El silencio de la “Marea Azul”
El silencio de la «Marea Azul»
Francisco Javier Reula Vargas
9 de junio de 2026
El día 11 de junio se celebra el Día Mundial del Cáncer de Próstata. En realidad, no celebramos nada, pero nos servirá para recordar que el año pasado en España, se diagnosticaron 36.000 nuevos casos y acabó, además, con la vida de otros 6.000. El capricho de los datos nos dice, por tanto, que se detectan cada año los mismos nuevos casos y muertes en cáncer de próstata que en cáncer de mama. Los mismos.
¿Cómo es posible entonces que todo el mundo sepamos lo que es la «marea rosa» y en cambio el cáncer de próstata pase por nuestro lado de una manera invisible? Porque los hombres somos torpes para muchas cosas y esta es una de ellas. Ese es el secreto.
A los hombres nos da vergüenza hablar de una enfermedad que nos afecta física y psicológicamente de una manera terrible. Basta con comentar que la tasa de suicidios entre pacientes de cáncer de próstata multiplica por 5 la tasa de suicidios de la población general. Por algo será.
Aprovechando la oportunidad que me ofrece esta tribuna de OCODES, os cuento mi caso personal. A finales de 2022 me diagnosticaron un cáncer de próstata del tipo más agresivo en la escala de Gleason, en un estadio IV y con lesiones óseas metastásicas en la cadera, una vértebra y la clavícula. Muy mala pinta.
Sigo vivo porque tiene que haber de todo en esta vida… y gracias a un triple tratamiento que pautaron mi urólogo y mi oncólogo del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Había que apostar al «todo o nada». Así que, gracias al doctor Ángel Borque y al doctor Juan Verdún.
Previo a este triple tratamiento, había que «limpiar» mediante cirugía todo lo posible. La operación resultó devastadora, pues me afectó por completo a la musculatura de suelo pélvico y supuso un notable acortamiento del pene. Durante casi tres años utilicé pañales ante mi incapacidad para retener la orina. Hace unos meses, me colocaron una prótesis que me permite controlar el flujo de la orina de una forma mecánica. Tan «sencillo y cómodo» como presionar un pulsador alojado en el escroto.
Ni que decir de las relaciones sexuales que, durante estos más de tres años, han sido inexistentes. Un auténtico «brindis al sol», en el que todavía estamos probando distintas fórmulas, sin resultados hasta la fecha.
¿Te estás imaginando bien todo lo que supone? Fácil, ¿verdad?

Pocos meses después de la intervención, comencé el triple tratamiento. La primera parte fueron 6 ciclos de quimioterapia, espaciados cada tres semanas. En total, 5 meses en los que llueve sobre mojado en tu cuerpo. Musculatura que se convierte en puré, vómitos, diarreas, estreñimiento, venas que se vuelven tan finas que es complicado detectarlas para realizar cualquier prueba o analítica, caída del pelo, pérdida de piezas dentales, fragilidad ósea y una sensación de debilidad y vulnerabilidad que resulta extenuante.
La segunda parte consiste en unas inyecciones inhibidoras de la testosterona, lo que vulgarmente se conoce como «castración química», pues el cáncer de próstata tiene un componente hormonal. Esto tiene efectos secundarios también, como el aumento del pecho, la falta de libido, sofocos y aumento de la grasa corporal. En definitiva, provoca andropausia en el hombre.
Y la tercera parte del tratamiento incluye la toma de un fármaco llamado darolutamida, que bloquea los andrógenos (como la testosterona), actuando como una terapia hormonal para tratar ciertos tipos de cáncer de próstata. Tiene un elevado riesgo de posibles fracturas óseas, pero hay que elegir.
Recuerda que una simple analítica en sangre del PSA y una visita a tiempo al urólogo ayudan a un diagnóstico precoz en el cáncer de próstata, evitando muchos de los problemas que te he descrito.
Ojalá estas líneas te ayuden a comprender ahora lo que padecemos quienes estamos inmersos en esa «marea azul»… y seas altavoz, con nosotros, para que tu marido, tu novio, tu hermano, tu padre, tu amigo, o tú mismo, no tengáis que pasar por un proceso semejante.
Quiero, por último, dar las gracias a Susana, mi esposa, por ayudarme siempre, por seguir diciéndome cada día lo fuerte y lo guapo que estoy y sin la que hoy no habría encontrado las fuerzas necesarias para escribir un artículo tan duro para mí.

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