Enfermedad inflamatoria intestinal: últimos avances relacionados con la microbiota

Enfermedad inflamatoria intestinal: últimos avances relacionados con la microbiota

María Badía Martínez

29 de mayo de 2026

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una enfermedad crónica caracterizada por síntomas como diarrea, urgencia para ir al baño, dolor, distensión abdominal y/o gases que evoluciona con un patrón de brotes y remisión. Las dos principales entidades que engloban la EII son la colitis ulcerosa y la Enfermedad de Crohn.

 

Actualmente, sabemos que estas enfermedades surgen de una interacción compleja entre: predisposición genética, alteración de la barrera intestinal, disfunción inmunitaria, factores ambientales y cambios en la microbiota intestinal (disbiosis).

 

En primer lugar, vamos a intentar definir bien varios conceptos:

  • Microbiota: comunidad de microorganismos (virus, bacterias, hongos, arqueas, protozoos…) que forman parte de un individuo.
  • Microbioma: microorganismos, sus genes y metabolitos.
  • Disbiosis: alteración estructural y funcional de la microbiota.

 

La microbiota es muy distinta según donde la busquemos (boca, vagina, aparato respiratorio…), probablemente la más diversa se encuentra en el aparato digestivo, sobre todo a nivel intestinal.

 

Desde que nacemos, la microbiota se va desarrollando y condicionando por diversos factores, tanto genéticos como ambientales. Existen diferencias entre bebés, dependiendo del tipo de parto (vaginal vs cesárea) y del tipo de alimentación del mismo (leche materna vs leche de fórmula).

 

El contacto con los distintos grupos microbianos a lo largo de nuestra vida, hará que el desarrollo de nuestra microbiota sea diferente entre individuos, muy personal y muy variable en los primeros años. En la etapa adulta la microbiota es más estable, más difícil de modificar y mucho más rica y diversa.

 

Pero, ¿cuáles son las funciones de la microbiota?

  • Evitar la colonización de patógenos.
  • Mantiene la barrera intestinal.
  • Modula el sistema inmune.
  • Interviene en el balance del proceso inflamatorio.
  • Degradación de proteínas, polisacáridos, sales biliares, etc.
  • Producción de vitaminas, hormonas y neurotransmisores.

 

En los últimos 10 años ha habido un aumento exponencial en la publicación de artículos relacionados con la microbiota. Caben destacar varios hitos en la historia sobre la investigación en este campo:

  • A partir de 2016 con The National Microbiome Initiative, no solo relacionadas con enfermedad digestivas sino con otras múltiples enfermedades.

 

Y ¿qué papel juega la microbiota y el microbioma en la enfermedad inflamatoria intestinal?

 

Disfunciones en la microbiota (disbiosis) están relacionadas con el desarrollo de distintas enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal.

 

Es muy difícil asociar directamente tipos de bacterias con enfermedades concretas, pero por ejemplo en la enfermedad de Crohn, se ha demostrado una disminución importante de Faecalibacterium prausnitzii y en general bacterias productoras de butirato, fundamental para nutrir colonocitos, mantener uniones estrechas epiteliales y reducir inflamación. También se ha descrito aumento de bacterias proinflamatorias, particularmente Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC), Enterobacteriaceae y algunas Proteobacterias. A pesar de eso no se ha identificado ninguna especie única como biomarcador de la EII.

 

Los fármacos con los que contamos actualmente para el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal, actúan para recuperar el control por varias vías: disminuyendo las sustancias inflamatorias, bloqueando moléculas de activación linfocitaria, disminuyendo la llegada de células inflamatorias y linfocitos al intestino y destruyendo los linfocitos relacionados con la respuesta inmune alterada.

 

Los objetivos del tratamiento intentan conseguir, no solo la curación clínica, sino también la curación mucosa, dado que es el principal marcador pronóstico de la enfermedad. Es decir, intentar evitar las recidivas de los brotes y mejorar la calidad de vida de los pacientes a largo plazo.

 

Sin embargo, solo con los tratamientos farmacológicos se consigue una respuesta prolongada en un 60-70% de los pacientespor lo que queda mucho trabajo por hacer.

 

En este sentido, se abre un gran capítulo en la investigación en el tratamiento de estas enfermedades inflamatorias, que se centra en el estudio de la microbiota, es decir todo lo que sucede más allá de la mucosa intestinal.

 

Conociendo correctamente la microbiota de los paciente sanos, y comparándola con aquellos que están enfermos, podríamos ser capaces de crear prototipos de microbiota adecuada y poder modificar la microbiota del paciente, como ya se hace por medio del trasplante de microbiota o trasplante fecal, en la diarrea por Clostridium Difficile, donde ya ha demostrado eficacia.

 

El análisis de nuestra microbiota es un cambio de paradigma en la medicina personalizada, pero debemos ser prudentes, ya que todavía queda mucho por saber, y se están realizando estudios de la misma con cuestionable validez. Dejemos el trabajo en manos de investigadores expertos y con rigor, para llegar a conclusiones aplicables en la práctica clínica.

 

La combinación de datos clínicos, analíticos y del microbioma (metagenómica y proteómica) podría ayudar en un futuro a estratificar los paciente con EII y a la aplicación de una terapia más personalizada.

Más allá del Fast-Food, ¿existe la hamburguesa saludable?

Más allá del Fast-Food: ¿existe la hamburguesa saludable?

Sofía Pérez Calahorra

28 de mayo de 2026

Durante décadas, la hamburguesa ha sido uno de los alimentos más representativos de la comida rápida moderna. Su imagen suele asociarse a cadenas internacionales como McDonald’s o Burger King, al consumo de productos ultraprocesados y a estilos de vida poco saludables. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, la hamburguesa no es necesariamente un alimento perjudicial.

 

La realidad es mucho más compleja: una hamburguesa puede formar parte tanto de una dieta de baja calidad nutricional como de una alimentación equilibrada y saludable. Todo depende de cómo se elabore, de los ingredientes utilizados y de la frecuencia de consumo.

 

En los últimos años, la evidencia científica ha mostrado una creciente preocupación por el impacto de los alimentos ultraprocesados sobre la salud. Diversos estudios epidemiológicos han relacionado el consumo elevado de comida rápida y productos ultraprocesados con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular y mortalidad prematura. Una revisión publicada en The BMJ en 2024 concluyó que una alta ingesta de alimentos ultraprocesados se asocia con peores resultados cardiometabólicos y mayor riesgo de enfermedad crónica. Esto no significa que una hamburguesa ocasional vaya a producir daño, pero sí pone de manifiesto la importancia del patrón alimentario global.

 

Hamburguesas como Fast-Food

 

Las hamburguesas comercializadas en grandes cadenas de comida rápida presentan una serie de características nutricionales que explican parte de estas asociaciones. En primer lugar, suelen tener una elevada densidad energética. Una hamburguesa grande acompañada de patatas fritas y refresco azucarado puede superar fácilmente las 1200 calorías en una sola comida. Además, estos menús suelen contener cantidades elevadas de sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos.

 

Otro aspecto relevante es la calidad de los ingredientes utilizados. Muchas hamburguesas comerciales incorporan carnes procesadas, quesos muy grasos, beicon y salsas industriales con gran cantidad de sal y azúcar, ingredientes que si se consumen frecuentemente se han asociado con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Asimismo, el exceso de grasas saturadas y sodio contribuye al desarrollo de hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular.

 

Sin embargo, es simplista afirmar que el problema es únicamente “la hamburguesa”. En realidad, gran parte del exceso calórico de estos menús procede de los acompañamientos: bebidas azucaradas, patatas fritas y postres hipercalóricos. Además, las porciones han aumentado considerablemente en las últimas décadas, favoreciendo un consumo energético muy superior a las necesidades reales de muchas personas.

 

Frente a este modelo de comida rápida, cada vez existe más interés por aprender a elaborar versiones más saludables de alimentos populares. Y precisamente ahí aparece la hamburguesa saludable.

 

¿Y sí la hamburguesa la hacemos saludable?

 

Desde un punto de vista nutricional, una hamburguesa puede convertirse en una comida completa, equilibrada y saciante si se seleccionan adecuadamente sus ingredientes.

 

La primera clave es la elección de la proteína. Tradicionalmente, la hamburguesa se elabora con carne de vacuno, pero actualmente existen múltiples alternativas. Las opciones más recomendables incluyen carnes magras, como pollo, pavo o ternera con bajo contenido graso. También pueden utilizarse proteínas vegetales como lentejas, garbanzos, tofu o soja texturizada. Las hamburguesas vegetales caseras presentan ventajas nutricionales importantes, ya que aportan fibra, vitaminas y minerales, además de reducir la cantidad de grasas saturadas.

 

El método de cocinado también resulta fundamental. Cocinar la carne a temperaturas excesivamente altas o quemarla puede favorecer la formación de compuestos potencialmente perjudiciales para la salud. Por ello, se recomienda utilizar técnicas como la plancha suave, el horno o la air fryer, evitando la carbonización excesiva. El objetivo no es solo mejorar el sabor, sino también minimizar la formación de sustancias no deseables.

 

Otro elemento importante es el pan. El clásico pan blanco de hamburguesa suele elaborarse con harinas refinadas y aporta poca fibra. Sustituirlo por pan casero con masa madre o panes integrales mejoran significativamente el perfil nutricional de la comida, ya que favorece la saciedad y contribuye a un mejor control glucémico.

 

Los vegetales constituyen probablemente el componente más infrautilizado en muchas hamburguesas comerciales. Añadir tomate, lechuga, cebolla, rúcula, pepino, champiñones o berenjena permite aumentar el contenido en fibra, vitaminas, antioxidantes y agua, mejorando la calidad nutricional global y reduciendo la densidad energética del plato. Además, el mayor volumen de vegetales contribuye a incrementar la sensación de saciedad.

 

Las grasas también merecen atención. Aunque durante años se demonizó cualquier tipo de grasa, hoy se sabe que la calidad es mucho más importante que la cantidad aislada. En una hamburguesa saludable conviene priorizar grasas insaturadas procedentes del aceite de oliva virgen extra, el aguacate o los frutos secos. Por el contrario, es recomendable moderar el uso de salsas industriales, beicon y quesos excesivamente grasos.

 

Precisamente las salsas representan uno de los aspectos más problemáticos de muchas hamburguesas comerciales. Algunas contienen cantidades muy elevadas de azúcar, sal y grasas añadidas. Existen alternativas sencillas y saludables, como preparar salsas a base de yogur natural, mostaza, hummus o tomate natural triturado.

 

Un ejemplo de hamburguesa saludable podría incluir:

  • Pan integral (hidratos de carbono de calidad)
  • Proteína de calidad: hamburguesa casera de pollo o ternera, o también de legumbres,
  • Verduras u hortalizas: tomate fresco, rúcula, cebolla morada, y acompañada de verduras asadas o ensalada
  • Salsa casera: hummus, aguacate, mostaza, etc.
  • Bebida saludable: agua como bebida principal.

 

Esta combinación aporta proteínas de calidad, fibra, grasas saludables y una buena capacidad saciante, todo ello con un perfil nutricional mucho más equilibrado que el de muchos menús de comida rápida tradicionales.

 

En definitiva, la hamburguesa no debería considerarse automáticamente un alimento prohibido o perjudicial. La evidencia científica actual indica que lo verdaderamente importante es el patrón dietético global y la frecuencia de consumo. Una hamburguesa ocasional dentro de una alimentación equilibrada no supone un problema para la mayoría de las personas. Además, aprender a elaborar versiones más saludables puede ser una excelente herramienta de educación nutricional, especialmente en una sociedad donde la comida rápida forma parte de la vida cotidiana.

Delirium agudo en el anciano

Delirium agudo en el anciano

Pablo Jorge Samitier

27 de mayo de 2026

¿Alguna vez has cuidado a una persona mayor y, en un momento concreto, ha comenzado a comportarse de manera extraña? ¿No había manera de que se despertara durante el día y luego no había manera de que se durmiera por la noche? ¿No te conocía, te gritaba, te insultaba, desconfiaba de ti y quería irse a su casa?

 

La unión de diversos factores relacionados con la patología aguda, el deterioro cognitivo y funcional puede ocasionar desorientación, adormilamiento o agitación. Es lo que se conoce como delirium agudo en el anciano y se caracteriza por la presencia de cuatro características clave:

 

Alteración del nivel de conciencia, manifestándose con un estado de agitación, inquietud o nerviosismo o, por el contrario, mediante un estado de somnolencia intensa. Además, estos estados pueden alternarse, generando un cuadro mixto que fluctúa en diferentes etapas.

 

Presencia de alteraciones cognoscitivas y perceptivas. Puede aparecer alteración de la memoria a corto plazo, pensamiento incoherente y desorganizado e incluso alucinaciones visuales y/o auditivas. Por ejemplo, no reconocer la habitación y pensar que está en su propia casa, no reconocer a las personas que le cuidan o percibir agresión o amenaza por parte de quienes le hablan.

 

Aparición brusca, habitualmente en horas o días, y con mayor probabilidad durante el periodo nocturno.

 

Carácter fluctuante. Puede iniciarse tras una descompensación cardiaca o renal, o por una infección urinaria o respiratoria cursando con fiebre y deshidratación, acumulándose sustancias que afectan a la correcta actividad cerebral y comenzando un cuadro de somnolencia. Este puede ser el motivo inicial de ingreso. Al cabo de unos días de tratamiento hospitalario, el paciente puede despertarse desorientado y nervioso, evolucionando hacia un cuadro de agitación. También podría iniciarse directamente con agitación, necesitando medicación que puede acumularse en sangre y mantener efectos tranquilizantes en horarios no adecuados, como los diurnos, alterando el ciclo sueño-vigilia (somnolencia diurna e insomnio nocturno).

 

Puede considerarse un cuadro multifactorial que resulta de la interacción entre ciertas características del paciente que le hacen más vulnerable al desarrollo de delirium, llamadas factores predisponentes (edad avanzada, deterioro funcional y cognitivo, pluripatología, etc.) y factores etiológicos externos denominados factores precipitantes, que desencadenan el cuadro (dificultad respiratoria, fiebre, dolor, fármacos o factores ambientales).

 

El delirium agudo en el anciano es la complicación más frecuente durante la hospitalización de la población mayor, y su incidencia aumenta progresivamente conforme aumentan la edad, el deterioro funcional y el deterioro cognitivo, especialmente a partir de los 75 años. En definitiva, cuanto más dependiente y mayor es la persona, mayor es el riesgo de padecer delirium.

 

Es, por lo tanto, una complicación grave que implica un incremento de los días de estancia hospitalaria. Mina la capacidad vital, cognitiva y de autonomía de la persona anciana, aumentando significativamente la carga de cuidados, hasta convertirse en un factor clave para iniciar un proceso de institucionalización residencial. Además, facilita nuevos ingresos hospitalarios futuros, asociándose, por tanto, a una mayor mortalidad.

 

Tener que manejar un cuadro de agitación psicomotriz, que puede manifestarse en gritos, insultos, intentos de salir de la cama, falta de reconocimiento personal y rechazo a la toma de medicación oral, además durante la noche y pudiendo prolongarse durante varias noches o incluso días sin descanso, se convierte en un factor de estrés intenso. Se identifican tres temas comunes que aumentan el grado de estrés en los cuidadores familiares e informales: primero, los síntomas difíciles de manejar; segundo, la carga emocional derivada de la ira, frustración, angustia emocional, miedo, culpa e impotencia; y, finalmente, la carga situacional, relacionada con la pérdida de control, la falta de atención, de conocimientos o de recursos, las preocupaciones de seguridad, la imprevisibilidad y la falta de preparación.

 

Por fortuna, el fenómeno ha sido investigado en profundidad y se han desarrollado propuestas prácticas. En torno al 30-40 % de los episodios pueden prevenirse mediante medidas no farmacológicas. La intervención preventiva contribuye a mejorar el desarrollo, pronóstico y evolución de los ingresos hospitalarios:

 

La valoración de los factores predisponentes al comienzo del ingreso hospitalario: edad, grado de dependencia, deterioro cognitivo, enfermedades crónicas, alteraciones del sueño y antecedentes de delirium en ingresos previos.

 

El control y monitorización de los factores precipitantes: monitorización de signos vitales, control de la oxigenoterapia, evaluación de parámetros analíticos, control de la micción y del ritmo intestinal, monitorización del dolor o las molestias y limitación de las restricciones físicas.

 

Formación del cuidador informal sobre medidas preventivas de cuidado directo: ayuda con el autocuidado, asegurando una nutrición e hidratación adecuadas; facilitando la toma de medicación oral; promoviendo una movilización temprana; disminuyendo la ansiedad; favoreciendo la orientación a la realidad; facilitando una adecuada visión y audición; estimulando cognitivamente al paciente y asegurando periodos de sueño nocturno.

 

El acompañamiento del enfermo a pie de cama es fundamental. Contamos con la tradición cultural de acompañar al enfermo durante el proceso hospitalario por parte de cuidadores informales (familiares o cuidadores remunerados no familiares). Los cuidadores informales no tienen por qué tener experiencia previa en cuidados sanitarios. Para conseguir su implicación en el cuidado de enfermos con delirium, minimizar sus efectos y disminuir el estrés, es importante hacerles partícipes del proceso preventivo, informando y proporcionando formación específica sobre esta situación.

 

Por todas estas cuestiones, la relación entre el personal de enfermería y los cuidadores familiares e informales debe ser fluida y basada en la confianza. El objetivo es común: el bienestar de la persona ingresada, su pronta recuperación y minimizar las complicaciones derivadas de la estancia hospitalaria.

Dolor invisible: el impacto emocional de la endometriosis

Dolor invisible: el impacto emocional de la endometriosis

Inma Menés Casado

26 de mayo de 2026

La endometriosis es una enfermedad invisible. No se nombra en la calle ni en los medios de comunicación, no hay campañas públicas de las instituciones sanitarias.

 

 

¿Cómo puede ser que una enfermedad con mayor incidencia que el asma, la diabetes y el VIH juntos, y con unas repercusiones tan graves en la vida cotidiana, no se conozca? Sabemos qué es la diabetes o el asma, pero al nombrar la palabra endometriosis inevitablemente surge la pregunta: “¿endomequé?”

 

 

Creo que hay varios factores que influyen en esta invisibilización:

 

 

  • Que el principal síntoma es el dolor. Y todo dolor es invisible. Es una experiencia subjetiva que, en nuestro caso, es casi una definición de la enfermedad. Y que ni los profesionales ni nuestro entorno pueden ver. Se puede, si hay suerte, encontrar algunas causas que pueden ocasionarlo, algún endometrioma, algún nódulo que asoma, órganos adheridos, pero en muchos casos no hay una correlación entre lo visible y el dolor.

 

 

  • El mito: la regla duele, como si de una maldición divina se tratara. Un mito sin matices, incuestionable, que oculta lo patológico y la enfermedad. Y está sustentado por el mandato o ideal social: “hay que aguantar”; o su vertiente comercial: “que nada te pare”. Todo unido, hace que muchas mujeres sostengan un dolor insostenible y las coloca en una situación de desprotección.

 

 

  • Otro factor es que la enfermedad se parapeta en zona tabú, relacionada con el mundo secreto e innombrable de la menstruación y los genitales internos femeninos. Está lastrada principalmente por el sesgo de género que la incluye en el territorio de lo “normalizado” (el dolor de regla es normal) y de lo innombrable (la menstruación, la micción y la defecación, las relaciones sexuales… de las mujeres).

 

 

  • Un cuarto motivo es la insuficiente formación, investigación e interés de la comunidad médica en esta enfermedad. Por supuesto, alimentado por los factores anteriores: los prejuicios y tabúes culturales nos influyen a todas, incluidas las profesionales. El que la endometriosis no genere en muchas ocasiones signos evidentes en las pruebas de imagen clásicas, implica que para diagnosticarla es imprescindible escuchar y creer a la mujer que acude a la consulta. Confiar en su relato. Para ello se necesita formación suficiente para reconocer los síntomas, humildad para ver las limitaciones de nuestro conocimiento y un compromiso con la paciente para intentar ayudarla más allá de lo evidente y los prejuicios. Y en nuestro sistema de salud, estresado y deshumanizado, en muchos casos esto no se da.

La incomprensión, la desconfianza, la encontramos también en el entorno más cercano: la pareja, la familia, las compañeras, los amigos… Esto nos pone en una situación traumática, de mucha vulnerabilidad. Necesitamos ser creídas, legitimar nuestra experiencia, pero no podemos aportar pruebas de nuestro dolor, y esto, en una sociedad llena de prejuicios e incomprensión, nos deja sin apoyos.

 

 

Por todo ello, ¿qué pasa si no te creen?: “No tienes nada”, “es imposible”… ¿Dónde quedas tú ante la sociedad y el sistema de salud? O el sistema no sabe (y esta posibilidad o no cabe o asusta) o, irremediablemente, tu realidad es inventada, delirante.

 

 

Y esta duda, esta inquietud, es corriente. Por un lado, te llega directamente, tanto de médicos y especialistas como de tu entorno: “solo es un dolor de regla…, no puede ser para tanto…, todas las mujeres tienen molestias…, no vas a coger la baja otra vez por la regla…, a mí también me duele y me aguanto …”. Y a veces el cuestionamiento es más duro: “te lo inventas, estás loca, te voy a derivar a salud mental porque yo no veo nada físico, es que tienes muy bajo el umbral del dolor, lo que necesitas son ansiolíticos, antidepresivos, tener un hijo, preocuparte por otras cosas…”.

 

 

Así, además de convivir con un dolor a veces avasallador, la subfertilidad y –en ocasiones– la infertilidad, una sexualidad condicionada y una vida social y laboral limitada, una o varias intervenciones quirúrgicas, extirpaciones de órganos… además, toca enfrentarse a la incomprensión, la soledad, la confusión, la duda de sí y la impotencia.

 

 

En la endometriosis severa necesitamos integrar en nuestra vida:

 

 

  • El dolor
  • El miedo al dolor
  • La limitación, la incapacidad
  • Las pérdidas, los duelos
  • El mal trato y, a veces, el maltrato

 

 

Es muy duro, a veces terrible, pero las personas contamos con un impulso innato de crecimiento y superación que nos lleva a adaptarnos para vivir lo mejor posible. Y aprendemos, y seguimos viviendo, integrando, haciendo hueco a lo nuevo, aunque no sea elegido.

 

 

¿Y qué hemos aprendido en estos años de convivir con la enfermedad?  Lo que toda situación traumática necesita para superarse, e incluso, para ayudarnos a crecer psicológica y emocionalmente.

 

 

  • Que necesitamos apoyo social para afrontar el impacto emocional que suponen los peores síntomas de esta enfermedad. Las respuestas comprensivas de otras personas suavizan el impacto de la situación, mientras que respuestas hostiles o negativas multiplican el daño y agravan las consecuencias, físicas y psicológicas. Compartir la experiencia traumática con otros es una condición indispensable para restituir la sensación de existir en un mundo con sentido.

 

 

  • Que las estrategias activas de afrontamiento nos protegen, atenúan la vulnerabilidad psicológica. Formarnos sobre la enfermedad, tomar decisiones sobre el tratamiento, hacernos cargo activamente de mejorar nuestra calidad de vida, enfrentar las dificultades, buscar los apoyos necesarios… Nos ayudan a salir de la indefensión y de la desesperanza.

 

 

  • Que las que mejor se recuperan son las mujeres que descubren algún significado en su experiencia que trasciende los límites de su situación personal. Lo más frecuente es que lo encuentren uniéndose a otras en una acción social donde se pasa de una sensación de impotencia a una sensación de control, de potencial de cambiar las cosas. Y de un yo a un nosotras. Y de un nosotras a un todas.

 

 

Visibilizar: hacer visible lo que está oculto, negado.

Nombrar: poner palabras a lo que no las tiene.

Digamos todas juntas: ENDOMETRIOSIS.

 

No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

Yolanda Gracia Rivas

22 de mayo de 2026

“¿El qué? Háblame más alto”. Con seguridad, ha escuchado esta expresión en reiteradas ocasiones. La respuesta habitual consiste en elevar el volumen de la voz o articular con mayor lentitud.

 

Existe una creencia generalizada de que este fenómeno es una consecuencia natural e inevitable del envejecimiento.

 

Pero, ¿y si no es tan inofensivo como parece?

 

La pérdida auditiva en personas mayores – también llamada presbiacusia – no es un simple “oigo menos”, sino que viene acompañada de afecciones en la esfera cognitiva y social.

 

Además, no se trata de un concepto minoritario: su prevalencia es elevada a nivel mundial; se estima que el 65% de los adultos mayores de 60 años la padecen.

 

¿Cómo afecta al cerebro?

 

En la última década, múltiples estudios han evidenciado una asociación entre la demencia y la presbiacusia. De hecho, la comisión de The Lancet concluyó que eliminar la pérdida auditiva en personas mayores podría reducir hasta en un 9% el riesgo de desarrollar el deterioro cognitivo.

 

Este fenómeno se debe a que la pérdida auditiva crónica disminuye la estimulación de las vías auditivas centrales. En consecuencia, el cerebro activa mecanismos compensatorios que incrementan la actividad en las redes neuronales vinculadas al control cognitivo.

 

En términos más sencillos: la disminución de estímulos sonoros obliga al cerebro a “trabajar más” para entender lo que oye, utilizando recursos cognitivos adicionales que, normalmente se dedicarían a la memoria y a la atención. A medio y largo plazo, este sobreesfuerzo puede comprometer el rendimiento cognitivo general.

 

El camino silencioso hacia el aislamiento

 

La audición es clave para la comunicación diaria y representa un factor esencial – frecuentemente infravalorado – para el bienestar social del individuo. A nivel conductual, las personas mayores con pérdida de audición tienden a evitar situaciones de alta exigencia comunicativa, tales como las llamadas telefónicas o la permanencia en ambientes con mucho ruido, debido a la frustración que les genera no poder seguir una conversación.

 

A largo plazo, esta conducta de evitación puede producir: disminución de la participación social, aumento de la sensación de soledad, reducción de interacciones sociales, frustración y ansiedad al no comprender bien y mayor riesgo de depresión.

 

¿Por qué no la atendemos como se merece?

 

A pesar del impacto clínico y social descrito, la presbiacusia constituye una de las condiciones menos tratadas en geriatría. La causa principal es la naturalización de la pérdida auditiva, interpretada erróneamente como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Esta percepción social provoca tanto las personas afectadas como sus familias desestimen los síntomas, retrasando la atención oportuna y el diagnóstico.

 

Asimismo, el estigma social hacia el uso de audífonos – relacionados culturalmente con el envejecimiento y la pérdida de autonomía- refuerza esta problemática. Como resultado, se produce un retraso en la búsqueda de ayuda y una tendencia hacia la negación del problema.

 

Cómo actuar de manera efectiva

 

En primer lugar, es necesario un cambio en la perspectiva sociocultural, abordando el problema bajo criterios objetivos. Los estudios apuntan tres soluciones clave para abordarlo correctamente.

 

Detección precoz. La revisión auditiva debería integrarse en los controles habituales de salud. Esta práctica requiere la identificación de señales de alerta que incluyen dificultad para el seguimiento de las conversaciones, la dependencia de la lectura de labios o la solicitud recurrente de repetición verbal.

 

Cuestionarios como el Inventario de Discapacidad Auditiva para Ancianos (HHIE-S) permiten detectar casos sospechosos y remitirles a pruebas de audiometría más específicas. 

 

Implante coclear o uso de audífonos. Los audífonos contemporáneos no solo amplifican el sonido, sino que mejoran su procesamiento. Un estudio de la Escuela Bloomberg evidenció que su uso se asocia con una prevalencia de demencia un 32 % menor en personas con pérdida auditiva moderada o grave. En estadios clínicos casos más avanzados, el implante coclear constituye la opción terapéutica de elección. Un estudio realizado en 2024 en Australia sugiere la posibilidad de retrasar la aparición de la demencia, prolongando la calidad de vida y promoviendo un envejecimiento saludable.

 

Adaptación del entorno. Existen modificaciones ambientales y conductuales sencillas que facilitan la interacción social. Estas medidas incluyen vocalizar sin gritar, reducir ruidos de fondo (como la televisión), hablar de frente a la persona o gesticular para una mejor comprensión.

 

Conclusión

 

La privación auditiva no se limita a la pérdida de sonidos, implica sino perder conversaciones, conexiones y, en última instancia, el deterioro de la calidad de vida.

 

Merece la pena replantearse el impacto de esta situación que puede iniciar con un “no te escucho, repítemelo” y acabar comprometiendo el estado emocional y cognitivo.  En consecuencia, el diagnóstico precoz y el abordaje terapéutico oportuno no es solo una cuestión de audición, sino de salud general y autonomía.

Donación de Leche Materna en Aragón: Un compromiso con la vida

Donación de Leche Materna en Aragón: Un compromiso con la vida

María José Martínez

21 de mayo de 2026

Donación de Leche Materna en Aragón: Un compromiso con la vida

 

Este 19 de mayo, Aragón se suma a la celebración del Día Mundial de la Donación de Leche Materna. Bajo el lema “Tu leche, mi vida”, el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón (BSTA) mantiene una campaña intensiva para sensibilizar a la sociedad y, especialmente, a las madres lactantes sobre la importancia de este gesto altruista que se convierte en la principal medicina para los bebés más vulnerables.

 

 

Un balance de crecimiento y esperanza

 

Los datos de este 2026 reflejan una tendencia positiva y consolidan a Aragón como un referente nacional en esta materia. En lo que llevamos de año, el Banco está atendiendo a 52 donantes nuevas. Este compromiso se ha traducido ya en la donación de 235 litros en los primeros meses del año, lo que supone un incremento del 18 % respecto al mismo periodo del ejercicio anterior.

 

Si miramos el cierre del ejercicio 2025, las cifras son reveladoras: el programa contó con la participación de 164 madres donantes y se alcanzaron los 535 litros donados. De hecho, la Memoria de Actividades 2025 del BSTA destaca que durante ese último ejercicio se distribuyeron 428 litros específicamente destinados al cuidado de niños prematuros.

 

 

¿Quiénes son los beneficiarios?

 

Efectivamente, la misión fundamental del Banco de Leche es mejorar el estado de salud de los neonatos, especialmente aquellos con un peso inferior a 1.800 gramos. La evidencia científica demuestra que la leche materna fortalece su sistema inmunitario y su desarrollo neurológico, protegiéndolos frente a patologías graves.

 

Este recurso es vital para bebés cuyas madres no pueden dar el pecho por motivos médicos o no producen cantidad suficiente de este básico alimento. El Banco suministra principalmente a los centros que cuentan con Servicio de Neonatología: el Hospital Universitario Miguel Servet y el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa en Zaragoza. No obstante, el sistema está preparado para hacer llegar este «oro blanco» a cualquier hospital de la red aragonesa que lo solicite e, incluso, se presta apoyo a La Rioja, comunidad que carece de este servicio propio.

 

 

Facilidades para la donante: «Llegamos a tu casa»

 

Para eliminar barreras, el Banco de Leche ha diseñado un sistema logístico que facilita al máximo la donación. La recogida se realiza directamente en el domicilio de las madres dentro de un radio de 50 kilómetros desde Zaragoza, proporcionándoles además todo el material necesario (sacaleches, envases, etiquetas, etc.).

 

Para aquellas madres que residen fuera de este perímetro, se han habilitado puntos de recogida estratégicos en los hospitales de San Jorge (Huesca), Obispo Polanco (Teruel), Hospital de Calatayud (Ernest Lluch), Hospital de Alcañiz y Hospital de Barbastro.

 

 

Cómo ser donante

 

Cualquier mujer que goce de buena salud y que tenga un excedente de leche durante el primer año de vida de su bebé puede convertirse en donante. Es recomendable iniciar este proceso durante los primeros seis meses. Los preparativos son sencillos: basta con ponerse en contacto con el centro de salud a través de la matrona, la enfermera pediátrica o el pediatra. Tras completar un breve cuestionario de salud y realizar una analítica de sangre que garantice la seguridad del proceso, la madre puede comenzar a donar desde su propio domicilio. Además, el Banco se encarga de recoger periódicamente la leche en su casa y de proporcionar los envases necesarios para facilitar las siguientes donaciones. 

 

Para el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón esta labor es imprescindible y admirable, destacando que la generosidad de estas mujeres permite que cientos de niños mejoren radicalmente su calidad y esperanza de vida. Este 19 de mayo, Aragón vuelve a demostrar que su mayor tesoro es la solidaridad de su gente, de sus madres.

 

Nuestra comunidad cuenta con Banco de Leche Materna desde el año 2011 y es uno de los que más donaciones recibe a nivel nacional. Los neonatólogos valoran muy positivamente la trayectoria de la entidad y coinciden en destacar la importante labor social que desempeña. Estos especialistas recuerdan que, para el desarrollo del bebé, la primera opción es la leche de la propia madre. Sin embargo, en ocasiones no es posible disponer de ella o no se consigue en cantidad suficiente. Esta necesidad es aún mayor en el caso de los recién nacidos prematuros.

 

Según estos especialistas, hay evidencias que indican que hay beneficios adicionales muy importantes relacionados con el riesgo de mortalidad y la prevención de enfermedades graves. Entre esas complicaciones se destaca la enterocolitis necrotizante, una patología intestinal severa que afecta especialmente a los recién nacidos menos desarrollados. En este sentido, la leche materna es un recurso que favorece la adaptación de su intestino contribuyendo a reducir riesgos.

 

El Banco de Leche, por tanto, celebra este circuito virtuoso que pone de manifiesto el altruismo de cientos de madres en un momento de gran intensidad emocional y en el que la vida se reanima o renueva en muchos otros bebés y sus familias.

 

 

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