Mucho más que cafeína: el café y su impacto para la salud

Mucho más que cafeína: el café y su impacto en la salud

Sofía Pérez Calahorra

1 de octubre de 2025

El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, con más de 2.000 millones de tazas al día. Se obtiene a partir de las semillas tostadas y molidas de la planta Coffea (principalmente Coffea arábica y Coffea canephora o robusta). Su preparación consiste en la extracción con agua caliente de compuestos solubles presentes en el grano tostado, dando lugar a una infusión de sabor característico, aroma intenso y efectos estimulantes.

Más allá de la popularidad de su efecto estimulante, su elixir se debe a un complejo perfil químico, que incluye más de 1.000 compuestos identificados entre los que contiene cafeína, polifenoles (ácidos clorogénicos) entre otros, diterpenos, trigonelina, melanoidinas, minerales, vitaminas y otros compuestos bioactivos. Esta combinación explica tanto sus propiedades sensoriales como sus posibles efectos sobre la salud.

La concentración de estos compuestos puede variar notablemente según de una serie de factores, como factores agrícolas, procesamiento comercial (tostado, descafeinación, molienda o liofilización), y condiciones de preparación (temperatura del agua, tiempo de preparación o tipo de filtrado).

Componentes bioactivos del café

Cafeína

La cafeína es el componente bioactivo más reconocido y estudiado.  Es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo. Una taza promedio contienen alrededor de 75 mg de cafeína dependiendo del tipo de café y método de preparación.

Su principal mecanismo de acción se debe a que actúa como antagonista de receptores de adenosina (A1 y A2A), promoviendo el estado de alerta, la concentración y mejorando el rendimiento físico. Además, parece tener efectos sobre el metabolismo lipídico y la función vascular.

La evidencia sugiere que un consumo moderado de cafeína (hasta 600 mg/día) no incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, arritmia e insuficiencia cardíaca en aquellos que consumen cafeína regularmente. Asimismo, un reciente metaanálisis demostró una relación no lineal entre la cafeína y la presión arterial (un factor de riesgo clave para las ECV); esto se traduce a que no solamente la dosis de cafeína es la causante del aumento de las cifras de tensión arterial, y es necesario analizar todos los factores que pueden influir

Ácidos clorogénicos (CGA)

Los ácidos clorogénicos son los polifenoles más abundantes del café tostado. Tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias e incluso modulan enzimas relacionadas con el metabolismo glucídico, aumentan la disponibilidad de óxido nítrico y contribuyen a la mejora de la función endotelial, por lo que favorecen la salud metabólica y cardiovascular.

Diterpenos (cafestol y kahweol)

El cafestol y kahweol son diterpenos naturales, son ésteres grasos presentes en mayor cantidad en el café no filtrado. Se les atribuyen efectos hepatoprotectores y moduladores de enzimas detoxificadoras aunque el cafestol puede elevar el colesterol LDL. Por ello, se recomienda el café filtrado en papel en personas con dislipemias y riesgo cardiovascular.

Trigonelina

Es un alcaloide derivado del metabolismo de niacina y se ha asociado con efectos antioxidantes y moduladores del microbioma intestinal.

Melanoidinas y productos del tueste

Estos compuestos se forman durante la reacción de Maillard en el proceso de tostado. Poseen propiedades antioxidantes y prebióticas, sin embargo, un tueste muy intenso puede reducir el contenido de polifenoles y favorecer la formación de compuestos indeseables como la acrilamida.

 

Beneficios del consumo de café: ¿qué dice la ciencia?

Mortalidad y longevidad

Los estudios observacionales y metaanálisis sugieren que el consumo regular de café se asocia con un menor riesgo de mortalidadpor todas las causas, mostrando un efecto protector que parece más evidente con consumo moderado.

Salud cardiovascular

Aunque inicialmente se pensaba que la cafeína aumentaba el riesgo coronario, hoy se sabe que el consumo moderado de café (3–5 tazas/día) se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad . En personas hipertensas o sensibles a la cafeína puede producirse un aumento transitorio de la presión, aunque este efecto disminuye en quienes consumen café habitualmente.

Metabolismo glucídico y Diabetes tipo 2

El café, con o sin cafeína, se relaciona con un menor riesgo de diabetes tipo 2, posiblemente a la acción de los ácidos clorogénicos, que mejoran la sensibilidad a la insulina y modulan el metabolismo de la glucosa.

Enfermedades hepáticas

La evidencia es sólida: el consumo de café se vincula con un menor riesgo de enfermedad hepática crónica, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

Neuroprotección

Estudios epidemiológicos sugieren que el café podría reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y el deterioro cognitivo, gracias a sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y de modulación de neurotransmisores.

Cáncer

Se ha observado que un mayor consumo de café está asociado a tasas más bajas de cáncer (como colon y recto, mama, endometrio, hígado). Sin embargo, en varios tumores los resultados son contradictorios, por lo que se requiere más investigación. Los mecanismos involucrados incluyen efectos antimutagénico, antioxidantes y quimiopreventivo. Estos efectos parecen estar relacionados con las vías reguladas por el factor nuclear eritroide 2 (Nrf2) que se dirigen al estrés oxidativo o las vías que inducen especies reactivas de oxígeno para matar a las células enfermas (principalmente terapéuticas), incluso influyen en las vías epigenéticas y el microbioma intestinal.

 

Preparación del café: claves para obtener sus beneficios

El método de preparación influye en la composición final de la bebida:

  • Café filtrado con papel: retiene diterpenos (componentes lipídicos), y reduciendo su concentración por lo que se recomienda para personas con dislipemia o riesgo cardiovascular.
  • Tueste medio o ligero: conserva más polifenoles como ácido clorogénico, que los tuestes oscuros.
  • Café Expresso: concentra cafeína y mayor cantidad de compuestos solubles.
  • Descafeinado: conserva la mayoría de los compuestos bioactivos, ofreciendo beneficios similares al café regular, pero sin cafeína.
  • Añadidos: moderar el uso de azúcar, jarabes y cremas ricas en grasa, etc., ya que reducen la mayor parte de los beneficios metabólicos.

En definitiva, el café es mucho más que una bebida estimulante, se trata de una bebida rica en compuestos bioactivos con beneficios para la salud, que van desde la reducción del riesgo de enfermedades crónicas (cardiovasculares, hepáticas, neurodegenerativas y algunos cánceres) hasta la mejora del rendimiento cognitivo y físico. Su consumo moderado (3–5 tazas/día), acompañado de un método de preparación adecuado, son claves para aprovechar sus beneficios y minimizar riesgos.

De la investigación a la práctica clínica: Por qué los ensayos clínicos son imprescindibles

De la investigación a la práctica clínica: por qué los ensayos clínicos son imprescindibles

Alba Medina Castillo

24 de septiembre de 2025

El camino de un tratamiento contra el cáncer hasta los hospitales es largo, empieza en el laboratorio y pasa por años de estudios preclínicos que evalúan su seguridad y eficacia. El momento clave ocurre cuando los tratamientos llegan por primera vez a los pacientes a través de los ensayos clínicos (EECC), la puerta que transforma la investigación en práctica clínica. Cada fármaco disponible hoy en día en oncología ha seguido este proceso. Por eso, en el Día Internacional de la Investigación en Cáncer es importante reflexionar sobre qué son los ensayos clínicos y qué implican para los pacientes.

 

Una decisión libre en un contexto difícil

Participar en un ensayo clínico siempre debe ser un acto voluntario. Ningún paciente puede ser incluido sin antes haber recibido información clara sobre los riesgos, los posibles beneficios y las alternativas disponibles. Eso es lo que se conoce como decisión y consentimiento informados.

Sin embargo, en oncología muchas veces esta decisión se toma en situaciones complicadas. Hay personas que llegan a un ensayo porque los tratamientos convencionales ya no funcionan, y entonces esta puede ser la única opción disponible. Otras lo eligen como una de varias alternativas junto a otros tratamientos estándar. Esto nos recuerda que los EECC no son solo un paso en la investigación, sino también una oportunidad real tanto para quienes ya no tienen más opciones como para quienes buscan acceder a terapias innovadoras. En estas situaciones, la autonomía del paciente convive con la presión que impone la enfermedad. Por eso es fundamental contar con un marco ético sólido que garantice que la decisión no esté condicionada por presiones indebidas ni por falsas expectativas.

 

Lo que nos enseñó la historia

No siempre existieron estas garantías. La historia de la investigación médica, fue atroz y recuerda episodios en los que se avanzó a costa de los derechos humanos. Uno de los más conocidos es el experimento de Tuskegee, en Estados Unidos, donde durante cuarenta años se negó tratamiento a cientos de hombres afroamericanos con sífilis para observar la evolución de la enfermedad. También hubo ensayos realizados sobre prisioneros o colectivos vulnerables sin su consentimiento.

Estos abusos marcaron un antes y un después. La comunidad internacional se organizó para crear normas éticas que protegiesen a los pacientes. La más influyente es la Declaración de Helsinki, redactada en 1964 por la Asociación Médica Mundial, que estableció principios que hoy siguen vigentes: la primacía del bienestar del paciente sobre cualquier interés científico, la necesidad del consentimiento informado y la supervisión independiente de los estudios. Estos principios se han actualizado para responder a nuevos dilemas, la ciencia nunca debe avanzar a costa de las personas.

 

Cómo funcionan los EECC

Aunque hablamos de ellos de forma general, no todos los EECC son iguales. Cada fase cumple una función distinta en la construcción de evidencia:

  • Fase I: primera administración en humanos, pocos participantes, para estudiar la seguridad.  
  • Fase II: mayor número de participantes, se evalúa la eficacia y la dosis óptima.
  • Fase III: se verifica la eficacia, requiere miles de participantes para obtener datos sólidos en su autorización.
  • Fase IV: seguimiento del fármaco una vez aprobado por las agencias reguladoras, para detectar efectos poco frecuentes o tardíos.

Este proceso refleja que la ciencia avanza de manera gradual, sumando evidencia paso a paso antes de llegar a la sociedad.

 

Retos actuales: ciencia y equidad

Aunque los EECC son hoy más seguros y regulados, todavía enfrentan desafíos importantes. Uno de ellos es la diversidad de los pacientes. En fases iniciales suele ser seleccionarse a personas con pocas enfermedades añadidas, para poder estudiar los efectos del fármaco en condiciones más controladas. Con el avance a fases posteriores, se amplía la inclusión para reflejar la realidad clínica, incluyendo a pacientes más diversos.

La representación racial y étnica también es un reto. Garantizar la diversidad es esencial para comprobar si existen diferencias en la respuesta a los tratamientos. Algunos promotores estadounidenses exigen a los investigadores un compromiso explícito de no excluir a personas de minorías históricamente infrarrepresentadas.

Otro desafío es la desigualdad en el acceso. No todos los hospitales participan en EECC, por lo que la posibilidad de acceder a terapias innovadoras depende del lugar de residencia y de la red sanitaria disponible. Para facilitar la búsqueda, existen plataformas como EU Clinical Trial Register o ClinicalTrials.gov donde los pacientes pueden consultar los ensayos autorizaos en distintos países.

Por último, los altos costes de la investigación, en ocasiones, condicionan qué proyectos se priorizan, dejando en segundo plano cánceres menos frecuentes o tratamientos con mecanismos más complejos.

 

Nuevas oportunidades

A pesar de estos retos, surgen nuevas oportunidades que están transformando la investigación en cáncer. La medicina de precisión, que busca tratamientos personalizados según el perfil genético de cada paciente, impulsa ensayos más adaptativos. Las plataformas digitales y la telemedicina permiten incluir pacientes que antes quedaban excluidos por barreras geográficas o logísticas. Además, la colaboración internacional, reforzada durante la pandemia, ha demostrado que compartir datos y recursos acelera los avances y mejora la solidez de los resultados.

Otro aspecto positivo es la participación de pacientes, familiares y asociaciones, que cada vez tienen más voz en el diseño de los estudios. Su implicación asegura que las investigaciones tengan en cuenta las necesidades reales de quienes viven con la enfermedad, humanizando la investigación.

 

Los pacientes, en el centro

Nada de esto sería posible sin la generosidad de los pacientes que aceptan participar. Cada persona que entra en un ensayo clínico lo hace en un contexto de incertidumbre, asumiendo riesgos y confiando en que la ciencia pueda ofrecerle una oportunidad. Su decisión no solo tiene un valor individual, sino también colectivo: contribuye a generar conocimiento que beneficiará a otros en el futuro.

 

Un esfuerzo compartido

Los EECC oncológicos requieren la colaboración de muchos profesionales en todas sus etapas: investigadores clínicos, coordinadores, monitores, farmacéuticos, enfermeras, técnicos de laboratorio e imagen, bioestadísticos, epidemiólogos, bioinformáticos y comités éticos, sin olvidar a quienes contribuyeron en las etapas previas.

Estos estudios son, en esencia, un esfuerzo colectivo. Gracias a él, cada ensayo clínico no solo genera conocimiento, sino que también abre puertas a tratamientos innovadores y ofrece alternativas para quienes conviven con cáncer.

Ocupaciones significativas y reserva cognitiva: Claves para prevenir o retrasar el Alzheimer

Ocupaciones significativas y reserva cognitiva: Claves para prevenir o retrasar el Alzheimer

Estela Calatayud Sanz

21 de septiembre de 2025

El progresivo envejecimiento de la población mundial es uno de los mayores retos de nuestra época. Vivimos más años que nunca y, con ello, aumenta la incidencia de enfermedades asociadas a la edad. Entre ellas, el Alzheimer representa un desafío de enorme magnitud, no solo por su impacto en la vida de quienes lo padecen, sino también por la carga que supone para las familias y los sistemas de salud. La Organización Mundial de la Salud estima que, en el mundo, hay más de 55 millones de personas con demencia, y que esta cifra podría duplicarse para 2050. Ante la ausencia de un tratamiento curativo, la investigación y la práctica clínica han puesto el foco en la prevención y en el retraso de la aparición de los síntomas, donde la promoción de la salud a través de las ocupaciones significativas juega un papel fundamental.

 

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente a la memoria, el lenguaje y las funciones ejecutivas. Aunque existen factores de riesgo que no podemos modificar, como la edad o la genética, hay otros sobre los que sí podemos intervenir. Diversos estudios han mostrado que el nivel educativo, la estimulación cognitiva, la actividad física regular, el control de enfermedades cardiovasculares y la participación social son determinantes a la hora de reducir el riesgo de desarrollar demencia. En este contexto surge el concepto de reserva cognitiva, definido como la capacidad del cerebro para compensar el daño neuropatológico y mantener el funcionamiento cognitivo durante más tiempo. En otras palabras, es un colchón protector que no evita la enfermedad, pero sí puede retrasar sus manifestaciones clínicas y favorecer una mejor calidad de vida.

 

La reserva cognitiva se construye a lo largo de toda la vida y está estrechamente vinculada a nuestras ocupaciones. Investigaciones recientes, como las publicadas en Alzheimer’s & Dementia y en Neurology, muestran que las personas con trayectorias vitales ricas en actividades educativas, laborales y recreativas presentan menor riesgo de demencia. Por ejemplo, un seguimiento de seis años en adultos mayores sin demencia evidenció que quienes acumulaban más factores relacionados con la reserva cognitiva (educación, ocupación compleja y ocio activo) mantenían un deterioro cognitivo significativamente más lento. Del mismo modo, un estudio longitudinal con más de 1.500 personas con demencia leve halló que aquellas con mayor reserva inicial presentaban mejor cognición, menos dificultades funcionales y mayor calidad de vida, incluso dos años después del diagnóstico. Estos datos nos indican que nunca es tarde para invertir en experiencias que estimulen nuestro cerebro y que aporten significado a nuestras vidas.

 

Como terapeuta ocupacional, he constatado con mi experiencia clínica cómo las ocupaciones moldean la salud cerebral. En la infancia y la juventud, la escolarización, el juego, la práctica de deportes, el aprendizaje de música o idiomas son actividades que siembran las bases de una mente flexible y resistente. En la edad adulta, el desempeño laboral, especialmente cuando implica retos intelectuales, resolución de problemas o interacción social, fortalece las conexiones neuronales. Paralelamente, la participación en actividades comunitarias, el mantenimiento de hobbies y la práctica regular de ejercicio físico añaden nuevas capas de protección. En la vejez, el voluntariado, la lectura, los juegos de mesa, la artesanía o incluso el aprendizaje de tecnologías digitales no solo mantienen la mente activa, sino que también sostienen la identidad, la autoestima y la pertenencia social, elementos esenciales para un envejecimiento saludable.

 

Hablar de prevención del Alzheimer desde la terapia ocupacional no significa recomendar únicamente ejercicios de memoria o actividades aisladas. Se trata de favorecer la participación en ocupaciones significativas que integren lo cognitivo, lo físico, lo social y lo emocional. Cuando una persona encuentra sentido en lo que hace, su motivación aumenta, y con ello la constancia y los beneficios para la salud. Por ejemplo, una persona mayor que se implica en un taller de huerto comunitario no solo ejercita la memoria y la planificación, sino también la movilidad, la coordinación, la interacción social y el sentimiento de utilidad. Esa combinación es mucho más poderosa que cualquier tarea mecánica y aislada.

 

La reserva cognitiva se alimenta de la curiosidad, de la apertura a nuevas experiencias y del compromiso con la vida cotidiana. No debemos pensar que a cierta edad ya es tarde para cambiar. La evidencia demuestra que incluso en etapas avanzadas de la vida, incorporar nuevas rutinas de actividad física, ampliar la vida social o aprender habilidades novedosas repercute positivamente en la salud cerebral. La clave está en mantenernos activos, en todos los sentidos, y en buscar ocupaciones que nos llenen y nos reten de manera equilibrada.

 

El Alzheimer no solo afecta al cerebro, también transforma la vida entera de quien lo padece y de sus cuidadores. Pero si como sociedad apostamos por entornos que favorezcan el acceso a la educación, a trabajos estimulantes, a actividades culturales y comunitarias, estaremos contribuyendo a construir cerebros más resistentes y comunidades más solidarias. Cada persona, desde su infancia hasta su vejez, puede sumar a su reserva cognitiva a través de elecciones cotidianas: leer un libro, caminar con amigos, tocar un instrumento, resolver crucigramas, bailar, conversar, aprender algo nuevo. Son gestos simples, pero sostenidos, que en conjunto marcan la diferencia.

 

El 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, nos invita a reflexionar y a actuar. La prevención no depende únicamente de los sistemas de salud, sino de una mirada amplia que integre la educación, la cultura, la actividad física y el bienestar social. Como terapeutas ocupacionales sabemos que el hacer nos define y nos sostiene; nuestras ocupaciones no son solo tareas, sino la vía por la cual construimos nuestra identidad y nuestra salud. En ese hacer cotidiano está también la posibilidad de prevenir, de retrasar o de suavizar el impacto del Alzheimer. Y es ahí donde radica la esperanza: en vivir cada etapa de la vida de forma activa, significativa y compartida.

Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar

Mordeduras de serpiente: Qué hacer y cómo actuar

Juan José Aguilón Leiva y Antonio Manuel Torres Pérez

19 de septiembre de 2025

Durante los últimos años, el elevado consumo de drogas de abuso y la expansión de la industria química y farmacéutica han determinado la naturaleza y la frecuencia de las exposiciones humanas a sustancias peligrosas. Pese a la continua irrupción de nuevos fármacos, drogas o compuestos químicos, es importante recordar que, la mayoría de estos venenos proceden del entorno natural y que, en realidad, las personas hemos convivido con ellos desde siempre, formando parte de nuestra historia y de nuestra relación con el medio que nos rodea.

 

Así, el binomio que forman el ser humano y la toxicología está repleto de anécdotas. Por citar algunos ejemplos, es posible recordar cómo acabó la historia de amor entre Romeo y Julieta o los fallecimientos de Sócrates, Cleopatra y otros muchos. En relación a la figura de la célebre y última reina de Egipto, según la tradición, eligió poner fin a su vida mediante una mordedura de una víbora, símbolo del poder letal que encierra la naturaleza.

 

En la actualidad, las mordeduras de serpiente representan una realidad muy diferente a la que marcó el destino de Cleopatra. En España, las urgencias relacionadas con un envenenamiento causado por la mordedura de una serpiente autóctona son poco frecuentes, aunque potencialmente graves. Cataluña se sitúa como la comunidad autónoma que concentra el mayor número de casos, con una media cercana a 130 al año. En contraste, otras regiones más pequeñas como Teruel registran tan solo entre 2 y 3 episodios anuales.

 

La mayor parte de estos contactos se concentran entre finales de marzo y comienzos de noviembre, especialmente durante los meses de verano, cuando las serpientes autóctonas se encuentran en plena actividad. El resto del año, en cambio, permanecen en un estado comparable a la hibernación de ciertos mamíferos.

 

La mayoría de los incidentes ocurren al caminar por el campo y cruzarse accidentalmente en la trayectoria de la serpiente, lo que suele provocar la mordedura en el pie o el tobillo. En otras ocasiones, se incurre en el error de acercarse demasiado para obtener una buena fotografía o, aún más arriesgado, al cogerlas con la mano. En ese caso, la mordedura suele localizarse en los dedos y con frecuencia hay 2-3 mordiscos, lo que incrementa considerablemente la gravedad potencial.

 

En España hay dos grandes familias de ofidios: las culebras (en su mayoría no son venenosas) y las víboras (todas venenosas). Entre las especies más conocidas destacan la culebra bastarda, la culebra de cogulla y, dentro de las víboras, la áspid, la hocicuda y la de Seoane. Conviene señalar que, una serpiente venenosa puede morder sin llegar a inyectar veneno (sustancia que es potencialmente neurotóxica), pues este se localiza en los colmillos posteriores, lo que obliga al animal a realizar varios intentos hasta conseguir inocularlo. En el escenario más favorable, si pasados 20-30 minutos, la zona afectada no muestra signos inflamatorios, edema ni dolor, es probable que se trate de una “mordedura seca”. En cambio, la presencia temprana de inflamación, edema y dolor intenso, tanto a la palpación como al movimiento, indica que el veneno sí ha sido inoculado.

 

Si una persona sufre la mordedura de una serpiente venenosa, es importante mantener la calma y buscar atención médica de forma inmediata. La persona afectada debe permanecer en reposo, inmovilizando la extremidad mordida para ralentizar la propagación del veneno, y aplicar frío local sin contacto directo con la piel. También es recomendable retirar anillos, pulseras o calzado, ya que el edema puede aumentar rápidamente y producirse un efecto torniquete. La herida no debe manipularse: basta con cubrirla de manera limpia y evitar movimientos innecesarios hasta llegar a un centro sanitario. En el caso de querer lavar y desinfectar la zona, es recomendable realizar una limpieza inicial suave de la herida con agua y jabón, seguido de un antiséptico incoloro, que no tiña la piel, y así no dificultar la evaluación posterior de la zona.

 

Por el contrario, nunca deben aplicarse torniquetes, ni realizar cortes o succión sobre la mordedura, ya que estas prácticas aumentan el riesgo de infección, suponen un riesgo añadido para el paciente y la persona que las realiza, así como una pérdida de tiempo. Tampoco conviene consumir alcohol, café u otros estimulantes, ni intentar capturar al animal a mano, pues se corre el riesgo de una segunda mordedura. En definitiva, actuar con serenidad, inmovilizar la zona y acudir lo antes posible a un hospital son las medidas más seguras y eficaces.

La calidad del agua y la salud

La calidad del agua y la salud

Mireya García-Gracia y Nadia Larumbe

18 de septiembre de 2025

El agua y su relevancia

 

El agua es un recurso fundamental para la supervivencia de los seres vivos. En la actualidad, pese a que su acceso ha aumentado, todavía hay millones de personas que no tienen cerca una fuente de agua potable, situación que se puede agravar si éstas terminan contaminadas debido a la existencia de escasas infraestructuras de saneamiento. Además, debido al cambio climático, las potenciales sequías y nuevos focos de contaminación por extensión de la zona endémica de parásitos y otros contaminantes biológicos, convierten el agua en un bien preciado por el que muchas personas se pueden ver forzadas a migrar en el futuro. En los países con PIB per cápita alto, es más habitual el acceso a fuentes de agua potable, pero no por ello están exentos de brotes infecciosos cuando no se atiende de forma adecuada a los controles de calidad.

 

Mecanismos de control calidad del agua: depuradoras y potabilizadoras

 

En España, para el abastecimiento de las poblaciones, el agua se potabiliza en las estaciones de tratamiento de aguas potables (ETAP), donde pasa por una serie de tratamientos hasta lograr una calidad y seguridad adecuada para el consumo humano. Tras su uso, las aguas residuales se dirigen a las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR), donde se aplican las medidas oportunas para permitir su vertido nuevamente al medio acuático con una calidad suficientemente buena para no alterar la de los cursos de agua naturales. Debido a la escasez y al crecimiento de las poblaciones aumenta la demanda de agua, por lo que su reutilización es una práctica cada vez más frecuente. Para ello, tras la depuración de las aguas, estas pueden pasar por procesos adicionales que permiten su reutilización para fines agrícolas, industriales o recreativos, como aguas regeneradas.

 

De acuerdo con la normativa vigente, en las ETAP las aguas se someten a tratamientos fisicoquímicos para garantizar la seguridad química y microbiológica. Para medir su calidad se utilizan indicadores de contaminación fecal, como el recuento de coliformes totales, Escherichia coli, enterococos, y Clostridium perfringens. Se ha establecido un límite de Legionella presente en el agua potable, puesto que esta bacteria puede ocasionar infecciones respiratorias graves y se ha observado un aumento de los brotes de legionelosis, especialmente en los países mediterráneos. En ciertos casos se analiza la presencia de Cryptosporidium u otros microorganismos que señale la autoridad sanitaria por su implicación en brotes infecciosos.

 

En las EDAR, se controlan una serie de parámetros físicoquímicos que permiten un vertido seguro de las aguas de nuevo a su fuente original. Sin embargo, no se han marcado criterios de control microbiológico del agua, puesto que se asume que los patógenos fecales disminuyen su concentración al encontrarse fuera de su hábitat. En el caso de que el destino de las aguas vaya a ser la regeneración, sí que se deben cumplir una serie de requisitos microbiológicos para un reuso seguro. Entre estos parámetros encontramos sobre todo patógenos intestinales como nemátodos, Escherichia coli, Taenia saginata, Taenia solium y Salmonella, cuyo consumo puede producir enfermedades digestivas, o Legionella, cuando existe riesgo de aerosolización en el uso previsto del agua regenerada. En cualquier caso, los límites establecidos dependen del uso final del agua regenerada.

 

Contaminantes emergentes

 

En los últimos años han empezado a considerarse nuevos contaminantes que comprometen la salud de los seres vivos y del medioambiente, los denominados contaminantes emergentes, que se suman a los que se controlan habitualmente. No están contemplados en las normativas actuales, pero gracias a los avances en las técnicas de análisis químico y biológico, se pueden detectar en pequeñas concentraciones. Es relevante destacar que incluso a bajos niveles pueden causar importantes afecciones en la salud humana.

 

Como ejemplos de estos contaminantes encontramos los plaguicidas, algunos compuestos industriales y fármacos; en este último grupo son de especial relevancia los disruptores endocrinos y los antibióticos. Se encuentran en concentraciones muy pequeñas en las aguas, pero su presencia puede ocasionar problemas en la fauna que habita en los cursos de agua, en la población que la utiliza y en las bacterias del medio natural que generan resistencia a antibióticos y sufren selección de aquellas más resistentes. En hospitales y centros sanitarios, es especialmente importante esta problemática, y se vigila la presencia de bacterias como Pseudomonas aeruginosa, debido a su alta resistencia al tratamiento y su elevada patogenicidad en el sistema respiratorio.

 

Estos contaminantes no se eliminan por las técnicas convencionales de tratamiento del agua y pueden acumularse en la naturaleza tanto de forma libre como en reservorios ambientales, pudiendo ser después reconducidos de nuevo a las redes de suministro de agua de la población.

 

Este tema es tan relevante que, a nivel de europeo, se están invirtiendo esfuerzos en detectar antibióticos y bacterias potencialmente resistentes, así como sus posibles reservorios ambientales en zonas clave para su vigilancia. En la Universidad de Zaragoza, el grupo Agua y Salud Ambiental participa en los proyectos EMERGENTcy (POCTEFA) e INPATBIOTICS (AEI), contribuyendo a investigar la presencia de estos contaminantes y su posible eliminación y los posibles reservorios en los sistemas acuáticos.

 

Mensaje para llevarse a casa

 

El agua tiene un rol esencial en la regulación del medioambiente y en la salud de humanos y animales. Es, por tanto, imprescindible que el control de su calidad se lleve a cabo por los cauces adecuados y sea lo más exhaustivo que las tecnologías y el sentido común permitan. Esto es una labor que ayuda a prevenir enfermedades, permite la reutilización de los recursos hídricos de forma segura y contribuye a paliar el deterioro medioambiental por el uso antropogénico del agua.

 

De esta forma, el control de la calidad del agua tiene un papel fundamental desde una perspectiva de Salud Global, ya que su impacto sobre el medioambiente influye directamente sobre la salud humana y animal. La regeneración de las aguas con un control de calidad adecuado permite la reutilización de este recurso limitado, consolidando su correcto aprovechamiento y disponibilidad para generaciones futuras

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente

María Teresa Fernández Rodrigo

17 de septiembre de 2025

La seguridad, según la Real Academia Española de la Lengua, se define como “la cualidad de estar libre de peligro o la imposibilidad de fallo”. En el ámbito sanitario, el concepto de seguridad del paciente se refiere a “la ausencia de daños prevenibles durante la atención, así como a la reducción del riesgo de producir perjuicios innecesarios hasta un nivel considerado aceptable”.

 

Cada 17 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. En 2025, el lema escogido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es “Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños”, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de garantizar una atención libre de daños desde el inicio de la vida y promover medidas específicas en el ámbito pediátrico y neonatal.

 

La literatura científica ha mostrado que la vulnerabilidad de los pacientes pediátricos incrementa la probabilidad de sufrir errores o eventos adversos, especialmente en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Los incidentes más reportados en este contexto incluyen errores de medicación —también en nutrición—, fallos en el tratamiento, problemas de identificación del paciente y complicaciones durante procedimientos diagnósticos. Identificar las causas de estos errores y diseñar estrategias eficaces para evitarlos constituye un desafío central para los sistemas de salud.

 

En este proceso, las instituciones sanitarias desempeñan un papel fundamental. Detectar errores internos, implementar programas de mejora y promover una cultura organizativa orientada a la seguridad resulta imprescindible. Sin embargo, existe un factor que merece especial atención: la participación activa del paciente y sus familias.

 

Alfabetización en salud:  más que información, una herramienta de seguridad

 

La alfabetización en salud se reconoce hoy como un elemento clave en la seguridad del paciente. No se limita a la capacidad de leer información médica, sino que abarca la comprensión, la evaluación crítica e incluso la posibilidad de cuestionar indicaciones clínicas.

 

Diversos estudios han demostrado que la ausencia de estrategias de comunicación adaptadas al nivel de alfabetización de pacientes y familias puede derivar en errores graves. Confusiones en los nombres de medicamentos, instrucciones poco claras, múltiples indicaciones contradictorias o dificultades para comprender el alta médica, son situaciones que incrementan el riesgo de incidentes. Estas barreras afectan especialmente a la población pediátrica, donde la seguridad depende de la correcta actuación de padres o cuidadores.

 

Por el contrario, cuando los pacientes y sus familias alcanzan un nivel adecuado de alfabetización en salud, aumenta su disposición a participar de forma activa: formulan preguntas, verifican información sobre medicamentos o procedimientos y, en algunos casos, llegan a detectar errores antes de que ocurran. Así, la alfabetización en salud se convierte en un mecanismo protectorque transforma al paciente en un agente corresponsable de su seguridad.

 

El rol de las instituciones: hacia organizaciones alfabetizadas en salud

 

Las instituciones sanitarias tienen la responsabilidad de facilitar esta participación. El concepto de health literate organizationshace referencia a aquellas que se esfuerzan por comunicar de manera clara, accesible y adaptada a cada persona. Estrategias como el uso de lenguaje sencillo, apoyos visuales, el método teach-back (solicitar al paciente que repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o el diseño de guías y listas de verificación para pacientes y familias han demostrado reducir errores de medicación y mejorar la adherencia a los tratamientos.

 

Alfabetización en salud en España

 

En España, se ha constituido una red de profesionales y organizaciones que promueven la alfabetización en salud, integrando a pacientes, ciudadanía, profesionales y gestores sanitarios. Aunque aún no existen hospitales oficialmente reconocidos como “health literate organizations”, algunas instituciones ya desarrollan proyectos para medir el nivel de alfabetización de pacientes y personal, además de programas de educación sanitaria destinados a familias.

 

Los estudios realizados en nuestro país indican que la alfabetización en salud está influida por factores como la edad, la presencia de enfermedades crónicas, el nivel educativo, la situación social y la percepción subjetiva de la propia salud. Se ha observado que las personas con menor nivel de alfabetización presentan mayor riesgo de sufrir eventos adversos, sobre todo aquellas con bajo nivel educativo, percepción negativa de su estado de salud, ausencia de ejercicio físico y escasa red de apoyo social.

 

Conclusión

 

La alfabetización en salud no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la seguridad del paciente. Promoverla significa empoderar a las personas para que participen de forma informada en su cuidado, reducir la incidencia de eventos adversos prevenibles y avanzar hacia un modelo de atención más seguro, equitativo y centrado en el paciente. Generar una cultura sanitaria basada en información contrastada y accesible no solo fortalece la autonomía individual, sino que también refuerza la seguridad en el sistema sanitario en su conjunto.