La lengua materna también cura: Por qué hablar en tu idioma es un factor de salud

La lengua materna también cura: Por qué hablar en tu idioma es un factor de salud

Isabel Herrando Rodrigo

22 de febrero de 2026

Hay una escena que se repite más de lo que nos gustaría: una persona entra en consulta, entiende “más o menos” lo que le dicen, asiente por educación (por cansancio, por vergüenza), sale con una receta en la mano y un “ya veremos”. En casa descubre que no sabe exactamente qué hacer. No es mala voluntad ni falta de interés. Muchas veces es un problema de lengua materna: la que se habla y, sobre todo, la que  se siente.

 

En OCODES llevamos tiempo insistiendo en que la información en salud es un bien común y que la desinformación se cuela donde hay grietas. Una de esas grietas se llama barrera lingüística. Y no solo afecta a personas migrantes o turistas: también impacta en quienes dominan la lengua oficial de un país, pero no lo usan como lengua de confianza (por ejemplo, mayores, comunidades bilingües o personas vulnerables y/o en situaciones de estrés). En salud, la lengua que se utiliza no es decoración: es infraestructura.

 

Cuando no hablamos la misma lengua, baja la calidad y sube el riesgo

 

La evidencia es bastante consistente: las barreras de idioma en el sistema sanitario se  asocian con peor comunicación, menor satisfacción tanto para los pacientes como para el personal sanitario, y problemas de seguridad del paciente (errores, malentendidos, adherencia más baja al posible tratamiento).

 

Y al revés, cuando el profesional sanitario atiende en el idioma preferido del paciente, lo que se llama concordancia lingüística , la relación tiende a ser más sólida, generando confianza, comprensión y alianza terapéutica. Ejemplos de estas situaciones se pueden encontrar en multitud de contextos como en Estados Unidos y la población de habla hispana o en Canadá con la población anglófona y francófona. Incluso hay estudios observacionales que encuentran asociaciones entre concordancia lingüística y menor riesgo de resultados adversos en poblaciones que hablan lenguas minoritarias.

 

No es una cuestión de percepción, sino de carga cognitiva. Cuando recibimos información sanitaria en una lengua que no es nuestra lengua materna, el cerebro debe dedicar más recursos para comprenderla. Y la salud, por naturaleza, ya implica incertidumbre, estrés y urgencia.

 

La lengua materna no solo se entiende: se habita

 

La lengua materna es la que usamos para contar lo difícil: dolor, vergüenza, sexualidad, duelo, ansiedad. Es la lengua del matiz. Y en salud, el matiz lo es todo: no es lo mismo “me duele” que “me quema”, “me pincha”, “me oprime” o “me despierta por la noche”.

 

Aquí aparece un punto poco visible pero clave: emociones y lenguaje van de la mano. Como explica Mamen Horno (2024)  en Un cerebro lleno de palabras, el lenguaje no es una capa superficial que usamos para describir lo que sentimos, sino una herramienta que estructura nuestro pensamiento y modula nuestra experiencia emocional. Las palabras activan redes neuronales asociadas a recuerdos, afectos y vivencias previas, especialmente cuando pertenecen a nuestra lengua materna. Por eso, recibir información sanitaria en la propia lengua materna no solo facilita la comprensión racional, sino que también ofrece un anclaje emocional que reduce la incertidumbre y el miedo. Cuando el mensaje llega en otra lengua, no solo aumenta el esfuerzo cognitivo: también puede debilitar ese vínculo afectivo que ayuda a procesar, integrar y confiar en la información recibida.

 

De ahí que la investigación en bilingüismo y procesamiento emocional sugiere que la lengua en la que codificamos experiencias puede influir en cómo sentimos y expresamos emociones.  Dicho sin bata blanca: a veces, en una segunda lengua eres más funcional pero menos preciso para lo íntimo. Eso importa porque en muchas consultas lo que se diagnostica y se trata no es una analítica, sino una historia: síntomas, contexto, hábitos, adherencia, creencias, miedos. Y esa historia sale mejor en tu lengua materna porque te acompaña y acoge de una manera más fiel en tu fragilidad cuando enfermas.

 

El intérprete profesional: el antivirus más infravalorado del sistema

 

Cuando no hay concordancia lingüística, el recurso más eficaz no es el Google Translate humano (tu primo, tu hijo, tu vecino), sino que debería ser un intérprete profesional. Disponer de este recurso,  reduce malentendidos, mejora calidad asistencial y protege la confidencialidad (especialmente en salud sexual, violencia, salud mental).

 

La traducción informal tiene un riesgo silencioso: filtra, simplifica y censura. Un adolescente interpretando a su madre en una consulta de ginecología quizás no llegue a ser “ayuda familiar” sino una receta para el desastre (clínico y humano).

 

¿Qué podemos hacer ya? Medidas simples, impacto real

 

En consulta, pide ser atendido/a tu lengua materna para reducir riesgo.

Si no hay personal sanitario que hable tu lengua, y el sistema sanitario de tu Comunidad Autónoma no ofrece intérpretes profesionales, recurre a herramientas y aplicaciones de tu teléfono móvil o dispositivo electrónico. La Inteligencia Artificial también puede ser de gran ayuda en esta mediación lingüística.

Prepara un mini-guion en tu lengua materna: síntomas, cuándo empezaron, qué empeora/mejora, medicación, alergias.

Para profesionales y gestores: medir “idioma preferido” como un dato clínico más (como alergias o antecedentes) y normalizar circuitos de interpretación. La seguridad del paciente también habla distintas lenguas maternas.

 

En definitiva

 

La lengua materna no es un lujo cultural, sino que también debe concebirse como un determinante de salud. Influye en comprensión, confianza, adherencia al tratamiento, calidad del relato clínico y—en algunos casos—en resultados. Si nos tomamos en serio la lucha contra la desinformación en salud, también debemos tomarnos en serio algo básico: que la información sea entendible y habitable para quien la recibe.

 

Porque en cuestiones de salud, muchas veces, la diferencia entre “me lo explicaron” y “lo entendí” no es inteligencia: es lengua materna.

 

 

 

 

 

Cáncer infantil en Aragón: La fuerza de los datos frente al ruido de la desinformación

Cáncer infantil en Aragón: La fuerza de los datos frente al ruido de la desinformación

Gabriel Tirado Anglés y Mariano Dieste Marcial

15 de febrero de 2026

Cuando la desinformación se adelanta a los hechos

 

Vivimos tiempos complejos. Las redes sociales han dado una visibilidad sin precedentes a quienes difunden afirmaciones sin base científica. Aunque son una minoría, su capacidad de generar ruido es enorme y las consecuencias no son menores: pueden llevar a los pacientes a tomar decisiones contrarias a su salud y generan miedo, alarma e incertidumbre en el conjunto de la sociedad. Un ejemplo recurrente: cada vez que fallece un niño o un joven por una causa que los medios de comunicación no detallan en un primer momento, aparecen comentarios de personas más o menos anónimas atribuyendo dicho fallecimiento a las vacunas de la COVID. Les da igual que los médicos forenses determinen después que la causa ha sido otra completamente distinta. El bulo ya ha sido esparcido y la duda, generada.

 

A nosotros nos ocurrió el año pasado, en el Día Internacional del Cáncer Infantil, cuando ofrecimos una rueda de prensa para informar de la incidencia de esta enfermedad en nuestra comunidad. Señalamos que, en 2024, 38 niños fueron diagnosticados de cáncer infantil en Aragón. Muchos medios recogieron la noticia y la publicaron en sus canales, incluidas sus redes sociales. No tardaron en aparecer, sobre todo en Facebook, comentarios asegurando que los niños tenían cáncer precisamente por las vacunas.

 

La realidad es que esa incidencia —38 casos en 2024— está absolutamente dentro de la media de las últimas décadas. Y por este motivo es tan importante que aparezcan iniciativas como OCODES, que permiten desmentir bulos y divulgar información basada en la evidencia científica. Eso es precisamente lo que vamos a hacer a continuación: aportar datos que consideramos esenciales para tener un contexto adecuado sobre esta enfermedad en Aragón y en España.

 

Una enfermedad que no es nueva ni está aumentando

 

El cáncer infantil no es una enfermedad nueva ni ha aparecido a raíz de las vacunas. Además, a diferencia del cáncer en adultos, cuya incidencia está aumentando sobre todo por el progresivo envejecimiento de la población, el cáncer pediátrico se mantiene totalmente estabilizado. Se registran aproximadamente 1.000 casos nuevos al año en España, de los que entre 35 y 40 se dan en Aragón.

 

Es importante explicar que, el cáncer infantil, es una enfermedad rara. El número reducido de casos hace que haya años con una incidencia algo mayor y otros que son «valle». Esto es precisamente lo que nos ha ocurrido en 2025 en Aragón: se han diagnosticado 28 casos nuevos, una cifra por debajo de lo habitual. Pero esto entra dentro de la normalidad estadística. En enfermedades raras, estas fluctuaciones anuales son esperables y no indican por sí solas una tendencia al alza ni a la baja. Cuando se observa a medio plazo —en periodos de cinco años—, los años con menos casos, por desgracia, se compensan con los que tienen más.

 

Supervivencia: motivos para la esperanza y para seguir trabajando

 

¿Cuál es la supervivencia de esta enfermedad? En España, la supervivencia del cáncer infantil se sitúa actualmente en el 83,9%. Es un dato esperanzador: más de cuatro de cada cinco niños con cáncer se curan. Pero no debe hacernos olvidar que el 16,1% restante no salen adelante. Si se diagnostican 1.000 nuevos casos al año en España, esto se traduce en que alrededor de 161 niños no superarán la enfermedad. De hecho, el cáncer infantil continúa siendo la principal causa de muerte por enfermedad en la infancia.

 

Con todo, hay razones sólidas para el optimismo. La investigación y la medicina funcionan. Según el informe RETI de la SEHOP (Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas), de donde hemos extraído estos datos, la supervivencia de los niños diagnosticados de cáncer en 1980 fue del 54,8%. Casi la mitad no sobrevivía. Hemos mejorado prácticamente 30 puntos porcentuales en apenas cuatro décadas. Es un éxito rotundo que se debe al esfuerzo continuado de investigadores, profesionales sanitarios y, por supuesto, de las familias.

 

Tumores pediátricos: enfermedades distintas que necesitan investigación propia

 

Al igual que ocurre en el cáncer de adultos, existen multitud de tumores pediátricos, y cada uno es un mundo. El tratamiento que funciona para una leucemia linfoblástica aguda no sirve ante un meduloblastoma: uno afecta a la sangre y el otro es un tumor que aparece en el cerebelo.

 

El cáncer infantil más frecuente es la leucemia, que representa el 29% de los casos. Le siguen los tumores del sistema nervioso central (23%), los linfomas (13%) y los neuroblastomas (8%). Pero ha de tenerse en cuenta que no hay un solo tipo de leucemia, ni un solo tipo de tumor del sistema nervioso central o de linfoma. La diversidad es enorme.

 

Probablemente, algunos de estos términos resulten poco familiares, en especial «neuroblastoma» y «meduloblastoma». Es normal. Mucha gente asume que los niños padecen los mismos tumores que los adultos, y esto no es exactamente así. Los menores no desarrollan cánceres muy habituales en personas mayores, como el de mama o el de colon. Y los adultos, a su vez, prácticamente no presentan algunos tumores que se dan casi exclusivamente en la infancia, como los neuroblastomas y los meduloblastomas, entre otros.

 

Datos y conocimiento: la mejor respuesta frente a los bulos

 

Por todo esto es tan importante apoyar, también, la investigación específica del cáncer infantil. Son enfermedades distintas y necesitan proyectos propios en busca de una mejor supervivencia.

 

Y por todo esto son tan necesarias iniciativas como OCODES: porque frente al ruido de la desinformación, la mejor herramienta que tenemos es el conocimiento riguroso, basado en datos y en evidencia científica. Compartirlo es responsabilidad de todos.

Bob Marley, cannabis y mito cultural. Entre la música y la salud

Bob Marley, cannabis y mito cultural. Entre la música y la salud

Juan José Aguilón Leiva y Antonio Manuel Torres Pérez

8 de febrero de 2026

Cada 6 de febrero, el mundo entero recuerda a Bob Marley. No solo por su talento musical, que llevó el reggae desde Jamaica a todos los rincones del planeta, sino también por su papel como símbolo de la cultura rastafari, actuando como portavoz de un mensaje de paz, resistencia y libertad.

Su apariencia tan característica –rastas, sonrisa, ropa cómoda y de colores rasta (rojo, amarillo y verde) y, casi siempre, agarrado a su guitarra– está inseparablemente ligada a la marihuana. Para sus admiradores, Marley no solo cantaba sobre la vida: la fumaba. Esa asociación, repetida durante décadas y todavía presente para muchos, ha contribuido a construir una imagen distorsionada donde el cannabis aparece como algo natural, espiritual e incluso inofensivo. Pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Dónde termina el símbolo cultural y dónde empieza la realidad sanitaria?

 

Bob Marley y el cannabis

 

Para entender la relación de Bob Marley con la marihuana hay que situarse en el contexto del movimiento rastafari, una corriente espiritual nacida en Jamaica en los años 30. Bajo esa forma de ver la vida, el cannabis no se entiende como una droga recreativa, sino como una hierba sagrada, empleada para la meditación, la reflexión y la conexión espiritual.

 

Marley hablaba abiertamente acerca de su consumo como un acto de fe y de resistencia frente a un sistema opresor. En entrevistasafirmaba que la hierba le ayudaba a revelar la verdad y liberarse mentalmente, lo que unido a su carisma y al poder de su música, convirtió el consumo de cannabis en un símbolo de rebeldía pacífica, especialmente entre jóvenes de todo el mundo.

 

Décadas después, ese símbolo se ha descontextualizado y el consumo de marihuana se ha convertido en una práctica trivial, cotidiana y recreativa. Posiblemente sin pretenderlo, Bob Marley pasó a ser un icono de normalización de consumo de cannabis.

 

¿Es realmente inocuo el cannabis?

 

Frente a una percepción social ampliamente extendida –“el cannabis no es tan malo”, “es menos dañino que el tabaco”, “es natural” o “no crea adicción”–, el consumo de esta sustancia psicoactiva puede acarrear importantes efectos negativos para la salud. Algunas de estas consecuencias ya fueron abordadas en este medio, en la Tribuna OCODES titulada Cannabis sativa: ¿Remedio natural o puerta de entrada a la adicción?, cuya lectura sigue siendo recomendable.

 

No obstante, conviene recordar que, el consumo de cannabis resulta particularmente nocivo cuando se inicia a edades tempranas o se mantiene de forma frecuente e intensa. Alteraciones en la memoria y la atención, bajo rendimiento académico o la aparición de trastornos mentales –como psicosis, ansiedad y depresión, entre otros– son solo algunos ejemplos de los efectos que pueden presentarse en las personas consumidoras, especialmente durante la adolescencia.

 

Más allá de la esfera mental, el consumo de cannabis también conlleva consecuencias respiratorias, vómitos persistentes, mayor riesgo de sufrir accidentes de tráfico o problemas de motivación y abandono de proyectos personales. Además, en un contexto de normalización social, se tiende a infravalorar estos riesgos, lo que dificulta la detección precoz y la intervención sanitaria.

 

Información, no idealización

 

Bob Marley murió joven, a los 36 años, a causa de un melanoma maligno de la piel. Aunque el cannabis no acabó con su vida, tampoco es honesto utilizar su figura para justificar su consumo. Celebrar el Día de Bob Marley es celebrar la música, la lucha contra la injusticia o la defensa de la dignidad humana. No debería ser la excusa para romantizar el consumo de sustancias, especialmente cuando sabemos que pueden causar daño.

 

Cuando un icono tan importante como Bob Marley queda ligado a una droga, la responsabilidad de OCODES –y la de todos, especialmente de las instituciones sanitarias– es ofrecer una información rigurosa, clara y sin moralismos, libre de mitos. El consumo de cannabis no es inocuo, tampoco es inofensivo y afecta de forma desigual a las personas. Recordar a Bob Marley debería ser una oportunidad magnífica para hablar de valores humanos, libertad, autocuidado y salud mental. Posiblemente, ese espíritu consciente y libre, esté mucho más cerca del verdadero legado de Bob Marley.

Mutilación genital femenina: Una violación de los derechos humanos que debe ser erradicada

Mutilación genital femenina: Una violación de los derechos humanos que debe ser erradicada

Médicos del Mundo Aragón

6 de febrero de 2026

Cada 6 de febrero, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), una fecha clave para visibilizar, sensibilizar y renovar el compromiso colectivo con la erradicación de una de las formas más graves de violencia contra las mujeres y las niñas. La mutilación genital femenina no es una práctica cultural inocua ni una tradición ancestral inofensiva: es una violación de los derechos humanos, una manifestación extrema de desigualdad de género y una forma de violencia basada en el control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

 

La Organización Mundial de la Salud define la MGF como «todos los procedimientos que implican la alteración o lesión de los órganos genitales femeninos externos por razones no médicas». Se estima que más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo han sido sometidas a esta práctica, principalmente en países de África, Oriente Medio y algunas zonas de Asia, aunque también está presente en contextos migratorios en Europa, América del Norte y otros territorios.

 

La mutilación genital femenina se realiza mayoritariamente en niñas y adolescentes, y está profundamente arraigada en normas sociales que perpetúan la desigualdad entre mujeres y hombres. Suele justificarse bajo argumentos relacionados con la tradición, la pureza, la religión o la supuesta preparación para el matrimonio. Sin embargo, ninguna religión prescribe la MGF, y su persistencia responde fundamentalmente al deseo de controlar la sexualidad femenina, garantizar la virginidad, la fidelidad conyugal y la obediencia a los roles de género impuestos.

Desde una perspectiva de derechos humanos, la MGF vulnera derechos fundamentales como el derecho a la integridad física y mental, el derecho a la salud, el derecho a no sufrir tortura ni tratos crueles, inhumanos o degradantes, así como los derechos de la infancia cuando se practica en menores de edad. Además, refuerza la idea de que el cuerpo de las mujeres no les pertenece plenamente, sino que está sujeto a decisiones comunitarias y patriarcales.

 

Las consecuencias son graves y duraderas, a corto plazo, puede provocar dolor extremo, hemorragias, infecciones, shock e incluso la muerte. A largo plazo, muchas mujeres sufren dolor crónico, complicaciones ginecológicas y obstétricas, problemas urinarios, disfunciones sexuales y graves afectaciones a la salud mental, como ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático. Estas secuelas condicionan su autonomía, su bienestar y su participación plena en la vida social.

 

En las últimas décadas se han producido avances significativos. Cada vez más países han prohibido legalmente la mutilación genital femenina, y numerosas comunidades han iniciado procesos de abandono colectivo de la práctica.

 

Médicos del Mundo, desde un enfoque integral, aborda este problema para evitar sus implicaciones físicas, psíquicas, sociales y legales mediante la prevención y la sensibilización.

El objetivo que se persigue es reducir su práctica y mejorar las condiciones sanitarias y la integración social entre la población inmigrante que reside en España.

 

Las actividades siguen una dinámica participativa, priorizando el protagonismo y la aportación de las personas titulares de derechos (mujeres y niñas procedentes de países de riesgo). La incorporación de mediadoras y mediadores a la intervención es un eje central de la actividad, determinante para lograr los objetivos.

 

Nuestro trabajo implica a mujeres, adolescentes y niñas procedentes de países de riesgo, así como a los hombres. Es importante comprometer a toda la comunidad por el peso en la toma de decisiones y en los cambios de actitud, tanto en España como en los países de origen.

 

Nuestra intervención potencia la coordinación de profesionales y el trabajo en red con otras entidades públicas y privadas. Consideramos determinante la sensibilización de los profesionales para lograr una intervención integral y adecuada. En este sentido, Médicos del Mundo Aragón ha liderado la creación de protocolos de actuación llevados a cabo por la Administración Pública aragonesa, visibilizando de esta forma de violencia contra la mujer.

 

El 6 de febrero no es solo una fecha simbólica, sino un llamado a la acción. Erradicar la mutilación genital femenina es posible, pero exige voluntad política, recursos sostenidos y un compromiso firme con la igualdad de género. Implica reconocer que no puede haber relativismo cultural cuando se vulneran derechos fundamentales y que la protección de las mujeres y las niñas debe situarse en el centro de las políticas públicas y de la acción social.

 

Hablar de mutilación genital femenina es hablar de justicia, dignidad y derechos humanos. En este día, reafirmamos que ninguna niña debe sufrir violencia en nombre de la tradición y que la tolerancia cero es una responsabilidad compartida.

Mutilación genital femenina. Un desafío de salud y derechos humanos en España

Mutilación genital femenina. Un desafío de salud y derechos humanos en España

Roberto Alijarde Lorente

5 de febrero de 2026

La mutilación genital femenina (MGF) se define como toda práctica que consiste en la alteración o daño a los órganos genitales femeninos por razones no médicas, generalmente por motivos culturales o tradicionales, y sin ningún beneficio para la salud de la persona afectada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoce como una violación de los derechos humanos, la integridad física y la salud sexual y reproductiva de mujeres y niñas, siendo considerada una forma extrema de discriminación por género.

 

A nivel mundial, se estima que más de 200 millones de mujeres y niñas vivas han sufrido mutilación genital femenina. Esta práctica tiene sus raíces en ritos ancestrales y se concentra principalmente en 30 países del África Subsahariana, algunas zonas de Oriente Medio (Yemen e Irak) y Asía (Indonesia, Malasia, India). Los países con mayor prevalencia a nivel mundial son Somalia, Guinea, Egipto, Eritrea, Mali, Sierra Leona y Sudán. Actualmente la MGF se considera un desafío global debido a los movimientos migratorios documentando casos y poblaciones en riesgo en países como España, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Canadá y Australia.

UNICEF, Demographic and Health Surveys (DHS), and Multiple Indicator Cluster Surveys (MICS), via World Bank (2026) – processed by Our World in Data

Tipos de Mutilación genital femenina

 

Según la OMS se han establecido cuatro tipos de MGF:  Tipo I: Resección parcial o total de clítoris y/o prepucio (Clitoridectomía); Tipo II: Resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores; Tipo III: Estrechamiento de la abertura vaginal con la creación de un sello mediante corte y recolocación de los labios menores y mayores, con o sin escisión del clítoris; Tipo IV: Todos los demás procedimientos lesivos de los genitales femeninos con fines no médicos, tales como la punción, perforación, incisión, raspado o cauterización.

 

La MGF no solo implica un trauma físico inmediato (dolor intenso, hemorragias, infecciones y riesgo vital), también secuelas a largo plazo como problemas urinarios, dolor crónico, disfunción sexual, complicaciones durante el parto y traumas psicológicos y emocionales persistentes. En España, existen casos de mujeres que han buscado cirugías reconstructivas genitales para reparar el daño sufrido durante la MGF realizada en sus países de origen, lo que subraya la gravedad de las secuelas y la necesidad de una atención integral.

 

La importancia de la información y la prevención

 

Desde al año 2003, España tipifica la MGF como delito de lesiones en el Código Penal (artículo 149.2), castigando la realización de esta práctica con penas de prisión de 6 a 12 años. Si la víctima es menor, se puede imponer la inhabilitación de la patria potestad de 4 a 10 años. La legislación española reconoce la MGF como una forma de violencia contra las mujeres y una violación de los derechos humanos en la Ley Orgánica de Protección Jurídica del menor.

 

La ley española contempla que la realización de la MGF fuera de España, pero con autores que se encuentran residiendo en territorio español puede ser perseguida por los tribunales españoles, lo que incluye viajes familiares a países de origen.

 

Además del Código Penal, Ley Orgánica de Protección Jurídica del menor obliga a los profesionales y servicios a informar y actuar ante riesgos de daño grave para la salud o integridad de los menores, incluidos los relacionados con la MGF.

 

Se sabe que los principales factores asociados al riesgo de MGF incluyen: a) Origen cultural o familiar de comunidades donde se practica la MGF; b) Viajes a países de origen donde la práctica está arraigada culturalmente; c) Falta de educación o conocimiento de los riesgos y las leyes que los prohíben.

 

Las autoridades sanitarias, educativas o sociales cuentan con protocolos de seguimiento y sistemas de vigilancia para identificar situaciones de riesgo, informar y poder actuar en coordinación con el servicio jurídico y policial.

 

Algunos pilares fundamentales para erradicar la MGF son:

Programas formativos para profesionales de la salud, educación y servicios sociales.

Sensibilización de las comunidades migrantes sobre los derechos de las niñas y los riesgos de esta práctica. Trabajar con agentes de mediación intercultural dentro de las propias comunidades para fomentar el abandono de la práctica desde el respeto cultural y el diálogo.

Informar a las familias del marco legal en España.

Compromiso preventivo: Es una herramienta clave donde las familias firman un documento que certifica que la niña está intacta antes de un viaje al extranjero, generalmente a su país de origen. Este documento sirve de apoyo a los padres para resistir a las presiones familiares en sus países de origen.

 

La prevención en España se basa en un enfoque multidisciplinar que implica al sistema sanitario, educación y a los servicios sociales. Es esencial la formación y capacitación de pediatras y docentes que puedan realizar prevención primaria basada en la confianza y empatía, y no solo en la criminalización. En España, aunque no es una práctica endémica, miles de niñas están en riesgo por su origen cultural y familiar, lo que obliga a acciones coordinadas de vigilancia, educación, prevención y atención. El marco legal español es claro, pero la prevención eficaz depende de la formación profesional, la educación comunitaria y el compromiso social para proteger a las niñas y conseguir erradicar la MGF.

 

Información, concienciación y prevención: Debemos luchar por conseguir un mundo sin mutilación genital femenina.