salud que pueden desarrollar las personas que los sufren (teniendo en cuanta que la mayor parte son adolescentes, cada vez más jóvenes e incluso niñas en edades tempranas) que, pueden llegar a tener complicaciones importantes y muy graves relacionadas con la salud.  

 

Su frecuencia y gravedad pueden incluso no ser visibles ni conocidos, ya que se trata de trastornos mentales muy silenciosos y destructivos . Una situación que afecta a la persona que lo desarrolla y también a sus familias, creando situaciones de alta vulnerabilidad.

 

La Organización mundial de la Salud (OMS) nos dice que “son patologías mentales graves biológicamente influenciadas. Estos trastornos se presentan con comportamientos alimentarios anormales, acompañados por una distorsión en la percepción de la imagen corporal, una preocupación excesiva por el peso y por la comida”.

 

Los TCA afectan  a la salud física y mental y, a menudo, coexisten con la depresión, la ansiedad y el consumo indebido de sustancias. Se estima que afectan al 0,1 % de los adolescentes de 10 a 14 años y al 0,4 % de los de 15 a 19 años, y están asociados   con frecuencia al suicidio.

 

Los TCA son un conjunto de enfermedades graves que afectan a la salud mental y física y que están relacionados con:

Baja autoestima, son extremamente perfeccionistas o impulsivas.

Comportamientos anómalos en la forma de alimentarse y preocupación excesiva por lo que comen.

Una percepción distorsionada con respecto a  su imagen corporal que les provoca insatisfacción.

Preocupación excesiva por controlar lo que comen (todo lo pesan).

 

Si nos preguntamos a quién puede afectar , aunque se puede dar en cualquier persona y edad, los últimos datos están indicando que mayoritariamente son  mujeres –más del doble que varones– adolescentes en edades muy tempranas e incluso niñas. Estos datos se han incrementado después de la pandemia de la COVID -19.

 

Se estima que en  España, alrededor de 400.000 personas padecen algún trastorno de la conducta alimentaria. Unos 300.000 son jóvenes de entre 12 y 24 años la mayoría mujeres. Conviene destacar que los  TCA son las enfermedades mentales con mayor índice de mortalidad.

 

Los TCA más frecuentes son: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el atracón y el trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos. ¿Qué caracteriza a cada uno de ellos?

 

Anorexia nerviosa

Las pacientes desarrollan una obsesión con todo lo que tiene que ver con lo que pesan y la delgadez, que cada vez es mayor ya que su alimentación con el tiempo se va limitando y es muy escasa. A esta situación unen a que cada vez hacen más ejercicio y de mayor intensidad. Tiene una imagen corporal completamente distorsionada, se ven siempre “gordas” y restringen cada vez más y más su alimentación y se resisten a tener un peso adecuado y saludable.

 

Su evolución puede tener una mala evolución y  ser grave e incluso  fatal. Pueden sufrir, además, otras enfermedades como consecuencia de su deterioro y debilidad intensa: enfermedades cardiovasculares, depresión, trastornos de la personalidad, fobias sociales, la mayoría se sienten cada vez más aisladas y solitarias. Teniendo “miedo a engordar” . Por todo ello  la anorexia tiene una tasa de mortalidad muy elevada , con riesgo de morir por inanición y/o suicidio.

 

Bulimia nerviosa

A diferencia de la anorexia son personas que comen en exceso y con frecuencia para, posteriormente, tener sentimientos de culpabilidad y  provocarse vómitos o utilizar de manera continuada medicamentos como diuréticos y laxantes, incluyendo también una práctica excesiva de ejercicio.  Su peso suele ser normal e incluso tener sobrepeso .

 

Trastorno por atracón

El más frecuente y el que pasa más desapercibido  en las familias. Se caracteriza por un consumo de grandes cantidades de alimentos y de forma muy rápida hasta que se sienten llenos y eso les provoca vergüenza y culpabilidad. Siempre hacen dietas. Pueden desarrollar  enfermedades como la diabetes ,  obesidad y diversos  síntomas gastrointestinales.

 

Trastorno por evitación

En él hay una restricción rigurosa de alimentación y de los tipos de alimentos que consumen, lo que da lugar a una perdida drástica de peso e incluso desnutrición severa.

 

Ante esta problemática , ¿qué se puede hacer? Entre otras acciones, hay que realizar  campañas de prevención y desarrollar una buena formación para los diferentes profesionales, personas y familias que atienden a personas con TCA. Asimismo, evitar  el mal uso de las redes sociales y tratar de cambiar  los ideales de belleza asociado s a los modelos de delgadez entre otros.

De la cancha a la vida diaria: El impacto del baloncesto inclusivo

De la cancha a la vida diaria: El impacto del baloncesto inclusivo

Esther Molina Cerdán

3 de noviembre de 2025

La Federación Mundial de Terapeutas Ocupacionales (WFOT, por sus siglas en inglés) define la terapia ocupacional como una profesión que promueve la salud y el bienestar al apoyar la participación en ocupaciones significativas que las personas desean, necesitan o se espera que realicen. Las y los terapeutas ocupacionales trabajan con personas y comunidades para mejorar su capacidad de participar en ocupaciones significativas o adaptando la ocupación y el entorno para favorecer su compromiso ocupacional.

 

Lo expuesto anteriormente permite justificar la relevancia de organizar, desde la terapia ocupacional, el I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto para personas con problemas de salud mental. Una iniciativa que tuvo como objetivo promover la salud y el bienestar a través de un evento significativo, favoreciendo la motivación, la participación social, el sentimiento de pertenencia y la autoeficacia mediante el deporte y la experiencia compartida en equipo.

 

En este contexto se desarrolló, en primer lugar, un campeonato nacional en Benicarló, recogiendo la demanda de los jugadores de participar en una liga, una meta a la que poder aspirar al realizar entrenamientos semanales de baloncesto sin ningún propósito cercano durante varios años. Además, con posterioridad, se jugaría otro campeonato en Calatayud, lo que permitiría ofrecer un espacio, dentro del entorno rural, para actividades de sensibilización, participación y disfrute personal, incluyendo también un partido con adolescentes para promover la concienciación y ruptura del estigma desde edades tempranas.

 

La importancia de la terapia ocupacional en la organización de este tipo de eventos o actividades radica en su capacidad para promover la salud y el bienestar de personas, colectivos y comunidades, al participar en ocupaciones. El terapeuta ocupacional es el profesional idóneo para recoger necesidades individuales y colectivas de participación y desarrollar propuestas de intervención adaptadas a la situación de las personas con las que interviene, con o sin patología.

 

A continuación se describen las vivencias de los jugadores de un equipo de baloncesto inclusivo que participaron en el I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto. Personas con problemas de salud mental o sufrimiento psíquico cuyos testimonios reflejan los beneficios alcanzados y ayudan a comprender el valor de estas actividades organizadas desde la terapia ocupacional.

 

“Hacer deporte ha sido una salvación para salir del mundo de las drogas. Hacer deporte durante un ingreso me salvó la vida. Me moría. Ahora continúo haciendo deporte, algo que me encanta.”

“Haciendo deporte me abstraigo. Entro en otro mundo en el que estoy concentrado, fuera de mis pensamientos, solamente centrado en lo que estoy haciendo.”

“Participar en estos campeonatos me ha hecho recordar deportes que practicaba de pequeña. El bádminton, el baloncesto… he recordado mi infancia y he recuperado actividades de esa etapa.”

“Me lo estoy pasando muy bien.”

“Hace muchos años que no venía a la playa. Igual hacía más de 10 años que no venía y no me bañaba”. Esta afirmación, denota la importancia de que las personas recuperen sensaciones significativas.

“La práctica del deporte me ha ayudado en mi bienestar después de un proceso de sufrimiento para coordinar pensamiento y movimiento. Tienes que mantener una concentración mínima para poder pensar antes de ejecutar un movimiento, y ese trabajo lo extrapolaba a mis actividades de la vida diaria. Veía que la concentración que me requería el deporte a la hora de calcular para encestar el balón, me repercutía en actividades que cuestan en un proceso de sufrimiento, como hacer la cama, cocinar, ducharme, afeitarme, ir a la compra… y que el resultado no fuera desastroso”.

Hacer deporte te mantiene activo. Vas viendo tú mismo cómo poco a poco vas logrando pequeñas metas. Aguantas más de pie, andando, etc. Incluso te animas a practicar algún deporte en equipo, aumentando las relaciones y las habilidades sociales. Esta actividad te mantiene tonificado y activo mentalmente y físicamente. Te ayuda, con el paso de los días, a tener una motivación para seguir adelante en la vida. Actualmente… el deporte… diría que me ayuda a superarme.”

Además de estas experiencias subjetivas, se han apreciado avances en la autonomía de los jugadores, como en la actividad básica de la higiene y la imagen personal (M ha ido a la peluquería y se ha puesto ropa diferente para estos eventos), la gestión de la alimentación (saltándose su rutina marcada y platos conocidos, explorando nuevas opciones) y aptitudes como la puntualidad y el trabajo en equipo. Incluso se fortaleció la relación familiar (varios jugadores compartían con ilusión sus experiencias con sus seres queridos). Todo ello señala, también, un aumento de interés en este deporte, de la motivación y del sentimiento de equipo.

 

Conclusiones

 

La perspectiva que proporciona la terapia ocupacional resulta estratégica en el desarrollo de proyectos inclusivos, como la celebración del I Campeonato Nacional Inclusivo de Baloncesto, al promover la participación en ocupaciones significativas que impactan en la salud y el bienestar.

 

Las experiencias de los jugadores muestran cómo el deporte favorece la motivación, la autoestima, la inclusión social y el bienestar. En este sentido, la implicación de terapeutas ocupacionales en este tipo de actividades es altamente recomendable, debido al valor añadido que aporta su participación profesional.

Para un tiempo más incierto: Reflexiones sobre la salud mental

Para un tiempo más incierto: Reflexiones sobre la salud mental

José Miguel Ausejo Sanz

10 de octubre de 2025

Mi vida laboral se ha movido entre el mundo de las adicciones, los trastornos mentales graves y la atención a niños, adolescentes y jóvenes con itinerarios vitales complejos. Al mismo tiempo, he trabajado en el acompañamiento a equipos de profesionales inmersos en la atención de estos niños, adolescentes y jóvenes.

 

Soy Licenciado en Medicina, no pude y no supe hacer el MIR, y me he formado en una larga lista de cursos, horas de formación y lecturas. Creo poder decir que la formación universitaria en medicina, en aquellos años en relación con lo “psi” resultaba deficiente y poco atractiva, con una sola asignatura de psiquiatría y otra de psicología, si la memoria no me falla. No obstante, he tenido suerte de poder compartir con buenos profesionales sus conocimientos y su humanidad. También he compartido mi trabajo con profesionales que no eran médicos, pero, sin excepciones, interesados por la persona que tenían delante, por tratar de entenderla y, en la medida de lo posible, de acompañarla en su malestar y en el modo de ver y verse en el mundo.

 

En mi experiencia, y ahora que solo soy responsable de mis palabras, diría que el sistema en el que he participado y que ha pretendido dar respuesta a las “realidades” de cada persona que hemos definido como problemas de salud mental, es un sistema que se ha preocupado más por sostenerse a sí mismo que por la atención a cada persona. La dificultad surge cuando el esfuerzo por justificar y mantener la estructura nos lleva a perder de vista a la persona, sus necesidades, sus cambios y sus urgencias, y nos instalamos en la “seguridad” que nos proporciona la aparente solidez del sistema. Hacemos como si lo importante fueran las personas, pero las respuestas tratan más de sostener el entramado que de transformarlo, o adaptarlo, de forma que responda a los malestares del momento.

 

La realidad que podemos componer a través de las miradas de distintos interventores en el acompañamiento de las situaciones de “salud mental”, de la atención a los malestares de las personas, debería servirnos para evidenciar las necesidades existentes, obligándonos a modificar el sistema en los aspectos convenientes, y empujarnos a recomponer nuevos modelos de atención.

 

Por otro lado, si la “comunidad” está en crisis, ¿cómo poder acoger a las personas que plantean una percepción de la realidad “diferente”, en ocasiones extraña o peculiar, que se sale de lo corriente? ¿Cómo poder llevar adelante la acogida en la comunidad cuando esta no cuenta con los apoyos adecuados?

 

El grado de incertidumbre, de miedo, de recelo, de desconfianza que existe hacia el otro, se incrementa cuando ese otro vive esa realidad “diferente”. Esto conlleva afrontar situaciones exigentes, intensas e incluso incómodas, y ello no resulta una tarea fácil.

 

La medicina no es una ciencia exacta y la atención y el acompañamiento de personas que viven inmersas en esa realidad “diferente” ahonda en la inexactitud. Es demasiado lo que aún desconocemos y aunque en ocasiones podamos aprender recogiendo aspectos comunes a los procesos de distintas personas, la realidad es terca y nos obliga a mirar proceso a proceso.

 

Actualmente entendemos mejor el funcionamiento de algunas estructuras cerebrales, pero nos resistimos a reconocer la importancia que tiene la complejidad de cada persona en su proceso vital. Los tratamientos farmacológicos necesarios en distintas situaciones de gran malestar o sufrimiento no resuelven el proceso vital. Pueden proporcionar mayor estabilidad, un cierto atemperamiento y un alivio en la carga de malestar. Es decir, pueden ser de ayuda en la construcción de una relación de ayuda que favorezca el acompañamiento a la persona en su sufrimiento y afrontar de un modo aceptable las crisis que se puedan presentar. Sin embargo, favorecen que la persona se perciba diferente y esta percepción no siempre resulta agradable. También pueden originar consecuencias no buscadas, efectos secundarios que incrementen las sensaciones de desagrado de la persona.

 

La vida de las personas es más compleja que un intrincado entramado de receptores, circuitos, y transmisores. La importancia de los acontecimientos vitales sucedidos, y por suceder, así como de las decisiones tomadas nos muestran una realidad a la que difícilmente se puede responder de manera exclusiva con fármacos. En este sentido, aunque creo en la importancia del papel de los fármacos, creo poder afirmar que, de ningún modo, sustituyen la necesidad de una relación de ayuda.

 

Pero ¿Cómo construir esta “relación de ayuda” en una realidad compleja como la que vivimos?

 

Las personas que buscan ayuda sienten una cierta necesidad de recibirla o aquellas que se encierran en sus dificultades y se aíslan viven en estados de desconfianza, originados por los acontecimientos vividos.

 

¿Cómo construir una presencia que pueda proporcionar seguridad o que al menos aporte una experiencia de interés genuino? ¿Cómo encarar el futuro cuando la vida está condicionada por una realidad que limita y condiciona tu desarrollo como persona?

 

Acompañar a una persona de entre 20 y 40 años que vive en un entramado de aspectos que originan una realidad compleja no es una tarea sencilla. No tiene recursos económicos o estos resultan muy limitados. La capacidad para vivir de forma autónoma esta mermada. Con frecuencia usa drogas. Mantiene una relación discontinua con la “red de salud mental”, toma y deja de toma los fármacos por diferentes motivos. Lleva tiempo durmiendo mal. Mantiene una alimentación que no es muy adecuada. Hace tiempo que no realiza una tarea con la que se pueda sentir útil y perteneciente a la comunidad. Su apariencia física no resulta un aspecto en el que se detenga de forma especial y tampoco en su cuidado. Vive en un lugar inadecuado, en cualquier sitio o en la calle, y si hay familia la relación está a punto de agotarse o ya está agotada. En ocasiones se aísla, se encierra, y pierde el contacto con sus entornos sociales, refugiándose en el mundo virtual.

 

Probablemente la ayuda vaya en la dirección de tratar de entender a la persona, dedicarle tiempo, ser paciente, ser receptivo a sus necesidades, mostrarse disponible, resultar confiable …

 

Creo que no existe una respuesta definitiva. Probablemente encajar mejor las diferencias y promover acompañamientos más adecuados a cada malestar: equipos de trabajo capaces de sostener mejor a las personas afectadas y a los propios profesionales y, como señalaba al inicio, poder tener mejor conciencia de la realidad, de cómo esta va cambiando y de las dificultades a las que nos enfrenta.

 

Para acabar me gustaría poder señalar un último asunto. ¿Cómo trasladar la relación de ayuda originada? ¿Cómo hacer una buena derivación y no lanzar a la persona a la deriva tras procesos complejos y delicados que al igual que ocurre en las dolencias físicas pueden verse salpicados por distintas complicaciones?

 

El miedo, la inseguridad, el retorno a las respuestas inadecuadas que resultaron adaptativas en otro momento van a salpicar el proceso de cada individuo.

 

La incorporación más extensa e intensa a las relaciones familiares o sociales, y la búsqueda e inclusión de espacios laborales o prelaborales e incluso ocupacionales, originan situaciones en las que el estrés puede resultar muy complicado de manejar, de forma que regresar a la seguridad de lo inadecuado, pero adaptativo, se presenta como una alternativa aceptable y en ocasiones automatizada.

 

El malestar remite a los malestares vividos resultando insoportable. En este sentido la continuidad en los cuidados plantea un gran desafío. En cada edad, y ante los diferentes malestares, en los distintos contextos, estamos obligados a pensar en lo que precise cada persona.

Somos lo que hacemos: Rol ocupacional y salud mental en personas y familias

Somos lo que hacemos: Rol ocupacional y salud mental en personas y familias

Marta Marín-Berges, María Pilar Pardo Sanz y Sandra León Herrera

2 de julio de 2025

Lo que van a leer a continuación surge de una ponencia realizada en el marco del “Mayember”, Mes del Orgullo Loco, organizada por la Asociación Paso a Paso. El objetivo fue compartir una mirada desde la Terapia Ocupacional sobre la importancia de los roles ocupacionales en personas con trastorno mental grave y en sus familias.

 

¿Qué es la Terapia ocupacional?

 

La Terapia Ocupacional es una profesión sanitaria centrada en la persona, orientada a promover la salud y el bienestar a través de la ocupación.

Su objetivo principal es facilitar la participación en las actividades de la vida diaria, como levantarse de la cama, preparar el desayuno, comer con una cuchara, jugar a las cartas o desempeñar un trabajo.

Las y los terapeutas ocupacionales logran este resultado trabajando con personas y comunidades para mejorar su capacidad de participar en ocupaciones significativas, o adaptando la ocupación y el entorno para favorecer su compromiso ocupacional.

 

¿Qué son los roles?

 

Los roles han sido históricamente definidos como un conjunto de comportamientos esperados por la sociedad, moldeados por la cultura y el contexto. Pueden ser conceptualizados y definidos por una persona, grupo u organización.

Los roles representan un aspecto clave de la identidad ocupacional y ayudan a definir a la persona, grupo, o comunidad.

Además, suelen estar asociados a actividades y ocupaciones específicas; por ejemplo, el rol de madre o padre implica, entre otras cosas, cuidar a los hijos.

 

¿Qué nos proporcionan los roles?

 

  1. Identidad y autoestima:
  • Los roles —como madre/padre, estudiante, amiga/o, trabajadora/a— contribuyen a nuestra identidad y autoestima.
  • Explorar, fortalecer y mantener estos roles mejora la autoimagen y la sensación de valía personal.
  1. Estructura y rutina:
  • Los roles brindan orden, estructura y rutina a la vida diaria.
  • Para las personas con problemas de salud mental, los roles significativos ayudan a establecer rutinas saludables, lo que a su vez puede mejorar su estabilidad emocional y mental.
  1. Sentido de propósito:
  • Los roles nos aportan un sentido de propósito y significado en la vida.
  • Es necesario identificar y trabajar en roles alineados con los valores de la persona, lo que puede aumentar su motivación y compromiso con el proceso de recuperación.
  1. Participación social:
  • Los roles sociales favorecen la conexión con los demás y nos brindan oportunidades para participar en la comunidad.
  • Explorar roles que impliquen interacción positiva ayuda a integrar a las personas en su comunidad.
  1. Adaptación y ajuste: 
  • En situaciones de cambio o crisis, los roles pueden ayudar a las personas a adaptarse y ajustarse a nuevas circunstancias.
  • Acompañar a las personas a identificar nuevos roles o adaptar los existentes puede ser de ayuda para enfrentar desafíos en la salud mental.
  1. Prevención de las recaídas:
  • Mantener roles significativos actúa como factor protector contra recaídas en problemas de salud mental.
  • Fortalecer los recursos y habilidades necesarios para sostener estos roles en el tiempo puede ayudar a prevenir recaídas y promover la recuperación sostenida.

 

Los roles en las familias

 

En las familias, la presencia de cambios en la dinámica familiar es frecuente, ya que puede darse la pérdida de ciertos roles, la reducción al rol de cuidador/a, la redefinición de funciones y la aparición de nuevos roles adicionales, lo que altera las rutinas habituales. Todo esto impacta en la salud mental y física de quienes viven estas circunstancias, generando experiencias de duelo, ansiedad, estrés, síntomas depresivos y, muchas veces, sobrecarga que puede llevar a desatender el propio bienestar. Además, suelen presentarse consecuencias sociales y económicas, como el aislamiento social y dificultades económicas derivadas del tiempo y recursos dedicados al cuidado dentro del hogar.

En un contexto social donde los sistemas de apoyo son limitados y la salud mental sigue cargada de estigmas, resulta urgente reivindicar enfoques centrados en la ocupación que reconozcan la diversidad de roles como parte del proceso de recuperación.

Las políticas públicas, los equipos profesionales y la sociedad en su conjunto deben replantearse qué apoyos se ofrecen a las personas con trastorno mental grave y a sus familias para sostener una vida con sentido.

En este escenario, surgen preguntas necesarias: ¿cómo puede la Terapia Ocupacional contribuir a generar espacios que promuevan la participación y la reconstrucción de roles? ¿Estamos preparadas/os como profesionales para acompañar procesos que desafían las estructuras sociales que generan exclusión?

 

Conclusiones

Una de las intervenciones clave desde Terapia Ocupacional es fortalecer los roles significativos como parte integral de la identidad y el bienestar de las personas y promover la participación activa y satisfactoria en la vida cotidiana.

Tenemos muy presente que la pérdida o la adquisición de roles puede impactar en la salud física y mental de las personas, además de introducir cambios en la dinámica familiar o la estabilidad económica.

Salud mental de las personas trans adolescentes

Salud mental de las personas trans adolescentes

Noelia Núñez Descalzo

29 de junio de 2025

Cada 28 de junio, proclamado internacionalmente como Día del Orgullo, se conmemora el acto que sirvió de catalizador para el movimiento actual por los derechos de las personas LGTBIQ+.

El 28 de junio de 1969, se iniciaron una serie de manifestaciones en Nueva York (Estados Unidos), a consecuencia de una redada policial en el bar Stonewall Inn que era frecuentado habitualmente por la comunidad queer. Las personas que se encontraban allí se negaron a dispersarse de manera pacífica, como solía ser habitual, comenzando así una batalla abierta contra las fuerzas de seguridad en defensa de sus libertades y las del colectivo. Hoy en día esta revuelta sigue siendo el símbolo global de resistencia y orgullo para la comunidad LGTBIQ+. Fue ese mismo 1969 cuando se creó la Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR), una organización cuya función principal era dar cobijo a activistas trans en la lucha por la salvaguardar los derechos del colectivo.

Hablamos de persona trans haciendo referencia a diferentes formas de expresión de la identidad de género: transexual, transgénero e intergénero entre otras. Según algunos estudios en población adolescente entre el 0,17% y el 2,7% se identificaron como trans.

 

¿Qué es la identidad de género?

 

La identidad de género hace referencia a la experiencia personal de ser hombre, mujer o ser diferente que tiene una persona. Es decir, es la forma en la que una persona se siente y se identifica. Por ejemplo, si una persona se siente y se identifica como mujer, su identidad de género es femenina, independientemente de su sexo asignado al nacer, de su documento de identidad y del género que la sociedad le impone por su biología.

Cuando la identidad de género no coincide con el sexo asignado al nacer, la persona puede ser considerada como trans. Este hecho puede generar malestar o incomodidad, pudiendo desembocar en los casos más extremos en disforia de género. Este está causado por el sufrimiento que ocurre cuando tu cuerpo o la forma en la que te tratan los demás no encajan con quien tú eres por dentro.

 

Las personas trans adolescentes tienen peor salud mental que sus iguales cisgénero

 

La literatura científica es contundente en este sentido. Una revisión sistemática publicada en 2025 concluye que las personas trans adolescentes cargan con más sufrimiento psicológico que sus iguales cisgénero y, en consecuencia, tienen peor salud mental. No por hecho de ser trans, sino por cómo la sociedad las trata. Se enfrentan a más dificultades sociales y emocionales que impactan directamente en la construcción de su autoestima y de su identidad generando miedo e inseguridad.

A esta discriminación social se suman las barreras legales y sanitarias que afectan a la obtención de documentos o atención a la salud que respeten su identidad. Existen países como Lituania que no tienen normas específicas para las personas trans, otros como Francia donde se les exige haber pasado por tratamiento farmacológico y/o cirugía para poder acceder a una nueva documentación y otros, como es el caso de España, donde se permite la autodeterminación del individuo.

Se ha demostrado que cuando una persona trans es aceptada y respetada por su entorno social y familiar su bienestar psicológico es equiparable al de otra cisgénero.

 

Adolescentes trans y suicidio

 

El intento de suicidio y la mortalidad por suicidio es más frecuente en las personas trans adolescentes que en adolescentes cisgénero. En el estudio National Survey on LGBTQ Youth Mental Health (2020) realizado en Estados Unidos un 52% de adolescentes trans habían considerado seriamente quitarse la vida en el último año.

Es llamativo como el sexo asignado al nacer parece influir en las cifras de suicidio. De hecho, existe asociación entre la ideación suicida grave y ser una persona asignada como mujer al nacer.

Del mismo modo, el país de procedencia también parece ser un factor predisponente o protector en materia de ideación suicida. En un estudio llevado a cabo en 2022 se observó como Países Bajos cuenta con tasas de suicidio más bajas en este grupo de población que Canadá y Reino Unido. En este sentido, el hecho de que Paises Bajos sea uno de los países que más investigación produce en relación con el colectivo “trans” es posible que sea consecuencia de un contexto social más involucrado con la comunidad y, en definitiva, de un entorno protector para la salud mental de las personas trans adolescentes.

 

Disforia de género y personas trans

 

Los sentimientos de disforia de género han aumentado en las personas trans y, sobre todo, en las más jóvenes. Las razones de este aumento podrían ir de la mano, por un lado, de un mayor acceso de las personas trans adolescentes a servicios transafirmativos y, por otro, a un incremento de las referencias mediáticas. Las personas trans más conocidas sirven de modelos de imitación, lo que acelera la búsqueda de ayuda y de tratamiento, además de normalizar este proceso para el resto.

Por otro lado, se ha destacado la importancia entre la relación familiar y el adolescente trans. En esta etapa vital convulsa una mala relación con la familia favorece el consumo de alcohol o drogas, la reticencia a usar métodos de protección frente a Enfermedades de Transmisión Sexual y mayor probabilidad de sufrir problemas en sus relaciones afectivas.

Fomentar un entorno inclusivo y de apoyo frente a la disforia de género evitaría el sufrimiento físico y psicológico de las personas trans durante esta etapa vital de cambio.

 

En conclusión

 

La salud mental de las personas trans adolescentes debe ser visibilizada. Hablamos de jóvenes que, en plena construcción de su identidad, se enfrentan al estigma social, la discriminación derivada de este y el acceso limitado a servicios de salud transafirmativos, únicamente por el hecho de ser o expresarse auténticamente.

La influencia de las relaciones familiares y con sus iguales tienen un impacto clave en su salud mental, actuando como factores que agravan o protegen frente a sus posibles dificultades emocionales.

Fomentar una relación cercana y respetuosa, promover espacios seguros con acceso a salud inclusiva, es apostar por el derecho de cada persona a vivir con empatía y dignidad.