¿Es saludable el consumo de atún?
¿Es saludable el consumo de atún?
Sofía Pérez Calahorra
2 de mayo de 2026
El atún ocupa un lugar destacado en la alimentación humana a escala global debido a su elevado valor nutricional y a su versatilidad culinaria. Sin embargo, su consumo ha generado un creciente interés científico por el equilibrio entre sus beneficios y los riesgos asociados a contaminantes, especialmente el mercurio. Este texto aborda dicha dualidad desde una perspectiva basada en la evidencia.
El término “atún” engloba diversas especies del género Thunnus, entre ellas Thunnus thynnus, Thunnus albacares y Thunnus alalunga. Son peces pelágicos, de gran tamaño, altamente migratorios y con metabolismo elevado, características que condicionan su composición corporal y su perfil nutricional.
Beneficios del consumo de atún
Desde el punto de vista nutricional, el atún es una fuente relevante de proteínas de alto valor biológico, con todos los aminoácidos esenciales y elevada digestibilidad, lo que favorece su aprovechamiento metabólico, especialmente en etapas de crecimiento, envejecimiento o necesidad de aumento de requerimientos fisiológicos. También aporta micronutrientes como vitamina D, vitamina B12, fósforo y selenio. Este último posee actividad antioxidante y podría modular parcialmente la toxicidad del mercurio, aunque sin neutralizarla completamente.
Destaca también su contenido en ácidos grasos omega-3 de cadena larga, principalmente ácido eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA). Aunque estos dos ácidos grasos pueden sintetizarse a partir del ácido α-linolénico (ALA), esta conversión es limitada en humanos, por lo que su aporte dietético resulta esencial, siendo el pescado azul una de las principales fuentes. La evidencia muestra que EPA y DHA contribuyen a la reducción de triglicéridos plasmáticos, disminuyen la agregación plaquetaria y mejoran la función endotelial, además de ejercer efectos antiinflamatorios implicados en la prevención de la aterosclerosis. Estos mecanismos explican la asociación entre el consumo habitual de pescado y una menor incidencia de enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular.
El DHA, en particular, cumple un papel estructural en las membranas neuronales y se concentra en cerebro y retina. Su ingesta es crítica durante el desarrollo fetal y la infancia, ya que participa en la maduración del sistema nervioso central, la función visual y el rendimiento cognitivo. Tanto EPA como DHA intervienen además en la resolución de la inflamación al actuar como precursores de mediadores lipídicos relevantes en la prevención de enfermedades crónicas cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.
Por otro lado, el atún forma parte de patrones dietéticos saludables, como la dieta mediterránea y la japonesa, asociados con menor mortalidad y mejor salud cardiometabólica. Su disponibilidad, especialmente en conserva, facilita su consumo, aunque el contenido en omega-3 varía según la especie, el tamaño y el método de conservación: el atún fresco suele ser más rico en lípidos, mientras que el en conserva presenta variabilidad según el medio (aceite o agua).
Riesgos asociados
Como vemos el atún puede formar parte de una alimentación saludable, sin embargo, también tiene riesgos. El principal riesgo asociado al consumo de atún es el metilmercurio, un compuesto neurotóxico que se acumula por bioacumulación y biomagnificación en la cadena trófica (6). Por ello, especies grandes y longevas como Thunnus thynnus presentan concentraciones más elevadas. La exposición al metilmercurio se asocia con alteraciones del desarrollo neurológico, déficits cognitivos y trastornos motores, especialmente en poblaciones vulnerables como fetos y niños.
Además, el atún puede contener otros contaminantes ambientales (dioxinas, bifenilos policlorados y metales pesados) vinculados a efectos adversos a largo plazo, incluyendo alteraciones endocrinas y mayor riesgo de enfermedades crónicas. El riesgo no es uniforme y depende de la frecuencia de consumo, la especie y el tamaño del pez. La evidencia indica que un consumo moderado, especialmente de atún en conserva, es generalmente seguro en la población general, mientras que ingestas elevadas aumentan la exposición al mercurio.
Por ello, el consumo de atún debe evaluarse desde un balance riesgo–beneficio. En condiciones de consumo moderado, los beneficios de los omega-3 superan los riesgos del mercurio, aunque este equilibrio puede invertirse en consumos elevados o en grupos vulnerables como embarazadas y niños-adolescentes. Las recomendaciones actuales no abogan por eliminarlo, sino por optimizar su ingesta: en la población general se aconseja consumir pescado una a dos veces por semana, alcanzando entre 250 y 500 mg diarios de EPA y DHA sin incrementar significativamente los riesgos. En embarazadas y población infantil, se recomienda limitar especies con mayor contenido en mercurio y priorizar opciones más seguras como pescado de menor o mediano tamaño.
La investigación actual se centra en reducir la exposición a contaminantes, mejorar los sistemas de control alimentario y fortalecer la educación nutricional basada en la evidencia.
En conclusión, el atún es un alimento de alto valor nutricional con beneficios bien establecidos sobre la salud cardiovascular, neurológica y metabólica. No obstante, su contenido en metilmercurio exige un consumo prudente. La evidencia respalda un enfoque equilibrado basado en la moderación, la diversidad dietética y la adaptación a grupos específicos, permitiendo maximizar beneficios y minimizar riesgos dentro de un patrón alimentario saludable y sostenible.

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