Frituras: Cómo hacerlas más saludables
Frituras: Cómo hacerlas más saludables
2 de diciembre de 2025
Crujientes, doradas, irresistibles. Las frituras forman parte de la cocina tradicional de muchos países y siguen siendo un recurso gastronómico habitual tanto en casa como en restaurantes. Pero ¿sabemos realmente qué ocurre cuando freímos un alimento? ¿Y qué efectos puede tener sobre nuestra salud si abusamos de esta técnica?
Voy a explicar de forma sencilla y basada en evidencia científica, qué es una fritura, cuáles son sus riesgos cuando se consume en exceso y cómo conseguir una fritura de calidad, crujiente…, y lo más saludable posible.
¿Qué es una fritura?
Para conseguir una fritura, consiste en sumergir un alimento en aceite caliente, idealmente alrededor de 180 ºC, para cocinarlo rápidamente. Durante este proceso, el agua del interior del alimento se evapora, se forma una fina capa crujiente y una proporción del aceite es absorbido en el interior del alimento. La cantidad de aceite que se absorbe suele ser alrededor del 10% del peso total del alimento. El resultado de esta técnica culinaria es una textura dorada y sabrosa tan característica que casi todos asociamos a “comida reconfortante”.
Aunque es una técnica culinaria muy extendida, no es inocua. La calidad del aceite, la temperatura, el tipo de alimento e incluso la forma en que lo preparamos antes de meterlo en la sartén influyen en la cantidad de grasa absorbida y en la formación de compuestos no deseados.
Otro de los aspectos a tener en cuenta, es que el consumo de fritos sigue siendo habitual en muchos países, especialmente en restauración y comida rápida, donde pueden llegar a representar una parte importante de la ingesta energética de la población adulta.
Sin embargo, el problema no es consumir fritos de manera ocasional, sino su consumo frecuente y elevado. La literatura científica es clara: cuando los fritos se convierten en parte habitual del menú, aumentan ciertos riesgos para la salud.
Más riesgo cardiovascular
Las personas que consumen alimentos fritos con mayor frecuencia presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como infarto o insuficiencia cardiaca. Y no solo eso: también aumenta el riesgo de mortalidad por cualquier causa. Factores como la oxidación de los aceites, el alto contenido calórico y la presencia de grasas trans, especialmente si el aceite se reutiliza varias veces, influyen en este efecto.
Aumento de peso y síndrome metabólico
Freír multiplica la densidad energética de los alimentos. ¿Qué significa esto? Que un mismo alimento, cocinado de otra forma por ejemplo asado o a la plancha, puede aportar muchas menos calorías que si se fríe. No es de extrañar que los estudios vinculen un mayor consumo de fritos con incremento de peso, obesidad y alteraciones metabólicas como hipertensión o aumento del perímetro abdominal.
Mayor riesgo de diabetes tipo 2
La evidencia muestra que quienes consumen fritos con frecuencia tienen más probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2, especialmente cuando hay otros factores como el sedentarismo o un patrón dietético poco saludable y obesidad.
Formación de compuestos perjudiciales
Cuando el aceite se calienta en exceso o se reutiliza demasiadas veces, puede generar compuestos oxidativos que irritan el sistema digestivo y pueden contribuir al estrés oxidativo del organismo. Por tanto, no es únicamente “cuántos fritos comes”, sino cómo se han preparado.
Ante esta realidad, la buena noticia es que, si se hace correctamente y se consume con moderación, una fritura puede formar parte de un patrón alimentario equilibrado. Entonces, ¿Cómo podemos lograr una fritura de más calidad?
1. Elige bien el aceite
• Aceite de oliva virgen extra: es el que ofrece mayor estabilidad térmica.Resiste bien el calor y genera menos compuestos indeseables.
• Girasol alto oleico: también es una opción válida, pero conviene no reutilizarlo más de 1–2 veces.
• No mezcles aceites: disminuyen su estabilidad.
2. Controla la temperatura
• El rango ideal de temperatura está alrededor de 180 ºC, utiliza termómetro, sino como alternativa añade un trocito de pan y si burbujea suavemente, el aceite está listo.
• Si el aceite está frío, el alimento absorberá mucha grasa.
• Si está demasiado caliente, se quemará por fuera y puede formar sustancias no deseadas.
3. Prepara bien los alimentos
La preparación de los alimentos, antes de cocinar es muy importante.
• Sécalos antes de freír para evitar salpicaduras y exceso de absorción de aceite.
• Introduce los alimentos a temperatura ambiente, no recién sacados del frigorífico.
• Evita piezas demasiado grandes: dificultan una cocción uniforme.
4. Se cuidadoso con la técnica
• No llenes demasiado la sartén o freidora.
• Mantén la temperatura durante todo el proceso.
• Cocina el tiempo justo para que no absorban más aceite del necesario.
5. Después de freír
• Déjalos reposar en papel absorbente para retirar el exceso de aceite.
• Añade la sal después, no antes de freír.
• Consume el alimento preferiblemente en el momento, para mantener calidad y evitar oxidación de la grasa absorbida en la fritura.
6. Alternativas a la fritura
Freidora de aire: no es una fritura real, pero imita la textura con mucho menos aporte de grasa. Perfecta para quien quiere reducir calorías sin renunciar al crujiente.
Tempura y rebozados finos permiten obtener texturas ligeras con menos absorción de aceite, y menor cantidad de harinas o rebozado que a su vez aumentan calorías y captación de más cantidad de aceite.
En definitiva, las frituras pueden ser deliciosas, pero conviene disfrutarlas con cabeza. Una fritura ocasional, bien hecha y con buen aceite, puede encajar en una alimentación saludable. Sin embargo, un consumo frecuente está relacionado con riesgos claros para la salud con problemas cardiovasculares, metabólicos y de aumento de peso. La clave está en la técnica, la moderación y la elección de ingredientes.

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