Una potente aliada para la Lactancia Materna: La extracción de leche

Una potente aliada para la Lactancia Materna: La extracción de leche

Leyre Nagore González

27 de enero de 2026

El próximo día 27 de enero se celebra el día mundial de la extracción de leche materna, fecha creada para valorar el esfuerzo de todas las madres que llevan a cabo la extracción de leche (ya sea de manera manual o mediante dispositivos) cuando la lactancia directa no es posible. Esta celebración fue impulsada por Wendy Armbruster, inventora del primer extractor de leche y quien buscaba apoyar la nutrición y beneficios de la leche materna.

 

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, sin ofrecer ningún otro alimento líquido ni sólido, y continuarla cumplimentada con otros alimentos adecuados hasta los dos años de vida o más. De manera ideal ha de iniciarse precozmente tras el nacimiento (durante la primera hora) en un ambiente seguro y tranquilo y siempre tan frecuentemente como el bebé lo demande, sin horarios fijos.

 

 

Pero… ¿y cuándo estas condiciones no son posibles?

 

En el entorno hospitalario nos encontramos con situaciones donde no es posible este inicio precoz de la lactancia materna o esa co-habitación de madre y recién nacido por motivos médicos y por ello es importante que conozcamos más recursos para conseguir una lactancia materna exitosa.

 

Uno de ellos es la extracción de leche, se puede realizar de manera manual o con ayuda de extractores (mecánicos o eléctricos) y nos aporta muchos beneficios en la instauración de la lactancia. Cabe destacar que es un procedimiento que requiere de mucha paciencia y práctica, así como de un buen soporte emocional por parte de toda la plantilla sanitaria ya que este proceso de extracción asociado a la separación del neonato genera altos niveles de ansiedad y estrés en las madres.

 

La extracción de leche materna consiste principalmente en estimular el pecho para vaciarlo, tras una buena higiene y masaje en un ambiente relajado y de confort, para conseguir obtener calostro o leche madura utilizando una técnica rítmica de “presionar y rodar” si lo hacemos manualmente (técnica Marmet) o una succión con presión adecuada si lo hacemos con la ayuda de un extractor. Esta técnica se realiza alternando los pechos hasta que el flujo disminuya, para después almacenarla o alimentar al bebé.

 

Si se relaciona el inicio de la lactancia materna con el uso de este método, se ha visto en numerosos estudios que aumentan las tasas de éxito de lactancia materna, así como una mayor satisfacción de las madres.

 

Si bien es cierto que la extracción de leche ofrece muchos beneficios en los inicios de la lactancia cuando se produce la separación del recién nacido y su madre, son muchas otras las situaciones donde podemos utilizarla y sacar provecho de la misma.

 

Una de ellas sería en el caso de mujeres diabéticas (especialmente en las mal controladas) donde se ha descrito un retraso en la “subida” de la leche (lactogénesis II) y donde la extracción de calostro durante los últimos meses de gestación se ha designado como un factor facilitador en los inicios de la lactancia.

 

También en mujeres que se han de incorporar al mundo laboral y desean continuar con una lactancia materna exclusiva, sería muy recomendable la extracción de leche previa a esta separación para ir almacenándola de forma segura en el congelador y tener así “un banco de leche” preparado para cuando sea necesario.

 

Finalmente, es importante destacar que en nuestro medio existe también la opción de donar leche materna, la cual será recibida como oro en las unidades de hospitalización, para crear un banco de leche público.

 

Para convertirse en donantes han de ser mujeres que estén lactando durante los seis primeros meses de vida de su hijo, con buena salud general, que no reporten hábitos tóxicos ni consumo de medicamentos regularmente, y que no estén incluidas en grupos de riesgo por ser portadoras de enfermedades transmisibles. Siendo este acto altruista y generoso para el bien común.

 

En conclusión, es fundamental incidir en los beneficios que nos reporta aprender a tiempo la extracción de leche, siendo una técnica sencilla, no dolorosa y segura, y que por todo ello debería ser enseñada en todos los servicios de maternidad.

Adherencia al Programa de Prevención del Cáncer de Cérvix

Adherencia al Programa de Prevención del Cáncer de Cérvix

Natalia Barrio Forné

23 de enero de 2026

En España, existen diferentes estrategias de salud para la prevención y diagnóstico precoz, siendo una de ellas la Prevención del Cáncer de Cérvix. Desde el ámbito sanitario, se recalca la importancia de asistir a los controles médicos protocolizados para que enfermedades como ésta disminuya su incidencia o se trate lo más pronto posible.

 

A nivel mundial se ha establecido como objetivo que en 2030 se logre alcanzar el 70% de cobertura entre la población diana, pero los datos actuales reflejan que la incidencia del cáncer de cérvix lejos de disminuir se mantiene estable o incluso aumenta en algunos países con protocolos estandarizados de detección precoz.

 

Esta campaña informativa lleva muchos años entre los programas de cribado ofertados por los servicios de salud. Las directrices actuales siguen los patrones marcados en la última actualización realizada en 2019.

 

Sin embargo, muchas veces estos planes de prevención no llegan a toda la población o no se reconoce la importancia que realmente tiene a pesar de los esfuerzos del personal sanitario.

 

Adherencia al Programa de Cribado del Cáncer de Cérvix

 

Como punto positivo, el 89% se ha realizado algún control en su vida, el 83% en los últimos cinco años y el 75% en los últimos tres años, lo que estima un alto porcentaje de la población captada. Además, en España, se ha establecido que el 70,3% se ha realizado los controles correctamente de manera asidua, lo que supera el objetivo del 70% marcado por la Organización Mundial de la Salud.

 

En cambio, se ha comprobado que el 60,7% de las mujeres diagnosticadas de Cáncer de cérvix nunca se habían realizado un control citológico.

 

Conocimientos y Opiniones acerca de la Prevención del Cáncer de Cérvix

 

Es fundamental enmarcar las opiniones y conocimientos que tienen las mujeres acerca de la prevención del Cáncer de cérvix y los factores que pueden condicionar estas ideas, para adaptar las estrategias de salud a la población.

 

Se ha comprobado que la población inmigrante suele asistir en menos ocasiones a estos programas respecto a la población española, lo que aumenta el riesgo de diagnóstico y tratamiento tardío, con más resultados anómalos y, por lo tanto, menos probabilidad de supervivencia. Se ha observado que su opinión se basa, en muchas ocasiones, en la asistencia al sistema sanitario cuando presentan síntomas, descartando ir cuando se sienten bien.

 

Uno de los motivos para esta creencia es el coste económico que tiene el acceso a la salud en sus países de origen, lo que lleva a realizar un autocuidado basado en los conocimientos transmitidos entre familiares y allegados y en la medicina tradicional, y a suprimir al sistema sanitario como herramienta de prevención de enfermedades. Esto refleja la necesidad de realizar una comunicación eficaz para mejorar su inclusión.

 

En relación a la población española, se ha observado mayor compromiso con los chequeos médicos, pero también un mayor escepticismo al convivir con casos en los que han enfermado a pesar de realizar los controles correctamente y de ver que el programa establece lapsos de tiempo muy largos, sobre todo en aquellas mujeres que ya han presentado anteriormente alguna afección o han estado en contacto con personas de riesgo.

 

Por otra parte, la diferencia intergeneracional entre la población femenina también puede influir en la aceptación de la información. La salud sexual en la sociedad actual se concibe de formas distintas según la edad, observando que, en los últimos años, el grupo etario entre 25 y 44 años acude cada vez menos a los servicios de salud para la realización de los controles citológicos, al contrario que las mujeres de entre 45 y 65 años, en las que ha aumentado la captación y seguimiento.

 

Y, por último, la evolución de la sociedad actual también afecta a las prácticas y al compromiso en materia de prevención de salud. De ahí surge el concepto de alfabetización en salud, es decir, enseñar e inculcar la importancia que tiene el autocuidado, la conciencia del bienestar y la gestión de la salud personal para favorecer la participación en los programas de cribado.

 

Conclusión

 

En esta sociedad multicultural es necesario adaptar los controles a todas las mujeres, teniendo en cuenta sus creencias y actitudes ligadas a su lugar de origen, reduciendo de esta manera el planteamiento “occidental” y ofreciendo programas de salud más inclusivos.

 

Por otra parte, se ha demostrado que la edad es un condicionante muy importante en los comportamientos en salud sexual y puede interferir seriamente en la adherencia en los Programas de Cribado.

 

En general, es fundamental aumentar la conciencia en salud para aumentar la comprensión y la envergadura de esta enfermedad y alcanzar mayor accesibilidad para lograr eliminar el Cáncer de cérvix en beneficio de la salud pública.

Vivir entre dos lados: El Síndrome de Hemiplejia Alternante

Vivir entre dos lados: El Síndrome de Hemiplejia Alternante

José Alberto Ramos Martínez

18 de enero de 2026

Hablar de una vida entre dos lados podría parecer el título de una película, pero nada más lejos de la realidad representa el día a día de aquellos niños que padecen la enfermedad.

Piensa que, de repente, de forma brusca, el niño comienza a perder la fuerza en una de las mitades de su cuerpo, alternando la pérdida de dicha fuerza entre ambos lados del cuerpo, aunque puede producirse sin la alternancia de estos. Sin embargo, tras un periodo de tiempo prolongado, dicha fuerza regresa, pudiendo repetirse dicha situación de forma reiterada en el tiempo.

Esto es lo que se conoce como síndrome hemipléjico alternante, una condición genética muy poco frecuente que presenta un efecto a nivel neurológico en el niño, generando así un impacto relevante en la vida del paciente pediátrico, sus familias y su entorno.

 

¿Qué ocurre realmente?

 

Dicho síndrome presenta una serie de signos clínicos caracterizados por episodios transitorios de hemiplejia, produciendo así la pérdida funcional y parálisis de una mitad del cuerpo.

Lo más característico que se ha observado es que dichos síntomas se producen durante el estado de vigilia y que estos suelen ceder durante el estado de sueño.

Además, el hecho de que el desarrollo de la enfermedad no presente un desarrollo concreto puede suponer un suceso de gran impacto tanto en la vida del menor como en el resto de sus familiares.

Principalmente, la enfermedad constituye un trastorno grave del neurodesarrollo y se puede manifestar en una gran cantidad de síntomas intermitentes, como distonía, nistagmo y disautonomía, y discapacidades de carácter neurológico (ataxia, retraso del desarrollo, etc.).

Sin embargo, no son los únicos síntomas que podemos encontrar ya que, entre ellos, en muchas ocasiones, se acompañan de movimientos oculares anormales, debilidad general, posturas distónicas (contracciones musculares involuntarias) e incluso pudiendo llegar a presentarse estados convulsivos y produciéndole al niño problemas en los ámbitos de la atención y el aprendizaje.

 

¿Qué nos dice la investigación?

 

Durante las últimas décadas, la ciencia nos ha permitido conocer que una gran mayoría de los casos están asociados a mutaciones en los genes ATP1A2 y ATP1A3, genes con una importancia enorme en un correcto funcionamiento neuronal.

Dichos genes constituyen una especie de “bomba” que asegura el equilibrio de los iones entre las neuronas y el medio externo, garantizando un correcto funcionamiento en la transmisión de mensajes eléctricos entre el cerebro y los músculos.

Si dicha bomba no funciona óptimamente, se producen los episodios de hemiplejia y una variedad de síntomas de carácter neurológico, generando un enorme impacto y de forma totalmente inesperada en la vida de la persona y su entorno.

 

¿En qué momento aparece?

 

La aparición de la sintomatología suele darse antes de los 18 meses de edad, pudiendo confundirse con otro tipo de patologías como la epilepsia infantil, además de sensación de debilidad en una parte del cuerpo o movimientos oculares inusuales, lo que dificulta y retrasa el diagnóstico.

Dicho diagnóstico siempre se apoya en elementos como la observación de los episodios, la aportación de vídeos por parte de los padres, estudios como el electroencefalograma y la realización de pruebas de carácter genético que permitan verificar la presencia de mutaciones relacionadas con el síndrome.

 

¿Existe una cura?

 

Por el momento, la cura no es un hecho real y presente, sino que el objetivo principal en dicho síndrome es la ayuda a la hora de controlar los episodios y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de la persona.

Para ello, debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • Flunarizina: es el fármaco más empleado para reducir la frecuencia y la gravedad de los episodios de hemiplejia y otros síntomas de carácter paroxístico.
  • Manejo de la sintomatología: una de las estrategias empleadas supondría el hecho de contar con un registro de factores y desencadenantes que provocan los episodios, así como intentar dormir al inicio de estos, ya que en muchas de las ocasiones el sueño detiene su aparición.
  • Soporte multidisciplinar: elementos como la rehabilitación, el apoyo educativo y la atención psicológica serán determinantes, ya que en muchos de los casos los niños pueden presentar dificultades en el aprendizaje y la atención.

 

Un mundo más allá

 

La vida con síndrome hemipléjico no solo debe contemplarse desde el plano físico, sino también desde su importancia emocional y social. Aunque el camino es complejo, la ciencia ha permitido progresar en el conocimiento que se tiene sobre dicha patología.

Por ello, la labor científica y divulgativa resulta clave para proporcionar un diagnóstico precoz, un mejor acompañamiento y una mayor visibilidad de las enfermedades conocidas como enfermedades raras.

Día del niño con Cáncer: Información, esperanza y acompañamiento

Día del niño con Cáncer: Información, esperanza y acompañamiento

Victoria Caballero Pérez

21 de diciembre de 2025

El 21 de diciembre es el Día Nacional del Niño con Cáncer en España, una fecha establecida a petición de la Federación Española de Padres de Niños con Cáncer para concienciar sobre todas las enfermedades que comprende, apoyar a los niños y familias, y promover la investigación y la mejora de los tratamientos. Este día busca visibilizar los retos del Cáncer Infantil y la importancia del diagnóstico precoz y la igualdad de oportunidades para su curación.

 

¿Con qué frecuencia aparece el Cáncer Infantil?

Según estimaciones del Registro Español de Tumores Infantiles (RETI) y del Ministerio de Sanidad, en 2025 se esperan alrededor de 1049 casos en niños de 0 a 14 años, y 573 casos en adolescentes de 15 a 19 años, sumando aproximadamente 1622 diagnósticos anuales en niños y adolescentes. Esto equivale a más de 3 diagnósticos diarios en todo el país.

 

¿Se puede prevenir el Cáncer Infantil?

En la gran mayoría de los casos, el Cáncer Infantil no se puede prevenir. A diferencia del cáncer en adultos, en los niños no suele estar relacionado con hábitos de vida, sino con alteraciones en el desarrollo de las células. En nuestro medio, el Cáncer Infantil no es consecuencia de errores parentales.

Lo que sí es posible es favorecer el diagnóstico precoz. Estar atentos a síntomas persistentes como el cansancio extremo, palidez de piel y mucosas (labios, conjuntiva de los ojos…), fiebre o febrícula prolongada, hematomas sin traumatismos previos, dolores óseos mantenidos y migratorios, aparición de masas o megalias (bultos) en cuello, axila, ingles, abdomen, etc.; o varias manchas pigmentadas o blanquecinas en la superficie corporal, cefaleas y vómitos frecuentes de predominio nocturno o al alba, etc.

Ante su presencia, deben acudir a los profesionales de salud. También es importante realizar todas las revisiones pautadas en los Centros de Salud.

 

Supervivencia: Una historia de avances

En lugares con acceso a un sistema de salud sólido como es nuestro país, alrededor de 8 de cada 10 niños pueden curarse. Depende del tipo de tumor, algunos como la leucemia linfoblástica aguda (el cáncer más frecuente), tienen tasas de curación que pueden acercarse o superar el 90 %. Sin embargo, otros tipos de cáncer tienen supervivencias que no alcanzan el 50%. Por ello, es importante recalcar que la palabra cáncer recoge múltiples enfermedades diferentes entre sí.

La atención no puede limitarse a la quimioterapia o la cirugía. Los mejores resultados se logran cuando el cuidado está a cargo de equipos multidisciplinares: pediatras, oncólogos, enfermeras especializadas, psicólogos, trabajadores sociales, fisioterapeutas, nutricionistas y docentes hospitalarios, entre otros. Cada profesional aporta una mirada distinta y complementaria centrada no solo en curar, sino en cuidar.

Este enfoque integral ayuda a manejar mejor los efectos secundarios, a sostener la salud emocional, a acompañar a la familia y a preservar, en la medida de lo posible, la vida cotidiana del niño: el juego, el aprendizaje, los vínculos. Porque un niño con cáncer sigue siendo, ante todo, un niño.

 

Cuidados paliativos: Perder el miedo y ganar acompañamiento

Uno de los temas que más temor genera es el de los cuidados paliativos. Muchas personas los asocian exclusivamente con el final de la vida, pero esta idea es incompleta y, a menudo, injusta. Los cuidados paliativos pediátricos —incluidos los domiciliarios— buscan aliviar el dolor y multitud de síntomas, acompañar emocionalmente, mejorar la calidad de vida y sostener a la familia, independientemente del pronóstico. Pueden y deben integrarse desde etapas tempranas de la enfermedad, junto con los tratamientos curativos. Diversos estudios demuestran que estos cuidados no solo incrementan la calidad de vida de los niños, sino también aumentan la supervivencia al favorecer la tolerancia de los tratamientos. Perder el miedo a estos equipos es abrir la puerta a un cuidado más humano y cercano ya que evita hospitalizaciones innecesarias.

 

Un llamado a la comunidad

Como sociedad, podemos contribuir hablando sin tabúes de esta realidad, apoyando a las familias y los niños enfermos, valorando el trabajo de los equipos de salud, defendiendo el derecho de todos los niños a recibir una atención integral y de calidad y promoviendo la investigación.

Detrás de cada diagnóstico hay un nombre, una historia y una enorme capacidad de resiliencia. Recordarlo es el primer paso para construir un camino con más comprensión, menos miedo y más esperanza.

Espina bífida: conocer para comprender y acompañar

Espina bífida: conocer para comprender y acompañar

Carlos Fuentes Uliaque

21 de noviembre de 2025

Cada 21 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Espina Bífida, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la inclusión, la empatía y la superación personal de este tipo de personas que la padecen. Detrás de cada persona con espina bífida hay una historia de fortaleza, de adaptación y de lucha por la autonomía. Pero ¿qué es realmente la espina bífida y cómo impacta en la vida de quienes la padecen?

 

¿Qué es la espina bífida?

 

La espina bífida es una malformación congénita del tubo neural, una estructura embrionaria que da origen al cerebro y la médula espinal. Durante las primeras semanas del embarazo, el tubo neural debe cerrarse completamente. Cuando este proceso no se completa de manera adecuada, se produce una alteración en la formación de la columna vertebral y de las estructuras nerviosas que la acompañan.

 

Existen distintos tipos de espina bífida, según la gravedad y el grado de exposición del tejido nervioso:

Espina bífida oculta: es la forma más leve y frecuente. Suele pasar desapercibida, ya que la médula espinal y los nervios están poco afectados. A veces solo se detecta por casualidad en una radiografía o exploración médica.

Meningocele: en esta variante, las meninges (membranas que cubren la médula espinal) protruyen a través de una abertura en la columna, formando un saco lleno de líquido, pero sin daño directo en el tejido nervioso.

Mielomeningocele: es la forma más grave. Aquí, tanto las meninges como la médula espinal salen al exterior, lo que puede provocar parálisis parcial o total de las extremidades inferiores, alteraciones en la sensibilidad, problemas urinarios e intestinales y, en algunos casos, hidrocefalia (acumulación de líquido en el cerebro).

 

Causas y prevención

 

Aunque no se conoce una causa única, se sabe que la espina bífida es el resultado de una interacción compleja entre factores genéticos y ambientales. Uno de los descubrimientos más importantes en la prevención de esta patología es el papel del ácido fólico. Numerosos estudios han demostrado que una adecuada ingesta de ácido fólico antes y durante las primeras semanas del embarazo reduce significativamente el riesgo de defectos del tubo neural.

 

Otros factores de riesgo pueden incluir la diabetes materna mal controlada, la obesidad, el consumo de ciertos medicamentos anticonvulsivos o la exposición a altas temperaturas durante el embarazo.

 

Tratamiento y abordaje integral

 

El tratamiento de la espina bífida depende del tipo y la gravedad de la lesión. En los casos severos, la cirugía temprana para cerrar la abertura en la columna es fundamental, tanto para prevenir infecciones como para proteger el tejido nervioso, circunstancia de vital importancia. En algunos centros especializados, incluso se realiza cirugía fetal intrauterina, lo que ha mejorado los resultados neurológicos en muchos casos.

 

Sin embargo, el abordaje de la espina bífida va mucho más allá de la cirugía. Requiere una atención multidisciplinar a lo largo de toda la vida, en la que participan neurocirujanos, urólogos, fisioterapeutas, rehabilitadores, psicólogos, terapeutas ocupacionales y enfermeros especializados.

 

Las personas con espina bífida pueden necesitar ayudas técnicas, ortesis, programas de fisioterapia y apoyo educativo para alcanzar su máximo potencial. Gracias a los avances médicos y sociales, hoy muchas personas con esta condición estudian, trabajan, forman familias y llevan una vida plena y activa.

 

Repercusiones sociales y la importancia de la inclusión

 

Más allá de la dimensión médica, la espina bífida plantea un desafío social: romper las barreras físicas y actitudinales que dificultan la participación plena de las personas con discapacidad. En muchos casos, los obstáculos más grandes no son físicos, sino sociales: la falta de accesibilidad, el desconocimiento y los prejuicios.

 

La inclusión no significa únicamente adaptar los espacios o las infraestructuras; implica también cambiar la mirada colectiva, reconocer las capacidades, el esfuerzo y el valor de cada persona. En este sentido, el papel del profesional de enfermería —y especialmente del enfermero con espina bífida— resulta inspirador. Representa la vocación de cuidar desde la experiencia propia del cuidado recibido, una empatía que trasciende la técnica.

 

Reflexión personal 

 

Como enfermero y neurocirujano, he tenido el privilegio de atender a pacientes con espina bífida desde sus primeros días de vida (incluyendo el diagnóstico prenatal) hasta la edad adulta. Cada intervención quirúrgica, cada sesión de rehabilitación y cada conversación con las familias me recuerdan que la medicina no solo trata cuerpos, sino también esperanzas, proyectos de vida. 

 

La espina bífida nos enseña la importancia de la coordinación entre el cuidado y la cirugía: la enfermería aporta la cercanía y la observación continuada que permiten comprender la realidad cotidiana del paciente, mientras que la neurocirugía ofrece las herramientas técnicas para mejorar su funcionalidad y bienestar. Ambas visiones se complementan en un mismo propósito: preservar la autonomía y la calidad de vida.

 

Atender a personas con espina bífida no es solo un acto médico, sino un compromiso humano. Es aprender de su resiliencia, de su capacidad para adaptarse, de su sonrisa pese a las dificultades. Ellos nos enseñan que la verdadera salud no siempre consiste en la ausencia de limitaciones, sino en la presencia de oportunidades, acompañamiento y esperanza.

Día universal de la infancia. ¿Tienen todos los niños y niñas los mismos derechos y oportunidades?

Día universal de la infancia. ¿Tienen todos los niños y niñas los mismos derechos y oportunidades?

Ana María Latorre Izquierdo

20 de noviembre de 2025

El 20 de noviembre se celebra el Día Universal de la Infancia desde que en el año 1989 se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño. En este día se debe recordar que todos los niños y niñas del mundo tienen derecho a crecer sanos, felices y seguros por lo que debe convertirse en una llamada a la responsabilidad colectiva para proteger a la infancia y muy especialmente a la más vulnerable.

 

Los cimientos de la salud futura se siembran durante la infancia. Cuidar a un niño no es solo curar la enfermedad, es defender un derecho fundamental, es educar, es acompañar y es ofrecer oportunidades de vida digna, pero cuando miramos al mundo, vemos que ese derecho sigue estando lejos de cumplirse para millones de niños y niñas.

 

Se han logrado en los últimos 30 años grandes avances en salud infantil, la mortalidad en menores de cinco años se ha reducido más de un 50% desde 1990, pero la realidad es que sigue habiendo una gran desigualdad. Un niño nacido en un país de bajos ingresos tiene 15 veces más probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años que uno nacido en un país desarrollado.

 

En 2023, según datos facilitados por la OMS y UNICEF, murieron 4,9 millones de niños menores de cinco años, la mayoría por causas prevenibles o tratables. Más de la mitad de esas muertes ocurrieron en África Subsahariana y en Asia Meridional, regiones donde los recursos sanitarios son limitados y el acceso a la atención sanitaria básica sigue siendo un privilegio.

 

Casi la mitad de las muertes infantiles se producen por desnutrición. Más de 148 millones de niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento y 45 millones padecen emaciación (delgadez extrema). En la otra cara de la moneda tenemos el sobrepeso y la obesidad infantiles que se dan en países con dietas basadas en alimentos ultraprocesados y estilos de vida sedentarios.

 

Con esta información podemos decir que el lugar de nacimiento determina las oportunidades de vivir y crecer con salud, y no solo hablamos de nacer en diferentes países ya que, dentro de una misma nación, las brechas socioeconómicas, étnicas o territoriales condicionan el acceso a la salud infantil, a la vivienda y a la educación.

Un ejemplo claro de equidad o falta de ésta en salud y que más consecuencias puede tener es el acceso a las vacunas. Las vacunas salvan millones de vidas; son, junto a la potabilización de las aguas, una de las intervenciones sanitarias más efectivas coste-beneficio. Un estudio nos demuestra que el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) no solo protege la salud, sino que ahorra hasta 803 millones en costes al SNS, así por cada euro que el PNI invierte en vacunas tiene un beneficio de 4,58 euros.

Según la OMS las vacunas evitan cada año entre 4 y 5 millones de muertes producidas por enfermedades prevenibles como son el sarampión, la difteria, la tosferina, etc., pero hay millones de niños en el mundo que siguen sin tener acceso a las mismas.

 

La falta de vacunas no es solo un problema sanitario, es una condena silenciosa que recae sobre la infancia de países en conflicto, con pobreza extrema, con sistemas sanitarios frágiles o inexistentes. En 2024 14,3 millones de niños no recibieron ni una sola dosis de vacuna y otros 6,4 millones no completaron sus calendarios vacunales por falta de recursos y esa es una de las cuestiones sobre la que debemos reflexionar el 20 de noviembre.

 

Es una satisfacción ver en mi día a día como enfermera pediátrica a niños que crecen protegidos frente a enfermedades que hace décadas causaban epidemias y que provocaban sufrimiento al niño y a la familia, pero también pienso en los niños que no tienen esa posibilidad, y en cómo un pinchazo que aquí damos por rutinario puede significar la diferencia entre la vida y la muerte en otro lugar del mundo.

 

Mi papel como enfermera pediátrica y el de mis compañeras es cuidar, educar y proteger. Acompañamos la vida desde sus primeros minutos y nuestro trabajo no termina en el hospital o en el centro de salud ya que somos educadoras, defensoras de la salud pública y garantes de los derechos de la infancia.

 

Cuando vacunamos, no sólo administramos la vacuna ya que transmitimos confianza, explicamos, calmamos miedos y contribuimos a que las familias comprendan el valor de la prevención. Cada conversación con una madre o un padre es una oportunidad para fortalecer la conciencia sobre la importancia de la salud infantil, pero también somos testigos de cómo la pobreza, la falta de educación o la desinformación impactan directamente en la salud de los niños.

 

Los determinantes sociales de la salud tales como la vivienda, la alimentación, la educación, el acceso al agua potable y a los servicios sanitarios condicionan el bienestar infantil tanto como las vacunas o los tratamientos médicos. En el mundo, más de 400 millones de niños viven en pobreza extrema y unos 700 millones no tienen acceso a agua potable segura. Estas condiciones facilitan la propagación de enfermedades como el cólera, las infecciones gastrointestinales o las infecciones respiratorias, que siguen siendo las principales causas de mortalidad infantil. Es por ello por lo que debemos abordar la salud desde una perspectiva global y social, colaborando con escuelas, instituciones y comunidades.

La salud infantil no es solo física. En los últimos años, ha habido un aumento importante de los problemas de salud mental en la infancia y adolescencia. La ansiedad, la depresión o los trastornos del sueño son cada vez más frecuentes, y muchas veces pasan desapercibidas.

 

El entorno digital, la falta de juego al aire libre, las presiones académicas y sociales y los efectos emocionales de la pandemia han dejado huella en nuestros niños y niñas. Detectar, escuchar y acompañar debe ser una de nuestras tareas porque un niño sano no es solo aquel que no tiene fiebre o tos, sino aquel que se siente amado, comprendido y seguro dentro de su familia y de la comunidad a la que pertenece.

 

El Día Universal de la Infancia debe recordarnos que la salud de los niños es la medida del progreso de una sociedad. No hay avance más noble que aquel que protege la vida en su forma más pura y vulnerable.

 

Como enfermera pediátrica creo firmemente que cada gesto cuenta: una vacuna, una palabra de aliento, una escucha atenta, pero también necesitamos políticas valientes que garanticen equidad, financiación y acceso universal a los servicios de salud.

Ningún niño debería morir por falta de una vacuna o de atención básica. Ningún niño debería crecer con hambre o sin esperanza. En este 20 de noviembre renovemos nuestro compromiso:

 

CUIDAR LA SALUD DEL PRESENTE ES PROTEGER EL FUTURO DEL MUNDO.