¿Qué es la trata de seres humanos? Trata, explotación sexual y tráfico: aclarando conceptos

¿Qué es la trata de seres humanos? Trata, explotación sexual y tráfico: aclarando conceptos

Irene Adarve Martínez

23 de septiembre de 2025

La conmemoración de la lucha contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños el 23 de septiembre surge a raíz de la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que se celebró en Dhaka (Bangladesh) en enero de 1999 y está ligado a la promulgación de la primera norma legal en el mundo contra la prostitución infantil que data del 23 de septiembre de 1913 en Argentina.

 

Si bien el fenómeno de la trata de seres humanos viene de largo (no olvidemos que su origen se remonta a la época colonial), su tipificación como delito es más reciente y aún a día de hoy continuamos trabajando en el modo de dimensionar esta realidad tan compleja tal y como demuestra el Macroestudio Trata, Explotación Sexual y Prostitución: una aproximación cuantitativa elaborado por el Ministerio de Igualdad y publicado a finales del año 2024. A pesar de la dificultad de cuantificar este fenómeno, merece la pena mencionar que según los datos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) en  el año 2024 en España hubo 256 víctimas de trata con fines de explotación sexual (5 de ellas menores de edad) y 376 víctimas de explotación sexual (11 de ellas menores de edad) según el informe de ese mismo año emitido por dicho organismo.

 

Trata, tráfico y explotación son conceptos que, si bien pueden en ocasiones tener límites que se desdibujan, es fundamental diferenciar para poder identificar cada una de estas situaciones y cuya complejidad nos ayuda tener una aproximación a la dificultad de abordaje de estos fenómenos.

 

La confusión entre los términos trata y tráfico probablemente tenga relación con la terminología utilizada en inglés, lengua en la que se hace referencia al tráfico de personas con la palabra “smuggling”, y a la trata de personas con “trafficking” (muy similar al español “tráfico”). En la legislación española, el tráfico de personas está reflejado en la Ley 13/2007 del 19 de noviembre para la persecución extraterritorial del tráfico ilegal o la inmigración clandestina de personas. Algunas de las características del tráfico frente a la trata son que implica necesariamente el cruce de frontera internacionales (la trata de seres humanos se puede producir dentro del territorio de un mismo país), el delito finaliza con el cruce de frontera (mientras que, en el caso de la trata, hay una finalidad de explotación que tiene lugar tras el traslado) y es un delito contra los intereses del estado, no contra los derechos fundamentales de las personas. 

 

La definición más utilizada cuando hablamos de la trata de seres humanos es la elaborada por Naciones Unidas en el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de personas, especialmente Mujeres y Niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional conocido como Protocolo de Palermo (2000). Este documento nos define la trata del siguiente modo:

 

“Por ‘trata de personas’ se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.”

 

Para entender mejor en qué consiste este delito, nos podemos fijar en los elementos fundamentales que lo constituyen que son: una o varias de las acciones (captación, transporte, traslado, acogida y recepción), uno o varios de los medios utilizados (coacción, amenazas, uso de la fuerza, fraude, concesión de pago o beneficios, abuso de situación de vulnerabilidad, engaño, rapto) y uno o varios de los fines de explotación (en sus distintas formas) de los que el Protocolo de Palermo señala:

 

“Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

La explotación sexual, que como hemos señalado puede ser una de las finalidades de la trata de seres humanos, se produce también sin los elementos previos del delito de trata (captación y traslado). Siguiendo la tipificación del delito de explotación sexual recogido en los artículos 187 y 188 del Código Penal español podemos entender que las víctimas de explotación sexual son aquellas que siendo mayores de edad se han visto determinadas a ejercer o mantenerse en la prostitución a causas de terceros que han empleado violencia, intimidación, engaño o abuso de superioridad o de la situación de necesidad o vulnerabilidad de la víctima. Además, se entenderá siempre que hay explotación cuando la víctima se encuentre en una situación de vulnerabilidad personal o económica o cuando se le impongan para su ejercicio condiciones abusivas o desproporcionadas.

 

A día de hoy continúa sin salir adelante en España un marco legislativo único para el abordaje integral contra la trata de seres humanos y la explotación sexual, elemento fundamental para poder luchar contra este delito y seguir las últimas Directrices europeas al respecto. El Anteproyecto de Ley Orgánica Integral contra la Trata y la Explotación de Seres Humanos fue aprobado a principios del año 2024, sin haberse producido avances claros desde entonces.

 

Son reivindicaciones básicas, como así lo han expresado las ONGs y entidades del tercer sector en sus aportaciones al Anteproyecto de la Ley Integral contra la Trata, que los mecanismos de coordinación por parte de las administraciones públicas sean los adecuados para la identificación de las víctimas y que las profesionales expertas en la trata de seres humanos tengan un rol principal en este proceso, así como la formación especializada de todos los agentes implicados. Por último, no debemos olvidar la necesidad de, junto a todo lo anterior, exigir el efectivo cumplimiento del artículo 59 bis de la Ley de Extranjería para asegurar que las víctimas cuenten realmente con un periodo de restablecimiento y reflexión y que efectivamente puedan acceder a una regularización de su situación administrativa en España sin necesidad de colaborar con las autoridades policiales en la investigación del delito.

Consentir, cuidar, disfrutar: así es la salud sexual

Consentir, cuidar, disfrutar: así es la salud sexual

Piedad Gómez Torres

4 de septiembre de 2025

Cada 4 de septiembre mucha gente habla de salud sexual. Suena grande, pero va de lo cotidiano: cómo nos sentimos con nuestro cuerpo, cómo nos relacionamos, cómo decidimos, cómo nos cuidamos. No es solo un “tema de adultos”: es parte de la vida, en todas las etapas. Aquí va una explicación sin sermones y con foco en lo útil.

¿Qué es “salud sexual”?

 

Es bienestar, no solo “no tener una infección” o “evitar un embarazo”. La sexualidad no es un examen. Es un proceso: cambian los gustos, cambian las dudas, cambia lo que necesitas. Por eso se habla de aprendizaje a lo largo de la vida y de un enfoque positivo y respetuoso, que permita experiencias placenteras y seguras, libres de coerción y discriminación. Incluye cuatro piezas conectadas:

  • Física: conocer el propio cuerpo, los cambios de la pubertad, la anticoncepción, las infecciones de transmisión sexual (ITS), las vacunas que nos protegen (como VPH o hepatitis B) y el acceso a atención cuando hace falta.
  • Emocional y mental: cómo te ves, qué te gusta o no te gusta, cómo manejas nervios, presión o vergüenza; qué te hace sentir seguro/a.
  • Social: cómo te relacionas con otras personas, cómo se acuerdan límites, qué expectativas circulan en tu grupo y en internet.
  • Derechos: poder decidir libremente sobre tu vida sexual, con información fiable y sin discriminación.

 

Piezas clave para una salud sexual integral

 

  1. Consentimiento. Es el punto de partida. Consiste en un acuerdo explícito y libre entre quienes participan. No vale la presión, el silencio incómodo ni el “bueno…”. Es reversible: decir “sí” no obliga para siempre; se puede parar cuando algo deja de cuadrar.
  2. Prevención y reducción de riesgos. Hay herramientas para bajar riesgos: condón, barreras bucales, pruebas de ITS, anticoncepción según necesidades, y, en algunos casos indicados por personal sanitario, profilaxis frente al VIH (PEP – después de una exposición: ideal cuanto antes y hasta 72 horas / PrEP – antes, como opción adicional para quien la elija). No existe el riesgo cero, pero sí existen decisiones informadas.
  3. Placer y bienestar. La salud sexual también tiene que ver con el disfrute y la intimidad. Hablar de lo que gusta, de lo que incomoda, de ritmos y expectativas, ayuda a que la experiencia sea mejor y más segura.
  4. Diversidad. Orientaciones (hetero, bi, gay, asexual, etc.), identidades de género (cis, trans, no binarias, etc.) y cuerpos diversos forman parte de la realidad humana. Conocer esta diversidad reduce dudas y miedos y mejora el acceso a cuidados.
  5. Relaciones y comunicación. Poner en palabras límites, deseos y miedos evita malentendidos. Frases como “¿te apetece…?”, “prefiero esto así”, “hasta aquí” son herramientas de cuidado.
  6. Entorno digital. La vida también pasa por el móvil: sexting, redes, chats. El consentimiento se aplica igual en pantalla que fuera de ella. Compartir una imagen íntima implica riesgos de reenvío o captura; entender privacidad, huella digital y opciones de denuncia es parte del kit de seguridad.
  7. Violencias y seguridad. Existen situaciones como coacciones, chantaje, grooming o difusión no consentida de imágenes. Aprender a identificarlas temprano y saber a dónde acudir acelera la ayuda.
  8. Salud mental. Autoestima, ansiedad, imagen corporal… Todo esto influye en la vida sexual. Pedir apoyo psicológico cuando algo pesa no es “exagerar”: es cuidarse.
  9. Acceso a servicios. Centros de salud, recursos juveniles, líneas de ayuda y profesionales formados son clave. La atención debe ser confidencial y respetuosa, si no es así, pide otro/a profesional.

 

Enfoques para hablar de la salud sexual que se complementan (con mirada positiva)

No hay un único “modelo correcto”. Diferentes miradas aportan piezas distintas. Hablar de salud sexual en clave positiva significa centrarse en el bienestar, el consentimiento, el placer, la diversidad y los derechos. No se trata de asustar, sino de dar información útil para decidir.

  1. Biomédico. Este enfoque aporta herramientas concretas: anticoncepción según preferencias, condón como aliado, pruebas de ITS y vacunas. La clave está en presentar opciones y acompañar la elección pensando también en comodidad y disfrute, no solo en “evitar problemas”.

 

  1. Mira emociones, autoestima y habilidades para la vida. Entrena a pedir y dar consentimiento, a poner límites y a comunicar deseos. Sirve para entender por qué a veces cuesta decir “no” o pedir lo que necesitas, y para practicar cómo hacerlo sin vergüenza.

 

  1. Educación Sexual Integral. Propone aprender de forma continua y con participación real del alumnado. Incluye cuerpo, afectos, género, placer, prevención y vida digital (privacidad, consentimiento en imágenes). No ordena “cómo debe ser” la sexualidad: ofrece herramientas para decidir mejor.

 

  1. Derechos humanos. Recuerda que la sexualidad se vive con dignidad: confidencialidad, trato respetuoso y acceso a servicios sin discriminación, también en la adolescencia. Las decisiones deben ser libres e informadas, incluyendo el “no” y el “ahora no”.

 

  1. Género. Revisa cómo los estereotipos (“ellos siempre quieren”, “ellas deben complacer”) afectan a la seguridad, al placer y a la autonomía. Promueve relaciones más justas, donde nadie tenga que ceder por presión.

 

  1. Reconoce que las creencias y costumbres influyen. La idea es dialogar, adaptar lenguaje y ejemplos, sumar a las familias cuando toque… sin ceder en derechos básicos ni justificar violencias.

 

  1. Reducción de daños. Si hay conductas con riesgo, se puede bajar la probabilidad de daño: uso correcto del condón, testeo regular, acuerdos en pareja, consumo responsable si hay alcohol y, cuando corresponda por indicación profesional. También aplica online: cuidar la privacidad y el consentimiento en imágenes.

 

  1. Informado por trauma. Algunas personas han vivido situaciones difíciles. Este enfoque prioriza seguridad y control: explicar cada paso en consulta, pedir permiso antes de explorar, ofrecer alternativas y nunca presionar para contar más de lo que se quiere.

 

  1. Ciclo de vida y modelo socioecológico. Lo que necesita alguien de 13 años no es igual que a los 17. Además, no todo depende de “ponerse las pilas”: influyen la familia, la escuela, el barrio y las normas. Por eso conviene coordinar apoyos y horarios accesibles.

Checklist exprés de enfoque positivo Habla de bienestar y placer (no solo de riesgos), incluye consentimiento claro y reversible, ofrece varias opciones sin juicios, usa ejemplos diversos, dice dónde acudir, propone habilidades prácticas (comunicación, negociación, cuidado online) y reconoce barreras reales de acceso. Pequeños cambios de mensaje:

  • En vez de “evita el sexting” → “Si decides compartir, hazlo con herramientas para proteger tu privacidad.”
  • En vez de “no tengas relaciones sin condón” → “El condón te cuida y te da tranquilidad.”
  • En vez de “piensa mejor” → “Decide a tu ritmo: puedes decir que sí, que no o parar.”

 

Señales de que vas por buen camino

  • Tomar decisiones con calma y sin presiones externas.
  • Sentirte capaz de pedir y dar consentimiento de forma clara.
  • Tener información para escoger métodos y saber dónde hacerte pruebas.
  • Poder hablar de límites y deseos sin miedo.
  • Identificar recursos cercanos (profesionales, centros, líneas de ayuda).
  • Pedir apoyo si algo te preocupa o te hace daño.

 

Ideas para llevarte hoy

  • La salud sexual no es solo evitar riesgos: también es conocimiento, consentimiento, placer y respeto.
  • La diversidad existe; reconocerla y contar con ella mejora el bienestar de todas las personas.
  • En internet también hay límites y consentimiento.
  • Hacerte preguntas, informarte y pedir ayuda es una forma concreta de cuidarte.

Hablar de salud sexual y sexualidad con claridad no “provoca” nada por sí mismo: protege, informa y abre opciones. El Día Mundial de la Salud Sexual es una buena excusa para empezar, seguir preguntando y decidir con más seguridad.

La esclerosis lateral amiotrófica y su relación con la presión arterial

La esclerosis lateral amiotrófica y su relación con la presión arterial

Germán Domínguez Vías

21 de junio de 2025

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neuromuscular crónica, progresiva e incurable, para la que se requieren urgentemente opciones terapéuticas más eficaces. Se ha visto que muchas personas con ELA presentan alteraciones en su metabolismo, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas claros. Estos cambios podrían tener un papel importante en el progreso de la enfermedad.

 

La hipertensión arterial (presión alta) es una de las afecciones más comunes que suelen aparecer junto con la ELA. Desde hace tiempo, se cree que podría influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad, en su avance y en la supervivencia de los pacientes. De hecho, se han encontrado altos niveles de hipertensión en personas con ELA en todo el mundo. Esta podría estar relacionada con la pérdida de neuronas motoras que controlan la musculatura inspiratoria , la disminución de la sensibilidad del barorreflejo o el aumento del uso del medicamento riluzol en el tratamiento de la enfermedad. En algunas regiones, casi la mitad de los pacientes con ELA presentan hipertensión, lo que la convierte en una de las comorbilidades más frecuentes asociadas a esta patología. Se ha observado que un aumento de la presión arterial sistólica (PAS) podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar ELA, y que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) podrían ejercer un efecto protector. Sin embargo, no se ha establecido una relación causal clara entre la presión arterial diastólica (PAD) y otros tratamientos antihipertensivos en el contexto de la ELA.

 

Las personas con hipertensión arterial tienden a desarrollar la ELA a una edad más temprana y suelen tener una esperanza de vida más corta tras el diagnóstico. Además, quienes tienen un mayor riesgo cardiovascular suelen evolucionar peor. En pacientes con ELA, se ha encontrado que un sistema del cuerpo llamado ‘sistema renina-angiotensina (SRA)’, que regula la presión arterial y el equilibrio de líquidos, está más activo de lo normal. Esto se ha observado especialmente en personas con ELA hereditaria. Por otro lado, en los pacientes con ELA esporádica (la forma que aparece sin antecedentes familiares), se han encontrado niveles bajos de una sustancia llamada angiotensina II en el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Esos niveles bajos se relacionan con síntomas más graves y con una evolución más rápida de la enfermedad.

 

Actualmente, el impacto de la presión arterial y de los fármacos antihipertensivos en la evolución de la enfermedad sigue siendo objeto de debate. Por ello, el abordaje de la hipertensión en pacientes con ELA ha despertado un creciente interés en la comunidad científica. Algunos estudios sugieren que los medicamentos usados para controlar la presión arterial podrían no solo afectar el riesgo de desarrollar ELA, sino también servir como posibles opciones para tratarla en el futuro.

 

Cada vez hay más interés en tratar la ELA no solo con medicamentos, sino también con cambios en la alimentación. En particular, se ha estudiado el efecto de las dietas ricas en calorías y grasas, ya que la ELA se asocia con un metabolismo acelerado y cambios en los niveles de lípidos. Sin embargo, las dietas con muchas grasas saturadas pueden favorecer la obesidad, la hipertensión y otros problemas del llamado síndrome metabólico. En cambio, la dieta mediterránea, rica en grasas saludables como las del aceite de oliva virgen extra (AOVE), podría reducir los riesgos cardiovasculares. Estos efectos positivos se deben a sus componentes naturales, como antioxidantes y grasas monoinsaturadas, que ayudan a regular la presión arterial. Además, se ha visto que este tipo de dieta podría influir en enzimas implicadas en el metabolismo del SRA, un sistema que también parece alterado en personas con ELA. Por eso, se investiga su posible papel en el avance de la enfermedad.

 

En estudios realizados con ratones modificados genéticamente para imitar la ELA en humanos, se ha visto que el tipo de grasa que consumen en la dieta puede afectar cómo avanza la ELA. En este contexto, los ratones alimentados con una dieta enriquecida en AOVE mostraron una mayor supervivencia, mejor rendimiento motor y una mayor superficie de fibra muscular en comparación con aquellos que recibieron una dieta basada en aceite de palma. Además, la dieta con AOVE resultó eficaz en la reducción del estrés del retículo endoplásmico, la activación de la autofagia y el daño muscular, lo que sugiere un efecto neuroprotector y modulador de los procesos celulares asociados al deterioro neuromuscular.

 

Como aún no existe una cura para la ELA, se están explorando nuevas opciones, como controlar la presión arterial a través de la dieta o con tratamientos específicos. Estas estrategias buscan actuar sobre ciertas enzimas que regulan la presión arterial, lo que podría ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad.

 

Conclusión:

Entender la ELA requiere mirar más allá del daño a las neuronas. También es importante tener en cuenta factores como el metabolismo, la presión arterial y la alimentación. Estudios recientes han encontrado conexiones entre el sistema que regula la presión arterial (SRA), problemas cardiovasculares y el impacto de ciertas dietas, como la mediterránea. Estos descubrimientos abren nuevas vías de investigación que, en un contexto sin cura definitiva, ofrecen esperanza para frenar el avance de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

 

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La infertilidad; Una epidemia silenciosa y silenciada

La infertilidad; Una epidemia silenciosa y silenciada

Laura Lasso-Olayo
4 de junio de 2025

Cada año, el día 4 de junio, se celebra el Día Mundial de la Fertilidad. Algunos objetivos de esta celebración son generar conciencia sobre los problemas de infertilidad, reducir el estigma que existe y visibilizar la infertilidad como un problema de Salud Pública que afecta tanto a hombres como a mujeres.

 

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 17,5% de la población adulta mundial, es decir, una de cada seis personas, padece infertilidad en algún momento de su vida. A pesar de ser un problema muy frecuente, muchas personas viven este problema en silencio, debido a la vergüenza que sienten y al estigma social que existe.

 

Son muchas las causas que pueden generar infertilidad. En las mujeres, entre las causas más comunes se encuentran los problemas en la ovulación que se pueden dar, por ejemplo, en el síndrome de ovario poliquístico (SOP) o en la insuficiencia ovárica prematura. Además, existen otras causas como la endometriosis, obstrucciones en las trompas de Falopio o condiciones uterinas como malformaciones que pueden llevar a infertilidad. En los hombres, los problemas de infertilidad se suelen relacionar con la calidad y la producción del esperma. De este modo, la astenozoospermia (movilidad deficiente de los espermatozoides) y la oligospermia (cantidad deficiente de espermatozoides) se presentan como fenómenos comunes. Otros factores como problemas hormonales, infecciones o varicocele pueden también influir.

 

Además, factores como la alimentación, la edad y el estilo de vida pueden afectar en ambos sexos a la fertilidad. Llevar a cabo una alimentación saludable,  realizar ejercicio físico, reducir el estrés, mantener un peso saludable y evitar sustancias nocivas como el alcohol y el tabaco, puede aumentar las probabilidades de concepción de manera natural y mejorar los resultados de los tratamientos de fertilidad.

 

Socialmente, existen muchos mitos en torno a la infertilidad, que se van transmitiendo de generación en generación y pueden afectar a nuestro imaginario colectivo. Uno de ellos, es pensar que nuestra fertilidad es infinita, o dicho de otro modo “que los 40 son los nuevos 30”. Biológicamente hablando, en muchas ocasiones las dificultades para concebir a esta edad se vuelven patentes. Más allá de los 35 años las posibilidades de embarazo disminuyen drásticamente y muchas mujeres, a partir de cierta edad tienen que recurrir a técnicas de reproducción asistida, pudiendo, en ocasiones, ser necesarios los óvulos de una donante, técnica conocida como ovodonación. Aunque en menor medida que la edad materna, la edad de los hombres también va a influir en la fertilidad.

 

Otro mito muy extendido es que la infertilidad es únicamente cosa de mujeres, sin embargo, el porcentaje de infertilidad por factor masculino y factor femenino se encuentran equiparados en torno a un 30-35%. Entre el 20-30% correspondería a factores que conciernen a ambos y el 10% restante representa los casos de infertilidad de origen desconocido.

 

Una creencia bastante habitual es que si ya tienes hijos no puedes ser infértil, sin embargo, se da en muchas ocasiones una condición conocida como infertilidad secundaria que consiste en la aparición de infertilidad cuando se tienen hijos previos. Es muy frecuente que una mujer haya tenido hijos, por ejemplo, antes de los 30, habiendo conseguido relativamente pronto el embarazo, y al volver a querer ser madre a los cuarenta, encontrar muchas dificultades para concebir. Aunque la edad tiene un peso importante en muchos casos de infertilidad secundaria, no es la única causa y es importante destacar que existen otras causas como por ejemplo las infecciones de transmisión sexual (ITS) que se hayan podido contraer tras la última gestación.

 

Otro mito que es necesario desterrar es que conseguir el embarazo es un proceso fácil ya que no siempre es así. En cada ciclo menstrual, en una mujer joven y sin problemas de fertilidad, que tiene relaciones en el período ovulatorio, la posibilidad de conseguir una gestación es aproximadamente del 20 al 25%. Este porcentaje disminuye al 15% a partir de los 30 años y se reduce al 3% en mujeres mayores de 38 años.

 

Se recomienda consultar con especialistas si se lleva más de un año intentando concebir sin conseguir embarazo o más de seis meses si se tienen más de 35 años, esto permitirá identificar y tratar problemas de fertilidad de manera temprana.

 

A pesar del gran avance en los últimos tiempos de las técnicas de reproducción asistida, debemos tener en cuenta que no son infalibles; usar una técnica de reproducción asistida no asegura que se vaya a conseguir una gestación. Ni siquiera técnicas como la ovodonación que actualmente es la que mayor tasa de éxito representa, puede asegurar una tasa de embarazo del 100%. Por eso es importante concienciar a la población de que hay periodos óptimos para concebir y la reproducción asistida no siempre va a ser la solución, en ocasiones el embarazo no va a llegar nunca.

 

La OMS destaca que la infertilidad afecta al bienestar mental y psicosocial de las personas, pudiendo causar angustia, estigmatización y dificultades económicas. Asimismo, advierte que los tratamientos existentes son frecuentemente inaccesibles para muchas personas, debido a su alto costo, la limitada disponibilidad y las barreras sociales asociadas.

 

Son necesarias y urgentes políticas públicas que faciliten la maternidad y la conciliación real y de ese modo evitar la infertilidad por causa de edad avanzada. Además, es necesario que estas políticas universalicen y faciliten el acceso a los servicios públicos de reproducción asistida, ya que, en muchas ocasiones, los servicios privados son una puerta a la situación de pobreza que muchas personas adquieren para cumplir su sueño de ser madres y padres.

 

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Un día como hoy, hablemos de regla

Un día como hoy, hablemos de regla. Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres

Isabel Blázquez Ornat
28 de mayo de 2025

Algo personal, como profesional sanitaria y como docente, me ha removido la reflexión surgida durante la tutela de un trabajo de fin de grado de una de mis alumnas de Enfermería. Esta experiencia me llevó a pensar con más profundidad sobre la medicalización del cuerpo menstruante y sobre cómo, incluso desde la atención sanitaria, perpetuamos discursos y prácticas que invisibilizan la menstruación o la tratan como disfunción. Esta fecha, que desde 1987 conmemora la lucha por el derecho a una salud integral para las mujeres, es una oportunidad para reflexionar sobre una dimensión de nuestra salud que ha sido sistemáticamente silenciada. En el día a día de la práctica sanitaria, y también en nuestras vidas, siguen presentes inequidades menstruales que nos interpelan.

 

Desde hace décadas, los estudios feministas en salud han señalado que la medicina ha tenido una mirada parcial y androcéntrica, en la que lo masculino se ha considerado la norma y lo femenino una desviación o una ausencia. La llamada «ciencia de la diferencia», defendida por Carme Valls y otras investigadoras feministas, ha hecho visible que la salud de las mujeres no puede entenderse sin considerar las condiciones de vida, las desigualdades estructurales y la biología cíclica que nos atraviesan.

 

Este enfoque cuestiona el paradigma biomédico tradicional al evidenciar cómo el conocimiento producido desde una perspectiva masculina ha invisibilizado sistemáticamente a las mujeres. La ciencia de la diferencia no propone sustituir lo masculino por lo femenino, sino introducir una mirada compleja, situada y relacional que reconozca la especificidad de los cuerpos, experiencias y contextos. Investigar y enseñar desde esta perspectiva implica integrar variables de género, clase, etnia y etapa vital en el análisis de los procesos de salud, enfermedad y atención sanitaria. Nos recuerda que la equidad no es tratar igual a quienes son diferentes, sino responder de forma justa a las necesidades diversas. Así, la menstruación deja de ser un tabú clínico o una molestia privada para ocupar un lugar como indicador de salud y dimensión clave del bienestar integral.

 

La menstruación, lejos de ser un proceso exclusivamente fisiológico, es una experiencia social, política y emocional. Sin embargo, como muestran las investigaciones recientes en el España, sigue siendo una fuente de discriminación y barreras. El estudio de Medina-Perucha et al. (2023) reveló que entre un 22 y un 40 % de mujeres y personas que menstrúan han experimentado pobreza menstrual en algún momento de su vida. Es decir, no han podido acceder a productos menstruales adecuados, seguros y suficientes. Además, muchas relatan haber tenido que ausentarse del trabajo o los estudios por no poder gestionar su menstruación.

 

Pero no se trata solo de productos. Las inequidades menstruales también se expresan en la falta de educación menstrual, en los diagnósticos tardíos de condiciones como la endometriosis, en la patologización del ciclo menstrual, o en la medicalización sin alternativas. A menudo, el mensaje implícito que recibimos es que menstruar es una molestia que debe esconderse, una carga individual que no merece atención sanitaria ni política.

 

Tampoco las experiencias menstruales son homogéneas. No lo son entre mujeres cis y personas trans o no binarias que menstrúan, ni lo son según la clase social, el lugar de origen, el estatus administrativo, la edad, la diversidad funcional o la situación laboral. La interseccionalidad no es un concepto teórico, sino una herramienta para diseñar políticas sensibles y justas. Como muestran los estudios, quienes no tienen papeles, viven en situación de calle o sufren violencia de género, encuentran barreras casi infranqueables para acceder a una salud menstrual mínima.

 

En este espacio reflexivo de hoy, no podemos olvidar que los estereotipos sobre lo menstrual operan también en los espacios sanitarios, donde muchas veces se trivializan los síntomas o se ofrece la anticoncepción hormonal como única solución, como evidencian testimonios recogidos en investigaciones muy recientes. Como enfermera-docente, me pregunto: ¿estamos formando profesionales de la salud preparados para escuchar a las mujeres, que legitimen sus vivencias y que promuevan su autonomía? Y como ciudadana, me interpelo: ¿por qué no exigimos políticas públicas que garanticen el derecho a una menstruación libre de dolor evitable, estigma y pobreza?

 

Por eso, el 28 de mayo no es una fecha para celebrar sino para movilizarnos. Necesitamos urgentemente una educación menstrual que empiece en la infancia y continúe durante todo el ciclo vital; formación obligatoria en los grados de ciencias de la salud; protocolos de atención menstrual en centros de salud, escuelas, prisiones y espacios laborales; y acceso gratuito y universal a productos menstruales de calidad.

 

La reciente aprobación en España de medidas como las bajas por menstruación dolorosa —contempladas en la Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, que modifica la Ley Orgánica 2/2010— es un avance importante, pero no suficiente. Esta ley reconoce como causa de incapacidad temporal la dismenorrea incapacitante secundaria asociada a patologías diagnosticadas como endometriosis, miomas u otras condiciones ginecológicas, permitiendo el derecho a baja médica desde el primer día sin requisitos mínimos de cotización. Aún así estamos lejos de garantizar el derecho a una salud menstrual integral. Hablamos de un derecho que no puede seguir dependiendo de la geografía, el código postal o la renta.

 

Como mujeres, como profesionales, como docentes y activistas, debemos recordar que visibilizar las diferencias no es reforzar estereotipos, sino dar nombre a realidades negadas. Nombrar es el primer paso para transformar. Porque vivir con la regla no debería ser un privilegio, sino un derecho garantizado.