¿Roncar o dormir? Conviviendo con apnea del sueño

¿Roncar o dormir? Conviviendo con apnea del sueño

Francisco José Navas-Cámara

14 de marzo de 2025

En mi familia a nadie le ha extrañado que se ronque cuando uno duerme, ya sea en la siesta o durante el sueño nocturno. Se podría decir que ha sido una tradición familiar durante generaciones. Incluso en más de una ocasión se ha bromeado sobre el hecho, habiendo llegado a grabar coros de ronquidos con el consiguiente cabreo de los “cantantes” cuando escuchaban la melodía, prueba fehaciente del escándalo sonoro. La cuestión se vuelve preocupante cuando compartes el lecho con tu pareja que es quien tiene que sufrir las estridencias que emite el buen durmiente, que además normalmente no es consciente de que está roncando, y que interfieren seriamente el buen descanso de quien le acompaña. El problema se incrementa cuando la pareja sufridora, que no puede conciliar el sueño, se da cuenta de que el roncador, en ocasiones, deja de respirar por un periodo prolongado de tiempo, segundos desesperantes e interminables en los que parece que el roncador ha fallecido. Afortunadamente, la respiración se recupera, y el individuo sigue durmiendo de forma más o menos apacible, recuperando los ronquidos, aunque el episodio de dejar de respirar se puede repetir con una frecuencia variable a lo largo del descanso. Esos episodios se conocen como “Apnea del sueño” y afectan alrededor del 4 % de los adultos.

Cuando dormir no es descansar: los síntomas que ignoré

Acabo de describir mi historia personal en relación con la Apnea del sueño, de la que yo no era consciente, hasta que mi pareja me lo comentó. Yo me sabía roncador, pero no tenía la sensación de dejar de respirar. Ella sí lo había detectado y en ocasiones se había asustado porque las pausas se prolongaban en el tiempo, a veces hasta 20 segundos. Cuando yo despertaba por la mañana no me sentía cansado, que es uno de los síntomas de esta patología, y podía desarrollar mi actividad con normalidad. Sin embargo, en mi vida diaria había indicios que apuntaban a un mal descanso nocturno que solo se podían atribuir a la Apnea del sueño.  Durante la noche, muchas veces sentía, sequedad de boca, interrupción brusca del sueño y palpitaciones intensas del corazón, probablemente debido a llevar unos segundos prolongados sin respirar. Esto se acompañaba de tener que ir a orinar dos o tres veces por la noche, circunstancia que se podía atribuir a la próstata, aunque no era el caso. Durante el día existía cierta tendencia a la somnolencia, cuando leía, o estaba viendo la televisión. Pero lo más preocupante, y que hizo saltar las alarmas, fue la tendencia a dormirme conduciendo. Siempre, antes de emprender un viaje, especialmente por la tarde y después de comer, tenía que dormir, aunque solo fueran 30 minutos para asegurar que no iba a dar cabezadas conduciendo. Eso me ha ocurrido en tres ocasiones y, aunque dura menos de un segundo, es una sensación absolutamente desagradable de pérdida de control y difícil de evitar. La somnolencia se apodera de la situación y entras en un sopor progresivo, que solo se detiene parando el coche y despejándote, porque si no corres el riesgo de ocasionar un accidente grave.

En busca de soluciones

Comentada la situación con la especialista, me pasó una batería de preguntas que dieron como resultado un índice de riesgo elevado que aconsejaba un estudio del sueño, una prueba que realicé de forma ambulatoria en casa. Consistía en monitorizar durante una noche: la presión arterial; la saturación de oxígeno (con esa pinza que te ponen en el dedo); y mediante unas “gafas respiratorias”, como las que ponen con el oxígeno, conectadas a un sensor, comprobar el ritmo respiratorio y las posibles paradas durante el sueño. La prueba no me pareció molesta y me dejó dormir. Los resultados fueron abrumadores y concluyentes. Padecía una Apnea del sueño severa de tipo central, eso quiere decir que no se debe a obesidad (muchas veces causante de este problema) sino que se debe a una falta de estimulación de la función respiratoria desde el sistema nervioso. Se detectó un número de paradas respiratorias nocturnas excesivo y las repercusiones sobre el funcionamiento del corazón en forma de taquicardias, de alteración de la presión arterial y de falta de aporte de oxígeno a los órganos podía resultar muy grave. Además, esas pausas respiratorias justificaban la somnolencia diurna y la tendencia al sueño conduciendo. Como la apnea, en mi caso, no es obstructiva, es decir no está provocada por la obesidad, no era cuestión de ponerme a dieta, que puede ayudar a mejorar la sintomatología, y la única herramienta terapéutica eficaz era aplicar “la máquina”, conocida como CPAP (del inglés “continuous positive airway pressure, presión positiva continua en la vía aérea). Este aparato suministra continuamente a las vías respiratorias aire a una presión más alta que la ambiental, de forma que las vías no colapsan y se mantienen abiertas, facilitando la respiración y evitando las apneas. Se consigue mediante una mascarilla aplicada solo a la nariz o conjuntamente a la nariz y la boca, dependiendo del patrón respiratorio de cada paciente. En mi caso la mascarilla es solo de nariz.

No me ha costado adaptarme al aparato, llevo ya 5 meses con él y mi pareja dice que no ronco ni detecta paradas respiratorias. El ruido del aparato es un susurro, ni a ella ni a mi nos molesta. La mejoría es significativa. Duermo habitualmente sin interrupciones. No me levanto a orinar a mitad de la noche, los despertares con sobresalto prácticamente han desaparecido, la somnolencia diurna también y la que se producía conduciendo ya no la siento. Las revisiones son periódicas y en el último control los episodios de apnea registrados por el aparato se han reducido a prácticamente la normalidad. Es decir, la terapia con CPAP está resultando efectiva y está previniendo problemas cardiorrespiratorios y vasculares potencialmente graves. Estoy contento. Los únicos inconvenientes son: la parafernalia nocturna de ponerte la mascarilla y conectarte al aparato, que acabas pareciéndote a un astronauta; y que tienes que viajar con él a donde quiera que vayas, para que la terapia sea efectiva. Pero está claro que las ventajas superan a los inconvenientes y más vale prevenir que curar. Hay que buscar mantener una buena salud y evitar que tu entorno pueda sufrir las consecuencias de tu enfermedad.

¿Están bien tus riñones? Descúbrelo a tiempo, protege tu salud renal

¿Están bien tus riñones? Descúbrelo a tiempo, protege tu salud renal

Emilia Ferrer López, Sara Sampériz Abad, Belén Campos Gutiérrez

13 Marzo 2025

El día 13 de marzo 2025 Día Mundial del Riñón. Salud Renal para Todos.

El lema de este año se centra en la PREVENCIÓN, en crear conciencia sobre cómo la detección temprana de la enfermedad renal ayuda a proteger la Salud Renal.

Los riñones juegan, un papel clave en el funcionamiento correcto nuestro organismo y mantenerlos sanos es algo que debemos priorizar. Es primordial cuidar de ellos para mantener una buena salud renal, mediante hábitos de vida saludables y revisiones médicas regulares. La enfermedad renal se puede prevenir y su progresión y deterioro a etapas más avanzadas se puede retrasar con un apropiado diagnóstico y tratamiento precoz.

Para aumentar la visibilidad pública de la enfermedad renal, desde 2006, el segundo jueves del mes de marzo, se celebra el día mundial del riñón. Una jornada establecida con el objetivo de dar un simple y claro mensaje tanto a las autoridades sanitarias, a profesionales de la salud, a pacientes y toda la comunidad en general del crecimiento de la enfermedad renal y las consecuencias que se derivan de una función renal insuficiente.

La Enfermedad Renal Crónica (ERC) afecta al 37,3% de la población española mayor de 64 años. La prevalencia de la ERC asciende progresivamente con el envejecimiento, lo cual es problemático en una sociedad envejecida como la española, en la que el 21% de la población es mayor de 65 años y afecta más frecuentemente a los hombres (23.1%) que a las mujeres (7.3%).

Algunos de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la ERC a nivel mundial son la hipertensión, diabetes mellitus, la dislipemia, el tabaquismo y la obesidad. También hay sustancias y fármacos que pueden ser perjudiciales para los riñones (se conocen como nefrotóxicos): por ejemplo, los analgésicos no esteroideos (AINES) como el ibuprofeno.

Si queremos conocer un poco mejor nuestros riñones, es fundamental conocer donde se ubican en nuestro cuerpo, cómo son y las funciones que tienen. Los riñones son dos órganos en forma de alubia, su tamaño es aproximadamente el de un puño, ubicados justo debajo de la caja torácica a cada lado de la columna vertebral.

A pesar de su tamaño reducido, sus funciones son esenciales, procesan y purifican la sangre del cuerpo humano cada 50 minutos, filtrando aproximadamente 180 litros de líquido al día, de los cuales alrededor de 1,5-2 litros se eliminan en forma de orina.

Otras funciones además de producir la orina son:

  • Filtrar y limpiar la sangre, eliminando el exceso de líquido y las toxinas del cuerpo.
  • Mantener el equilibrio interno regulando el volumen sanguíneo, el pH e iones en sangre.
  • Regular el metabolismo mineral óseo mediante la eliminación de fosfatos y la producción de la forma activa de vitamina D.
  • Regular de la presión arterial.
  • Producir la hormona eritropoyetina (comúnmente conocida como EPO) estimula a las células madre de la médula ósea producir glóbulos rojos o hematíes.

Respecto a la ERC los pacientes hablan de una enfermedad silenciosa, pues en muchos casos evoluciona lentamente y se manifiesta cuando se ha llegado a un deterioro importante de la función renal. Además, la sintomatología de la enfermedad renal es muy similar a circunstancias de la vida diaria (cansancio, piernas hinchadas), por ello, la detección de la enfermedad renal es complicada y resulta infra diagnosticada.

El modo de conocer si los riñones están sanos o dañados es mediante un análisis de sangre y orina. El análisis de sangre incluye los niveles de creatinina (un producto de desecho producido por los músculos). El análisis de orina busca la presencia de proteínas o de hematíes (glóbulos rojos), lo cual podría indicar daño de los riñones.

 

Cuidar nuestros riñones no es difícil e implica adoptar hábitos saludables, destacando entre ellos los siguientes:

  • Proteja sus riñones controlando la tensión arterial para prevenir la hipertensión y los niveles de azúcar en sangre (glucemia) de forma periódica. Pregunte a su enfermera, a su médico de atención primaria o a su médico de empresa para realizar revisiones periódicas y realizar una valoración de su estado de salud general.

 

  • Mantener un peso adecuado para el sexo y talla, evitando el sobrepeso. La obesidad puede favorecer la aparición de hipertensión y diabetes. Por lo tanto, para ayudar a nuestro riñón, es aconsejable llevar una alimentación equilibrada y realizar actividad física de forma regular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) presenta unas Directrices sobre realización de actividad física y hábitos sedentarios, orientadas a todas las poblaciones y los grupos de edad desde los cinco hasta los 65 años o más, independientemente del sexo, el contexto cultural o la situación socioeconómica, y son pertinentes para todas las personas, sea cual sea su capacidad.

 

  • Se aconseja una alimentación basada en la dieta mediterránea, con mayor consumo de alimentos de origen vegetal en comparación con los de origen animal, evitando el consumo habitual de alimentos ultra procesados. También es importante evitar el estreñimiento. Consultar con especialistas en nutrición es recomendable para conocer que alimentación seguir.

 

  • Es importante adecuar la ingesta de líquidos (agua, caldos, infusiones, evitando bebidas carbonatadas y azucaradas) al grado de su función renal, nivel de diuresis y estado del paciente. No hay una regla que establezca exactamente cuánta agua o líquido es “suficiente” que una persona beba al día. Un consejo útil es observar la orina. Si es transparente o amarilla pálida, es probable que esté bebiendo suficiente agua. Si es amarilla oscura, puede ser un signo de que no está tomando suficiente agua, aunque no siempre es el caso.

 

 

  • Realizar un consumo responsable de alcohol, evitando bebidas de alta graduación y contenido en azucares.

 

  • Abandonar el hábito tabáquico y consumo de sustancias tóxicas perjudiciales para los riñones.

 

  • Antes de tomar cualquier medicamento sin receta médica, vitaminas, minerales, suplementos dietéticos y herbales, deportivos o para perder peso, pregunte a su médico cuáles son seguros.

 

  • Lleve una lista actualizada de los medicamentos y suplemento que esté tomando a sus citas médicas.

 

Del tabaco al vapeo: Un desafío emergente en la salud de los más jóvenes

Del tabaco al vapeo: Un desafío emergente en la salud de los más jóvenes

Alba Medina Castillo

19 febrero 2025

El último año España alcanzó un mínimo histórico en el consumo de tabaco, especialmente entre los adolescentes. Este logro, fruto de décadas de esfuerzos legislativos, campañas de concienciación y un cambio de paradigma hacia hábitos más saludables, marca un hito en la lucha contra la principal causa de enfermedad, discapacidad y muerte prematura en el mundo. Sin embargo, mientras el tabaco pierde terreno, una nueva amenaza emerge entre los jóvenes: el vapeo. Lo que comenzó como una alternativa para dejar de fumar ha evolucionado en un fenómeno propio, con cifras de consumo en aumento y una percepción de riesgo alarmantemente baja.

Auge del vapeo: ¿Supone esto un retroceso en los logros alcanzados?

El tabaco, una vez fue símbolo de estatus y socialización, ahora se asocia con importantes riesgos para la salud. Es en el caso de los adolescentes donde ha perdido gran parte de su atractivo. Así se refleja en el reciente informe de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanza Secundaria donde se registraron los datos de consumo más bajos en la serie histórica. Pese a este panorama alentador, el consumo de vapers, por el contrario, ha experimentado un crecimiento exponencial en la misma franja de edad. Estos dispositivos, diseñados originalmente como una herramienta para dejar de fumar, han captado la atención de los jóvenes debido a una combinación de factores como variedad de sabores, diseños atractivos, permisibilidad de uso en espacios cerrados y la influencia de importantes campañas de marketing. A esto se suma la desinformación difundida en redes sociales, que genera una percepción errónea sobre su seguridad y los posibles efectos sobre la salud.

Vapeo y la era digital: La normalización del hábito a través de la pantalla

La llegada del vaper parece coincidir con un cambio de paradigma en los hábitos de consumo de los jóvenes. Las distintas plataformas de las redes sociales están llenas de contenido que normalizan su consumo, presentándolos como dispositivos modernos y atractivos y, aparentemente inofensivos. Influencers y celebridades promueven su uso como una tendencia de moda, contribuyendo a su popularización y generando una nueva forma de presión social a través de la pantalla. Los adolescentes están profundamente conectados al mundo digital, lo que amplifica la difusión de estos hábitos, normalizando así el consumo como una práctica inofensiva y socialmente aceptada, accesible y sin riesgos.

Riesgos asociados al vapeo

Un informe reciente del Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC) destaca que, aunque los vapers contengan menos sustancias tóxicas que los cigarrillos tradicionales no son inofensivos. El vapeo, a pesar de ser presentado como una alternativa menos perjudicial que el tabaco sigue representando un riesgo significativo para la salud.

Diversos estudios demuestran que la nicotina puede afectar al desarrollo cerebral de los adolescentes y que la inhalación de los aerosoles de los cigarrillos electrónicos (metales pesados, compuestos orgánicos volátiles, entre otros) puede provocar daños en los pulmones y causar cáncer.

Además, se ha demostrado que los vapers sirven como puerta de entrada al hábito de fumar y, la nicotina, al ser altamente adictiva, incrementa significativamente la probabilidad de que los jóvenes desarrollen una dependencia y continúen fumando, tal como indica la evidencia científica.

La normalización del consumo es otro aspecto preocupante. Los vapers están reintroduciendo el hábito de inhalar entre una generación que, en gran medida, había comenzado a rechazarlo. Esto unido a una baja percepción del riesgo, está reforzando la aceptación social del vapeo lo que reduce las barreras frente a su uso, poniendo en riesgo los avances alcanzados. La idea de que el vapeo es «menos peligroso» es ampliamente difundida en estas plataformas digitales.

¿Qué se puede hacer?

La lucha contra el vapeo juvenil requiere de un enfoque multidisciplinar comenzando por una regulación más estricta y educación sobre sus riesgos. España todavía mantiene en una zona gris en cuanto a la regulación de los cigarrillos electrónicos. Es crucial reforzar las leyes para limitar la venta a menores, controlar su publicidad, prohibir sabores más atractivos y sancionar el uso de vapers en espacios cerrados.

Por otro lado, es necesario generar conciencia entre los adolescentes sobre los riesgos del vapeo desmontando la falsa creencia de que es seguro y no supone ningún riesgo. Para ello, es esencial implementar campañas específicas para adolescentes, padres y educadores y adaptadas a los tiempos. Al mismo tiempo, es importante poner atención a la alfabetización mediática en salud dada la creciente desinformación en las plataformas digitales desarrollando programas efectivos que no solo eduquen sobre los riesgos del vapeo, sino que también aborden de manera proactiva los mensajes publicitarios que se difunden en redes sociales, protegiendo así a los jóvenes de su influencia.

En definitiva, la disminución del consumo de tabaco es un éxito de salud pública. Sin embargo, el auge del vapeo entre los adolescentes nos recuerda que la lucha contra las adicciones es un proceso constante y cambiante. El tránsito del tabaco al vaper no solo refleja una transformación en los hábitos de consumo, sino que también destaca cómo las adicciones pueden adoptar nuevas formas, lo que subraya la necesidad de mantenernos alerta de manera continua. Proteger a los jóvenes de estas nuevas formas de consumo supone un nuevo reto para la salud pública. Adaptar las estrategias no solo es necesario, sino urgente si queremos evitar una que una generación entera normalice el consumo de nicotina bajo nuevas formas.

La Dieta Cetogénica: Un tratamiento alternativo para la epilepsia refractaria

La dieta Cetogénica: Un tratamiento alternativo para la epilepsia refractaria

Sofía Pérez Calahorra

10 de febrero de 2025

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que afecta a 50 millones de personas en todo el mundo. Esta enfermedad se caracteriza por producir convulsiones recurrentes involuntarias. Además, estas convulsiones frecuentes provocan que estas personas tengan una calidad de vida reducida debido en parte a que padecen más enfermedades físicas y psíquicas, utilizan con mayor frecuencia los servicios médicos y tienen elevada mortalidad.

Los medicamentos anticonvulsivos son la principal opción de tratamiento para la epilepsia. Los actuales tratamientos farmacológicos han conseguido que hasta dos tercios de los pacientes tratados no tengan convulsiones. Sin embargo, un porcentaje elevado de personas (30%) no logran mejorar con los tratamientos convencionales actuales. A esto se le conoce como epilepsia refractaria. Estos casos están siendo un reto para la investigación y la medicina, pero parece que existe una alternativa no farmacológica efectiva, conocida como dieta cetogénica.

¿Qué es la Dieta Cetogénica?

La dieta cetogénica es una estrategia nutricional que consiste en consumir una elevada cantidad de grasas, una cantidad moderada de proteínas y una reducción drástica de los hidratos de carbono, además de restricción calórica y de líquidos. Esta combinación, provoca un contexto metabólico similar al ayuno y hace que el cuerpo entre en un estado conocido como cetosis. La cetosis se produce cuando el organismo empieza a utilizar las grasas como principal fuente de energía en lugar del uso de los carbohidratos (glucosa). Como resultado de ello, se producen cetonas por el hígado. Según la evidencia científica de los estudios experimentales realizados, las cetonas parecen tener un efecto beneficioso en el cerebro y ayudar a controlar las convulsiones.

El uso de la dieta cetogénica como terapia no es nuevo, se remonta incluso a la antigua Grecia, cuando se utilizaba el ayuno para reducir las convulsiones. Sin embargo, tal y como la conocemos a día de hoy, la dieta cetogénica clásica fue desarrollada en 1920 por el doctor Russel Wilder. La dieta cetogénica clásica, produce efectos similares al efecto que produce el ayuno, pero con una desventaja importante, como es la dificultad de seguirla durante cierto tiempo. Es por ello que, desde entonces, la dieta cetogénica ha evolucionado hacía variantes más flexibles que permitan un mejor cumplimiento. Entre estas variantes encontramos:

Dieta Atkins Modificada: esta variante permite proporcionar mayor flexibilidad y palatabilidad, lo que la hace más fácil de seguir. La proporción es un 65% de grasa, 25% de proteína y 10% de carbohidratos; estos últimos se limita su consumo entre 10-20 g/día en niños y 15-20 g/día en adultos.

Dieta de Bajo Índice Glucémico: Esta estrategia está enfocada a permitir el consumo de alimentos que tienen un menor impacto en los niveles de azúcar en sangre, siendo la opción más flexible y la cual las personas mantienen en el tiempo. Se basa en una proporción del 60% de grasas, 30% de proteínas y 10% de carbohidratos con un índice glucémico bajo.

Es importante aclarar que, la dieta cetogénica ha demostrado ser una alternativa efectiva para combatir y reducir las convulsiones en estos casos, pero considero importante exponer los mecanismos que participan en la función cerebral con esta dieta.

  1. Modifica la actividad de las neuronas, alterando su metabolismo y reduciendo la excitabilidad cerebral por la reducción de glucosa como combustible principal neuronal, y por tanto, gracias a la mayor presencia de cetonas. La función de la glucosa es producir energía rápidamente disponible y está favorece la actividad convulsiva. Por lo tanto, con una dieta cetogénica, los niveles de glucosa en sangre son bajos, la energía rápida estará limitada y enlentecida a nivel de las neuronas, y el cerebro comienza a utilizar cetonas para producir energía lo que reduce actividad neuronal y las convulsiones.
  2. Afecta a los neurotransmisores: estos son sustancias cuya función es regular la comunicación entre las células cerebrales. Las cetonas influyen en la concentración de ácido gamma-aminobutírico (GABA). GABA es el principal neurotransmisor inhibidor de comunicación neural. Existe evidencia en la práctica clínica de mayores niveles de GABA en pacientes con la dieta cetogénica, el neurotransmisor GABA inhibe esa comunicación entre neuronas y reduce las convulsiones.
  3. Influye en el microbiota intestinal y parece impactar positivamente en la función cerebral. Se sabe que varias vías metabólicas moduladas por el microbiota intestinal han demostraron tener un impacto en el efecto anticonvulsivo con la dieta cetogénica, como la reducción de citoquinas inflamatorias, entre otros.

Todos estos mecanismos descritos conducen a modificaciones sistémicas y a una adaptación metabólica a nivel de la neurona como célula, pero estos cambios también permiten bajar peso, aumentar la perdida de grasa corporal, etc., por lo que los beneficiosos pueden ser varios.

Por otro lado, para conseguir esta eficacia es importante destacar que, en una dieta como esta, donde el consumo de grasa elevado es necesario, consumir alimentos ricos en grasa saludable procedente de alimentos vegetales es esencial. Se puede incorporar aguacate, aceite de oliva, frutos secos, semillas y, por el contrario, no abusar de alimentos de origen animal como los huevos, las carnes y los pescados como modo de conseguir ese consumo elevado de grasa. Además, es necesario eliminar cualquier tipo de cereales, pasta, pan, patata, harinas, dulces, ultraprocesados, etc. pero por favor no es necesario eliminar las verduras y ciertas frutas como frutos rojos, frutas ácidas, entre otras. Un ejemplo de desayuno sería una tortilla francesa con 2 lonchas de queso semicurado o curado, dos lonchas finas de beicon y un pedazo de aguacate.

En conclusión, la dieta cetogénica y sus variantes han demostrado ser una alternativa eficaz para tratar la epilepsia en pacientes que no responden a los medicamentos actuales. Aunque no es una solución para todos, representa una esperanza para muchas personas que buscan mejorar su calidad de vida. A medida que avanza la investigación, podrían descubrirse nuevos beneficios y formas de hacerla más accesible para quienes la necesitan.

El impacto de las bebidas azucaradas sobre la salud

El impacto de las bebidas azucaradas sobre la salud

Sofía Pérez Calahorra

24 enero 2025

El pasado 6 de enero de 2025 se publicó un importante estudio en la revista Nature Medicine sobre el impacto de las bebidas azucaradas en la salud humana. Este estudio mostraba cómo, el consumo de bebidas azucaradas, causó 2,2 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y 1,2 millones de casos de enfermedades cardíacas a nivel mundial en 2020. Además, se estimó la mortalidad relacionada por el consumo de estas bebidas.

 

Nada extraña de estos datos ya que, en la última década, la preocupación por el consumo frecuente de bebidas azucaradas, sus efectos dañinos sobre la salud y la aparición de enfermedades crónicas, es una realidad. El problema se agrava debido a que, el consumo diario de estas bebidas ha aumentado especialmente entre niños y adolescentes, que se enfrentan a un mayor riesgo de desarrollar obesidad y otras complicaciones metabólicas en un futuro próximo. Además, la cantidad que se consume y se oferta en el mercado ha aumentado con los años, incentivando aún más las consecuencias negativas para la salud.

 

¿Cuáles son las bebidas más perjudiciales?

Las bebidas azucaradas consideradas perjudiciales incluyen todos los refrescos azucarados (tipo cola, refresco naranja o limón, tés, etc.), los zumos de frutas o batidos procesados de diferentes variedades, así como cualquier líquido que contenga azúcares añadidos, como jarabes de glucosa o fructosa, incluso edulcorantes artificiales tipo maltitol o sorbitol. Los nombres utilizados para describir estos azucares añadidos en los etiquetados son numerosos, lo que a su vez genera confusión y desconocimiento en el consumidor.

 

Es importante destacar la baja calidad nutricional de estas bebidas azucaradas, que aportan importantes cantidades de azúcares libres y calorías vacías. De un modo sencillo, podríamos decir que no aportan ningún nutriente beneficioso y, por el contrario, muchas calorías. Por ejemplo, una lata de un refresco azucarado tipo cola de 330 ml contiene entre 35 y 37,5 gramos de azúcar, lo que supone la ingesta de 4-5 terrones y entre 140 y 150 calorías. El problema no se produce por un consumo ocasional, sino cuando este es diario y se ingieren varias unidades al día.

 

¿Cuáles son los efectos dañinos para la salud de estas bebidas azucaradas?

Aunque se sigue investigando sobre los mecanismos que se ven afectados por el consumo de las bebidas azucaradas, la evidencia científica publicada hasta el momento sugiere que el consumo de estas bebidas contribuye directamente al principal problema, el aumento del peso corporal. Este aumento de peso se produce por la ingesta excesiva de azucares libres y calorías. Por otro lado, se ha demostrado que estas bebidas generan poca saciedad, lo que conduce a comer con mayor frecuencia y aumentar la ingesta de calorías diaria. Además, también se ven afectados de manera relevante los mecanismos metabólicos por el exceso y tipo de azucares libres ingeridos, siendo los causantes del desarrollo de la diabetes, síndrome metabólico y riesgo de enfermedades cardiovasculares.

 

Si tuviéramos que indicar cuáles son los azucares más perjudiciales presentes en estas bebidas –más allá de la desorbitada cantidad de azúcares en general que contienen–, casi sin atisbo de duda, la fructosa –en las cantidades que aportan estas bebidas– sería el azúcar más dañino para el organismo. Además, los edulcorantes artificiales como el maltitol o el sorbitol también se convierten en fructosa en el cuerpo, generando un efecto igualmente nocivo.

 

En otras ocasiones, estas bebidas contienen una combinación de diferentes azucares como glucosa y fructosa que, tras su ingesta, son absorbidas rápidamente aumentando su concentración en la sangre, lo que se conoce como hiperglucemia. Para que nuestro organismo sea capaz de utilizar esa glucosa o fructosa a nivel celular y a su vez contrarrestar la hiperglucemia ocasionada, necesita producir y secretar paralelamente una cantidad importante de insulina por parte del páncreas. Cuando esto sucede de manera ocasional (tomamos una bebida azucarada esporádica) nuestro organismo es capaz de restaurar ese esfuerzo metabólico; sin embargo, el problema aparece cuando el consumo es diario y varias veces al día, ya que constantemente nuestro cuerpo debe contrarrestar esas cantidades tan elevadas de azucares y acaba rompiéndose o funcionando mal.

 

Por otro lado, cuando el azúcar añadido es fructosa (jarabe de maíz, maltitol, sorbitol y otros) y, además, en grandes cantidades, su metabolismo principal se produce en el hígado en una vía llamada lipogénesis hepática de novo, la cual produce de modo secundario una cantidad elevada de lípidos hepáticos como VLDL y colesterol LDL, deposición de grasa en zonas atípicas del cuerpo y mecanismos que aumentan riesgo cardiometabólico como la resistencia periférica a la insulina.

 

Otro de los efectos metabólicos negativos del consumo excesivo de fructosa es que, este azúcar, es el único capaz de incrementar la producción de ácido úrico en el organismo. Se ha demostrado que este mecanismo, en el cual el consumo de fructosa eleva los niveles de ácido úrico en el hígado, reduce la cantidad de óxido nítrico en las células endoteliales (ubicadas en las arterias y vasos sanguíneos). Esta disminución de óxido nítrico contribuye al desarrollo de lesiones en las arterias coronarias, encargadas del aporte de sangre al miocardio. Asimismo, la hiperuricemia (aumento de la concentración de ácido úrico en la sangre) se ha relacionado también con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular, debido al efecto que tiene el ácido úrico aumentado en la enfermedad renal, la disfunción endotelial y la activación del sistema renina-angiotensina (que regula tensión arterial).

 

Como alternativa saludable a estas bebidas azucaradas, podríamos indicar que la mejor bebida que podemos recomendar para un consumo diario y frecuente es el agua en todas sus versiones: agua del grifo, embotellada o incluso el agua con gas. También es interesante el consumo de infusiones naturales como el té o el café natural sin añadir azúcar en cantidades excesivas. Incluso, de manera ocasional, los zumos de frutas naturales y frescas, podrían ser una alternativa saludable a este tipo de bebidas artificiales y nutricionalmente inadecuadas. Es por ello que, la calidad y la cantidad de los nutrientes, como sucede en este caso con los azúcares, es importante tenerlo presente para hacer una buena elección de los alimentos que consumimos.

 

En definitiva, el consumo diario de bebidas azucaradas y procesadas conduce a importantes problemas de salud, que seagravan cuando las personas que las ingieren son niños, adolescentes o grupos vulnerables. Por este motivo, es preciso conocer las características nutricionales de este tipo de preparados, así como sus efectos en el organismo, seleccionando con responsabilidad todo aquello que se come y que se bebe.

Cómo prevenir las intoxicaciones por monóxido de carbono en el hogar

Cómo prevenir las intoxicaciones por monóxido de carbono en el hogar

Juan José Aguilón-Leiva y Antonio Manuel Torres-Pérez

8 enero 2025

El pasado 21 de diciembre de 2024 comenzó oficialmente el invierno y, durante esta época del año, los días se caracterizan por ser cortos, muy fríos y acompañados de grandes temporales. También, durante estos meses, es frecuente que algunas personas recurran a prácticas desaconsejadas para calentar sus hogares, lo que comporta un riesgo y un aumento significativo en el número de enfermos por inhalación de monóxido de carbono.

 

El monóxido de carbono es un gas tóxico indetectable por las personas, ya que no tiene color, sabor y tampoco olor. Además, no produce irritación, por lo que podría catalogarse como un agente tóxico silencioso. Este gas se encuentra de forma habitual en el ambiente, disperso en la atmósfera, pasando desapercibido incluso a concentraciones muy altas.

 

De sobra es conocido cómo los mineros se adentraban en las minas con canarios, dado que este animal es muy sensible al monóxido de carbono. Así, cuando veían que el canario dejaba de cantar, estaba aturdido o caía al fondo de la jaula, sabían que debían salir corriendo de ese lugar si no querían caer gravemente enfermos. Afortunadamente, hoy día existen detectores de monóxido de carbono. Su empleo en los hogares es muy recomendable y, además, son baratos, sencillos de adquirir y no requieren de instalación previa.

 

Las intoxicaciones por monóxido de carbono se pueden producir a lo largo de todo el año, siendo una amenaza que se mantiene constante. Sin embargo, la mayor parte de ellas suceden durante los meses de otoño e invierno, afectando a niños, adultos y ancianos.

 

Inicialmente, los síntomas son poco claros o precisos, destacando el dolor de cabeza, las náuseas, los vómitos o los mareos. Incluso, es posible no tener ningún tipo de síntoma. Esta circunstancia lo hace más peligroso si cabe, dado que se tiende a darle poca importancia en las primeras fases de la enfermedad. En concentraciones altas y cuando este gas permanece más tiempo en el organismo, la clínica se vuelve cada vez más grave, llegando a provocar la muerte.

 

Un aspecto a destacar es que los animales domésticos también resultan afectados. Tanto es así que, algunos pacientes tratados en los Servicios de Urgencias, relatan darse cuenta de la presencia de este gas gracias a que sus mascotas también sufrían síntomas similares a los descritos anteriormente.

 

Para que se produzca una intoxicación por monóxido de carbono, deben darse dos circunstancias al mismo tiempo. La primera de ellas es que exista una fuente tóxica donde se produzca una combustión incompleta. Lo más habitual son las estufas de gas, braseros, calentadores de agua, chimeneas, barbacoas, hornos o parrillas de carbón. También lo son los tubos de escape de los coches, los incendios y los motores de gasolina. La segunda condición es una mala ventilación. Si una habitación está bien ventilada, difícilmente se produciría este tipo de intoxicación. Por ejemplo, tras la DANA ocurrida el pasado 29 de octubre de 2024 en algunos municipios de Valencia, se han publicado múltiples noticias relacionadas con la exposición a monóxido de carbono durante las labores de limpieza del lodo incrustado en los garajes. Algunas personas –entre las que se encontraban una veintena de voluntarios– resultaron intoxicadas como consecuencia del uso de generadores de gasolina y la mala ventilación en esos espacios.

 

Por último, conviene indicar que, si Ud. dispone de una estufa de gas, debe asegurarse que la llama sea de color azul. Esta circunstancia indica que la combustión es limpia y completa y, por tanto, no emite gases nocivos como el monóxido de carbono. Por supuesto, las estufas eléctricas no representan este riesgo.

 

¿Qué medidas preventivas se deben tomar en el hogar para prevenir las intoxicaciones por monóxido de carbono?

Las intoxicaciones por monóxido de carbono son de las más graves y frecuentes en nuestro medio. Sin embargo, y por suerte, también son evitables. A continuación, se presenta un decálogo de recomendaciones con 5 medidas a realizar y 5 medidas a evitar para prevenir las intoxicaciones por monóxido de carbono en el hogar. ¡No olvides aplicarlas!

10 recomendaciones para prevenir las intoxicaciones por monóxido de carbono en el hogar
Medidas a realizar

 

1.   Realice un mantenimiento adecuado de todas las estufas y calderas de gas del hogar.

2.     Ventile adecuadamente todas las habitaciones.

3.     Instale un detector de monóxido de carbono en el hogar, colocándolo cerca de la estufa de gas, chimenea y/o cocina.

4.   Mantenga siempre abiertas las rejillas de ventilación.

5.   Si resulta intoxicado, abra todas las puertas y ventanas, trate de salir al exterior del hogar y active el sistema de emergencias llamando al 112 o al 061.

 

Medidas a evitar

 

6.   No utilice carbón dentro de casa, ni siquiera en la chimenea. Tampoco introduzca una barbacoa en el interior de su hogar.

7.   No mantenga encendido el coche en el garaje de casa.

8.   No use el horno de gas para calentar su hogar.

9.  No se vaya a dormir dejando encendida una estufa de gas.

10. No infravalore los síntomas iniciales de la intoxicación por monóxido de carbono, especialmente si más de una persona se siente igual. Ignorarlos puede llevar a la pérdida de conciencia y hasta a la muerte.