Síndrome de piernas inquietas: El insomnio que nace en la médula y duele en el alma

Síndrome de piernas inquietas: El insomnio que nace en la médula y duele en el alma

José Manuel Gómez

17 de diciembre de 2025

Hay enfermedades que matan y otras que desgastan lentamente. El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, pertenece a este segundo grupo: no acorta la vida, pero puede volverla insoportable. Es un trastorno neurológico que no aparece cuando uno corre, salta o baila, sino precisamente cuando el cuerpo suplica quietud. Sentarse a leer, intentar dormir o simplemente reposar se convierte en una condena. Irónicamente, el problema no es moverse demasiado, sino no poder dejar de hacerlo.

 

Una sensación indescriptible que consume el descanso

Quien no lo ha vivido, rara vez lo comprende. No es dolor exactamente, pero sí un malestar profundo, inquietante. Los pacientes lo describen como hormigueo, tirones, picazón interna, ardor o incluso como si “unos insectos invisibles caminaran por debajo de la piel”. Estas sensaciones aparecen sobre todo en las piernas –de ahí su nombre–, pero en casos más avanzados pueden llegar a los brazos e incluso al pecho.

 

El verdadero drama se manifiesta por la noche. El SPI sigue un ritmo circadiano cruelmente preciso y sus síntomas se intensifican al caer el sol. Justo cuando el cuerpo pide descanso, las piernas se rebelan. Dormir se convierte en un campo de batalla entre la necesidad de reposo y la urgencia incontrolable de moverse. El resultado: insomnio crónico, agotamiento, frustración y una soledad punzante que muchas veces acompaña a lo incomprendido.

 

Un problema más común de lo que creemos

Aunque pueda parecer un trastorno raro, el SPI afecta a entre el 5% y el 10% de la población mundial. En España, esto se traduce en más de dos millones de personas. Sin embargo, la gran mayoría –hasta un 90%– ni siquiera sabe que lo padece. Atribuyen sus molestias al estrés, a una mala circulación o simplemente creen que tienen el “sueño ligero”. Es un trastorno invisible, que se sufre en silencio y, a menudo, se confunde con otras dolencias.

 

Las mujeres lo sufren con mayor frecuencia, especialmente durante el embarazo, y suele haber antecedentes familiares, lo que indica un componente genético fuerte. A esto se suma el impacto emocional: el SPI no solo impide dormir bien, sino que afecta el estado de ánimo, la concentración y la calidad de vida. No descansar tiene un precio alto: irritabilidad, ansiedad, depresión y hasta un mayor riesgo cardiovascular.

 

¿Qué lo causa? Cuando el cuerpo y el cerebro no se entienden

El origen del SPI no es único ni del todo claro. Como muchas dolencias del sistema nervioso responde a una combinación de factores. En el corazón del problema está la dopamina, un neurotransmisor crucial para el control del movimiento. En las personas con SPI, su funcionamiento parece estar alterado. Pero este desajuste suele estar relacionado con otro protagonista silencioso: el hierro.

 

El hierro es esencial para la producción de dopamina en el cerebro. Cuando sus niveles en el sistema nervioso central son bajos —aunque los análisis en sangre sean normales—, la maquinaria se desequilibra. La ferritina, una proteína que indica las reservas de hierro, se convierte entonces en una pista diagnóstica importante.

 

También hay casos de SPI secundario, es decir, asociado a otras enfermedades o condiciones: insuficiencia renal crónica, anemia por déficit de hierro, Parkinson, esclerosis múltiple o embarazo avanzado, entre otras. A veces, incluso ciertos medicamentos (antidepresivos, antipsicóticos, antihistamínicos) pueden desencadenarlo o agravarlo.

 

Un diagnóstico que empieza por escuchar

El diagnóstico del SPI es fundamentalmente clínico. No hay una prueba definitiva, sino una descripción clara y honesta de los síntomas. Por este motivo es crucial que los profesionales de salud estén formados para escuchar lo invisible. El paciente no muestra lesiones, no presenta alteraciones evidentes en una radiografía, pero su calidad de vida se ve profundamente afectada.

 

Una vez diagnosticado, el tratamiento se adapta a la intensidad y a las causas. Cuando hay déficit de hierro, corregirlo puede mejorar significativamente los síntomas. En casos más severos, se recurre a medicación dopaminérgica, anticonvulsivantes, benzodiacepinas o analgésicos, siempre bajo supervisión médica.

 

Además del tratamiento farmacológico, hay medidas que ayudan a mejorar el día a día: evitar la cafeína, el alcohol, el tabaco; mantener una rutina de sueño estable; realizar ejercicio moderado y procurar un entorno fresco y cómodo para dormir. También es clave revisar la medicación existente, ya que muchas veces la solución no está en añadir, sino en quitar lo que sobra.

 

El calor, el estrés y otros enemigos del descanso

Una curiosidad poco conocida: el calor puede empeorar los síntomas del SPI. Muchos pacientes notan más molestias cuando las temperaturas superan los 24 °C, lo que les lleva a buscar alivio en suelos fríos, ventiladores nocturnos o duchas refrescantes. También influyen el estrés, la ansiedad y el propio insomnio, que genera un círculo vicioso: cuanto peor se duerme, más se intensifican los síntomas.

 

Y es que, al final, el SPI no solo afecta al cuerpo, sino a todo el entorno emocional y social de quien lo sufre. La pareja también se ve privada del sueño; el rendimiento laboral cae; la vida cotidiana se fragmenta por el cansancio acumulado.

 

No es excusa, es enfermedad

El SPI no es una rareza exótica, ni una exageración, ni una excusa para no dormir. Es un trastorno neurológico real, con consecuencias físicas, cognitivas y emocionales. No mata, pero erosiona lentamente. No invalida en términos oficiales, pero desgasta en lo íntimo y cotidiano.

 

Hablar de él, visibilizarlo, diagnosticarlo y tratarlo es una responsabilidad médica y social. Porque todos merecemos descansar. Y porque el derecho al descanso no debería ser un lujo, sino una garantía básica de bienestar.

 

En última instancia, comprender el Síndrome de Piernas Inquietas es escuchar un cuerpo que grita en silencio y hacerle un hueco en una medicina que, a veces, solo mira lo que se ve. Tal vez, si aprendemos a atender lo invisible, podamos devolver a miles de personas el derecho más simple y precioso: el de cerrar los ojos y dormir en paz.

Resistencias a antibióticos en aguas

Resistencias de antibióticos en aguas

Nadia Larumbe y Mireya García-Gracia

14 de diciembre de 2025

¿Qué es la resistencia a antibióticos?

Desde el descubrimiento de la penicilina en 1897, los antibióticos han revolucionado la medicina moderna. Infecciones que antes eran mortales se volvieron fácilmente tratables salvando así millones de vidas. Sin embargo, en la actualidad enfrentamos un gran problema: los antibióticos están perdiendo su eficacia. Este fenómeno, denominado resistencia a antibióticos, ocurre porque las bacterias son capaces de desarrollar mecanismos que les permiten sobrevivir a estos fármacos diseñados para eliminarlas. Ocurre de forma completamente natural, las bacterias evolucionan constantemente, pero el uso incorrecto y excesivo de antibióticos ha acelerado dramáticamente este proceso, convirtiéndose en una importante amenaza para la Salud Pública.

¿Cómo surge la resistencia a antibióticos?

Cuando se expone una población bacteriana a un antibiótico, algunas bacterias pueden tener ciertos mecanismos que las hacen menos sensibles al tratamiento. De esta forma, las bacterias más sensibles son eliminadas de la población por acción del antibiótico, mientras que las resistentes sobreviven y se multiplican, transmitiendo su resistencia a las siguientes generaciones. Este proceso provoca el aumento de las poblaciones bacterianas potencialmente más peligrosas, ya que son estas las que poseen la ventaja evolutiva de persistir en ambientes donde los antibióticos están presentes. Con el tiempo, esta selección favorece la expansión de cepas resistentes, dificultando los tratamientos y haciendo que infecciones antes simples se vuelvan más difíciles de tratar.

Además de este fenómeno de selección natural, la presencia de forma persistente de antibióticos en el entorno ejerce una fuerte presión evolutiva sobre las poblaciones bacterianas que, puede favorecer la aparición de mutaciones espontáneas y ofrezcan nuevas formas de resistir al fármaco. A esto se suma otro mecanismo clave para la resistencia a antibióticos, la transferencia horizontal de genes, un proceso mediante el cual las bacterias son capaces de intercambiar información genética entre sí, incluso perteneciendo a distintas especies. Mediante este intercambio, los genes que otorgan resistencia a los antibióticos pueden propagarse fácilmente en una comunidad bacteriana, de forma que una bacteria que nunca había estado expuesta a cierto antibiótico puede adquirir de otra la capacidad de resistir al tratamiento.

Aunque estos son mecanismos que ocurren de manera natural, el uso descontrolado de antibióticos ejerce una presión sobre las poblaciones bacterianas, que favorece y aumenta la frecuencia con la que se dan estos acontecimientos, acelerando la expansión de cepas resistentes, lo que complica el panorama de la Salud Pública.

¿Cómo se contaminan las aguas con antibióticos?

El uso irresponsable de antibióticos en el ámbito sanitario y veterinario genera una serie de efluentes contaminados con estos fármacos. Puesto que el agua es un recurso limitado, se ha popularizado la regeneración de las aguas para poder usarlas con otros fines o devolverlas al medioambiente de forma segura.

Pese a los esfuerzos invertidos para eliminar los contaminantes de las aguas residuales, se han detectado antibióticos en muy bajas concentraciones en ecosistemas acuáticos. Aunque pueda parecer que estas cantidades tan bajas de antibióticos no suponen un riesgo, algunos estudios han determinado que incluso a niveles tan bajos pueden ejercer una presión selectiva sobre las bacterias, provocando que aquellas que hayan podido mutar o adquirir genes resistencia persistan y mueran las más sensibles. La magnitud de esta problemática ha llevado a que, a nivel europeo, se estén impulsando proyectos específicos para la detección de antibióticos y bacterias potencialmente resistentes, así como sus posibles reservorios ambientales en zonas clave para su vigilancia. Desde la Universidad de Zaragoza, el grupo Agua y Salud Ambiental participa en los proyectos EMERGENTcy (POCTEFA) e INPATBIOTICS (AEI), contribuyendo a investigar la presencia de estos contaminantes y los posibles reservorios en los sistemas acuáticos.

Reservorios ambientales de resistencia

Un reservorio es el lugar donde un agente infeccioso reside y se multiplica y del que depende para sobrevivir. Existen reservorios humanos, animales y ambientales. Estos últimos son muy variados, abarcan desde plantas y suelos hasta ambientes acuáticos. A este respecto, es relevante mencionar las amebas de vida libre y la presencia de biofilms en la propagación de resistencias a antibióticos.

Un biofilm es una comunidad microbiana generada por diferentes microorganismos que se encuentran cohabitando en una capa mucosa adherida a una superficie. Los biofilms pueden generarse tanto en la naturaleza como en sistemas de aguas de red. Su composición es variada, puede haber hongos, bacterias, algas y protozoos. Debido a la estructura del biofilm, los microorganismosque se encuentran en él están más protegidos frente a cualquier agente externo, por lo que puede servir de reservorio para las bacterias resistentes a antibióticos. Entre los habitantes de los ecosistemas acuáticos y los biofilms, las amebas de vida libre son protozoos capaces de fagocitar bacterias para alimentarse. Algunas de estas bacterias resisten a su digestión y pueden quedarse en su interior, utilizándolas también como protección.

Estos reservorios permiten a las bacterias resistentes sobrevivir, proliferar e incluso intercambiar genes de resistencia entre ellas, de forma que pueden facilitar la aparición de superbacterias, multirresistentes frente a un amplio espectro de medicamentos antimicrobianos.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Aunque la resistencia a antibióticos supone un problema global, la solución puede comenzar con acciones que podemos implementar a diario. Como individuos, es importante que el uso de los antibióticos se haga de forma responsable, siempre bajo prescripción y siguiendo las pautas de tratamiento indicadas por el médico. Además, la prevención resulta también clave, donde acciones tan sencillas como el lavado de manos puede evitar la propagación de infecciones y con ello reducir la necesidad del uso de antibióticos. Más allá de nuestras acciones individuales, es fundamental promover mayor conciencia social sobre el uso adecuado de antibióticos y el fomento de programas de vigilancia epidemiológica.

La resistencia a antibióticos no es un problema lejano, sino que ya afecta directamente a nuestra salud y es un reto que debemos afrontar como una tarea colectiva.

Frituras: Cómo hacerlas más saludables

Frituras: Cómo hacerlas más saludables

Sofía Pérez Calahorra

2 de diciembre de 2025

Crujientes, doradas, irresistibles. Las frituras forman parte de la cocina tradicional de muchos países y siguen siendo un recurso gastronómico habitual tanto en casa como en restaurantes. Pero ¿sabemos realmente qué ocurre cuando freímos un alimento? ¿Y qué efectos puede tener sobre nuestra salud si abusamos de esta técnica?

 

Voy a explicar de forma sencilla y basada en evidencia científica, qué es una fritura, cuáles son sus riesgos cuando se consume en exceso y cómo conseguir una fritura de calidad, crujiente…, y lo más saludable posible.  

 

¿Qué es una fritura?

Para conseguir una fritura, consiste en sumergir un alimento en aceite caliente, idealmente alrededor de 180 ºC, para cocinarlo rápidamente. Durante este proceso, el agua del interior del alimento se evapora, se forma una fina capa crujiente y una proporción del aceite es absorbido en el interior del alimento. La cantidad de aceite que se absorbe suele ser alrededor del 10% del peso total del alimento. El resultado de esta técnica culinaria es una textura dorada y sabrosa tan característica que casi todos asociamos a “comida reconfortante”.

 

Aunque es una técnica culinaria muy extendida, no es inocua. La calidad del aceite, la temperatura, el tipo de alimento e incluso la forma en que lo preparamos antes de meterlo en la sartén influyen en la cantidad de grasa absorbida y en la formación de compuestos no deseados.

 

Otro de los aspectos a tener en cuenta, es que el consumo de fritos sigue siendo habitual en muchos países, especialmente en restauración y comida rápida, donde pueden llegar a representar una parte importante de la ingesta energética de la población adulta.

 

Sin embargo, el problema no es consumir fritos de manera ocasional, sino su consumo frecuente y elevado. La literatura científica es clara: cuando los fritos se convierten en parte habitual del menú, aumentan ciertos riesgos para la salud.  

 

Más riesgo cardiovascular

Las personas que consumen alimentos fritos con mayor frecuencia presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como infarto o insuficiencia cardiaca. Y no solo eso: también aumenta el riesgo de mortalidad por cualquier causa. Factores como la oxidación de los aceites, el alto contenido calórico y la presencia de grasas trans, especialmente si el aceite se reutiliza varias veces, influyen en este efecto.

 

Aumento de peso y síndrome metabólico

Freír multiplica la densidad energética de los alimentos. ¿Qué significa esto? Que un mismo alimento, cocinado de otra forma por ejemplo asado o a la plancha, puede aportar muchas menos calorías que si se fríe. No es de extrañar que los estudios vinculen un mayor consumo de fritos con incremento de peso, obesidad y alteraciones metabólicas como hipertensión o aumento del perímetro abdominal.

 

Mayor riesgo de diabetes tipo 2

La evidencia muestra que quienes consumen fritos con frecuencia tienen más probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2, especialmente cuando hay otros factores como el sedentarismo o un patrón dietético poco saludable y obesidad.

 

Formación de compuestos perjudiciales

Cuando el aceite se calienta en exceso o se reutiliza demasiadas veces, puede generar compuestos oxidativos que irritan el sistema digestivo y pueden contribuir al estrés oxidativo del organismo. Por tanto, no es únicamente “cuántos fritos comes”, sino cómo se han preparado.

 

Ante esta realidad, la buena noticia es que, si se hace correctamente y se consume con moderación, una fritura puede formar parte de un patrón alimentario equilibrado. Entonces, ¿Cómo podemos lograr una fritura de más calidad?  

 

1. Elige bien el aceite

• Aceite de oliva virgen extra: es el que ofrece mayor estabilidad térmica.Resiste bien el calor y genera menos compuestos indeseables.

• Girasol alto oleico: también es una opción válida, pero conviene no reutilizarlo más de 1–2 veces.

• No mezcles aceites: disminuyen su estabilidad.  

 

2. Controla la temperatura

• El rango ideal de temperatura está alrededor de 180 ºC, utiliza termómetro, sino como alternativa añade un trocito de pan y si burbujea suavemente, el aceite está listo.

• Si el aceite está frío, el alimento absorberá mucha grasa.

• Si está demasiado caliente, se quemará por fuera y puede formar sustancias no deseadas.  

 

3. Prepara bien los alimentos

La preparación de los alimentos, antes de cocinar es muy importante.

• Sécalos antes de freír para evitar salpicaduras y exceso de absorción de aceite.

• Introduce los alimentos a temperatura ambiente, no recién sacados del frigorífico.

• Evita piezas demasiado grandes: dificultan una cocción uniforme.  

 

4. Se cuidadoso con la técnica

• No llenes demasiado la sartén o freidora.

• Mantén la temperatura durante todo el proceso.

• Cocina el tiempo justo para que no absorban más aceite del necesario.  

 

5. Después de freír

• Déjalos reposar en papel absorbente para retirar el exceso de aceite.

• Añade la sal después, no antes de freír.

• Consume el alimento preferiblemente en el momento, para mantener calidad y evitar oxidación de la grasa absorbida en la fritura.  

 

6. Alternativas a la fritura

Freidora de aire: no es una fritura real, pero imita la textura con mucho menos aporte de grasa. Perfecta para quien quiere reducir calorías sin renunciar al crujiente.

Tempura y rebozados finos permiten obtener texturas ligeras con menos absorción de aceite, y menor cantidad de harinas o rebozado que a su vez aumentan calorías y captación de más cantidad de aceite.  

 

En definitiva, las frituras pueden ser deliciosas, pero conviene disfrutarlas con cabeza. Una fritura ocasional, bien hecha y con buen aceite, puede encajar en una alimentación saludable. Sin embargo, un consumo frecuente está relacionado con riesgos claros para la salud con problemas cardiovasculares, metabólicos y de aumento de peso. La clave está en la técnica, la moderación y la elección de ingredientes.

Thanksgiving: celebrar juntos, dar gracias y cuidar la salud

Thanksgiving: celebrar juntos, dar gracias y cuidar la salud

Isabel Antón Solanas

27 de noviembre de 2025

El Día de Acción de Gracias, o Thanksgiving, es una de las celebraciones más importantes de Estados Unidos. Se celebra el cuarto jueves de noviembre y, según la tradición, su origen se remonta al siglo XVII.

 

La que muchos estadounidenses conocen como la primera ceremonia de Acción de Gracias se celebró en Plymouth en 1621. Según la tradición más conocida, la festividad conmemora el encuentro pacífico y amistoso entre los colonos europeos y la tribu Wampanoag durante tres días de banquetes y acción de gracias. Algunas fuentes sugieren que dos años después, tras una gran sequía, los colonos celebraron la llegada de las lluvias con un día de agradecimiento y oración. Este acto, que aunó lo religioso y lo social, es considerado por muchos como el verdadero origen del Thanksgiving actual.

 

Sin embargo, es importante mencionar que, para muchos nativos americanos, Thanksgiving no es un día de celebración, si no de duelo y de protesta. Para las personas indígenas norteamericanas, el Día de Acción de Gracias conmemora la llegada de los colonos a Norteamérica y los siglos de opresión y genocidio que le siguieron. Así, desde 1970, el cuarto jueves de noviembre se reúnen en Cole’s Hill (Plymouth) para participar en una concentración organizada por la asociación United American Indians of New England (UAINE) en lo que hoy en día está reconocido como el Día Nacional de Duelo para los nativos americanos.

“El Día de Acción de Gracias es un recordatorio del genocidio de millones de pueblos nativos, del robo de sus tierras y del ataque constante a la cultura indígena. Los participantes del Día Nacional de Duelo honran a los antepasados nativos y las luchas de los pueblos indígenas por sobrevivir en la actualidad. Es un día de recuerdo y conexión espiritual, así como una protesta contra el racismo y la opresión que los nativos americanos siguen sufriendo.” (Inscripción en la placa conmemorativa erigida por la ciudad de Plymouth en Cole’s Hill).

 

Con el paso del tiempo, esta festividad se ha consolidado en Estados Unidos como un día para reunirse con la familia y los amigos, agradecer lo bueno del año, en algunos casos a través de servicios religiosos, compartir una comida especial y fortalecer los lazos afectivos a través de la gratitud y la convivencia. Aunque en España no forma parte de nuestras tradiciones, Thanksgiving despierta un cierto grado de curiosidad debido quizá a las referencias que encontramos frecuentemente en el cine, las series y las redes sociales. Más allá del famoso pavo, al igual que su origen histórico, esta festividad tiene sus luces y sus sombras para la salud.

 

Empecemos por las sombras, perfectamente reflejadas en una carta al editor publicada en la revista científica Hall’s Journal of Health, en 1858. Su autor, que firma como “C” y tiene una úlcera péptica, describe así las consecuencias de la comilona:

“Los hechos ocurrieron en pasado 26 de noviembre, que además de ser un mal día para el pavo, fue para mí el fin de mi paz física y mental. Mi única salvación está en la moderación habitual: lo sabía perfectamente, y sabía también que un hombre tiene tantas probabilidades de guardar la Cuaresma durante las fiestas de Navidad como de intentar mantener la templanza en una cena de Acción de Gracias. Fueron necesarios ocho platos para terminar la comida, aproximadamente media hora para cada uno. Reuní toda mi fuerza de voluntad para ser moderado. Rechacé por completo tartas, pudines y gelatinas, y dediqué un gesto desdeñoso a todos los entrantes tentadores; pero, al final, ¿cuál fue el resultado? Un ataque de indigestión que duró cerca de una semana: amargos recuerdos, punzantes remordimientos de conciencia, ayunos y vigilias para que el aparato digestivo volviera a su ser. La conclusión es que no valió la pena. Mucho mejor haría un hombre que lucha contra la dispepsia crónica en decir «no, gracias» a este tipo de hospitalidad epicúrea, y comer en casa su frugal comida de pan y carne con un corazón agradecido.” (C, 1858).

 

¡A quién no le ha ocurrido algo similar después de una copiosa comida celebratoria!  Bromas aparte, existe evidencia científica que respalda la tesis de que las celebraciones como Thanksgiving o Navidad son perjudiciales para la salud. En un artículo relativamente reciente, Clercq et al. sugirieron que, comer con la familia política durante las vacaciones de Navidad, reducía considerablemente la flora digestiva bacteriana asociada al estrés psicológico y la depresión.

 

En otra revisión de la literatura más reciente Abdulan sugería que, el aumento en el consumo de comida durante las celebraciones familiares, producía un notable aumento de peso. Sin embargo, este comportamiento no es fácil de modificar. Algunos consejos para disfrutar de las comidas festivas sin morir en el intento incluyen:

Un atracón no arruina tu salud – el problema viene cuando los festines se encadenan. Cuando esto ocurre, es importante compensar con cenas ligeras y raciones más pequeñas.

¿Qué tal el café como plan alternativo? – aunque el resto de los comensales ataquen el postre, se puede cerrar una comida con un té, un café o (aún mejor) una manzanilla.

Otra buena jugada es empezar con una ensalada – la fibra ayuda a controlar el antojo de dulce y suaviza los picos de azúcar.

En casa es fácil perder la cuenta – el alcohol suma muchas calorías y está asociado con la grasa abdominal, especialmente la cerveza y los licores. Y cuidado: los refrescos, aunque no lleven alcohol, también pueden ser bombas calóricas; es mejor beber agua o bebidas no azucaradas.

No todo gira en torno a la mesa – un paseo invernal en familia puede ser tan agradable como la propia comida.

Si necesitas energía entre comidas, mejor snacks salados y con proteína – yogur griego con nueces, zanahorias con hummus o manzana con queso son saciantes sin disparar el azúcar.

 

Por otro lado, es importante hacer alusión también a los beneficios de compartir la mesa con nuestros seres queridos. Al fin y al cabo, los humanos llevamos miles de años reuniéndonos para comer juntos. Comer en compañía tiene efectos positivos demostrados, entre ellos 1) refuerza los vínculos sociales, 2) favorece la sensación de pertenencia, 3) reduce la sensación de soledad, 4) mejora el estado de ánimo, 5) ayuda a regular el estrés y, 6) cuando se vive desde el respeto, aporta seguridad emocional.

 

Además, el acto de agradecer no es solo simbólico. Algunos psicólogos afirman que el simple hecho de enumerar las cosas por las que te sientes agradecido puede proporcionar una mayor sensación de bienestar, menor nivel de ansiedad, actitudes más optimistas y mejores relaciones interpersonales.

 

Thanksgiving invita precisamente a detenerse un momento y poner el foco en lo que sí funciona en nuestra vida, algo especialmente valioso en un mundo marcado por la prisa. Aunque la comida es la gran protagonista de días como el de Acción de Gracias, se trata de relacionarnos con los alimentos y con los demás de una forma más consciente. Por un lado, es posible disfrutar de la comida sin excesos innecesarios, escuchando las señales de hambre y saciedad, hidratándose bien y comiendo despacio. Y por otro, es muy beneficioso celebrar y dar gracias rodeados de nuestros seres queridos, compartiendo una sobremesa tranquila o un paseo invernal, y compartiendo y creando recuerdos positivos.

 

En definitiva, Thanksgiving es una celebración con un origen complejo, luces y sombras, pero también con un mensaje universal que trasciende fronteras: la importancia de compartir, agradecer y cuidar tanto del cuerpo como de los vínculos emocionales. Celebrar no debería ser sinónimo de exceso ni de culpa, sino de equilibrio, disfrute consciente, agradecimiento y conexión con los demás.

 

Happy Thanksgiving!

Calidad de vida tras un herpes zoster: ¿El dolor es para siempre? ¿Se puede prevenir?

Calidad de vida tras un herpes zoster: ¿El dolor es para siempre? ¿Se puede prevenir?

Mª Carmen Viñas Viamonte

26 de noviembre de 2025

El Herpes Zóster, también conocido como «culebrilla», es una enfermedad neurocutánea caracterizada por la reactivación del virus varicela zóster (VVZ) latente en los ganglios nerviosos tras la infección primaria por varicela. La reactivación puede producirse años después, especialmente en personas mayores (inmunosenescentes) o  con inmunosupresión inducida por una enfermedad o por tratamientos farmacológicos, y es en Atención Primaria donde se detectan predominantemente los casos.

Debido a esta capacidad del virus para permanecer latente, presente en más del 90% de la población mayor de 50 años, bastaría  una disminución de la respuesta inmune para reactivarse y provocar la enfermedad: dolor intenso, erupción vesiculosa unilateral, neuralgia posherpética.

Se habla con frecuencia de sus complicaciones, alrededor del 23% de adultos sanos desarrollarán al menos un episodio a lo largo de su vida; el  riesgo aumenta con la edad de forma que  entre 50 y 90 años es de 1 de cada 3 personas.

 

Manifestaciones clínicas del Herpes Zoster

Los síntomas de esta enfermedad se caracterizan por una evolución clínica en varias fases. En la fase prodrómica el síntoma más frecuente es dolor, ardor o picor localizado, aparece entre 1 y 5 días antes de la erupción cutánea.

En la fase eruptiva se produce una erupción vesiculosa sobre base eritematosa, vesículas llenas de líquido dispuestas en racimo, afectan con mayor frecuencia al tórax, cara o extremidades. Posteriormente, las vesículas se rompen y forman costras, proceso con riesgo elevado de sobreinfección. La curación se completa en 8-15 días, generalmente sin cicatrices permanentes.

Una complicación frecuente es la neuralgia postherpética (NPH), dolor persistente tras la resolución de la erupción. Afecta hasta 30% de pacientes, especialmente mayores de 60 años, puede prolongarse semanas o meses, con importante impacto en la calidad de vida. Si las lesiones se localizan en la región ocular (zoster oftálmico), existe riesgo de complicaciones graves como queratitis, uveítis, necrosis retiniana e incluso pérdida permanente de visión.

La afectación en territorio del nervio facial (zoster ótico), puede producir síndrome de Ramsay Hunt, caracterizado por dolor intenso, hipoacusia, vértigo y parálisis facial periférica del lado afectado. Estas complicaciones pueden dejar secuelas neurosensoriales y funcionales persistentes.

 

Abordaje terapéutico del Herpes Zoster y su complicación neuropática

Se trata habitualmente con fármacos antivirales (aciclovir, valaciclovir, briyudina) por vía oral o intravenosa dentro de las primeras 72 horas.

El manejo complementario incluye medidas de cuidado local, lavado suave con agua y jabón, aplicación de compresas frías y húmedas para aliviar el dolor, baños coloidales de avena para reducir el prurito. Se aconseja mantener las lesiones cubiertas, especialmente en fases exudativas, para prevenir la transmisión.

La neuralgia postherpética es la complicación crónica más relevante del HZ. El dolor leve puede tratarse con parches de lidocaína 5 % o capsaicina 8 %. Para dolor moderado a severo, el tratamiento sistémico con gabapentina o pregabalina es eficaz, logrando reducción del dolor hasta el 50 % en pacientes con NPH. Si el dolor persiste, se recomienda derivación a unidades de dolor o cuidados paliativos.

En casos infrecuentes, el HZ puede tener diseminación neurológica central. Incluye encefalitis, meningitis e incremento del riesgo de accidente cerebrovascular, especialmente en pacientes con zoster oftálmico, donde la incidencia puede alcanzar hasta un 5% según estudios recientes. Estas complicaciones refuerzan la importancia de una intervención precoz, vigilancia estrecha de grupos de riesgo y estrategias de prevención como la vacunación frente al HZ.

 

Prevención del Herpes Zóster: evidencia, estrategias y recomendaciones actuales

El desarrollo de vacunas seguras y eficaces frente al Herpes Zóster (HZ) constituye un avance fundamental en la prevención de esta enfermedad y sus complicaciones, especialmente la neuralgia postherpética (NPH), secuela más incapacitante.

La evidencia actual demuestra que la vacunación frente al HZ disminuye significativamente tanto la incidencia de enfermedad  como el riesgo de desarrollar NPH, incluso en pacientes que han padecido un episodio previo. Se recomienda inmunización con la vacuna recombinante adyuvada Shingrix, que ha demostrado una eficacia sostenida de 85% mantenida hasta al menos 12 años tras vacunación.

En España, el Ministerio de Sanidad incorporó la vacuna contra Herpes Zóster en el Calendario común de vacunación a lo largo de la vida en 2023, recomendando la administración de dos dosis separadas por un intervalo de 2 meses. Esta pauta fue adoptada por las distintas comunidades autónomas, incluyendo la actualización del protocolo de vacunación en Aragón 2024.

En Aragón, en 2025, se puede administrar la vacuna a todos los nacidos en 1943,1944,1945,1958,1959,1960; así como a los grupos de riesgo mayores de 18 años y a los mayores de 50 años con tratamiento inmunosupresor (recomendado acudir a un profesional sanitario para más información).

 

Recuperación tras un episodio de Herpes Zóster: impacto funcional y estrategias integrales de apoyo

El Herpes Zóster puede comprometer gravemente la calidad de vida, incluso después de la resolución de las lesiones cutáneas. Más del 50% de pacientes requieren incapacidad temporal, con una media de 17,5 días, y pueden tardar entre 77 y 115 días en recuperar su funcionalidad laboral previa.

Desde un enfoque complementario, se recomienda alimentación rica en lisina (lácteos, huevos, legumbres, carnes, pescado) y en vitaminas con función inmunomoduladora: A (zanahoria, tomate, pimiento), B12 (carnes magras, mariscos), C (kiwi, brócoli, fresas) y E (frutos secos, espinacas, aguacate). La hidratación adecuada y la reducción de sustancias proinflamatorias (azúcares refinados, cafeína) también son clave.

El ejercicio físico moderado y progresivo, como caminatas o actividad leve, favorece la recuperación funcional y el bienestar emocional. El control del estrés es fundamental, ya que este puede alterar la inmunidad por aumento de cortisol y afectar negativamente al sueño y a la reparación tisular. Un enfoque integral que combine tratamiento médico con hábitos saludables resulta esencial para favorecer una recuperación efectiva y reducir la cronicidad del dolor.

El HZ representa una enfermedad con alta carga clínica y graves complicaciones. Por ello, la vacuna se consolida como la estrategia preventiva más eficaz para reducir incidencia, severidad y secuelas. Su implementación debe ser una prioridad en Salud Pública para mitigar el impacto individual y sanitario del Herpes Zóster.

¿Y si fuera EPOC?

¿Y si fuera EPOC?

Beatriz Esperanza Sanz Abós

19 de noviembre de 2025

El 19 de noviembre de 2025 se celebra el Día Mundial de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Esta iniciativa, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Global Initiative for Chronic Obstructive Lung Disease (GOLD), tuvo lugar por primera vez en 2002 y, desde entonces, más de 50 países involucran a profesionales de la salud y grupos de pacientes para realizar actividades destinadas a concienciar y educar sobre la EPOC.

 

Este año, bajo el lema “Si te falta el aire, piensa en la EPOC”, se persigue concienciar sobre la enfermedad y recordar que es una de las causas más frecuentes de falta de aliento, promoviendo una mejor comprensión de esta enfermedad, sus factores de riesgo, sus tratamientos y las estrategias de prevención.

 

Según la OMS, la EPOC es una enfermedad pulmonar crónica común, prevenible y tratable que afecta a hombres y mujeres de todo el mundo. Esta organización prevé que para el año 2030 esta dolencia será la tercera causa más importante de mortalidad a nivel mundial.

 

La EPOC se caracteriza por la obstrucción persistente del flujo de aire en los pulmones, lo que dificulta la respiración, y se agrava en forma de enfisema o bronquitis crónica. Está causada principalmente por la inhalación del humo del tabaco, la inhalación de partículas de polvo y sustancias químicas en el lugar de trabajo y la contaminación ambiental. Inicialmente se manifiesta con tos y expectoración matutina, dificultad para respirar al realizar esfuerzos físicos, sibilancias y fatiga. Con el tiempo, tareas cotidianas como vestirse o bañarse pueden volverse agotadoras. 

 

Su prevalencia continúa aumentando en España y, en la mayoría de los casos, el diagnóstico no se realiza a tiempo. Suele identificarse en la edad adulta y afecta por igual a ambos sexos, en parte debido al incremento del consumo de tabaco. Sin embargo, un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado pueden retrasar su progresión. No obstante, en muchos casos, cuando se diagnostica, la enfermedad ya ha alterado significativamente la vida de la persona afectada, llegando a provocar fatiga ante mínimos esfuerzos, ingresos hospitalarios frecuentes, dependencia de oxígeno e incluso aislamiento social. Además, no olvidemos que la enfermedad puede tener consecuencias económicas considerables debido a la limitación de la productividad en el trabajo y en el hogar y a los costos del tratamiento.

 

Por lo tanto, uno de los retos es la detección precoz de la EPOC, que puede realizarse con una prueba sencilla como es la espirometría, prueba diagnóstica de primera elección que permite detectar alteraciones en la función pulmonar. Se trata de una prueba sencilla, rápida e indolora que dura aproximadamente diez minutos y que consiste en llenar completamente los pulmones y luego expulsar el aire con la mayor rapidez posible, midiendo así la cantidad y velocidad del flujo de aire. Gracias a la espirometría se puede detectar la enfermedad en fases tempranas, antes de que cause consecuencias graves, y permite también realizar el seguimiento y tratamiento del paciente.

 

La lucha contra la EPOC forma parte de actividades de prevención y control de las enfermedades no transmisibles que lleva a cabo la OMS, cuyos objetivos son:

  • Aumentar la sensibilización acerca de las enfermedades crónicas.
  • Crear ambientes más saludables.
  • Reducir los factores de riesgo comunes de las enfermedades no transmisibles:
    • Consumo de tabaco y exposición al humo del tabaco.
    • Exposición ocupacional a polvos, humos o sustancias químicas.
    • Contaminación ambiental de interiores y exteriores.
    • Alimentación no saludable.
    • Sedentarismo y falta de actividad física.
  • Prevenir las muertes prematuras y las discapacidades evitables relacionadas con las principales enfermedades no transmisibles.

 

La OMS, con iniciativas como Rehabilitación 2030, está adoptando medidas estratégicas para reforzar y priorizar los servicios de rehabilitación en los sistemas de salud. Entre sus objetivos se incluyen la elaboración de protocolos para evaluar, diagnosticar y tratar enfermedades respiratorias crónicas, como la EPOC, junto con módulos de asesoramiento sobre hábitos saludables, como el abandono del tabaco y los cuidados personales. También busca fortalecer la rehabilitación pulmonar para la EPOC y destaca que la prevención primaria y el tratamiento más efectivos de esta enfermedad pasan por reducir la exposición al humo del tabaco. Además, promueve intervenciones como las soluciones energéticas domésticas no contaminantes (CHEST), orientadas a facilitar el acceso a fuentes de energía seguras y limpias dentro del hogar.

 

La Alianza Mundial contra las Enfermedades Respiratorias Crónicas, que contribuye a la labor de la OMS en materia de prevención y control de estas patologías, es una colaboración voluntaria de organizaciones nacionales e internacionales de numerosos países que tiene como objetivo lograr que todas las personas puedan respirar libremente.

 

La EPOC no tiene cura, pero se puede controlar con distintos tratamientos:

  • Fármacos como broncodilatadores y corticoides inhalados para controlar los síntomas.
  • Deshabituación tabáquica: es la medida más importante para frenar la enfermedad.
  • Oxigenoterapia domiciliaria y portátil.
  • Rehabilitación pulmonar con ejercicios y educación para manejar la enfermedad.
  • Vacunas contra la gripe, la COVID-19 y el neumococo, para prevenir infecciones.
  • Tratamientos biológicos como los que ya se utilizan para el asma.

 

Todos estos tratamientos y cambios en el estilo de vida son pasos clave para mejorar la calidad de vida y prolongar, con una buena calidad de vida, los años de vida de las personas afectadas por la EPOC.