La otra medicación

María empieza quimioterapia para un cáncer de mama. En casa, cada mañana, añade cúrcuma a su infusión. Se lo recomendó alguien con buena intención. No lo comenta en consulta. No lo considera importante. “No es un medicamento”, piensa, “es algo natural”.

 

En oncología, esta escena se repite más de lo que imaginamos. Diversas revisiones sistemáticas estiman que entre un 30 y un 50 % de las personas con cáncer utilizan terapias complementarias durante el tratamiento activo. Muchas no lo comunican al equipo sanitario. No siempre por desconfianza: a veces porque nadie lo pregunta, otras porque creen que “lo natural” queda fuera de la historia clínica.

 

Las razones suelen ser profundamente humanas: el deseo de participar activamente en el proceso, de no quedarse inmóvil ante la enfermedad; la necesidad de sentir que uno hace algo más por sí mismo; la esperanza depositada en aquello que suena menos agresivo que la palabra quimioterapia.

 

Sin embargo, el organismo no distingue entre lo que se prescribe y lo que se compra por iniciativa propia. Todo lo que ingerimos atraviesa los mismos sistemas que metabolizan los fármacos antineoplásicos. Algunas plantas medicinales o suplementos pueden modificar la concentración de los tratamientos al interferir en su metabolismo o eliminación, un riesgo descrito también en revisiones recientes sobre interacciones planta-fármaco en oncología.

 

Existen ejemplos bien documentados. La hierba de San Juan puede reducir las concentraciones plasmáticas de irinotecán al inducir enzimas metabólicas. El zumo de pomelo puede aumentar niveles de fármacos metabolizados por CYP3A4 al inhibir su degradación intestinal. Extractos concentrados de té verde han mostrado interferencias con terapias como el bortezomib.     En los últimos años también se ha estudiado la curcumina —presente en la cúrcuma— por su capacidad para modular enzimas y transportadores implicados en el metabolismo de fármacos, lo que refuerza la importancia de comentar su uso durante tratamientos oncológicos.

 

No se trata de generar alarma. Se trata de recordar que lo natural también tiene actividad biológica. El verdadero problema rara vez es la infusión. Es el silencio.

 

Una revisión sistemática sobre divulgación del uso de terapias complementarias muestra que muchas personas no informan por miedo a la desaprobación o porque creen que no es relevante mencionarlo. Cuando el equipo sanitario desconoce todo lo que una persona está tomando, trabaja con información incompleta. Y la seguridad terapéutica depende, en gran medida, de conocer la historia completa.

 

Como residente de Enfermería Familiar y Comunitaria, he aprendido que muchas decisiones sanitarias no nacen en la consulta, sino en la intimidad del hogar: en una conversación con un familiar, en un vídeo viral, en una recomendación bienintencionada. Si no preguntamos de forma abierta y sin juicio, es fácil que esas prácticas queden fuera del relato clínico. Y cuando no aparecen en la conversación, tampoco entran en la toma de decisiones compartida.

 

Las principales sociedades científicas recomiendan preguntar de forma explícita y sistemática por el uso de terapias complementarias durante el tratamiento oncológico, integrando esta conversación en la práctica clínica habitual. No como un interrogatorio ni como un juicio, sino como una estrategia de seguridad y de confianza.

 

Nombrar “la otra medicación” no significa prohibirla. Significa ampliar la mirada clínica para incluir todo aquello que influye en la salud de una persona. Porque a veces la intervención más eficaz es abrir una pregunta sencilla: “¿Estás tomando algo más que creas que puede ser importante contarme?”.

 

En un contexto donde la desinformación en salud circula con rapidez, la conversación honesta se convierte también en una herramienta terapéutica. La seguridad empieza en el laboratorio, pero no termina en la prescripción: continúa cuando alguien se siente escuchado.     Y quizá ahí esté el verdadero reto de quienes cuidamos: no sólo saber qué productos naturales toma María, sino crear el espacio adecuado para que quiera contarlo.

Sexualidad en la vejez: un derecho que no se jubila

Sexualidad en la vejez: un derecho que no se jubila

María Causín Notivoli

8 de abril de 2026

En la actualidad, la sexualidad en la senectud persiste como un tema objeto de debate y rodeado de prejuicios. Existe la concepción errónea de que los adultos mayores carecen de deseos sexuales; no obstante, una parte significativa de esta población mantiene una vida sexual activa, elemento que resulta fundamental para su bienestar físico y emocional.

 

Desde el ámbito sanitario, debemos asumir la responsabilidad de eliminar estos estigmas y promover la idea de que la sexualidad no expira con el paso de los años, sino que experimenta un proceso de transformación y adaptación.

 

Su propia percepción

 

Una revisión sistemática publicada en la Revista Española de Salud Pública analizó la percepción que las personas de edad avanzada tienen acerca de su propia sexualidad y los hallazgos fueron claros: muchos desean mantener una vida sexual activa.

 

Sin embargo, persisten barreras entre las que destacan la falta de intimidad —especialmente crítica en entornos institucionalizados y residencias—, el temor al juicio social por parte de familiares o cuidadores, y la escasez de espacios seguros para abordar esta temática.

 

De lo anterior se desprende que el conflicto no reside en la población mayor, sino en los estereotipos de la sociedad. Persiste una visión que vincula la sexualidad exclusivamente a la juventud, a la normatividad estética y a la capacidad reproductiva, marginando así a quienes mantienen su deseo y la búsqueda de vínculos afectivos más allá de los 60 años.

 

El cuerpo cambia, el deseo se mantiene

 

El envejecimiento conlleva transformaciones físicas que afectan a la esfera sexual.

 

En las mujeres, la menopausia puede causar sequedad vaginal o disminución de la elasticidad. Estos síntomas pueden tratarse eficazmente con lubricantes a base de agua, humectantes vaginales o incluso con tratamientos hormonales.

 

En cuanto a los hombres, es habitual encontrar problemas en la erección o una reducción en la frecuencia de deseo. Es por esto mismo que se recomienda para ellos mantener una vida sexual activa, pues según una investigación del American Journal of Medicine, esta se asocia con un menor riesgo de desarrollar disfunción eréctil.

 

Cuando la salud dificulta el deseo

 

La satisfacción sexual puede verse afectada en los ancianos por afecciones como la artritis o el dolor crónico, que pueden convertir una experiencia placentera en otra físicamente incómoda.

 

Asimismo, la funcionalidad sexual puede verse afectada por diversas condiciones prevalentes en esta etapa vital como el deterioro cognitivo y las demencias, las enfermedades metabólicas como la diabetes, las cardiopatías, los eventos cerebrovasculares, así como trastornos del estado de ánimo y la incontinencia.

 

La sexualidad tiene muchas formas

 

Un concepto fundamental para comprender la sexualidad en la senectud es su naturaleza multidimensional, la cual trasciende el coito. En esta etapa, elementos como las caricias, los abrazos, la conexión emocional, las miradas o los diálogos profundos adquieren una relevancia equivalente o superior a la actividad sexual convencional.

 

Con el paso del tiempo, la sexualidad se vive con una intensidad diferente. Esta etapa puede ser el momento para descubrir nuevas formas de estar juntos y conocer las nuevas necesidades. El deseo de amar y ser amado no se jubila.

 

Sexualidad en la consulta: lo que no se pregunta, no se cuida

 

En la atención primaria española, el abordaje de la sexualidad en los mayores sigue siendo insuficiente. Un estudio realizado en 2017 reveló que, aunque el 98,6% de los médicos de familia reconozcan la sexualidad como un aspecto importante de la salud, solo el 40,6% lo registra en la historia clínica.

 

Las principales barreras en la consulta son la falta de tiempo y la poca capacitación. De la misma manera, la incomodidad en el abordaje de temas sexuales en la consulta continúa siendo un obstáculo importante.

 

Para abordar mejor la sexualidad en los adultos mayores en la atención primaria, es esencial promover una formación continua en salud sexual y sensibilizar a los profesionales sobre la relevancia de esta dimensión en la salud integral de los adultos mayores. Igualmente, es necesario garantizar entornos de confianza y privacidad donde los usuarios puedan manifestar sus inquietudes y demandas respecto a su vida sexual.

 

Es importante intervenir frente a estas barreras; de lo contrario, la sexualidad permanecerá invisibilizada, trastornos clínicos no serán diagnosticados y los adultos mayores podrían normalizar la insatisfacción.

 

Derechos sexuales en la senectud

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud sexual como un elemento fundamental de la salud integral que persiste a lo largo de toda la vida. Bajo esta premisa, se garantiza el derecho a recibir información y atención sanitaria y a disfrutar de una vida sexual autónoma, exenta de juicios o presiones externas.

 

Así pues, la sexualidad en la senectud no es un capricho, sino un derecho humano. Defenderlo es también una forma de mantener la autoestima y proteger frente a la soledad no deseada que muchos mayores experimentan al sentir que su vida íntima ya no tiene relevancia.

 

Conclusión

 

La sexualidad en la tercera edad constituye una realidad que todavía se ve condicionada por mitos y estigmas que limitan el bienestar de muchas personas mayores.

 

Desde el sector de la salud, debemos derribar estas barreras. Escuchar a las personas mayores, apoyarlas sin juicios y crear un espacio para conversar sobre su sexualidad es una manera de respetar su dignidad y autonomía.

 

Porque el derecho a sentir no caduca con la edad.

 

Un día en la vida de tu colon. Lo que tu intestino quiere contarte

Un día en la vida de tu colon. Lo que tu intestino quiere contarte

Yolanda Martínez Santos

31 de marzo de 2026

Imagina que tu colon pudiera hablar. No como en una película de ciencia ficción, sino como ese compañero silencioso que trabaja 24/7 en tu interior, procesando todo lo que comes, bebes y vives. Hoy 31 de marzo, y especialmente en el mes internacional de concienciación de la prevención del cáncer colorrectal (CCR), queremos darle voz.

 

El CCR representa uno de los tumores malignos más relevantes, ocupando un tercer puesto en incidencia a nivel mundial. No obstante, cuando se diagnostica en fases iniciales, la probabilidad de curación ronda al 90%.  Escucha lo que tiene que decirte.

 

Al comenzar el día: el despertar con prisas

 

«¡Buenos días! Soy tu colon, el último tramo de tu intestino grueso, alrededor de metro y medio de tubo sabio que filtra desechos y protege tu salud. Hoy empiezas con un café solo y una tostada blanca. Uy, noto el pellizco: esa cafeína me acelera, pero sin fibra, mis paredes se irritan un poco. ¿Sabes que la fibra es mi mejor aliada? Me mantiene limpio y evita que células rebeldes se acumulen (esas que podrían formar pólipos precancerosos).»

 

Tu colon no miente. Los estudios confirman que una dieta pobre en fibra (frutas, verduras, legumbres) multiplica por tres el riesgo de CCR. No obstante, la ingesta de 25-30 gramos al día, reduce ese riesgo un 30%.

 

A media mañana: el estrés en el trabajo

 

«Ahora llega el turno del tentempié, un bollo de la máquina expendedora. Azúcares simples y grasas trans: mi microbiota (esos billones de bacterias que viven conmigo) hace huelga. Ellas convierten la fibra en sustancias protectoras; sin esas bacterias, se produce inflamación y estrés oxidativo.  Y hablando de estrés: noto tus nervios. El cortisol que liberas me tensa, ralentiza mi movimiento y hace que los desechos permanezcan más tiempo del necesario.»

 

Aquí entra en juego la conexión intestino-cerebro, un eje que la ciencia estudia cada vez más. El estrés crónico altera la microbiota y aumenta el riesgo de inflamación intestinal, factores implicados en la aparición de pólipos. Un paseo de 30 minutos al día o 150 minutos semanales de actividad moderada reducen el riesgo un 24%, según guías europeas.

 

Hora del almuerzo: el legado familiar

 

«¡Por fin almuerzo! Ensalada con tomate, espinacas, garbanzos y un chorrito de aceite de oliva virgen extra. ¡Sí! La vitamina D del sol matutino, el calcio de los lácteos y esos antioxidantes me limpian como una ducha. Pero pienso en tu padre, de 62 años: heredaste sus genes. Si él ha tenido problemas en el colon, el riesgo aumenta. Eso no se elige.»

 

El 20-30% de los CCR tienen un componente familiar. Los antecedentes de CCR en familiares de primer grado justifican el inicio del cribado antes de los 50 años. En España, programas públicos como el de la Comunidad Autónoma de Aragón, envían la invitación del test de sangre oculta en heces (SOH) desde los 50 años. Con el programa de cribado se detectan el 92% de los cánceres en estadios curables.

 

Las 6 de la tarde: el sedentarismo y el picoteo

 

«Vuelta al sofá con unos snacks viendo una serie. Mi movimiento peristáltico se para: el sedentarismo es mi peor enemigo. Paso de moverme una o dos veces al día a una vez cada dos días. Residuos estancados igual a mayor riesgo de mutaciones celulares. Y ¿ese refresco azucarado? Altera mi pH y alimenta bacterias perjudiciales.»

 

La inactividad física eleva el riesgo de padecer CCR entre un 20 y un 30%. Levántate cada hora y camina 10 minutos. Otras medidas importantes son: limitar la ingestión de carnes rojas (menos de 500 g/semana) y de procesados ​​(embutidos, menos de 100 g/semana). También puedes aumentar el consumo de pescado azul, rico en ácidos grasos omega-3.

 

Final del día: hora de dormir (y de reflexionar)

 

«Antes de dormir, un yogur natural con semillas de chía. Perfecto para mi microbiota nocturna. ¿Cuánto duermes? ¿7 horas? Bien, porque el sueño insuficiente desequilibra mis bacterias y aumenta la inflamación. Mañana, otro día. Pero oye: si notas cambios persistentes en los hábitos intestinales-diarrea/estreñimiento-, sangre en las heces, dolor o cólicos abdominales, heces más delgadas, pérdida de peso inexplicable, debilidad y sensación de evacuación incompleta, avisa. Y ese sobre del cribado que llegó por correo… ábrelo.»

 

El test es sencillo: Se recoge el tubo en el centro de salud, pinchas cuatro veces en las heces con la varilla, se cierra y a analizar. Si sale positivo (7% de los casos), se activa una colonoscopia que se realiza en plazo máximo 6 semanas.

 

El 50% de los españoles no participa en las pruebas de cribado por miedo y desinformación. Sin embargo, el 90% de los positivos son falsas alarmas (sangrado por hemorroides, fisuras, úlceras o dieta/medicación) o pólipos resecables endoscópicamente (adenomas) que se detectan antes de que se vuelvan malignos. La detección precoz es igual a curación, la extirpación de los adenomas y la detección de tumores en fases iniciales, reduce la mortalidad por CCR hasta un 30-40%.

 

Tu colon concluye: «No me tengas miedo. Vivo en ti, y con hábitos simples y cribado precoz, me proteges. Marzo es mi mes: empieza hoy».

Prevención cáncer colorrectal

La sangre y la médula ósea

La sangre y la médula ósea

Dona médula Aragón. Asociación de pacientes hematológicos

25 de marzo de 2026

La sangre es un tejido del cuerpo humano que no se puede fabricar. La médula ósea también es un tejido del cuerpo humano y tampoco se puede fabricar. La sangre tiene dos partes: una parte líquida que se llama plasma y una parte celular. La parte líquida de la sangre es en un 90%, agua y el resto, sales minerales. En la parte celular hay glóbulos rojos, también llamados eritrocitos, que transportan el oxígeno; glóbulos blancos o leucocitos, que defienden el cuerpo de virus y bacterias, y plaquetas o trombocitos, que inician la coagulación de la sangre.

 

La sangre permite la comunicación y función de todos los órganos, siendo indispensable para la vida. No obstante, la sangre que se dona caduca y solo es posible conservarla un cierto tiempo: 42 días (a 4°C) los glóbulos rojos, de 5 a 7 días (a 22°C y en agitación constante) las plaquetas y hasta 1-3 años (a temperaturas inferiores a -25°C) el plasma. Debido a estos límites en su conservación y a que la sangre no se puede fabricar, es necesario disponer de un flujo ininterrumpido de donaciones para garantizar el suministro en los hospitales.

 

Para donar sangre, los requisitos fundamentales son tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kg y gozar de buena salud general. Es necesario presentar un documento de identidad (DNI o pasaporte) y no acudir en ayunas; se recomienda un desayuno ligero pero suficientemente hidratado.

 

Los hombres pueden donar 4 veces al año y las mujeres, 3, siendo requisito imprescindible dejar pasar al menos dos meses entre una y otra donación.

 

La médula ósea es la fábrica de la sangre de nuestro cuerpo y es también indispensable para la vida. No tiene nada que ver con la médula espinal, que es un conjunto de nervios que pasan por el interior de la columna vertebral y se encargan de transmitir los impulsos nerviosos que parten del cerebro al resto del cuerpo; coordina nuestros movimientos y reflejos.

 

La médula ósea es un tejido que se encuentra en el interior de los huesos largos y planos como el fémur, el esternón, hueso plano del cráneo y en la pelvis (crestas ilíacas). Está formada por células madre sanguíneas o progenitores hematopoyéticos; estas células madre tienen la capacidad de autorrenovarse (regenerarse) por lo que son inagotables. Por otra parte, tienen la propiedad de desarrollarse y especializarse dando lugar a los glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

 

Existen enfermedades que afectan a la médula ósea. En esos casos, los médicos intentan solucionar el problema con tratamientos que incluyen diferentes técnicas (quimioterapia, radioterapia, ingesta de fármacos y adquisición de hábitos saludables como la extrema higiene y una alimentación adecuada, sin productos crudos).

 

La mayoría de las veces ese fallo se corrige pero cuando la enfermedad persiste, es necesario sustituir la médula ósea del paciente por otra que funcione correctamente. Para hacerlo, ambas médulas óseas deben de ser compatibles. Existen dos técnicas para realizar el trasplante de médula ósea:

CARTEL DONACION DE MÉDULA 2026

La aféresis de sangre periférica es la más común (92% de los casos).  Es un proceso que consiste en extraer células progenitoras de la sangre periférica del donante. Se realiza a través de una máquina que separa las células sanguíneas que se necesitan, las reserva y reintegra al torrente circulatorio el resto de los componentes sanguíneos. Todo el proceso suele durar unas 3-4 horas que el donante pasa tendido en una camilla y no precisa ningún tipo de anestesia.

 

Los 4 días previos a la donación el donante debe de administrarse unas sustancias denominadas factores de crecimiento hematopoyético que provocan, de forma transitoria, el paso de células madre sanguíneas de la médula ósea a la sangre periférica.

 

Por su parte, la extracción directa de médula ósea se realiza a través de varias punciones en la parte posterior de la cresta ilíaca (hueso de la cadera), con el paciente dormido, se extrae la cantidad necesaria de progenitores hematopoyéticos. Se realiza en un quirófano bajo anestesia epidural o general; este procedimiento suele durar entre una y dos horas. Se precisa un  ingreso hospitalario de 24 a 48 horas.

 

Para ser donantes de médula lo primero que tenemos que hacer es inscribirnos. Los requisitos son tener entre 18 y 40 años y buena salud. Es recomendable ser donante de sangre. Para inscribirse, es preciso ir al Banco de Sangre y Tejidos de Aragón o a un punto donación de sangre organizado por el banco, firmar un consentimiento informado con tus datos personales y dejar que te tomen una muestra de sangre. En cuanto realicen el tipaje, introducirán tus datos con el resultado de tu médula ósea en una base de datos llamada Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) y tu médula estará disponible para cualquier persona del mundo que lo necesite ya que este registro está conectado con los registros que tienen otros países en el mundo. En cuanto una persona  necesite una médula ósea para seguir viviendo similar a la tuya te llamarán y se procederá a realizar la donación.

El agua con gas y sus posibles beneficios para la salud

El agua con gas y sus posibles beneficios para la salud

Sofía Pérez Calahorra

22 de marzo de 2026

Para En los últimos años, el creciente cuerpo de evidencia sobre los efectos negativos e las bebidas azucaradas, su progresiva pérdida de aceptación social ha impulsado cambios en los patrones de consumo. Cada vez más, los consumidores buscan opciones más saludables sin renunciar a características sensoriales o refrescantes de muchas bebidas.

En este contexto, el agua con gas ha emergido como una alternativa atractiva. Se trata de una bebida refrescante, sin aporte calórico ni azúcares añadidos, que mantiene la capacidad hidratante del agua sin gas y que, gracias a su efervescencia, puede incluso aumentar la sensación de saciedad y frescor.

Es importante indicar como el agua, en cualquiera de sus formas, constituye un elemento esencial en la alimentación diaria.

 

La composición del agua

 

El agua con gas es, esencialmente, agua a la que se ha añadido o contiene dióxido de carbono, formando ácido carbónico, responsable de su efervescencia y ligero sabor ácido. Al igual que sucede con el agua sin gas, la composición de su versión con gas puede presentar distintas composiciones minerales: cálcica, magnésica, sulfatada, sódica o clorurada, entre otras.

Su pH puede variar en función de su composición, aunque generalmente se sitúa en valores ligeramente ácidos debido al ácido carbónico. La mineralización depende del origen y la marca, por lo que resulta relevante revisar el etiquetado para conocer su contenido específico.

En cuanto a su capacidad de hidratación, la evidencia disponible sugiere que es comparable a la del agua sin gas, ya sea embotellada o del grifo. Asimismo, la presencia de minerales podría contribuir adicionalmente al equilibrio electrolítico.

La Organización Mundial de la Salud ha subrayado la importancia de la composición mineral del agua de consumo, destacando que las aguas con mayor contenido en minerales pueden contribuir al aporte diario de ciertos micronutrientes. En este sentido, algunas aguas con gas podrían representar una fuente complementaria de estos elementos.

 

 

Efectos potenciales del agua con gas sobre la salud

 

Los posibles beneficios del agua con gas parecen depender, en gran medida, de su composición mineral y de la cantidad consumida. No obstante, la evidencia aún es limitada y, en algunos casos, contradictoria.

 

Función gastrointestinal

Diversos estudios sugieren que el agua con gas puede mejorar la deglución, tanto en individuos sanos como en pacientes con disfagia, al estimular los músculos implicados en este proceso. Asimismo, podría contribuir a aliviar síntomas como dispepsia y estreñimiento, además de incrementar la sensación de saciedad.

Sin embargo, algunos trabajos han observado que el consumo de bebidas carbonatadas puede aumentar los niveles de ghrelina, hormona relacionada con el apetito, lo que podría favorecer una mayor ingesta alimentaria. Además, en determinadas personas puede provocar las molestias típicas como distensión abdominal o molestias digestivas, por la ingesta de gas.

 

Función urinaria y prevención de litiasis renal

Algunos estudios sugieren que el consumo regular de agua con gas, especialmente aquella rica en bicarbonato podría ayudar a prevenir la formación de cálculos renales al favorecer un pH urinario más alcalino y reducir la precipitación de oxalato cálcico.

No obstante, también se ha descrito que las bebidas carbonatadas podrían asociarse a un mayor riesgo de incontinencia urinaria en mujeres mayores, por lo que se requiere cautela en determinados grupos poblacionales.

 

Riesgo cardiovascular y salud metabólica

Una hidratación adecuada es fundamental para mantener la salud metabólica y cardiovascular. En este sentido, algunas investigaciones indican que las aguas minerales, incluidas las carbonatadas, podrían contribuir a la regulación de la presión arterial gracias a su contenido en magnesio, calcio y bicarbonato.

Asimismo, ciertos estudios han observado que el consumo regular de agua con gas podría reducir algunos marcadores de riesgo cardiometabólico, como el colesterol y la glucosa, aunque no se han evidenciado cambios significativos en el peso corporal, los triglicéridos o el índice de masa corporal.

 

Salud ósea y dental

En relación con la salud ósea, no se han encontrado efectos adversos asociados al consumo habitual de agua con gas, incluso en poblaciones de mujeres posmenopáusicas con mayor riesgo de osteoporosis.

En cuanto a la salud dental, el agua con gas puede tener un cierto riesgo potencial erosivo sobre el esmalte debido a su acidez y a la ausencia de fluoración. Sin embargo, este efecto es considerablemente inferior al de los refrescos azucarados y carbonatados, cuyo impacto negativo está ampliamente documentado.

 

En definitiva, aunque se necesita más investigación para comprender plenamente los efectos del agua con gas en función de su composición y origen, puede considerarse una alternativa saludable frente a las bebidas azucaradas.

Su consumo moderado puede contribuir a la hidratación y aportar minerales con posibles beneficios para la salud digestiva, renal y cardiovascular. No obstante, es recomendable individualizar su consumo, teniendo en cuenta la tolerancia digestiva y las necesidades específicas de cada persona, así como la composición del producto elegido.

Tu boca habla de tu salud

Tu boca habla de tu salud

Alba Solanas Estaje

20 de marzo de 2026

La cavidad oral no solo nos sirve para comer o sonreír. Constituye también una importante vía de observación del estado general del organismo. Numerosas enfermedades pueden manifestar sus primeras señales en la boca, permitiendo la entrada de microorganismos al tracto digestivo o respiratorio e incluso al torrente sanguíneo en determinadas circunstancias, lo que puede favorecer o agravar dichas patologías.

 

Por ello, la detección temprana de alteraciones en la cavidad oral puede influir de manera decisiva tanto en el diagnóstico como en la evolución de una enfermedad, marcando la diferencia entre una molestia leve y un problema de salud de mayor gravedad.

 

¿Has experimentado alguno de los siguientes síntomas? Estos son algunos de los más frecuentes y pueden alertarnos sobre enfermedades que comienzan de forma silenciosa y pasan inadvertidas en la boca.

 

Sangrado de las encías

 

El sangrado de encías es uno de los primeros síntomas que se manifiestan y, además, uno de los más evidentes. Este síntoma refleja la inflamación de la encía que se está cepillando, independientemente de que la técnica de cepillado sea correcta o no. Lo cual nos indica la posible presencia de patologías como gingivitis o periodontitis que se caracterizan por exceso de placa y sarro entre las encías y los dientes.

 

La gingivitis corresponde a la etapa inicial del proceso. En esta fase pueden aparecer dolor, escozor y sangrado de encías. Afortunadamente, es una condición reversible si se actúa a tiempo, combinando una buena técnica de cepillado en el domicilio tres veces al día con el uso de hilo dental, complementada con limpiezas mecánicas realizadas en la clínica dental. Existen pastas dentífricas y colutorios específicos para el cuidado de las encías que pueden ser recomendados por un profesional.

 

En el caso de la periodontitis o enfermedad periodontal, la enfermedad ha progresado a un estado avanzado y deja de ser reversible. La placa bacteriana alcanza tejidos profundos como el periodonto —las estructuras que sostienen los dientes— y el hueso alveolar, donde estos se insertan. Esta fase implica pérdida de encía y de hueso, daños que no pueden recuperarse. Esta enfermedad debe ser tratada por un especialista en periodoncia, mediante procedimientos como el raspado y alisado radicular, seguido de controles periódicos cada tres a seis meses. A ello se suma la misma rutina preventiva indicada en la fase inicial.

 

Estas patologías guardan una estrecha relación con enfermedades cardiovasculares y con la diabetes, por lo que su detección y manejo oportunos son fundamentales.

 

Movilidad dental o cambios en la posición de los dientes

 

En personas adultas, los dientes no deberían moverse. Cuando esto ocurre, suele indicar una pérdida de hueso alveolar, estructura encargada de sostener el diente. La causa más frecuente es la enfermedad periodontal en estado avanzado. Esta movilidad puede acompañarse de la aparición de espacios interdentales que anteriormente no existían, o de cambios en la mordida como consecuencia del desplazamiento dental.

 

Halitosis: mal aliento

 

En ocasiones, la halitosis puede aparecer tras la ingesta de determinados alimentos, pero cuando se mantiene en el tiempo puede ser indicativa de enfermedades de las encías —como las mencionadas previamente—, caries no visibles, sequedad bucal o incluso de alteraciones sistémicas, entre ellas trastornos digestivos como el reflujo gastroesofágico o afecciones respiratorias como la sinusitis crónica.

 

Existen diferentes medidas que nos ayudan a combatir este problema y a no a enmascararlo. Entre ellas se encuentran dentífricos y colutorios específicos, espráis bucales de efecto mentolado, tiras refrescantes, así como complementos en forma de cápsulas diseñadas para neutralizar olores.

 

La mejora también depende en gran medida del nivel de higiene oral. Cuando se eliminan los restos bacterianos y alimenticios de toda la cavidad bucal —incluyendo mucosas, lengua y espacios interdentales—, el problema suele disminuir de manera notable.

 

Sensibilidad dental: sensación de latigazo

 

La sensibilidad dental puede parecer un síntoma inofensivo, pero con frecuencia revela desgaste dental, retracción gingival o caries en fases iniciales. Estas alteraciones dejan expuestas partes internas del diente como el cuello o la dentina, lo que provoca esta sensación característica.

 

Detectar este problema a tiempo permite realizar tratamientos más sencillos y menos invasivos. Cuando no se actúa de manera temprana, la situación puede evolucionar hacia escenarios más complejos y delicados, cuya resolución resulta menos favorable.

 

Aftas: llagas o heridas en la boca

 

Las aftas, también conocidas como llagas o úlceras bucales, deberían desaparecer de la cavidad oral en un máximo de 7 a 10 días. Cuando aparece una lesión aislada de este tipo, suele relacionarse con una bajada de defensas del organismo, temporadas de estrés, pequeños traumatismos como mordeduras, cambios hormonales, ingesta de alimentos muy ácidos o picantes, carencia de vitamina B12 o hierro. Para aliviar estas molestias, se pueden utilizar productos específicos, como geles o pomadas protectoras y colutorios formulados con ácido hialurónico o clorhexidina, siempre siguiendo la indicación de un profesional. Todo ello debe acompañarse de una adecuada higiene oral.

 

Si una lesión en la mucosa persiste durante más de dos semanas, es recomendable que sea evaluada por un especialista, ya que, aunque es poco frecuente, podría tratarse de un cáncer oral, cuya detección precoz resulta clave para una mejor evolución en el proceso.

 

Xerostomía o sequedad de boca

 

La falta de saliva no solo resulta incómoda, sino que puede constituir un problema. La saliva desempeña un papel esencial en la protección frente a bacterias y en la prevención de caries. Gracias a su composición química y a su función de arrastre, neutraliza bacterias, facilita la digestión y actúa como lubricante natural de la cavidad oral.

 

Cuando la producción de saliva disminuye, puede aumentar el riesgo de padecer infecciones orales, dificultad de deglución o el habla, así como la aparición de caries de mayor tamaño en menor tiempo. La xerostomía también puede estar asociada a enfermedades sistémicas, situaciones de estrés o al uso de determinados fármacos que provocan sequedad bucal como efecto secundario.

 

Para el alivio de la falta de saliva, pueden emplearse diversas medidas, como mantener una hidratación constante, masticar chicles o tomar caramelos sin azúcar y utilizar productos específicos de tipo espray, gel, colutorios formulados para la xerostomía, que favorecen la lubricación de la mucosa oral. Del mismo modo, es fundamental extremar la higiene bucodental y evitar alimentos irritantes.

 

Conclusión

 

Para mantener una adecuada salud bucodental, es fundamental que la cavidad oral se encuentre libre de las alteraciones. Como se ha descrito anteriormente, las enfermedades relacionadas con los síntomas de la boca producen señales y avisan con antelación, por lo que actuar a tiempo es primordial, ya que la prevención resulta más sencilla, menos invasiva y más económica que el tratamiento de problemas avanzados.

 

Una pauta básica resume este principio: ante cualquier síntoma, es necesario acudir a una revisión profesional. Además, conviene recordar los tres pilares fundamentales para preservar la salud oral. Higiene bucodental rigurosa, incluyendo cepillado adecuado y limpieza interdental. Dieta equilibrada baja en azúcares para reducir el riesgo de caries y otras patologías. Revisiones odontológicas al menos una vez al año, incluso en ausencia de síntomas.

 

El Día Mundial de la Salud Bucodental no es únicamente una fecha simbólica, sino un recordatorio de que la prevención está en nuestras manos.