El silencio de la “Marea Azul”

El silencio de la «Marea Azul»

Francisco Javier Reula Vargas

9 de junio de 2026

El día 11 de junio se celebra el Día Mundial del Cáncer de Próstata. En realidad, no celebramos nada, pero nos servirá para recordar que el año pasado en España, se diagnosticaron 36.000 nuevos casos y acabó, además, con la vida de otros 6.000. El capricho de los datos nos dice, por tanto, que se detectan cada año los mismos nuevos casos y muertes en cáncer de próstata que en cáncer de mama. Los mismos.

 

 

¿Cómo es posible entonces que todo el mundo sepamos lo que es la «marea rosa» y en cambio el cáncer de próstata pase por nuestro lado de una manera invisible? Porque los hombres somos torpes para muchas cosas y esta es una de ellas. Ese es el secreto.

 

 

A los hombres nos da vergüenza hablar de una enfermedad que nos afecta física y psicológicamente de una manera terrible. Basta con comentar que la tasa de suicidios entre pacientes de cáncer de próstata multiplica por 5 la tasa de suicidios de la población general. Por algo será.

 

 

Aprovechando la oportunidad que me ofrece esta tribuna de OCODES, os cuento mi caso personal. A finales de 2022 me diagnosticaron un cáncer de próstata del tipo más agresivo en la escala de Gleason, en un estadio IV y con lesiones óseas metastásicas en la cadera, una vértebra y la clavícula. Muy mala pinta.

 

 

Sigo vivo porque tiene que haber de todo en esta vida… y gracias a un triple tratamiento que pautaron mi urólogo y mi oncólogo del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. Había que apostar al «todo o nada». Así que, gracias al doctor Ángel Borque y al doctor Juan Verdún.

 

 

Previo a este triple tratamiento, había que «limpiar» mediante cirugía todo lo posible. La operación resultó devastadora, pues me afectó por completo a la musculatura de suelo pélvico y supuso un notable acortamiento del pene. Durante casi tres años utilicé pañales ante mi incapacidad para retener la orina. Hace unos meses, me colocaron una prótesis que me permite controlar el flujo de la orina de una forma mecánica. Tan «sencillo y cómodo» como presionar un pulsador alojado en el escroto.

 

 

Ni que decir de las relaciones sexuales que, durante estos más de tres años, han sido inexistentes. Un auténtico «brindis al sol», en el que todavía estamos probando distintas fórmulas, sin resultados hasta la fecha.

 

 

¿Te estás imaginando bien todo lo que supone? Fácil, ¿verdad?

 

 

Pocos meses después de la intervención, comencé el triple tratamiento. La primera parte fueron 6 ciclos de quimioterapia, espaciados cada tres semanas. En total, 5 meses en los que llueve sobre mojado en tu cuerpo. Musculatura que se convierte en puré, vómitos, diarreas, estreñimiento, venas que se vuelven tan finas que es complicado detectarlas para realizar cualquier prueba o analítica, caída del pelo, pérdida de piezas dentales, fragilidad ósea y una sensación de debilidad y vulnerabilidad que resulta extenuante.

 

 

La segunda parte consiste en unas inyecciones inhibidoras de la testosterona, lo que vulgarmente se conoce como «castración química», pues el cáncer de próstata tiene un componente hormonal. Esto tiene efectos secundarios también, como el aumento del pecho, la falta de libido, sofocos y aumento de la grasa corporal. En definitiva, provoca andropausia en el hombre.

 

 

Y la tercera parte del tratamiento incluye la toma de un fármaco llamado darolutamida, que bloquea los andrógenos (como la testosterona), actuando como una terapia hormonal para tratar ciertos tipos de cáncer de próstata. Tiene un elevado riesgo de posibles fracturas óseas, pero hay que elegir.

 

 

Recuerda que una simple analítica en sangre del PSA y una visita a tiempo al urólogo ayudan a un diagnóstico precoz en el cáncer de próstata, evitando muchos de los problemas que te he descrito.

 

 

Ojalá estas líneas te ayuden a comprender ahora lo que padecemos quienes estamos inmersos en esa «marea azul»… y seas altavoz, con nosotros, para que tu marido, tu novio, tu hermano, tu padre, tu amigo, o tú mismo, no tengáis que pasar por un proceso semejante.

 

 

Quiero, por último, dar las gracias a Susana, mi esposa, por ayudarme siempre, por seguir diciéndome cada día lo fuerte y lo guapo que estoy y sin la que hoy no habría encontrado las fuerzas necesarias para escribir un artículo tan duro para mí.

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Raúl Cuenca Sancho

8 de junio de 2026

¿Por qué hacerse mayor parece ser un inconveniente?

 

Actualmente, las sociedades contemporáneas experimentan un aumento en el envejecimiento demográfico. Paradójicamente, este avance convive con una idealización de la juventud y el rechazo al paso del tiempo. Este escenario da lugar, con frecuencia, a estereotipos y prejuicios hacia las personas mayores, percibiendo esta etapa como negativa. A este fenómeno se le llama edadismo o discriminación por edad.

 

Tal y como señala Butler (1969), edadismo se define como “Estereotipos sistemáticos y discriminatorios contra las personas por el siempre hecho de ser mayores y que se reflejan en conductas como el desdén, el desagrado, el insulto o simplemente evitando la cercanía o el contacto físico”.

 

El 45% de los mayores de 65 años afirman haber experimentado discriminación por este motivo, lo cual sitúa a la exclusión social como una de las consecuencias más importantes. Este hecho afecta a la salud física, mental y social en miles de personas de avanzada edad en todo el mundo.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) el edadismo constituye un problema a nivel mundial que provoca consecuencias críticas, como mortalidad prematura, el deterioro de la calidad de vida y desigualdades sistemáticas, visibles en el día a día.  Del mismo modo, este fenómeno afecta negativamente en las decisiones clínicas y políticas públicas, lo que vulnera el derecho de autonomía y margina a este colectivo por el único motivo de su edad.

 

Edadismo en el ámbito sanitario

 

Dentro del ámbito sanitario, el edadismo genera consecuencias graves debido a las disparidades en la aplicación de protocolos diagnósticos y terapéuticos a personas mayores. Estas variaciones están condicionadas, por un lado, al lugar de residencia de los usuarios (domicilio particular o institución) y, por otro lado, al grado de deterioro cognitivo de la persona.

 

Cabe resaltar que esta exclusión se justifica, en muchas ocasiones, siguiendo criterios basados en la edad, en lugar de considerar el estado de salud real del paciente.

 

Esta problemática se ve agravada por el factor humano: aun cuando hoy en día existe una formación específica en geriatría, persisten mitos arraigados entre muchos profesionales sanitarios. Destacan afirmaciones como: “los mayores siempre están tristes”, “con la edad es normal que pierdan memoria”, “son todos iguales”, “están solos” o “ya no tiene sentido rehabilitar alguien de 90 años”.

 

En contraposición a estas ideas, la realidad es diferente: la mayoría de las personas mayores se ajustan con éxito a los desafíos propios de su etapa vital. Son un grupo de población heterogéneo en el que una amplia mayoría vive de forma independiente y mantiene un contacto regular con su entorno familiar. Asimismo, aquellos que viven en comunidad presentan menor prevalencia de tristeza o depresión en comparación con otros grupos de edad.

 

El papel de la enfermería

 

Las enfermeras deben actuar como agente de cambio frente a las situaciones de edadismo, desde el primer contacto con el paciente hasta el final de su seguimiento. Cada profesional tiene la responsabilidad de brindar un trato digno, mostrando respeto, empatía y eliminando cualquier prejuicio ante las diferentes situaciones que pueda encontrarse.

 

Para ello, es clave fomentar la formación, incidiendo en el proceso de envejecimiento, promover la escucha activa y garantizar la participación de las personas mayores en sus propios planes de cuidados.

 

Es esencial visibilizar esta problemática, promover el debate público, denunciar las prácticas discriminatorias e incluir la perspectiva de la vejez en las políticas y campañas públicas. Estas acciones contribuirán a generar un cambio en la sociedad que impulse no sólo la longevidad, sino también el bienestar integral, la calidad de vida y la dignidad en el envejecimiento.

 

Como combatir el edadismo

 

El edadismo se puede combatir mediante las siguientes estrategias:

 

Políticas y legislación, con las que proteger los derechos humanos y abordar la discriminación y la desigualdad existente por razón de la edad.

 

Actividades educativas, para transmitir conocimientos y competencias que promuevan la empatía.

 

Intervenciones intergeneracionales que permiten conectar a personas de diferentes generaciones, con las que reducir o eliminar el edadismo.

 

Desmitificar estereotipos mediante historias positivas y reales, donde poder ver diferentes ejemplos de personas mayores activas, creativas y relevantes.

 

Conclusión: más años, mismos derechos

 

Envejecer no es una patología ni implica una pérdida de valor social del individuo. Por el contrario, representa una etapa vital que merece respeto, atención y reconocimiento. Combatir el edadismo es un paso necesario para construir una sociedad más justa y solidaria, donde los años vividos no sean un motivo de exclusión.

 

Para conseguirlo, es necesario diseñar estrategias de sensibilización e intervenciones socioeducativas -tales como seminarios, conferencias y talleres formativos- orientados a crear una nueva conciencia social, donde las personas mayores puedan vivir con dignidad, participar plenamente y seguir aportando desde su experiencia.

 

 

Desinformación en salud: una amenaza creciente que precisa una respuesta coordinada

Desinformación en salud: una amenaza creciente que precisa una respuesta coordinada

Susana Fernández Olleros y Javier Granda Revilla

7 de junio de 2026

La desinformación en salud se ha convertido en uno de los principales desafíos tanto para los sistemas sanitarios, como para los profesionales de la información y las instituciones públicas. Es la principal conclusión del Informe sobre Desinformación en Salud en España que hemos elaborado la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). En este documento, advertimos que los bulos sanitarios han dejado de ser episodios aislados para convertirse en un fenómeno estructural con consecuencias directas sobre la salud pública.

 

La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión. La combinación de incertidumbre social, crecimiento de las redes sociales, expansión de la mensajería instantánea y avances tecnológicos permitió que la información falsa circulara con una velocidad sin precedentes, superando en muchas ocasiones la capacidad de respuesta de científicos, periodistas e instituciones sanitarias.

 

La desinformación sanitaria puede provocar daños físicos y psicológicos al fomentar el abandono de tratamientos avalados por la evidencia científica o promover terapias ineficaces e, incluso, peligrosas. Otro motivo de preocupación es el creciente deterioro de la confianza ciudadana en profesionales sanitarios, científicos, medios de comunicación e instituciones públicas.

 

El informe diferencia entre información errónea –compartida sin intención de engañar– y desinformación, elaborada deliberadamente para manipular, obtener beneficios económicos o promover intereses ideológicos o políticos. Aunque ambas pueden resultar perjudiciales, la segunda constituye una amenaza especialmente grave porque busca erosionar la confianza en organismos oficiales, expertos y sistemas de salud.

 

Para analizar la situación española, en el informe hemos revisado iniciativas gubernamentales, documentación científica y opiniones de periodistas, profesionales sanitarios y representantes de pacientes. Entre nuestros hallazgos, destaca una amplia diversidad de actuaciones dispersas. El Gobierno de España ha impulsado una docena de medidas relacionadas con la lucha contra la desinformación, mientras que las comunidades autónomas y otras instituciones han desarrollado al menos 64 iniciativas distintas. Sin embargo, existe una notable falta de coordinación entre ellas.

 

Teorías conspirativas

 

Uno de los aspectos más preocupantes es el arraigo social de determinadas teorías conspirativas. Según datos recogidos en la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología, un 41,6% de los ciudadanos cree que los gobiernos han producido virus en laboratorios para controlar a la población. Y aproximadamente la mitad considera que las compañías farmacéuticas ocultan los riesgos de las vacunas. Además, un tercio de la población cree que existe una cura para el cáncer que permanece oculta por intereses económicos.

 

Estas cifras contrastan con el elevado nivel de confianza que los españoles siguen depositando en la investigación científica:más del 75% manifiesta confiar en la ciencia y casi el 86% considera que los científicos son expertos fiables en sus respectivos campos. No obstante, la coexistencia de confianza científica y creencias conspirativas evidencia la complejidad del actual ecosistema informativo.

 

Falta de credibilidad de los medios

 

Los medios de comunicación continúan desempeñando un papel fundamental en este contexto. Diversos estudios muestran que televisión, radio y prensa siguen siendo considerados por la ciudadanía como las fuentes más fiables para contrastar información. Sin embargo, el sector periodístico afronta una crisis de credibilidad que afecta especialmente a los jóvenes, entre quienes la confianza en las noticias es significativamente menor.

 

La expansión de las redes sociales ha transformado radicalmente el escenario. Plataformas como YouTube, Instagram, TikTok o X permiten una difusión masiva de contenidos sanitarios sin filtros editoriales. Diversas investigaciones que hemos recopilado en el informe muestran que la desinformación es especialmente frecuente en ámbitos como las vacunas, la nutrición, las enfermedades crónicas, el cáncer o los productos relacionados con el tabaquismo y las drogas.

 

Especial preocupación generan los jóvenes: un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud para Europa indica que más del 60 % de las personas entre 16 y 24 años obtiene gran parte de su información sanitaria a través de redes sociales y menos de un tercio verifica activamente las fuentes de lo que consume.

 

IA, un nuevo reto

 

La inteligencia artificial aparece además como un nuevo desafío. Aunque la población utiliza cada vez más estas herramientas y reconoce sus beneficios, también expresa inquietud por los riesgos asociados a la manipulación de contenidos, la privacidad de los datos y la generación automatizada de información falsa.

 

Los profesionales sanitarios que hemos consultados coinciden en señalar que la desinformación ya tiene efectos visibles en la práctica clínica. Muchos pacientes llegan a las consultas con ideas preconcebidas erróneas, expectativas irreales o desconfianza hacia tratamientos científicamente contrastados. Esta situación obliga a dedicar más tiempo a desmontar creencias falsas y puede dificultar la adherencia terapéutica.

 

Las asociaciones de pacientes también muestran preocupación por la proliferación de contenidos poco fiables. Subrayan que numerosos afectados recurren a internet para resolver dudas relacionadas con enfermedades o tratamientos y, en ausencia de orientación adecuada, quedan expuestos a información engañosa que puede generar miedo, falsas expectativas o decisiones perjudiciales para su salud.

 

Papel clave del periodismo especializado

 

Ante este escenario, en el informe reivindicamos un papel central del periodismo especializado en salud: los periodistas sanitarios actuamos como intermediarios entre la evidencia científica y la ciudadanía, traduciendo conocimientos complejos a un lenguaje accesible y verificando rigurosamente las fuentes. Nuestra función resulta especialmente relevante en un entorno donde la rapidez de difusión suele imponerse a la calidad de la información.

 

La alfabetización mediática y sanitaria emerge como otra de las grandes herramientas para combatir el problema. En el documento recopilamos estudios que destacan la importancia de enseñar pensamiento crítico, fomentar la lectura crítica de contenidos digitales y mejorar la capacidad de la población para identificar fuentes fiables. Asimismo, proponemos reforzar estas competencias desde la escuela y mediante programas de formación dirigidos tanto a ciudadanos como a profesionales sanitarios.

 

Como referencia internacional, debe destacarse la estrategia impulsada por Escocia en 2025 para proteger la integridad de la información sanitaria. El modelo escocés se articula en torno a tres pilares: liderazgo institucional, fortalecimiento de la resiliencia ciudadana y mecanismos de respuesta rápida frente a los bulos.

 

Para acabar, reiteramos que la desinformación en salud debe ser reconocida oficialmente como un problema de salud pública. Por ello, desde ANIS proponemos desarrollar una Estrategia Nacional contra la Desinformación en Salud que coordine a administraciones, profesionales sanitarios, periodistas, científicos, centros educativos y plataformas tecnológicas. El objetivo es construir un sistema capaz de detectar, prevenir y responder de forma eficaz a una amenaza que ya afecta a la calidad de las decisiones sanitarias, la confianza social y el bienestar colectivo.

Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento

Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento

Carlos De Bonrostro Torralba
4 de junio de 2026
En reproducción asistida hablamos constantemente del éxito. Hablamos de tasas de embarazo, de embriones, de transferencias, de resultados, de avances tecnológicos y de oportunidades. En parte, es lógico que lo hagamos, porque detrás de cada tratamiento hay un deseo profundo: el de formar una familia, el de tener un hijo, el de ver cumplido un proyecto vital que muchas personas llevan imaginando desde hace muchos años.

 

Sin embargo, el Día Mundial de la Fertilidad también debería ser un día para hablar abiertamente de quienes recorren ese camino, pero no llegan al destino que esperaban. De quienes lo intentaron una vez, dos, tres o muchas más. De quienes recibieron llamadas incómodas, resultados inesperados, embriones que no evolucionaron, transferencias que no implantaron o embarazos que se detuvieron demasiado pronto.

 

Es importante entender que la infertilidad va mucho más allá de un diagnóstico médico, es también una experiencia emocional, íntima y muchas veces llevada en silencio. Y a la vez, supone un auténtico terremoto capaz de alterar la relación con el propio cuerpo, con la pareja, con el entorno e, incluso, con el futuro que siempre se había imaginado.

 

La infertilidad es un proceso vital difícil, que puede hacer que cada menstruación duela de una manera diferente, que cada embarazo ajeno despierte sentimientos contradictorios, que cada espera parezca interminable y que cada nuevo intento exija una fortaleza enorme, a veces invisible a los demás.

 

Como profesionales, nuestra responsabilidad es explorar todas las opciones, ofrecer la mejor evidencia disponible y acompañar con honestidad. Y es que la ciencia puede ayudar a conseguir un objetivo, pero, por desgracia, no puede garantizar el final que tanto se desea.

 

Afortunadamente, muchas personas que hoy están inmersas en un proceso de reproducción asistida podrán conseguirlo. Muchos tratamientos terminan en el nacimiento de un hijo, muchas historias difíciles acaban encontrando una salida y muchas esperas reciben, al fin, la noticia que tanto se anhelaba.

 

Pero también es fundamental reconocer que hay personas que, después de mucho esfuerzo físico, emocional, económico y vital, toman la difícil decisión de parar, y esa decisión no debería vivirse como un fracaso. Parar puede ser una forma de recuperarse, de proteger la salud mental, de aceptar un límite o de iniciar un nuevo camino.

 

En una sociedad que suele medir la reproducción asistida por el resultado final, necesitamos recordar que detrás de cada ciclo hay personas y no estadísticas. El éxito en medicina reproductiva no debería definirse solo por un test de embarazo positivo, sino también por haber acompañado en el proceso, por haber informado con claridad y por haber estado ahí, incluso cuando la medicina no tiene respuestas.

 

En este Día Mundial de la Fertilidad, quiero enviar un mensaje de ánimo a quienes están en pleno proceso, a quienes esperan una llamada que les de la alegría que esperan, a quienes han vivido pérdidas, a quienes sienten cansancio y a quienes todavía mantienen la esperanza.

 

Pero me parece también un excelente día para recordar también a quienes no lo consiguieron, a quienes no pudieron seguir o a quienes decidieron parar. No sois menos fuertes, no sois menos valientes, ni menos merecedores de reconocimiento.

 

Porque quizá el verdadero sentido del Día de la Fertilidad no sea celebrar únicamente los embarazos que llegaron o que están por venir, sino reconocer todos los caminos recorridos, todas las pérdidas que dejaron huella y todas las historias que no terminaron como se deseaba.

 

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¿Es realmente mala la leche? Desmontando mitos más populares

¿Es realmente mala la leche? Desmontando mitos más populares

Sofía Pérez Calahorra

1 de junio de 2026

La leche de vaca es uno de los alimentos más consumidos en el mundo y, al mismo tiempo, uno de los más controvertidos.

En los últimos años, redes sociales, influencers y otros medios de comunicación han contribuido a difundir mensajes que cuestionan su papel en la alimentación humana. Se le atribuyen efectos inflamatorios, alergias o incluso que favorece la aparición de cáncer. Sin embargo, muchas de estas afirmaciones no están respaldadas por la evidencia científica disponible.

La realidad es que la leche no es un alimento imprescindible, pero tampoco es perjudicial para la mayoría de la población. Como ocurre con otros alimentos, sus beneficios y limitaciones deben analizarse bajo la investigación científica y no mediante las tendencias o creencias populares.

 

Un alimento con elevada densidad nutricional

 

La leche de vaca constituye una fuente importante de proteínas de alta calidad, calcio, fósforo, potasio, vitamina B12 y riboflavina. Sus proteínas contienen todos los aminoácidos esenciales y presentan una elevada digestibilidad, lo que las convierte en una fuente proteica de gran valor biológico.

Además, el calcio presente en la leche tiene una biodisponibilidad elevada, lo que favorece su absorción y utilización por parte del organismo. Diversos organismos internacionales consideran que la leche y los productos lácteos pueden contribuir significativamente a cubrir las necesidades de calcio de la población. Además, la evidencia científica también indica que el consumo habitual de leche y derivados lácteos puede contribuir al mantenimiento de la salud ósea y a reducir el riesgo de fracturas cuando forma parte de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.

 

Mito 1: “La leche produce inflamación”

 

Uno de los mensajes más repetidos en redes sociales es que la leche provoca inflamación en el organismo. Sin embargo, las revisiones sistemáticas y metaanálisis realizados en los últimos años no apoyan esta afirmación.

Una revisión publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition concluyó que el consumo de leche y productos lácteos no aumenta los marcadores inflamatorios en individuos sanos y que, en algunos casos, incluso podría asociarse a efectos antiinflamatorios modestos.

La confusión suele surgir porque algunas personas presentan síntomas digestivos tras consumir leche debido a intolerancia a la lactosa o a otros trastornos gastrointestinales. Sin embargo, estos casos no permiten afirmar que la leche sea un alimento inflamatorio para la población general.

 

Mito 2: “Los adultos no deberían beber leche”

 

Otra creencia frecuente sostiene que la leche solo debe consumirse durante la infancia porque es un alimento diseñado para las crías de los mamíferos.

Desde una perspectiva biológica, es cierto que la leche es el primer alimento de los mamíferos. Sin embargo, la capacidad de digerir la lactosa en la edad adulta es una adaptación genética que ha evolucionado en numerosas poblaciones humanas durante miles de años.

Actualmente, millones de adultos consumen leche sin presentar efectos adversos. Las principales organizaciones internacionales de nutrición continúan considerando los lácteos como una opción nutricional válida dentro de una alimentación saludable. Por tanto, no existe evidencia científica que justifique la eliminación sistemática de la leche en adultos sanos.

 

Mito 3: “La leche aumenta el riesgo de cáncer”

 

La relación entre el consumo de leche y el cáncer ha sido objeto de investigación durante décadas. Los resultados muestran un panorama mucho más complejo de lo que habitualmente se transmite en redes sociales.

El informe del World Cancer Research Fund señala que existe evidencia consistente de que el consumo de lácteos se asocia con una reducción del riesgo de cáncer colorrectal. Se cree que este efecto protector podría estar relacionado con el calcio y otros compuestos bioactivos presentes en la leche.

Respecto al cáncer de próstata, algunos estudios han observado asociaciones entre consumos muy elevados de calcio y un ligero aumento del riesgo, aunque la evidencia no es concluyente y no permite establecer una relación causal directa. En consecuencia, la evidencia científica actual no justifica evitar el consumo de leche por miedo al cáncer.

 

Mito 4: “Las bebidas vegetales son siempre más saludables”

 

El creciente consumo de bebidas vegetales ha llevado a muchas personas a asumir que son nutricionalmente superiores a la leche. Sin embargo, esta afirmación tampoco es correcta.

La composición nutricional de las bebidas vegetales varía enormemente según la materia prima utilizada y el proceso de elaboración. La mayoría contienen menos proteínas que la leche, con la excepción de las bebidas de soja, cuyo perfil proteico es comparable.

Además, muchas bebidas vegetales incorporan azúcares añadidos y cantidades reducidas de calcio si no están enriquecidas. Por ello, sustituir la leche por una bebida vegetal no implica necesariamente una mejora nutricional. La elección debe basarse en las necesidades individuales, preferencias personales y características nutricionales concretas de cada producto.

 

¿Cuándo está demostrado que no debe consumirse leche?

 

Aunque la leche puede formar parte de una alimentación saludable, existen situaciones clínicas en las que su consumo está contraindicado o debe adaptarse.

Alergia a las proteínas de la leche de vaca, es una reacción inmunológica frente a proteínas como la caseína o las proteínas del suero. Se presenta principalmente durante la infancia y puede provocar síntomas cutáneos, digestivos o respiratorios, e incluso anafilaxia en casos graves. En estas situaciones, la eliminación completa de la leche y sus derivados constituye el tratamiento de elección.

Intolerancia a la lactosa, se produce por una disminución de la actividad de la enzima lactasa, responsable de digerir el azúcar natural de la leche.

Los síntomas incluyen dolor abdominal, distensión, gases y diarrea. Sin embargo, la mayoría de las personas con intolerancia pueden tolerar pequeñas cantidades de lactosa repartidas durante el día o consumir productos como yogures y quesos curados, que contienen cantidades reducidas.

También existen versiones sin lactosa que mantienen prácticamente el mismo valor nutricional que la leche convencional, sin generar dichos síntomas.

Galactosemia: es una enfermedad genética poco frecuente que impide metabolizar adecuadamente la galactosa. En estos pacientes está contraindicado el consumo de leche y productos lácteos desde el nacimiento.

 

¿Cuáles son las mejores alternativas?

 

Cuando la leche no puede consumirse por razones médicas, éticas o personales, es fundamental asegurar el aporte de nutrientes clave.

Entre las muchas opciones, la bebida de soja enriquecida con calcio y vitamina D es considerada por diversas organizaciones científicas como la alternativa vegetal más parecida a la leche desde el punto de vista nutricional.

También existen otras versiones vegetales como podría ser la bebida de almendras, avena, arroz, etc., todas ellas sin azúcares añadidos y fortificadas en alguno de sus minerales y vitaminas como calcio o vitamina D, pero con menor aporte proteico.

 

En definitiva, la leche de vaca no es un alimento indispensable para vivir, pero tampoco merece muchas de las críticas que recibe actualmente. La evidencia científica muestra que puede formar parte de una alimentación saludable y equilibrada para la mayoría de las personas.

Los supuestos efectos inflamatorios o la necesidad de eliminarla en todos los adultos no están respaldados por la investigación científica. Por el contrario, la leche aporta nutrientes de alta calidad y puede contribuir a cubrir necesidades nutricionales importantes.

Como ocurre con cualquier alimento, las recomendaciones deben individualizarse. Existen situaciones en las que su consumo está contraindicado, como la alergia a las proteínas de la leche o la galactosemia, y otras en las que es necesario adaptarlo, como la intolerancia a la lactosa. Fuera de estos casos, la decisión de consumir o no leche puede responder a preferencias personales, culturales o éticas, pero no a una supuesta evidencia científica que demuestre que sea perjudicial para la población general.

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

Jorge Gracia Bernal y Juan José Aguilón Leiva

31 de mayo de 2026

Vivimos en una sociedad que envejece rápidamente y se digitaliza aún más deprisa. En España, más del 20 % de la población tiene 65 años o más, y se espera que esta cifra aumente hasta alcanzar el 30 % en 2050, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

La tecnología digital está cambiando muy rápido. Hoy en día, la gestión de citas administrativas, el uso de aplicaciones para la salud, e incluso la declaración de la renta se hace de manera telemática. Ante este escenario nos planteamos la siguiente pregunta ¿Qué pasa cuando las personas que más necesitan estos servicios no saben o no pueden usarlos?

 

Este artículo explora los retos y oportunidades que la tecnología plantea, con una pregunta de fondo: ¿es la tecnología una herramienta para el bienestar de las personas mayores o una barrera más que profundiza en la desigualdad?

 

La brecha digital generacional: una desigualdad silenciosa

 

El término brecha digital generacional se refiere a la diferencia en el acceso, uso y comprensión de las tecnologías digitales entre distintas generaciones.

 

Las personas mayores suelen tener un menor contacto con dispositivos electrónicos, menos experiencia con internet y más dificultades para adaptarse a herramientas digitales que han sido diseñadas, casi siempre, para usuarios jóvenes y familiarizados con el entorno digital. En el artículo Factores que limitan el uso de las TIC en adultos mayores se concluye con que la poca experiencia o menor contacto con los dispositivos electrónicos viene determinada por factores físicos tales como problemas de audición y visión, por factores sociodemográficos que rodean a estas personas y por el bajo nivel educativo en relación a las TIC (Tecnología de la Información y Comunicación).

 

Esta brecha trasciende el ámbito tecnológico para convertirse en un problema social y emocional, ya que limita la participación de este colectivo en un entorno cada vez más conectado y automatizado. La carencia en competencias digitales, el miedo a equivocarse y la percepción de ineficacia ante la tecnología perpetúan un círculo de exclusión.

 

Sistemas sanitarios más digitales: ¿accesibles para todos?

 

La digitalización progresiva de los servicios de salud ofrece una serie de beneficios. Entre estas ventajas destacan el acceso más rápido a la información clínica y a la gestión de citas médicas.  De la misma manera, la telemedicina y la monitorización remota de pacientes reduce la necesidad de desplazamientos al hospital. Para muchas personas, estos cambios suponen una mejora sustancial para cuidar su salud.

 

Pero, para los adultos mayores, esta evolución tecnológica puede constituir un problema nuevo que les impide acceder a los servicios sanitarios.

 

Así manifiesta un estudio del Hospital Clínic de Barcelona. El cual subraya, cómo, la falta de habilidades digitales en las personas mayores se convierte en una barrera real para acceder a los servicios de atención primaria online.

 

No es suficiente con tener acceso a la tecnología si no se acompaña de competencias digitales. Es muy importante que los usuarios puedan entender la información que aparece en internet, saber cómo utilizar las herramientas digitales en la gestión de citas o consultas analíticas y evaluar críticamente la fiabilidad de las fuentes consultadas. La ausencia de habilidades deja a muchas personas de edad en una situación de desventaja, dependiendo de la ayuda de terceros o renunciando a los beneficios de la salud digital.

 

Por todo ello, se han puesto en marcha programas de formación y de alfabetización digital, como son los programas de “Reconectados” de Fundación Telefónica, “CapacitaTIC+55” y Programa de la Fundación “la Caixa”. El objetivo de estos programas es reducir la brecha digital generacional y promover la inclusión digital de este colectivo.

 

Además, es fundamental que los profesionales sanitarios sean conscientes de estas barreras y ofrezcan alternativas analógicas cuando sea necesario, como la posibilidad de solicitar citas por teléfono o recibir información impresa. La telemedicina también debe considerar formatos accesibles, como videollamadas sencillas o incluso consultas telefónicas para aquellas personas con menos habilidades digitales.

 

¿Y si el problema no es la edad, sino el diseño?

 

Otro de los factores que limitan la adopción tecnológica y digital a las personas mayores es la complejidad de las interfaces de webs y de los programas y aplicaciones. En este escenario, los principios del diseño universal permitirían la accesibilidad y la usabilidad de las plataformas, mejorando la interacción de las personas, con independencia de su edad y sus capacidades.  

 

El diseño universal, también conocido como diseño para todos, es un enfoque que busca crear productos y entornos que puedan ser utilizados por la mayor cantidad posible de personas, independientemente de su edad, tamaño, habilidades o discapacidades.

 

Tres principios fundamentales que guían este enfoque:

 

Uso simple e intuitivo: El diseño tiene que ser fácil de entender para cualquiera, sin importar los conocimientos que posea sobre el tema, el idioma o el grado de atención. 

 

Información perceptible: el diseño debe comunicar de forma eficaz la información necesaria al usuario, independientemente de las condiciones ambientales o las capacidades sensoriales del usuario.

 

Tolerancia al error: el diseño debe minimizar los riesgos. Las aplicaciones deben incorporar sistemas que reduzcan la probabilidad de fallos graves ante comandos accidentales, garantizando una navegación segura y una reversibilidad inmediata. 

 

Por otro lado, existen ejemplos de buen diseño que demuestran cómo la tecnología puede ser accesible y usable para todos:

 

Aplicaciones con opciones para aumentar el tamaño de la fuente y el contraste de color, facilitan la lectura para personas con problemas de visión. Interfaces con botones grandes y claramente etiquetados, simplifican la interacción táctil y reducen la posibilidad de errores. Sistemas de navegación sencillos y consistentes, permiten a los usuarios orientarse fácilmente dentro de una aplicación o sitio web.

 

En resumen, aunque generalmente las personas jóvenes y los adultos mayores tienen competencias digitales diferentes, si se utilizan diseños integradores e inclusivos, se pueden evitar muchas barreras tecnológicas que ahora tienen las personas mayores. Si programadores y diseñadores gráficos priorizan conceptos como la claridad, la simplicidad y la legibilidad, es posible crear soluciones accesibles, agradables y útiles para todos, sin importar la edad o las habilidades digitales.