Sexualidad en la vejez: un derecho que no se jubila
Sexualidad en la vejez: un derecho que no se jubila
María Causín Notivoli
8 de abril de 2026
En la actualidad, la sexualidad en la senectud persiste como un tema objeto de debate y rodeado de prejuicios. Existe la concepción errónea de que los adultos mayores carecen de deseos sexuales; no obstante, una parte significativa de esta población mantiene una vida sexual activa, elemento que resulta fundamental para su bienestar físico y emocional.
Desde el ámbito sanitario, debemos asumir la responsabilidad de eliminar estos estigmas y promover la idea de que la sexualidad no expira con el paso de los años, sino que experimenta un proceso de transformación y adaptación.
Su propia percepción
Una revisión sistemática publicada en la Revista Española de Salud Pública analizó la percepción que las personas de edad avanzada tienen acerca de su propia sexualidad y los hallazgos fueron claros: muchos desean mantener una vida sexual activa.
Sin embargo, persisten barreras entre las que destacan la falta de intimidad —especialmente crítica en entornos institucionalizados y residencias—, el temor al juicio social por parte de familiares o cuidadores, y la escasez de espacios seguros para abordar esta temática.
De lo anterior se desprende que el conflicto no reside en la población mayor, sino en los estereotipos de la sociedad. Persiste una visión que vincula la sexualidad exclusivamente a la juventud, a la normatividad estética y a la capacidad reproductiva, marginando así a quienes mantienen su deseo y la búsqueda de vínculos afectivos más allá de los 60 años.
El cuerpo cambia, el deseo se mantiene
El envejecimiento conlleva transformaciones físicas que afectan a la esfera sexual.
En las mujeres, la menopausia puede causar sequedad vaginal o disminución de la elasticidad. Estos síntomas pueden tratarse eficazmente con lubricantes a base de agua, humectantes vaginales o incluso con tratamientos hormonales.
En cuanto a los hombres, es habitual encontrar problemas en la erección o una reducción en la frecuencia de deseo. Es por esto mismo que se recomienda para ellos mantener una vida sexual activa, pues según una investigación del American Journal of Medicine, esta se asocia con un menor riesgo de desarrollar disfunción eréctil.
Cuando la salud dificulta el deseo
La satisfacción sexual puede verse afectada en los ancianos por afecciones como la artritis o el dolor crónico, que pueden convertir una experiencia placentera en otra físicamente incómoda.
Asimismo, la funcionalidad sexual puede verse afectada por diversas condiciones prevalentes en esta etapa vital como el deterioro cognitivo y las demencias, las enfermedades metabólicas como la diabetes, las cardiopatías, los eventos cerebrovasculares, así como trastornos del estado de ánimo y la incontinencia.
La sexualidad tiene muchas formas
Un concepto fundamental para comprender la sexualidad en la senectud es su naturaleza multidimensional, la cual trasciende el coito. En esta etapa, elementos como las caricias, los abrazos, la conexión emocional, las miradas o los diálogos profundos adquieren una relevancia equivalente o superior a la actividad sexual convencional.
Con el paso del tiempo, la sexualidad se vive con una intensidad diferente. Esta etapa puede ser el momento para descubrir nuevas formas de estar juntos y conocer las nuevas necesidades. El deseo de amar y ser amado no se jubila.
Sexualidad en la consulta: lo que no se pregunta, no se cuida
En la atención primaria española, el abordaje de la sexualidad en los mayores sigue siendo insuficiente. Un estudio realizado en 2017 reveló que, aunque el 98,6% de los médicos de familia reconozcan la sexualidad como un aspecto importante de la salud, solo el 40,6% lo registra en la historia clínica.
Las principales barreras en la consulta son la falta de tiempo y la poca capacitación. De la misma manera, la incomodidad en el abordaje de temas sexuales en la consulta continúa siendo un obstáculo importante.
Para abordar mejor la sexualidad en los adultos mayores en la atención primaria, es esencial promover una formación continua en salud sexual y sensibilizar a los profesionales sobre la relevancia de esta dimensión en la salud integral de los adultos mayores. Igualmente, es necesario garantizar entornos de confianza y privacidad donde los usuarios puedan manifestar sus inquietudes y demandas respecto a su vida sexual.
Es importante intervenir frente a estas barreras; de lo contrario, la sexualidad permanecerá invisibilizada, trastornos clínicos no serán diagnosticados y los adultos mayores podrían normalizar la insatisfacción.
Derechos sexuales en la senectud
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud sexual como un elemento fundamental de la salud integral que persiste a lo largo de toda la vida. Bajo esta premisa, se garantiza el derecho a recibir información y atención sanitaria y a disfrutar de una vida sexual autónoma, exenta de juicios o presiones externas.
Así pues, la sexualidad en la senectud no es un capricho, sino un derecho humano. Defenderlo es también una forma de mantener la autoestima y proteger frente a la soledad no deseada que muchos mayores experimentan al sentir que su vida íntima ya no tiene relevancia.
Conclusión
La sexualidad en la tercera edad constituye una realidad que todavía se ve condicionada por mitos y estigmas que limitan el bienestar de muchas personas mayores.
Desde el sector de la salud, debemos derribar estas barreras. Escuchar a las personas mayores, apoyarlas sin juicios y crear un espacio para conversar sobre su sexualidad es una manera de respetar su dignidad y autonomía.
Porque el derecho a sentir no caduca con la edad.

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