Colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Entendiendo la enfermedad inflamatoria intestinal

Colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Entendiendo la enfermedad inflamatoria intestinal

Patricia Camo Monterde

19 de mayo de 2025

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) representa un desafío médico y social debido a su carácter crónico y su impacto en la calidad de vida de los pacientes. ​ Este término engloba dos patologías principales: la Enfermedad de Crohn (EC) y la Colitis Ulcerosa (CU) que, aunque comparten características clínicas, se diferencian en la localización y el tipo de inflamación que generan. ​En las últimas décadas ha dejado de considerarse una enfermedad poco frecuente, puesto que se estima que más de 10 millones de personas en el mundo conviven con ella y, además, el número de casos aumenta progresivamente, sobre todo en países industrializados. En España se considera que entre 100.000 y 150.000 personas la padecen, siendo más comúnmente diagnosticada en adultos jóvenes. No obstante, hasta en un 30% de los casos se diagnostican en mayores de 60 años.

 

 

Etiología Multifactorial

La EII no tiene una única causa sino que se debe a la confluencia de varios factores:

Genéticos: La predisposición genética juega un papel importante, especialmente en individuos con familiares de primer grado afectados. ​

Sistema inmunológico: Una respuesta inmunitaria descontrolada frente a estímulos en la luz intestinal contribuye al daño tisular.

Microbiota intestinal: En el intestino existen millones de bacterias que deben estar en equilibrio. El desequilibrio en la composición bacteriana del intestino puede favorecer la inflamación. ​

Factores ambientales: El consumo de alimentos ultraprocesados, el tabaquismo (especialmente en EC), el abuso de antibióticos en la infancia y ciertas infecciones gastrointestinales son desencadenantes potenciales en individuos predispuestos. ​

 

 

Manifestaciones clínicas

Los síntomas de la EII son variados y dependen del tipo de la enfermedad, pero los más frecuentes y habituales son:

Diarrea crónica, muchas veces acompañada de exteriorización de sangre roja, especialmente en la CU

Dolor abdominal y cólicos que pueden acompañarse de pérdida de apetito y de peso.

Fatiga y cansancio constante.

En algunos casos puede aparecer fiebre no muy alta, sobre todo en el caso de la EC –que puede producir infecciones abdominales–.

Urgencia para defecar con sensación de evacuación incompleta.

 

En la EC puede haber afectación de cualquier tramo del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, pudiendo producir dolor en la boca del estómago, nauseas o vómitos.

 

Además de los síntomas digestivos, algunos pacientes pueden desarrollar lo que se conoce como manifestaciones extraintestinales, que son afecciones y síntomas en otros órganos, como los ojos, las articulaciones o la piel, de tal forma que, muchas veces, los síntomas digestivos pueden aparecer posteriormente.

 

Los síntomas de la enfermedad evolucionan en forma de brotes, donde se alternan periodos de estabilidad en los que el paciente no presenta ningún tipo de síntoma, con otros en los que aparecen todos o algunos de los síntomas descritos anteriormente, variando su intensidad o frecuencia. Aunque es frecuente que estos brotes desaparezcan paulatinamente solos, es necesario una correcta valoración médica y diagnóstico, puesto que la inflamación crónica de cualquier órgano del cuerpo puede traer consecuencias más graves.

 

 

Diagnóstico

El diagnóstico de la EII requiere una evaluación exhaustiva mediante estudios endoscópicos, generalmente una colonoscopia y gastroscopia, si se sospecha una EC con afectación gástrica o de esófago, acompañados de biopsias para confirmar la inflamación y las lesiones. ​ En casos de afectación del intestino delgado se emplean técnicas como la resonancia magnética y la cápsula endoscópica. ​

 

 

Opciones terapéuticas

El tratamiento de la EII es multidisciplinar y se adapta a la gravedad y características de cada caso:

Aminosalicilatos (mesalazina), generalmente más usados en la colitis ulcerosa leve.

Corticoides, usados únicamente en los brotes graves para reducir y mitigar la inflamación de forma crónica, pero que no pueden ni deben mantenerse a largo plazo por los efectos secundarios que tienen.

Fármacos inmunosupresores, como azatioprina y metotrexato, en aquellos casos en los que no se responde correctamente a corticoide y mesalazina.

Fármacos biológicos, como el infliximab o el adalimumab, que son fármacos dirigidos contra las moléculas que producen la inflamación del intestino.

Nuevas moléculas, como los inhibidores de la JAK, que son fármacos orales de rápida acción y que se pueden mantener a largo plazo.

La cirugía está indicada en casos de complicaciones (como inflamaciones segmentarias intestinales o infecciones que provocan accesos). También en caso de falta de respuesta al tratamiento médico. ​

Cambios en el estilo de vida como dejar de fumar y adaptar la alimentación son medidas clave para evitar los brotes y mejorar la calidad de vida.

 

 

Conclusión

La enfermedad inflamatoria intestinal, aunque desafiante, no debe ser vista como una limitación definitiva. Gracias a los avances en el diagnóstico y tratamiento, muchas personas con EII llevan una vida activa y plena. ​ En el Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, es fundamental promover el conocimiento y visibilizar esta condición para mejorar la atención y el apoyo a quienes la padecen.

Amimefuncionismo y gluten

Amimefuncionismo y gluten

Izaskun Martín Cabrejas
16 de mayo de 2025
“Llevo meses sin comer gluten y no veas si he perdido peso…”

Seguro que esta frase podría resonar a unas cuántas de las personas que lean este artículo. Pobre gluten, qué mala fama tiene, no sé si se la merece…

 

Y, ¿habéis oído hablar sobre el amimefuncionismo? Se trata de un neologismo que describe la tendencia a creer que algo funciona solo porque a alguien se lo han dicho o porque le ha funcionado personalmente, sin tener en cuenta la evidencia científica o la posibilidad de otros factores que podrían haber influido en el resultado.

 

¿Qué es el gluten?

 

Las proteínas de los alimentos son las principales causantes de buena parte de las restricciones alimentarias de origen clínico (amén de otras metabolopatías) que todos y todas conocemos. El gluten, como podéis imaginar, también es una proteína. Luego existen otras como la proteína de la leche de vaca o la proteína transportadora de lípidos (o LTP) presente en multitud de vegetales como frutas, verduras y frutos secos y que ocasiona múltiples alergias.

 

¿Cuáles son las patologías clínicas relacionadas con el consumo de gluten?

 

Lo primero que hay que recalcar es que la intolerancia al gluten no existe, aunque escuchemos hablar de ella, es un término obsoleto que la sociedad debería poner en desuso.

La enfermedad celiaca es una patología multisistémica, es decir, además del sistema digestivo, otros sistemas como el sistema neurológico, reproductivo, endocrino, la piel, etc. podrían verse afectados. Esta patología tiene base autoinmune y está provocada por la ingesta de gluten (presente en el trigo) y otras prolaminas (que son unas proteínas dañinas presentes en otros cereales como centeno y cebada) y únicamente aparece en individuos genéticamente susceptibles. Las personas celiacas suelen presentar al momento del diagnóstico daño intestinal, concretamente atrofia en las vellosidades, comprometiéndose la correcta absorción de nutrientes y pudiendo aparecer carencias tipo anemia, osteoporosis o desórdenes tiroideos, entre otras. O incluso otros problemas asociados menos conocidos como abortos de repetición, estreñimiento, depresión, dolores de cabeza o retraso en el crecimiento en edad temprana. Aunque sean síntomas muy dispares, encajan con los efectos causados en personas con esta condición. Por algo la llaman el camaleón de las enfermedades. Además, es una condición infradiagnosticada, es decir se estima que un porcentaje elevado de personas celiacas todavía no saben que lo son, ya que el diagnóstico es complejo.

 

La sensibilidad al gluten/trigo no celiaca es una condición caracterizada por síntomas gastrointestinales y extraintestinales que aparecen tras el consumo de gluten en personas sin enfermedad celíaca ni alergia al trigo, y mejoran al eliminar el gluten, aunque su mecanismo aún no se comprende completamente.

 

La alergia al gluten o a los cereales que lo contienen es una reacción poco frecuente mediada por el sistema inmunitario y puede causar síntomas como urticaria, dificultad respiratoria o anafilaxia tras la ingestión, inhalación o contacto con cereales como trigo, cebada o centeno, y requiere diagnóstico clínico específico.

 

Personas que suprimen el gluten de su dieta sin motivo clínico

 

Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica y clínica, muchas personas deciden, sin estar enmarcadas en ninguno de estos tres diagnósticos, eliminar el gluten de su dieta. ¿Cuál podría ser el motivo? Una hipótesis es porque han oído, han leído, les han asegurado (amimefuncionismo) que esta desdichada proteína no aporta ningún beneficio. Es más, podría ser el causante de su hinchazón, su malestar, sus supuestos kilos de más, entre otros problemas.  Esta realidad implica según un informe reciente de la Academia Española de Nutrición y Dietética que un 8 % de la población española sigue una dieta sin gluten, y de estos, un 72 % lo hace sin una causa justificada. Esta tendencia se extiende en otros países, un análisis del Biobanco del Reino Unido con más de 124,000 participantes encontró que el 1,4% seguía una dieta sin gluten sin tener enfermedad celiaca.

Pero ¡cuidado!, quitarse el gluten puede conllevar una limitación social relevante, un deterioro en la salud y además un pequeño agujero en el bolsillo.

 

Sin evidencia científica de las bondades de la dieta sin gluten (sin tener ninguna patología relacionada)

 

Debido a esta tendencia se han realizado varios estudios que han analizado los efectos de seguir una dieta sin gluten en personas sin las patologías asociadas a su consumo. A continuación, se resumen algunas de sus conclusiones.

Según una investigación de 2021 que evaluó a mujeres sanas que siguieron una dieta sin gluten durante seis semanas, no se observaron cambios en el peso corporal ni en el gasto energético. Es más, la dieta sin gluten (no asesorada por un dietista-nutricionista) resultó en una menor ingesta de fibra y vitaminas B1, B6, B12 y folato, y un aumento en el consumo de grasas y sodio. Esto condujo a una mayor carga inflamatoria en la dieta, lo que sugiere que eliminar el gluten sin necesidad médica puede deteriorar la calidad nutricional y aumentar el potencial inflamatorio de la alimentación.

Los participantes de una investigación australiana publicada en 2024 dónde se centraban en personas que reportaban sensibilidad al gluten sin ser celiacas fueron sorprendentes. Los sujetos del estudio experimentaron síntomas gastrointestinales similares tanto al consumir gluten como al consumir un placebo, sin diferencias en los marcadores inflamatorios estudiados. Esto sugiere que los síntomas podrían deberse a un efecto nocebo (expectativa negativa, lo contrario a placebo) o a otros componentes del trigo, como los fructanos, en lugar del gluten en sí.

Por último, investigadoras europeas estudiaron por qué individuos sanos eligen dietas sin gluten, hallando que a menudo se debe a razones emocionales y una percepción de bienestar, no por necesidad médica. Esta conducta puede generar una «dependencia» psicológica de productos sin gluten, pese a la falta de beneficios probados para la salud en quienes no tienen trastornos relacionados con el gluten.

 

Así, el auge de dietas sin gluten entre personas sanas, posiblemente impulsado por la fe ciega en testimonios y la desinformación (amimefuncionismo), no solo es innecesario, sino que podría ser perjudicial para su salud y su bolsillo, desmintiendo la falsa panacea.

“¡Cuidado, una garrapata!” Qué es la enfermedad de Lyme y cómo prevenirla

“¡Cuidado, una garrapata!” Qué es la enfermedad de Lyme y cómo prevenirla

María García-Magán y Guillermo Jofre Satué

1 de mayo de 2025

La enfermedad de Lyme es una infección causada por la bacteria Borrelia burgdorferi, transmitida a través de la picadura de garrapatas infectadas. Los síntomas de esta enfermedad son muy inespecíficos. En sus fases iniciales cursa con fiebre, fatiga, dolor de cabeza y malestar general, aunque también puede causar la aparición una mancha rojiza característica: el eritema migratorio. Si no es tratada a tiempo, la infección puede progresar causando dolor articular, trastornos neurológicos y afectación cardíaca en los casos más graves. Con el tiempo, esta patología puede cronificarse, provocando dolor y fatiga persistentes, así como alteraciones neuropsiquiátricas

            Esta enfermedad es endémica en zonas como Estados Unidos o Europa Central. En nuestro país, su incidencia es baja. No obstante, en los últimos años, se ha observado un aumento progresivo de los casos, un fenómeno que los científicos relacionan con el cambio climático y, en consecuencia, con la expansión del hábitat de las garrapatas. Es por ello que el conocimiento de esta enfermedad es esencial, especialmente para aquellos que vayan a viajar a regiones endémicas.

            Para evitar esta enfermedad el paso clave es la prevención. En este sentido, se recomienda evitar los paseos por zonas de maleza y hierbas altas, donde pueden habitar las garrapatas. Asimismo, se aconseja no olvidar el repelente y llevar ropa de colores claros que cubra la piel por completo. Tras el paseo, resulta fundamental revisar toda la ropa y el calzado en busca de garrapatas, así como examinar a nuestras mascotas, manteniéndolas siempre desparasitadas. Si estas medidas no funcionan y se observa que se ha adherido una garrapata a la piel, esta se ha de extraer cuanto antes, mediante un procedimiento adecuado con el objetivo de reducir el riesgo de transmisión.

            La retirada de la garrapata ha de realizarse con pinzas finas, sujetando al arácnido lo más cerca de la piel posible y traccionando del mismo por la boca o la cabeza, evitando tirar del cuerpo. El movimiento ha de ser suave pero firme, evitando girar las pinzas y aplastar a la garrapata. Una vez extraída, se ha de limpiar la piel con agua y jabón. Tras ello, se debe aplicar un antiséptico en la zona, como povidona yodada o clorhexidina. El cuerpo de la garrapata se ha de eliminar de manera adecuada, evitando de nuevo aplastar el organismo y diseminar las bacterias que podrían haberlo colonizado. Finalmente, resulta imprescindible lavarse las manos con agua y jabón.

En definitiva, la enfermedad de Lyme, aunque todavía poco frecuente en nuestro entorno, no debe subestimarse, pues se trata de una zoonosis emergente que progresivamente va ampliando su área de incidencia. La prevención sigue siendo la clave para reducir la aparición de esta enfermedad, que puede afectar gravemente a la salud de las personas si no es tratada a tiempo. Es por ello, que promover el conocimiento sobre esta infección es esencial para mejorar el diagnóstico, reducir complicaciones y fomentar hábitos seguros en entornos naturales. Porque cuidar de nuestra salud también consiste en informarse bien.

 

Las voluntades anticipadas: El derecho a decidir sobre tu salud

Las voluntades anticipadas: El derecho a decidir sobre tu salud

Rut María Giménez Ramírez

18 de Abril de 2025

Imagina que un día ya no puedes hablar ni decidir por ti mismo sobre tu salud. ¿Te gustaría que otros supieran exactamente qué hacer en esa situación? Este interés por anticiparse a situaciones delicadas, como sucede en una enfermedad grave o el final de la vida, ha impulsado el uso del documento de voluntades anticipadas, una herramienta que permite expresar por escrito los tratamientos médicos que se desean —o no— recibir en el futuro.

 

¿Por qué es importante este documento? Cada vez más personas quieren y tienen derecho a tomar decisiones sobre su salud antes de que llegue el momento en el que ya no puedan hacerlo por sí mismas. En Aragón, por ejemplo, en 2013 había poco más de 5.012 personas con este documento registrado. En 2025, ya son más de 16.738. Esto demuestra que crece el interés por decidir sobre la propia salud de forma consciente y responsable.

Una de las cosas que muchas personas desconocen, es en que situaciones o tratamientos pueden expresar su decisión. En este documento de voluntades anticipadas podemos indicar, qué y cuales tratamientos médicos aceptas o rechazas, si deseas o no ser donante de órganos, quién debe tomar decisiones por ti si no puedes hacerlo, etc.

Aunque la Constitución Española no menciona directamente este documento, sí protege este derecho a través de otros derechos fundamentales como es el derecho a la dignidad, la vida, la intimidad y la autonomía personal.

Además, debemos saber que existe una ley específica que regula este documento, la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Esta ley regula el derecho a decidir sobre tu salud en nuestro país, y cada comunidad autónoma tiene sus propias normas para gestionarlo. En Aragón, el derecho a dejar por escrito las voluntades anticipadas está regulado por la Ley 6/2002, de Salud de Aragón y su registro depende del servicio aragonés de salud.

La duda surge cuando una persona en un momento dado, por una circunstancia médica o al final de su vida no puede manifestar su deseo ante ciertos procedimientos, ¿el médico debe respetar su decisión? La respuesta, es sí, pero con matices. Todo profesional sanitario, debe actuar conforme la lex artis.

La lex artis se considera un criterio jurídico utilizado para evaluar si un acto médico ha sido realizado conforme a los estándares profesionales. Esto desde punto de vista del derecho, se entiende como el conjunto de actuaciones que un profesional sanitario debe seguir en cada caso concreto, guiándose por la ética, el conocimiento médico actualizado y el Código Deontológico de su profesión. Ante este hecho, existe jurisprudencia del Tribunal Supremo, en la sentencia del 29 de enero de 2010, establece que:

 

“El médico, en su ejercicio profesional, es libre para escoger la solución más beneficiosa para el paciente, siempre que esté aceptada por la ciencia médica o sujeta a debate científico razonable, teniendo en cuenta los riesgos inherentes a cada actuación”.

 

Esto implica que el profesional sanitario debe actuar con coherencia, buscando siempre el mayor beneficio para el paciente y utilizando los recursos disponibles conforme a las buenas prácticas.

 

Además, la jurisprudencia española ha abordado casos relacionados con la vulneración de las últimas voluntades de los pacientes y la actuación médica en contextos donde se han cuestionado las decisiones médicas frente a las instrucciones previas o voluntades anticipadas de los pacientes.​

Un ejemplo destacado es la Sentencia 11/2023, de 23 de febrero, del Tribunal Constitucional. En este caso, una paciente presentó un plan de parto con sus preferencias para el nacimiento de su hijo. Sin embargo, debido a complicaciones durante el parto, los médicos realizaron una cesárea urgente. La paciente alegó que esta intervención vulneró su derecho a la autonomía y a sus últimas voluntades expresadas en el plan de parto. El Tribunal Constitucional determinó que la actuación médica no contravino la voluntad de la paciente, ya que la cesárea se realizó ante una situación de riesgo para la vida del feto y con el consentimiento informado de la madre. La sentencia concluyó que no se vulneraron los derechos fundamentales de la paciente. ​BOE

Este fallo subraya la importancia de que las decisiones médicas respeten las voluntades anticipadas de los pacientes, siempre que estas no entren en conflicto con la lex artis (normas de buena práctica médica) y las circunstancias clínicas imperantes. Además, destaca la necesidad de obtener el consentimiento informado del paciente o de sus representantes legales, especialmente en situaciones donde las decisiones médicas puedan apartarse de las instrucciones previas debido a emergencias o cambios en el estado de salud del paciente.

En definitiva, cuando el documento de voluntades anticipadas que permite el derecho de autonomía del paciente es claro, legal y se aplica a la situación concreta y, por tanto, el personal sanitario debe respetarlo. Sin embargo, en casos urgentes donde está en juego la vida del paciente, y la situación concreta impida el acceso a la historia clínica prevalecerá la lex artis del profesional sanitario.

 

Dignidad y Salud: Un derecho que nos une a todos

Dignidad y Salud: Un derecho que nos une a todos

Rebeca Pérez Campo

7 de Abril de 2025

La dignidad humana, según Bernardino Esparza Martínez, Profesor Investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales, es un valor intrínseco que trae consigo el ser humano al nacer. Este valor fundamental se convierte en la base de todos los derechos humanos, cumpliendo con el respeto a los derechos culturales, sociales y económicos, caracterizados por un sistema inicial de protección determinado con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que exige el respeto incondicional de estas garantías para todas las personas.

Dicho de otra manera, la dignidad nos hace ser personas honradas, respetables, integras, decentes, etc. y, en definitiva, nos hace ser mejores no sólo de cara a los demás sino con nosotros mismos. En este sentido, es donde sin duda alguna aparece su relación con la salud. El concepto de dignidad está relacionado con el derecho que cada persona tiene sobre la vida, a la libertad, a la educación, a la salud o a la cultura, entre otros, permitiéndonos ser mejores personas cada día o, al menos, intentarlo. La dignidad y la salud se basa en unos cuidados sanitarios basados en la calidad y en la ética que deben estar basados necesariamente en el respeto por las personas que son atendidas en cualquier sistema de salud del mundo. De hecho, la vulneración de la dignidad humana en términos de humillación confluye hacia actos que atacan o disminuyen la autoestima de una persona o un grupo. Por lo que respetar la dignidad sigue siendo un factor determinante que potencia la consecución de una buena salud en el individuo y, a su vez, en la sociedad en la persona pertenece.

Por lo tanto, reconocer y respetar la dignidad implica aceptar que toda persona tiene valores innatos e individuales no deben ser reducidos, inhabilitados ni negociados y es independiente de las cualidades «accidentales», como puede ser el género, estatus social, cultura, religión, etnia, etc.

Por otro lado, la dignidad ética se relaciona con el desarrollo personal y las decisiones que el ser humano toma a lo largo de su vida, y que, sin ápice de duda, nos llevan a desarrollar una mejor o peor calidad de vida la cual permite conseguir una calidad en salud.

Hoy en día, tener un buen oficio y un techo o vivienda donde vivir, ya hace ver que eres una persona digna de la sociedad, pero si bien es verdad, no debemos olvidar a aquellos que no tienen tanta suerte en el día a día y son discriminados por no contar con estas oportunidades.

Desde globaldignity.org en 2005, tres jóvenes líderes mundiales iniciaron una conversación en el Foro Económico Mundial sobre cuán polarizado se sentía el mundo. Hay muchas cosas que nos dividen: la política, la religión, la raza, las fronteras. Estas divisiones alimentan el odio, los conflictos, la guerra, la intolerancia y la injusticia. Pero todos, en todas partes, tenemos el anhelo de ser comprendidos, valorados y reconocidos, de poder hacer realidad nuestros sueños y nuestro potencial en la vida. Esto es universal y cierto para cada uno de nosotros.

Decididos a unir a más personas en la convicción de que todos merecen vivir una vida digna, estos jóvenes líderes fueron el príncipe heredero Haakon de Noruega; John Bryant, director ejecutivo y fundador de Operation HOPE; y Pekka Himanen, autor y filósofo, escribieron los Principios Fundacionales de una nueva organización sin fines de lucro y con el nombre Global Dignity. Muhammad Ali fue la primera persona en sumarse a ellos. Además, en esta iniciativa recibieron el apoyo de las asesoras fundadoras Hilde Schwab e Irene Chu. Actualmente, Global Dignity trabaja en más de 80 países y llega a más de 1 millón de personas cada año a través de talleres, eventos e iniciativas sobre Dignidad. Desde 2006, Global Dignity ha estado trabajando para inculcar una comprensión más profunda de los valores detrás del significado de la dignidad y para apoyar a líderes centrados en la dignidad activos en sus comunidades alrededor del mundo.

Yo, como Embajadora de la Dignidad, animo a todo el mundo a ser partícipe de este movimiento y a que se unan a esta causa, ya que juntos podemos hacer sin duda un mundo mejor en el que vivir.

 

Esofagitis eosinofílica: Una enfermedad alérgica emergente

Esofagitis eosinofílica: Una enfermedad alérgica emergente

Yolanda Martínez Santos

23 de marzo de 2025

La esofagitis eosinofílica (EEo) es una enfermedad inflamatoria crónica del esófago que ha ganado atención en las últimas décadas debido a su creciente prevalencia y su impacto significativo en la calidad de vida de quienes la padecen. Se caracteriza por la acumulación anormal de eosinófilos, un tipo de glóbulos blancos implicados en las respuestas alérgicas, en el tejido del esófago. Esta inflamación persistente puede producir la disfunción esofágica, afectando a actividades tan básicas como comer y tragar.

En términos epidemiológicos, la EEo afecta a todas las edades, aunque es más común en niños y adultos jóvenes, entre los que sitúa como la principal causa de disfagia. La incidencia es más frecuente en hombres que mujeres (la sufren 2,4 varones por cada mujer). Estudios recientes estiman una prevalencia en aumento, especialmente en países desarrollados, con cifras que alcanzan hasta 1 caso por cada 2.000 habitantes en ciertas poblaciones. Este aumento podría estar relacionado con cambios en la exposición ambiental, dietas modernas y una mayor capacidad de diagnóstico.

Se sabe que la EEo es una enfermedad inmunomediada, asociada con factores genéticos y raciales, y muy influida por alimentos y alérgenos ambientales. Los desencadenantes alimentarios más comunes incluyen la leche, el trigo, los huevos, los frutos secos y la soja, mientras que la exposición a alérgenos como el polen puede agravar la inflamación. Estas sustancias activan el sistema inmunitario en personas genéticamente predispuestas, provocando una respuesta inflamatoria local exacerbada que lesiona el revestimiento del esófago.

La EEo fue identificada como una entidad propia desde hace relativamente poco tiempo, ya durante años se confundió con otros trastornos como el reflujo gastroesofágico (RGE). A pesar de los avances en su comprensión y diagnóstico, sigue siendo una enfermedad subdiagnosticada.

 

 

Síntomas principales

 

La presentación clínica de la EEo es muy heterogénea. Los síntomas varían según la edad del paciente y la progresión de la enfermedad. Sin embargo, los más comunes incluyen la disfagia intermitente a sólidos, dolor en el pecho, regurgitación, vómitos, acidez estomacal, pérdida de peso, anemia, tos crónica y dolor abdominal. Los casos más graves pueden producir impactación alimentaria.

  1. Disfagia

La dificultad para tragar es el síntoma más común en adultos. Los pacientes suelen describir la sensación de que los alimentos “se atascan” en el esófago, especialmente los sólidos como carne, pan o arroz. Esta dificultad puede variar desde leve hasta severa y a menudo se asocia con episodios de impactación alimentaria.

  1. Dolor retroesternal o torácico

Aunque no es tan común como la disfagia, algunas personas experimentan dolor en el pecho que puede confundirse con síntomas de RGE o incluso problemas cardíacos. Este dolor suele estar relacionado con la inflamación del esófago.

  1. Sialorrea, vómitos y regurgitación

La inflamación crónica del esófago puede causar vómitos recurrentes, regurgitación o náuseas. Estos síntomas son más comunes en niños y, en ocasiones, pueden ser confundidos con RGE, retrasando el diagnóstico de EEo.

 

  1. Acidez estomacal, sensación de quemazón y tos crónica

Aunque no es el síntoma predominante, algunos pacientes experimentan acidez persistente que no mejora con los tratamientos convencionales RGE.

  1. Sensación de plenitud o lento vaciamiento esofágico

Algunos pacientes describen una sensación de llenura o presión en el pecho tras la ingesta de alimentos, lo que podría deberse a la inflamación y estrechamiento del esófago.

  1. Impactación alimentaria

Es uno de los signos más característico y grave de la EoE en adultos. Ocurre cuando un bolo alimenticio no puede pasar a través del esófago, causando dolor torácico agudo y sensación de bloqueo. Es tan específico que muchas veces lleva directamente al diagnóstico. Una impactación requiere una la realización de una gastroscopia urgente para solucionar el problema y evitar complicaciones.

En niños, pueden aparecer otros síntomas como:

  1. Rechazo a comer y problemas de alimentación

En los niños pequeños, la EEo puede manifestarse como rechazo a ciertos alimentos, dificultad para comer o preferencia por alimentos blandos y líquidos. Estos síntomas a menudo se asocian con el dolor al tragar, que los niños pueden no ser capaces de expresar verbalmente.

  1. Pérdida de peso y retraso en el crecimiento

En los casos más severos, la dificultad para alimentarse puede llevar a una ingesta calórica insuficiente, lo que resulta en pérdida de peso o un crecimiento deficiente en los niños.

Tratamiento de la EEo: Opciones terapéuticas y dieta

El tratamiento de la EEo se centra en controlar la inflamación esofágica y prevenir complicaciones como el estrechamiento del esófago. Las opciones incluyen:

 

  1. Tratamiento farmacológico

 

Corticoides tópicos: Son la primera línea de tratamiento. Incluyen medicamentos como la budesonida y la fluticasona, que se administran directamente al esófago para reducir la inflamación sin efectos sistémicos significativos.

 

Inhibidores de la bomba de protones (IBP): Como el omeprazol, que pueden reducir la inflamación en ciertos pacientes con EEo.

  

  1. Dieta de exclusión

Es uno de los pilares del tratamiento. Implica eliminar de la dieta alimentos como la leche, el trigo, los huevos, la soja, los frutos secos y el marisco, comúnmente asociados con alergias alimentarias.

Existen diferentes enfoques: como la dieta de eliminación empírica dirigida, excluyendo cuatro o seis principales alérgenos (Four-Food  Elimination  Diet:  FFED o Six-Food Elimination Diet: SFED), la dieta dirigida por pruebas de alergia y la dieta elemental, basada en fórmulas especiales sin proteínas intactas.

Este enfoque puede ser altamente efectivo para reducir la inflamación y mejorar los síntomas, pero requiere supervisión médica y nutricional.

 

  1. Dilación endoscópica

Se utiliza en casos avanzados para tratar el estrechamiento del esófago, aunque no aborda la inflamación subyacente.

En la práctica, el tratamiento suele combinar fármacos y dieta, ajustándose a las necesidades y preferencias del paciente.

En definitiva, la EEo no solo plantea desafíos médicos, sino también personales y sociales, al limitar la relación de las personas con los alimentos y su entorno. Aunque los síntomas más visibles son los relacionados con la deglución, la enfermedad tiene un amplio impacto, afectando significativamente a la calidad de vida de los pacientes.