Crianza en brazos: de «lo vas a malcriar» a comprender para qué sirven los brazos

Crianza en brazos: de «lo vas a malcriar» a comprender para qué sirven los brazos

Susana Lafuente Pardos
7 de octubre de 2026

La Semana Internacional de la Crianza en Brazos suele asociarse al porteo, a los fulares, las mochilas ergonómicas o a llevar al bebé cerca del cuerpo. Pero en realidad habla de algo mucho más amplio: de una manera de entender la crianza basada en la proximidad, el contacto físico, la respuesta a las necesidades del bebé y el vínculo.

 

El porteo es una de sus herramientas, quizá la más visible, pero no la única. Crianza en brazos también es piel con piel, acunar, sostener, consolar, alimentar, acompañar el sueño, responder al llanto, jugar cerca del bebé o permitirle volver al cuerpo del adulto cuando necesita seguridad.   Y resulta curioso observar cuánto ha cambiado nuestra mirada en apenas unas décadas.   «No lo cojas tanto, que se acostumbra». «Déjalo llorar un poco». «Te está tomando la medida». «Como lo tengas siempre en brazos, luego no querrá estar solo». Son frases que han acompañado a generaciones enteras de madres y padres. Detrás de ellas había una preocupación concreta: que responder rápidamente al llanto o mantener demasiado contacto físico hiciera al bebé más dependiente, menos autónomo o, sencillamente, lo “malcriara”.

 

Hoy sabemos mucho más sobre el desarrollo temprano y sobre la inmadurez con la que un bebé llega al mundo. Un recién nacido no tiene todavía capacidad para regular por sí mismo muchas de las sensaciones que experimenta. Hambre, frío, cansancio, sobreestimulación o miedo pueden desbordarlo con facilidad. Necesita de un adulto no solo para alimentarse y protegerse, sino también para ayudarle a recuperar la calma. 

 

 

Y aquí aparece un concepto especialmente importante: la corregulación.

 

Antes de que un bebé pueda autorregularse necesita haber vivido, una y otra vez, experiencias de regulación compartida. La voz conocida, el calor, el olor, el contacto, el balanceo, la mirada o el ritmo respiratorio del adulto pueden ayudarle a reorganizarse cuando todavía no dispone de recursos suficientes para hacerlo solo.

 

La corregulación no consiste en evitar cualquier llanto ni en adelantarse a todas sus necesidades. Consiste en que el bebé vaya experimentando que, cuando algo le desborda, existe otro cuerpo disponible que puede acompañarlo. Con el tiempo, esa regulación inicialmente compartida irá dando paso progresivamente a mayores capacidades propias.

 

Por eso quizá hemos formulado mal durante mucho tiempo aquella famosa frase de que «se acostumbran a los brazos». El bebé no empieza a necesitar brazos porque lo cojamos. Llega al mundo necesitando proximidad.

 

Durante la gestación ha vivido contenido, rodeado, expuesto al movimiento constante del cuerpo materno, a sonidos, vibraciones y cambios posturales. El nacimiento supone una transición enorme. No resulta extraño que busque nuevamente calor, movimiento y contacto.   Esto no significa que haya que tener al bebé encima las veinticuatro horas ni que exista una única manera correcta de criar.

 

Tampoco que una madre tenga que sentirse culpable porque necesita descansar o porque su bebé pasa ratos tranquilo en la cuna, en el carrito o explorando el suelo.   La crianza en brazos no debería convertirse en una nueva exigencia. El vínculo se construye en miles de pequeños momentos cotidianos: al responder a un llanto, durante una toma, en una mirada, al cambiar un pañal, hablando al bebé, jugando con él, acariciándolo o sosteniéndolo cuando necesita consuelo.

 

Y proximidad y autonomía tampoco son conceptos opuestos. A medida que el bebé madura aparecen nuevas capacidades: controla mejor su cuerpo, se desplaza, manipula objetos, explora y empieza a separarse físicamente del adulto. Los brazos pueden ser refugio en un momento y, poco después, el lugar desde el que impulsarse nuevamente hacia fuera.

 

 

Esta nueva forma de entender el contacto empieza incluso a trascender el ámbito sanitario.

 

Las propias marcas comerciales relacionadas con el porteo y el cuidado infantil están incorporando cada vez más mensajes sobre vínculo, contacto, piel con piel, desarrollo o regulación. Durante años se vendieron productos destinados, en buena medida, a facilitar que el bebé pudiera permanecer separado del adulto. Hoy una parte del mercado está descubriendo precisamente el valor de mantenerlo cerca.   Pero hablar de crianza en brazos tiene todavía otra dimensión de la que quizá hablamos menos: la biomecánica.  

Porque cuidar en brazos implica siempre dos cuerpos. Está el cuerpo del bebé, con su desarrollo progresivo, su columna, sus caderas, su control cefálico y su necesidad de ir adquiriendo movimiento y autonomía. El porteo debe adaptarse a ese momento madurativo y mantener siempre una posición segura, especialmente respecto a la vía aérea.

 

 

Pero está también el cuerpo de quien cuida.

 

Durante los primeros meses levantamos al bebé de la cuna, lo sostenemos para alimentarlo, lo acunamos, caminamos con él, lo cambiamos de lado y repetimos muchos de estos gestos decenas de veces al día. Y con frecuencia ese cuerpo pertenece además a una mujer que acaba de atravesar un embarazo y un parto y que todavía está recuperándose.

 

Por eso, criar en brazos debería incluir aprender a cuidar el cuerpo que sostiene: acercar al bebé antes de levantarlo, alternar lados, modificar posiciones, utilizar apoyos durante las tomas, evitar mantener durante horas una misma postura y elegir un sistema de porteo bien adaptado tanto al bebé como al adulto. No necesitamos encontrar una postura perfecta. Necesitamos movimiento, adaptación y variabilidad.   Quizá ese sea uno de los grandes cambios de mirada de nuestra generación: hemos pasado de preocuparnos porque un bebé pudiera acostumbrarse demasiado a nuestros brazos a intentar comprender qué ocurre realmente cuando lo sostenemos.

 

Vínculo, comunicación, corregulación, contacto, movimiento, desarrollo y también biomecánica. Los brazos no son un mal hábito del que haya que enseñar al bebé a desprenderse. Tampoco una obligación que deba pesar sobre quien cuida. Durante un tiempo son, sencillamente, uno de los primeros lugares seguros desde los que empezar a conocer el mundo.

 

 

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Aprender entre generaciones: cuando la educación une infancia, mayores y comunidad

Aprender entre generaciones: cuando la educación une infancia, mayores y comunidad

Sara Alcaina Martínez y Yolanda Martínez Santos

6 de octubre de 2026

En octubre, un mes en el que la educación y el envejecimiento activo ocupan un lugar destacado en el calendario internacional, el aprendizaje intergeneracional ofrece una oportunidad para pensar cómo la escuela puede convertirse en un puente real entre infancia, personas mayores y comunidad.  Esta propuesta parte de una idea sencilla, pero profundamente transformadora: niños, niñas y personas mayores aprenden juntos, se escuchan y se reconocen mutuamente.

 

Durante las últimas décadas, el progresivo envejecimiento de la población y la transformación de las estructuras familiares han reducido muchos de los espacios cotidianos donde diferentes generaciones compartían experiencias. En consecuencia, la infancia y la vejez han pasado a desarrollarse, con frecuencia, en escenarios separados. La escuela, la familia y la comunidad tienen hoy el reto de reconstruir esos vínculos, no solo por razones sociales o afectivas, sino porque la evidencia científica muestra que el aprendizaje intergeneracional constituye una estrategia educativa capaz de beneficiar a todas las personas implicadas.

 

El aprendizaje intergeneracional se entiende como un proceso en el que personas de distintas generaciones intercambian conocimientos, experiencias, habilidades y valores en un contexto de aprendizaje mutuo. Su principal característica es la reciprocidad: no existe un único grupo que enseña y otro que aprende, sino que todas las personas participan como agentes activos del proceso educativo.

 

Esta idea rompe con una visión tradicional en la que las personas mayores únicamente transmiten conocimientos a las generaciones más jóvenes. Las investigaciones actuales muestran que las relaciones intergeneracionales son mucho más complejas y enriquecedoras. Cuando estas experiencias se planifican con una finalidad educativa, niños y mayores construyen conjuntamente nuevos aprendizajes, fortalecen sus relaciones y generan espacios de diálogo difíciles de reproducir mediante otras metodologías.

 

Nuestra reciente revisión sistemática de la literatura científica publicada entre 2015 y 2025 muestra precisamente esta tendencia. Aunque todavía existen pocos estudios y muchos presentan muestras reducidas, los resultados coinciden en señalar que las experiencias intergeneracionales favorecen la empatía, la cooperación, la comunicación oral y la construcción de relaciones significativas entre generaciones.

 

Uno de los aspectos más interesantes es que estos beneficios no se limitan al alumnado. Con frecuencia, la educación se analiza únicamente desde aquello que aprenden los niños, pero las experiencias intergeneracionales ponen de manifiesto que el aprendizaje también transforma a las personas mayores. La participación en proyectos educativos contribuye a incrementar el sentimiento de utilidad, la participación social y el bienestar emocional, al tiempo que reduce el aislamiento que muchas personas experimentan en edades avanzadas.

 

Desde la perspectiva de la infancia, estos encuentros crean situaciones auténticas de comunicación. Escuchar historias de vida, conversar sobre experiencias pasadas, formular preguntas o compartir recuerdos permite desarrollar habilidades comunicativas en contextos reales, mucho más ricos que los ejercicios descontextualizados del aula. Al mismo tiempo, estas conversaciones favorecen la escucha activa, el respeto por diferentes puntos de vista y la capacidad para comprender otras formas de vivir y entender el mundo.

 

Pero quizá uno de los aprendizajes más valiosos sea la ruptura de estereotipos. En una sociedad donde la vejez suele asociarse con dependencia o pasividad, el contacto continuado entre generaciones permite descubrir a las personas mayores como portadoras de conocimientos, experiencias y capacidades que continúan siendo valiosas para la comunidad. Del mismo modo, los niños dejan de ser únicamente receptores del aprendizaje para convertirse en interlocutores activos capaces de enseñar, preguntar, acompañar y construir conocimiento junto a otras generaciones.

 

Estos beneficios explican por qué el aprendizaje intergeneracional encaja especialmente bien con el enfoque competencial promovido por la LOMLOE. Competencias como la comunicación lingüística, la competencia personal, social y de aprender a aprender, la competencia ciudadana o la conciencia y expresión culturales encuentran en estas experiencias un contexto auténtico para desarrollarse. La escuela deja de ser un espacio cerrado sobre sí mismo y se convierte en un lugar donde la comunidad también educa.

 

Además, las experiencias revisadas muestran que el aprendizaje intergeneracional puede desarrollarse en contextos muy diversos. Algunas iniciativas incorporan a personas mayores dentro de las aulas de Educación Infantil; otras organizan proyectos compartidos en Educación Primaria, actividades de aprendizaje-servicio, programas de lectura, huertos escolares o encuentros de memoria histórica. Incluso durante la pandemia surgieron experiencias virtuales que demostraron que la tecnología también puede convertirse en un puente entre generaciones cuando existe un propósito educativo claro.

 

Especialmente interesante resulta el creciente protagonismo que adquieren los abuelos como nexo entre la escuela y el hogar. Su participación no solo fortalece los vínculos familiares, sino que también hace visibles conocimientos cotidianos, relatos, tradiciones y experiencias que habitualmente permanecen fuera del currículo escolar. En un momento en que la educación busca conectar los aprendizajes con la realidad del alumnado, estas aportaciones enriquecen enormemente la experiencia educativa.

 

No obstante, conviene interpretar estos resultados con prudencia. Nuestra revisión también pone de manifiesto que la investigación sobre aprendizaje intergeneracional continúa siendo un campo emergente. Predominan los estudios cualitativos y todavía son escasas las investigaciones longitudinales que permitan conocer el impacto de estas experiencias a medio y largo plazo. Del mismo modo, en España aún existe un amplio margen para desarrollar programas estables integrados en el currículo y evaluarlos con mayor rigor metodológico.

 

Lejos de ser una limitación, esta situación representa una oportunidad. Cada vez más centros educativos, administraciones y entidades sociales comienzan a reconocer que la educación puede desempeñar un papel decisivo en la construcción de comunidades más cohesionadas e inclusivas. En este contexto, el aprendizaje intergeneracional deja de entenderse como una actividad puntual para convertirse en una forma diferente de concebir la educación, donde aprender significa también establecer relaciones, compartir experiencias y reconocer el valor que cada generación puede aportar a las demás.

 

Quizá esa sea una de las mejores enseñanzas que nos deja el mes de octubre. Más allá del reconocimiento y el afecto, esta celebración nos recuerda que educar también consiste en crear oportunidades para encontrarnos. Porque cuando la infancia, las personas mayores y la comunidad comparten espacios de aprendizaje, no solo se transmiten conocimientos: se construyen vínculos, se fortalece la comunicación y se genera un sentido de pertenencia que beneficia a toda la sociedad.

Cuidar a quienes enseñan: desafío en la era digital

Cuidar a quienes enseñan: desafío en la era digital

Carlos Mir Ramos

5 de octubre de 2026

En un mundo fascinante marcado por la inmediatez, las pantallas táctiles y los algoritmos, la infancia ha cambiado su forma de explorar el entorno. Los niños y niñas de hoy nacen inmersos en un remolino de estímulos visuales y auditivos que constante y rápidamente capturan su atención. En este vibrante escenario, la escuela se enfrenta a una pregunta determinante: ¿Cómo despertar la curiosidad y fomentar una creatividad genuina cuando el aula debe competir con la atracción instantánea de un dispositivo digital?

 

La respuesta no está en la tecnología por sí sola, sino en el factor humano que le da sentido: el profesorado. Sin embargo, para que los docentes puedan asumir el reto de estimular, acompañar e inspirar a estas nuevas generaciones, resulta imprescindible atender una necesidad de primer orden: el propio bienestar del docente y el cuidado del mismo.

 

La búsqueda del estímulo: despertar la chispa en tiempos de sobreestímulo

 

La mente infantil actual procesa la información a un ritmo vertiginoso, lo que a menudo desemboca en la búsqueda incesante de estímulos novedosos y una menor tolerancia al aburrimiento. Frente a este panorama, convertir el aula en un laboratorio de ideas requiere mucho más que proyectar una pantalla. Exige diseñar experiencias pedagógicas significativas donde la tecnología actúe como un canal creativo y no como un mero entretenimiento pasivo.

 

Como advierte la UNESCO en sus informes sobre tecnología en la enseñanza, los entornos digitales solo cobran verdadero valor educativo cuando están dirigidos por la mediación pedagógica de un docente capacitado. La verdadera magia de la innovación en la era digital no reside en los dispositivos digitales, sino en la capacidad del docente para conectar los contenidos con la emoción, la resolución colaborativa de problemas, el pensamiento crítico y la exploración activa.

 

Cuidar al docente para poder cuidar el aprendizaje

 

Exigir entusiasmo, flexibilidad y empatía constantes a quien se encuentra actualmente, al límite de sus fuerzas es una ecuación inviable. La integración y el aprendizaje de nuevas herramientas tecnológicas, combinada con la carga administrativa y la atención a la diversidad, ha sumado una capa extra de exigencia al día a día en los centros educativos.

 

Tal y como destacan estudios internacionales de la OCDE sobre las condiciones del profesorado, el bienestar docente es el pilar sobre el que se sostiene la calidad del sistema educativo. Un equipo docente respaldado, que dispone de tiempo y recursos para planificar sin la constante presión burocrática y se siente reconocido en su labor profesional, cuenta con el espacio mental necesario para idear metodologías dinámicas, afectivas y verdaderamente estimulantes para los alumnos. Como advierte CSIF Educación Aragón: “Si queremos mejores resultados, necesitamos mejores condiciones para enseñar y aprender. No se puede exigir al profesorado que haga más con menos recursos mientras aumentan las necesidades de atención a la diversidad, la carga burocrática y la complejidad de las aulas”. Cuidar a quienes enseñan no es una concesión, sino la mejor estrategia para proteger el derecho del alumnado a una educación motivadora y de calidad.

 

Soluciones constructivas: un camino compartido

 

Afrontar con éxito este reto no requiere fórmulas complejas, sino compromisos firmes orientados a humanizar y facilitar la tarea educativa:

  1. Formación práctica y real en competencias digitales: Más allá de aprender el funcionamiento de una aplicación, es fundamental dotar al profesorado de herramientas sobre gestión del tiempo digital, pedagogías activas y marcos decompetencia en inteligencia artificial enfocados a la docencia.

  1. Espacios para la cocreación e innovación: Invertir en la educación pública, la modernización de los centros educativos, el incremento de las plantillas y el personal docente, reducir las ratios del alumnado en las aulas o el tiempo dedicado a la burocracia administrativa de los maestros y profesores, libera horas valiosas que pueden destinarse a la colaboración entre compañeros, permitiendo diseñar proyectos interdisciplinares que conecten con los intereses reales del alumnado y la sociedad.

  1. Cuidado emocional institucional: Implementar programas de acompañamiento, transferencia y crear una cultura escolar basada en el reconocimiento mutuo, la estabilidad del profesorado, la escucha activa y el apoyo entre la comunidad educativa y las familias.

 

En definitiva, la era digital, sus recursos y tendencias en Educación IA, no han venido a sustituir la esencia de la educación, sino a recordarnos su valor más profundo. Cuando cuidamos y valoramos la figura del docente, le devolvemos la tranquilidad necesaria para transformar la incertidumbre tecnológica en una oportunidad colectiva. Un docente apasionado y emocionalmente pleno es el estímulo más valioso, inspirador e insustituible que un alumno puede tener.

“Salir de una depresión es cuestión de voluntad”: Mito o realidad

“Salir de una depresión es cuestión de voluntad”: Mito o realidad

Carlos Navas Ferrer

4 de octubre de 2026

“Tienes que poner de tu parte”. “Anímate”. “Si quisieras, podrías salir de esto”. Son frases que probablemente muchas personas con depresión han escuchado alguna vez. Suelen pronunciarse con buena intención, pero parten de una idea equivocada: que superar una depresión depende, en gran medida, de la voluntad de quien la padece.

 

 

Con motivo del Día Europeo de la Depresión, que se celebra el 4 de octubre, merece la pena detenerse en este mito. Porque la ciencia muestra una realidad bastante más compleja.

 

 

Uno de los síntomas característicos de la depresión es la anhedonia, es decir, la pérdida de interés o de placer por actividades que antes resultaban agradables. Una persona puede dejar de disfrutar de salir con amigos, hacer deporte, escuchar música o practicar sus aficiones. Pero la anhedonia no afecta únicamente al placer. También puede alterar la motivación para hacer el esfuerzo necesario para conseguir algo que, en otras circunstancias, resultaría gratificante.

 

 

Una revisión sistemática publicada en Clinical Psychology Review analizó 44 estudios con 2.759 participantes para estudiar precisamente la relación entre depresión, motivación y esfuerzo. Los investigadores comprobaron que la depresión y la anhedonia se asociaban, en determinadas tareas, con una menor disposición a realizar esfuerzo físico o mental a cambio de una recompensa. El efecto era especialmente consistente en algunos experimentos que exigían decidir si merecía la pena afrontar una tarea más difícil para obtener un beneficio mayor.

 

 

Este resultado tiene una consecuencia importante para nuestra manera de entender la enfermedad. A veces interpretamos desde fuera la falta de actividad como falta de voluntad: “no sale”, “no hace nada”, “no se esfuerza”. Sin embargo, la dificultad para movilizarse puede formar parte de la propia depresión. Pedir a alguien que simplemente “le eche ganas” puede ser, por tanto, parecido a pedirle que venza mediante voluntad uno de los síntomas de su enfermedad.

 

 

Esto no significa que la persona con depresión sea un sujeto pasivo ni que sus decisiones no tengan importancia. La recuperación requiere con frecuencia participación activa: pedir ayuda, seguir un tratamiento, establecer pequeños objetivos, recuperar rutinas o aprender nuevas estrategias para afrontar las dificultades. Pero una cosa es reconocer el papel que tiene la persona en su recuperación y otra muy distinta hacerla responsable de conseguirla únicamente mediante fuerza de voluntad.

Una segunda revisión sistemática, publicada en Psychotherapy and Psychosomatics, ayuda a entender esta diferencia. Los investigadores analizaron 27 estudios que recogían las experiencias de 939 personas que habían pasado por una depresión. Identificaron nada menos que 134 factores relacionados con la recuperación. Se agrupaban en ocho grandes ámbitos: relaciones sociales, reconstrucción de la propia identidad, autonomía, apoyo profesional, estrategias personales, salud física, circunstancias prácticas (el empleo, la vivienda o la situación económica) y el propio paso del tiempo y evolución de la enfermedad.

 

 

La voluntad aparece, sí. La determinación, la responsabilidad personal, la confianza o la capacidad para tomar decisiones fueron descritas por algunos pacientes como elementos útiles. Pero aparecen junto a muchos otros factores. El apoyo de familiares y amigos fue señalado repetidamente, al igual que la psicoterapia, las actividades significativas, el ejercicio, los hábitos saludables o el contacto con otras personas que habían vivido experiencias semejantes.

 

 

También existen circunstancias que pueden dificultar la recuperación y que difícilmente dependen de “querer” o “no querer”: problemas económicos, inestabilidad laboral o de vivienda, listas de espera, dificultad para acceder a servicios sanitarios o estigma social.

 

 

En definitiva …

 

La recuperación de la depresión es compleja y multifactorial. Quizá, por eso, deberíamos sustituir el “tienes que poner más de tu parte” por otra pregunta mucho más útil: “¿Qué necesitas para poder empezar a encontrarte mejor?”. Porque recuperarse implica a la persona, pero no depende únicamente de su voluntad. Y comprender esa diferencia también forma parte de combatir el estigma de la depresión.

Pódcast y salud mental: el poder de escucharnos

Pódcast y salud mental: el poder de escucharnos

Marta Blasco Navarro

30 de septiembre de 2026

Hace tan solo una década hubiera sido imposible encontrar noticias relacionadas sobre el empeoramiento de la salud mental de la población abriendo informativos. Tampoco sería común en una conversación trivial entre amigos hablar sobre su próxima cita con el terapeuta, los ejercicios de relajación que le recomienda su psicólogo o cómo afronta los días en los que siente que la ansiedad le atrapa.

 

Antes de la pandemia, era difícil escuchar palabras como “ansiedad”, “estrés” o “terapia”. Ante el empeoramiento radical de la salud mental de la población, esta se convirtió en un tema de opinión pública, copando portadas y conversaciones. Una de las mayores consecuencias positivas de la pandemia ha sido la lucha del estigma contra la salud mental. Ahora, no solo hablamos de bienestar emocional, sentimientos y emociones, también nos escuchamos.

 

Una de las herramientas que están colaborando a luchar contra el estigma de hablar sobre salud mental es el pódcast. Si bien existían pódcast pioneros que trataban sobre esta temática, desde 2019 nacieron diversos proyectos sonoros especializados que le dieron voz propia a la salud mental.

 

Durante el confinamiento, millones de personas sintieron la necesidad de combatir el aislamiento, la incertidumbre y el estrés ante una situación que nunca habíamos vivido. Y el pódcast se convirtió en una herramienta de acompañamiento: diversos estudios reflejaron el incremento de escuchas en temáticas como “Salud y bienestar”, “Vida sana”, “Mindfulness y Meditación”.

 

Spotify compartió que, durante los primeros tres meses de pandemia, se duplicó el consumo de sus contenidos; mientras cerca del 25% de los usuarios de podcasts reconocieron que la pandemia les llevó a empezar a escuchar estos contenidos y/o a aumentar su tiempo de escucha.

 

En España lideramos la escucha de pódcast en Europa desde hace años, con más de un 40% de penetración en la ciudadanía. Así, los jóvenes españoles de entre 18 a 24 años son los que más podcasts escuchan: casi la mitad los escuchan a diario. Además, la media semanal de los oyentes indica más de diez horas de escucha y más de seis capítulos por semana.

 

Pero, ¿qué hay detrás de tantas horas de escucha sobre temáticas relacionadas con la salud mental? Los estudios apuntan a que los principales objetivos de los oyentes se centran en el autocuidado, en su crecimiento y desarrollo personal, así como el autoaprendizaje. Más allá del entretenimiento, se busca información sobre estos temas, la normalización de la escucha en el ámbito de salud mental y estrategias de afrontamiento.

 

El tono directo, las explicaciones de los expertos que aparecen en los episodios, el tener la posibilidad de compartir las experiencias personales en materia de salud mental… han convertido a los pódcast en una herramienta de escucha, identificación y acompañamiento en salud mental. Durante décadas se ocultaban los problemas de salud mental y, las personas que los padecían, estaban solas. Nadie hablaba de ello. Ahora, con tan solo un clic, puedes encontrar pódcast que abordan estos temas y, sobre todo, que reflejan la importancia de pedir ayuda profesional si es necesario.

 

Es importante remarcar que los pódcast son una herramienta complementaria que acompaña y normaliza el tratamiento de la temática de la salud mental, pero no es un sustituto de la atención profesional.  Los estudios apuntan a que las personas que escuchan pódcast sobre salud mental presentan menos niveles de estigma sobre esta temática, así como mayores conocimientos relacionados. Así, se favorece la disposición a buscar ayuda profesional y a usar recursos de apoyo para encontrar el bienestar emocional. En definitiva, la experiencia de sentirse escuchado y acompañado en un tema como la salud mental a través del pódcast puede aportar una sensación de conexión única, que beneficia al oyente.

 

Por tanto, los estudios revelan que los pódcast sobre salud mental pueden ser un complemento útil para aprender sobre salud mental y reducir el estigma. Además, es recomendable elegir pódcast que cuenten con la participación de profesionales cualificados y fuentes fidedignas. El pódcast, eso sí, nunca puede sustituir a una terapia ni a un tratamiento especializado.

 

La pandemia ha propiciado que los estudios sobre la salud mental y el estado de bienestar emocional entren, por fin, en la agenda mediática. La sociedad demanda conocerse y comprenderse mejor, y los pódcast se han convertido en una herramienta de promoción del bienestar emocional muy poderosa.

Fortaleciendo la salud con el farmacéutico

Fortaleciendo la salud con el farmacéutico

Ángel Mas Farré

27 de septiembre de 2026

Un año más, la Federación Internacional Farmacéutica (FIP, por sus siglas en inglés) nos invita a celebrar el Día Mundial del Farmacéutico. Una efeméride que sirve para dar visibilidad en todo el mundo a nuestra profesión y reconocer la importante labor que los farmacéuticos desarrollamos en todos y cada uno de nuestros ámbitos de ejercicio.

 

Este año, el lema que acompaña esta celebración es «Fortaleciendo la salud con el farmacéutico», que pone de relieve el papel que desempeña nuestra profesión en la mejora de la salud de las personas, de nuestras comunidades y, en definitiva, en el fortalecimiento de los propios sistemas sanitarios.

 

Vivimos en una sociedad que cambia y, con ella, también lo hacen sus necesidades sanitarias. El envejecimiento progresivo de la población, el aumento de la cronicidad y la polimedicación, las nuevas demandas asistenciales o la incorporación de nuevas tecnologías están transformando nuestra manera de entender y prestar la atención sanitaria.

 

A todo ello debemos añadir una realidad especialmente patente en nuestra provincia: la despoblación del medio rural. Huesca es una provincia extensa, con una población muy dispersa y con numerosos pequeños municipios en los que garantizar el acceso a los servicios constituye un reto permanente. En muchos de ellos, la farmacia es uno de los pocos establecimientos sanitarios que permanece abierto cada día, cercano y accesible para el ciudadano.

 

Esta realidad nos obliga también a hablar de sostenibilidad. Mantener una farmacia abierta en un pequeño municipio no es únicamente una cuestión empresarial. Significa mantener un recurso sanitario, contribuir a la cohesión territorial y garantizar que quienes han decidido vivir en nuestros pueblos puedan seguir teniendo cerca a un profesional sanitario. Defender la farmacia rural es, por tanto, defender la equidad en el acceso a la atención sanitaria.

 

Pero hablar de profesión farmacéutica es hablar de mucho más que de oficina de farmacia. Nuestra profesión está presente en numerosos ámbitos que resultan esenciales para el funcionamiento del sistema sanitario.

 

Los farmacéuticos hospitalarios desempeñan un papel fundamental en la selección, preparación, seguimiento y utilización segura y eficiente de los medicamentos, especialmente en terapias cada vez más complejas. Tenemos ante nosotros un enorme campo para mejorar la comunicación y la colaboración entre la farmacia hospitalaria y la farmacia comunitaria. El paciente transita entre distintos niveles asistenciales, pero su tratamiento es uno solo. Conseguir una mayor continuidad farmacoterapéutica debería ser un objetivo compartido.

 

También están los farmacéuticos de la distribución, cuya labor, muchas veces poco visible para la población, permite que los medicamentos lleguen cada día en condiciones adecuadas hasta el último rincón de nuestro territorio. Y los farmacéuticos que trabajan en la Administración, en salud pública, inspección, planificación o gestión, aportando su conocimiento para garantizar la calidad, la seguridad y el buen funcionamiento de nuestro sistema sanitario.

 

A ellos se suman ámbitos profesionales que han experimentado un extraordinario desarrollo en los últimos años. La dermofarmacia y la dermocosmética son hoy disciplinas sustentadas en un conocimiento científico cada vez mayor de la piel y de su cuidado. La ortopedia permite dar respuesta a necesidades que afectan directamente a la autonomía y a la calidad de vida de muchas personas. Y la alimentación y la nutrición constituyen un campo en el que el farmacéutico puede desempeñar una importante labor de educación, prevención y promoción de hábitos saludables.

 

Todo ello demuestra la amplitud de una profesión que ha sabido evolucionar sin perder aquello que la define: el conocimiento del medicamento y nuestra vocación sanitaria al servicio de las personas.

 

Y precisamente por esa diversidad, quizá uno de nuestros grandes retos sea aprender a trabajar todavía más juntos. El farmacéutico, por su formación, accesibilidad y contacto con el paciente, puede aportar mucho dentro de una Atención Primaria coordinada. El seguimiento de la medicación, la adherencia a los tratamientos, la detección de problemas relacionados con los medicamentos, la prevención o la educación sanitaria son ámbitos en los que una mayor colaboración entre profesionales puede traducirse en mejores resultados en salud.

 

No se trata de sustituir funciones ni de ocupar espacios que corresponden a otros profesionales. Se trata de compartir información, coordinar actuaciones y aprovechar mejor los recursos sanitarios que ya tenemos.

 

Y esa colaboración debe producirse entre médicos, enfermeros y farmacéuticos, pero también entre los propios farmacéuticos, independientemente del ámbito en el que ejerzamos. Comunitaria, hospitalaria, distribución, Administración, docencia, investigación o cualquiera de nuestras especialidades forman parte de una misma profesión.

 

Desde el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Huesca seguiremos trabajando para que nuestra profesión continúe evolucionando y pueda responder a las necesidades reales de la sociedad. Pero también seguiremos defendiendo algo esencial: que vivir en un pequeño municipio no debe significar tener menos posibilidades de acceder a una atención sanitaria de calidad.

 

Los farmacéuticos llevamos generaciones cuidando de las personas. Lo hacemos desde lugares diferentes y desempeñando funciones muy distintas. Hemos cambiado, nos hemos especializado, hemos incorporado ciencia, tecnología y nuevas responsabilidades, pero permanece intacta la esencia de nuestra profesión: estar al servicio de la salud. Porque fortalecer la salud con el farmacéutico significa precisamente eso: poner todo el conocimiento, la diversidad, la cercanía y la vocación sanitaria de nuestra profesión al servicio de las personas, vivan donde vivan.