Humanización de los cuidados en la atención pediátrica crítica. Una mirada desde la enfermería

Humanización de los cuidados en la atención pediátrica crítica. Una mirada desde la enfermería

Andrea Paúl Nadal

13 de mayo de 2026

Hay familias que han vivido, o puede ser que vivan, una situación inesperada a lo largo de su vida. Porque, aunque parece que en la infancia tiene que primar la salud, hay momentos que da la cara la enfermedad, la necesidad de atención sanitaria crítica. Es en este punto cuando todo se desploma. Y todo cambia.

 

La llegada de un paciente pediátrico a una Unidad de Cuidados Intensivos constituye un momento crítico que exige anticipación, coordinación y precisión técnica. La preparación del box, la transferencia rigurosa de la información clínica entre el equipo sanitario y la monitorización continua son algunos de los aspectos esenciales para garantizar la seguridad del paciente.

 

Sin embargo, más allá de la estabilidad hemodinámica o el correcto funcionamiento de los numerosos dispositivos que dicho ingreso conlleva, existe una dimensión frecuentemente invisibilizada: la emocional. El corazón humano no solo late, también siente. Y es precisamente en ese espacio, en el cuidado de lo invisible, donde la enfermería pediátrica encuentra uno de sus mayores retos y responsabilidades.

 

Según el Diccionario de la Lengua Española, humanizar significa hacer humano, familiar y afable a alguien o algo. Desde una perspectiva más social y transformadora, Paulo Freire lo define como hacer este mundo más habitable para todos.

 

En nuestro ámbito, la humanización surge como respuesta a la creciente tecnificación de los cuidados, que en ocasiones puede derivar en prácticas despersonalizadas. Así, la asistencia sanitaria se plantea desde un modelo que sitúa al paciente y su familia en el centro de la atención, reconociendo sus emociones, valores y necesidades. Podríamos decir que la humanización es la cúspide de la calidad de la asistencia sanitaria; la cual se sostiene gracias a cuatro pilares básicos, que son: el bienestar del paciente, la familia, los propios profesionales y la infraestructura en la que tiene lugar dicha atención sanitaria.

 

El bienestar del niño hospitalizado debe entenderse como un equilibrio entre la curación y el cuidado emocional. El control del dolor, la movilización temprana, la fisioterapia o la higiene son fundamentales, pero en la infancia también lo son aspectos como el juego, la música o la posibilidad de mantener rutinas cotidianas. Iniciativas como la musicoterapia, la personalización del entorno hospitalario, las actividades lúdicas o las visitas “especiales” (payasos, celebraciones o las visitas de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente) contribuyen a transformar el entorno hospitalario en un espacio más amable.

 

Intrínseco a este bienestar, resulta clave la comunicación con nuestros pacientes. En el caso de la Pediatría, el reto es aún mayor, ya que los niños pueden presentar dificultades para comprender o recordar lo sucedido, generando ansiedad o recuerdos traumáticos. El conocido como Síndrome post-cuidados intensivos (PICS) incluye alteraciones cognitivas, emocionales y físicas que pueden persistir tras el alta. Además, la evidencia señala que la ansiedad parental influye directamente en el bienestar psicológico del niño.

 

Por ello, es imprescindible proporcionar apoyo continuo a las familias y fomentar el seguimiento tras el ingreso. Es este reconocimiento de la familia como pilar básico de dicha humanización el que ha dado lugar a un cambio de paradigma en la asistencia sanitaria. El paciente pediátrico no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un binomio inseparable niño–familia. Las recientes y novedosas políticas de puertas abiertas y horarios flexibles han demostrado beneficios significativos: reducción del estrés, mejora en la comunicación y mayor implicación en los cuidados. Lejos de interferir, la familia puede convertirse en un gran aliado terapéutico. Empoderarla implica escucharla, formarla en los cuidados y hacerla partícipe del proceso asistencial.

 

Otro pilar básico es el cuidado de quiénes cuidan. La enfermería pediátrica se enfrenta diariamente a situaciones de alta carga emocional, donde el estrés, el desgaste profesional y el síndrome de burnout son realidades más frecuentes de lo que nos gustaría. La formación en habilidades no técnicas —como la comunicación de malas noticias o la gestión del duelo— es esencial. Modelos como el Crisis Resource Management (CRM), basados en la simulación de alta fidelidad, han demostrado mejorar la seguridad y el trabajo en equipo en entornos críticos. Se debe de reconocer que el error es parte de la condición humana; y esto es lo que nos permite avanzar hacia una cultura de seguridad más abierta, basada en la comunicación y el aprendizaje compartido.

 

Por último, no se debe de dejar de lado la calidad de la infraestructura hospitalaria. El entorno físico influye directamente en la experiencia del paciente, la familia y el profesional. Elementos como la luz natural, la reducción del ruido o la personalización de los espacios contribuyen a generar un ambiente más saludable. La llamada arquitectura humanizada busca transformar las unidades hospitalarias en espacios más cálidos, donde la privacidad, la orientación temporal y la conexión con el exterior sean posibles.

 

Por todo esto, la humanización de los cuidados no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la calidad asistencial. Aunque en ocasiones los recursos materiales pueden ser limitados, nunca debería faltar la imaginación ni la capacidad de mirar más allá de la enfermedad. Porque, al final, cuidar de forma intensiva es también acompañar, escuchar y sostener.

Cuidar al que cuida, ese reto pendiente

Cuidar al que cuida, ese reto pendiente

Teresa Salamero Rodríguez

12 de mayo de 2026

El próximo 12 de mayo celebramos el Día Internacional de la Enfermería, una fecha que conmemora el nacimiento de Florence Nightingale, figura clave en la transformación de los cuidados sanitarios y referente indiscutible de la profesión enfermera.

 

Este año el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) ha elegido como lema “Nuestras enfermeras. Nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas”, un mensaje que reconoce el papel esencial de quienes cuidan, acompañan y sostienen una parte fundamental de nuestro sistema sanitario. Con este lema, el CIE pone el foco en la necesidad de impulsar cambios estructurales que permitan desarrollar plenamente el potencial de las enfermeras y reforzar su liderazgo dentro de los sistemas de salud.

 

Florence Nightingale revolucionó la atención sanitaria liderando una nueva forma de entender los cuidados. Gracias a medidas tan básicas, y hoy tan evidentes, como la higiene, la ventilación de los espacios o el registro sistemático de datos, logró reducir drásticamente la mortalidad en los hospitales de campaña. Es, por tanto, un claro ejemplo de cómo el liderazgo enfermero en cuidados puede salvar vidas, tal y como subraya el lema antedicho.

 

Pero el legado de Nightingale fue mucho más allá ya que profesionalizó la enfermería, impulsó su formación y defendió una idea que continúa plenamente vigente, a saber,  cuidar también es aplicar conocimiento y ciencia, además de vocación. Fue una enfermera visionaria, adelantada a su tiempo, y dejó reflexiones que siguen definiendo la esencia de nuestra profesión. Una de ellas resume, a mi juicio, el día a día de la enfermería: “La observación indica cómo está el paciente; la reflexión indica qué hay que hacer; la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar”.

 

Estas palabras reflejan la importancia de una formación continua que permita ofrecer a la ciudadanía unos cuidados de calidad, seguros y basados en la mejor evidencia disponible. También ponen en valor la reflexión y el pensamiento crítico como herramientas imprescindibles para combatir el inmovilismo y seguir avanzando hacia una enfermería más innovadora, eficiente y excelente.

 

La enfermería no solo cura, sobre todo, cuida. Está presente en todas las etapas de la vida, acompañando a las personas, a las familias y a la comunidad en los momentos más vulnerables, pero también en la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la educación sanitaria. Hoy, las enfermeras somos profesionales con una sólida formación universitaria, competencias avanzadas y una gran responsabilidad en el cuidado de las personas.

 

Sin embargo, pese a este papel esencial dentro del sistema sanitario, la profesión continúa afrontando importantes desafíos: una mayor necesidad de inversión, mejores condiciones laborales, más reconocimiento y una visibilidad social acorde al impacto real que tiene la enfermería en la vida de las personas y en la sostenibilidad del sistema de salud.

 

En este contexto, el reconocimiento del nivel A1 no debe entenderse únicamente como una reivindicación corporativa, sino como una cuestión de justicia y reconocimiento profesional acorde a la preparación, las competencias y la responsabilidad que asume la enfermería en la actualidad. La ausencia de este reconocimiento impide además el acceso de las enfermeras a determinados puestos de gestión e investigación, ámbitos en los que la profesión tiene mucho que aportar.

 

Por otro lado, el pasado mes de abril entró en vigor el nuevo Código Ético y Deontológico de la Enfermera Española, cuyo objetivo es “garantizar una práctica ética enfermera responsable, con eficacia, eficiencia y efectividad, orientada al cuidado digno de las personas con el fin de alcanzar la excelencia en el ejercicio profesional”, tal y como recoge su preámbulo. Este nuevo Código refuerza nuestro compromiso con una práctica basada en la evidencia científica, la ética profesional y la excelencia en los cuidados.

 

Especial relevancia tiene el artículo 83, incluido en el capítulo “La enfermera y la profesión”, donde se señala que la enfermera debe promover “un entorno de trabajo colaborativo que garantice la calidad de los cuidados y la seguridad de la atención, fomentando un enfoque interprofesional en la planificación y coordinación de estos”. Una reflexión especialmente necesaria puesto que el respeto entre profesionales, el compañerismo y el trabajo en equipo resultan fundamentales para garantizar la mejor atención posible a los pacientes.

 

Desde el Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza seguiremos trabajando para impulsar proyectos que fortalezcan la profesión, apoyen a las nuevas generaciones y den respuesta a los retos sanitarios y sociales del presente y del futuro, siempre con las personas en el centro de los cuidados. Queremos aprovechar también esta celebración para trasladar un mensaje claro a la sociedad: cuidar de la enfermería es cuidar de toda la comunidad.

¿Cómo mejorar mi estado de salud si tengo insuficiencia cardiaca?

¿Cómo mejorar mi estado de salud si tengo insuficiencia cardiaca?

Blanca Samper Lamenca

9 de mayo de 2026

La insuficiencia cardiaca es un síndrome clínico complejo que consiste en la incapacidad del corazón para bombear la sangre suficiente, lo que provoca que no se cubran otras necesidades del organismo apareciendo signos y síntomas secundarios.

 

 

El aumento de la esperanza de vida de la población es uno de los factores que provoca que el número de personas afectadas crezca progresivamente. Esto, junto a su elevada morbimortalidad y las importantes repercusiones económicas que conlleva, convierte a la insuficiencia cardiaca en un problema de salud de primer nivel. Concretamente, en España, la prevalencia de esta enfermedad alcanza valores próximos al 9 % en personas de más de 80 años. Por otro lado, es responsable del 3 % de los ingresos hospitalarios y constituye la principal causa de hospitalización en mayores de 65 años, así como de reingresos hospitalarios no programados.

 

 

En este contexto, las personas afectadas de insuficiencia cardiaca que presentan mayor adherencia a las recomendaciones sobre estilos de vida tienen mejor calidad de vida, menos hospitalizaciones y más supervivencia. Esta realidad convierte a la educación sanitaria y al autocuidado en elementos esenciales en el abordaje de las personas diagnosticadas de insuficiencia cardiaca.

 

 

Pero ¿cuáles son las claves que deben conocer las personas diagnosticadas de insuficiencia cardiaca para alcanzar estos resultados y convivir mejor con su enfermedad?

 

 

Sobre la adherencia al tratamiento

 

La insuficiencia cardiaca es una enfermedad crónica y por ello requiere tratamiento continuado. En este sentido, es conveniente no abandonar el tratamiento. Además, es importante seguir las indicaciones prescritas para que evitar la pérdida de efectividad del tratamiento, lo que podría provocar un empeoramiento de los síntomas y, en consecuencia, un aumento de las complicaciones. Una de las recomendaciones fundamentales es tomarlo siempre a la misma hora. En caso de olvido no es conveniente doblar la dosis al día siguiente.

 

 

Los efectos secundarios más comunes de estos tratamientos son tensión baja, mareo, piel seca y deshidratada, aumento del cansancio y malestar general. No obstante, alguno de estos efectos puede remitir en pocos días o semanas.

 

 

Una buena adherencia terapéutica también implica acudir a las citas y revisiones programadas, tanto con los especialistas como con el equipo de atención primaria. Asimismo, es importante conocer la medicación habitual o, al menos, llevar siempre una lista actualizada de los tratamientos que se están tomando.

Sobre la enfermedad y sus signos de alarma

 

Aunque en muchas ocasiones no se noten síntomas, si el corazón tiene que realizar un esfuerzo que no puede asumir puede producirse una descompensación.

 

 

En ocasiones, las causas de la descompensación, no pueden evitarse como ocurre con las infecciones, la anemia, el empeoramiento de las arritmias o las elevaciones de la tensión arterial. Sin embargo, en otros casos los desencadenantes sí son evitables, como un consumo excesivo de líquidos o de sal, o el abandono del tratamiento.

 

 

En este sentido, es fundamental reconocer los signos de alarma cuanto antes. Estos signos de alarma son:

 

  • Aumento brusco de peso (2 kg en 3 días).
  • Hinchazón de tobillos, piernas o abdomen.
  • Mayor dificultad para respirar.
  • Disminución de la cantidad de orina.
  • Necesidad de dormir incorporado.
  • Tos seca al tumbarse.
  • Aumento del cansancio.
  • Dolor torácico y/o palpitaciones.

 

 

Sobre la alimentación y el ejercicio físico

 

El paciente con insuficiencia cardiaca debe mantenerse en un peso óptimo. Su dieta debe ser variada y equilibrada (por ejemplo, dieta mediterránea), baja en sal (menos de 5 g al día) y baja en grasas. Es recomendable evitar el consumo de alimentos que contienen “sal escondida” y cocinar preferentemente al vapor, plancha y horno con poco aceite.

 

 

También es importante limitar la ingesta de líquidos, puesto que un exceso puede favorecer su retención. La recomendación general es tomar entre litro y medio y dos litros de líquidos al día incluyendo todo tipo de bebidas y preparaciones líquidas como sopas, café, zumo o gazpacho. No obstante, esta cantidad puede variar en determinadas situaciones. Además, se recomienda evitar el consumo de bebidas alcohólicas.

 

 

Con respecto al ejercicio físico, hay que tener en cuenta que, aunque el corazón no funcione todo lo bien que debería, sigue siendo un músculo y, como ocurre con el resto de los músculos, el ejercicio moderado y mantenido puede mejorar su capacidad. Por ello, se recomienda realizar ejercicio físico adaptado a la situación de cada persona, con una progresión gradual y a una intensidad que permita mantener un cierto nivel de esfuerzo sin llegar al agotamiento. Algunas actividades recomendables son caminar, nadar, montar en bicicleta o subir escaleras en lugar de utilizar el ascensor. Asimismo, es importante evitar el consumo de tabaco, ya que fumar empeora la salud cardiovascular y limita la capacidad de esfuerzo.

 

 

Sobre el control y seguimiento en el domicilio

 

Es importante controlar otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la hipertensión arterial o la diabetes.

 

 

En el domicilio, el paciente debería controlar la tensión arterial, especialmente cuando se produzcan cambios en el tratamiento, ya que algunos medicamentos pueden provocar mareos debido a una bajada de tensión. También es importante saber que una persona con insuficiencia cardiaca puede presentar cifras de tensión arterial bajas sin que esto suponga un problema, siempre que no existan síntomas, ya que puede tratarse de un efecto del propio tratamiento farmacológico.

 

 

Por otro lado, es recomendable controlar el peso de forma diaria. Para ello, conviene pesarse siempre en las mismas condiciones: recién levantado, con la vejiga vacía, sin ropa y utilizando la misma báscula. Este sencillo hábito permite detectar la retención de líquidos incluso antes de que aparezcan síntomas de descompensación.

 

 

En algunos casos, y siempre bajo indicación de los profesionales sanitarios, puede utilizarse una pauta flexible de furosemida (Seguril®), ajustando la dosis del diurético según las variaciones del peso.

 

 

En definitiva

 

Conocer la enfermedad y seguir de forma adecuada las recomendaciones sobre tratamiento, alimentación, ejercicio y control domiciliario resulta fundamental para mejorar la evolución de la insuficiencia cardiaca. Estos cuidados ayudan a reducir las complicaciones y las hospitalizaciones, además de favorecer una mejor capacidad funcional y calidad de vida.

Cáncer de ovario: seis mitos que conviene dejar atrás

Cáncer de ovario: seis mitos que conviene dejar atrás

Cristina Luna Álvarez

8 de mayo de 2026

Cada 8 de mayo se celebra el Día Mundial del Cáncer de Ovario, cuyo objetivo es dar visibilidad a esta enfermedad, que en España fue diagnosticada en 3.582 mujeres en 2024.

Aprovechando esta fecha, es un buen momento para desmontar algunos de los mitos que existen en torno a este tumor. En una época en la que la información circula rápido —y no siempre es fiable—, es especialmente importante ofrecer mensajes claros y rigurosos. Vamos a ello:

 

  • “Necesito hacerme una revisión ginecológica todos los años para detectar el tumor a tiempo.”

 

Lamentablemente, a día de hoy no existe ninguna prueba eficaz para detectar de forma precoz el cáncer de ovario en mujeres sin síntomas, como sí ocurre con otros tumores, como el de colon o el de cérvix.

Esto no significa que en el futuro no pueda desarrollarse un método de cribado eficaz, y por eso la investigación sigue siendo clave.

 

  • “Me hago la citología de cérvix todos los años y es negativa, así que no tengo riesgo.”

 

La citología cervical (o test de Papanicolau) y el estudio del Virus del Papiloma Humano son estudios que se realizan sobre el cuello (o cérvix) uterino, no sobre los ovarios. Por tanto, una citología normal no descarta un cáncer de ovario.

Existen otras pruebas, como la exploración ginecológica o la ecografía transvaginal, que pueden aportar información sobre los ovarios, pero tampoco se utilizan como método de cribado en mujeres sin síntomas. 

 

  • “El cáncer de ovario no da síntomas.”

 

No es del todo cierto. Sí da síntomas, pero el problema es que suelen ser muy inespecíficos y fáciles de confundir con molestias comunes:

 

  • Hinchazón abdominal
  • Dolor o molestias digestivas
  • Ganas frecuentes de orinar
  • Cansancio o pérdida de peso

 

Además, muy frecuentemente estos síntomas aparecen en estados avanzados de la enfermedad. Por eso es importante consultar si son nuevos, frecuentes o mantenidos en el tiempo.

 

  • “El uso de anticonceptivos puede aumentar el riesgo de cáncer de ovario.”

 

No solo no lo aumenta, sino que parece que, inhibiendo la ovulación, este riesgo disminuye.

Aun así, en la mayoría de los casos no está justificado su uso únicamente con este objetivo, sino que se considera un beneficio añadido cuando los anticonceptivos hormonales se utilizan por otros motivos (prevención del embarazo, sangrado menstrual abundante o irregular, etc.).

 

  • “Hay que quitar todos los quistes en los ovarios para evitar el cáncer .”

 

La mayoría de las lesiones que aparecen en los ovarios, especialmente los quistes con contenido líquido, no causan daño alguno y, en muchos casos, se resuelven de forma espontánea.

Por eso, en la mayoría de las situaciones no requieren ninguna intervención más allá del control. Solo se operan en casos concretos, como cuando producen síntomas, aumentan de tamaño o existe duda diagnóstica.

 

  • “El cáncer de ovario es diagnosticado siempre en mujeres post-menopáusicas”

 

Aunque es más frecuente después de la menopausia, puede aparecer a cualquier edad. Por eso es importante no ignorar los síntomas, independientemente de la etapa de la vida en la que se encuentre la mujer.

 

 

¿Cuándo consultar?

 

Aunque, como hemos comentado, los síntomas del cáncer de ovario pueden ser inespecíficos, hay una idea clave: la persistencia. No se trata de alarmarse ante molestias puntuales, sino de prestar atención cuando aparecen de forma nueva y se repiten con frecuencia durante semanas.

 

Ante síntomas como hinchazón abdominal mantenida, dolor persistente o cambios en el ritmo urinario o digestivo, es recomendable consultar con un profesional sanitario. En la mayoría de los casos no se tratará de un problema grave, pero valorarlo permite descartar causas importantes y, en caso necesario, actuar de forma precoz.

 

Además, en mujeres con antecedentes familiares de cáncer de ovario o de mama, es especialmente importante comentarlo con su médico, ya que en algunos casos puede ser necesario un seguimiento más estrecho.

 

El cáncer de ovario sigue siendo un reto, en gran parte porque no disponemos de un método eficaz de detección precoz. Por eso, conocer sus características y desmontar ideas erróneas es fundamental.

 

Informarse con fuentes fiables, escuchar al propio cuerpo y consultar ante síntomas persistentes son herramientas clave para mejorar la atención y el diagnóstico.

 

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La realidad de la maternidad: Importancia de la salud mental de la mujer

La realidad de la maternidad: Importancia de la salud mental de la mujer

Andrea Meix Ibáñez

6 de mayo de 2026

El embarazo, el parto y el periodo del posparto son etapas de especial vulnerabilidad en la vida materna debido a los diferentes cambios físicos y psicológicos que la mujer experimenta, siendo común la aparición de problemas emocionales como ansiedad, miedo, cambios de humor y tristeza.

 

La OMS estima que una de cada cinco madres presentará alteraciones de salud mental durante la gestación o en el año posterior a ella, y que aproximadamente una de cada diez mujeres de ingresos altos padecerá depresión y/o ansiedad perinatal, elevándose la incidencia a una de cada cinco en el caso de mujeres en países de ingresos medios o bajos. Además, si la madre ya tenía un problema de salud mental previo a la etapa perinatal, los síntomas podrían verse agravados. Otras, sin embargo, será la primera vez que los padezcan.

 

Periodo posparto

 

El periodo posparto es aquel que abarca desde el nacimiento del bebé hasta las 6-8 semanas siguientes, siendo un momentoclave en cuanto al establecimiento del vínculo de la madre con su bebé, pero también delicado ya que pueden aparecer diferentes complicaciones.

 

Estas complicaciones se deben principalmente a los cambios hormonales y al proceso de adaptación por el que pasa la mujer. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, se pueden clasificar según la intensidad de los síntomas en maternity blues (tristeza leve y que dura poco tiempo), depresión posparto (más grave y de mayor duración) y psicosis posparto (que incluye delirios y alucinaciones), siendo la más frecuente la depresión posparto.

 

La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que afecta en torno al 15% de las mujeres y que se manifiesta en las primeras 6 semanas después del parto. Sus síntomas principales son los habituales de la depresión unidos a las características específicas del posparto. Estos síntomas incluyen tristeza persistente, pérdida de motivación e interés, preocupación excesiva y aumento o disminución del apetito entre otros, de modo que la calidad de vida de la mujer se ve afectada de forma importante y puede derivar en aislamiento social e incluso en ideación suicida.

 

Vínculo maternoinfantil

 

El vínculo maternoinfantil es la conexión emocional que establece la madre con su bebé durante el embarazo y tras el parto. Aunque realmente esta conexión se inicia durante el embarazo mediante pequeños gestos como la comunicación con el bebé, su desarrollo completo se da en la etapa del posparto. Esto se debe a que ya es posible la interacción física entre ambos y la madre es capaz de percibir las emociones de su hijo, por ejemplo, a través del llanto.

 

Durante los primeros meses de vida del niño, la creación del vínculo depende de muchos factores como el contacto, la lactancia materna y los cuidados que le proporcione la madre. Sin embargo, la depresión posparto materna influye de forma negativa a la hora de crear un vínculo maternoinfantil adecuado, puesto que supone un gran impacto en cómo las madres interactúan y perciben lo que su bebé siente en cada momento.

 

La depresión posparto causa una unión más débil entre la mujer y su hijo, ya que tiene como resultado una menor implicación materna en el cuidado del niño. En casos más graves, puede llegar a provocar conductas de hostilidad e indiferencia en la mujer, interacciones poco frecuentes con su bebé e incluso el abandono de la lactancia materna.

 

Todas estas acciones, al causar una alteración en la relación madre-hijo, pueden tener consecuencias en la salud y desarrollo infantil tanto a nivel físico como psicológico, ocasionando además numerosos problemas sociales en el niño. Por todas estas razones es esencial la formación de un vínculo maternoinfantil satisfactorio, ya que tiene múltiples beneficios tanto en la salud de la mujer como en la de su hijo.

 

Importancia de la promoción de la salud mental materna

 

Debido a la gran repercusión que provocan tanto a corto como a largo plazo la depresión posparto y otras alteraciones emocionales de la madre, es fundamental resaltar la importancia que tiene la prevención y promoción de la salud mental materna. Esto es posible a través del soporte psicológico de la mujer y otras intervenciones realizadas por los profesionales sanitarios, siendo crucial también el apoyo de la pareja y de la familia para crear un ambiente de seguridad en esta etapa de elevada vulnerabilidad.

 

Además, la OMS ha creado una Guía de integración de la salud mental perinatal en los servicios de salud maternoinfantil en la que ofrece información sobre cómo el personal sanitario puede ofrecer promoción, prevención, tratamiento y cuidados sobre la salud mental materna, aportando una mayor calidad de vida en la mujer y un entorno en el que se sentirán cómodas a la hora de compartir sus experiencias personales.

Matronas que te acompañan hasta donde tú quieras

Matronas que te acompañan hasta donde tú quieras

Leyre Nagore González

5 de mayo de 2026

El próximo día 5 de mayo se celebra el Día Internacional de la Matrona para conmemorar el trabajo y papel vital que desempeñan estas profesionales sanitarias en el cuidado de la mujer y del recién nacido.

 

Si nos remontamos a sus raíces, la palabra “matrona” proviene del latín y es un derivado de mater (madre) y del sufijo –ona (que indica funciones de). Por ello, antiguamente hacía referencia a la “mujer distinguida y casada” mientras que, en la actualidad, este término se utiliza en España para designar a las profesionales sanitarias con competencias en el continuo de la atención sanitaria de la mujer durante toda su trayectoria vital y del recién nacido sano en el trascurso de su primer mes de vida.

 

 

Y os preguntaréis… ¿qué se necesita estudiar para ser matrona?

 

 

En nuestro país es requisito previo cursar el Grado en Enfermería y posteriormente especializarse mediante el sistema EIR (Enfermero Interno Residente) con una duración de dos años a tiempo completo para conseguir dicha especialidad en obstetricia y ginecología (matrona).

 

Es por esta formación reglada y amplia por lo que hay que dejar atrás el concepto de que las matronas ocupan solo paritorios y centros de salud y comprender el amplio potencial que pueden desarrollar cubriendo tanto el seguimiento de la gestación y atención al parto y postparto como otros campos en relación a la salud sexual y reproductiva de la mujer como la planificación familiar, el trabajo en salud ginecológica con cribados de cáncer ginecológico y prevención y detección de ITS, acompañamiento en casos de IVE, así como seguimiento a mujeres en su etapa de climaterio, entre otros ejemplos.

 

Ya no es cuestión de una profesión basada en la vocación de cuidar y acompañar a mujeres durante su gestación y parto; es hora de entender que son profesionales con un amplio potencial por desarrollar y con mucho conocimiento que aportar a la sociedad en general y a la mujer en particular.

 

Me gustaría igualmente hacer referencia a la profesión de la matrona desde un tono más cercano y personal ya que abarca gran parte de mi vida (al ser mi profesión) desde hace trece años. Es un trabajo que, si te apasiona, te permite estar en continuo crecimiento y aprendizaje; siempre hay un área o campo con posibilidades para explorar y seguir profundizando. En mi caso, además del momento de atender la llegada de la vida, y creo que puedo hablar en nombre de todos mis compañeros y compañeras reconociendo que es siempre único y que de todos te llevas una sensación diferente y única a casa. Es muy gratificante también cuando consigues proporcionar (en mitad del caótico y desesperante postparto) algo de alivio en una mujer angustiada por una lactancia dificultosa o a un padre lleno de dudas por los primeros cuidados de su bebé y que teme la vuelta a casa con tanta incertidumbre.

 

Es un trabajo que conlleva una gran responsabilidad y también un esfuerzo físico y psicológico; pero es cierto que pocas profesiones te aportan tanto sentimiento de gratitud y cariño de las familias y te hacen sentir tan bien cuando ves sus caras saliendo del hospital y despidiéndose de ti en el control; y quién sabe si en unos meses nos los encontraremos en el tranvía o dando una vuelta por la calle. Para nosotros serán una familia más pero para ellos siempre seremos parte de su “historia” y de algún modo partícipes de una de las etapas mas bonitas de sus vidas.

 

Me gustaría acabar este pequeño artículo con una reflexión popularizada por Michel Odent (médico francés y firme defensor del parto humanizado y respetado) con la frase “para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer” y es cierto que ahí empieza todo, trabajando con rigor científico, pero siempre desde el respeto y la comprensión para conseguir personas con más y mejor salud.

 

Y ahora tú, ¿conocías todas las competencias del trabajo de la matrona? Aprovecha y aprende sobre salud junto a ella y deja que te acompañe en tu momento vital para disfrutar de una buena salud sexual y reproductiva y participar en este compromiso de cuidarnos y saber cuidar.