Una historia de adaptación

Una historia de adaptación

Cristina Martínez González

19 de octubre de 2025

Cierra los ojos y visualiza tu cuerpo desnudo, lo has visto infinidad de veces; en cada ducha, al vestirte cada mañana… Ahora que tienes esta imagen en la mente, elimina un pecho. Cuesta hacerlo, ¿verdad? Así es mi día a día desde el pasado 19 de diciembre de 2024 tuve que someterme a una cirugía para extirpar del pecho derecho a causa del cáncer de mama o como me dijo una oncóloga, “te tenemos que mutilar el pecho”.

Esta historia, empieza como tantas otras, con la detección de un bulto. Tuve la suerte de tener una médica de cabecera que creyó conveniente examinar ese bulto sin ni siquiera tocarme, simplemente por prevención (la parte más importante en el cáncer para evitar males mayores), me hicieron una biopsia, dio positivo y continuas todo el proceso con la peor de las amistades que es la incertidumbre. No sabes si el cáncer está en todo tu cuerpo, si vas a morir…Es una sensación terrible, lloras durante el día en cualquier momento, te abrazas con tu pareja de una manera tan intensa que no hacen falta palabras y cada vez que miras a tus hijos, un nudo se te pone en garganta y estómago y piensas, ¡yo lo voy a sacar!, pase lo que pase.

La gente se vuelca en ti, te llama, apoya y te dicen repetidamente: “con lo fuerte que eres”, “Sé fuerte”, “el ánimo es lo más importante y tu carácter es el mejor”, etc. En fin, todo el mundo quiere decirte lo que creen es mejor.  No soy más fuerte que nadie, es que no te queda otra que ir día a día en este proceso tan largo, simplemente me adapto a mi nueva situación y aprendo a vivir con ella y me encanta estar contenta, así que sigo tomándome la vida con humor.

Justo antes de la “mutilación”, te explican que el pecho está totalmente contaminado de células cancerígenas, pero, afortunadamente, no hay células tumorales por el resto del cuerpo y tú tienes que salir de la consulta contentísima porque el cáncer está localizado y sólo vas a perder un pecho. Ese día yo no podía parar de llorar, porque cerraba los ojos y me visualizaba desnuda y no podía soportarlo. Tenía una talla 100 con unos senos muy caídos y no conseguía ver el lado bueno.

Al poco tiempo tienes consulta con el cirujano y te dicen que el pecho izquierdo (el sano) te lo van a reducir en la misma intervención y que en el pecho derecho te colocan un expansor que se irá llenando de suero fisiológico (unos 400 ml) hasta que llegue la operación final de reconstrucción con una prótesis. Es un avance increíble que hayan dado importancia a la salud mental en este proceso ya que es parte intrínseca del mismo.

Yo no salí muy convencida de esa consulta, pero ya estás más contenta de que “de ésta, sales”.

La primera vez que me vi, fue en la cura después de la cirugía la verdad, no fue muy impactante. Llegué a casa y bueno, es como ver a alguien guiñándote un ojo.

El pecho izquierdo está precioso, con una talla 90 y puesto como el de una veinteañera, y el derecho era y es, el pectoral de un niño de 12 años.

En ese instante, mi gran tormento era la quimioterapia y sus efectos. No soy una persona superficial, pero he de reconocer que cerrar los ojos y visualizarme sin pelo, me causaba mucha ansiedad. No he recibido quimio, aquí sí que digo en mayúsculas que HE SIDO UNA AFORTUNADA DE LA VIDA.

Cuando ves a mujeres con el pañuelo a causa de la quimioterapia, la empatía es máxima con ellas, las admiro con el mayor de mis respetos, pero no por valientes, que lo son, sino porque con la mejor de sus sonrisas y en muchos momentos sus llantos, se han ADAPTADO a su situación y como dice esta expresión que me encanta, “tirado pa´ lante”.

Hoy en día estoy con una medicación inhibidora de progesterona y estrógenos que, a mis 39 años, me ha inducido la menopausia y lo que ello conlleva: sofocos, dolor en los huesos, cansancio, etc. Pero no puedes quejarte mucho, porque has sido afortunada, así que lo llevas por dentro. También estoy esperando la operación de reconstrucción de mama, con ganas y un poco de incertidumbre (la peor amiga) de cómo será el resultado final.

Cada día me miro al espejo, veo el “guiño de ojos”, te ríes y a la vez lloras, te pasas la mano por ese pecho minúsculo de niño de 12 años y piensas que más pronto que tarde te harán la reconstrucción y ambos pechos se verán igual. Aunque siempre quedarán las cicatrices, los dolores y esas camisetas que no te quieres poner porque se nota mucho la diferencia de una teta a otra. Pero siempre con humor, con ganas de cuidarte, de moverte, de bailar, de reír, de pasar tiempo de calidad con la gente que te importa y finalmente, pese a que tienes una zonita muy pequeñita en el cerebro que pone “cáncer”, el grueso de tiempo, ni me acuerdo ni quiero pensar en ello, sino en vivir y no encontrar límites.

Quiero resaltar la unidad de mama del Hospital Miguel Servet por el acompañamiento emocional del personal, personas buenísimas tanto en la rapidez de actuación como en buscar, siempre, tu mejor solución.

Al igual que el acompañamiento de mi familia, mi marido, hijos, hermanas y amigos, han sido y son parte imprescindible de MI PROCESO.

Derecho a vivir sin dolor

Derecho a vivir sin dolor

Carlos David Albendea Calleja

17 de octubre de 2025

Con el ánimo de promocionar, difundir y concienciar sobre determinados aspectos de la salud, se han diseñado campañas y usado frases atractivas como la del “derecho a vivir sin dolor”. Asociaciones médicas, medios de comunicación y grupos de pacientes la han utilizado para remarcar la importancia de tratar el dolor como una prioridad sanitaria. En España, en algunos hospitales, se han desarrollado campañas como la del “Hospital sin Dolor” que pretende transformar el abordaje de este síntoma, no como algo secundario sino como una prioridad médica incluso ética. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han promovido este enfoque, subrayando que el tratamiento del dolor debe ser accesible, ético y basado en evidencia científica.

Sin embargo, qué ocurre cuando lo que se extrae de la campaña es la literalidad de las palabras. La importancia de las palabras que utilizamos es clave en el proceso terapéutico. El pacto implícito que se establece entre los pacientes y los profesionales que los atienden está cargado detalles que determinan el buen funcionamiento y la eficacia de las intervenciones. En la relación terapéuticaque se crea entre las personas enfermas y los profesionales que los atienden, es necesario crear un vínculo para el que son imprescindibles la confianza y la buena comunicación. La confianza mutua por la que el paciente confía en la competencia y ética del médico; y el médico confía en la sinceridad y colaboración del paciente. Y la comunicación clara, mediante la que se comparteinformación médica, expectativas, riesgos y alternativas de forma comprensible. Cuando las intervenciones no son eficaces, lo malo no son los resultados sino las expectativas. Los mensajes “hospital sin dolor” o “derecho a vivir sin dolor” son asimilados por algunos pacientes o familiares transformándose, de un mensaje para una campaña de difusión, en un arma psicológica contra nosotros mismos, un positivismo tóxico que nos acerca más al aislamiento y la frustración que a la asimilación y superación de nuestras circunstancias. “Derecho a vivir sin dolor” es marketing sanitario, no una frase que se pueda utilizar en la consulta real con nuestros pacientes. De otra manera, podríamos tener “derecho a vivir sin diabetes”, “derecho a vivir sin osteoporosis” o “derecho a vivir sin tristeza”.

El significado de las palabras es importante. Como pacientes, las palabras que utilizamos cuando hablamos con nuestro médico, cuando nos hablamos a nosotros mismos, o cuando nuestro familiar o cuidador nos habla, determina en buena medida nuestra conducta. Como profesionales, las palabras que utilizamos con las personas con las que trabajamos, pueden ser sanadoras o pueden ser perjudiciales. La neurociencia ha demostrado que los mensajes que llegan a nuestro cerebro tienen la capacidad de alterar la percepción de nuestras circunstancias, pudiendo agravar nuestras patologías como también mejorarlas. Por eso el mensaje que mandamos a las personas con dolor crónico debe ser un mensaje realista.

Pero si no tenemos “derecho a vivir sin dolor”, a qué podemos tener derecho en pleno siglo XXI. Pues ese el mensaje que debemos hacer llegar, los pacientes que sufren dolor crónico tienen derecho a ser atendidos, derecho a ser escuchados, derecho a que los profesionales que los atiendan estén capacitados, derecho a que los equipos sean multidisciplinares, derecho a disponer de psicólogos y nutricionistas, derecho a tener un trabajo adaptado a sus circunstancias, derecho a no ser discriminados, derecho a tener apoyo financiero si no pueden trabajar y sobre todo derecho a que el dolor no sea el centro de sus vidas.

Sin embargo, como dijo Félecité de Lamennais, “el derecho y el deber son como las palmeras: no dan frutos si no crecen uno al lado del otro”. Los pacientes que sufren dolor crónico tienen deberes. No sólo las intervenciones sanitarias pueden aliviar su situación, es necesaria e imprescindible la máxima implicación de los pacientes. De los derechos anteriores emanan unos deberes como son: tras una buena asistencia y comunicación conocer su enfermedad y la medicación que están tomando; tras un apoyo adecuado la obligación de cuidar su alimentación, perder peso y mejorar sus hábitos de vida; tras la ayuda psicológica necesaria, tienen el deber de socializar, de no quedarse en casa, de salir a tomar el sol y sentir el aire en la cara y cuidar sus niveles de estrés; tras el soporte de las personas que les rodean deben hacer más ejercicio, mover el cuerpo siempre es analgésico a medio y largo plazo; tras la adaptación de su puesto de trabajo, tienen la obligación de mejorar su ergonomía y postura laboral. En definitiva, en el dolor crónico como en otras muchas enfermedades crónicas, debemos transitar el camino hacia un nuevo concepto de salud. En la era de las enfermedades crónicas, los pacientes debemos hacernos responsables de nuestra enfermedad. Es prioritario promover el acceso a tratamientos adecuados del dolor, especialmente en cuidados paliativos y enfermedades crónicas. Y garantizar ese acceso sí que debería ser un derecho. Para ayudar realmente a nuestros pacientes garanticemos los medios, no los resultados

El pan: el alimento que nos acompaña desde el inicio de la civilización

El pan: el alimento que nos acompaña desde el inicio de la civilización

Guillermo Saldaña Navarro

16 de octubre de 2025

El pan es uno de los alimentos más universales, con una historia que acompaña a la humanidad desde el inicio de la agricultura. Para comprender su origen hay que remontarse más de 14.000 años atrás, en la actual Jordania, donde se han hallado restos de alimentos elaborados a base de cereales silvestres. Es probable que aquellos primeros “panes” nacieran del azar, al humedecerse granos de cereal y ser posteriormente calentados al sol o cerca de una hoguera.

Unos cinco milenios después, alrededor de hace 9000 años, en Oriente Próximo comenzaron a cultivarse de manera sistemática algunos cereales, parientes ancestrales del trigo moderno. Este paso fue crucial: al disponer de agricultura estable, las sociedades pudieron domesticar y procesar cereales de forma más eficiente, creando alimentos fermentados y cocinados que pronto se convirtieron en parte de su dieta diaria. Aunque Oriente Próximo fue uno de los grandes núcleos agrícolas, en la misma época surgieron prácticas similares en lugares tan alejados como China, Etiopía o los Andes.

El pueblo egipcio jugó un papel clave en el perfeccionamiento de la panificación. No solo transformaban el trigo y la cebada en pan y cerveza, sino que también se les atribuye el descubrimiento de la fermentación con levaduras. Existen jeroglíficos de más de 5000 años de antigüedad que muestran hornos y panaderos trabajando. La importancia del pan en Egipto era tal que aparece mencionado en el Libro de los Muertos.

Los griegos, a su vez, fueron considerados los primeros verdaderos maestros panaderos. Hace unos 4000 años ya no solo dominaban la agricultura, sino que organizaron gremios profesionales de panaderos, llamados “magieros”. Estos trabajadores especializados llegaron a constituirse como una casta con gran poder económico y social, lo que da cuenta de la relevancia del pan en su civilización.

Con la expansión del Imperio Romano, los conocimientos griegos pasaron a Roma. Allí surgieron los hornos públicos, donde los ciudadanos llevaban sus piezas de masa para ser horneadas colectivamente. Bajo el gobierno de Octavio Augusto se contabilizaban hasta 329 panaderías en la ciudad de Roma, muchas de ellas regentadas por griegos emigrados. Con Trajano, los panaderos llegaron a organizarse como una asociación influyente que funcionaba casi a escala industrial, con molinos y hornos de gran capacidad. Los romanos también nos legaron términos esenciales relacionados con el pan: “harina” proviene de farina (del cereal farro), “cereales” se asocia a la diosa Ceres, y “pan” deriva del latín pannus, que significa masa blanca.

A lo largo de la historia, el pan ha ido variando según las condiciones climáticas, las necesidades nutricionales y los recursos disponibles. Ya en la Edad Media se estableció una clara diferenciación social: las clases más humildes comían pan negro o integral, para aprovechar todos los nutrientes del grano; por contraposición, las clases altas preferían el pan blanco, y así se diferenciaban del resto.

Durante siglos, el pan se elaboró con masa madre de cultivo, es decir, fermentando la masa con levaduras y bacterias presentes de manera natural en los cereales y en el ambiente. No fue hasta el siglo XIX, gracias a los estudios de Louis Pasteur, cuando se descubrió y aisló la levadura como microorganismo. Su producción industrial revolucionó la panadería, permitiendo procesos de fermentación controlados y rápidos, que aún hoy se emplean en la mayor parte de panaderías del mundo. En los últimos años, sin embargo, ha resurgido un interés por volver a la tradición: panes elaborados con masa madre, largas fermentaciones y uso de cereales ancestrales, buscando mayor calidad, mejor digestión y un sabor más complejo.

Más allá de la historia, el pan ocupa un papel central en la dieta mediterránea. Los productos a base de cereales, especialmente cuando son integrales, aportan alrededor del 50% de la fibra dietética necesaria para mantener una buena salud intestinal. Además, constituyen una fuente importante de vitaminas, minerales y energía. Por ello, incluir pan en la cesta de la compra, especialmente si está elaborado con masa madre y harinas integrales, se considera una recomendación básica en nutrición equilibrada.

El pan no solo está ligado a la cultura y la historia, también es un aliado fundamental en la nutrición. Durante momento vitales, por ejemplo, la niñez y el embarazo, el organismo necesita un aporte constante de energía para acompañar el crecimiento y poder mantener la actividad física. Los cereales presentes en un pan de calidad aportan hidratos de carbono complejos que se liberan de forma sostenida, dando energía al cerebro y al sistema nervioso. Una porción de pan puede ser la base perfecta para que los más pequeños puedan jugar, estudiar o practicar deporte sin desfallecer.

Sin embargo, no todos los panes son iguales. Los panes integrales, elaborados con el grano completo, o bien con semillas enteras, concentran todas las vitaminas, minerales y fibra del cereal. La fibra insoluble ayuda a regular el tránsito intestinal, algo especialmente útil en personas que tienden al estreñimiento, y también aporta saciedad, evitando la sensación de hambre constante. Además, la fibra soluble es un prebiótico que sirve de alimento a los microorganismos intestinales, que a su vez contribuyen a nuestra buena salud. Por eso, enseñar a los niños y a muchos adultos a reconocer y valorar el pan integral es una herramienta de educación alimentaria de gran importancia.

Además, los panes fermentados con masa madre suman beneficios a los que aportan las harinas integrales o los granos completos. La fermentación con masa madre resulta en panes de menor índice glucémico, haciendo que la energía proveniente del pan se aproveche de manera sostenida. Además, la acción fermentativa de los millones de bacterias lácticas y levaduras de la masa madre hacen que el pan así fermentado resulte más digerible y menos pesado. Y no hay que olvidar que los panes de masa madre tienen un sabor y aroma particulares, que los hacen más apetitosos y diferentes entre sí.

Es importante destacar que, desde 2019, existe en España una normativa que regula la calidad del pan (RD 308/2019). Entre otros puntos, define adecuadamente qué es la masa madre y qué es el pan de masa madre, para asegurar que el consumidor pueda beneficiarse con totales garantías de los beneficios nutricionales que ofrece el pan de masa madre.

No existe una recomendación universal y exacta sobre la cantidad de pan que debe consumir en España, ya que depende de la dieta global y del nivel de actividad física. Además de pan, los cereales también están presentes en arroz, pasta o patatas, todos ellos fuentes de energía. En general, se aconseja incluir cereales de calidad en cada comida. Si no se consume otro cereal en una ingesta, una tostada de pan integral puede ser la mejor opción.

El pan, además, es un alimento versátil que se adapta a diferentes momentos del día. En desayunos, almuerzos y meriendas, acompañado de ingredientes saludables como aceite de oliva virgen extra, tomate, aguacate o humus, se convierte en un tentempié equilibrado. Incluso se pueden añadir proteínas de calidad como quesos bajos en sal, jamón cocido con alto porcentaje de carne o cremas de frutos secos, logrando así combinaciones nutritivas y sabrosas que gustan a niños y adultos.

La merienda, en particular, ocupa un lugar especial en la infancia. Es un momento de encuentro familiar tras la escuela y de recarga de energía antes de la tarde. Más que un simple bocado, es una oportunidad para enseñar a comer bien. Por ello, la planificación de meriendas equilibradas es esencial. Una merienda ideal incluye fruta, cereal integral y una fuente proteica de calidad. Así, se aportan vitaminas, minerales, fibra y proteínas de alto valor biológico, en lugar de depender exclusivamente de embutidos o productos Utraprocesados.

Algunas propuestas saludables de merienda incluyen bocadillos de pan integral con atún, tomate y aceite de oliva; tostadas con humus; o bocadillos de jamón cocido y queso fresco. Estas alternativas permiten variedad, sabor y nutrientes, adaptándose también a la necesidad de preparar meriendas rápidas o que se consuman fuera de casa.

En definitiva, el pan sigue siendo hoy un alimento esencial, tanto por su valor cultural como por su papel en la dieta equilibrada y en la educación nutricional de los más pequeños. Apostar por panes de calidad, integrales o de semillas, con masa madre y sin aditivos no solo conecta con la tradición, sino que además asegura beneficios tangibles para la salud intestinal, la saciedad y el equilibrio alimenticio. Así, el pan continúa siendo, miles de años después, un verdadero pilar de la alimentación humana.

Fernando, un niño muy especial

Fernando, un niño muy especial

Paloma y Fernando
06 de octubre de 2025

A comienzos de 1994, cuando nuestro hijo Fernando tenía apenas seis meses, sufrió su primera crisis. Fue la confirmación de lo que ya intuíamos con preocupación: algo no iba bien. Como era nuestro segundo hijo, habíamos percibido un retraso llamativo en su desarrollo.

Fernando —a quien más tarde rebautizaríamos cariñosamente como Pipo— había nacido un caluroso día de 1993 en una clínica privada. El parto fue rápido, sin sufrimiento fetal ni complicaciones, y el test de Apgar confirmó que era un niño sano y fuerte. Sin embargo, apenas dos horas después nos sorprendió verlo en una incubadora. La explicación fue breve a la vez que inquietante: se había puesto un poco cianótico y, por precaución, lo oxigenaban mejor.

Tras aquella primera crisis comenzó nuestro vía crucis: dos meses ingresados en uno de los principales hospitales de Madrid. Salimos de allí con decenas de pruebas, pero sin diagnóstico y con la sensación de estar solos frente a lo desconocido. La falta de empatía de algunos médicos agravaba nuestra angustia. Nunca olvidaremos la respuesta de uno de ellos cuando pedimos orientación: “Su hijo es como una planta: si la riegan vivirá, y si no, no.”

Aquel mismo médico, tiempo después, nos sugirió abortar cuando supo que esperábamos un nuevo hijo, alegando que, por la falta de diagnóstico, el problema podía repetirse. Nuestra respuesta fue clara: aquel embarazo era buscado y querido y por nuestras creencias jamás abortaríamos a nuestro hijo. Su contestación fue seca: si el niño nacía sano nos ayudaría; si no, estaríamos “hundidos para siempre”. Finalmente, nació Jaime, nuestro tercer hijo, sano y lleno de vida, que hoy está a punto de contraer matrimonio.

En aquellos años la asistencia social hospitalaria era escasa. Salimos del hospital destrozados, con Pipo en brazos, sin diagnóstico ni orientación.

La primera luz llegó meses después gracias a la Asociación de Síndrome de Down, que nos recomendó acudir al centro de fisioterapia del doctor José Luis Rivas, pionero en España en la aplicación del método Vojta y fundador de AENILCE. Allí encontramos, por primera vez, un trato humano y profesional. Fue también allí donde conocimos al doctor Campos, referente mundial en el tratamiento de la parálisis cerebral. Desde la primera consulta mostró cercanía y empatía, y nos dio por fin un diagnóstico: encefalopatía severa por anoxia perinatal.

Pero lo más valioso fueron sus palabras: ningún niño es comparable a una planta, porque cada vida tiene un alma. Nos enseñó que la parálisis cerebral no era un final, sino el inicio de un camino distinto. Desde entonces, él se convirtió en el médico de Pipo, y el Hospital Clínico de San Carlos de Madrid en su centro de referencia. Aunque no faltaron hospitalizaciones y estancias en UCI, el acompañamiento humano de su equipo nos sostuvo en los momentos más duros. Fue el primer gran hito en la aceptación de la realidad de nuestro hijo.

El segundo llegó gracias a Savio, un novicio jesuita hindú en prácticas en España y que tenía un hermano con parálisis cerebral en Bombay. Él nos regaló una cita de Los bufones de Dios, de Morris West, que transformó nuestra visión. En ella, Dios responde a un padre angustiado por su hija “diferente”:

“Sé lo que estás pensando. Necesitas una señal. ¿Y qué mejor señal podría darte que hacer a esta niña nueva y perfecta? Podría hacerlo, pero no lo haré. Yo soy el Señor y no un mago. Le di a esta chiquitina un regalo que os negué a todos vosotros: la inocencia eterna. A vosotros os parece imperfecta, pero para mí es impecable, como el capullo que muere sin abrir, o el pajarillo que cae del nido para ser devorado por las hormigas. Ella nunca me ofenderá como habéis hecho todos vosotros. Nunca estropeará ni destruirá la obra de su Padre. Ella es necesaria para ti. Te evocará la ternura que te mantendrá humano. Sus dolencias te inspirarán la gratitud por tu propia buena suerte… ¡Más aún! Te recordará cada día que Yo soy el que soy, que mis caminos no son los tuyos, y que ni la más pequeña mota de polvo revoloteando en el espacio oscuro se escapa de mi mano…Yo te he elegido a ti; tú no me has elegido a mí. Esta niña es mi señal para ti. Guárdala como un tesoro”

Esas palabras nos abrieron los ojos. Pipo era un tesoro y nosotros habíamos sido elegidos para custodiarlo. Desde entonces lo disfrutamos con plenitud, y aunque nunca faltaron momentos duros, jamás nos dejamos vencer. Incluso cuando los traslados laborales nos llevaron a varios destinos, incluido a Bruselas, donde encontramos profesionales excepcionales y un sistema de atención admirable. Gracias a ello, Pipo pudo seguir recibiendo cuidados integrales, y nosotros, la fuerza para continuar.

Así transcurrió nuestra vida hasta que, con casi 17 años y conservando aún la inocencia de un niño pequeño, Dios decidió que había llegado el momento de llevarse a su ángel. Pipo partió en el Hospital San Rafael de Madrid, rodeado de un magnífico personal sanitario cuya profesionalidad y ternura nos sostuvo en aquel trance.

Su herencia, sin embargo, fue inmensa. Todo lo que anticipaba la cita de Morris West se cumplió: gracias a Pipo fuimos mejores personas. Sus hermanos crecieron en el amor, el sacrificio y la entrega, valores que sin duda transmitirán a sus propios hijos. A través de él recibimos el cariño de innumerables personas y comprobamos cómo, pese a sus limitaciones, ejercía una influencia positiva sobre quienes lo conocían. Y tanto en el colegio de Bruselas como en AENILCE conocimos personas maravillosas entregadas a los más frágiles, que nos devolvieron la fe en la humanidad.

Quince años después de su partida, Pipo sigue presente en cada gesto y en cada celebración familiar. Lo sentimos cerca, como un ángel que nos cuida desde donde está. Fue un regalo inmenso, un tesoro que transformó nuestra vida y nos enseñó a vivir con una felicidad más honda y una fe más verdadera.

Mucho más que cafeína: el café y su impacto para la salud

Mucho más que cafeína: el café y su impacto en la salud

Sofía Pérez Calahorra

1 de octubre de 2025

El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, con más de 2.000 millones de tazas al día. Se obtiene a partir de las semillas tostadas y molidas de la planta Coffea (principalmente Coffea arábica y Coffea canephora o robusta). Su preparación consiste en la extracción con agua caliente de compuestos solubles presentes en el grano tostado, dando lugar a una infusión de sabor característico, aroma intenso y efectos estimulantes.

Más allá de la popularidad de su efecto estimulante, su elixir se debe a un complejo perfil químico, que incluye más de 1.000 compuestos identificados entre los que contiene cafeína, polifenoles (ácidos clorogénicos) entre otros, diterpenos, trigonelina, melanoidinas, minerales, vitaminas y otros compuestos bioactivos. Esta combinación explica tanto sus propiedades sensoriales como sus posibles efectos sobre la salud.

La concentración de estos compuestos puede variar notablemente según de una serie de factores, como factores agrícolas, procesamiento comercial (tostado, descafeinación, molienda o liofilización), y condiciones de preparación (temperatura del agua, tiempo de preparación o tipo de filtrado).

Componentes bioactivos del café

Cafeína

La cafeína es el componente bioactivo más reconocido y estudiado.  Es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo. Una taza promedio contienen alrededor de 75 mg de cafeína dependiendo del tipo de café y método de preparación.

Su principal mecanismo de acción se debe a que actúa como antagonista de receptores de adenosina (A1 y A2A), promoviendo el estado de alerta, la concentración y mejorando el rendimiento físico. Además, parece tener efectos sobre el metabolismo lipídico y la función vascular.

La evidencia sugiere que un consumo moderado de cafeína (hasta 600 mg/día) no incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, arritmia e insuficiencia cardíaca en aquellos que consumen cafeína regularmente. Asimismo, un reciente metaanálisis demostró una relación no lineal entre la cafeína y la presión arterial (un factor de riesgo clave para las ECV); esto se traduce a que no solamente la dosis de cafeína es la causante del aumento de las cifras de tensión arterial, y es necesario analizar todos los factores que pueden influir

Ácidos clorogénicos (CGA)

Los ácidos clorogénicos son los polifenoles más abundantes del café tostado. Tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias e incluso modulan enzimas relacionadas con el metabolismo glucídico, aumentan la disponibilidad de óxido nítrico y contribuyen a la mejora de la función endotelial, por lo que favorecen la salud metabólica y cardiovascular.

Diterpenos (cafestol y kahweol)

El cafestol y kahweol son diterpenos naturales, son ésteres grasos presentes en mayor cantidad en el café no filtrado. Se les atribuyen efectos hepatoprotectores y moduladores de enzimas detoxificadoras aunque el cafestol puede elevar el colesterol LDL. Por ello, se recomienda el café filtrado en papel en personas con dislipemias y riesgo cardiovascular.

Trigonelina

Es un alcaloide derivado del metabolismo de niacina y se ha asociado con efectos antioxidantes y moduladores del microbioma intestinal.

Melanoidinas y productos del tueste

Estos compuestos se forman durante la reacción de Maillard en el proceso de tostado. Poseen propiedades antioxidantes y prebióticas, sin embargo, un tueste muy intenso puede reducir el contenido de polifenoles y favorecer la formación de compuestos indeseables como la acrilamida.

 

Beneficios del consumo de café: ¿qué dice la ciencia?

Mortalidad y longevidad

Los estudios observacionales y metaanálisis sugieren que el consumo regular de café se asocia con un menor riesgo de mortalidadpor todas las causas, mostrando un efecto protector que parece más evidente con consumo moderado.

Salud cardiovascular

Aunque inicialmente se pensaba que la cafeína aumentaba el riesgo coronario, hoy se sabe que el consumo moderado de café (3–5 tazas/día) se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad . En personas hipertensas o sensibles a la cafeína puede producirse un aumento transitorio de la presión, aunque este efecto disminuye en quienes consumen café habitualmente.

Metabolismo glucídico y Diabetes tipo 2

El café, con o sin cafeína, se relaciona con un menor riesgo de diabetes tipo 2, posiblemente a la acción de los ácidos clorogénicos, que mejoran la sensibilidad a la insulina y modulan el metabolismo de la glucosa.

Enfermedades hepáticas

La evidencia es sólida: el consumo de café se vincula con un menor riesgo de enfermedad hepática crónica, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

Neuroprotección

Estudios epidemiológicos sugieren que el café podría reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y el deterioro cognitivo, gracias a sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y de modulación de neurotransmisores.

Cáncer

Se ha observado que un mayor consumo de café está asociado a tasas más bajas de cáncer (como colon y recto, mama, endometrio, hígado). Sin embargo, en varios tumores los resultados son contradictorios, por lo que se requiere más investigación. Los mecanismos involucrados incluyen efectos antimutagénico, antioxidantes y quimiopreventivo. Estos efectos parecen estar relacionados con las vías reguladas por el factor nuclear eritroide 2 (Nrf2) que se dirigen al estrés oxidativo o las vías que inducen especies reactivas de oxígeno para matar a las células enfermas (principalmente terapéuticas), incluso influyen en las vías epigenéticas y el microbioma intestinal.

 

Preparación del café: claves para obtener sus beneficios

El método de preparación influye en la composición final de la bebida:

  • Café filtrado con papel: retiene diterpenos (componentes lipídicos), y reduciendo su concentración por lo que se recomienda para personas con dislipemia o riesgo cardiovascular.
  • Tueste medio o ligero: conserva más polifenoles como ácido clorogénico, que los tuestes oscuros.
  • Café Expresso: concentra cafeína y mayor cantidad de compuestos solubles.
  • Descafeinado: conserva la mayoría de los compuestos bioactivos, ofreciendo beneficios similares al café regular, pero sin cafeína.
  • Añadidos: moderar el uso de azúcar, jarabes y cremas ricas en grasa, etc., ya que reducen la mayor parte de los beneficios metabólicos.

En definitiva, el café es mucho más que una bebida estimulante, se trata de una bebida rica en compuestos bioactivos con beneficios para la salud, que van desde la reducción del riesgo de enfermedades crónicas (cardiovasculares, hepáticas, neurodegenerativas y algunos cánceres) hasta la mejora del rendimiento cognitivo y físico. Su consumo moderado (3–5 tazas/día), acompañado de un método de preparación adecuado, son claves para aprovechar sus beneficios y minimizar riesgos.