Cuidar a nuestros docentes, una prioridad ineludible

Cuidar a nuestros docentes, una prioridad ineludible

Sandra Vázquez Toledo y Jacobo Cano Escoriaza

23 de marzo de 2026

“El cuidado del docente en tiempos de IA” es el título del II Simposio Nacional del Cuidado Educativo, que se celebrará el 16 de abril de 2026 en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, presencial y retransmitido por streaming.

 

 

Está organizado por la Cátedra Fundación Edelvives del Cuidado Educativo, el Centro de Innovación, Formación e Investigación en Ciencias de la Educación (CIFICE) de la Universidad de Zaragoza, con la colaboración del Gobierno de Aragón y las Federaciones de padres y madres de Aragón, entre otras.

 

 

Ya en 2021, también reunidos en Zaragoza los más de 500 participantes en el I Congreso Internacional del Cuidado Educativo Integral “LATITUD: liderar, acompañar, transformar” PROCLAMAMOS nuestras convicciones y esperanzas en torno a mejorar el cuidado de las comunidades educativas en un contexto de salud y bienestar, con la colaboración el pensador y filósofo Luis Aranguren, del que entresacamos algunos de los principios del cuidado.

 

 

MANIFESTAMOS que somos conscientes de estar viviendo tiempos complejos para la educación y la convivencia. Nos sentimos cansados, y en ocasiones desamparados. Porque los problemas nos acucian cada día en las aulas. Al mismo tiempo, seguimos creyendo que la educación alienta nuestra esperanza de forjar personas libres y responsables desde la Educación Infantil hasta el Bachillerato y la Formación Profesional, poniendo en valor a los centros de educación especial y a la escuela rural.

 

CREEMOS en nuestra vocación educativa y somos conscientes de que podemos afrontar los enormes retos de nuestro tiempo si ponemos el cuidado de la vida en el centro. Un cuidado que atraviesa personas, procesos y estructuras renovando la calidad de nuestra docencia, la innovación, el aprendizaje significativo y profundo.

 

AGRADECEMOS los cuidados recibidos a lo largo de nuestras vidas. En buena parte somos el resultado de los vínculos amorosos que nos preceden y que han depositado en cada uno de nosotros familiares, maestros y tantas personas de referencia. En ellas hemos descubierto el verdadero rostro del cuidado.

 

ESTAMOS LEJOS de esa idea del cuidado que dulcifica la realidad o se convierte en nuevo lema publicitario que todo lo invade. Asumimos el cuidado como la posibilidad de construir una escuela alternativa al dominio frente al otro, a la competitividad sin freno y al triunfo del individualismo. Proponemos espacios de encuentro, colaborativos, interdisciplinares, poniendo como protagonistas de su aprendizaje al alumnado.

 

RECONOCEMOS las buenas prácticas, las experiencias docentes innovadoras, las investigaciones que nutren de evidencias la mejora de la educación y tantas semillas de cuidado que se han compartido a lo largo de este día.

 

ESCUCHAMOS al cuidado que no nos saca del conflicto, sino que nos introduce en él de una forma no violenta, construyendo con delicadeza espacios seguros en medio del dolor. Así, el cuidado nos aproxima al duelo, al abuso o al acoso con la mirada puesta en el bien hacer y en el bien querer. El cuidado huye tanto de la revancha como de la indiferencia. Frente a la confrontación destructiva, el cuidado tiende puentes, sin olvidarse de ponerse al lado de las personas vulnerables.

 

CONSIDERAMOS urgente promover una cultura del cuidado en nuestros centros e instituciones educativas, que nace del cultivo de los valores que dignifican a cada persona. Las normas y protocolos tienen sentido si están precedidas por una atmósfera de sensibilización ante el buen trato, la prudencia y el respeto.

 

TRABAJAMOS por desarrollar competencias transversales que fortalezcan la voluntad en medio de un mundo líquido. Promovemos el reconocimiento como una forma de sacar de la invisibilidad a los que no son vistos o son arrinconados; en nuestros centros e instituciones, nuestro lema diario es que “tu vida me importa”.

 

NECESITAMOS vincular el cuidado junto con la justicia social. Queremos educar en la ciudadanía ecosocial, que ayuda a habitar el mundo con una mirada global y con una sensibilidad hecha de gestos concretos y cercanos. El cuidado de la palabra, saludar al otro, pedir perdón, resolver pacíficamente los conflictos, empoderar al que está o se siente solo, o movilizarse ante la emergencia climática.

 

APUNTAMOS hacia el necesario cambio de paradigma en la educación y en nuestro mundo. Queremos direccionar la educación hacia el cuidado superando la búsqueda del éxito personal a cualquier precio o el hambre de consumismo. Necesitamos mirar alto y lejos y distanciarnos del cortoplacismo que nos ciega. Por eso nos comprometemos a cuidar de los demás, cuidarnos con responsabilidad y cuidar la casa común que habitamos.

 

ASUMIMOS la importancia del liderazgo en los centros educativos. Un liderazgo más estratégico que programático, más sanador que legislador, más ético que normativo, más colaborativo que individualista, más servicial que dirigente. Un liderazgo, en fin, que humaniza relaciones, espacios y procesos.

 

“ESTAMOS ante un momento crítico de la historia de la Tierra en el cual la humanidad debe elegir su futuro”. Así comienza el Preámbulo de la Carta de la Tierra proclamado en el año 2000. De nosotros, educadores y gestores de la educación, depende que las próximas generaciones acierten a realizar las mejores decisiones posibles en un cambio de época de consecuencias insospechadas a día de hoy. Por eso nos tomamos en serio cuidar y cuidarnos, y ponemos nuestra esperanza en el cuidado educativo integral comprendida como una nueva de ordenar el mundo y de instalarnos creativamente en él. Apostar por el cuidado es darnos esperanza para un futuro mejor.

El cerebro en los niños. Comprender un órgano en desarrollo para cuidar el futuro

El cerebro en los niños. Comprender un órgano en desarrollo para cuidar el futuro

Cristina Fuertes Rodrigo

10 de marzo de 2026

El cerebro infantil es uno de los sistemas biológicos más dinámicos y complejos del organismo humano. Durante los primeros años de vida, este órgano experimenta un crecimiento acelerado y una reorganización constante que sientan las bases de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales de la persona. En el marco de la Semana Mundial del Cerebro, resulta especialmente relevante acercar a la sociedad los conocimientos que la neurociencia ha generado sobre esta etapa crucial del desarrollo.

 

Un órgano en crecimiento continuo

 

El cerebro comienza a formarse pocas semanas después de la concepción y continúa desarrollándose de manera intensa durante toda la infancia. Al nacer, el bebé ya cuenta con la mayoría de las neuronas que tendrá en la edad adulta, pero estas células todavía no están organizadas en los circuitos complejos que permitirán pensar, hablar, recordar o regular las emociones. En los primeros años de vida, el cerebro crece a un ritmo extraordinario: aumenta de tamaño, se especializa y establece millones de conexiones nuevas cada día.

 

Una de las características más llamativas de esta etapa es la enorme producción de sinapsis, los puntos de comunicación entre neuronas. Este fenómeno, conocido como exuberancia sináptica, permite que el cerebro infantil sea especialmente flexible y capaz de adaptarse a una gran variedad de entornos y experiencias. No obstante, esta abundancia inicial no es definitiva. A medida que el niño crece, el cerebro identifica qué conexiones son útiles y cuáles no, y elimina las que no se utilizan con frecuencia. Este proceso, llamado poda sináptica, optimiza el sistema y permite que los circuitos que se mantienen se vuelvan más rápidos, eficientes y especializados. El resultado es un órgano en constante transformación, preparado para aprender, reorganizarse y responder a las experiencias que ofrece el entorno.

 

Factores que influyen en el desarrollo cerebral

 

El desarrollo del cerebro infantil es el resultado de la interacción entre múltiples factores biológicos, ambientales y sociales. La investigación actual destaca varios elementos clave:

 

Genética: Proporciona el plano básico del desarrollo, determinando aspectos estructurales y funcionales del cerebro. No obstante, la genética no actúa de forma aislada, todo está influenciado por el entorno.

Experiencias tempranas: Cada interacción, conversación, juego o estímulo sensorial contribuye a moldear los circuitos neuronales. Las experiencias repetidas fortalecen conexiones, mientras que la falta de estimulación puede limitar el desarrollo de ciertas habilidades.

Relaciones afectivas: El vínculo con cuidadores es uno de los factores más influyentes. Un entorno emocional seguro permite regular el estrés y favorece la maduración de áreas cerebrales relacionadas con la empatía, la autorregulación y la toma de decisiones.

Nutrición: Nutrientes como los ácidos grasos omega-3, el hierro, el yodo o determinadas vitaminas son esenciales para la formación de membranas neuronales, la mielinización y la transmisión sináptica.

Actividad física y juego: El movimiento estimula la maduración de redes motoras, sensoriales y cognitivas. El juego libre, además, favorece la creatividad, la planificación y la resolución de problemas.

Entorno físico y social: La calidad del ambiente influye en el desarrollo cognitivo y emocional. Espacios verdes, oportunidades de exploración, interacción social variada y ausencia de contaminantes favorecen un desarrollo más saludable.

Uso de pantallas: La exposición a dispositivos digitales es un factor cada vez más relevante. La evidencia científica sugiere que un uso excesivo en edades tempranas puede afectar la atención, el sueño y el desarrollo del lenguaje. No se trata de demonizar la tecnología, sino de regular tiempos, contenidos y contextos. En la primera infancia, se recomienda priorizar la interacción humana y el juego físico sobre el consumo pasivo de pantallas.

 

Etapas sensibles del desarrollo cerebral

 

El cerebro cambia durante toda la vida, pero existen periodos especialmente sensibles en los que determinadas habilidades se desarrollan con mayor facilidad. Estas ventanas de oportunidad permiten que el aprendizaje sea más eficiente, pero también hacen que el cerebro sea más vulnerable a experiencias adversas.

 

De 0 a 3 años: Se consolidan los sistemas sensoriales, el lenguaje y las bases de la regulación emocional. El contacto afectivo, la interacción constante y la exploración segura son esenciales.

De 3 a 6 años: Se desarrolla el pensamiento simbólico, la creatividad y el control motor. El juego imaginativo y la experimentación favorecen la maduración de redes cerebrales complejas.

De 6 a 12 años: Se fortalecen funciones cognitivas como la memoria de trabajo, la atención sostenida y la planificación. La escolarización y la vida social adquieren un papel central.

Adolescencia: Se reorganiza profundamente la corteza prefrontal, responsable del autocontrol, la toma de decisiones y la gestión emocional. El cerebro adolescente es especialmente sensible a recompensas inmediatas, lo que puede aumentar la atracción por pantallas y redes sociales. La educación digital y el acompañamiento familiar son fundamentales.

 

Estas etapas no son rígidas, pero ayudan a comprender por qué ciertas habilidades emergen con más facilidad en determinados momentos y por qué el entorno tiene un impacto tan significativo.

 

La Semana Mundial del Cerebro: una oportunidad para la divulgación

 

La Semana Mundial del Cerebro es una iniciativa internacional que busca acercar la neurociencia a la sociedad y promover la importancia de la salud cerebral. En el caso de la infancia, este mensaje es especialmente relevante: invertir en el desarrollo cerebral temprano es invertir en el futuro de toda la comunidad.

 

Comprender cómo se desarrolla el cerebro infantil permite tomar decisiones más informadas en el ámbito familiar, educativo y social. Crear entornos seguros, estimulantes y afectivos es un compromiso colectivo que contribuye al bienestar y al aprendizaje desde los primeros años de vida.

Obesidad infantil: Todos tenemos algo que decir

Obesidad infantil: Todos tenemos algo que decir

Roberto Alijarde Lorente

4 de marzo de 2026

La obesidad infantil es una condición caracterizada por una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que representa un riesgo para la salud en los niños y adolescentes.

 

La obesidad infantil ha aumentado de forma alarmante en las últimas décadas, constituyendo uno de los desafíos de salud pública más importantes del siglo XXI. En el año 2024, se estimó que más de 35 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso en todo el mundo, y cerca de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso y obesidad. Entre 1990 y 2022, la prevalencia de obesidad en niños y adolescentes pasó del 2% al 8% globalmente, con incrementos en todas las regiones y grupos socioeconómicos.

 

Aunque los datos de incidencia, que miden los nuevos casos por unidad de tiempo, son menos frecuentemente reportados a nivel global, los patrones sugieren que la incidencia continúa siendo elevada, especialmente en contextos urbanos y en países de ingresos bajos y medios, donde la transición nutricional y estilos de vida sedentarios están aumentado.

 

La obesidad infantil es una enfermedad multifactorial, dependiendo su desarrollo de la interacción de múltiples factores:

 

Desequilibrio energético: La causa fundamental es un desequilibrio entre la energía ingerida y la energía gastada, favorecido por dietas altas en calorías, alimentos ultraprocesados ricos en grasas y azúcares, y un estilo de vida sedentario con baja actividad física.

Factores ambientales y socioeconómicos: La urbanización, el fácil acceso a alimentos ultraprocesados, la falta de espacios seguros para la realización de actividad física y la publicidad de productos poco saludables son clave en la epidemia de obesidad infantil.

Influencias familiares y comunitarias: Los hábitos familiares en alimentación y actividad física, el nivel educativo y económico de los cuidadores principales y la disponibilidad de alimentos saludables son factores determinantes.

Factores genéticos y biológicos: Sabemos que el aumento reciente de la incidencia y prevalencia de la obesidad viene explicado principalmente por factores ambientales y conductuales a nivel individual, familiar y comunitario. Pero también sabemos, que la genética juega un papel importante en el desarrollo de la obesidad. Existen múltiples variantes genéticas que aumentan la susceptibilidad a ganar peso, especialmente en entornos obesogénicos con alta disponibilidad de alimentos calóricos y sedentarismo. La genética puede influir en la regulación del apetito y la saciedad, en el gasto energético basal, la distribución de grasa corporal, la respuesta metabólica a alimentos y las conductas alimentarias.

La obesidad en niños, en muchas ocasiones, no presenta signos físicos evidentes de inmediato. Algunos pueden manifestar mayor sensación de fatiga o dificultad para realizar actividad física, problemas respiratorios o alteraciones ortopédicas. Pero la mayoría no describe síntomas, restando importancia a la condición de tener sobrepeso u obesidad.

 

La obesidad tiene consecuencias en la salud del paciente y de la sociedad a corto, medio y largo plazo, con importantes implicaciones en morbilidad y mortalidad. A corto plazo, la obesidad infantil implica principalmente la aparición de alteraciones metabólicas(dislipemia y resistencia a la insulina) y problemas psicológicos (baja autoestima, estigmatización, ansiedad y/o bullying).

 

A medio y largo plazo, la obesidad infantil es un factor de riesgo que aumenta la mortalidad prematura en el adulto, siendo factor de riesgo para la aparición de enfermedades no transmisibles como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Aunque la obesidad puede actuar como factor de riesgo independiente, recordar que en muchas ocasiones irá asociado a otros condicionantes como sedentarismo y malos hábitos de alimentación.

 

Es conocida por la población general la relación entre obesidad y enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión arterial o enfermedad cardiovascular. Desarrollaremos con mayor profundidad un tema más actual y no tan conocida por los lectores como es la relación entre obesidad y cáncer, y otro especialmente importante en la edad infantil como es la relación entre obesidad y bullying.

 

La obesidad infantil y el bullying están muy relacionados y constituyen un problema creciente a nivel de salud pública y del ámbito escolar. Diversos estudios muestran que los niños con sobrepeso y obesidad tienen mayor probabilidad de sufrir acoso escolar con una fuerte implicación en la salud mental y el desarrollo social del niño. El bullying hacia niños con obesidad suele basarse en el estigma del peso. El acoso genera baja autoestima, ansiedad, depresión, aislamiento social, conductas compulsivas, sedentarismo y baja participación en actividades físicas haciendo más difícil la lucha contra la obesidad.

 

La obesidad se ha reconocido como un factor de riesgo de algunos tipos de cáncer. La evidencia epidemiológica muestra como el exceso de tejido adiposo puede favorecer algunos procesos biológicos (inflamación crónica de bajo grado, alteraciones hormonales, resistencia a la insulina con hiperinsulinemia y alteraciones en el microbioma y el sistema inmunitario) que aumentan la probabilidad de desarrollar cáncer.

 

Sabemos que el inicio temprano de la obesidad y los años de evolución aumentan el riesgo de complicaciones crónicas. De ahí, la importancia de la obesidad en edad infantil y de realizar intervenciones en este grupo de edad.

 

Tratamiento

 

El tratamiento de la obesidad infantil es multifactorial, dirigido a mejorar hábitos de vida y apoyar cambios conductuales.

 

Intervenciones conductuales y educativas dirigidas al niño y su familia para mejorar alimentación y actividad física.

Seguimiento clínico regular controlando el crecimiento, la composición corporal y los factores de riesgo asociados.

Apoyo psicopedagógico para mejorar aspecto emocionales y conductuales relacionados con la alimentación.

 

Prevención

 

La Organización mundial de la salud (OMS) subraya que la prevención es la estrategia más eficaz para luchar contra la epidemia mundial de obesidad infantil, dado que el tratamiento una vez establecida es complejo y, con frecuencia, con resultados no satisfactorios.

 

A nivel individual, las intervenciones deben ir dirigidas a:

 

Alimentación saludable aumentando el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Fomentar el consumo de proteína de alta calidad y grasa saludable. Limitar el consumo de azúcares, grasas saturadas y alimentos ultraprocesados. Controlar el tamaño de las raciones.

Actividad física: Implementar la cultura del niño activo. Luchar contra el sedentarismo. Disminuir el uso de pantallas y recomendar al menos 60 minutos diarios de actividad física de moderada a vigorosa adecuada al desarrollo del niño.

A nivel comunitario y político cómo se puede actuar. La OMS enfatiza que la prevención requiere enfoques multisectoriales e integrados que incluyan:

 

Políticas que incluyan entornos alimentarios saludables: Regulación de la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a niños; Aplicar impuestos a bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, junto con incentivos para alimentos saludables y de proximidad.

Políticas escolares: Educación nutricional en escuelas y comunidades; Programas de alimentación escolar nutritiva; Tiempo obligatorio para actividad física; Algunas intervenciones estructuradas en escuelas y comunidades que combinan educación nutricional y actividad física se han mostrado beneficiosas en reducir el riesgo de obesidad y mejorar parámetros antropométricos a medio plazo.

Diseño de ciudades que promuevan la actividad física: Parques y espacios seguros para jugar; Infraestructuras para caminar o ir en bicicleta; Reducción del sedentarismo asociado a entornos urbanos poco activos.

Reducción de las desigualdades sociales: Políticas que mejoren el acceso a alimentos saludables, educación y servicios de salud.

Fortalecer la atención primaria y los programas de prevención temprana.

 

Conclusión

 

La obesidad infantil es un problema global con consecuencias profundas para la salud presente y futura. Su prevalencia e incidencia han aumentado en las últimas décadas impulsadas por cambios en la dieta, sedentarismo y ambientes obesogénicos. La evidencia internacional, impulsada en gran medida por las recomendaciones de la OMS, señala que frenar la obesidad infantil requiere políticas públicas sólidas y sostenidas. Los gobiernos tienen un papel clave porque muchos de los factores que favorecen la obesidad están relacionados con el entorno en el que viven los niños, y no únicamente con decisiones individuales.

 

La obesidad infantil es prevenible si se abordan sus causas estructurales. La combinación de políticas públicas, educación, entornos saludables y participación comunitaria puede cambiar la trayectoria de esta epidemia. Actuar hoy no solo mejora la salud actual de nuestros niños, sino que también contribuye a construir sociedades más sanas en el futuro.

El largo camino de las personas con una enfermedad rara

El largo camino de las personas con una enfermedad rara

Héctor Nafría Soria

1 de marzo de 2026

Imagina que empiezas a notar un síntoma inespecífico: un dolor, una fatiga algo no te sienta bien. Hay días en los que apenas puedes levantarte y otros en los que consigues seguir adelante como si nada. Buscas ayuda. Vas al médico, que te deriva a un especialista; después a otro, y luego a otro más (a veces piensan que inventas tus síntomas). Sin darte cuenta, comienza un peregrinaje al más puro estilo Ulises, intentando descubrir qué te ocurre. A veces, si tienes suerte, el diagnóstico llega en tu propia comunidad autónoma; otras veces el viaje te lleva a recorrer cientos de kilómetros hasta que alguien da con la clave.

 

Esta es, aproximadamente, la realidad de los tres millones de personas que viven en España con una enfermedad rara (ER). Los datos indican que el diagnóstico tarda en llegar una media de cinco años, y en muchos casos puede superar los diez años, sin olvidar a quienes pasan toda su vida sin obtener un diagnóstico definitivo.

 

Así lo puso de manifiesto el Estudio ENSERio, publicado por FEDER en 2009, que nos dio de bruces con la situación de los pacientes con ER en España. El informe mostró el grave retraso diagnóstico, así como las grandes dificultades en el acceso a tratamientos: alrededor del 40% de los pacientes no contaba con un tratamiento adecuado o no tenía ninguno. También destacó el fuerte impacto económico en las familias, que podían destinar cerca del 20% de sus ingresos a gastos derivados de la enfermedad, además de situaciones frecuentes de discriminación social, señaladas por más del 75% de los afectados. A ello se sumaba la insatisfacción con la atención sanitaria, ya que más del 45% de los pacientes no estaba satisfecho y muchos profesionales reconocían un conocimiento insuficiente sobre estas patologías.

 

¿Qué es una enfermedad rara?

 

En España, una enfermedad rara es aquella que tiene una baja prevalencia en la población, concretamente cuando afecta a menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes, según el criterio establecido por la Unión Europea y adoptado en nuestro país. Sin embargo, esta definición no es igual en todo el mundo. En Japón, por ejemplo, se considera enfermedad rara a aquella que afecta a menos de 50.000 personas en todo el país, lo que equivale aproximadamente a menos de 1 caso por cada 2.500 habitantes.

 

Aunque cada enfermedad rara afecta individualmente a pocas personas, en conjunto, existen más de 6.000 enfermedades raras diferentes y su impacto global es muy significativo. Se estima que afectan a alrededor de 3 millones de personas en España y a más de 300 millones en el mundo, lo que representa entre el 3,5% y el 5,9% de la población mundial. Dicho de otra forma, aproximadamente 1 de cada 17 personas vive con una enfermedad rara.

 

¿Por qué el nombre?

 

En una época marcada por lo políticamente correcto, el término rara puede resultar incómodo. Conviene recordar que rara es la enfermedad, no la persona que la padece. A lo largo de los años se han propuesto alternativas como enfermedades minoritarias o enfermedades poco frecuentes, buscando un lenguaje más técnico e inclusivo.

 

Sin embargo, es importante recordar que en los años 90 fueron las propias asociaciones de pacientes quienes decidieron organizarse bajo el término enfermedades raras, dando lugar en España a la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER). El nombre no fue impuesto desde fuera, sino asumido por el propio movimiento asociativo como una forma de visibilizar una realidad compartida y de reivindicar derechos. Visto con la perspectiva del tiempo, parece que fue una buena decisión de marketing.

 

Al final, más allá del debate lingüístico, lo esencial no es la palabra, sino el reconocimiento, la atención sanitaria adecuada, la investigación y el respeto hacia las personas que conviven con estas enfermedades. Si fueron los propios pacientes quienes decidieron llamarlas así, quizá la pregunta no sea cómo debemos nombrarlas, sino cómo debemos acompañar y apoyar a las personas.

 

¿Cómo son las enfermedades raras?

 

La mayoría de las enfermedades raras (ER) son crónicas, graves y de origen genético, y muchas de ellas se manifiestan en la infancia. Suelen ser patologías complejas, progresivas y, en muchos casos, discapacitantes. Precisamente por su base genética y su baja prevalencia, históricamente han contado con pocos recursos de investigación y desarrollo terapéutico.

 

A nivel global, se estima que solo entre el 5% y el 6% de las enfermedades raras cuentan con un tratamiento específico aprobado, lo que significa que más del 90% no dispone aún de una terapia curativa. Esto no implica necesariamente que no exista ningún tipo de atención, pero sí que en la mayoría de los casos el abordaje es sintomático y paliativo. Por ello, las personas que viven con una ER suelen necesitar cuidados continuos, que pueden incluir atención médica especializada, rehabilitación, apoyo psicológico, ayudas técnicas y, en muchos casos, cuidados familiares diarios.

 

El futuro de las enfermedades raras

 

El futuro de las ER está cada vez más vinculado a la inteligencia artificial, la edición genética y las terapias avanzadas, abriendo un horizonte mucho más esperanzador que hace apenas una década. La IA ya se utiliza para acelerar el diagnóstico (reduciendo años de incertidumbre mediante el análisis de datos clínicos y genómicos) y para identificar nuevas dianas terapéuticas o reutilizar medicamentos existentes. La edición genética, especialmente mediante tecnologías como CRISPR, permite corregir mutaciones responsables de enfermedades hereditarias, y ya existen terapias génicas aprobadas para algunas patologías raras.

 

Aunque persisten desafíos importantes, como el alto coste de las nuevas terapias o las desigualdades en el acceso, la IA ya está transformando profundamente el panorama de las enfermedades raras.

 

Por supuesto, las personas también necesitan un nuevo paradigma en su atención, basado en la incorporación de enfermeras gestoras de casos con competencias avanzadas y experiencia específica, tal y como se concluye en un artículo publicado en 2024.

 

Tal vez dentro de unos años el inicio de este artículo no tenga que hablar del tiempo que tarda alguien en obtener un diagnóstico, y quizá incluso el propio concepto de rara pierda parte de su significado, porque la tecnología habrá permitido identificar, comprender y tratar estas enfermedades con mayor rapidez y precisión. Pero hasta entonces, debemos seguir visibilizando y celebrando el Día Mundial de las Enfermedades Raras.

Más que un juego viral. El peligroso vínculo entre el reto del paracetamol y las autolesiones en adolescentes

Más que un juego viral. El peligroso vínculo entre el reto del paracetamol y las autolesiones en adolescentes

Eva Benito Ruiz

25 de febrero de 2026

En la era digital, lo que comienza como un vídeo de pocos segundos en redes sociales puede transformarse en una emergencia sanitaria de consecuencias irreversibles. Actualmente, una tendencia alarmante conocida como el reto del paracetamol ha encendido las alarmas entre los profesionales sanitarios, no solo por su toxicidad física, sino por lo que revela sobre la salud mental de nuestros jóvenes.

 

¿En qué consiste el reto del paracetamol?

 

Viralizado principalmente en plataformas como TikTok, este desafío incita a los jóvenes a ingerir cantidades masivas de paracetamol con un objetivo perturbador: pasar el mayor tiempo posible ingresado en un hospital. El ganador es quien logre el ingreso más prolongado. Aunque pueda parecer una gamberrada de internet, según numerosos expertos es una auténtica ruleta rusa letal.

 

La trampa del colapso silencioso

 

El paracetamol es un fármaco común y seguro en dosis pautadas (máximo 4 gramos al día en adultos), pero se vuelve una sustancia nociva en exceso. Lo más peligroso de este reto es su naturaleza engañosa:

 

Fase inicial silenciosa: Tras la ingesta, el joven puede sentir solo náuseas leves, lo que le da una falsa sensación de seguridad mientras su hígado comienza a colapsar internamente.

 

Toxicidad hepática: El exceso del fármaco genera un metabolito altamente tóxico llamado NAPQI que destruye las células del hígado.

 

Daño irreversible: Si no se administra el antídoto (N-acetilcisteína) idealmente en las primeras 8 horas, el fallo hepático puede ser irreversible, requiriendo un trasplante o conduciendo a la muerte.

 

El vínculo con las autolesiones en adolescentes

 

Aunque muchos adolescentes participan en este reto por la búsqueda de aceptación social o curiosidad, la ingesta de sustancias nocivas está catalogada médicamente como una forma de autolesión no suicida.

 

Escuchar no es solo un acto de cortesía, sino una herramienta de supervivencia y prevención crítica. Es fundamental comprender que las autolesiones no siempre buscan el fin de la vida, sino que a menudo representan un grito silencioso de ayuda y una forma desesperada de comunicar un dolor emocional que resulta abrumador para el adolescente.

 

Los jóvenes pueden recurrir a estas conductas por una combinación de diversos factores complejos:

 

Regulación emocional: Al infligirse dolor físico o ponerse en situaciones de riesgo (como puede ocurrir en el reto del paracetamol), buscan aliviar momentáneamente sentimientos de vacío, ansiedad o depresión mediante la liberación química de endorfinas que aminoran el trauma.

 

Influencia social: Esta desempeña un papel crítico en la actualidad, ya que la idealización de estas conductas en redes sociales puede empujar a adolescentes vulnerables a adoptarlas para sentirse integrados o buscar reconocimiento en su grupo de pares.

 

Búsqueda de control: En un mundo que les parece inmanejable, permitiéndoles retomar el dominio sobre su propio cuerpo cuando otros aspectos de su vida, como las presiones familiares o académicas les resulta incontrolable.

 

Señales de alerta para padres y cuidadores

 

Para los padres y cuidadores es crucial mantener una vigilancia constante ante señales de alerta que puedan ser sutiles pero reveladoras. Un indicio común son los cambios repentinos de vestimenta, como el uso de mangas largas, pantalones largos o exceso de joyas incluso en verano, con el fin de ocultar cicatrices, cortes recientes o marcas derivadas de estos retos.

 

Asimismo, se debe prestar atención a los cambios en el humor o aislamiento, que incluyen retirarse de círculos sociales habituales, pasar demasiado tiempo encerrados, mostrar una irritabilidad excesiva o disminución inexplicable del rendimiento académico.

 

Por último, no se deben ignorar las manifestaciones verbales de desesperanza; comentarios sobre no tener futuro o hablar directamente de la necesidad de desaparecer podrían ser alarmas críticas que indican que el adolescente podría estar en una situación de riesgo grave y requiere apoyo profesional inmediato para evitar que la situación escale a daños irreversibles.

 

¿Cómo actuar?

 

La prevención no depende solo de prohibir, sino de educar y escuchar.

 

Conversar: No preguntar directamente sobre estos retos o sobre si se han hecho daño. Como padres, hay que escuchar sin juzgar y validar sus emociones. Muchos adolescentes que se autolesionan sienten vergüenza, culpa o miedo, lo que les dificulta pedir ayuda de forma directa. Es por ello que resulta importante que los padres y/o cuidadores adopten una postura sin prejuicios. Escuchar más de lo que se habla, permitiendo que el joven se exprese sin temor a ser reprendido. Validar lo que sienten es el primer paso para que dejen de usar su cuerpo como tablero de expresión.

 

Entorno seguro y de confianza: Establecer un plan de seguridad en conjunto con el adolescente puede ser una herramienta de confianza. Esto incluye reorganizar el hogar para que sea más seguro (como mantener los medicamentos bajo llave) no como una medida punitiva, sino como un acuerdo mutuo de protección durante momentos de crisis emocional.

 

En lugar de solo prohibir, es necesario escuchar sus experiencias digitales y fomentar el pensamiento crítico sobre los contenidos que consumen. Se ha observado que los padres que pasan demasiado tiempo en redes sociales (hasta 8 horas al día) pueden bloquear involuntariamente oportunidades de cercanía emocional y conversación, aumentando el riesgo de depresión en sus hijos.

 

No es necesario fingir que el tema no nos afecta. Los padres pueden admitir que hablar de autolesiones es difícil para ellos, pero siempre enfatizando que el motor de la conversación es el amor y la preocupación por su bienestar. Expresar un apoyo incondicional permite que el joven sienta que el hogar es un refugio seguro y no un tribunal.

 

Apoyo profesional: Si detectan alguna señal, acudir al pediatra o a un profesional de salud mental. Las autolesiones se pueden tratar y se pueden superar con el apoyo adecuado antes de que escalen a problemas más graves.

 

Es importante dedicar tiempo a los adolescentes no solo para supervisarlos, sino para construir un vínculo protector que puede marcar la diferencia entre la salud y una conducta de riesgo. Priorizar la salud mental y las relaciones familiares es una de las estrategias más eficaces para reducir los riesgos de depresión y ansiedad en los jóvenes.

 

Participar en un reto viral puede parecer un juego, pero cuando el tablero es la propia salud, las consecuencias pueden ser permanentes. La alfabetización mediática digital y la comunicación familiar son nuestras mejores herramientas para proteger a los jóvenes en este ecosistema digital tan complejo.