Ictus: Cada minuto cuenta

Ictus: Cada minuto cuenta

Pilar Domínguez-Oliván

29 de octubre de 2025

Cada año, el 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus y este año 2025 está dedicado a la importancia de actuar rápido frente a una de las principales causas de discapacidad en el mundo.

 

¿Qué es el ictus?

 

El ictus o accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que ocurre porque de manera repentina no llega sangre a una parte del cerebro, ya sea por una obstrucción (llamado también ictus isquémico o infarto cerebral) o una hemorragia (conocido como “derrame”). El primero supone aproximadamente el 80% de los ictus en Aragón. En ambos tipos de ictus, el tejido cerebral afectado deja de recibir oxígeno y nutrientes y, en cuestión de minutos, puede dejar de funcionar, lo que causa daños cerebrales que pueden ser irreversibles.

 

Se calcula que una de cada cuatro personas sufrirá al menos un ictus a lo largo de su vida. El número de casos de ictus está aumentando en población general y en adultos jóvenes (menores de 55 años) en todo el mundo, debido a la mayor esperanza de vida y a factores de riesgo que son, en su mayoría, evitables. Según el Atlas del Ictus en España de 2019, el ACV es la segunda causa de muerte por enfermedad en el mundo y la primera en mujeres. En España, alrededor de 120.000 personas sufren un ictus cada año y unas 25.000 fallecen.

 

Cuando se sobrevive, 1 de cada 6 personas queda con discapacidad funcional y aumenta el riesgo de deterioro cognitivo leve o incluso de demencia.

 

No, el ictus no es solo cosa de mayores

 

La mayor parte de los ictus se deben a factores evitables. En concreto, la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud actualizada en 2024 establece diez factores de riesgo modificables. La principal causa de ictus a cualquier edad es el tabaquismo, pero también influyen la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el consumo de alcohol y la fibrilación auricular. En personas más jóvenes, son frecuentes los trastornos de coagulación, el desgarro interno de la carótida y el consumo de cocaína, opioides y cannabis. Incluso menores de 15 años pueden sufrir un ictus, aunque es raro; en estas personas suele deberse a malformaciones en los vasos sanguíneos del cerebro o a problemas cardíacos. No obstante, en el 25% de los casos (y en el 50% en pacientes jóvenes) la causa es desconocida.

 

¿Cómo reconocer un ictus?

 

Los síntomas pueden aparecer de forma repentina y no siempre son evidentes. Sin embargo, hay señales clave que pueden salvar vidas.

La Fundación Freno al Ictus, que promueve iniciativas y proyectos para reducir el impacto social del ictus en España, recoge los síntomas de aparición más frecuentes:

  • Pérdida de la mímica y parálisis de media cara (pídale a la persona que sonría)
  • Pérdida de fuerza o debilidad en un lado del cuerpo (pídale a la persona que levante los brazos)
  • Problemas para hablar o de comprensión (pídale a la persona que responda a una pregunta sencilla: ¿cómo te llamas?)

Es fácil recordar el acrónimo FAST (“rápido” en inglés): Face-Arm-Speech-Time (cara-brazo-habla-tiempo).

 

Otros posibles síntomas pueden ser:

  • Dolor fuerte o súbito de cabeza.
  • Problemas de visión doble o pérdida de visión.
  • Problemas de equilibrio o inestabilidad.
  • Pérdida de sensibilidad u hormigueo en un lado del cuerpo.

 

Hay que tener en cuenta que no todos los ictus provocan dolor de cabeza intenso ni todos los síntomas son evidentes. Además, la persona puede no estar consciente para seguir órdenes, por lo que, ante la menor sospecha de ictus, hay que llamar al 061 o acudir inmediatamente a un servicio de urgencias.

 

El ictus es una emergencia sanitaria en la que el tiempo es clave

 

El ictus es una enfermedad tiempo-dependiente. Cuanto antes se actúe, mejores serán las posibilidades de recuperación.

 

El “Código Ictus” es un sistema que permite la rápida identificación, notificación y traslado de los pacientes a los servicios de urgencias hospitalarios. Su objetivo es reducir la mortalidad y minimizar las secuelas y posibles complicaciones, para lograr el mayor número de vidas independientes. Las actuaciones de reperfusión, tratamiento conservador o específico del ictus hemorrágico, que restauran el flujo sanguíneo y reducen el daño cerebral han de realizarse en las primeras 6 horas después de que este se produzca si se cumplen criterios. Por eso insistimos: no hay que demorar la petición de ayuda sanitaria, ya que cada minuto cuenta.

 

He tenido un ictus, ¿voy a recibir tratamiento?

 

Una vez que la persona se encuentra estabilizada, generalmente entre 24 y 48 horas después del ictus, suele iniciarse la neurorrehabilitación. Lo ideal es que este proceso comience en las Unidades de Ictus de los hospitales. No importa la edad de la persona para recibir tratamiento.

 

Forman parte del equipo neurorrehabilitador médicos con especialidad en medicina física y rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y neuropsicólogos fundamentalmente.

 

El objetivo del tratamiento interdisciplinar es favorecer la recuperación de las funciones previas a la lesión (física, cognitiva, emocional…) y reducir las secuelas, con la prioridad de alcanzar la mayor autonomía posible y el retorno a la vida en comunidad. Es fundamental que el tratamiento individualizado comience pronto, dado que la neuroplasticidad cerebral después de la lesión está aumentada. Por término medio, la mayor recuperación se produce en torno a los 6 meses (atención hospitalaria y ambulatoria), aunque se pueden conseguir mejoras pasado este periodo (atención comunitaria), con diferencias en los programas ofertados por las distintas Comunidades Autónomas en cuanto a duración y frecuencia.

 

Los tratamientos deben ser realizados por personal especializado e incluyen actividades que van desde la intervención manual hasta la telerrehabilitación. Han de ser actividades significativas para la persona, con tareas específicas establecidas y objetivos consensuados con el paciente, de dificultad creciente y con práctica variada. Su finalidad es recuperar funciones con la mejor calidad posible y con el menor número de compensaciones.

 

A lo largo del tratamiento influye positivamente la autoeficacia del paciente, con su motivación, afrontamiento activo y perseverancia. El equipo de neurorrehabilitación también se encarga de informar y formar al entorno del paciente en los cuidados y atenciones necesarios.

 

Recuerda: incorpora a tu vida hábitos saludables y ante un ictus, actúa rápido.

Más allá del diagnóstico: el camino de Cristina durante el cáncer de mama

Más allá del diagnóstico: el camino de Cristina durante el cáncer de mama

Cristina Caudevilla García

19 de octubre de 2025

A los 37 años, Cristina Caudevilla trabajaba como técnico de Educación Infantil y cuidaba de sus dos hijas pequeñas. La rutina diaria transcurría entre el trabajo, la familia y los planes cotidianos, hasta que en enero de 2024 un diagnóstico de cáncer de mama interrumpió su normalidad.

Actuar ante las señales

“En septiembre me noté un bulto, pero pensé que era por la lactancia”, recuerda Cristina. Su hija pequeña tenía apenas siete meses, y ella seguía con lactancia materna. Esperó unos meses, pero el bulto no desapareció. En diciembre acudió a su médico de cabecera, quién solicitó una ecografía preferente. Sin embargo, los plazos se alargaban.

“Era Navidad, y hablando con la familia decidí pedir cita en un centro privado. Me dieron cita el 3 de enero, me hicieron eco y mamografía todo el mismo día… y me dijeron que no pintaba bien”.

Acudió sola. Salió de allí llorando y tomó un taxi a casa para contarlo a su familia, quién le acompañó al hospital público con los informes en la mano y logró que la atendieran de inmediato en la Unidad de Mama. “Ese mismo día viendo el informe me hicieron las tres biopsias. El 9 de enero me confirmaron el diagnóstico: cáncer de mama. Tenía 37 años”.

Esa rapidez fue clave: “Mi primera quimio fue el 25 de enero, un día después de mi cumpleaños. Si me hubiera esperado a la cita del hospital público prevista para el 15 de febrero, habría empezado el tratamiento casi dos meses más tarde”.

Cristina insiste en la importancia del diagnóstico precoz: “A veces el sistema va más lento de lo que debería. Por eso es fundamental que las mujeres aprendan a explorarse y acudan al médico ante cualquier duda. Yo no estaba en edad de cribado; por protocolo, las mamografías empiezan a los 50. Si no llego a actuar por iniciativa propia, quizá habría sido demasiado tarde.”

Su experiencia ha tenido un efecto de concienciación en su entorno: “Ahora todas mis amigas cada vez que se notan un bulto o algo, están concienciadas. Me dicen: ‘Cris, esto…’ `Cris, lo otro …’. Todas han empezado a explorarse, a ir a los médicos, a hacerse revisiones. Antes era algo que dejabas pasar.”

Recibir la noticia: gestionar el impacto emocional

Recibir un diagnóstico de cáncer nunca es fácil. Cristina recuerda aquel momento como “un shock”, pero sorprende su serenidad al contarlo. “Nunca pensé en la muerte. Siempre confié en los médicos y fui paso a paso. Lo más difícil fue pensar en mis hijas: cómo decírselo, cómo reorganizarlo todo.”

La menor no tenía todavía el año, y la lactancia tuvo que interrumpirse de inmediato. “Pasó al biberón sin problema. Tomé la pastilla para cortar la leche y seguimos adelante. La mayor tenía tres años, y ahí fue más complicado: cómo explicarle que mamá ya no iba a trabajar y que iba a llevar un pañuelo en la cabeza”.

En ese punto, Cristina y su marido buscaron apoyo psicológico en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). “Fui a la AECC enseguida, porque necesitaba saber cómo afrontar la situación en casa. Nos atendió una psicóloga que nos ayudó a cómo hablar con la niña. Nos dio pautas, libros y consejos muy útiles. No hicieron falta más sesiones: lo gestionamos en casa con naturalidad, pero su ayuda fue esencial al principio.”

Además del apoyo psicológico, Cristina recibió orientación de la trabajadora social de la asociación. “Ella nos explicó los recursos disponibles, las ayudas económicas y los permisos laborales. Desde el hospital público no te dan esa información. Si no lo buscas tú, no sabes que existen”.

Cristina añade: “Cuando te dan el diagnóstico, te cambian la vida de golpe. No sabes qué va a pasar ni cómo se va a reorganizar todo, pero poco a poco vas avanzando.”

Una red que sostiene

“En todo momento estuve acompañada”, cuenta Cristina. Su marido no faltó a ninguna cita, y sus padres, su hermana y sus suegros se volcaron en el cuidado de las niñas. “Vivimos todos en Zaragoza, y eso ha sido una suerte. Los abuelos se turnaban para recogerlas, darles de cenar o quedarse con ellas si yo tenía pruebas que implicaban aislamiento. En casa nunca estuvimos solos.”

También el entorno laboral tuvo un papel relevante. Cristina llevaba solo tres meses en su nuevo trabajo cuando tuvo que coger la baja. “Se lo comuniqué ese mismo día. No fue fácil, pero era inviable seguir trabajando con bebés mientras hacía pruebas o quimio. No es un trabajo que se pueda adaptar al teletrabajo”.

Desde entonces, mantiene el contacto con sus compañeras: “Siempre ha habido buen trato. Ahora mismo sigo de baja, y estoy deseando volver a trabajar con niños cuando esté al cien por cien”.

Además del apoyo familiar y laboral, Cristina ha encontrado un nuevo espacio de comprensión mutua “Ahora mismo tengo un grupo de cuatro personas con las que quedo una vez al mes, de diferentes edades y todas con diferentes tipos de cáncer de mama. Hablamos tanto de la enfermedad como de nuestra vida. Nos desahogamos entre nosotras.”

Durante el proceso, Cristina aprendió algo fundamental: aceptar ayuda. “Al principio me costaba aceptar ayuda, pero entendí que no podía con todo. Aprendí a dejarme cuidar, a delegar”, cuenta Cristina. “Mis padres, mi marido, mis suegros, mi hermana… todos querían ayudar, y poco a poco fui soltando. Antes quería controlarlo todo, pero con la enfermedad eso cambia. Te das cuenta de que no pasa nada por dejarte ayudar, aunque las cosas no se hagan exactamente como a ti te gustaría. Lo importante es que se hagan”

También destaca el valor del acompañamiento en las consultas médicas: “Yo recomiendo venir siempre acompañado. Escuchan más cuatro orejas que dos. Estás nerviosa y no retienes todo, así que tener a alguien contigo es fundamental.”

El apoyo fuera del sistema sanitario

Gran parte del apoyo emocional y físico que Cristina ha recibido ha venido de fuera del sistema sanitario. Tras los primeros meses de tratamiento, acudió también a AMAC GEMA, una asociación aragonesa de mujeres con cáncer de mama y ginecológico: “Me informaron desde el principio, pero me hice socia después de la operación. Allí he encontrado atención de fisioterapia para el linfedema, talleres, ejercicio terapéutico y compañía.”

En la actualidad, Cristina también colabora como voluntaria. “Formo parte del programa Contigo, donde visitamos institutos y colegios para contar nuestra experiencia y concienciar a los jóvenes. Es una manera de devolver lo que he recibido. Si mi testimonio sirve para que alguien se haga una revisión o sepa cómo actuar ante un diagnóstico, ya merece la pena.”

Lo que no se ve

Más allá de los tratamientos, la enfermedad implica muchos cambios invisibles: en el cuerpo, en la rutina y en la percepción social. “Tu aspecto cambia, y debes decidir si te pones peluca, pañuelo o nada. Yo no dejé de hacer vida normal, aunque fuera con camiseta en la playa. No hay que esconderse.”

Su mayor deseo es que la sociedad entienda que vivir con cáncer no significa rendirse ni aislarse, sino adaptarse y seguir adelante. “Yo nunca me he ocultado. Hablo con todo el mundo, en la sala de espera, en los talleres… ahora tengo un grupo de cuatro nuevas amigas que nos vemos cada mes. Hablamos de la enfermedad, pero también de la vida.”

Entrevista realizada por Alba Medina Castillo

Derecho a vivir sin dolor

Derecho a vivir sin dolor

Carlos David Albendea Calleja

17 de octubre de 2025

Con el ánimo de promocionar, difundir y concienciar sobre determinados aspectos de la salud, se han diseñado campañas y usado frases atractivas como la del “derecho a vivir sin dolor”. Asociaciones médicas, medios de comunicación y grupos de pacientes la han utilizado para remarcar la importancia de tratar el dolor como una prioridad sanitaria. En España, en algunos hospitales, se han desarrollado campañas como la del “Hospital sin Dolor” que pretende transformar el abordaje de este síntoma, no como algo secundario sino como una prioridad médica incluso ética. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han promovido este enfoque, subrayando que el tratamiento del dolor debe ser accesible, ético y basado en evidencia científica.

Sin embargo, qué ocurre cuando lo que se extrae de la campaña es la literalidad de las palabras. La importancia de las palabras que utilizamos es clave en el proceso terapéutico. El pacto implícito que se establece entre los pacientes y los profesionales que los atienden está cargado detalles que determinan el buen funcionamiento y la eficacia de las intervenciones. En la relación terapéuticaque se crea entre las personas enfermas y los profesionales que los atienden, es necesario crear un vínculo para el que son imprescindibles la confianza y la buena comunicación. La confianza mutua por la que el paciente confía en la competencia y ética del médico; y el médico confía en la sinceridad y colaboración del paciente. Y la comunicación clara, mediante la que se comparteinformación médica, expectativas, riesgos y alternativas de forma comprensible. Cuando las intervenciones no son eficaces, lo malo no son los resultados sino las expectativas. Los mensajes “hospital sin dolor” o “derecho a vivir sin dolor” son asimilados por algunos pacientes o familiares transformándose, de un mensaje para una campaña de difusión, en un arma psicológica contra nosotros mismos, un positivismo tóxico que nos acerca más al aislamiento y la frustración que a la asimilación y superación de nuestras circunstancias. “Derecho a vivir sin dolor” es marketing sanitario, no una frase que se pueda utilizar en la consulta real con nuestros pacientes. De otra manera, podríamos tener “derecho a vivir sin diabetes”, “derecho a vivir sin osteoporosis” o “derecho a vivir sin tristeza”.

El significado de las palabras es importante. Como pacientes, las palabras que utilizamos cuando hablamos con nuestro médico, cuando nos hablamos a nosotros mismos, o cuando nuestro familiar o cuidador nos habla, determina en buena medida nuestra conducta. Como profesionales, las palabras que utilizamos con las personas con las que trabajamos, pueden ser sanadoras o pueden ser perjudiciales. La neurociencia ha demostrado que los mensajes que llegan a nuestro cerebro tienen la capacidad de alterar la percepción de nuestras circunstancias, pudiendo agravar nuestras patologías como también mejorarlas. Por eso el mensaje que mandamos a las personas con dolor crónico debe ser un mensaje realista.

Pero si no tenemos “derecho a vivir sin dolor”, a qué podemos tener derecho en pleno siglo XXI. Pues ese el mensaje que debemos hacer llegar, los pacientes que sufren dolor crónico tienen derecho a ser atendidos, derecho a ser escuchados, derecho a que los profesionales que los atiendan estén capacitados, derecho a que los equipos sean multidisciplinares, derecho a disponer de psicólogos y nutricionistas, derecho a tener un trabajo adaptado a sus circunstancias, derecho a no ser discriminados, derecho a tener apoyo financiero si no pueden trabajar y sobre todo derecho a que el dolor no sea el centro de sus vidas.

Sin embargo, como dijo Félecité de Lamennais, “el derecho y el deber son como las palmeras: no dan frutos si no crecen uno al lado del otro”. Los pacientes que sufren dolor crónico tienen deberes. No sólo las intervenciones sanitarias pueden aliviar su situación, es necesaria e imprescindible la máxima implicación de los pacientes. De los derechos anteriores emanan unos deberes como son: tras una buena asistencia y comunicación conocer su enfermedad y la medicación que están tomando; tras un apoyo adecuado la obligación de cuidar su alimentación, perder peso y mejorar sus hábitos de vida; tras la ayuda psicológica necesaria, tienen el deber de socializar, de no quedarse en casa, de salir a tomar el sol y sentir el aire en la cara y cuidar sus niveles de estrés; tras el soporte de las personas que les rodean deben hacer más ejercicio, mover el cuerpo siempre es analgésico a medio y largo plazo; tras la adaptación de su puesto de trabajo, tienen la obligación de mejorar su ergonomía y postura laboral. En definitiva, en el dolor crónico como en otras muchas enfermedades crónicas, debemos transitar el camino hacia un nuevo concepto de salud. En la era de las enfermedades crónicas, los pacientes debemos hacernos responsables de nuestra enfermedad. Es prioritario promover el acceso a tratamientos adecuados del dolor, especialmente en cuidados paliativos y enfermedades crónicas. Y garantizar ese acceso sí que debería ser un derecho. Para ayudar realmente a nuestros pacientes garanticemos los medios, no los resultados

El pan: el alimento que nos acompaña desde el inicio de la civilización

El pan: el alimento que nos acompaña desde el inicio de la civilización

Guillermo Saldaña Navarro

16 de octubre de 2025

El pan es uno de los alimentos más universales, con una historia que acompaña a la humanidad desde el inicio de la agricultura. Para comprender su origen hay que remontarse más de 14.000 años atrás, en la actual Jordania, donde se han hallado restos de alimentos elaborados a base de cereales silvestres. Es probable que aquellos primeros “panes” nacieran del azar, al humedecerse granos de cereal y ser posteriormente calentados al sol o cerca de una hoguera.

Unos cinco milenios después, alrededor de hace 9000 años, en Oriente Próximo comenzaron a cultivarse de manera sistemática algunos cereales, parientes ancestrales del trigo moderno. Este paso fue crucial: al disponer de agricultura estable, las sociedades pudieron domesticar y procesar cereales de forma más eficiente, creando alimentos fermentados y cocinados que pronto se convirtieron en parte de su dieta diaria. Aunque Oriente Próximo fue uno de los grandes núcleos agrícolas, en la misma época surgieron prácticas similares en lugares tan alejados como China, Etiopía o los Andes.

El pueblo egipcio jugó un papel clave en el perfeccionamiento de la panificación. No solo transformaban el trigo y la cebada en pan y cerveza, sino que también se les atribuye el descubrimiento de la fermentación con levaduras. Existen jeroglíficos de más de 5000 años de antigüedad que muestran hornos y panaderos trabajando. La importancia del pan en Egipto era tal que aparece mencionado en el Libro de los Muertos.

Los griegos, a su vez, fueron considerados los primeros verdaderos maestros panaderos. Hace unos 4000 años ya no solo dominaban la agricultura, sino que organizaron gremios profesionales de panaderos, llamados “magieros”. Estos trabajadores especializados llegaron a constituirse como una casta con gran poder económico y social, lo que da cuenta de la relevancia del pan en su civilización.

Con la expansión del Imperio Romano, los conocimientos griegos pasaron a Roma. Allí surgieron los hornos públicos, donde los ciudadanos llevaban sus piezas de masa para ser horneadas colectivamente. Bajo el gobierno de Octavio Augusto se contabilizaban hasta 329 panaderías en la ciudad de Roma, muchas de ellas regentadas por griegos emigrados. Con Trajano, los panaderos llegaron a organizarse como una asociación influyente que funcionaba casi a escala industrial, con molinos y hornos de gran capacidad. Los romanos también nos legaron términos esenciales relacionados con el pan: “harina” proviene de farina (del cereal farro), “cereales” se asocia a la diosa Ceres, y “pan” deriva del latín pannus, que significa masa blanca.

A lo largo de la historia, el pan ha ido variando según las condiciones climáticas, las necesidades nutricionales y los recursos disponibles. Ya en la Edad Media se estableció una clara diferenciación social: las clases más humildes comían pan negro o integral, para aprovechar todos los nutrientes del grano; por contraposición, las clases altas preferían el pan blanco, y así se diferenciaban del resto.

Durante siglos, el pan se elaboró con masa madre de cultivo, es decir, fermentando la masa con levaduras y bacterias presentes de manera natural en los cereales y en el ambiente. No fue hasta el siglo XIX, gracias a los estudios de Louis Pasteur, cuando se descubrió y aisló la levadura como microorganismo. Su producción industrial revolucionó la panadería, permitiendo procesos de fermentación controlados y rápidos, que aún hoy se emplean en la mayor parte de panaderías del mundo. En los últimos años, sin embargo, ha resurgido un interés por volver a la tradición: panes elaborados con masa madre, largas fermentaciones y uso de cereales ancestrales, buscando mayor calidad, mejor digestión y un sabor más complejo.

Más allá de la historia, el pan ocupa un papel central en la dieta mediterránea. Los productos a base de cereales, especialmente cuando son integrales, aportan alrededor del 50% de la fibra dietética necesaria para mantener una buena salud intestinal. Además, constituyen una fuente importante de vitaminas, minerales y energía. Por ello, incluir pan en la cesta de la compra, especialmente si está elaborado con masa madre y harinas integrales, se considera una recomendación básica en nutrición equilibrada.

El pan no solo está ligado a la cultura y la historia, también es un aliado fundamental en la nutrición. Durante momento vitales, por ejemplo, la niñez y el embarazo, el organismo necesita un aporte constante de energía para acompañar el crecimiento y poder mantener la actividad física. Los cereales presentes en un pan de calidad aportan hidratos de carbono complejos que se liberan de forma sostenida, dando energía al cerebro y al sistema nervioso. Una porción de pan puede ser la base perfecta para que los más pequeños puedan jugar, estudiar o practicar deporte sin desfallecer.

Sin embargo, no todos los panes son iguales. Los panes integrales, elaborados con el grano completo, o bien con semillas enteras, concentran todas las vitaminas, minerales y fibra del cereal. La fibra insoluble ayuda a regular el tránsito intestinal, algo especialmente útil en personas que tienden al estreñimiento, y también aporta saciedad, evitando la sensación de hambre constante. Además, la fibra soluble es un prebiótico que sirve de alimento a los microorganismos intestinales, que a su vez contribuyen a nuestra buena salud. Por eso, enseñar a los niños y a muchos adultos a reconocer y valorar el pan integral es una herramienta de educación alimentaria de gran importancia.

Además, los panes fermentados con masa madre suman beneficios a los que aportan las harinas integrales o los granos completos. La fermentación con masa madre resulta en panes de menor índice glucémico, haciendo que la energía proveniente del pan se aproveche de manera sostenida. Además, la acción fermentativa de los millones de bacterias lácticas y levaduras de la masa madre hacen que el pan así fermentado resulte más digerible y menos pesado. Y no hay que olvidar que los panes de masa madre tienen un sabor y aroma particulares, que los hacen más apetitosos y diferentes entre sí.

Es importante destacar que, desde 2019, existe en España una normativa que regula la calidad del pan (RD 308/2019). Entre otros puntos, define adecuadamente qué es la masa madre y qué es el pan de masa madre, para asegurar que el consumidor pueda beneficiarse con totales garantías de los beneficios nutricionales que ofrece el pan de masa madre.

No existe una recomendación universal y exacta sobre la cantidad de pan que debe consumir en España, ya que depende de la dieta global y del nivel de actividad física. Además de pan, los cereales también están presentes en arroz, pasta o patatas, todos ellos fuentes de energía. En general, se aconseja incluir cereales de calidad en cada comida. Si no se consume otro cereal en una ingesta, una tostada de pan integral puede ser la mejor opción.

El pan, además, es un alimento versátil que se adapta a diferentes momentos del día. En desayunos, almuerzos y meriendas, acompañado de ingredientes saludables como aceite de oliva virgen extra, tomate, aguacate o humus, se convierte en un tentempié equilibrado. Incluso se pueden añadir proteínas de calidad como quesos bajos en sal, jamón cocido con alto porcentaje de carne o cremas de frutos secos, logrando así combinaciones nutritivas y sabrosas que gustan a niños y adultos.

La merienda, en particular, ocupa un lugar especial en la infancia. Es un momento de encuentro familiar tras la escuela y de recarga de energía antes de la tarde. Más que un simple bocado, es una oportunidad para enseñar a comer bien. Por ello, la planificación de meriendas equilibradas es esencial. Una merienda ideal incluye fruta, cereal integral y una fuente proteica de calidad. Así, se aportan vitaminas, minerales, fibra y proteínas de alto valor biológico, en lugar de depender exclusivamente de embutidos o productos Utraprocesados.

Algunas propuestas saludables de merienda incluyen bocadillos de pan integral con atún, tomate y aceite de oliva; tostadas con humus; o bocadillos de jamón cocido y queso fresco. Estas alternativas permiten variedad, sabor y nutrientes, adaptándose también a la necesidad de preparar meriendas rápidas o que se consuman fuera de casa.

En definitiva, el pan sigue siendo hoy un alimento esencial, tanto por su valor cultural como por su papel en la dieta equilibrada y en la educación nutricional de los más pequeños. Apostar por panes de calidad, integrales o de semillas, con masa madre y sin aditivos no solo conecta con la tradición, sino que además asegura beneficios tangibles para la salud intestinal, la saciedad y el equilibrio alimenticio. Así, el pan continúa siendo, miles de años después, un verdadero pilar de la alimentación humana.

Sedare dolorem opus divinum est

Sedare dolorem opus divinum est

Javier Martín Herrero

 16 de octubre de 2025

Viernes, 16 de octubre de 1846.

 

Hospital General de Massachusetts, Boston, Estados Unidos de América.

 

William Thomas Green Morton administra un gas anestésico a Edward Gilbert Abbot, paciente de 20 años, que fue intervenido por el cirujano John C. Warren para la extracción de un gran tumor submandibular. Al despertar de la cirugía, no dejó ninguna frase famosa para la posteridad, pero sí se sintió sorprendido al no haber sentido dolor durante el proceso.

 

Esta fue la primera demostración pública exitosa del uso del éter como anestésico quirúrgico. Hasta esa fecha nadie había experimentado una cirugía sin dolor estando consciente.

 

¿Nadie?

 

Para conocer el inicio de esta carrera nos tenemos que remontar casi tres siglos atrás. No fue hasta 1540 cuando Valerius Cordus, médico, farmacéutico y botánico alemán, explicó en su obra Liber Quartus de arte conficiendi aquas que al destilar etanol con ácido sulfúrico se obtenía lo que él denominó oleum dulce vitrioli. El término éter no se acuñó hasta el siglo XVIII. En sus primeros años se empleó como solvente y, en medicina, para mitigar dolores y espasmos. A principios del siglo XIX, debido al estado de embriaguez, euforia y desinhibición que provocaba, se empezó a ingerir como bebida, lo que se conoció como las ether frolics o fiestas de éter.

 

A finales del siglo XVIII destaca la figura del químico inglés Joseph Priestley, prolífico estudioso de ciencias, arte, educación, teología y política, aunque fue en la química y en el estudio de los componentes del aire donde más profundizó.  En 1772 Priestley seguía con sus experimentos de química. Calentó nitrato amónico que, al descomponerse, liberaba óxido nitroso. Para él era aire inflamable, aunque realmente no es así. Simplemente favorece la combustión al tener en su composición oxígeno. Veintisiete años después, en 1799, Humphry Davy, discípulo suyo, fue quien inhaló este gas (Priestley no lo hizo) y describió sensaciones de euforia y analgesia, sugiriendo que podía usarse para aliviar el dolor en la cirugía. Sin embargo, no fue así y, del mismo modo que ocurrió con el éter, su uso derivó hacia fines recreativos, vigentes aún hoy en día, como lo demuestra la publicación del Ministerio de Sanidad de 2023 al respecto.

 

Y nos acercamos al tercer gas en discordia. El cloroformo se sintetizó casi al unísono por tres equipos distintos entre 1831 y 1832: Guthrie en Estados Unidos, Souberain en Francia y Von Liebig en Alemania. En 1841 se empezaron a realizar experimentos en animales, pero no fue hasta 1847 cuando un ginecólogo escocés, James Young Simpson, empezó a emplearlo en obstetricia. La primera paciente fue la mujer de un amigo suyo, y tan maravillada quedó con los efectos del gas durante su parto, que decidió llamar a su hija Anaesthesia. Este fue el primer parto sin dolor de la historia. Sin embargo, debido a su toxicidad —ya en 1848 se informó de la primera muerte asociada a su uso— y al puritanismo reinante en el Reino Unido, que apelaba a la maldición bíblica recaída sobre Eva (“Multiplicaré en gran medida tus dolores y tus preñeces, y parirás a tus hijos con dolor”), la práctica fue inicialmente rechazada. No obstante, cuando el ginecólogo de la corte inglesa, John Snow, administró este gas durante el parto del séptimo hijo de la reina Victoria, se aplacó la oposición de los sectores más integristas y la anestesia comenzó a ser reconocida como un importante avance social.

 

No obstante, las figuras más importantes que nos llevan a octubre de 1846 fueron Horace Wells y William T.G. Morton.

 

Horace Wells, que tenía una clínica dental en Hartford (Vermont), experimentó con el óxido nitroso al dejarse extraer una pieza dental por un colega suyo sin sentir dolor. Decidió no patentar su descubrimiento, arguyendo que verse libre del dolor debía ser tan gratuito como el aire.

 

Pero ¿cómo llegó este gas hasta él? A través de la serendipia … y del circo Barnum. Durante una demostración de su uso lúdico, Wells observó que un vecino, Samuel Cooley, tras inhalar el gas no refirió ningún tipo de dolor pese a sufrir una herida considerable en su pierna al caerse, mientras permanecía en un estado total de euforia.

 

Wells fue, de este modo, el primer paciente en ser intervenido bajo anestesia, y utilizó el óxido nitroso de forma prolífica en su clínica. En 1845 intentó reproducir sus experiencias en el Hospital General de Massachusetts, pero eligió mal al paciente, quien comenzó a gritar de dolor en plena amputación. Ante tal fracaso, abucheado por el público allí congregado, abandonó la odontología.

 

Fue un discípulo suyo, William T. G. Morton, quien tomó el relevo. A diferencia de Wells, y aconsejado por su amigo y mentor, el químico Charles T. Jackson,  empleó éter dietílico. Con los permisos pertinentes por parte del hospital, realizó la demostración frente a médicos y estudiantes de medicina en el anfiteatro que hoy se conoce como Ether Dome. Aquel 16 de octubre pasó a la historia de la medicina como el momento del nacimiento de la anestesia moderna.

 

El destino de ambos dentistas no fue todo lo reconocido y laureado como se podría pensar.

 

Horace Wells, tras abandonar la práctica médica, se dedicó a viajar y a los negocios. Se volvió adicto al cloroformo y, bajo sus efectos, roció a dos prostitutas con ácido. Fue encarcelado en Nueva York, donde se quitó la vida cortándose las venas.

 

Por su parte, William T. G. Morton no siguió mejor camino. De extraña personalidad, denominó al gas empleado como Letheon para poder lucrarse por su patente. Sin embargo, finalmente tuvo que reconocer que la sustancia empleada era el ya conocido éter. Arruinado por pleitos y abogados en su vano intento de ser reconocido como descubridor de la anestesia, murió loco y en la más absoluta pobreza en 1868, a la edad de 49 años.

 

En su tumba en Mount Auburn (Watertown) reza el siguiente epitafio:

“William T. G. Morton, inventor y revelador de la inhalación anestésica. Antes de él, en todos los tiempos, la cirugía era la agonía. Gracias a él, el dolor quirúrgico se impidió y suprimió. Desde él, la ciencia controla el dolor”

Día Mundial de la Espirometría: Cuidando la salud pulmonar

Día Mundial de la Espirometría: Cuidando la salud pulmonar

Beatriz Sanz Abós

14 de octubre de 2025

El Día mundial de la Espirometría se conmemora el 14 de octubre. Este evento se viene celebrando desde 2010, promovido a nivel mundial por la European Respiratory Society (ERS) a través de su organismo de difusión la European Lung Foundation (ELF). El Día Mundial de la Espirometría es una iniciativa que tiene como objetivo el concienciar sobre la importancia de la espirometría para la salud pulmonar a los profesionales, a las administraciones sanitarias y a la población en general para aplicar políticas de salud para concienciar de los riesgos de las enfermedades pulmonares y aplicar medidas preventivas.

 

La sociedad española de Neumología y Cirugía torácica (SEPAR) en 2022, con motivo del Día Mundial de la Espirometría, pusieron en relieve la importancia de contar con un espirómetro en todos los centros de salud de España. En 2024, otras asociaciones como EPOC España, también llevaron a cabo una campaña de concienciación con material informativo destinado al público para informar de la importancia de la espirometría para el diagnóstico y seguimiento de patologías respiratorias.

 

Dentro de las sociedades neumológicas, la SEPAR-ALAT promovió la realización de  espirometrías en los centros hospitalarios entre el público asistente. Se informó a los medios de comunicación del evento con la finalidad de que ayudaran a difundir el conocimiento de la espirometría entre la población general, así como de la importancia de la detección temprana y la prevención de algunas de las enfermedades pulmonares más prevalentes.

 

Las enfermedades respiratorias constituyen un problema de salud pública a nivel mundial y están dentro de las 10 causas de muerte en el mundo según la OMS. El Día mundial de la Espirometría es una iniciativa que trata de impulsar los siguientes criterios:

Aumentar la concienciación sobre la salud pulmonar y las enfermedades respiratorias. El objetivo es destacar el impacto y la prevalencia de las enfermedades respiratorias crónicas como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o la fibrosis pulmonar.

Fomentar la detección y el diagnóstico precoz. Fomentar el uso de la espirometría para lograr el diagnóstico temprano en personas con síntomas respiratorios o factores de riesgo como el tabaquismo.

Promover la espirometría. Es una prueba sencilla, rápida e indolora que se utiliza para evaluar la función pulmonar. Permite medir la cantidad total de aire que los pulmones pueden contener y la velocidad con la que se puede expulsar ese aire.

 

El foco de la campaña se centra en detectar los grupos de riesgo y promover la realización de espirometrías en aquellas personas que presenten síntomas clínicos o realizar cribados en fumadores a partir de los 35 o 40 años que fumen más de 10 paquetes al año, pacientes con síntomas respiratorios persistentes y seguimiento de patologías respiratorias crónicas como el asma o EPOC.

 

La espirometría es una herramienta clave para el diagnóstico y seguimiento de patologías respiratorias. Es uno de los procedimientos exploratorios más utilizados para la detección de enfermedades pulmonares y respiratorias. La espirometría es una prueba diagnóstica sencilla, no invasiva y de bajo coste, que se puede realizar desde los 3 años de edad y no requiere demasiada preparación: no debe administrarse el inhalador 6 horas antes de la prueba, no tomar café, no realizar ejercicio físico intenso y no fumar. Se necesita la colaboración imprescindible del paciente.

 

La realización de una espirometría dura alrededor de 15 a 30 minutos, se realiza con un espirómetro que registra los resultados en forma de curvas y valores. La espirometría mide la cantidad y la velocidad del aire en los pulmones, lo que ayuda a diagnosticar y evaluar enfermedades como el asma y la EPOC.

 

En la técnica de la espirometría forzada, la persona inspira el máximo de aire que pueda y espira de forma brusca y forzada hasta que no pueda más. Las variables principales que se obtienen en una espirometría forzada son la capacidad vital forzada (FVC) y el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1). El cociente de FEV1/FVC indica el porcentaje o el valor absoluto de aire expulsado en el primer segundo de la capacidad vital forzada. Antes de su realización, el profesional sanitario deberá instruir y demostrar al paciente como realizar la técnica.

 

En resumen, la importancia del Día Mundial de la Espirometría promueve la necesidad de cuidar la salud pulmonar; destaca el uso de la espirometría como herramienta clave para el diagnóstico y control de las enfermedades respiratorias, así como para su detección temprana ya que, en la actualidad, no está diagnosticada en el 70% de los afectados a nivel mundial. Esta jornada quiere conseguir una mayor divulgación de la espirometría entre la población general.